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jueves, 11 de enero de 2007

Las obras del obrador. Entrevista con Marcel Bénabou por Cécile de Bary*



Nacido en 1939, Marcel Bénabou es profesor de Historia romana en la Universidad de París 7 y entró en el OULIPO en 1969. Pronto pasó a detentar, hasta hoy, las funciones de Secretario Provisionalmente Definitivo, o Definitivamente Provisional, del grupo. En esta entrevista con la perecquiana Cécile de Bary repasa la historia, la dinámica interna del grupo y los principios de la poética de este grupo que cuenta en siglos sus años de existencia.



El OULIPO y la Historia
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¿Cómo, por quién, para qué y por qué se fundó el OULIPO?

­Empecemos por la fecha. En septiembre de 1960, durante el primer congreso dedicado a Queneau, en un seminario de Cerisy titulado "¿Una nueva defensa e ilustración de la lengua francesa?" algunos de los asistentes sintieron el deseo de crear un pequeño grupo que se ocupase de experimentación literaria. Así el veinticuatro de noviembre de ese año, se constituyó un grupo que primeramente se llamó Seminario de Literatura Experimental (o Selitex) y que reunía más o menos a una decena de personas en torno a Raymond Queneau y François le Lionnais.

­¿Y cuándo entró usted en el grupo?

­Entré mucho más tarde, alrededor del invierno 68-69. Pertenezco a la segunda generación de oulipianos, que se incorporó después de Jacques Roubaud. Raymond Queneau había leído el manuscrito de "signo de pertenencia" de Jacques Roubaud para Gallimard y cuando conoció al propio Roubaud le propuso entrar en el OULIPO. Posteriormente Roubaud sugirió la admisión de Georges Perec y la mía.

­Pero no anticipemos, volvamos al Selitex...

­El Selitex pronto fue rebautizado Ouvroir de Littérature Potentielle (Obrador de Literatura Potencial) a propuesta de Albert-Marie Schmidt ­un profesor de literatura especialista en poesía científica del siglo XVI. Durante las reuniones, el proyecto del OULIPO no tardó en definirse en dos direcciones. En primer lugar, y era lo más importante, el grupo buscaba nuevas formas, nuevas estructuras con el objeto de ponerlas a disposición de los escritores. Sin embargo, no tardamos en percatarnos de la necesidad de tener en cuenta a las literaturas que habían precedido al OULIPO. El grupo se propuso entonces descubrir en ellas elementos hasta entonces inexplorados. Así que el OULIPO decidió asumir el conjunto de la literatura, la pasada y la por llegar.

­¿Respecto a esta cuestión, podría usted definir la noción oulipiana de "plagio por anticipación"?

­En estos trabajos de erudición el OULIPO busca precisamente a sus "plagiarios por anticipación". Por ejemplo, el lipograma ­que consiste en escribir privándose de una letra del alfabeto­ es una estructura oulipiana, y sabemos el jugo que le sacó Perec en El Secuestro. Pero también practicaba el liprograma la literatura griega, en la época alejandrina ; el propio Perec dio cuenta de ello en un artículo erudito que constituye una muy completa "Historia del lipograma" (así se titula y a ella se refiere Bernard Magné en estas mismas páginas).

­Me gustaría profundizar en la relación del OULIPO con el pasado.

­A decir verdad, para el OULIPO el tiempo no existe o, en todo caso, es reversible. Entendemos que lo oulipiano que existió antes del OULIPO sólo cobra sentido con el OULIPO. En realidad nuestra concepción no es demasiado original, es la de los historiadores, quienes consideran que el acontecimiento permite interpretar lo que lo ha precedido. Todo gran autor crea a sus propios antecesores.

­¿Qué antecesores se ha creado el OULIPO?

­Empecemos por la tradición occidental. En Roma, durante el siglo I antes de Cristo, y hasta el siglo siguiente, se retoma este alejandrinismo. Por ejemplo, Marcial protesta contra las difficiles nugae y su necesidad de criticar las "fruslerías difíciles" practicadas por los poetas de su tiempo, demuestra hasta qué punto éstas estaban de moda. Hemos de acordarnos también de los grandes retóricos de finales de la Edad Media. Entre estos dos momentos se mantuvo una cierta tradición en las abadías, sobre todo irlandesas, en torno a los anagramas o a los carmina figurata. No se trata del mismo tipo de juegos, pero siguen siendo juegos con la forma. En fechas más recientes también habría que mencionar a los formalistas rusos (sobre éstas cuestiones remitirse aquí mismo a los trabajos de B. Magné y É. Beaumatin).
Todos estos elementos dispares sólo cobraron sentido con la fundación del OULIPO. A partir de ese momento, la idea hasta entonces marginal, de tomar el lenguaje como herramienta de experimentación, se hace aceptable.

