martes, 22 de junio de 2021

Un espacio de redescubrimiento. Crónica sobre el Seminario-taller Narradoras peruanas de los 80 y 90 (del 11 al 27 de mayo 2021), Por Lisandro Solís Gómez

 

Patricia de Souza

Dentro de las discusiones habituales que surgen en el ámbito de los estudios literarios, el debate en torno a la constitución del canon es una constante. Cuando se trata de ampliar las fronteras de esa selección de autores fundamentales, sobre todo, las valoraciones oscilan entre lo que cada lector considera relevante. Sucede, por ejemplo, en el caso de la narrativa escrita en la década de los ochenta. Difícilmente se discutirá el puesto que ocupan autores como Guillermo Niño de Guzmán, cuyo libro de cuentos Caballos de medianoche (1984), que incluye en su primera edición un prólogo de Mario Vargas Llosa, es considerado, casi por unanimidad, un “clásico” de las letras peruanas, no solo por su elevada factura, sino por su posición liminar en el proceso de transformación de la narrativa urbana. No sucedió así con la obra de otros escritores como Cronwell Jara Jiménez, Premio Casa de la Literatura Peruana 2019, quien solo en los últimos años viene siendo revalorado, pese a que su relato más celebrado Montacerdos se remonta a 1981. 

No obstante, en el caso de las narradoras que comenzaron a publicar en esa misma década y la siguiente, la valoración de su aporte al devenir de la narrativa peruana todavía es una tarea pendiente. Salvo Pilar Dughi, que tanto en reconocimiento como en difusión —la reunión de sus cuentos completos en un solo volumen y la reedición de su única novela Puñales escondidos han visto la luz el 2017— forma parte de los nombres claves de ese periodo, aún es necesario aproximarse a autoras como Mariella Sala (1952), Viviana Mellet (1959), Carmen Luz Gorriti (1951), no tan conocidas por el público amplio. Así mismo, es crucial recuperar a una narradora como Patricia de Souza (1964), cuya escritura es, tal vez, una de las apuestas más (di)solventes en la narrativa peruana actual, pese a ser poco conocida por el lector promedio en el país.

En ese sentido, la creación de espacios de difusión y debate sobre la producción narrativa de las escritoras durante la década de los ochenta y noventa resulta sumamente afortunada. El Centro de Estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CELIT), dentro de esa larga tradición de apertura al conocimiento que caracteriza a la Decana de América, organizó un Seminario-taller centrado en releer a esas autoras y ubicarlas dentro de sus respectivos contextos, así como en descifrar cuáles son las problemáticas que atraviesan sus obras. Este evento formó parte de la oferta de los talleres de otoño que este centro de estudiantes ofreció a los interesados de manera gratuita, sin duda, aprovechando las ventajas que ofrece la comunicación digital. Este espacio, en mi opinión, ha sido una oportunidad única para repensar la importancia de algunas narradoras en el periodo trazado y cuestionar algunas de las ideas que se han ido sedimentando sobre la narración en este periodo (Niño de Guzmán, 1986; Yushimito, 2013).  

Este seminario-taller estuvo a cargo de Nicole Fadellin, doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Wisconsin-Madison. La Dra. Fadellin es especialista en literatura caribeña y literatura latinoamericana con énfasis en temas de colonialidad, género y materialidad a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Además, en nuestro medio, se desempeña como investigadora y co-curadora del proyecto digital Memoria Perú: Recorridos por el patrimonio de la Biblioteca Nacional del Perú (2021). Asimismo, colabora activamente con la Casa de la Literatura. Por ejemplo, fue co-curadora de la exposición La vida sin plazos: Escritoras en la ciudad de los 90 (2020) y ha dirigido diversos talleres, tales como Pioneros y pioneras de la ciencia ficción (2019), el Wikitón #YoLeoAutorasPeruanas (2020) y Escribir para existir: un acercamiento a la obra de Patricia de Souza (2020), actividades que demuestran su compromiso con la literatura escrita por mujeres en nuestro medio.

La duración del seminario a cargo de la Dra. Fadellin fue de tres semanas, todos los martes y jueves, los días 11, 13, 18, 20, 25 y 27 de mayo. El evento contó con la participación de alrededor de treinta participantes, un público de formaciones y edades heterogéneas, así como de intereses múltiples. Para el desarrollo de esta actividad académica, se puso a disposición de los participantes un corpus de cuentos y novelas escritos por mujeres durante el periodo estudiado. Asimismo, se propuso una programación definida, con contenidos específicos para cada sesión, que incluían un marco de referencia que sirvió para insertar los relatos analizados, y fuentes secundarias de respaldo a fin de situar y complejizar la lectura. Por otro lado, la metodología empleada se basó en la discusión de las fuentes primarias, a partir de la consideración de diversos niveles de lectura y el diálogo permanente con los materiales de apoyo, siempre con la intervención oportuna de la panelista. La discusión versó sobre asuntos como la posibilidad de una “escritura femenina”, los vasos comunicantes entre la literatura fantástica y la mirada de género, la especificidad de una “mirada femenina” al abordar la violencia política.  

