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martes, 30 de enero de 2007

POESÍA EN EL YACANA


viernes 2 de febrero

POESÍA EN EL YACANA

7:30 pm

paul guillén, paolo astorga, gonzalo espino, jorge luis roncal,
alex morillo & florentino díaz

Café & bar YACANA Jr. de la Unión 892 (2do piso)
Centro de Lima


Coordina: Eskuela de Lima

lunes, 29 de enero de 2007

Pedro Favarón. El sueño de Isis: la imposibilidad de despertar en Aurelia de Nerval


Profesor Oscar Steimberg
Teoría del signo
Postgrado de Comunicación y cultura
Universidad de Buenos Aires


1.

“¡El universo está en la noche!”
(Aurelia, Nerval)


Atravesado umbral omnúbilo, se penetra en extrañante. De poco sirve lo aprendido. “Los primeros instantes del sueño”, nos dice Nerval, “son la imagen misma de la muerte”. Suicidio psíquico que el cuerpo reclama para seguir en respiro. ¿Cómo aprender a morir y a morar muerto desaprendiendo lo estudiado? Se realiza por íntima convicción. La personalidad defendida con uñas de vigilia, cede en niebla. Tumba de ojos cerrados nos gesta en bruma bajo otras formas. ¿Un abanico? de imágenes se despliega en el entrecejo. ¿De dónde provienen esas figuras, ora familiares, ora impensadas, ora recordadas de una vida no vivida, brotadas de las cavernas mismas de la reminiscencia? Resultan demasiado sosegantes las delimitaciones analíticas. Los avances de la ciencia freudiana, echando electrones de hidroeléctrica en la noche de la revelación, nos sofocan en su convicción positivista. No deja de interesar la interpretación de la interpretación en el diván, siendo el sueño, ya en sí, una interpretación aún más primaria de corrientes alenguadas. Pero, ¿satisface atribuir unánime la imaginación al sujeto escindido? Además del pasado personal, la cartografía anhelante y la historia relatada, ¿no resuenan ecos a los pies de las certezas, resquebrajándolas, arremetiendo desde el mismo alba genésico o del futuro (adánico en tanto potencialidad absoluta) que se palpita en un ahora suspendido? Toda respuesta codificada, dogma de fe y tirada de puerta, que pretenda que algo y nada más que eso, constituye la naturaleza del sueño, es un tanto narcótico, un tanto camisa de fuerza para la angustia. ¿Llenar con lógica el espacio blanco que resquebraja en todo soñar? ¿Y no sucede lo mismo cuando pretendemos la coherencia vital? Ese conjunto de grillas discursivas, esas normativas que pretenden cifrar que una y sólo una cosa es la realidad, se desbarrancan en la libertad onírica. La estabilización socializadora, que irrumpe con la vigilia en el soñante “recobrado”, su retorno a las prácticas productivas de una sociedad utilitarista, pretenden dominar el espacio indeterminado que el sueño abre entre el sujeto productivo y el soñante. Las apelaciones a un conjunto icónico, a los acuerdos asentados en metáforas fijadas, son intentos de aferrarse a aquello que los sufis llamaban “el día de los opresores”, de insertarse en las convenciones tranquilizantes. Sentados con Hegel frente al diario, comulgamos con la agenda compartida, apuntando lo importante, lo moral, lo justo. Los medios de comunicación pretenden garantizar una reconexión rápida al mundo de los conceptos fijos. Sin embargo, esas prácticas reguladoras, se encuentran imposibilitadas de alumbrar sobre todos los terrenos y el sueño, y su continuidad en la vigilia, se mantienen como espacios indeterminados que ponen en jaque las construcciones de sentido: ¿no se desviste en el café un recuerdo terrible de un tiempo sin tiempo, entre vivido y anhelado? ¿Y es sólo nuestro adentro quien ha encarnado en lo indescifrable? Para quien está dispuesto, al menos, a dudar sobre la naturaleza de aquella actividad inactiva que ocupa alrededor de un tercio de nuestra vida, los otros dos tercios no aparecen tan firmes y seguros: una vaga sospecha arremete contra la “realidad”, que en tanto gane en convicción su duda, puede llevarnos a la imposibilidad de despertar (entiendo el despertar como la integración a la normalidad) que ponen de manifiesto los orates y, entre ellos, quienes nunca han camuflado del todo bien su “sin-razón”: versificadores del espíritu, víctimas de la peste.

Podemos afirmar, junto con Albert Béguin, que toda época del pensamiento humano puede ser sometida a una hermeneútica profunda en base al descubrimiento de las relaciones que establece entre sueño y vigilia. Todos contamos nuestros sueños, sea buscando en ellos una clave oculta, sea tratando de exorcizar los peligros oníricos, sea necesitando perpetuar el estupor. Obras poéticas atestiguan diferentes formas de entender la experiencia onírica y sus implicancias en la materia densa en devenir: las interpretaciones bíblicas de Daniel, El asno de Oro de Apuleyo o La Comedia, dan testimonio de la preocupación, remontable a la proto-historia, de encarar convincentemente el sentido del despliegue imaginativo tras el relajamiento físico; de hacer penetrar el lenguaje, en sus estadios vacilantes de la poética, hacia lo indecible. A lo largo del romanticismo y su revuelta contra la ilustración, los secretos inconfesables de la noche fueron eje de desvaríos poderosísimos, soles negros que alumbraban sin aclarar las instancias indecibles que la razón instrumental amordazaba, amordazando al sí mismo, para no escuchar el eco callado de lo incierto. Se trataba entre los ilustrados, que levantaron las separaciones del saber, de no ceder al salto que podría hacer perder en segundo la individualidad autónoma que occidente había conseguido a alto precio de sudor, sangre y sacrificios. Entre esos desvaríos iluminados, quiebras al interior del gobierno de la razón, destaca en contundencia Aurelia de Gérard de Nerval: lo real se ensancha incorporando el ensueño, lo imaginario y la locura, irreprimibles que resurgen desde la cloaca angélica del vidente, golpeando la estrechez de conciencia. No hay intentos tranquilizadores en la escritura nervaliana, no hay estrechez lógica del relato para dominar lo inmanejable: las palabras tiemblan, las imágenes se agitan sobre aguas azufres; las señales de estupor, miedo, iluminación, persisten montadas unas sobre otras y expresando la vacilación del trance. Y cuando leemos temblorosos las páginas de Aurelia, recordando sueños que perturbaron nuestras propias noches, sentimos despertar angustiados: no ya a la vigilia, sino al sueño de otro sueño. Y otra vez resurge la pregunta: ¿no es otro quien sueña y otro quien recuerda lo soñado? El vidente, ¿en qué mina hunde sus pala, reclamado Horus? ¿Por qué operación alquímica fosforecen y se trasmutan los símbolos arcaicos que escuchamos en ciertos sueños? ¿No resulta desagradablemente simplista atribuir la poesía únicamente a un hombre del siglo XIX, es decir, a su medium? ¿No estaba poseído éste por fuerzas imprevistas, telúricas, escatológicas, que la paz pública preferiría erradicar o, al menos, marginar para siempre entre las paredes acolchadas del psiquiátrico?

Nerval procura en Aurelia transfigurar y transponer las imágenes que le obsesionan y los accidentes de su destino personal al plano del mito (cuyos ecos tienden a resonar en un sin número de interioridades, incluso entre seres lejanos en el tiempo). No realiza esta taumaturgia sumido en mera embriaguez o delirio, conservando la ignorancia de su trance. La voluntad arremete en las imágenes azarosas del durmiente y desvariado, para llevar la escritura (y la conciencia misma) hacia la fosforescencia que despierta en el sueño violentado por las ansias de sentido. El sueño no se le aparece, solamente, como vía privilegiadad del conocimiento o, en todo caso, el conocimiento no es entendido como mero saber autónomo, sino como bálsamo de salvación molecular. El conocimiento es en Aurelia gnosis, redención y salvataje. Experimentación de la eternidad fulgurando en el fuero interno de lo efímero. Sueño y escritura soñante son terrenos donde se debate el destino del alma, entre su desaparición definitiva y sus ansias de infinito[1]. Nerval húndese en el océano del delirio, en el peligroso “sin-retorno” donde gimen elementos desatados, donde se pone en riesgo no sólo su propia simetría, sino el sentido todo de la historia y el espíritu. Y la escritura es la prolongación de la lucha sudada, de la noche dormida para despertar. El sueño no es un descanso, sino un descenso a los infiernos que prefiguran el Oriente. Si el sueño deriva en escritura, la escritura viértese sueño, en tanto movimiento del alma, lengua liberada por el asenso. La escritura de Nerval es voluntad forzando “las puertas de marfil o cuerno que nos separan del mundo invisible”, haciéndolas ceder para que éste diga su música callada. Su voluntario ir al sueño como subiendo la liana del axis mundi, es búsqueda de un despertar reverso al despertar de la cité burguesa.

2.

“Pero para nosotros, que hemos nacido en tiempos de revoluciones y tormentos, cuando todas las creencias han sido aniquiladas, educados casi exclusivamente en una fe vaga que se contenta con meras prácticas externas y cuya aceptación indiferente es, quizás, más culpable que la impiedad y la herejía, resulta muy difícil reconstruir, en los momentos más difíciles, el edificio místico que las almas sencillas e inocentes admiten en sus corazones con total naturalidad. ¡El árbol de la ciencia no es el árbol de la vida! Y, sin embargo, ¿podemos desterrar de nuestra mente todo lo bueno y lo funesto que tantas generaciones inteligentes han vertido en ella? No puede aprenderse la ignorancia.

“Yo confío más en la bondad de Dios: quizá estemos alcanzado el tiempo anunciado en que la ciencia, cerrado al fin su círculo completo de síntesis y análisis, de creencias y negación, será capaz de purificarse a sí misma y hacer brotar del desorden y de las ruinas la maravillosa ciudad del futuro... No debemos despreciar hasta tal punto la razón humana pensando que puede obtener algún provecho por humillarse hasta el final, pues eso equivaldría a condenar su celeste origen... Sin duda Dios sabrá apreciar la pureza de las intenciones y, además, ¿qué padre se complacería viendo a su hijo abdicar ante él de todo razonamiento y de todo coraje? ¡El Apóstol que quiso tocar no fue por ello maldecido!

