domingo, 5 de mayo de 2013

Presentación del poemario Contemplaciones (apuntes de un sobreviviente) de José Rosas Ribeyro


El jueves 9 de mayo, a las 7:30 pm, en Santa Diabla Restoart (Prolongación San Martín 110, Barranco) se presentará Contemplaciones (apuntes de un sobreviviente), poemario de José Rosas Ribeyro. Los comentarios estarán a cargo de los escritores Violeta Barrientos y Gabriel Ruiz Ortega.

José Rosas Ribeyro (Lima, 1949) es poeta, narrador y periodista. Fundador de la revista Estación Reunida en la Universidad de San Marcos. Dejó el Perú en 1975 deportado por la dictadura militar cuando era responsable de la sección “Cultura y creación” del semanario Marka. En México fue uno de los iniciadores del movimiento infrarrealista, con Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño. Doctorado por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París con una tesis sobre el movimiento anarquista en México. Ha publicado los poemarios Curriculum mortis (bilingüe, París, 1985), Ciudad del infierno (Lima, 1994) y Todo es aluvión (México, 2012), y la novela País sin nombre (Lima 2011). Actualmente reside en Francia, donde se ha dedicado a la enseñanza, la traducción y el periodismo cultural.

En Contemplaciones (apuntes de su sobreviviente) (Paracaídas editores, 138 pp.) encontramos una reflexión sobre la existencia, sobre la presencia del cuerpo (como apunta en el poema XX: “Hasta dónde las ruinas/ me pregunto/ y las cenizas/ los restos petrificados/ de mi gloria”), una representación de sí mismo que se sustenta en la experiencia del camino recorrido, aquella que, a diferencia de otros libros de Rosas Ribeyro como Curriculum mortis, ha ido suavizando el impulso juvenil y el verso aglutinante, para dar paso a la voz sosegada que le es permitida a aquel que ha visto y ha sobrevivido. Es así que si confrontamos la primera poesía de José Rosas Ribeyro (es decir, la de los setentas en la antología Estos 13 o en la revista Estación Reunida) apreciaremos que siempre ha permanecido un hilo narrativo en la estructura de sus poemas, digamos un señuelo autobiográfico, al modo de una novela de aprendizaje donde el protagonista escribe porque se inquiere, porque se piensa en su tiempo y contempla el camino recorrido.

lunes, 22 de abril de 2013

III MicroFestival de Poesía Tridimensional - manofalsa


Tercera edición del MicroFestival de Poesía Tridimensional organizado por la no-revista chalaca Manofalsa, que exalta la exploración de nuevos soportes poéticos (poesía visual, poesía sonora, arte correo, slam poetry, grafiti, libro acción, entre otras disciplinas). 

Este año, el MicroFestival está dedicado a la figura y obra de Adalberto Varallanos (poco conocido escritor huanuqueño de principios del siglo pasado) y continúa en la tónica de las dos primeras ediciones realizadas en 2010 y 2012, respectivamente y que congregaron diversos artistas de Italia, Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay, México, entre otros, todos preocupados por encontrar nuevos vehículos de expresión para la poesía.

Los asistentes disfrutarán de muestras de poesía sonora, presentaciones de libros objeto, acciones poéticas, lecturas de poesía, talleres, proyecciones de videopoesía, como en anteriores ocasiones, la microferia del libro objetual y más.

PARTICIPAN
José Pancorvo * Sandra Suazo * Yuri Gutiérrez * Miguel Det * Rocío Fuentes * Virginia Benavides * Frido Martin * Lorena Best * Acción Poética * Ada Quintana * Miguel Coletti * Carlos Estela * Miguel Ángel Fuentes * ZFuerte * Johannes Bergmark * José Roberto Sechi * Konstantin Kalendorf

FECHAS
25 y 26 de abril de 2013
Mañana (talleres) 10:30 am – 13:00 pm
Tarde (presentaciones) 4:30 – 9:00 pm

LUGAR
Museo Metropolitano de Lima
Parque de la Exposición. Cercado de Lima

I N G R E S O L I B R E

SOBRE MANOFALSA
Manofalsa es dirigida por Carlos Estela y Miguel H. Coletti, artistas chalacos que exploran hace más de una década los límites entre escritura, edición, diseño gráfico, a partir de sus publicaciones que llevan al límite el formato de libro. En este sentido producen libros-objeto, realizan lecturas interactivas, acciones poéticas, ejecutan talleres de escritura creativa, todas acciones que buscan “democratizar el acceso a la escritura”.
Influenciada por Eielson, Manofalsa alude a su intento por salir del ghetto literario que aprisiona la palabra poética para devolverle su lugar como “instrumento privilegiado de la comunicación interior”, “su capacidad de síntesis de las demás artes y disciplinas, su vocación crítica y testimonial”.

SOBRE ADALBERTO VARALLANOS
El escritor Adalberto Varallanos nació en 1903 Huánuco. Fue un fervoroso lector y crítico ácido, ávido investigador tanto de las vanguardias literarias europeas que asumió naturalmente en sus textos como de los orígenes de su identidad india. Desarrolló una vertiente particular del indigenismo; se reclamó “mestizo indohispano”. Su texto experimental: La muerte de los 21 años fue publicado por James Joyce en su famosa revista Transition, lo cual nos puede dar cuenta de la calidad de su trabajo. Alentó diversos esfuerzos editoriales como la revista Jarana, junto con Jorge Basadre y Xavier Abril. Murió en Jauja, en 1929, víctima de una enfermedad a las vías respiratorias. Su obra fue recopilada por la familia en Permanencia, una edición de finales de los sesenta.

lunes, 8 de abril de 2013

¡Salud! por la eterna (semblanza), por Yulino Dávila



Todos los días se parecen, y ninguno es igual que otro.
Hoy mi madre no está, y sin embargo está más presente
que nunca.
Más presente que ninguno.
Tengo tantos Yulinos, tantos hermanos, tantos
escasos amigos, tantos amores que,
la luz de su ausencia presente, nubla a todos los demás.

Esta mujer hace todas las mujeres, todos los hermanos,
todos los amigos y, todos los amores.
Hoy estoy en sus riendas, otra vez, en cada lágrima.

Ha fallecido la madre de mis hermanos,
haciéndose más madre mía
que jamás.
Todo lo que es de ellos, también me llena y
me estoca / por eso
me embarga un dolor desconocido y extraño.
(Ella misma se encargará de sanarlo.)

El mal trago de pirata atrapado en la marea de
la impotencia, es migaja, al costado
de la tristeza hecha maza, por el humano pesar.

Ella es y será la bruja más bella entre las magas.
Sabía dar a cada uno su merecer y antojo    o,
a cada torcido tajo, su palo corrector / ¡siempre a tiempo!