En mi opinión, el curso satisfizo dos objetivos específicos. En primer lugar, ha servido para complejizar el panorama de la narrativa escrita durante de las décadas de los ochenta y noventa al incluir un conjunto de obras que no siempre se consideran dentro de los recuentos oficiales, así como las problemáticas que implican temas como la domesticidad, lo fantástico, la rutina en el contexto neoliberal, el periodo de violencia política o la descomposición de la subjetividad desde una perspectiva de género. El abordaje propuesto ha servido para repensar aquellos supuestos que, en algunos casos, han contribuido a restringir el acceso a las obras que escapan de estos criterios, por lo general androcéntricos. En segundo lugar, este seminario devino en un espacio de gestación de lecturas inéditas o sugerentes sobre autoras y temáticas que no siempre reciben la atención debida. En ese aspecto, las hipótesis de lectura de la Dra. Fadellin han resultado enriquecedoras, aspecto potenciado por la diversidad de opiniones y perspectivas puestas en juego durante las charlas. Como aspecto adicional, el seminario ha servido para repensar la importancia de una autora como Patricia de Souza, cuya obra narrativa y ensayística resulta clave para entender fenómenos como la autoficción y la fragmentación del yo en la narrativa peruana contemporánea, sobre todo con su novela El último cuerpo de Úrsula (2000). 

 Luego de terminado este evento, únicamente queda agradecer a la Dra. Fadellin por su tiempo, dedicación y generosidad al compartir información bibliográfica y los materiales que sirvieron de base para esta experiencia de lectura, que sin duda contribuye a ampliar la mirada sobre los procesos y metamorfosis de la narrativa peruana última. Próximamente, esta especialista conducirá el Seminario virtual: Pensadoras peruanas y cambio social (1843-1933) en la Casa de la Literatura Peruana. Auguramos todos los éxitos para este siguiente proyecto. Asimismo, cabe felicitar al Centro de Estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por haber gestionado la realización de este curso de manera gratuita, en un intento de facilitar la lectura de una zona poco conocida y valorada de nuestra tradición literaria. Esperamos que en el futuro se siga apostando por la realización de reuniones de este tipo. 


Anexo: 

Algunas de las obras revisadas


- De Souza, Patricia. (2011). Eva no tiene paraíso. Lima: Ediciones Altazor.


- De Souza, Patricia. (2009). El último cuerpo de Úrsula. Lima: [sic].


- Dughi, Pilar. (1998). Puñales escondidos. Lima: Banco Central de la Reserva.


- Mellet, Viviana. (1994). La mujer alada. Lima: PEISA.


- Ollé, Carmen. (1992). ¿Por qué hacen tanto ruido? Lima: Flora Tristán.


- Sala, Mariella. (2019). Desde el exilio. Lima: Cocodrilo Ediciones. 


- Silva Santisteban, Rocío. (1994). Me perturbas. Lima: El Santo Oficio.


martes, 20 de abril de 2021

4 poemas de la francesa Jacqueline Risset (traducción de Miguel Urbizagástegui)



Jacqueline Risset
(Francia, 1936 – Italia, 2014)
Poeta, crítica literaria, traductora y docente. Jeu (Juego), es su primer libro de poemas, publicado en 1971, bajo la editorial Seuil. Admiradora de la cultura italiana, sobre todo de Dante Alighieri y el Renacimiento, tradujo al francés la Divina comedia. Este trabajo le demoró diez años en concluirlo y atrajo la atención de nuevos lectores francófonos por conocer a Dante y sus obras. También tradujo al francés El príncipe, escrito por Nicolás Maquiavelo. La obra de Jacqueline Risset es considerada cercana a Yves Bonnefoy. Fue profesora de literatura francesa en la Universidad de Roma “La Sapienza”. En el Perú, fue distinguida como Profesora Honoraria por la Universidad del Pacífico. Los siguientes textos provienen de su poemario L’amour de loin (El amor de lejos), edición Flammarion, 1988. 



Traducciones de Miguel Urbizagástegui


El tacto

Tú aún no me has tocado

el amor atraviesa los ojos
e irrumpe en el corazón
el amor de lejos nos ejercita
y nos perfecciona

¿Pero quién
podría tocarme ahora
sino tú?

Me propago en el aire
en este bosque sagrado
pasillo de escarcha
en esta aureola



Otros cuerpos

Amor qué me has hecho
extraño extraño objeto
el exceso de amor donde me metiste
ahora se extiende fuera de ti

se extiende en casi todas partes
se contrae en otros lugares
donde no hay
casi nada de ecos o vientos

también: en otros cuerpos
aquí: asombro sufrimiento
- y reírse: 
“¡Excepto tú!
¿Qué es esto?
¿Cómo lo haces?
No lo comprendo”.
Y sin embargo tanto:
en primer lugar
la cara y el cuerpo se parecen a ti
la forma integral y el color del ojo
percepción de semejanza
atracción sorprendida



Los fenómenos del amor

desde que te vi
los fenómenos descritos
como fenómenos del amor
conocidos clasificados o no
vienen
uno tras otro
pidiendo salir
en el orden exacto

los reconozco a todos
incluso a los nuevos los desconocidos

al llegar los cuento
con risa
y docilidad
docilidad extrema
dispuesta a todo

a cualquier herida intensa



Dolor

¿De dónde viene el misterioso y loco
dolor de amor?
Me despierto esta mañana
Toda rodeada del dolor por ti

- Sobre ti: como una irritación
en la piel del mundo donde yaces
y si me pregunto:
Cómo detenerlo

