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jueves, 10 de enero de 2008

Una naranja para Mario. Para Mario San Tianguis, carnal y maestro por Ricardo Castillo *

Su persona sabe que con frecuencia pienso en ti, Mario, pero hoy en un impulso absurdo por traerlo hasta acá, muerdo por usted, a nombre de sus dientes y paladar, otra naranja loca. Veo con alegría lo que para mí es una señal, una semilla de la fruta y la pulpa que la rodea está teñida de rojo. Su insignia. Quiero creer que la saborea, Mario, siento, como usted siempre lo hizo, que los vivos y los muertos pueden reconfortarse mutuamente. Vuelvo a morder y el placer no tiene ya sino su nombre. Y entonces usted se interroga tal vez dentro de mí, Mario, ¿ha hecho pedazos la casa y el cielo, sólo para ver el campo extenderse hasta el revés de las cosas, sólo para escuchar una ebriedad de cristales al fondo de la gruta?

¿ha hecho pedazos la casa y el cielo?

Y entonces lo escucho reír otra vez.

* Ricardo Castillo (1954). Poeta mexicano de la misma generación que los infrarrealistas, de los pocos que logró viajar en la embarcación infra. Autor de varios libros legendarios en la poesía mexicana: El pobrecito señor X, La oruga y Nicolás el camaleón.

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