­¿Es esta tradición sólo occidental?

­¡De ningún modo! Se olvida con demasiada facilidad, pero en el origen de todas las grandes tradiciones poéticas, ya sea la tradición árabe, china o india, encontramos juegos verbales. Conocemos El Mapa de la esfera armillar de Su hui, "un poema chino del siglo IV de lectura inversa": mientras los propios chinos ya no lo entendían, su funcionamiento fue redescubierto por la oulipiana Michèle Métail. Redescubrir y comprender todo un ámbito olvidado: esto es lo que el OULIPO permite. Este modo de traer al primer plano el juego con la forma y de explorar sus resultados es, por tanto, absolutamente fundamental. En las poéticas antiguas, era, sino anterior, inseparable de la voluntad de decir.

­¿Y autores como Mallarmé o Valéry?

­¡Eran oulipianos sin saberlo! Cada vez que releo a Valéry encuentro alguna invención totalmente oulipiana. Inventó hasta el "Cuento a su manera". Del mismo modo yo que creía haber inventado el recurso de la antonimia, me frustré cuando releí la reescritura de Pascal propuesta por Valéry: "El barullo intermitente de estos rincones me tranquiliza". A estos grandes autores hay que añadir los nombres de Roussel, Desnos, Leiris....

­¿Y los autores surrealistas?

­Los surrealistas idolatraban a Roussel, pero era por razones bastante equivocadas. Lo que seduce al OULIPO de Roussel es el rigor, el rigor con el que pasa de la arbitrariedad del punto de partida a la absoluta lógica del punto de llegada.

En lo tocante al surrealismo, como usted sabe, su influencia en el OULIPO ha sido más bien negativa. Raymond Queneau había roto con el moviento surrealista y no quería volver a caer en nada que se le pareciese. Pero la diferencia es sobre todo teórica: el automatismo es exactamente lo opuesto de lo que busca el OULIPO. A veces surge un cierto malentendido porque con reglas muy estrictas, se puede llegar al mismo resultado que determinados ejercicios surrealistas. En ninguno de los dos casos preexiste la voluntad de significar, es cierto; de ahí, el carácter "surrealista" de algunos textos oulipianos (en el sentido corriente de la palabra "surrealista"). Pero las investigaciones oulipianas aventajan en mil cuerpos al surrealismo porque se ocupan de todos los aspectos de la creación literaria.


Los principios del OULIPO

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No deja usted de referirse más o menos explícitamente a la traba. ¿Qué entiende usted por traba?

­El escritor se apoya en reglas. Algunas reglas, como las de la prosodia, se admiten, están aceptadas. Lo que hace el OULIPO es introducir reglas suplementarias a las que llamamos trabas. Se trata de imaginar operaciones que traten cada uno de los niveles del lenguaje, cada elemento lingüístico. Si consideramos, por ejemplo, los signos tipográficos y sustraemos uno de ellos obtenemos un lipograma.

­Usted acaba de distinguir la regla de la traba y sobre esa cuestión sería interesante que nos diese su opinión acerca de la idea de Jacques Roubaud según la cual la traba nace de la muerte de las formas tradicionales.

­Sí, es cierto. En cualquier caso lo es para nosotros. Lamentamos la moda del verso libre y el surrealismo, que sólo han dejado tras de sí un vasto campo en ruinas. Para el OULIPO la escritura poética es imposible sin el recurso de las formas.

­Aparte de la traba, la segunda noción clave para el OULIPO es, tal y como se indica en el nombre, la de potencialidad. ¿Se puede definir la potencialidad?

­Esta noción se apoya en la idea de que hay, en un texto dado, mucho más de lo que muestran las evidencias de la percepción inmediata. Por tanto la potencialidad tiene que ver primero con la lectura de los textos que ya existen. Flaubert ya señalaba en su correspondencia que de nada servía escribir, que bastaba con encontrar nuevas direcciones en textos ya existentes. Le Lionnais no lo habría dicho mejor.

Pero la potencialidad también se aplica a la creación literaria. Los oulipianos pretenden crear textos que tengan esa virtud de potencialidad, de ahí su interés por la combinatoria. Se trata de obtener a partir de un número muy reducido de elementos un conjunto muy amplio. Se puede por ejemplo, partiendo de 10 sonetos, crear la potencialidad de los "Cien mil millares de poemas", tal y como demostró Raymond Queneau.

­¿En todo esto qué papel se le reserva a las matemáticas?

­El grupo se apoya en las matemáticas para inventar trabas. Desde su fundación, el grupo cuenta con matemáticos aguerridos, empezando por Raymond Queneau y François le Lionnais. También habría que hablar de Bourbaki que es uno de los modelos ­consciente o inconsciente­ de los fundadores, a causa del trabajo en grupo primero y después, a causa de la idea de refundación: volver a empezar sobre nuevas bases, más claras. La axiomática es para Bourbaki, lo que la traba para el OULIPO.