¡Acuérdate hermano!      ¡Acuérdate amigo!
-no sé por qué lo digo, si siempre te has de acordar-
su buen hacer en la cocina bruja,
hizo bailar paladares en muchos arrugados pantalones,
allá, en el recordado Parque Huiracocha y alrededores.
De su sazón
a gozo lleno probó ¿medio parque talvez? /comió pollo
el que no lo comía, o hizo salivar al que esperaba su juane,
mientras hervía una canción.
De su mano han comido todo los colores,
desde el transparente      hasta el ingrato.
Por entonces… el tiempo era un malandrín y
la jarana era la melodía en nuestros zurcidos pasos.

Dicen que se ha ido, pero… no es tan así,
ni tan fácil;      ella
está en todo el futuro que nos ha legado.

Zoila García Díaz, familiarmente “la mamita”, es
la viejita linda y dulce, llenando nuestra memoria
con la trampa de su cariño.
Ahora quizá está haciendo algún equilibrio en
la esquina de una estrella; peinando olas
como su cabellera, liquidando pupilas, domando
las espumas o regalándonos un poco más de tacto
a nuestro minuto desteñido.

Sus hijos crecieron embrujados por la serena
emoción con que forraba su sonrisa.
Su sombra larga y lúcida arrullará
cualquier lamentación.
Así pues, ¡Madre!, infinita madre, así, siempre
estaré en deuda con tu fortaleza.

¡Madre, presente en todas las justas ausencias!
Fuiste quien me enseñó y preparó para ser feliz.

A ella le debo hasta la baba de mis asombros.

Si quiero recrearme con el hechizo, sólo me
basta con pensar en ti.
¡Que la eternidad te bendiga!, ¡Zoila medular!

A su familia le toca limar sus diferencias -a ella
le hubiera gustado- y aprender de la luz
que lava su sonoro silencio.


Yulino Dávila, Barcelona, 19 de marzo, 2013

jueves, 4 de abril de 2013

DOS POEMAS DE OPHELIA DE ERIKA RODRÍGUEZ, LIBRO DE PRÓXIMA APARICIÓN



de Ophelia. Lima. Escalante Editores, 2013.


                                                     Hawthorne’s  Experiment


Adormecida
en la piel satinada del lienzo
me estás mirando
entre tanto silencio
que encendido
pienso en el calor de un seno
tibio.

Aún estás ahí
y distingo el solar,
una luz dorada de atardecer
que se impregna sobre tus hombros.

Inclinado hacia el labio
no hay distancia
y la mano envejecida
guarda púrpura
la rosa
nocturna
E  s  T  r  E  m  E  c  I  d  A

Detrás de las cortinas de la noche
una sombra se esconde
Detrás de las cortinas
el cadáver de la mañana.



                                                                      Ophelia

      La bella es la noche
      y en nombre de Ophelia
      te espera.

     Con el rostro pálido y oculto
     con el cabello desordenado
     entre peinetas de bronce
     te espera.

     Ella es la dama perpetua
    de fúnebres encajes de sombra
    quien llama a tu puerta
    se descubre y te mira.

    Te mira
    como al amor tendido en un sofá
    a la hora de los amantes
    cuando se escuchan las campanas de la muerte

    Ella es Venus o Diana, Lesbia o Afrodita
    quien toma tu cuerpo
    oculto en su baúl de incienso
      para ofrecerlo como único resto
      por las secretas colinas de las brujas.


Erika Rodríguez (Lima, 1977). Bachiller en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue miembro editor de la revista de crítica literaria Ajos & Zafiros. En el año 2006 y 2007 formó parte del comité organizador de las muestras de interacción entre poesía y pintura POETARTE y POÉTICAS URBANAS, respectivamente. Sus Poemas han sido publicados en diversas revistas del medio y plaquettes. En el año 2008 fue invitada a participar en el ciclo de poesía “Los Poetas en el Patio de Letras”, organizado por el centro cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  En el año 2009, en el festival multidisciplinario de arte independiente “Lima no es Muda”, y en el año 2012, en el Festival Homenaje a Blanca Varela, VI FIP “Cielo Abierto”.  Ophelia es su primer libro de poemas. 

martes, 2 de abril de 2013

Presentación del poemario Légamos de José Morales Saravia y un poema del libro


El miércoles 3 de abril, a las 7:00 pm, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores) se presentará Légamos, poemario de José Morales Saravia (Lima, 1954). Las palabras de presentación estarán a cargo de Santiago López Maguiña (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) y de Juan Pablo Mejía (Paracaídas Editores).

Légamos es una nueva entrega del proyecto poético que inauguró su autor en 1979 con Cactáceas, su primer libro, considerado éste, según la crítica, inicio o texto precursor del neobarroco actual peruano. Otras entregas que se han sumado en los últimos años al proyecto poético, que  Morales Saravia se ha propuesto construir, han sido los poemarios Zancudas (Lima, 1983), Oceánidas (2006) y Peces (Buenos Aires, 2008).

Légamos (Lima, Paracaídas editores, 176 pp.) continúa el ciclo de diálogos —una especie de fisiodicea— con los elementos naturales que el autor ha venido realizando de libro a libro en los últimos decenios. En este caso se interroga a una naturaleza disminuida, inhóspita, no bella, por su hospitalidad y por sus posibles valores, también estéticos.

COMENTARIOS SOBRE LA POESÍA DE JOSÉ MORALES SARAVIAS

Reynaldo Jiménez ha escrito sobre Peces (Buenos Aires, tsé-tsé), el anterior poemario del autor: «La poesía de José Morales Saravia constituye, desde los años 70, un inusitado proyecto de curación sobre el idioma. Los largos períodos en que suele modularse, propulsan un evento respiratorio, cuya densidad se reconoce conectora en la reasimilación de varias y bien diversas tradiciones. Tal aventurarse en la multiplicidad, se manifiesta insistencia simbólica de labrado y textura, la cual tacta un trasfondo siempre apasionado. De allí, quizá, esa contención inherente a su explayar, esa brujería razonada —diríase— de incesante transfiguración [...]. El idioma es revisitado desde incontables perspectivas y planos de evocación, para ser revelado una vez y otra en tanto aliento recuperado [...]. Aquel genio proteico y aun arbitrario, transformista inaferrable, sabe reverberar: se nos entrega, más que por el recurso metáfora, por eclosiones —partículas de lo inquietante— de la dimensión metafórica. [...] Emblemas, cosas y formas de vida renuevan sin fin identidad en la variación —por otra parte, tan cara y propicia al ser: los elementos, “naturales” y “culturales”, recuperan reciprocidad, gracias al horizonte imantado del versículo, reanudándose entrelazo de la acción imaginaria, como ámbito propicio a la amplitud [...]. »