Yo sé:
hay que acabar con este lugar
que deje de golpear como un diente
cuando el resto se calla

tela del mundo en un lugar transparente
todo sufre aquí
todo mira a este lugar
donde el dolor ilumina

sueño con el completo olvido
pared sorda muro blanco
pero todo está escrito aquí dibujado
todo salpicado de señales

de ti – por mí – 
hechos para verte en todas partes
y ahora me callo
estoy mal quisiera dormir



Le Toucher

Tu ne m’as pas touchée encore

l’amour passe par les yeux
et descend dans le cœur
l’amour de loin nous exerce
et nous perfectionne

mais qui
pourrait me toucher à présent
sinon toi ?

je circule dans l’air
dans ce bois sacré
couloir de givre
dans cette auréole



Autres corps

Amour que m’as-tu fait
étrange étrange objet
l’excès d’amour où tu m’as mise
s’étend à présent hors de toi

s’étend presque partout
se crispe en autres points
de presque rien
échos ou vents

aussi : sur autres corps

Ici : étonnement souffrance
— et rire:
autre que toi!
qu’est-ce que cela?
comment se fait-il?
je ne comprends pas »

et pourtant si:
visage et corps
te ressemblant pour commencer
– forme d’ensemble et couleur d’œil
perception de proximité
attirance étonnée



Les phénomènes d’amour

depuis que je t’ai vu
les phénomènes décrits
comme phénomènes d’amour
connus classés ou non
arrivent
l’un après l’autre
demandant à venir
dans l’ordre exact

je les reconnais tous
même les nouveaux les inconnus

à leur arrivée je les compte
avec rire
et docilité

docilité extrême
prête à tout

à toute blessure extrême



Douleur

D’où vient la mystérieuse la folle
douleur d’amour ?
je me réveille ce matin
tout entourée de la douleur de toi

— de toi : comme une irritation
dans la peau du monde où tu es
et si je me demande :
comment la faire cesser

je sais :
il faut que s’éteigne ce point
qu’il cesse de battre comme une dent
quand le reste se tait

Tissu du monde en un point transparent
tout souffre ici
tout regarde ce point
que la douleur éclaire

je rêve l’oubli complet
paroi sourde mur blanc
mais tout est écrit par ici dessiné
tout parsemé de signes

de toi — par moi —
faits pour te voir partout
et maintenant j’étouffe
j’ai mal je voudrais dormir




sábado, 3 de abril de 2021

“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten” Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

Rafael Felipe Oteriño con Juan L. Ortiz en 1964

Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019). Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RFO: Debo retrotraerme a mis doce o quince años, en La Plata, a un día violento de otoño en el que las hojas de los plátanos volaban y se arremolinaban en la vereda con el anuncio de una tormenta inminente. Ahí me cayeron unas primeras líneas que bosquejaban la idea de un mundo sustraído de su orden, arrebatado por el torbellino del viento y seguido en mí de algo interior parecido a un reclamo de piedad. No hago esfuerzos por recordar esos versos (más bien, hago el esfuerzo de olvidarlos), ya que dicho primer intento no era más que una expresión subjetiva y no la pieza literaria y susceptible de compartir que constituye un poema.

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RFO: Con la lluvia y las tormentas tengo un sentimiento dual: por un lado, me encantan, en cuanto a voluptuosidad, energía e ímpetu; por otro, me sobrecogen porque, mientras duran, me dan la impresión de que han venido para quedarse. Tal vez se filtra en esto último el recuerdo de la vieja casa de mi infancia, de techos altísimos y azoteas embaldosadas, en la que con cada tormenta no faltaba la gotera insidiosa quebrando, como un intruso, la vida doméstica. 

Las otras propuestas son variadas. Vayamos de a una. Con la sangre no discuto, ni aun metafóricamente; está ahí, como un río vital y yo me limito a dejar que siga cumpliendo su tarea. La velocidad no me seduce si no es como condición para que las cosas anheladas ocurran más pronto. Y a las contrariedades las tomo como parte de la vida: una tarea a afrontar.  

Rafael Felipe Oteriño con María Esther Vásquez y Jorge Luis Borges

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?... 

RFO: Por su larga tradición literaria, la palabra inspiración tiene un lugar ganado que no voy a controvertir. Podría sustituirla por las expresiones “precipitado psíquico”, “tropel de palabras”, “don”, “dádiva”, “estado de inocencia”, que marcan, de igual manera, la libertad imaginativa y el afán constructivo que son antesala del acto creador. Lo que tengo claro es que sin ese disparador la escritura de poesía demora su inicio. Pero tampoco apuesto todas mis fichas a su aparición inconsciente. Creo que la obra de creación es fruto de un don y una tarea; que el poeta es “tocado” por la poesía y que es, asimismo, un artesano de la lengua. Lo que se expresa de manera bastante adecuada diciendo que la obra “nace” y “se hace”. Y arriesgaría que este último factor es insustituible, pues durante el “quehacer” el autor calibra la potencia del material recibido en bruto, examina la originalidad de sus contenidos, se impone una estrategia y una dirección, basado en su experiencia en cuanto a los límites del lenguaje y a sus propios límites. 