*

“Pero ¿qué acabo de escribir? Sólo blasfemias. La humildad cristiana no puede hablar así. Tales pensamientos están lejos de conmover el alma humana, pues llevan sobre la frente los destellos de orgullo de la corona de Satán... ¿Un pacto con Dios mismos?... ¡Oh ciencia! ¡Oh vanidad!”
(Aurelia, Segunda Parte)


Los hechos que ocurren a Nerval en su vigilia (pues Aurelia despierta la convicción de cuan cuestionable y arbitraria resulta toda separación de arte y vida) le advierten realidades inadvertidas bajo los estrechos parámetros del “estar despierto”. Sin duda, hay un hundirse en sueño para escapar a una realidad que se percibe insuficiente, e incluso caótica y desagradable. Se le revela que, bajo los moldes encasillantes de la praxis social burguesa, se esconden realidades terribles y, al mismo tiempo, emancipantes. Ante la terrible oscuridad iluminada de la vigilia moderna, Nerval opta por la oscuridad luminosa del sueño. La muerte de su amada lo llena de desprecio ante la vigilia; en simultáneo, lo hace descubrir la infinita posibilidad del abanico onírico. Se lanza en busca de su amada al mundo de los sueños como un Orfeo, un Dante, de la modernidad. En Aurelia, cuando el narrador Nerval se creía ya recuperado, la hostilidad de la vigilia, a la que nunca llega a acoplarse en definitiva, lo hace añorar una nueva fuga hacia Oriente: deudas, amoríos, compromisos y trabajo, vicisitudes políticas y revoluciones, dogmas vacíos de fe y crueldades, hieren su sensibilidad y lo hastían. El suelo de previsibilidades de una cotidianeidad que pretende estar racionalmente organizada, se resquebraja a sus pies. Le urge encontrar para sí orígenes más lejanos que la vida represiva y escéptica, sin convicción. Aquellas instrucciones bio-políticas que regularizan el movimiento de los cuerpos y, por eso mismo, codifican las estructuras psíquicas (designando lo pensable, lo imaginable, lo concebible y, en última instancia, lo real), ceden ante su voluntad escritural de hallar su ser-en-común en el mundo otro (que parece el mismo, en su paradojal desenvoltura reversa). Encontrará en los sueños de Aurelia a sus antiguos condiscípulos entregados a interminables discusiones filosóficas, así como a la comunidad de sus antepasados, las rondas primaverales de la infancia e incluso a toda una raza de iluminados, en convivencia armónica con los ritmos cósmicos, una comunidad angélica que Nerval añora desde su condición de paria. Es un extranjero entre sus contemporáneos que imagina una otredad más propicia. En su ascesis, se ira reconociendo indivisible de todos los tiempos, solidario con los rostros borrados y con los aún innacidos; toma conciencia de ser el mismo aliento que encarna, se hace forma y se transforma en nuevas iris y yemas, para volver a ser cenizas, nutricia de cuerpos adviniéndoce y por advenir. En su escritura ceden los géneros, las diferencias, la linealidad de sentido, los órdenes, las jerarquías. Se une así a la vibración de lo existente sin aferrarse a una retina particular, a una personalidad definida, a una supuesta contemporaneidad política y social, a un estilo narrativo, a un género fijo, puro, excluyente. Cuando Nerval abre los ojos tras ser sacudido por una pesadilla o cuando se entrega al trance de relatar su sueño, realiza el camino inverso a lo que estamos acostumbrados a realizar: en vez de empeñarse en la búsqueda de construcciones lógicas que le permitan insertarse en una práctica regulada, procura recuperar la libertad del soñante como un adicto va a la droga; necesita re-encarnar la emancipación onírica de los significantes, en contra de una vigilia de significados impuestos. La imposibilidad nervaliana de despertar, ya se entenderá, es el rechazo a acomodarse en los sofocantes lindes del sí mismo establecidos desde afuera. Los cantos de sirena, temidos desde tiempos homéricos, lo han hecho cautivo, pero el poeta percibe este cautiverio como movimiento de libertad. Nerval pierde, no sin desgarro, la percepción de una “realidad compartida” (impuesta), condenado a vivir en el atroz limbo, entre la vigilia arbitraria y el sueño que se escapa junto a la flor deshojada. La realidad cristalizada se disuelve e irrumpe, con un peso existencial desconocido, la vastedad de una realidad lumínica insoportable.

Hay voluntad en Aurelia de absoluto, que hace ansiar la muerte (y el sueño, bajo la alquimia retiniana de Nerval, como prefiguración del más allá), como estadio emancipado. Se diluye el “yo” en el umbral tembloroso del salto, para reencontrar, siendo otro (el doble), a la amada perdida. Es una rebelión desesperada contra la fugacidad y la indiferencia divina ante nuestro sufrimiento. La muerte es odiada en tanto consumidora de lo querido, pero la consumición onírica del “yo”, se ama como un endógeno que abre las puertas de una existencia dilatada. Sueño y poesía pertenecen en Nerval, a pesar de su exaltación del bien bajo la forma crística, al mismo parentesco que su contemporáneo Baudelaire (e incluso cabría emparentarlo aún más con el visionario William Blake): el culto por el mal, la subversión, la exaltación de la poesía temida por el rebaño. Caín resurgente. Luzbel concebido como rebelde divino. La palabra poética conservando las quebraduras del sueño, develando el vacío latiendo bajo la arquitectura social. La fragilidad piadosa de Nerval lo aleja del satanismo, pero lo arrastra hacia él su magnetismo subvertiente, el fuego prometéico de la rebelión contra toda coerción: Dios mismo debe redimirse por arrebatarnos el gozo (tal es la creencia en la bondad del placer). Dios debe pedir perdón por arrastrarnos al sufrimiento, pues las mismas divinidades parecen complacerse viéndonos doblados sobre nuestras desgracias. La edad primera que descubre soñando, el paraíso arrebatado de la infancia y el amor consumado, idos con el río, se prometen en eterno retorno mediante la ascensión espiritual. Pero este movimiento es juzgado de anti-social por el resto del rebaño. Ha revelado lo inconfesable: el arrebato adánico volcándose contra el árbol del saber, contra la ciencia, contra la existencia en comunidad, la vida misma y, lo que llena a Nerval de culpa sacrílega, contra el propio Creador. Hay una cansancio hacia la vida, hacía el hastío que rige nuestros días, que el resto de la comunidad no está dispuesta a escuchar ni a dejar oír, así como tampoco escuchará la ciencia positiva el terrible abandono en que nos deja la indiferencia de Dios.

¿Sorprenderá aún que Nerval transhumara de sus viajes al psiquiátrico?

Las comunidades angélicas que encuentra Nerval en su movimiento, le son hospitalarias, pero la culpa de abandonar el mundo de los “despiertos” y de estar penetrando en terrenos prohibidos, no dejará de perturbarlo. Luego de un encuentro que sostiene con su tío muerto y otros parientes, se preguntará: “¿Había ido demasiado lejos en mi escapada hacia esas alturas del vértigo? Me pareció entender que tales cuestiones eran oscuras y peligrosas, incluso para los espíritus del mundo que ahora percibía. Quizás también un poder superior me impidiera penetrarlas”. Más adelante, Nerval visitará la ciudad misteriosa embebido del imaginario sufí. Pero entre los iluminados[2], él mismo (cómo descubrirá a lo largo de la obra) se rechaza a sí con un arma. Tras haber contemplado los orígenes terribles del cosmos, nacido sobre la guerra y el caos, y otros sueños turbadores, Nerval se reconoce un transgresor de los límites naturales:

“Había turbado la armonía del Universo mágico en el cual mi alma alimentaba la certidumbre de una existencia inmortal. Debía estar maldito por haber pretendido un misterio terrible, ofendiendo la ley divina. ¡Ya no me quedaba sino esperar la cólera y el desprecio! Las sombras, irritadas, huían lanzando gritos y trazando en el aire círculos fatídicos, igual que hacen los pájaros cuando se avecina la tormenta”.
(Aurelia, Nerval)


Nerval ya no pertenece ni a un mundo ni a otro: queda atrapado en el sueño que creía libertario. Y es por eso que no puede ni despertar a la vigilia, ni tampoco a la vida otra que prefigura el sueño. De ahí que se juegue la vida misma soñando, su paso a la eternidad o arder definitivamente. Hay noción épica en su tránsito, tragedia contemplada por los dioses.

3.

“¿Por qué, me dije, no me decido por fin a echar esas puertas místicas armado de toda mi voluntad, y a contener mis sensaciones en lugar de padecerlas? ¿No sería posible dominar esta quimera, a la vez tentadora y terrible, imponer una regla a esos espíritus de la noche que se burlan de nuestra razón?... ¿No puede haber acaso un vínculo entre ambas existencias, y no puede entonces el alma tenderlo ya desde ahora mismo?”
(Aurelia, Nerval)

Quien se sabe observado por los dioses, se consuela, aún en su tragedia, sintiéndose parte de flujos cósmicos que lo dominan. Nada es peor que sentir la indiferencia cósmica: mejor ser encadenado Prometeo ante un teatro olímpico, que vagar por el destierro ciego del sin sentido. Nerval pendula bajo el cielo despoblado de un siglo debatido entre la revolución y la reacción, y la necesidad de insertarse en un drama universal que supere su sino. Sabe que debe retornar hacia “los despiertos”, pero se encuentra imposibilitado de hacerlo. No puede escapar al sueño y es en él donde debe decidirse a encontrar la salvación. El camino de la redención es paralelo al de la gnosis. La episteme nervaliana propugna la voluntad de dirigirse hacia el Oriente perdido que gesta el vientre de la amada, si no en vida (en el sentido atropocéntrico del término), ya en su perduración y crecimiento en el entrecejo iluminado del poeta-vidente. Para que las imágenes hablen a la videncia, es necesaria una violentación de la voluntad sobre la retina interior. La violencia que el contemplador y viajero ejerce sobre sí, el desorden del espíritu, debe forzar los muros perceptivos. No se limita a observar pasivamente el abanico de imágenes desplegado por el sueño: está decidido a arrebatarle las huellas de la eternidad. La labor hermeneútica responde a una sincronía de conocimientos exotéricos y experiencia esotéricas. Se fortalece la decisión de arrancar tesoros oníricos, en tanto “la realidad” pierde consistencia frente a lo imaginado, que es percibido como un ensanchamiento de lo real. Las lecturas místicas y los ritos estudiados en sus viajes, calzan con las visiones arrebatantes. ¡Eureka! El mundo se vuelve, ante todo, símbolo del mundo otro, en un proceso de transvaloración radical: no es el sueño quien nos habla del estar conciente, sino que la vigilia – convertida en sueño – apunta hacia la estrella del sueño. Nerval despierta, en el sentido más cabal que otorga su lógica al término, en el dormir. Aurelia es alzamiento extático, amanecer oriental.