El crítico y poeta uruguayo Eduardo Espina comenta la poesía del autor: «Su lenguaje, en complicidad con una sintaxis reverberante, tiene una fisonomía inmediatamernte reconocible. Lo mismo que en la poesía de Carlos Germán Belli, también aquí destaca una minuciosa tarea de construcción lingüística que se remonta a los inicios modernos de un barroco recuperado y actualizado en Hispanoamérica a partir de José Lezama Lima. La búsqueda, o por lo menos presunción, de un espacio perdurable, de una palabra que se lea y entienda por sí misma, encuentra en la poesía de Morales Saravia una dimensión encantadora y una rareza arquitectónica que provoca por todo cuanto esconde. Aunque las referencias a lecturas y escrituras anteriores resultan detectables [...], a pesar de todo eso, de los secretos “robos” y de las “versiones” furtivas que T. S. Eliot recomendaba a rajatabla y que en última instancia sirven para ampliar un proyecto de manificencia, la lírica de Morales Saravia inaugura un trayecto espléndido en la poesía de su país. Regresa, tal cual Martin Heidegger lo había sugerido, a la principal tarea que el poeta debe poner en práctica cuando escribe; mirar para saber y sostener una visión epistemológica. La lírica de Morales Saravia es especular del espectáculo del pensamiento: es una representación asimétrica de la antítesis de lo imaginario y lo anatómico, arropada de un lenguaje poético bien calibrado que se presiente, pero que además se ve. La estrategia escritural se apoya en una gimnasia contemplativa que antecede la llegada de la verdad poética. La palabra responde a la intencionalidad del ojo. La mirada supera lo puramente material para trascender el orden que se le ha querido imponer y devenir minucioso interioramiento del mundo inmediato [...]»

La  poeta peruana Rossella di Paolo comentaba en la presentación del poemario Peces: «Desde fines de los años setenta, José Morales hace un trabajo en solitario, lejos del coloquialismo que marcó a su generación, así como de las pequeñas y grandes pasiones y desesperos de un yo atrapado en lo doméstico y social. Su poética quiere atender principalmente al paisaje, al planeta que nos contiene, a su carácter rocoso, vegetal y líquido; por eso, los seres humanos no están presentes aquí sino a través de sus huellas, de sus ciudades y oficios. En todo caso, las referencias a la naturaleza están llenas de elementos de nuestra civilización. Es una poesía que canta la realidad, asombrada y asombrosamente.»

Paul Guillén le preguntaba al autor en relación al poemario Oceánidas, en una entrevista de 2006 aparecida en la revista tsé-tsé 18/19: «Paul Guillén: Al respecto de una posible filiación con el neobarroco latinoamericano, veo algunas diferencias, pero que no son decisivas en Oceánidas. Por ejemplo, la textura erótica, la mezcla de idiomas y la sensualidad serían una pequeña parte de tu poesía y, más bien, prepondera una poesía del pensamiento, racionalista, fría, hasta cierto punto científica. Pero el neobarroco es un camino en tu poesía, lo encuentro un poco cercano a Mar paraguayo de Wilson Bueno [...]. ¿Te sientes cómodo dentro de esta tradición?// José Morales Saravia: En términos generales, sí me siento cómodo dentro de esto que se ha llamado el neobarroco. Mi poesía es esta sensibilidad. El neobarroco en relación con el barroco americano es más que un gesto. Santiago López Maguiña tuvo razón al decir en la presentación de Oceánidas algunas cosas como lo de gesto, pero más allá de gesto es una actitud natural. El barroco americano es natural, en el sentido de que no tenemos que esforzarnos mucho para ser barrocos. Es, de alguna manera, una sensibilidad, por supuesto que no la única, pero es una sensibilidad. Ahora, en términos más concretos, mi poesía no es erótica, mi poesía es una poesía del ser, de los objetos, del mundo. En este sentido, es una poesía que podría parecer muy racional.»

Carlos López Degregori escribía en 2006 sobre la obra del autor: «Hay libros y obras que tienen el designio de la imprevisibilidad y surgen como una rara flor o, a veces, como un escollo o una trampa. Ese ha sido el lugar que ha ocupado desde 1979 la poesía de José Morales. [...] Difícil, alejada de los cánones y caminos poéticos dominantes en esos años, leída por muy pocos pero respetada sin reservas, la poesía de Morales siguió en los años siguientes expandiéndose y madurando en su secreto. Recuerdo largas conversaciones con el autor  a fines de los años setenta y de los primeros ochenta, en las que me explicaba y cartografiaba minuciosamente su sistema poético. [...]. Las plantas espinosas de pobres raíces (sábilas, cabuyas y pencas), fijas en el suelo árido y nostálgicas de un origen que se confundía con un destino, iniciaban una travesía cósmica. El sistema poético de Morales era el itinerario de ese viaje y sus metamorfosis: las cactáceas se volvían parásitas orquídeas para ir ascendiendo con sus raíces aéreas y transformarse luego en flamencos, cigüeñas, alargados cirros, o feroces ventiscas. Y también las metamorfosis del mar en tortugas, corales, peces, o los inmensos recorridos oceánicos hasta retornar otra vez a la fijeza del principio, el retorno a la tierra pero ahora con enormes raíces de ceibas. Se trata de la aventura del estar en el mundo, el destino del enraizar o el pertenecer, y todo articulado en los ciclos de un mito anterior a los hombres en el que solo existe el germen que origina e impulsa a la naturaleza, la irradiación de las mutaciones, el devenir.»

1
Légamos



Entre el agua que pone sus labios sobre la tierra y las costas y riberas que la arregazan, presencia del lodo en su prístino beso, en su abrazo que enturbia orillas para desorillarlas de lo sublime y bello y hacer su gesto de marisma.
¿Origen del evento humano infuso de un aliento de fuentes brotando desde interioridades térreas?
¿Final de todas las inquietudes que perdieron sus hojas y vieron mondadas sus raíces al cabo de una peripecia coronada con final de pantano?
¿Ascenso a las más viles superficies que palpitan de vermes cruzando como azules venas las sienes de los bajíos, agusanando los duros terrones en un salamandro apremio de anfibias prisas?
Descenso en la escala de los evaluantes tulpos hasta el diente que pellizca el astrágalo de las marismas en roedora faena de malignas miradas.
Tomáis la posta, légamos, en la travesía que ha tendido sus redes e hila una maroma a otra maroma en cada uno de los puertos en que pone su pregunta, dando giro de trompo a tholos, a domo o a polis de fuertes y menos fuertes muros.
Ofrecéis fisonomía a los que se miran innúmeros dedos en manos de cuencos írritos que han perdido los pétalos de las miradas y el parpadeo que otorga, al menos, breve intervalo.
Os presentáis menuzando cualquier árbol para dejarlo humillado en los cueros que ya no esconden mentidas genealogías o verdaderas cicatrices masilladas como si un lozano cutis semblara.
Consecusión de los turbiones cuando soltados de riendas han cabalgado la pradera del horizonte tepalante y han cubierto con el sauzal de sus aguas cada palmo de sierra y abra, de monte y quebrada, y esperan en sus acuos techados aún por el suspiro sosegante que peina las olas.
Tras el turbión estáis vosotros en la humedad de rincón visitado por líquenes, en el anegamiento de la ribera de irrumpidos manglares y sus urbanismos saurios.
El trenzado de tierras desfondadas y líquidos zapadores, el tejido que traman anélidos y desentraman barrosos telares penélopes, ¿logrará haceros de arcillosas consistencias, de la representación en ceramios que os construyan las palabras, salvándoos de vileza y malignidad?
Sois poco el museo de reliquias que se apatina en su precioso almacenaje de edades y menos aún el acuario de sembrados corales que mantiene sus horas eternecidas en el repetido bogar de los peces dorados.
Sois el siempre presente y magnífico lodo de no logradas transpiraciones que no os hacen costra de látigo lluvioso ni empedrecida salpicadura de mastines desabuesados cuyas escobas barren con las orillas de vida pululante:
La nunca desecada piel de humectantes actitudes y transpirantes collares, la contundente argamasa de nunca malditos cementos que nieguen a mohos carta de ciudadanía, avecinamiento a barrio de imprevistos hongos y mayores legañas en los extramuros de la mirada, légamos de medrantes cienos.