4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RFO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear “avatares”, pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York. 
Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

con Ida Vitale en Sevilla, 2019

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RFO: Me encantan los refranes por esa cualidad que los hace surgir de los labios en el momento preciso en que la ocasión lo requiere. “No hay mal que por bien no venga” (la aceptación de lo irremediable); “En casa de herrero, cuchillo de palo” (la condición insustituible de la experiencia); “No por mucho madrugar se amanece más temprano” (el valor del azar y lo imponderable); “Al mal tiempo buena cara” (la voluntad como conducta); “A caballo regalado no se le miran los dientes” (la gratitud); “Cada loco con su tema…” (vivir y dejar vivir); “Cuando el río suena, piedras lleva” (el valor de lo secreto); “Donde hubo fuego cenizas quedan” (el tesoro de lo vivido); “Genio y figura hasta la sepultura” (la huella de la estirpe); “Lo cortés no quita lo valiente” (la sociabilidad ); “Ojos que no ven corazón que no siente” (la lección de que no todo puede ser dicho ni es bueno oírlo todo). Y podría seguir.


6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RFO: Debo decir que las obras que más me han estremecido son: “La Odisea”, los diálogos platónicos, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, nuestro “Martín Fierro”, la poesía de Borges y de Czeslaw Milosz. En estado de perplejidad (si por esto entendemos duda, incertidumbre, confusión), el “Ulises” de James Joyce; si, en cambio, le damos la acepción de sorpresa, asombro: el poema “Un coup de dés” de Stéphane Mallarmé y la música de Gustav Mahler, particularmente el Adagietto de la Sinfonía nº 5.  


7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RFO: No sé si será por autocompasión o por sabia distribución de los recuerdos, pero no me viene a la cabeza ninguna situación irrisoria de la que haya sido protagonista. ¡Aunque sí, ahora me llega una de mi más remota infancia!: cuando en la plaza de mi barrio, ante la mirada de la chiquilina que me quitaba el sueño, patee una pelota y se me fue el zapato con el impulso.


8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RFO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea (“Música porque sí, música vana…”, Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.


9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan? 

RFO: No necesariamente me aplastan. Por lo normal, me muevo cómodo en ellas. Me gusta volver a los mismos sitios, releer los mismos poemas y conversar con las mismas personas. Siempre descubro nuevos perfiles, otras inflexiones, una renovada riqueza en los reencuentros. 
Las colas en los bancos y oficinas, en cambio, con su cuota de expectación y desvelo, esas sí me abruman. Solo las sobrellevo suscitando animosas (tanto como efímeras) tertulias con los otros abnegados penitentes que me preceden o con los que me siguen en la espera.

Bioy Casares con Rafael Felipe Oteriño en Mar del Plata, 1967


10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RFO: Como cristalización de una modalidad de escribir puede constituirse en una limitación en la trayectoria del escritor (en un “amaneramiento”, como dice el escritor y periodista español). Pero esto ocurre cuando se apaga la inventiva y el escritor persevera en una retórica que ya no aporta sorpresa ni novedad ni mérito. Esto produce obras que no son otra cosa que un calco de lo ya hecho. 
Desde otro orden más valioso, el estilo (de stilus, punzón para escribir y, por derivación, marca, señal) es un código de identificación y, para el escritor, una conquista: la posibilidad de ser destacado por su peculiar uso del lenguaje, de entronizar un horizonte comunicativo propio, de darle oportunidad al lector de saber a qué atenerse al tiempo de elegir sus lecturas.  

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente? 

RFO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura. 
Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

Rafael Felipe Oteriño con Manuel Mujica Láinez en 1977

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RFO: No lo dudo: yo, niño de cuatro años, en el campo, con boina negra y faja de igual color en la cintura, montado en el caballo alazán que me regaló mi padre (al que bauticé, apenas lo vi, con el nombre “Rubio”, por mi ignorancia sobre el pelo de los caballos).


13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RFO: Me hubiera gustado acompañar a Don Segundo y a Fabio Cáceres durante su arreo de ganado por los pagos del Tuyú, dormir junto a ellos a cielo abierto, observando las estrellas y oyendo el rumor sordo de los animales sobre la tierra (“Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes). Luego, más ambicioso, viajar con Odiseo por todo el Mediterráneo durante el camino de su regreso a casa, pero sobrevivir, eso sí, como él, a las peripecias de la aventura (“La Odisea”).

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RFO: Es lo que, no sin laxitud, denomino “lo indeterminado” (el ápeiron griego), aludiendo con ello al material del que se vale la poesía para dar estatura verbal a lo que de indecible, tácito e inexpresable tiene el mundo en que nos movemos. Todas esas instancias son estaciones y disparadores de la poesía, entendida como la operación de esclarecimiento y puesta en acto de lo que carece de una definición concluyente. Todas ellas permiten repetir con Rimbaud: “Je est un autre”, “Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien”.


15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías? 

RFO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, “De ese lado no duermo”. Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al “ingenio”, que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.


16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RFO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública. 

En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado. 


17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RFO: Fui durante más de treinta años funcionario judicial y esto me adiestró en tratar de ser ecuánime y en poner humildemente en práctica la levinasiana responsabilidad anterior, preexistente, ante el otro (Emmanuel Lévinas). Y mi poesía se llevó bien con esa conducta, ya que me acostumbró, a su vez, a prestar atención a lo distinto —aún más, a interesarme por lo distinto—, como provechosa lección para reflexionar y a la cual —como un deber— adaptarme.