Nerval tiene certeza de estar siendo sometido, a través de sus tormentos, a una iniciación sagrada. La amada muerta aparece, en principio, como la muerte del alma. El movimiento inicial es la búsqueda del alma perdida, el otro celeste que ha llegado a sernos hostil. En la inserción al pensamiento religioso Nerval halla su consuelo y se le promete el perdón a “una vida locamente disipada, en la que el mal había triunfado casi siempre, y cuyas faltas reconocía sólo a través de los golpes asestados por el dolor”. A pesar de su exaltación del Cristo en tanto interioridad fugada, el misterio se le revela en su forma femenina. En tanto nos internamos en el laberinto aureliano, la amada va tomando distintas formas, creciendo en atracción magnética y dejando de ser nombrada directamente: será evocada como A***, e incluso ***, con piedad sagrada, con temor reverencial. En la casa de su amigo George, Nerval tendrá un sueño en el que se le aparecerá “la diosa”, diciéndole: “Soy la misma que María, la misma que tu madre, la misma que bajo todos los aspectos has amado siempre. En cada una de las pruebas a las que te has visto sometido, he ido quitándome las máscaras que ocultaban mis rasgos y pronto me verás tal como soy”. La redención será encarnada cuando la Magna Mater y amada celeste, hecha una, deje caer el último de sus velos y se muestra en su hiriente luminosidad. El sentido de su “enfermedad”, se le aparece en relación con el escrito de Apuleyo: las visiones y la fiebre, el dolor y el horror, constituyen su vía iniciática al culto de Isis[3].

“Esa naturaleza eterna, que el mismo Lucrecio, el materialista, invocaba bajo el nombre de Venus celeste, fue llamada Cibeles por Juliano, y Urona o Ceres por Plotino, Proclo y Porfirio; aunque también Apuleyo le daba todos esos nombres, prefería llamarla Isis casi siempre; ese era el nombre que resume para él todos los otros; es la identidad primitiva de aquella reina del cielo, de atributos tan diversos y máscara siempre cambiante”
(Isis, Nerval)

Descubre que alumbrado por Aurelia-Isis, conseguirá su entrada al tiempo perdido. Si él ha sido arrebatado, es porque Ella lo convocó. Lo requiere para realizarse. El amante debe dejar su “yo” despierto al umbral del Leteo y transubstanciarse en Osiris, quien da agua fresca a vivos y muertos, el yo angélico. Nadie asciende si no es elegido por el resplandor y sólo aquello que resplandece en uno, asciende. Lo semejante se une con lo semejante. Y la pareja primordial del panteón egipcio, completase en el hijo Horus[4]. La trinidad hermética. Juntando los amantes antagónicos (el sol y la luna), nace el niño dorado de la redención. Y es ahí donde exclama su triunfo: “¡Oh muerte! ¿Dónde está tu victoria, si el Mesías vencedor cabalga entre los dos?”. Debe regresar ahora a los hombres y anunciar la buena nueva. Es en la escritura donde se sellará su alianza con la diosa y su redención.

***

Aurelia cierra en desconcierto. “Los cuidados que recibí me habían devuelto el cariño por mi familia y amigos, y era ya capaz de juzgar seriamente el mundo de las ilusiones en el que durante algún tiempo había vivido”. ¿Habremos de creerle que fue capaz de despertar al mundo de los despiertos? Ya al principio del texto, Nerval había afirmado su retorno a la cordura, no sin nostalgia. Mientras deliraba, con ánimo redoblado, le “parecía saberlo, comprenderlo todo; la imaginación me aportaba delicias infinitas. ¿Acaso tendré que lamentar el haberlas perdido al recobrar eso que los hombres llaman razón?...” Incapaz de creer con convicción arcaica en las visiones de Isis, la culpa lo llevó de vuelta a la vigilia. Pero ante “la realidad” se trasluce su aburrimiento. El mundo ha perdido brillo, incapaz de despertar de su desidia, del abatamiento de las revoluciones y la ciencia. Talvez un día o dos, Nerval pudo tomar el diario tras abrir los ojos y comulgar con la “realidad” de sus congéneres. Es difícil imaginarse a Nerval acomodado a las rutinas de la vigilia burguesa. Pero desde el inicio del texto se percibe cierto sentimiento de fracaso, que parece surgir de la causa inversa: la creencia en la imposibilidad de penetrar en el relato onírico sin fraguar en algo las realidades soñadas. A pesar de la liberación narrativa de Nerval, no deja de ser consciente de la indecibilidad de las palabras del sueño. Su empresa se hundía por el mismo hecho de empezar. Vivía entre las tensiones de sus múltiples imposibilidades, de su extranjería en todos los mundos visitados, de su ausencia de comunidad. La desesperación no lo abandonó hasta su suicidio.

Su incapacidad de despertar a la vida, se completa en un drama más vasto que su destino personal. Nerval conocía bien el vuelco progresivo de gran número de habitantes romanos hacia las religiones orientales en los últimos siglos del imperio. Ese vuelco de cultos, favorecería la ascensión del cristianismo y desterraría el cielo helénico. Como Nerval afirma en su Isis, el Olimpo “respiraba demasiado la felicidad, la abundancia y la serenidad; estaba, en una palabra, demasiado bien concebido desde el punto de vista de las gentes dichosas, de los pueblos ricos y vencedores, como para imponerse demasiado tiempo al mundo doliente y agitado”. El resentimiento de los vencidos ante el despliegue homérico de facultades vitales, su dolor y espíritu de venganza, debió encontrar una religión acorde con su debilidad. El mundo, como el mismo Nerval reconoce, “ya no quería abandonarse más que a las religiones de la desesperanza”. Debajo de las bellas promesas de amor al prójimo y justicia, se escondía la religión del desprecio a la vida, que terminaría ciñéndose sobre todo el mundo occidental y occidentalizado. ¿No sorprende el emparientamiento de estas razones con las de Nietzsche? La religión católica, asimilada por la filosofía, sería luz derrocando las vagas claridades de la aurora, las sombras de la noche a las que el propio Nerval se había entregado lleno de culpa: combatía contra siglos de rechazo. Combatía contra la intención dominante de imponer una realidad iluminada donde no quedara lugar para lo indeterminado. Esa vigilia solar, pero ya sin los dones atléticos de Apolo o el furor fecundador de Osiris, se había terminado por imponer cabalmente, no mediante la religión, sino bajo las luces de la ciencia ilustrada. Esas luces herían la retina de Nerval. No pudo mantenerse en pie. Era un desesperado entre desesperados, en el seno de una religión sin religiosidad, y de una ciencia incapaz de levantar la ciudad del futuro. Sólo la amada *** redimía tanta impiedad, brillando sol negro en las nieblas oníricas. Debía ahogar su propia incredulidad y la incredulidad de un siglo con él. Nerval-Osiris fue hacia las aguas del suicidio ansiando despertar al sueño de Isis.

NOTAS

[1] Nerval escribirá: “¿Mi alma es, pues, la molécula indestructible, el glóbulo que un soplo de aire puede hinchar aunque luego recupere su lugar en la naturaleza, o es acaso ese mismo vacío, imagen de la nada, que desaparece en la inmensidad?”.

[2] Sobre los iluminados de Aurelia, Nerval escribirá: “Durante mucho tiempo han vivido aquí, fieles a sus sencillas costumbres, justos y afectuosos, conservando las virtudes naturales de los primeros días del mundo... ¡Así eran!, ni corruptos, ni aniquilados, ni esclavos; puros, pese a haber vencido la ignorancia; apegados a las virtudes de la pobreza, pese al bienestar que disfrutaban”.

[3] Cuando la diosa aparece ante Lucio, personaje principal del Asno de Oro, le dice: “Tus oraciones me han conmovido; a mí, la madre de la Naturaleza, la dueña de los elementos, la autora primigenia de los siglos, la más grande de las divinidades, la reina de los manes; a mí, que reúno en mi unicidad a los dioses y a las diosas; a mí, que en mi divinidad única y todopoderosa he sido adorada por todo el universo bajo mil formas distintas. De ahí que me llamen en Frigia, Cibeles; en Atenas, Minerva; en Chipre, Venus Pafia; en Creta, Diana Dictina; en Scilia, Prosperina Estigia; en Eulisis, la antigua Ceres; en otras partes Juno, Belona, Hécate oNémesis, mientras que el egipcio, que en materia de ciencias precedió a todos los pueblos, me rinde homenaje bajo mi verdadero nombre de diosa Isis”.

[4] Escribió en su Isis: “El redentor prometido a la tierra, anunciado desde hacia tanto por los poetas y los oráculos, ¿es acaso aquel Horus amamantado por la madre divina, y que será el Verbo (logos) de las épocas futuras? ¿Es el Iacus-Iesus de los misterios de Eleusis, ya más crecido, que se lanza a los brazos de Demeter, la diosa panthea?”.

CRÓNICA DE LOS OLIVOS POR PAUL GUILLÉN

Biagio D'Angelo, Milagros Ponce, Miguel A. Malpartida, Michelle Álvarez y Javier Morales

PREMIACIÓN DE LOS JUEGOS FLORALES DE LA UCSS Y RECITAL DE POESÍA


4:00 p.m. viernes 19 de enero 2007 me encuentro en el patio de letras de San Marcos con Javier Morales. Nos tomamos un café bien cargado y enrumbamos hacia nuestro destino. Una vez que llegamos, tenemos que cruzar un túnel para llegar al local de la UCCS, uno puede sentir algo extraño al pasar debajo de la superficie: ¿el aire se seca?, ¿el sol se parte? Salimos del túnel, caminamos por un pasaje y divisamos un inmenso parque con árboles y en una esquina nos está esperando el lugar, donde se llevará a cabo el recital y la premiación de los juegos florales “El olivo de los espejos”. Entramos a las instalaciones y Javier me dice, medio preocupado: “ojala haya quórum, porque las clases han terminado”. Subimos por un ascensor al tercer piso. Podemos ver el auditorio. Hay poquísimas personas y sólo faltan diez minutos para empezar con el evento. Noto cierta preocupación. Fumo un cigarrillo viendo la puerta de la universidad. Me invitan a pasar al auditorio, me siento en primera fila, transcurren algunos minutos y cuando volteo diviso a Miguel Ángel Malpartida, Rafael García Godos, Diego Lazarte, David Collazos y, para mi sorpresa, el auditorio está repleto, todos los asientos están ocupados. Miguel Ángel me presenta a las ganadoras del concurso Michelle Álvarez y Milagros Ponce, son bastante jóvenes, veo en sus rostros un sentimiento inconcluso, no logro definir lo que es. Creo que estoy alucinando por el calor. Tal vez sea cierto. Cómo sentirse ante la responsabilidad de ganar un premio, cómo sentirse frente a todas las miradas que te escudriñan de pies a cabeza: leer pausadamente, con entonación, sin nerviosismo, con temple.

