martes, 22 de enero de 2019

POETIKA1 NUMERO 3



SUMARIO

ORBE TESTIMONIO POÉTICO
DE LA VANGUARDIA EXPATRIADA
Benito del Pliego 9

NOMBRAR ES TENER EL PODER
DEL UNIVERSO POÉTICO
Juan Romero Vinueza 23

PARA IR AL PARANÁ:
Un viaje al translingüismo a través de la poesía
León Felix Batista 37

GUERRA, JUSTICIA Y REFORMA CONSTITUCIONAL
Dos poemas de Ignacio Ramírez en su bicentenario
Manuel de J. Jiménez 49

LITERALIDAD PERCEPTIVA EN 2 PERSONAJES DE GARABOMBO EL INVISIBLE DE MANUEL SCORZA
César Ruiz Ledezma 62

SANTA TERESA O EL SECRETO DEL MAL:
Una aproximación a “2666” de Roberto Bolaño
Manuel Illánes 73

ENTREVISTA A MARCO ANTONIO QUIJANO
Miguel Urbizagástegui 85

EL OJO DE BACON (2017):
Un delicioso tríptico de Febronio Zatarain
Rocío Ferreira 99

ROGER SANTIVÁÑEZ:
Roberts Pool crepúsculos
Enrique Winter 105

DATOS DE LOS COLABORADORES 111

PORTADA E ILUSTRACIONES: KATHERINE MEDINA

lunes, 14 de enero de 2019

CUATRO POEMAS DEL ECUATORIANO JAVIER LARA SANTOS


POEMA DE LAS 3:15

Esto comienza escrito en la madera.
La mesa que compraste en Cuenca,
antes de la foto que nos tomamos bajo el sol desprevenido y cruel,
desprevenido y cruel,
como si ya todo tendría que irse corriendo en serie al Apocalipsis.
Pero no el amor, sino el amor por el mundo,
Pero no el amor, sino el amor por el viento.

Puse Drive, de Cars,
y estoy pensando en el fin del mundo o en Billy Idol que no envejece,
nunca pienso en el nuevo arte como no pienso en el nuevo amor,
esto es tan antiguo como el miedo a lo nuevo.

Escucho Cars, que dice whos’s gonna drive you home tonight,
con el teclado tan ochentas,
esa década que, según tu padre,
fue invisiblemente notable, aunque tan colorida digo yo.

Este es, aunque no parezca,
un poema de amor lleno de aves del paraíso,
paraíso del cual tú y yo nunca escapamos
porque no creemos siquiera en tal cosa,
aunque cuando nos besamos,
cuando te beso y me besas, por ejemplo,
selva y aeropuerto, selva y aeropuerto,
en este mismo instante, a esta hora,
 en esta carretera subalterna y metafísica
de la cosa llamada pensamiento, ahí,
cuando te acabo de besar,
ahí, entonces, pesco una nueva enfermedad que me ilumina,
y me salen brazos como transfixión y mis ojos se incendian,
es decir, mi cara,
y me quedo quieto como una estatua que estamos
a punto de mandar a construir
o a punto de mandar a la mierda.

Pero brillos fractales de tus manos
y las mías, pero cuchillos de colores
en tus manos y en las mías.

Seguro el demócrata que no nos habita ni es amigo dijese:
Cambia los cuchillos por la mantequilla,
pero no se da cuenta de que perderíamos el único tesoro
que poseemos para no perder el sufrimiento.

Son las tres y veinte, si un hombre puede escribir algo hermoso
o medianamente decente a estas horas sin jadear de amor o de desesperación
entonces ese hombre está salvado para siempre. 

Y talvez tú estás regresando a nuestra ciudad
cargada nada más que de paracetamol,
y de ideas para sobrevivir o malvivir
con ocho pisos en el aire que es acero y aire,
y también un saco de abuelita que me pone horny
como bombardeo de Londres en el 43.
Pero qué digo, como Argelia en 1816.

Esto es la felicidad, poder enojarse sin perder.
Y acabo de inaugurar pterodáctilos emplumados en este poema.

Nacimos por accidente, Lucía.
Como casi todo el que lea este poema.

Y como el aire, como el accidente,
como el río infinito y precario de las cosas maravillosas,
considero que nada está hecho,
que todo está hecho,
que nada está hecho,
que el Eclesiastés,
que el Qoelet,
que decidí amar, a pesar de los libros,
que me lancé de una viga con una soga al cuello,
y la viga se rompió en mi cabeza,
y luego tinieblas y risa
y luego tinieblas y risa.

Lucía, este poema jamás querrá quedar bien,
este poema es exactamente como tú o como yo.

Está hecho de testimonio de la guerra, pero también de jardín
y de canciones
que en el fondo suenan
en un caos que inauguramos y aprendimos,
de los que se quedaron atrás,
atrás de nuestro corazón, quiero decir.

Vamos a formar un movimiento anti-todo.
Qué ingenuidad, Qué hermoso.
Vamos a besarnos hasta que de las quebradas de Quito salga humo,
vamos a lamernos las heridas hasta que el diablo se incline
en la pista de hielo de sus propias lágrimas,
y nos abrace con dificultad por su mal diseño biológico.
Y por ser, inclusive, tan luminosos como él.

Porque tú eres la luz y yo la casa nueva.
Y así se construye un planeta,
desde el polvo,
y necesitamos la oscuridad tanto como la luz
 para que todo esto funcione,

sino

¿para qué amarnos
Si no pudiésemos
reír juntos
de las cosas
que odiamos y dejamos de odiar
cuando reímos?