Rafael Felipe Oteriño en 1984

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RFO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de “Zorba, el griego”. O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café…” de Joan Manuel Serrat. 
Tengo una visión más positiva que la propuesta por “Cambalache”. Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una “verdad” de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.


19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RFO: Sócrates, Jesucristo y Leonardo. Tres esferas bien distintas (introduzco también la dimensión trascendente) en las que encuentro valores que me asisten y me fascinan: Sócrates por la fidelidad a sus convicciones, Jesucristo por instaurar la doctrina del amor y Leonardo da Vinci por apostar su potencia creativa a la carne y a la geometría con la misma intensidad.


20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RFO: No sé si “a mandíbula batiente”, pero sí con probado encanto, en mi infancia estuve más inclinado a reír con Laurel y Hardy que con Chaplin. Ahora la preferencia se ha invertido y es Chaplin quien me produce mayor contento. Eso sí: con la atención creciente puesta en el humor cultivado y acrobático de Buster Keaton. 

Rafael Felipe con Mario Vargas Llosa en Madrid, 2017

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RFO: Con resignación y alguna cuota de humor, ya que a esta altura de la vida sé muy bien que los ideales no siempre se alcanzan. Que son metas, vislumbres, puertos. Que su mayor virtud es la de imponer un rumbo (como la de esos faros que no evitan los naufragios, pero ayudan a continuar la navegación).


22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RFO: Con el amor, bien: creo que sé querer y siento que soy querido (aunque de nada de esto hago una manifestación). Contemplación es lo que hago a diario (frente a la naturaleza, ante las personas y los sentimientos, desarrollando la experiencia de las formas simbólicas). Con el dinero nunca se sabe, pero como soy sobrio no siento carencias. La religión es el gran horizonte: la palabra misma encierra en su raíz latina una acción que me reconduce: religare. Y, por fin, con la política no he mantenido otro vínculo que el de procurar comportarme como buen ciudadano, atento a mis deberes y celoso de mis derechos. 


23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RFO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.



24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RFO: El corto tramo que va desde la calle 7 y 61 de La Plata, en donde estaba mi casa familiar, atravesando la Plaza Rocha hasta la diagonal 78 entre 5 y 6, donde vivía mi amigo Horacio Castillo. Tanto de ida como de vuelta, infinidad de veces transitamos ese recorrido para compartir una lectura, leer un poema recién escrito o confiarnos algún secreto —normalmente feliz— de nuestras vidas.


25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RFO: Ay, Rolando, me ponés en un brete. No soy proclive a los juegos de ingenio ni a las adivinanzas. Las palabras son para mí un mundo dentro del mundo. Hablan de las cosas, pero no son las cosas. Dejo que sean ellas las que me visiten, para recién luego comenzar yo mi labor. De don y trabajo, he hablado antes, con la mira puesta en conferirle forma verbal al impulso que me lleva a escribir. Me quedo, pues, del lado de Dylan Thomas, cuando muestra asombro (él le llama “enamoramiento”) frente a las palabras: “Ahí están ellas, aparentemente inertes, hechas de blanco y de negro, pero de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todas esas abstracciones que hacen peligrosas, grandes y soportables nuestras efímeras vidas” (“Manifiesto poético”).

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RFO: En las zonas bancarias, al mediodía, cuando lo único que parece importar son la suma y baja de las cotizaciones en las pizarras de la Bolsa y los sueños profanos de sus intérpretes. Pero también mueren en las páginas mal escritas, en las obras traducidas sin rigor y en la impotencia de la propia lengua para elaborar la palabra que falta.


27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RFO: Sí, puedo. Las obras me deslumbran por su capacidad retórica y por la imaginación que despliegan. Cuando esto se cumple, me rindo ante su presencia y en mi interior siento crecer un entusiasmo que se expresa muy bien con la palabra “admiración”. 


28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RFO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación. 


29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

RFO: Admiro a los dotados de gran inteligencia, rica sensibilidad, probada maestría, vasta cultura, sano liderazgo. Y entonces aparecen en desordenado tumulto: Georges Steiner, Simone Weil, René Favaloro, Jorge Luis Borges, José de San Martín.


30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RFO: Pienso que ambas cosas: me pertenecen y soy movido por ellas. Aunque debo decirte que me veo menos sujeto a las pasiones (en cuanto fiebres o fanatismos) que a los entusiasmos (más próximos al buen ánimo y la alegría), seguramente por la contención que opera en mí en cuanto a los excesos. Las pasiones son más fuertes y duraderas que los entusiasmos, aunque las dos confieren una vitalidad que me impulsa a ir más lejos.


31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RFO: Me viene uno a la mente: el artista plástico británico Damien Hirst, que expuso un tiburón dentro de una caja de vidrio con formol. Comprendo que la novedad y la sorpresa son componentes del fenómeno artístico, pero creo advertir que algunas modalidades del arte conceptual y de las instalaciones abusan de la idea como arte, descuidando el valor atinente a la realización en sí de la obra. De todos modos, la exaltación de la obra de arte nunca es perniciosa, pues el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar. 



32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RFO: No creo que el amor sea “por naturaleza” asimétrico. Dicha condición ha de ser, a lo sumo, uno de los tantos episodios del amor. Extremar el punto de vista es uno de los recursos de la construcción poética y de todo el arte en general, con el objetivo de ensanchar el escenario de expectación. Seguramente, eso es lo que hizo Luisa Futoransky.