Un maestro de ceremonias anónimo llama a los miembros del jurado: Miguel Ángel Malpartida, Javier Morales y Biagio D’Angelo. Ellos se encargarán de resaltar que el premio esta vez se ha decidido por unanimidad. D’Angelo remarca el nivel intertextual de las premiadas: “se nota una serie de lecturas (…) por ejemplo, en el primer poema del libro que entregó Michelle Álvarez hay un diálogo con el poeta de la naturaleza, Walt Whitman”. Acto seguido, Miguel Ángel lee el acta del jurado declarando ganadores a los libros Mientras van cayendo las hojas de otoño de Michelle Álvarez y Deshaciendo las huellas de Milagros Ponce. Ellas leen sus poemas junto a García Godos y Lazarte. Rafael lee algunos poemas que al parecer son inéditos, porque revisando sus libros Ragss y Viruspop no figuran allí, es notorio un ritmo minimalista que se mezcla con el inglés y le da una velocidad increíble a lo que se narra en sus poemas, mientras, Diego nos lee un par de poemas de su libro inédito Diario de navegación, me parece que son poemas más narrativos si los comparamos con su anterior libro Clavícula de Salomón.

Biagio D'Angelo, Miguel Ángel Malpartida, Paul Guillén y Javier Morales.


Ahora, es nuestro turno, nos toca leer a Biagio D’Angelo, Javier Morales, Miguel Ángel Malpartida y Paul Guillén. Empiezo leyendo el poema III de "Salmos de Marco Valerio", luego continúo con “La muerte del hombre amarillo”, cuando leo estos versos, escucho unas risas al fondo: “hoy hablé con mi abuelo / quizás después de 50 años / él piensa que sigo pequeño / pero no se da cuenta que ya tengo un pene grande / y que ahora me gustan los tratos con esos mercaderes”. Me causa un poco de extrañeza esa respuesta del público. He leído el mismo poema en diferentes lugares y nunca ocurrió algo parecido. No sé que pensar al respecto. Termino con un poema inédito titulado “El cinema de Satán”. Es turno de Miguel Ángel lee varios poemas inéditos, entre ellos, los que más me llamaron la atención fueron “Arte de nariz”, "Kokoschka" y “Poesía”, el primero se refiere a los aviadores de la Segunda Guerra Mundial que pintaban en las narices de sus aviones rostros femeninos, que incluso besaban antes de salir en vuelo, el segundo texto, en un tono más reflexivo y maduro, que los textos de su poemario Galería, se detiene en la figura del pintor expresionista austríaco, por su parte, el último texto titulado “Poesía” reflexiona sobre el arte de escribir en conjunción con la memoria y el recuerdo familiar, este último texto fue mencionado como perteneciente a un libro en preparación "que no sé si es para niños, con niños, o de niños". Javier Morales leyó el poema “Carta para Min Mei Li” y explicó que se trataba de un personaje de la serie Robotech, también, leyó el poema “Sombra de crayola”, dedicado a su abuelo y dos poemas inéditos “Ayahuasca” y el otro poema de título largo relativo a un príncipe de Bagdad, al parecer se trata de un poema anti-bélico. Finalizó, el recital D'Angelo con la lectura de algunos poemas de su libro Humboldt. Después, vinieron las fotos respectivas, las cervezas en un bar cercano, pero esa es otra historia.

POÉTICAS DE LAS AMÉRICAS

Marjorie Perloff


CONVOCATORIA
Poéticas de las Américas
Abril 12, 13 y 14, 2007

Simposio internacional sobre tendencias recientes en la poesía hispana; nuevas direcciones en la crítica de poesía; y la relación entre la poesía hispana y la poesía estadounidense contemporánea.

Conferencia Magistral
MARJORIE PERLOFF
Destacada crítica y teórica
Presidenta del MLA

PARTICIPANTES:
Carlos Germán Belli, Charles Bernstein, Manuel Cortés Castañeda, Arturo Dávila, Christopher Domínguez-Michael, Enrique Fierro, John Garganigo, Loren Goodman, Rocío González, Samuel Gordon, Jorge Guitart, Asunción Horno-Delgado, Jill S. Kuhnheim, José Kozer, Karina Macció, Vicente Molina-Foix, María Rosa Olivera-Williams, Iván Oñate, Julio Prieto, Armando Romero, Fernando Rosemberg, Carmen Ruiz-Barrionuevo, Randolph L. Pope, Roger Santiváñez, Jacobo Sefamí, Ida Vitale, Miguel Angel Zapata, Lila Zemborain.


Envíe una síntesis de su ponencia y el título de la misma antes del 20 de febrero al Profesor Eduardo Espina (edespina@yahoo.com). Se publicará un libro especial con una selección de los ensayos presentados.

DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPANICOS
TEXAS A&M UNIVERSITY
COLLEGE STATION, TEXAS 77843-4238

2 POEMAS DE MANUEL CERNA FUENTES


101
(Del Cuaderno Rojo)


Andrea se contempla
(vegetativa)
no la he visto
por largo tiempo
ni sé de su tristeza
inmóvil yace en color oviducto
que cuelga anónimo
derritiendo desiertos
relatos por donde
arqueados cuervos
comen helado
frente al viejo cementerio
y sostienen el póster
de la siempre Andrea
beata de mármol
de abismo asexuado
donde descansan
los que perdieron su nombre
en la ciudad del tráfico
Andrea se mira
(obsesionada)
¡es tan suave su piel!
en lo poco de yerba
a solas me ha pedido
hacer el amor
pero es difícil sacarla
de su inmovilidad
Andrea de mármol
de sed
de abismo impenetrable
sólo queda
embarrarnos de mirada
y atonicidad
conformándome en ser
el espejo
donde ella se
contempla


Últimos días
(Del Cuaderno Amarrillo)

espejo mirándose a sol de humo
ensañándose a libro
inversión de cópula
letra espacio apagado
naranja bíblica
pincel ropa
elixir desnudo
(espejo
acusándose)
mesa obstruida
sobre cubos cincos extorsionándose
ochos desnudos a cuerpo perfume
loción seca en pan bestia derramada
en miga encuadernada a grito
a silencio migrando
ascendiendo sed
ventana suicidándose
dedo piedra caída pélvica
puerta frente a cuerpo
profesando abrazos invisibles
descendiendo a gota
más allá
sin haber visto detrás
prósperos vacíos
esfinge noche
brebaje a desierto húmedo
espejo culpándose
gimiéndose autoreflejo


Publicado en: Revista A grietas, año III, número 06. Huaraz-Perú. Enero, 2007
e-mail: a_grietas@hotmail.com

GUSTAVO REÁTEGUI OLIVA: NUESTRO HÉROE -SI CABE EL TÉRMINO- SE PRESENTA:


“Vuelto sobre mis pasos convencido de lo inútil que resulta perpetrar el romántico sueño de los ciegos caminantes por estos fueros vuelvo pues obstinado viajante del tiempo/espacio
Puesto que todo se reduce a casi nada y casi nada se traduce en absoluto
Regreso a esta horrible ciudad de furias – como toda ciudad- a encontrarme con los míos luego de reptar por toda clase de terrenos y edificaciones que no edifican edenes de tanto estar fuera/dentro de mezclarme con todo tipo de seres de diversas formas y lenguas de tan disímiles pieles
tersuras y colores
vuelvo azul y verde
vuelvo dorado y rojo
pero sobretodo vuelvo gris como este cielo que me vio nacer como la panza de esta ballena que me vio crecer y amamantarme trocarme de mozo a hombre y de hombre a perro y como tal olisquear el aire en busca de una hembra y cumplir tal vez quizá el sino de mi progenie o quizá tal ves transgredir el mandato atávico y orinar sobre él con orines hirvientes de unas ganas tremendas de vivir y dejar la manada o el rebaño y escaparme a mi libre albedrío por montañas cerros y valles campos de exterminio y charcos de sangre o ríos como un lobo esta vez y sentir en mis fauces la sangrienta presa después del combate porque en verdad os digo que soy el lobo del hombre y que todos lo somos que he visto pueblos enfrascados en frascos en fratricidas guerras y que he gozado al ver familias empaladas enteras por el sólo hecho de tener otro nomen otra denominación dominación como si la estulticia fuese privativa de una especie y no de la Raza que más da ¡Hombres!
¡ La misma carroña para gallinazos!
Nos hemos re/volcado en el fango y el estiércol de la noche en la sangre del espanto en el llanto de las madres con una loca risa después de guerrear saciada la sed sanguinolenta he mudado a caballo elástico peregrín caballo de los sueños cazador de figuras y mis afiligranados movimientos me condujeron por rumbos impensados inopinadamente pasé revista por siglos de humanidad volviendo luego entonces al punto la línea inicial del dónde y pronto comprendí que esas hojas de hierba adormideras me llevaron ilusoriamente por los estadios diversos del hombre rojo primero incandescente de la primera bomba o la otra la segunda de matar y entonces luego al ocaso de los hombres eclipsados por la pérdida de lo poco que tuvieron de humanidad pero no ya como caballo soñador regresado he sino más bien como ser tan bajo como es un hombre y vuelto con los ojos locos furibundo y fulminado por lo videado advertido heme que este viaje ha tomado sólo segundos unos pocos instantes y que en ellos – pobre: mí- se hallaron contenidos todo todo aquello buscado que fue puesto que todo – repito- se reduce a Nada esa fugaz efímera vida se traduce en absoluto y un siglo es a un segundo lo que una vida es a mil generaciones y mal – y bien- y tarde comprendí zopenco perro deleznable creatura animal estragado loco nuevamente desgraciado desagradecido e ingrato y entonces un solo entonces he desandado el camino y he vuelto sobre mis pasos y ahora después de tantos/pocos años vuelvo con mi sonrisa macabra mi perro violeta mi serpiente y mi águila vuelvo domador de dragones con mi soberbia y compromiso con mi humildad y egoísmo ja ja ja con el hálito de la muerte hay atravesando mis oídos con las babas del diablo y el diablillo emitiendo su sonido silente salpicando lo malo lo bueno mis conceptos de de justicia y libertad vuelvo pues a revolcarme y a fundirme con los míos en el lodazal vuelvo a llorar las ollas de egipto como los quiliastas a matar por una hogaza de pan o un cequí fulgente retorno al rebaño bañado en sangre a preconizar el llanto del saltimbanqui aunque ciego caminante arlequín color corvo he vuelto a mirarme al espejo y reflejar la roja tarde de inmunda solemnidad un muerto por muchos vivos?, Ja
Así que si de presentarme trato pues
aquí va la paremia sin dilación más: soy mi forma y soy mi modo…soy la forma que busca su estilo…tal estilo sería luego: la búsqueda del estilo tal: soy entonces la búsqueda constante del estilo
Soy la vida constante…en proceso…soy el que inicia el proceso…y claramente para terminar: soy lo que amo …no quien me ama- dijo Aristarco…”