jueves, 28 de febrero de 2013

SEIS POEMAS DE MARIO MORQUENCHO



RÍMAC


Yo me molesto con la vida
— Y no sé por qué con ella—
Cuando paso el puente
y veo flotar cartitas de amor en heces por el río.
¿Suicidarse desde allí?
—¡Ni loco!—
Seguro la muerte no se animaría
a recoger mi alma confundida
entre toda esa mierda debajo congelada
donde el sol y el infinito
cierran los ojos para no reflejarse en las aguas.
Hasta he llegado a creer que mi reloj se malogró
y dejó de jadear, por hacerme el valiente
estando más de un minuto,
con la esperanza de ver algún loto
entre esa nausea acuática.
Ningún arco-iris se atrevió
a defecar por esos lares,
sólo las nubes que a veces escupen,
o algún borracho que micciona decadencia.
Si alguno de nosotros fuera pez,
estar en esos charcos sería:
cumplir cadena perpetua
encerrado en la comunión de todos los gases,
o respirar en la entraña de los estreñidos.
Yo me molesto mucho con la vida
cuando paso el puente y veo ese río,
como un portal parecido a los que salen
en las películas de ciencia-ficción:

este río es el portal que nos aborta
hacia el vomito infinito
de dios.



ASESINATO EN LA CALLE OMICRÓN


Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera. De ir a trabajar un día como hoy, de estar afeitado y tener el cabello recortado, con el rostro impecable, el piqué y el pantalón de color azul pulcros y planchados, los zapatos negros brillantes como un charco que la lluvia ha creado… y nunca olvidarme del fotocheck con mis 26 años encima y la cara de loco olvidado en la maquinaria cotidiana de las horas  de ser un empleado con el sueldo mínimo. 

Me he vengado de abrir la puerta y bajar las escaleras a las 7 y 30 de la mañana, de lunes a viernes, bajar las escaleras de fierro y en espiral todos los días sin tropezar siquiera porque salgo a las justas. Me he vengado de subir al bus de la rutina, del diario matutino, del noticiero de las 6 de la mañana, del gallo que sobrevive como un reloj en la azotea, del café con leche y la carretilla de la esquina. 

Lo he matado con el cuchillo con que corto el pan y lo unto con mantequilla.
¡En mis manos sangra cotidiano! La epilepsia, la agonía, la sangre por la boca, los ojos que se alejan de ser ojos, el rostro que se aleja de ser rostro.
¡Lo he matado, estoy seguro!

Me he cansado de ver su rostro, de ver los restos inmóviles, la incertidumbre de la muerte y el crimen. He optado por envolverlo con los periódicos pasados, envolver los restos, al cadáver cotidiano envolverlo con las noticias de la semana pasada, con el suicidio de ayer en un hostal perdido en la bruma de la madrugada en Lima, envolver sus extremidades con el abuso policial y la corrupción de los ministerios y el puto sistema capitalista, envolver su dorso con las estadísticas económicas y las encuestas políticas, volverlo a envolver con la injusticia social, con los jubilados que mueren haciendo cola, con los enfermos y los niños que lo único que tienen en la vida es una enfermedad extraña que se llama olvido, con los jueces que se hacen ricos y los clérigos prostituyendo el paraíso. Los buenos son pocos y contaditos.

Después de envolver al cuerpo como una estatua de papel periódico, como una obra de arte de lo que lees antes de ir al trabajo o lo que ves en las noches antes de dormir, bien envuelto todo, cada uno de los cabellos, las uñas, los bellos sombríos, envuelto el reloj y la alarma, el tatuaje en el hombro, la cicatriz de la rodilla, los pies, los caminos, la lagartija que le sale del sueño envuelto como un regalo y todo desaparecerlo dentro de una gran bolsa de plástico negra, canjearlo por una nube, por un día sólo conmigo mismo…
Lo he matado, sí
¡Lo he matado!
¡Lo he matado!

El cuchillo en la mesa viste bermejo
y baila tango…
baila tango el muy pendejo.


De Ciudadelirio (2010)



1


Sólo perro y gato
entran al bar por la puerta
—qué vieja tiene el vaso—

sigamos hablando del gringo que mató
de un arponazo al viejo buzo
el mar se contrajo a charco de sangre
y la abertura en la cabeza liberó peces
en el cielo rojo como el sexo de esta playa
donde los veleros se levantan
reclamando aire y aventura
—pon otro bolero y tráeme la correa
que estos chibolos joden la paciencia—

                       Ay diosito
envuelven la sobriedad como un cadáver
      HOY ESTOY AL DÍA EN LA LOCURA
           como una estatua que huye
    donde el viento consuela las palabras

la divagación de este ebrio canta:
«vida mía, qué quieres que yo diga
                 qué quieres que yo haga»
si esta botella tiene las últimas gotas
                      de sangre y de cerveza

cómo nos arde el espinazo en la faena obligada
                                      al frente            mar!
                                          detrás            mar!
                             a los costados            mar!
                en todos nuestros ojos            mar! mar!
espéranos con un pez en la boca
que en altamar no hay bares ni momentos como este
                       —qué vieja tiene el vaso—

perro chusco cruza la calle y es tan hermoso el pulgoso
                                                 manclenco
                         menos el ladrido ardiente
al besar el ave muerta las faldas del cerro
    que tienden la sombra sobre las arenas

    Ay mamita linda
porque hay tanta gente que no entiende
dónde van mis pies caigo podrido
y las viejas dicen:

                            miren al hijo de tal
                            es un palanejebe
                            y tiene pa’ sus aguas
desnudo bailando en medio de la plaza
grito:

miren   carajo  este borracho
   tiene vidas como el gato
      pulgas como el perro

        este borracho bien volao
            pide su vaso y su cigarro

              este borracho grita:
                  delirio ocupa este vaso

                    este borracho
                       con la humanidad al aire
                           alimenta a las aves del pueblo

                este borracho   cruza la calle
   perro chusco pulgoso   cruza la calle
             y pican los versos rechonchos
                                             de sangre