­Se refiere usted mucho al "juego", por ejemplo al "juego con el lenguaje". Su grupo tiene fama de ser, en primera instancia o fundamentalmente, lúdico; me gustaría saber qué realidad hay detrás de esta imagen.

­Detrás de la imagen hay una confusión. Es cierto que cuando creamos una traba damos ejemplos lúdicos. Pero, nuestro objetivo es más amplio. Todos nosotros separamos las ilustraciones lúdicas y las obras que combinan las trabas. La vida instrucciones de uso reposa por ejemplo, en un formidable armazón de diversas trabas oulipianas.

­¿Qué trabas ha practicado usted sobre todo?

­Primero practiqué la traba sin saberlo. Mi entrada en el OULIPO estuvo determinada por un trabajo que llevábamos a cabo junto con Georges Perec, quien ignoraba, igual que yo, la existencia del grupo. Ese trabajo se apoyaba en la definición: sustituiamos una palabra dada por su definición, y repetíamos el experimento. Añadíamos a ello nuestra voluntad de subversión: se trataba de no pegarse al sentido contextual, de forma a sustituir la palabra por un significado derivado. Por ejemplo, "la marquesa salió a las cinco" se tornaba en "el tejado sostenido por pilares que sobresalía, se destacó a la hora del té". La dinámica siguió siendo la misma: partir de algo que ya existe y subvertirlo. Siento verdadera pasión por el "lenguaje cocido" al que se refiere Desnos. Pretendo reverdecerlo, crear algo nuevo partiendo de lo que encuentro más fosililzado: crear potencialidad. He cruzado frases hechas : "tirer le diable en Espagne" y "bâtir des châteaux par la queue". En este mismo sistema se basa el principio del injerto de alejandrinos.

­¿Qué le aporta a usted la traba en el momento de escribir?

­Una libertad mucho mayor. Cuando uno no se siente impelido por la obligación de decir algo, se deja llevar por el propio lenguaje. Se inventan situaciones y personajes en los que no se había pensado. ¡Las vías de tocino de buey imaginadas por Roussel no surgen espontáneamente! La traba provoca una suerte de ventilación de la mente que abre todo un ámbito de la imaginación.


El OULIPO hoy

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¿Cómo se elige a los nuevos miembros del OULIPO?

­El primer principio, desde la creación del OULIPO, es elegir personas que puedan integrarse en el grupo, tengan interés por la escritura (es el caso de Anne Garréta o de Michèle Grangaud), por las matemáticas (es la especialidad de Olivier Salon, por ejemplo) o por la erudición (Valérie Beaudouin que se ocupa del ritmo de los versos o Bernard Cerquiglini).

­¿En este momento, cuáles son las principales actividades del grupo?­
Nuestras actividades se han ido multiplicando con el tiempo. Al principio, el OULIPO sólo se reunía una vez al mes. Era un grupo más bien secreto. A partir de la incorporación de Jacques Roubaud el grupo empezó a hablar de sus actividades, por ejemplo publicando en un cuaderno del Colegio de Patafísica, o también en 1973, un volumen titulado La literatura potencial. Todo ello nos hizo más visibles, y nos hemos puesto a hablar de nuestras actividades en diversos encuentros y a hacer lecturas. Y, muy pronto, el OULIPO pareció a ojos de los pedagogos como un soplo de aire fresco ­¡algo en absoluto previsto por los fundadores que sólo se interesaban por los escritores! ¡Una de las primeras entrevistas concedidas al OULIPO salió en la revista L'Éducation! Fue así como se hizo el cruce entre el OULIPO y la incipiente moda de los talleres de escritura. De todos modos no es éste el término que nosotros utilizamos ya que preferimos hablar de "cursillos OULIPO". La primera vez se hicieron por iniciativa de Gil Jouanard, en Villeneuve-lès-Avignon. A partir de este desarrollo histórico se dibujan varias líneas en la creciente actividad del OULIPO. Pero lo esencial siguen siendo las reuniones mensuales.

­¿Cómo se desarrollan esas reuniones?

­Se trata de reuniones muy agradables que respetan las apartados siguientes: creación, cogitación, erudición, acción (pasada y futura), menudencias. Los que, desde el mes anterior, han hecho creaciones, las presentan, los otros discuten, valoran. El apartado cogitación, existe desde hace unos años. Es un apartado muy interesante que permite presentar la idea de una creación que aún no ha desembocado en un texto. Por ejemplo, yo presenté el pasado 10 de septiembre un proyecto de acróstico universal. Se trataría de escribir un poema de veintiséis alejandrinos en el que cada verso empezase por una letra distinta del alfabeto. Este poema base permitiría crear un poema dedicado a la persona que se quiera, extrayendo los versos correspondientes a las letras necesarias. Mi idea despertó un gran interés, y Michelle Grangaud y Jacques Roubaud ya están trabajando en ello.