de Tribulaciones de Aristarco

jueves, 25 de enero de 2007

SOL NEGRO EN SURFEANDO EN LA RED

"Sol negro” es el nombre del blog administrado por el poeta e investigador peruano Paul Guillén (Ica, 1976). “Sol negro” -del conjunto de blogs peruanos especializados en poesía- destaca con inusitado brillo y se ha constituido en uno de los más sólidos y serios. Del archivo de “ITINERARIO DE LA PALABRA” (7 /6/ 2006), reproduzco una reseña en relación a la aparición del blog: “Sol negro surge para cubrir con su luz paradojal el ambiente poético peruano. Los textos que pueblan “Sol negro” proyectan voces de la poesía contemporánea y revelan una apuesta por una forma de aproximarse y concebir la poesía, afincada en el culto y prolijidad en el trabajo con la palabra. Es así que apreciaremos una diversidad de textos, poemas, reseñas y artículos de buena factura que recomendamos”. Han transcurrido 8 meses y nos ratificamos en lo dicho.

En cuanto al autor, Paul Guillén estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha publicado los poemarios “La muerte del hombre amarillo” (2004) y “La transformación de los metales” (2005). Asimismo, realizó la antología “33 poetas del 70” (2005). En la actualidad dirige la revista virtual “Sol negro” y forma parte del consejo editorial de “El billar de Lucrecia” (México).

Para ingresar a “Sol negro” hacer clic en http://sol-negro.blogspot.com


CONVERSANDO CON EL AUTOR

¿En qué fecha hace su aparición en la red “SOL NEGRO”?

Sol negro
apareció el domingo 12 de febrero de 2006 con el post “El desdichado” de Gérard de Nerval.

¿Con que propósito(s) o motivación inicial?

El propósito inicial fue publicar reseñas, entrevistas, convocatorias, anuncios de recitales, apariciones de revistas o espacios virtuales, todo ello relacionado con la poesía. Pero en el camino –y es que también tengo otros intereses- he publicado cosas sobre cine, pintura, psicoanálisis, narrativa, filosofía, música, etc. Ahora, el proyecto se consolidó con la aparición de la revista virtual Sol negro (http://www.sol-negro.tk/)

¿Cuál es el post o posts que ha(n) generado o suscitado mayor respuesta de tu público?

Por lo visto fue la encuesta de poesía peruana joven. Y es comprensible hay un enorme vacío de la crítica literaria peruana y faltan espacios para debatir sobre poesía peruana.

¿Podrías mencionar algún post “favorito” de los publicados?

Lo que más me gusta publicar es mis propias reseñas literarias sobre los libros que me interesan. También fue muy interesante difundir la obra de Enrique Verástegui, Mauricio Rosenmamm Taub, el ensayo sobre La nueva novela por Cristián Gómez y las tres entrevistas sobre Medusario realizadas por Felipe Cussen, algunas cosas del OULIPO.

¿Cuáles son tus blogs favoritos? ¿Podrías indicarnos los que consideras de lectura y consulta indispensables?

Epígrafe para un libro condenado, Nomadics, El billar de Lucrecia, Terra ígnea, Raúl Brozovich, Chicos índigo, Zona de noticias, Luz de limbo, Urbanotopia y La cueva de los pájaros, entre otros.

¿Qué ventajas y desventajas has advertido en la utilización del blog como espacio virtual gratuito?

Las ventajas son muchas y sería larguísimo enumerarlas, sólo quisiera dejar constancia de alguna desventaja como son los comentarios anónimos que casi siempre tienden hacia el insulto.

¿Qué perspectivas a futuro le ves al weblog como vehículo de comunicación, información y difusión?

Creo que los blogs literarios se han constituido en un medio alternativo frente a las páginas culturales periodísticas, es más, en muchos casos, son mejor elaboradas que aquéllas. Por ello, me parece que los blogs se están convirtiendo en una buena alternativa desde donde ejercer la crítica literaria.

¿Qué opinión te merecen los weblogs anónimos o denominados “blogs basura”?

No comparto el insulto por el insulto. Prefiero trabajar a partir de la reflexión y las ideas.

2 POEMAS DE KARINA FALCÓN


EL MAR

En la rasa caída de la ola.
Pulso de energía/ Impulso/ Una remontada en la otra.
Andanza en lo alto y llanura; perpetuando
La marcha en inercia. La pulsación que
Escarpa; anhelo de ola fugitiva.
Vibrada
Reiterativa
Dilatada
En la nulidad de la arena se reafirma orilla.


MARRYMAID

Has de surgir del mar como
Estadio fugitivo, todavía
Sempiterno. Vientre espumeante
Que me adentra hacia
Figalia, tu morada, tu seno.
Orlas escarlatas concluyen
Tu efigie hacia el reino celestial, que
no es más mi reino...


Karina Falcón. Nacida en la Ciudad de México, México (1984). Es Autora de Diez Cartas al Abismo (2003 ), Devoción: Poesia de la carne (2006) y publicada en la Antología Internacional de Poesia Amorosa (2006) junto a Enriqueta Ochoa (Mexico), Charlotte Grasnick (Alemania), Jorge del Castro Pinto (Colombia), Elmys Garcia Rodríguez (Cuba) y otros poetas más. Ha publicado en distintas revistas literarias de México. Ha investigado sobre la Mitología griega, Iconografía de lo femenino y de la participación de la mujer en lo sagrado, religioso y espiritual. El monstruo en la literatura y la estética del cuerpo abyecto. Ha impartido cursos y ofrecido conferencias sobre Mitología, Conocimiento Ancestral, el Rol de la Mujer en lo sagrado en lugares como la Universidad de Londres (2004-2005) y World Trade Center en la Ciudad de Mexico (2005). Es fundadora del Colectivo literario y escénico “Templo de la luna: Novena Luna ” con el cual se ha presentado en distintos lugares como parte de las “Noches de Poesía en voz alta” que busca dar difusión a Autoras Hispanoamericanas de Cuento y Poesía. Es Profesora del Idioma Inglés desde el 2002, especializada en Gramática y Literatura. Ha sido entrevistada en radio y medios impresos como el periódico Reforma y El Universal acerca de su visión como poeta y creadora. Actualmente continúa estudios en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

3 POEMAS DE DENISSE VEGA FARFÁN


Pizarnik

He hallado a la vida mezclada
Entre los colores de la muerte
Al amado entre los rojos violentos
De un canto vacío
Nadie sabe que las últimas bocinas
Que se oyen en las calles
Son las de mi corazón
Que existe una piedra que extiende los brazos
Para abrazar el ardiente musgo de mi aliento
Nadie me ve cabalgando desnuda
Sobre el lomo tibio y esmeril de la poesía
Cuando el silencio me dispara en la boca
Y el horror vomita mi luz ensangrentada
Con los molidos cráneos de mis sueños.



La noche se desliza bajo mi puerta...

La noche se desliza bajo mi puerta
Como una carta sin palabras
Yo la abro
Sin entenderlo lloro sobre ella
Hasta que sus espinas se evaporen
O la mañana muerda sus raíces

A veces es ella
-la noche-
La que llora
Y yo soy la carta sin palabras
Que se desliza bajo su puerta
Pero ella no me abre
Sólo me dobla cuidadosamente
Y me guarda en su bolsillo



Brújula dormida

Se derrumbaron los castillos de seda
Donde el dragón era sólo un cuadro oblicuo
Cubierto con abandono en el fondo de la sala
Ahora el dragón agita su áspera cola
Su brasa se vuelve oxígeno de mi cuerpo
Y mi cuerpo oxígeno del dolor

Huelo la tarde descompuesta
Que brama en el jardín
Converso con los labios robustos que se abren en el limo
Vocalizando una tóxica dulzura
Y pequeños cipreses derruidos como niños calcinados
Que la inercia descascara de sus rancios vagidos de victoria
Jamás leída jamás lograda
Contra la oblonga llamarada del dragón

Los prefiero
Su silencio es menos obsceno que la verdad
Menos tullido que la duda
Yo les hablo
Con agonía de delfín en el río
De mujer ante los pies morados de su hijo muerto
De Nietzsche ante los ojos vaciados del mundo
Mientras el dragón -pródigo de arrecifes-
De soslayo me vigila

Yo converso amistosamente
Con el espasmo que explota y vuelve a nacer en mi corazón
Hasta con el último hongo de la náusea
Mientras él engulle sin mesura
Mares ciudades
Soleadas plazuelas del tiempo
Puentes hacia la fantasmal sabiduría
Ficciones de un lenguaje mejor hablado
Desde los labios de la emancipación
Dudando si soy
Tan sólo un fantasma
O el trino del amor que aún no se fermenta

Así
Cuando el flamígero colmillo del dragón asoma
Y su abdomen saciado de terror se ahueca aún insatisfecho
Y tan entusiasmado tropieza con mi hedor
Que cree que le brotará fuego helado por las fauces
O las trasquiladas cabezas de todos los veranos
Cuando la luz me sonríe mostrándome
Su dentadura rota
Como si detrás del halo de un amor
Se ocultara un foso
Así
Cuando todo
Todo
Hasta la tersura de mamá en el rubor del escaramujo
Se subvierte
Yo converso con lo que no tiene color
Aroma
Destino
Ni un nombre por el cual llamarlo


Juan Pedro Cerrato - Sentimiento de soledad y belleza


Casa abandonada

La casa hace años que está abandonada
y aquí no viene nadie.
Sólo vengo yo: a caminar entre los olivos,
a leer, a mirar las lagartijas que salen
de las piedras. Si tú vienes
podemos mirar juntos las lagartijas,
hablar a la sombra de un olivo.