A YYY P O E S I A P O E S I A P O E S Í A
                      como el gringo que mató
                de un arponazo al viejo buzo
                            INCRÚSTAME este vaso
                                         en la cabeza




3


Rodarán las cabezas de familia
                   por el piso rojo pegajoso
                          y maloliente de los bares
rodarán como el desplume de las aves
destripadas en la orilla de los mares

ahora nuestro amigo pide a señas la ronda de esta tarde
ahogando la decencia con un sorbo de cerveza
mientras que la dama del costado nos enseña
                                               la pradera de sus piernas
nos dice que ha llegado a esta tierra por engaños
y que tiene un hijo en la selva que la espera

¡SALUD! mis muchachas extranjeras
pienso mientras Janis mueve las caderas
la cumbia que le sale de las venas
es la danza infectada de cometas
que abarrotan de clientes estas mesas:
cabezas de familia que ruedan
en los pechos de estas hembras
                                  destetadas por la luna
que tienen el hombro más grande que esta playa
hembras con el sexo acosado por las aves:
             pájaros bohemios llorando una pena
             pájaros en celo tras musgo de tristeza

hay tantos perros que ladran estas cuevas
y se rigen a los puños el dominio de las perras
profanan la belleza ahorcada en los cabellos de Jimena
confunden los ojos de Graciela
con los sueños en la noche de centellas

porque mi corazón no es un tacho de basura
en la plaza más oscura
Jazmín    déjame decirte
               que te quiero como mierda
              aunque seas la más puta
              de esta tierra

Oh mujeres de la mala vida
pido otra ronda en esta tarde que se apaga
por la lluvia venidera
                           y las noches del mañana



10


¡No es posible que me haya quedado sin ellas!
                     si andan como el aire
                         en todas partes

         ¡Es imposible de que no diga nada!
si mi boca comulga de ellas a cada instante

es una bajeza ir por el mundo
     teniendo nudos en la garganta
                     tragando caos tras caos
dejando a la belleza vestida de esqueleto
bajo el enorme monolito de silencio
junto a los gusanos que un día hemos de montar
con toda el ansia de vivir y estar muertos

es imposible dejar amarrada nuestra lengua
                                         a un palote de muelle
existiendo a flote en un inmenso mar de contradicciones
es imposible no navegar no naufragar
                     ahogarse es posible
ahogarse y dejar de ser anfibio
                      treparse de la orilla
                  de alguna orilla erguirse
y caminar y caminar hasta encorvarse
porque es imposible impedir ser un cadáver
es más posible que florezca de aquello
                                   un inmenso jardín de arte

¡Es imposible haberme quedado sin ellas!
y si un día me cortan la lengua me resta el seso
      mi mano lapicero
      mi mano lápiz
      mi dedo pluma
      mi dedo carbón
      mi dedo humano
      mi dedo hueso
      mi dedo nube



15


Deja que salga
que la nausea matutina no lo agobie
      escucha la tronazón de la marea
      el aguacero desatado en la cabeza
deja que se levante
       se lave la cara
irrumpirá en la realidad como las nubes
      deja que está a tiempo
      de refregar sus ojos aún nocturnos
la sed descalza que le anda en la garganta
              es un pueblo a pie por el desierto

Déjalo… ya irá

primero que se busque
se encuentre en pleno tropezón del equinoccio
           caiga de la cama unas cien veces
           observe en el espejo
           la penumbra elástica del rostro
           y las ojeras de pie sobre las dunas
déjalo que sufra
se pueble de espinas
           una ola lo revuelque
           y sienta el remezón de la corriente
           mano que lo samaquea hondo
no importa
se dará cuenta que pierde todo
le gritarán la verdad en la cara
      inmaduro
              atorrante
                     bacancito
      D    E    S    P   I    E   R    T    A

se hará el incomprendido
mar agitado que despierta a cada rato
cielo que se encoge y que se estira
llanero solitario sobre una tabla de surf

                                                    y la rebelión
explosión que exponen sus ojos rojos y saltones
                                                       lágrimas
lluvia que se cuela por los agujeros de la calamina
polvo que traspasa la celosilla de los sueños
ordena cerrar los ojos al crepúsculo
ciego albatro que se estrella contra el cerro

              escucha el ala rota
la cuerda oscura entre los trópicos
el ventarrón que cría una carraspera
ahógate       arrástrate     convéncete
        intérnate en los chicheríos
           encuentra a tus amigos

señora Vilma… una jarrita de chicha
           que adormite la tristeza    la rabia
   el animal desmembrado en la basura

                       pasa el poto
                  chupa   ríe   canta
  báilate con la doña esa cumbia de moda
                      luz libertina
                     crepita dentro

                            oh vaivén
                              repítete
                       reprime el frío
                     la ausencia solar
                          el silencio
            paciente pescador al borde:
         s á c a l e l a n z u e l o a l b a g r e
                              corre
                              huye
                 escarba en la arena

              encuentra estas palabras


De Un Mar Alcoholizado (inéditos)


Mario Martín Morquencho León (Los Órganos, Piura, 1982). Vivió toda su niñez y adolescencia cerca al mar, en su distrito natal. Al terminar la educación secundaria, se trasladó a la ciudad de Trujillo donde estudió la carrera técnica de Contabilidad. Empezó a escribir y publicar poemas en distintas webs de poesía. Radica en Lima desde el 2006. Formó parte del colectivo Heridita (Lima) y participó en el Grupo Literario Signos (Lambayeque). Ha participado en distintas ferias y recitales de poesía. Tiene publicado su poemario “Ciudadelirio” (Sol negro, 2010) y está en proceso de edición su segundo poemario “Un Mar Alcoholizado”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Isaac Goldemberg Bay, La vida breve (Antología personal, 2001-2012). Cajamarca: Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, 2012, Por Manuel J. Santayana



En año tan reciente como el 2009, el profesor y ensayista Rodrigo Cánovas, de la Universidad Católica de Chile, lamentaba en un estudio la escasez de investigaciones académicas sobre las letras judaicas in Iberoamérica. El aserto es parcialmente justo; sobre todo si se piensa en la atención  que aún aguarda de la crítica especializada la obra de poetas judeo argentinos como Israel Zaitlin (que publicó su obra con el seudónimo «César Tiempo»)  y Carlos Grunberg, o la de un prosador de la talla de Alberto Gerchunoff, autor de Los gauchos judíos y Argentina, país de advenimiento. 