­¿Y los jueves del OULIPO?

­Hace ya unos diez años, Hervé Le Tellier propuso que las lecturas se hiciesen más sistemáticas. Al principio, nos encontrábamos en una sala pequeña. Después, tuvimos que abandonar ese lugar por un anfiteatro de la universidad de Jussieu, se ocupan sus 260 asientos, además de toda la gente que está de pie. A partir del mes de octubre estaremos en un anfiteatro aún mayor, en el Forum de las Imágenes.
­¿Pero tanto éxito no traiciona la idea inicial del secreto?

­Eso piensan algunos en el grupo. Pero quisiera hacer notar que estas lecturas son también una oportunidad para la creación. Después de haber aprovechado nuestro fondo aquellos que lo tenían, tuvimos que elaborar nuevos textos. Olivier Salon o Ian Monk siempre leyeron textos nuevos. En fin, yo siempre insisto para que no se olviden los antiguos textos: Queneau, Calvino o Perec.

­Persiste un problema, sus lecturas son entretenidas, divertidas. ¿No dan ustedes una imagen deformada, lúdica de sus actividades?

­Vuelvo a insistir en que este es un debate que tenemos entre nosotros. Sin embargo, insisto, nuestras lecturas no son siempre sistemáticamente "divertidas". Y cuido de que permanezcamos fieles a nosotros mismos.

­Tiene usted intención de fundar un "Seminario Oulipo" en el que universitarios y no universitarios estudiarán los trabajos de autores oulipianos. ¿Por qué?

­Coordiné el seminario Perec a lo largo de dieciocho años, y comprobé hasta que punto era un lugar de encuentro, de emulación. Ahora que Bernard Magné ha cogido el relevo en el seminario, podré llevar a cabo esa idea que acaricio desde hace algún tiempo, porque los críticos que se ocupan del OULIPO no siempre disponen de un lugar como el seminario Queneau o el seminario Perec.

­¿Desde la creación del OULIPO han surgido diversos OU-X-PO?

­Sí, los primeros en vida de Le Lionnais. Se trata de intentos más o menos logrados, de trasladar las técnicas de OULIPO a otros campos, o a ámbitos muy específicos como el relato policíaco. Con esta idea surgieron el OUPEINPO que se dedicó a la pintura, el OULIPOPO, que se centró en la novela policíaca, o el OUBAPO, que intentó aplicar al tebeo los principios del OULIPO y nació de manera independiente.

­¿No olvidamos el ALAMO?

­El ALAMO no tiene nada que ver con los grupos que acabo de mencionar, es una situación distinta. Algunos miembros del OULIPO (Braffort, Roubaud, Fournel, Jouet y yo mismo) desearon integrar, independientemente del OULIPO y de manera muy libre, investigaciones de informáticos, que no fueran miembros del OULIPO.

­¿Puede decirse que hoy por hoy el espíritu del OULIPO se propaga a pesar de sus miembros?

­Ciertamente. Lo mismo sucede con la lista OULIPO que se desarrolló en internet sin ninguna relación directa con nuestro grupo. Ese éxito es extraordinario, sin ir más lejos, hoy la lista ha transmitido 17 mensajes, entre los cuales hay algunas informaciones, pero dominan las creaciones. Puede decirse por tanto que hoy en día el adjetivo "oulipiano" ya no se refiere a los miembros del OULIPO sino de forma general, a todos aquellos que "practican con trabas". El vocablo incluso ha entrado en el diccionario. Hay algunos otros signos que parecen indicar un innegable éxito en estos momentos. Piense usted, por ejemplo, en el público que abarrota los anfiteatros donde se celebran nuestras lecturas, en la cantidad de textos que recibo, poemarios y escritos variados, en la existencia de una revista como Formules, difícil de imaginar sin el referente del OULIPO. Pero aún es pronto para medir el impacto de todo ello.

­¿Va haciéndose entonces el OULIPO un sitio en la historia de la literatura francesa?

­La importancia de nuestro movimiento en la historia de la literatura sólo podrá ser evaluada dentro de bastantes años. En cualquier caso no deja de llamarme la atención que el OULIPO figure ahora en todas las historias de la literatura francesa, en todos los manuales de enseñanza secundaria. En EE.UU., en las reuniones de universitarios especialistas del siglo XX, se reserva con frecuencia un espacio para el OULIPO. Tanto del otro lado del Atlántico como en Alemania somos el último fetiche de moda detrás del Nouveau Roman. Creo en definitiva que se reconocerá una cierta importancia al OULIPO en la medida que haya dado forma a un campo que hasta entonces se consideraba marginal.


(*) Quimera nº 244 , mayo 2004

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