Playa de los perros


El Caló d’es Cans es una playa
de guijarros. La vegetación
llega al borde del mar. El mar es verdoso
y los árboles se levantan en la punta
de las rocas. Playa de los perros
es la traducción del nombre mallorquín,
y es un nombre hermoso.



Olivos plantados por los árabes

Los olivos fueron plantados por los árabes
en los campos de cultivo mallorquines
hace más de 800 años.
Me arrodillo en medio del campo
y toco las raíces de los olivos:
abultadas, hundidas en las piedras,
y la tierra me habla en árabe.



Iglesia de Sant Pere d,Escorca


La iglesia rural de Sant Pere
d’Escorca, del siglo XIII,
es un ejemplo de sencillez y purea de líneas.
La iglesia, rodeada de jardines,
es idílica. Si eres mallorquín
estas casas, de la época musulmana,
cerca de la iglesia, son tu hogar.




LA LÁGRIMA DE LOS POETAS DE GONZALO TOLOSA


LEJANÍA

Lejanía es la palabra más dura de este duro momento
La monotonía de este espacio me asesina las ansias
Y la vida se consume en un absurdo papel
Que sólo busca el fuego de unos ojos lejanos.
Cada derivado de aquella cercana palabra duele en lo profundo
Pues la daga cruel de este destino me lleva lejos,
Otra vez,
Lejos del amor seguro,
Pensando en todas las nadas del mundo
Pensando en ninguna eternidad
Construyendo una muerte que se describe en distancia
Un derivado sin sentido de esa absurda lejanía
Esta latente lejanía,
Esta silente letanía,
Donde sólo tu cara entrega una esperanza de regreso
Donde sólo tu cuerpo es la imagen al final del túnel de la distancia
La muerte de la distancia
Como mi dolor
Lejana.


ANDRÉS ANWANDTER: LA APERTURA CONTINUA POR FELIPE CUSSEN


En este artículo recorro el desarrollo de la producción poética de Andrés Anwandter, a través de sus publicaciones individuales y colectivas y material inédito. Junto con revisar los juicios que ha merecido, mi análisis pretende demostrar de qué manera su propuesta se ha fundado en un diálogo fértil con sus predecesores, una visión crítica de la escritura y la necesidad de profundizar en los aspectos concretos del lenguaje. Lejos de paralizarlo, estos factores se han convertido en los alicientes de una vocación decididamente experimental.

Palabras clave: Andrés Anwandter, poesía chilena contemporánea, poesía visual.

1. Dentro de las recientes discusiones en torno a la poesía joven chilena, se ha intentado caracterizar la producción de aquellos que comenzaron a publicar en la década de los 90 como un proyecto básicamente académico, carente de compromiso y riesgo. Héctor Hernández, una de las figuras más reconocibles de los autores que emergen a partir del 2000 buscando diferenciarse rápidamente de sus inmediatos predecesores, señala: "La generación anterior tiene su gestación, formación y referencias en la literatura misma como un discurso bello, de concisión y economía lingüística". Felipe Ruiz, por su parte, sugiere que estas publicaciones bien podrían ilustrar el espíritu de consenso y no agresión que definieron las prácticas políticas de esos años. Aunque sería difícil hablar de concisión en algunos de los poetas que ya han pasado la treintena (como Javier Bello, Yanko González, Germán Carrasco o Leonardo Sanhueza, cuyos discursos operan más por la mezcla de registros, la saturación verbal y la acumulación de imágenes), los poemas de Andrés Anwandter (1974, Valdivia) sí podrían responder a dicha impresión, y de hecho suelen ser considerados lacónicos y cerebrales. Como previene David Bustos, pueden ser tomados por "ciudadanos cuidadosos, limpios y bien peinados", y muchos quizás habrán imaginado al propio poeta como un ciudadano cuidadoso, limpio y bien peinado, esmerado en la producción en serie de maquinarias cada vez más perfectas e inofensivas.

Si atendemos a sus escasas declaraciones en torno al oficio poético, descubriremos que no cuenta con directrices específicas para su labor. Su escueta poética incluida en la antología de Francisco Véjar comienza así: "Yo no tengo ideas muy claras sobre la poesía. No me leí `La poética'. Manejo, para la tertulia literaria, un puñado de opiniones al respecto; pero no creo tomarlas en cuenta al escribir" (Anwandter 1999: 17), y luego recalca esta incertidumbre: "Cada poema me ha significado dificultades tan distintas, que no me atrevo a afirmar nada definitivo" (18). Sólo puede reconocer la dificultad que significa el acto de escribir: "los poetas son, en general, tipos con problemas de expresión; que cojean, o tropiezan con la lengua. (...). Yo no tengo, para nada, lo que se dice `facilidad de palabra', pero insisto en escribir" (17-18). Años después, en entrevista con Martín Gubbins, también dice que le interesa más una poesía que pueda leerse "como un ensayo o un experimento con las formas y los temas" que "como algo acabado o definitivo". Independientemente del rigor reflejado en sus versos, en este estudio me interesa destacar la fuerza que es posible adivinar detrás de su escritura, una fuerza que no se ha detenido ante obstáculos muchas veces autoimpuestos, que ha hecho de las dudas y las negaciones parte esencial de su impulso y diversificación, y que podría recibir cualquier apelativo menos el de autocomplaciente.

2. En 1996 Andrés Anwandter edita su primer libro, El árbol del lenguaje en otoño, en el que se hace evidente una preocupación por el soporte material de sus poemas, pues todos ellos están impresos en hojas sueltas, sin foliar, recogidas en una pequeña carpeta (un "dossier", como sugiere el subtítulo). Esta característica es resaltada por los diversos comentaristas de esta obra: Julio Ortega (2000: 121) declara que "el formato es una declaración de principios" y Marcelo Pellegrini (1998: 152) opina que la ausencia de orden provoca una dispersión que puede calificarse de gozosa "porque el lector posee una libertad casi absoluta de co-presencia autorial: al leer somos, además, creadores de nuestra propia forma de sentido". La relación entre esta dispersión y el propio título es evidente, pero se relaciona además con cierto desprendimiento perceptible en el autor, que incluso llega a hablar de desgano (algo que Jessica Atal toma de manera literal en su reseña). Es cierto que no es éste el típico libro primerizo en el cual un poeta intenta impresionar al mundo con sus desgarros interiores, pero considero que deberíamos valorar esta impersonalidad como un signo de madurez en el autor, que ya sabe retirarse pudorosamente: "El autor se hace cuidadosamente a un lado. Borra sus pisadas, limpia toda traza de su paso por allí. No deja en sus poemas huellas digitales, pistas, confesiones de ninguna especie. Nos advierte Fernando Pérez (2002: 32). Esto es precisamente lo que permite que sus textos transcurran sin interrupciones y desarrollen sus múltiples repliegues, que aluden de manera obsesiva a la problemática de la escritura, calificada por Anwandter en términos irónicos: "un oficio menor", "un ensayo aún tembloroso". Abundan, además, las menciones a la incapacidad de las palabras, en torno a la idea de un lenguaje que en su intento por apresar sus referentes sólo obtiene frutos muertos: "Esa palabra que aún no alcanza a articular / un sólo verso que por fin te describa", "esta figura muda, / vana", "una figura / que no alcanza a bombearse a sí misma / la sangre que repita el hastío". No sorprende, entonces, que Javier Bello (en su ensayo "Los náufragos") lo relacione con la metapoesía de Lihn, quien es, por lo demás, una referencia completamente asumida por nuestro poeta: "De entre todas las vetas de su poesía, a mí siempre me interesó escarbar en la zona más autorreflexiva. Lihn enseña que una poesía "escéptica de sí misma" no puede ser nunca completamente tautológica, liberando, cada vez, en el arco de su reflexión, una imagen" ("Tráfico de influencias"). El matiz al que alude Anwandter no deja de ser importante, pues es quizás lo que diferencia estos poemas de tanto ejercicio metaliterario que olvida la necesidad de ser ante todo un buen poema. Así es como podemos entrar a uno de los mecanismos recurrentes en este primer libro, cual es el continuo paralelismo entre elementos de la escritura y de la naturaleza. De esta insistencia se vale Julio Ortega (2000: 121) para profundizar en la relación entre palabra y mundo aquí cultivada, basada en el antiguo tópico del mundo como un libro: "Entre el mundo y el lenguaje, por lo mismo (...) está la poesía, como el trasvase lúdico y fecundo de una serie en otra". Y es cierto que independiente de la mirada crítica, la persistencia del acto escritural como un rito inevitable permite en algunos instantes una posible esperanza: "Este texto es un atajo (...) o una clave". Ortega rescata en ese sentido la imagen de la espiral como el camino que debe seguir la mirada del lector en estas breves pero "recovequeadas" composiciones: "La figura barroca de la `espiral' se transforma aquí de traza placentera en indagación ritual, anunciando que el poema es no sólo un espectro del lenguaje sino también un espacio raigal" (123). Ello es evidente en poemas que se vuelven sobre sí mismos una vez terminados ("Proporcional el vértigo de la palabra"), y en la sugerencia de estos versos dedicados a la memoria de Roberto Juarroz, otro poeta con el que fácilmente podríamos emparentarlo: "su raíz / se desdobla hacia adentro del libro". Esta atracción convierte a la página en un imán, pero también en una peligrosa trampa, cuyos riesgos Anwandter reconoce (y parece aceptar de buena gana) al convertirse en presa del propio mundo que se ha creado. Pues si en algún momento puede sentirse a salvo "aferrado a estas palabras / en el océano", en uno de sus poemas más citados se comprobará el destino errático de aquellas tablas:

Comienzas a escribir un poema
cuyo tema es un lago profundo
en esto te alcanza la noche
ahora no sabrás cómo volver.