    En el último cuarto del siglo XX, sin embargo, nombres como los del chileno Ariel Dorfman  y el argentino Isidoro Blaisten conquistaron un amplio círculo de lectores. Ana María Shua, autora de novelas, de cuentos infantiles en la tradición judaica y de formidables microrrelatos, ha sido desde entonces objeto de la crítica más elogiosa. No he querido extenderme en las citas antes de detenerme en la figura del autor cuya antología poética es el objeto  de esta reseña: Isaac Goldemberg Bay (Perú 1945), cuya obra de polígrafo incluye la poesía, la novela y el teatro.  A partir de su primera novela, La vida a plazos de don Jacobo Lerner (a la que seguirían otras cuatro), escritores eminentes de la generación anterior en diversas latitudes del continente (Vargas Llosa, Pacheco, Sarduy) reconocieron la aparición de un nuevo y alto valor de la narrativa hispanoamericana. Su peculiaridad, dejando aparte su excelencia literaria, consiste en que se trata del primer escritor judeoperuano de relieve continental y el que dio a conocer en escala internacional aspectos, por muchos ignorados, de las luchas cotidianas, de los tropiezos y logros de los judíos del Perú, y de su difícil inserción en la urdimbre social de aquel país sudamericano. Sin llegar a una carnavalización de la escritura, Goldemberg, cercano aún a las audacias del «Boom» y haciendo inteligente uso de aquel ejemplo, se sirvió de las diversas voces de sus personajes, de crónicas periodísticas y de otros textos alusivos a la realidad peruana del tercer decenio del siglo pasado para dar una imagen, matizada de humor sombrío, de imaginación creadora y de distancia crítica, de la presencia judía en el Perú.  Hoy, 33 años después, Jacobo Lerner es una obra paradigmática, ejemplar de nuestra literatura, representativa de su universalidad y de su riqueza permanente.

No podía yo eludir la mención de obra tan importante al escribir sobre Goldemberg Bay. Pero el presente texto debe circunscribirse al poeta que, diez años antes de publicar su novela consagratoria, había despuntado en las letras hispanoamericanas con un delgado volumen de poemas: Tiempo de silencio (1969), impreso en España y precedido de un prólogo comprensivo y entusiasta del poeta Hugo Emilio Pedemonte. Es el libro de un poeta muy joven, y su plétora verbal se articula en un discurso anhelante cuyo módulo expresivo es el verso ancho, de ritmo premioso, que se extiende en oleadas sobre la página.  Este libro –que acaso su autor haya relegado al olvido de los «errores juveniles»– es un temprano anuncio de la antología que me ocupa. En sus páginas encuentra angustiada expresión  la búsqueda de la propia identidad, de la raíz humana  que haga cicatrizar la herida abierta de su etnia doble, judía –con su carga de destierro y dolor– y peruana; marcada esta por la presencia del pasado indígena y  por la educación católica,  plagada de nociones populares sobre lo judaico, hechas de fabulación absurda y de rechazo. Sólo que en Tiempo de silencio antecede a la búsqueda a través de la historia y del arte que signará la obra futura, el sentimiento de una espera angustiosa  a la que ni siquiera el amor da descanso. El punto de partida es el rechazo de «un mundo de leyenda»: todo expresado por modo indirecto. En el primer poema, afirma: 

Me hice hombre al fin
y contuve la pena entre los dientes hasta morderme la conciencia.

      En un poema seleccionado de Peruvian Blues, el primer poemario representado en La vida breve, escribe, enfrentándose a la tradición milenaria que lleva en la sangre :

No necesitábamos exámenes de espermatozoides
sino exámenes de conciencia.

La conciencia de la escisión, de la pugna de dos sangres, nacida de la historia y del discurso religioso, cae como una luz implacable sobre las palabras del poeta; una luz que baña con igual intensidad el enfrentamiento a lo fáctico y limitado y la proyección imaginativa y especulativa de sus monodiálogos (para usar el sustantivo que acuñó un angustiado de diversa índole: Miguel de Unamuno). Este conflicto que esclaviza la conciencia, encarna por la palabra en la imagen, hecha de sueño, de sus padres: son imágenes que hablan y a las cuales el poeta interroga, mientras viaja por la historia, se interna en los ritos y misterios ancestrales en busca de la respuesta que elude su inquietud, móvil de su destino de poeta y narrador. 

En Los cementerios reales, del 2004, en cuyas páginas el poeta explora el dolor de vivir en una nueva modalidad expresiva, la gravedad desnuda se hombrea con ciertos momentos vallejianos : Rechina el diente en la punta del tenedor /Hoy probó la boca el hambre de Nadie.  (No es el único momento en que recuerda el verbo de aquel maestro contemporáneo: en otro poema de extrañeza vital metafísicamente asumida, Goldemberg Bay escribe: He aquí que saludo la pena de los muebles,/ el único olor de la cocina). Hay en estas páginas del poeta un sabor expresionista que manchará con brochazos de pesadilla otros textos posteriores: los del Libro de las Transformaciones (2007), poemario continuador de aquel agónico discurso con nuevos matices de ironía y donde se traslada al ámbito del Cosmos, la desarmonía de la Historia.  Aquí comienza Goldemberg a dialogar con el arte pictórico (Pisarro, Arshile Gorky); acaso otra manera de buscar su rostro entre las máscaras y los rostros que lo rodean y de abrazar un destino colectivo. 

    El «Arte poética» de Goldemberg está dedicada a Paul Celan, cuya obra poética nace de la entraña del dolor y del silencio, y a Gonzalo Rojas, otro nombre clave de la poesía moderna de nuestro idioma. Allí se lee: quien escribe es la red de los sueños/ jalados por la corriente.

    Cuerpo del amor, del año 2012, tiene por eje central el encuentro pasional de la pareja: el gozo del hallazgo mutuo, la desconfianza, la plenitud. Este libro es, pese a que no simplifica sino resume la complejidad de la experiencia amorosa, un oasis dentro de la antología. Tras el violento, amargo episodio del «ángel de los celos», sorprenden al lector las reflexivas, intensas y exactas «Décimas de fino amor». Aquí el poeta muestra su hábil manejo de las formas tradicionales de la poesía española sin por ello insistir en una perfección, por demás elusiva, de aquellos moldes. Siguen a las décimas tres sonetos amorosos que exhiben parejas virtudes. En estos suele haber un ajuste formal mejor logrado en los tercetos que en los cuartetos. Pero insisto en que una adopción mimética de las formas clásicas no es el fin de esta lírica, heredera de las más fértiles conquistas de la Modernidad literaria; inmune, por fortuna para él y para sus lectores, a esa escritura de laboratorio verbal, payasa e intrascendente, que ejemplifican los escritos de un Oliverio Girondo, por ejemplo, a quien Enrique Anderson Imbert llamara “el Peter Pan de la poesía contemporánea”.  En Cuerpo del amor, no obstante, el tono de  celebración aligera la central gravedad del discurso.  La presencia del baile, de los diversos ritmos populares de la América española, se diría que acompaña y define la vivencia erótica como danza: fiesta y compás, pausa de armonía en la ardua tarea de vivir. 