ESTUARIO

Un dios que es mamífero y pez
se inmola por nuestras bocas
y toda su diástole
(el anzuelo es terrorífico,
dice el pez,
el anzuelo es una biblia a prueba de agua,
dice el pescado)
tiene sabor a piedras de aire que bailan, bailan, bailan,
hasta que no permiten espacio para decir esto he sido.
El anzuelo es efectivo, te libera y te hunde bajo el aire,
el aire es el sinónimo del incendio. Nosotros somos el incendio.
Tantas veces hemos recorrido el mar,
 como pulpos o arañas o lobos que se aman a dentelladas, (¿ya dije que esto era terrible?)
incrustados en las partículas de los sueños,
pero los sueños no tienen olvido,
son como una plaga de langostas.
Niña sorda,
niña del témpano de hielo y de la estaca de ajo
en el corazón del vampiro.
Esto no es un continente,
tú no eres el amor de mi vida.
Tú eres el país del témpano de mi hielo.
Esto no es un poema de la pólvora,
nada puede liberarme del frío
ni los lobos crucificados a la mitad de la noche.
Ni las flores criadas al borde de la carretera.
Pero las murallas del invierno han crecido como mirlos,
y el hueso roído de nuestro pacto es una galaxia sin anzuelos,
y el hueso de nuestros labios es la consecuencia de los muros que inventamos.
Y digo esta agua es mía,
pero tú eres el agua (y eres otro continente)
el futuro es un coliseo lleno de fanáticos
que me hieren de palabras
o de fotos
como si incendiásemos otra vez el mundo.
Cuando ni tú ni yo nos conocíamos,
y sin embargo el color de las batallas,
el olor del fuego,
tu cabellera sin subir a las pirámides.
Vi una carretera sin nombre, mientras nos besábamos o incendiábamos de amor o miedo,
amor o miedo.
Tuvimos muchas naves en la orilla del abismo,
un imperio, debo decir, que fue luciérnaga
y luego animal sin catálogo ni taxonomía.
Es fósforo de litio, dije,
pero se apaga.
Y los rayos de los lirios se encendían hasta el final de las iglesias,
ah, los rayos de los lirios,
Y yo con el anzuelo, con tu animal encima, con la cera del vacío a punto de hacerse catedral.




EVA GREEN, MITAYA DE EL DORADO

Una bala de 1612 atravesó
a Eva Green
en plena procesión del centro de Quito.
estaba yo seguro, como la veracidad de un aguacero, que Eva Green no moriría frente
a la iglesia de La Compañía.
en ese tiempo yo criaba cerdos
en la frontera con Colombia.
bueno, eran cerdos pero no eran míos.
Yo era dueño de un dolor católico
que atravesaba mejor los tejidos
del Corazón de Eva Green.
Yo tendría 18, ella 16.
Era 1998 y yo tenía a todos los santos
metidos en un machete que nunca se alzó al cielo sino a las ciénagas.
También un fusil automático.
Pero no es de armas de lo que hablo.
Este poema está escrito en la selva
de la memoria del año 2018.
Ahora llueve, llueve en la selva de 1998 y del año actual.
No hay más conexión que no tener la vorágine del deseo de la conexión.
Supe que Eva Green se sanó.
Supe de mí que las piedras de los ríos
que nunca hemos visto
solo pueden existir indiferentes
en contra del ojo humano:
Materia que pervive dejándonos pasar.
Supe esto en el medio del frío.
Supe esto en el medio del cadáver de una vaca bajo el sol,
una vaca sin tiempo ni abstracción.
que se asaba bien entre los próceres
que el absurdo manda a formar.
solo para el equilibrio.
solo para el equilibrio.




SUBIR A LA PATRIA, TOMARSE UN SELFIE Y LUEGO TENER HAMBRE

Yo, estricto soldado abastecedor del arma antiaérea punto 50
del batallón de selva 55 putumayo
confieso
que toda la lluvia fue un funeral que se guardó los años en las cabezas cortadas de las serpientes.
Yo, que sobreviví a mí
dije, amor y voy, aparte el resto es amebas rondando más galaxias de gusanos.
Vamos que me ahogo, Mariane, República, Orión.

Toda la poesía es transparente si tu dios lo quiere.
Toda la poesía es.



Javier Lara Santos, Quito 1978

Ha publicado en poesía: Del Acabose (antología imaginaria) con Rueca Editores, Quito, 2008.
Islísima que seremos, en Red, 2012.
Coordina la muestra de poesía ecuatoriana contemporánea Tickets de ida y vuelta con Ciudad Editorial Editores, Arequipa, Perú, 2012.
Vesania Inc, con Editorial Eskeletra, Quito, 2014
En cuento ha publicado Tratados de ociología, Edición del Ministerio de Cultura. Premio Proyectos Literarios Nacionales, Quito, 2008.
Confesiones de un ghost lover, en la antología Cuerpo adentro, historias desde el clóset. Edición de Raúl Serrano y Ministerio de Cultura. 
En novela: El viaje de Méndez, con Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, Cuenca, 2018. Novela única ganadora de la convocatoria nacional para publicaciones del presente año.
En no ficción: Palabras de Combate, manifiestos literarios latinoamericanos, con la editorial independiente Mecánica Giratoria. Quito, 2018.