La escritura, entonces, se ha convertido en una operación de repliegue: no consigue atraer la figura ausente muchas veces requerida, sino que absorbe al deseante y lo pierde en su interior: es una puerta que invita sólo para luego cerrarse por dentro. Este ejercicio autorreflexivo no resulta narcisista precisamente porque se conoce desde el comienzo la traición: "no es la subjetividad del autor la que se mira al espejo. Es el poema mismo el que, asombrado, descubre que su imagen se repite ad infinitum e incluye al lector en el juego de espejos que así se genera" (Pérez 2000: 33). Se llega así, al decir de Marcelo Pellegrini (1998: 153), a una especie de vértigo, de locura: "El sentido desdobla el sentido para desdoblarlo nuevamente y hacerlo finalizar como muerte. Nada de eso, sin embargo, nos detiene porque, querámoslo o no, sentimos la atracción suprema del callamiento final". Ciertamente ya en estos primeros poemas este autor ha sabido convencernos de que vale la pena seguir sus pasos borrados, que aunque parecen devolvernos siempre al lugar inicial siempre igualmente nos burlan.

En la antología, Vivos pero desdoblados (Ayala y Joannon 1999) aparece una versión casi íntegra del poemario ya mencionado acompañado de numerosos textos compuestos por la misma época y de similar estilo. La autoexigencia de su labor es aún más perceptible; ya no hay duda que se trata de un autor que se toma la cada vez más escasa molestia de pensar antes de escribir. Y no, como podría suponerse, para calcular con exactitud los efectos que provocará, sino para que sus pasos se pierdan cada vez con mayor precisión. Que se pierden dentro de las paredes de una cárcel, ya que la insistencia en imágenes opresivas es muy fuerte. Si en El árbol... ya se hablaba de un "Poema con un candado en la boca", aquí también tenemos una "Boca tapiada" (21), o un desván en el que "hace tiempo tapiaron el acceso" (21). Y hay textos que juegan derechamente con la imaginería carcelaria, como "La celda" ("Golpea el corazón para entrar por el pecho / a esta vida enrejada de palabras") (27) y "Los gendarmes", derechamente kafkiano:

No logro asegurar mi tema, mi tema
que repite esta muralla en sus ladrillos
como el eco de sus botas por el patio
acercándose a dar curso a la sentencia (23).

Dentro de este ambiente, no sorprenderá que en un título como "Ejecución" (22) se lea no sólo como el acto de la escritura, sino como una condena, que parecería verificarse definitivamente en estos versos:

Cada palabra que escribo me entierra
en un hueco cavado a la voz, cada verso
mi cuerpo acomoda su cifra a la piedra
que ha de fundar su morada en el suelo (21).

Llegados a este punto límite, a este panorama desolador, podríamos pensar que a esta escritura sólo le cabía consagrarse a un silencio definitivo, a menos que reconozcamos en cada una de estas negativas insistencias una misma operación afirmativa: cada palabra no hace más que abrir los ojos del poeta ante la evidente fuerza del lenguaje, una fuerza que reside en la materialidad de las palabras. Una vez reconocido el límite entre mundo y palabra, prefiere adentrarse en los laberintos del lenguaje en vez de sacar la cabeza para volver a cantar. Y aquí es donde pareciera escuchar el consejo de otro autor que lo influyó decisivamente en esta etapa, Gonzalo Millán (1997: 309), quien da la impresión de conocer perfectamente la situación en que se encuentra Anwandter: "Infimo náufrago, sólo / tu soledad es inmensa./ Tu océano / es una gota de agua". Pero además comparten otro interés, el de saber tomar cada trazo de las letras como si fuera la primera pieza de un juego para armar. Así lo demuestra Anwandter en este verso que bien podría ser una greguería: "Cuelgo mi traje en la t de tristeza" (Ayala y Joannon 1999: 27) y que perfectamente podría ser la continuación de este poema en el que Millán recoge los restos de un alfabeto: "Para muestra un botón: / la O con dos puntos adentro / y un cilio de hilo negro / Varada, algo más allá, / la E de una hebilla / que ajustó un impermeable" (309). Más allá del juego, en ambos casos parece subyacer un mismo esfuerzo: volver a los elementos mínimos del lenguaje y comprobar si efectivamente sirven para lo que se supone que deberían servir.

Otro apoyo en este proceso lo constituye la obra de Joan Brossa, que nuestro autor conoció poco después de editar su primer libro, y quien también se caracteriza por la recurrente homologación de los poemas con cualidades de los objetos cotidianos, por el desarrollo de los aspectos sonoros y visuales del lenguaje, y por la fe en las posibilidades performativas de la palabra: "si / la palabra no fuera un acto, / tampoco estas / líneas serían entonces un poema" (47a). Pero hay otro autor cuyo encuentro le impacta aún más: "Meses después de mandar mi libro a la imprenta, conocí la poesía del italiano Valerio Magrelli, quien, hasta donde lo he leído, realiza todo mi proyecto con una maestría que ya quisiera para mí" ("Tráfico de influencias"). Al leer Ora Serrata Retinae es evidente la cercanía entre ambos proyectos, que comparten la decisión de entender la poesía no como un proceso de aprehensión del mundo, sino como un acto de conocimiento que sólo puede justificarse y resolverse en sí mismo: "No conozco / de lo que escribo, / más bien lo escribo / porque lo ignoro" (Magrelli 1990: 187).

3. El año 2001 aparece Especies intencionales, un libro (esta vez en formato convencional) que contesta de manera paradójica la problemática recién descrita. Además de ser un libro más definido y homogéneo que los anteriores, con menos referencias cultas y citas, su artesanía musical es llamativa. Fernando Pérez analiza con detenimiento el complejo juego de rimas y metros, y la exacerbación del encabalgamiento, que se conjuga curiosamente con un prosaísmo bastante acusado (por más que Patricia Espinosa alegue excesos de lirismo), y que a juicio de Cristóbal Solari profundiza el efecto de extrañeza. Como ejemplo se puede citar el poema que abre la colección, que además de aliteraciones y reiteraciones suma los espacios en blanco para convertirse en el péndulo digno de un hipnotizador que conoce cuánto cambia el sentido de las palabras en distintas posiciones:

tallamos
cada vez
una escala
en aquello
que no es
sino
suave
sinuosa
pendiente
de tiempo
de tiempo
pendiente (Pérez 2002: 5).

A pesar de este manejo cada vez más profundo de la materia lingüística, las referencias metaliterarias son menos frecuentes, y no aluden tanto a cuidadosos procedimientos sino a la violencia ejercida sobre una lengua blanda y torpe que "compone los versos que empuño / con fuerza y arrojo a la mesa", aunque una vez estrellados precisen ser ordenados en versos pareados (20). Da la impresión, en consecuencia, de que el "internamiento" ha implicado la apertura de otros flancos, y efectivamente la realidad inunda estos poemas: aparecen eventos y lugares cotidianos, ruidos urbanos, paisajes rurales, sucesos noticiosos. Estos no son un simple decorado, sino objeto de reflexión: se critica con insistencia la impropiedad de los símbolos patrios y especialmente el manto de ambigüedad y olvido tendido sobre los muertos de un pasado reciente o lejano: "La nieve/ blanquea los cerros sobrantes// de muertos recientes y cóndores / lentos que rondan sus huesos" (50), "Los bulldozers que remueven cada tanto / estos suelos para hacer otro camino / hacen temblar mi osamenta. / Las noticias / la destierran y la vuelven a enterrar" (45). Estas imágenes, por otra parte, retoman la relación ya mostrada entre escritura y entierro, como muestra el título de otro de los poemas: "Si escarbas en lo escrito / encuentras huesos" (43).

Como señalara Alejandro Zambra en la presentación de este libro, el modo en que la poesía de Anwandter decide afrontar los elementos externos en esta etapa se lleva a cabo como si fuera una investigación científica (como "Actividad nº 1", parodia de un trabajo escolar), pero que necesariamente debe preocuparse de calibrar sus instrumentos de medición. Quizás por este motivo son recurrentes las alusiones a la mirada, pero ocurre que hay ocasiones en que ésta se "curva hacia adentro" (Zambra 2001: 67), lo que a juicio de Patricia Espinosa cierra el paso a toda experiencia foránea y desemboca en un quieto ensimismamiento. Creo, sin embargo, que este proceso es más complejo, porque pareciera que aquí las puertas no cierran bien, y que el tráfico de un lado a otro se confunde constantemente. Según Zambra, "estos escenarios son enfocados por una mirada tan dispuesta a encontrar el desorden como a deconstruir los procesos que lo produjeron", y a juicio del crítico el propio autor permitiría que su voz se confunda con otros discursos y su ejecución se desordene como la de "un pianista con problemas de retorno". Porque efectivamente la pulcritud de sus digitaciones no impide que Anwandter interprete una melodía que cada vez parece más borrosa, como la proyección de aquel "espejo con niebla" que a juicio de Javier Bello, en su presentación "Superficie y memoria…" resume esta obra.

Me interesa destacar esta inestabilidad que late bajo Especies intencionales, que en ocasiones se manifiesta en los solapamientos entre sueño y vigilia ("Alguien aplaude en mi sueño y despierto" (27)), pero que considero más notoria en la indistinción de planos que provocan las continuas relaciones entre partes del cuerpo y elementos de la naturaleza. Un ejemplo perturbador es el poema "Doctor", en el cual el cerebro es un bosque del que hay que borrar para que puedan crecer "especies foráneas de ideas / en filas" (55). Esta imagen está presente en el poema "Bosque", de Enrique Lihn ("La cabeza es un bosque" (219), y es ocupada con frecuencia por Magrelli en Ora serrata retinae: "Tengo la mente cultivada / como una plantación" (77), "Se me ha encendido la cabeza (...) / El rumor de las llamas / me tiene despierto" (113), "El bosque de mis pensamientos está en llamas. (...) / Ahora habrá que limpiar el suelo, / cuidarlo, cultivarlo y esperar / con afectuosa cautela nuevas plantas. / Ahora se deberá preparar un nuevo incendio (119)".

Otra interesante coincidencia se puede observar a partir del siguiente poema de Magrelli en su libro Vetas y naturalezas:

El agua que espera en las cañerías
quieta como una bestia en su guarida.
La casa en la casa
es esta casa de agua.
Circunyacente e inmóvil
tormenta suspendida (25).

Anwandter decide desencadenar esta situación en su poema "Arteria" y la convierte a su vez en una disolución:

El tubo
que enhebra su ruta de cobre
por toda la casa dormida
revienta: las aguas anegan
mi cama y disuelven la imagen
del tubo (14-15).