Las Variaciones Goldemberg (con su alusión a la música de Johann Sebastian Bach: contrapunto del dolor y la esperanza) son inéditas y cierran La vida breve. En estos poemas finales de la antología, se hace palmaria la identificación del poeta con sus raíces judaicas; pero no desde la religión, sino desde la Historia. Goldemberg asume y exalta el valor de un pueblo fortalecido en la diáspora, aleccionado en el dolor, capaz de prodigar un tesoro de pensamiento y de creación frente a la hostilidad, y capaz de superar el horror del genocidio nazi y de dar testimonio de coraje y de resistencia. No ha encontrado el padre perdido; o, más exactamente, lo ha encontrado en el destino de una comunidad humana forjada a lo largo de muchos viajes, de muchos exilios y quebrantos. De ahí  que el lector sienta –sentir mejor que comprender su discurso, que avanza, oblicuo, hacia una visión trascendente– este poemario último como obra de reconciliación, de avance hacia la paz consigo mismo y con los otros. El yo étnico, antes inseparable del yo poético, se convierte en voz de una vivencia universal.  

         La lectura de este volumen en su integridad  –tan rico y denso de humanidad y de invención poética que es imposible resumirlo aun regresando muchas veces a sus páginas– permite constatar una observación afortunada del narrador y profesor Eduardo González Viaña,  prologuista del libro: la amplia tesitura poética de esta selección antológica, donde se integran por modo orgánico –momentos de una búsqueda esencial– el sarcasmo, la anécdota autobiográfica, la alegoría histórica, la concisión epigramática y la efusión lírica, sin apartarse jamás de su realidad de búsqueda impostergable y tenaz. Con los poemas de La vida breve, Isaac Goldemberg reafirma su lugar eminente en las letras de nuestro idioma. Como reza el título de una de sus novelas: tiempo al tiempo.

   
Manuel J. Santayana
   Academia Norteamericana de la Lengua Española

Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) de Victoria Guerrero, Por Miguel Ildefonso


Susan Sontag en La Enfermedad y sus metáforas decía: “Thoreau, que tenía tuberculosis, escribía en 1852: ´La muerte y la enfermedad suelen ser hermosas, como la fiebre tísica de la consunción`. Nadie piensa del cáncer lo que se pensaba de la tuberculosis —que era una muerte decorativa, a menudo lírica—. El cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía, y es inimaginable estetizar esta enfermedad.” Victoria Guerrero en Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) (Paracaídas Editores, 2012) se encarga de ejecutar esta labor, y al decir ejecutar queremos decir que no solo el cáncer es tematizado, metamorfoseado o simbolizado, sino que el presente poemario (o, mejor dicho, poema) se inmersa en la problemática (entre otros asuntos que mencionaremos) de la estética: no del cómo hablar de esta enfermedad o qué hablar a partir de esta enfermedad, sino del cómo (y qué) habla la enfermedad misma.

Para empezar el libro contiene un pequeño sobre adherido a la primera página, en donde hallamos una bolsa de plástico con un mechón de cabello y una copia de receta médica que ha sido intervenida a lapicero. Desde que abrimos el libro, es el libro mismo, como sujeto, el que está interpelándonos de ser simples lectores habituados (a conformarnos) al lenguaje escrito, a ser simplemente intérpretes de sentidos impuestos por la “cultura”.

“Hoy le corté el pelo a mi hermana”, dice el primer verso del texto “1 – 02” (título que señala la fecha a modo de diario, en esta primera sección del libro titulado Contra la poesía). El poema, con lenguaje coloquial y narrativo, discurre entre diversas voces femeninas, a partir de ese “Yo” poético, de la voz poética, del personaje de la poeta que tiene una hermana y una madre (que son los otros personajes). Este primer texto empieza con un cuestionamiento (moral, estético) de la hermana hacia la poeta: “¿Por qué arrojaste mis cabellos a la bolsa de basura?”. Los temas de la mutilación, la represión, la infecundidad, ya están implícitos desde este primer texto, en que la propia cabellera toma personalidad, “como si fuera una hija pequeña”. Y es aquí en que empieza la diseminación, a partir de la mutilación o fragmentación del cuerpo y del lenguaje. Constantemente se cuestionan las imposiciones que se dan a través del lenguaje: “Le exigió que descansara que durmiera en mi sueño/ En suma   que no jodiera/ Después de todo qué es una madre si no dice estas cosas”.  .

No hay una conformidad (ni entusiasmo) por el coloquialismo usado, o por una retórica pasada que ya no “dice” nada en poesía. No es un poema que apele al sentimiento, mucho menos. Tampoco es la exploración de un lenguaje oscuro y que se cobije en el hipercultismo, para que así la poeta encuentre una manera “nueva de decir”. Si bien es cierto que busca lo concreto, la síntesis, la economía verbal, el lenguaje que hallamos aquí es de la conciencia y crítica de todo lenguaje, algo más parecido al metalenguaje o la metapoesía. Cualquier lenguaje (o estética) conocido que hubiera utilizado el poema, igualmente iba a ser cuestionado, mutilado, demolido. Cuadernos de quimioterapia nos plantea un problema ético-estético, y que va más allá de la propia poesía.

La desacralización de la familia (la triada madre-hija-hermana), la crítica a la ciencia (al Psicoanálisis, a la medicina, por ejemplo), la crítica al poder y la apertura al Otro, se hacen patentes también conforme vamos entrando a lo que es la enfermedad, conforme vemos que los fragmentos (entre verdugos y víctimas), como el cabello o la cabeza de la muñeca, van cobrando voz para denunciar (o enunciar) la fragmentación.

Pero finalmente quien siente la invasión de la enfermedad es el cuerpo todo que ha sido dividido, quien siente el dolor (el dolor del cáncer) es el cuerpo. Y el cuerpo se vuelve la parte esencial del poema; en el cuerpo se van fusionando todas esas voces (se van reconstruyendo), el cuerpo es la poesía y es la conciencia de esa separación, es la búsqueda de un “decir” (o un “habla”) que sea la suma de todas las voces: “Una belleza de lenguas amarillas rojas violetas/ Se incendia/ Sus cenizas cubren toda la ciudad/ la llenan de un manto de negra hermosura/ Un cementerio nos devora/ Arrojo flores en su nombre/ Flores rojas que ella atrapa en el aire/ Palabras que deshoja: Me quiere/ No me quiere/ Me quiere…”.

Susan Sontag decía en su libro: “Metafóricamente, el cáncer no es tanto una enfermedad del tiempo como una enfermedad o patología del espacio. Sus metáforas principales se refieren a la topografía (el cáncer se ´extiende´ o ´prolifera´ o se ´difunde´; los tumores son ´extirpados´ quirúrgicamente), y su consecuencia más temida, aparte de la muerte, es la mutilación o amputación de una parte del cuerpo.” Entonces podríamos preguntarnos: ¿Cómo recomponer la palabra si el cuerpo que la emite ha sido mutilado?