33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RFO: El amanecer, soy diurno. Mis horas preferidas son las de mayor luz natural, cuando todo parece comenzar o recomenzar. Flaubert escribía durante la mañana, dormía una corta siesta y luego corregía lo escrito durante la tarde y hasta muy entrada la noche. Yo veo con simpatía esa modalidad, solo que siesta no duermo y que pongo término al día antes de la medianoche. La caída del sol me estimula para la conversación. 


34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RFO: Recuerdo con felicidad de oyente la reunión cumbre entre Astor Piazzolla y el saxofonista Gerry Mulligan, allá por los años ‘70, y la más reciente entre los tres tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Me gustaría asistir a otras que idealizo: la de Sócrates y Platón, la de Keats y Shelley, la de Michel de Montaigne y Étienne de La Boétie. Y aquella también eminente (epistolar en su última etapa) entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.

 
35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RFO: No soy ajedrecista; observo el juego desde afuera, pero siempre me ha seducido ese modo pacífico de concluir la partida que es “hacer tablas”. Lo tomo como una invitación a reiniciar la partida.
Traslado esa figura a la vida y me consuela con su imagen de no vencer y no ser derrotado. Hacer tablas, empezar de nuevo, mover otra vez los peones. El misterio se mantiene intacto. 

*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires, distantes entre sí unos 415 kilómetros, Rafael Felipe Oteriño y Rolando Revagliatti, 2020. 

















martes, 23 de marzo de 2021

Mañana a las 19.30: presentación de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg y lectura de los dos últimos títulos publicados

 





Miércoles 24 de marzo
 
Presentación de la nueva colección de poesía de Galaxia Gutenberg, y lectura de los dos últimos títulos publicados: 
Poemas humanos, de César Vallejo y  La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge
 
 
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19:30 h
 
Importante: el aforo es limitado y estará siempre adaptado a las medidas dispuestas por las autoridades sanitarias.
 
Acto retransmitido en directo a través de nuestra cuenta Instagram (@fcpjosehierro)
 
Lectura y presentación a cargo de Jordi Doce y Julieta Valero
 
 
A lo largo de más de dos décadas, la colección de poesía de Galaxia Gutenberg se ha convertido en un referente literario de primer orden: en su catálogo conviven clásicos antiguos y contemporáneos, grandes figuras de la modernidad occidental (europea y americana) y los poetas más altos de la tradición en lengua española. Con un diseño sobrio y reconocible tanto en tapa dura como en rústica, un cuidado exquisito en la edición, traducciones de gran voltaje literario e introducciones que son a la vez informativas y ensayísticas, Galaxia Gutenberg ha ofrecido –y sigue ofreciendo– a sus lectores un acceso privilegiado a lo mejor de la poesía universal.
 
Con esta nueva colección de libros de pequeño formato, que acaba de llegar a los primeros diez títulos publicados, Galaxia Gutenberg quiere acercar este inmenso y riquísimo catálogo a una nueva generación de lectores. Su nuevo diseño traduce visualmente nuestro deseo de hacer libros asequibles, selecciones portátiles que recojan lo mejor y más significativo de cada poeta o recuperen libros centrales de su producción. Todo con los mismos criterios de rigor, excelencia crítica y cuidado editorial que caracterizan el trabajo de Galaxia Gutenberg, pero con un espíritu divulgativo y cercano al lector. Aquí caben desde clásicos modernos como Whitman, Leopardi, César Vallejo, W.H. Auden o Sophia de Mello Breyner a poetas de lengua española como José Ángel Valente o Blanca Varela, pasando por inclasificables como Joan Brossa. Se trata, en suma, de seguir celebrando la poesía como una función de la vida y un regalo de la imaginación, de ese entusiasmo crítico que no se resigna a dejar el mundo como lo encuentra.
 
Arrancamos con una pequeña selección de siete poemas fundamentales de Walt Whitman (Canto de mí mismo y otros poemas) en la traducción de Eduardo Moga, el libro póstumo y quizá más conmovedor de José Ángel Valente (Fragmentos de un libro futuro) y la entrega más reciente del poeta canario Andrés Sanchez Robayna (Por el gran mar). Y hemos seguido con Joan Brossa (Me hizo Joan Brossa) y breves selecciones de Leopardi (Dulce y clara es la noche), Sophia de Mello Breyner (Lo digo para ver), Auden (Cuarenta poemas) y Blanca Valera (Y todo debe ser mentira).
 
Los dos títulos más recientes son una nueva edición de Poemas humanos, de César Vallejo, con prólogo de Julieta Valero, y la versión española de La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge, un clásico del romanticismo y la literatura gótica, a cargo de Jaime Siles.
 
 
Jordi Doce (Gijón, 1967) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctor en literatura por la Universidad de Sheffield con una tesis sobre la influencia del romanticismo inglés en la poesía española contemporánea, base de su ensayo Imán y desafío (IV Premio de Ensayo Casa de América, 2005).
 
Ha publicado siete poemarios, entre los que destacan Lección de permanencia (Pre-Textos, 2000), Otras lunas (XXVIII Premio Ciudad de Burgos, DVD Ediciones, 2002) y Gran angular (DVD Ediciones, 2005). Posteriormente han visto la luz No estábamos allí (Pre-Textos, 2016; mejor libro de poesía del año según El Cultural) y la antología En la rueda de las apariciones. Poemas 1990-2019 (Ars Poética, 2019).
 