4. La tercera publicación de Andrés Anwandter fue una sorpresa para muchos: Square poems, un libro de poesía concreta editado en Londres por Writers Forum en el año 2002, mientras participaba de ese importante colectivo de poesía experimental. Lo cierto es que sus investigaciones en ese ámbito habían comenzado algunos años antes, y ha abarcado el interés por figuras como el chileno Guillermo Deisler (sobre el que escribió un artículo) y Ernst Jandl (al que ha traducido), entre muchos otros. Su aprendizaje, como él mismo señalaba a Martín Gubbins, no podía ser muy formal: "La poesía experimental circula por canales tan raros que al comienzo uno tiene acceso a un par de obras al azar que te dan el estímulo, y luego te pasas mucho tiempo recorriendo por tu cuenta su historia hasta que te das cuenta que todo eso que hiciste ya lo hizo alguien antes que tú". Este proceso lo siente como un taller: "Lo tomo como una escuela paralela a la escritura de poemas más convencionales, donde aprendo a conocer mejor las palabras, las disecciono, entiendo mejor sus valores gráficos y fónicos. No sé qué valor tenga esta experimentación finalmente, pero para mí es muy estimulante y formativa". Sus primeros trabajos fueron producidos en una máquina de escribir, y este texto inédito refleja literalmente el espíritu de búsqueda en que su autor se encontraba:


Este proceso decanta y desemboca en un molde absolutamente definido y propio de la tradición clásica, los "Carmina Quadrata". Su elección se debe, además, a su intento por comenzar desde el concretismo más ortodoxo para contribuir a fortalecer el frágil desarrollo que ha tenido esta vertiente en el ámbito hispanoamericano, a pesar de la cercanía con Brasil, una de las cunas del movimiento. También reconoce que su inspiración proviene de otros autores contemporáneos, como Konrad Bayer, Richard Kostelanetz y el mismo Bob Cobbing, fundador del Writers Forum, que tituló "Square poem" el siguiente trabajo:


This is a square poem.
This poem is a square.
Is this square a poem?
This square is a poem,
This square is. A poem
Is a poem - this square.
This is a poem-square.
A poem-square is this
Poem. This is a square.
A square poem is this
Square. This is a poem,
This is. A poem-square.

(Cit. Gubbins 2002)

Si bien este caso funciona igualmente como un caligrama, el intento de Anwandter es más abstracto, pues se basa (emulando técnicas de combinatoria propias de Jandl) en una serie de desplazamientos internos de las sílabas y letras cuyo fin es extraer la mayor posibilidad de resultados significantes dentro de ciertos límites estrictos. El punto de partida es el descubrimiento de una semejanza: "Square poem" es un trabajo sobre palabras que se disuelven dentro de otras palabras, un poco a la manera de las "Palabrarmas" de Cecilia Vicuña. Ahora, si me preguntas qué significa que una palabra como "soledad" esté compuesta por las palabras "sol" y "edad", no te lo podría decir. "Solamente me limito a constatarlo y a jugar con ello" (cit. Infantas 2002: 35). Por ello, no importa el contenido específico de las partículas, sino la capacidad que tengan de encajar entre ellas para erigir estos muros. En ocasiones pueden ser desplazamientos regulares:

ESTALLARDERREDOR
STALLARDERREDORE
TALLARDERREDORES
ALLARDERREDOREST
LLARDERREDORESTA
LARDERREDORESTAL
ARDERREDORESTALL
RDERREDORESTALLA
DERREDORESTALLAR

(17)

O irregulares:

SERESTARDEMORAR
RESTARDEMORARSE
ESTARDEMORARSER
TARDEMORARSERES
DEMORARSERESTAR
MORARSERESTARDE
SERESTARDEMORAR
RESTARDEMORARSE
ESTARDEMORARSER

(7)

El título de este conjunto no deriva sólo de su evidente cuadratura y del homenaje a Cobbing, sino a uno de los usos de la palabra square en inglés: `chapado a la antigua". Bastante más "despeinados" son los poemas concretos que ha dado a conocer después en publicaciones colectivas. En Uno, editado por el Foro de Escritores (colectivo fundado a inspiración del inglés) registra metódicamente, con ese espíritu científico ya conocido, los distintos pasos en que un solo conjunto de letras tachadas se multiplica y superpone hasta producir una simétrica explosión. No se oculta el proceso llevado a cabo mediante programas computacionales seguramente creados para fines más prácticos, sino que precisamente se invita al lector a comprobar el avance. En una selección enviada a la revista inglesa Reception, el estallido se produce de manera más desordenada, botando los andamios que antes lo sostenían:


Es importante consignar que en todos estos trabajos, más que buscar un efecto plástico, lo fundamental para Anwandter ha sido develar (con un furor cabalístico) las reglas de construcción y destrucción de cada grafía; un interés que quizás nacía de su interés por adivinar dibujos en la forma de las letras.

5. Dentro de los poemas lineales que ha publicado en revistas los últimos años, hay dos que bien podrían estar comentando estas imágenes, ya que al igual que aquellos de Especies intencionales exponen su fuerza contenida. En "Brainwash" (publicado en la revista Plagio) la energía permanece encerrada:

Una esponja que no expresa
más que el agua aprisionada
(pero a punto de salir)
que contiene es justamente
la metáfora que borra la pizarra.

Pero en "Cráneo" (que aparece en Vértebra: 87) la explosión se desata involucrando los planos interno y externo:

inflación
de lo visto
membranas
adentro
se ahueca
y expande
la esfera
del mundo
revienta

Si bien este poema sigue teniendo una construcción ejemplar, creo que es precisamente debido a ese cuidado en la escritura que su efecto es tan potente, pues engaña al lector que se confía sólo en la superficie. Pero vale la pena avisar que estas bombas también explotan en la cara del propio autor, y le obligan a reconstituir sus formas. Así, en el poema "Kaspar" (también aparecido en Vértebra: 89, e incluido en el libro inédito Música envasada), ya no sólo se refiere a una energía a punto de estallar sino que expresa directamente una obsesiva y casi insoportable reiteración:

dime que no cuando te haga decir
algo
di nada si te hago callar
esta es la historia
pon atención
esta es la historia
ahora no mires no leas
pon atención
dime que no cuando te haga decir no
dime que no cuando te haga decirlo
contesta
te digo contesta repite
repite que no cuando te haga decir
te digo contesta repite
contesta
dime que no cuando te haga decirlo
dime que no cuando te haga decir no
pon atención
ahora no mires no leas
esta es la historia
pon atención
esta es la historia
di nada si te hago callar
algo
dime que no cuando te haga decir

Su otro libro inédito (Banda sonora) reproduce de manera aún más explícita estas explosiones, ya que se trata sencillamente de largas acumulaciones de versos fragmentados, como la reunión obligada de recortes de otros poemas. La disposición gráfica contribuye a imaginarlo como una reunión forzosa, que privilegia la velocidad de la lectura sin importar que se noten las costuras. Lejos de aquellos poemas en que primaba la unidad de conceptos e imágenes, aquí sólo manda la dinámica, el ritmo insistente de una máquina que no discrimina, "neutra e involuntaria", a juicio de Cristóbal Joannon (2004: 80):

bicicleta
sin asiento
ni pedales
la película
arranca
del rollo
nocturno
central
que da vueltas
colgado
del techo
procede
la sombra
tenaz (...)

Las dependencias sintácticas saltan, algunas palabras se quiebran, y el lector teme ser víctima de un zapping desquiciado sugerido en el epígrafe de Tom Raworth ("a door in the t.v. opened"), y que podría no tener fin:

el patio
trasero
del ojo
termina
repleto
de trastos
que ves
en la tele
visión
la bodega
del cráneo
conserva
recuerdos
en frascos
de vidrio
que a veces
la escoba
destroza
al barrer
se escurren

Este libro también conjuga su producción visual, e incluye un par de manipulaciones caleidoscópicas (que recuerdan los grabados de Escher) de las mismas palabras que incluyen los poemas, confirmando tanto la arbitrariedad de su ordenamiento como la armonía de sus resonancias, para proyectar una imagen que las resuma de manera definitiva:
6. Al terminar este repaso, creo que es evidente que, más allá de las realizaciones en el campo de la poesía visual y la poesía tradicional, se observa en ambas trayectorias un primer reconocimiento crítico de los límites, una pregunta por la pregunta como plantea Raworth "what does the word truly mean? // how do we ask the question?" ("Tracking (notes)"), tras la cual surge una misma fuerza expansiva que lo conduce a traspasar dichas demarcaciones. Son las dos imágenes obsesivas: la cárcel y la explosión, que me atrevería a fundir para poder definir mejor la poética de Anwandter, una poética en que, como en aquel desordenado poema visual enviado a Reception, la explosión también parece su propio negativo, y configura un hoyo negro desde donde reclama el vacío. Creo, pues, que podríamos fijar el término "implosión" propuesto por Roberto Juarroz (1997: 162): "Hay que encontrar la forma de que algo crezca o decrezca hacia sí mismo. Por eso resulta subyugante la idea de implosión en la física. Sólo una explosión invertida, por ilimitado aumento de densidad, parece implicar la presencia del núcleo esencial de una cosa. Aunque sea en el vacío". La lección de Anwandter, en efecto, es la misma de autores como Oliverio Girondo, que asume que para llegar al exterior es preciso liberar las tensiones internas de su propio cuerpo para que las palabras consigan traspasarlo. Eduardo Milán (2004: 17) explica este proceso inmejorablemente: "Desde la experiencia de mayor interioridad posible (la experiencia del vacío) pasar a la mayor posibilidad de evidencia exterior del lenguaje. O sea: el pasaje evidenciado del conocimiento de la materia (conocimiento límite) al límite de posibilidad referencial, dejando testimonio puntual del proceso. Es decir: si matas algo dentro también lo matas fuera".

Resulta difícil entonces pensar en una actitud de cautela en la poética de Andrés Anwandter: su paciencia parece que tiene que ver más con la callada acumulación de elementos explosivos. A lo largo de estos años de escritura no se ha detenido a convocar con aspavientos a sus lectores ni a celebrar sus propios descubrimientos, pues la misma pasión lo sigue llamando, la apertura continúa.


OBRAS CITADAS

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CINCO POEMAS DE EFRAIN MIRANDA