“Estamos cansadas de tanta Poesía”, se dice en el texto “11 – 2”. Aquí se ironiza a la poesía escrita por mujeres, o mejor dicho a la “poesía femenina”, y también a los poetas hombres, o mejor dicho al discurso masculino (machista, patriarcal) de la tradición poética. Y también aquí hay una parte muy clara e importante del “yo”, sobre el punto de partida de su crítica y autocrítica, dice: “No nos queda palabra (felizmente)/ Somos tar-ta-mudas/ Hemos repudiado la Tradición/ Sin embargo todo el tiempo hablas de ella/ Es un fastidio/ Incluso la mencionas con cierta afectación/ Y la citas por defecto de hija mimada/ Nacida en la burguesía de los años 70”.

Y a continuación: “Has robado/ traficado con la palabra/ para poder escribir/ Hablar al menos/ Quizás solo bal// bucear/ La poesía/ la vida/ ¿Qué es lo que importa realmente?/ Nos rodean la media palabra y la enfermedad/ Los versos sublimes no nos han llevado a nada/ Y esto hay que decirlo/ No se ha salvado una sola vida con ellos/ Algunos suicidios han gestado eso sí/ Pero la Tradición los exige y lamenta que no los escribas/ Yo también lo lamentaría si fuese una de Ellos/ ¿En qué momento dejarás de nombrarlos?/ No tengo seno/ No tengo falo/ Eres la gran plagiaria”. 



Se habla de una crisis de la poesía nacida aproximadamente en la década del 90, posiblemente aparecida desde los años 80s, o los 60s, o desde Auschwitz. A esto se refieren los versos citados arriba. Esta enfermedad es la metáfora de la crisis, y viceversa. Susan Sontag en su libro dice: “El cáncer en cambio es una enfermedad de clase media, que asociamos con la opulencia, con el exceso. En los países ricos es donde más cáncer hay, y su aumento se atribuye en parte a un régimen rico en grasas y proteínas y a los efluvios tóxicos de la economía industrial que crea la opulencia.” Haciendo un paralelo: ¿Esta crisis de la poesía no estaría relacionada, más bien, a dicha clase media que señala Sontag, y a tal opulencia? 

La poeta de Cuadernos nos dice líneas más abajo del mismo texto citado (con conciencia de su voz subalterna): “Renovar la poesía _dicen/ ¿Qué diablos puede significar eso?/ ¿Radiarla/ irradiarla/ quemarla/ mutilarla/ ejecutarla?/ ¿Muerte o patria?/ (todo lo aprendimos al revés)/ ¿O inmolarnos nosotras/ Aquellas devotas aprendices que siempre seremos”.

Las “hermanas” (las cabezas, la madre, la hija) continúan interpelando a la poeta: “Incendiar lo profundo/ No hay densidad en nuestra habla/ Somos mudas/ Somos calvas/ Aprende nuestro orgullo/ Y no te arrodilles más”. Aquí la enfermedad toma otra voz, asume una voz Otra (en respuesta a lo cuestionado en los versos arriba citados), a la que la poeta luego responde: “Así son las cabezas/ Agudísimas/ No tiene pelos en la lengua”. Ante esa separación (incomunicación, no identificación entre ella y “el público”), la poeta reconoce su solipsismo: “Ellas se van/ Me dejan solita/ Contrita” (“13 – 02”). 

Y es justamente en el siguiente texto, “17 – 02”, en donde el lenguaje asume literalmente aquella Otra-voz, en los primeros versos: “Cabizbaja amanece/ ¡Pobrecita niñacha!” Aquí se cita a César Vallejo, Vallejo aquí se vuelve personaje, se convoca al “poeta cholo”, se parodia al poeta del habla peruana, andino y universal, se acude al poeta que hace volver de la muerte al combatiente: “La niñacha se levanta/ Lo abraza/ Emocionada/ Qué más da/ Emocionada”. Aquí hay una identificación ética y estética, que luego lo señalará más claramente: “Escribir trae dolor”. Ciertamente hay un quiebre, y a partir de esa ruptura hay un reconocimiento de otras mutilaciones históricas. 

Pero no es una simple toma de posición, no es un sometimiento a un tipo de poder (que conlleva una vieja utopía); porque más adelante (“27 – 02”) nos dice (cuando ahora el lápiz cobra vida): “Nosotras no entendemos este lenguaje  La moral ilegible del/ poder/ Nos ha sido negado este entendimiento”. Sontag dice: “El cáncer, que se declara en cualquier parte del cuerpo, es una enfermedad del cuerpo. Lejos de revelar nada espiritual, revela que el cuerpo, desgraciadamente, no es más que el cuerpo.” Se mata la utopía, la poesía (en esta crisis, en esta enfermedad) no es más que poesía, un puñado de palabras impresas en papeles pegados en forma de libro. 

El texto poético citado acaba con estas líneas: “Nos queda esto/ Esto y un puñado de agujas infectadas y seguros médicos rapaces/ Los hemos abrazado con nuestros lápices de colores como/ escudos/ Cuando sean pequeños extremadamente pequeños habremos de/ dejarlos/ Y nos sentaremos al pie de la cama de nuestros padres/ Y dibujaremos serenamente cada letra/ Y tajaremos los lápices más allá de sellos y de papeles/ membretados/ Y nuestra habla sonará distinta/ Y los sonidos de nuestros cuerpos serán por fin escuchados/ Cuando ya no exista la poesía sino el abrazo”. ¿Es el anuncio de una nueva estética que nos acercará al lenguaje de la tribu? ¿Es el Yo que es Otro? ¿Es el lenguaje de la calle que demuele a la Tradición para democratizarla?

En la segunda sección (Cuadernos de quimioterapia) se presenta a la “ama de crianza de mi madre”: “le supliqué unas hierbitas. Me miraba con los labios apretados. La sacudí de los cabellos. Eran blancos y deslumbrantes. Después de más de cinco siglos, todavía persistía en hacerse trenzas...” Ella habla “una lengua desconocida”, ella es la que reclama por las calles con un cartel entre manos que dice “salarios de odio”, ella es la que con ternura pone a la enferma en la “cama de nacimiento”, y la que finalmente le dice, aun con faltas ortográficas, en un papel: “ESCRIBE”, “SOYTUHERMANA”. 

El lenguaje (la poesía) desborda el objeto del libro. Las palabras han invadido otros espacios, ocupan una bolsita de plástico, un sobre; hay una receta médica que señala, al igual que los versos, la manera de vencer a la muerte. Los cabellos están en la mano del lector, el lector los pude palpar, preguntarse de quién será. ¿Son cabellos? ¿Puede el lector sentirlos aun teniéndolos en sus manos? ¿Puede el lector sentir?

Una cita última de Susan Sontag: “nuestros modos de ver el cáncer, y las metáforas que le hemos impuesto, denotan tan precisamente las vastas deficiencias de nuestra cultura, la falta de profundidad de nuestro modo de encarar la muerte, nuestras angustias en materia sentimental, nuestra negligencia y nuestras imprevisiones ante nuestros auténticos ´problemas de crecimiento´, nuestra incapacidad de construir una sociedad industrial avanzada que sepa concertar el consumo, y nuestros justificados temores de que la historia siga un curso cada vez más violento.” 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...