En prosa ha publicado los libros de notas y aforismos Hormigas blancas (2005) y Perros en la playa (2011), los ensayos La ciudad consciente (2010), Las formas disconformes (2013) y Zona de divagar (Vaso Roto, 2014), el volumen de artículos Curvas de nivel (Isla de Siltolá, 2017) y el libro de entrevistas Don de lenguas (Confluencias, 2015). Fórcola Ediciones acaba de publicar La vida en suspenso. Diario del confinamiento.
 
Ha traducido la poesía de W.H. Auden, Paul Auster, William Blake, Lewis Carroll, Anne Carson, T.S. Eliot, Ted Hughes, Charles Simic y Charles Tomlinson, entre otros, así como la prosa de Thomas de Quincey y John Ruskin. En los últimos años han aparecido Libro de los otros (Trea, 2018), que reúne las traducciones comentadas de poesía que ha ido dando a conocer en su blog, y el volumen de crítica La puerta verde. Lecturas de poesía angloamericana (Saltadera, 2019).
 
Fue lector de español en las universidades inglesas de Sheffield (1993-1995) y Oxford (1997-2000). Actualmente reside y trabaja en Madrid como traductor, profesor de escritura creativa y coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg.
 
Para más información sobre la editorial, podéis hacer click aquí:

martes, 2 de marzo de 2021

5 POEMAS DE SASHA REITER DE SOBRECARGA SENSORIAL (NEW YORK POETRY PRESS)



FUGA


Anoche soñé que pintaba con Carl Jung.

Lo peor de pasar una tarde con Carl es que reirá mientras

lanza

una mano sobre tu cabello, rompiendo tu concentración,

empañando con carmín alizarina tu frente

como con perdigones de sudor,

y cuando ríe, desde el fondo de su esófago,

puedes oír su teoría sobre el inconsciente colectivo,

justo al salpicar de su lengua,

justo al adherirse a tu autorretrato,

manchando los finos trazos con un alquitrán profundo

que comienza en el centro, escurriéndose, empapando

todo el lienzo,

una cacofonía de sonidos desde el interior del hueco,

alargándose hacia afuera, semejando en algo la marcha

fúnebre

del segundo movimiento de la Heroica de Beethoven,

y, sin que importe el nunca haberla oído,

tú conoces el sonido del negro medianoche corroyendo la

abertura

que perfora la caricia llana del blanco titanio,

la pintura paralela a tu pupila mientras las vibraciones

sacuden la cáscara de huevo alrededor de tu cerebro,

retardando el aroma de la canción que se torna espesa

como un jarabe demasiado dulce,

filtrándose desde el centro,

llegando a una habitación de tonos rosados,

no del todo carne humana, más como la piel de una fruta,

no del todo una manzana,

tal vez una ciruela convirtiéndose en durazno,

donde convergen líneas invisibles,

donde el inconsciente colectivo de Jung 

te dice que algo espera en la densa pintura negra,

y en el resto de la habitación,

una orquesta llena el morado Van Dyke,

ya desvaneciéndose en granate, casi sillas;

la orquesta está ordenada en filas de músicos sin rostro,

y Jung se para detrás de ellos con confianza,

y tú apenas reparas en él mientras cada músico alza su

instrumento,

monstruosas combinaciones de cuerdas y latón,

húmedas cañas y teclas de marfil;

nadie tiene suficientes bocas o dedos para su equipo,

y puedes escuchar, a través del colectivo,

que nadie está tocando nada con sentido por si mismo,

mientras intentas enfocarte en un sonido a la vez,

notas que cada miembro de la orquesta está tocando

su propia pieza diminuta de la sinfonía de Beethoven,

cada uno tocando esa pieza de manera algo incorrecta,

y juntos crean música que se está despedazando;

cada pieza amplificada por la siguiente,

los sonidos pulsan a medida que tus oídos sangran,

pero Jung te entregará un pañuelo para tus oídos

y admitirá que el colectivo existe

en las partes más tranquilas del cerebro

y, solo una que otra vez, trata de hablar directamente,

tal como lo hace regularmente para una persona tan

enferma,

y señalará tu retrato.

Él se pondrá serio y dirá,

así es como suena ser ultrajado por el universo.



DEPRESIÓN (O) CURA PARA LA EMOCIÓN


Te diré algo que ayuda:

Coge una manta, de al menos 2-3 cms de grosor, y

dóblala por la mitad.

Debe ser grande, tenlo presente,

diría de uno a dos metros.

Lo siguiente que debes hacer es encontrar el dolor.

Para mí, generalmente es en el estómago, pero digamos

que esta vez

está en algún lugar de tu cerebro, tal vez esté justo donde

este se divide en dos, a lo largo del pliegue,

donde los vasos sanguíneos se dan de puñetazos por falta

de comunicación.

Luego, envuelve dicha manta alrededor del pliegue

cerebral,

la cabeza puede ser mas manejable. Cubre la herida.

Envuélvela una o dos veces y mantenla apretada.

Sigue apretando. Sigue apretando hasta que tu cabeza se

sienta mareada

y tus dedos queden esculpidos en el sitio,

sosteniendo la manta, hasta que tu cerebro deje de

funcionar,

hasta que sientas la herida luchando por salir,

pero sostienes esa manta mas allá del punto de salud,

sostienes esa manta hasta que tus brazos

se desprenden y no puedes sentir ya nada en absoluto.

Sostienes esa manta hasta que no hay mas manta o

pliegue

en el cerebro o la cabeza o en ti y nunca más tendrás que

sostener

nada ni sentir nada otra vez,

y mucho menos un dolor en tu cabeza.



SOBRECARGA SENSORIAL


Esta Receta de “Súper Café” está Dejando Aturdidos a

los Médicos.

Paquetes de cruceros para Alaska: 50% menos.

Sentarse en exceso está matando lentamente a los

oficinistas de los Estados Unidos.

Reduce la inflamación con CBD, derivado del cáñamo,

mientras

buscas tu épica aventura turística.

¿Por qué la Antártida es la opción OBVIA?

¿Estás usando q-tips? Es muy probable tengas los oídos

sucios por dentro.

CBD y sus comprobados beneficios para la salud

revelados

por un singular truco de carburo que quema hasta 1

LIBRA por DÍA.

Alaska... un lugar como ningún otro que antes hayas visto.

Prevén y trata el hongo de las uñas con esto:

Los distribuidores despejan en el acto tus uñas

descoloridas,

que podrían infectarse por tu intento de ser más activo

ante la pavorosa e inspiradora belleza de Alaska

y mejorar la iluminación de tu garaje o de tu espacio de

trabajo,

lo cual es una solución permanente a los paquetes de

cruceros de último minuto

desde tu carro equipado con tu fijo pedido de escritorio!

Pero debes tener cuidado, la baja testosterona se está

apoderando de tu hombre.

¿Buscas un elevador de escalera para tu hogar?

¿Buscas un elevador de escalera para tu cuerpo?

¿Buscas un crucero para cualquier parte menos para acá?

¿Buscas algo para quitar el dolor?

¿Todo eso junto?

¿Completo?




¿SOY DEL BRONX?


Si el Bronx es una pendiente de historias de amor

contadas en lenguas diferentes,

entonces South Riverdale y Kingsbridge eran

donde aquellas lenguas se envolvieron a mi alrededor.

Pero Riverdale no es el Bronx, dice él.

Kingsbridge es una bachata que irrumpe

por tu ventana a las 2AM.

Policías morenos llorando en el espacio

entre su corazón y su cadera.

Muchachos morenos que traen cuchillos a la escuela

porque los matones odian a los maricas.

Un tipo flaco y gris acechando bajo la sombra de ladrillos

tostados,

ofreciéndome paquetitos de cocaína.

A los 15, yo comprándole a un desamparado cocaína por

10$.

Es el depravado que sigue a esa niña de 12 años,

silbándole suavemente a su trasero.

Es un coquito frío en un caluroso día de verano.

Alargadas cuadras de familias que se mezclan,

cantando y bailando toda la noche a pesar de las canaletas,

debido a las canaletas.

Canaletas que se llenan con el agua de los grifos de

incendio

para trocar un lugar de dolor en un parque acuático.

Son los niños, las mamás y las titis

quienes no lo llamarían un lugar de dolor.

Crecí al fondo de Riverdale,

en la cima de la colina que se derrite en Kingsbridge.

Crecí en parques blancos,

con noches silenciosas envueltas por familias judías

cada vez más enojadas con aquellas madres morenas 

como la mía que allí se mudan,

donde la gente de Kingsbridge trabajó duro

para que sus hijos crecieran,

preguntándole a mi mejor amigo

por qué no me dejaba visitar su casa,

observando a los rabinos hablar con desprecio a los

judíos

demasiado pobres como para pagar la membresía de la

comunidad.

Quizás Riverdale ya no sea el Bronx,

pero he pasado noches bailando al compás de esa bachata

de las 2 AM

retumbando desde un automóvil estacionado.

He probado la dulzura de esos coquitos

y las lágrimas de agua salada

de las madres que rezan de noche a un Dios indiferente,

secretamente estadounidense

quien mantiene cerradas las puertas del puente.

Quizás no soy del Bronx,

tal vez soy el hijo involuntario

de un acto de amor cultural

tan lleno de violación y cariño, que me permite marcar las

líneas

de dónde termina mi Bronx y de dónde comienza.



PALADAR IMPOSTOR


Hace 15,000 años, año más año menos,

mi familia puede o no haber cargado arroz

sobre sus espaldas en hielo, lodo y piedra

para llegar a campos sin sangre

para empujar aquellas pequeñas semillas

al fondo por debajo del aliento de la tierra

para comerse su botín durante 15,000 años,

año más año menos.


Mi profesor de color se refirió a mí

como estudiante de color una vez y

yo no estaba seguro de qué hacer con este título.

La primera generación en mí quiso brotar una lágrima,

pero sabía que me estaba otorgando un honor

que no podría ostentar.

Yo sabía que no era así.


Sabía que mi bisabuelo fue lo suficientemente inteligente

y afortunado para dejar su vida, familia atrás.

Llevar el peso de su linaje muerto, sus padres,

un yunque en su espalda,

tinta negra quemada sobre brazos

ya incapaces de alcanzarse unos a otros.

Pero no los brazos del hombre cuyo nombre no me he

ganado.

Corrió veloz con fantasmas

de la roja Rumania al rojizo Perú

y conoció a una hija de caminantes de arroz.

Mezclaron su sangre, jodieron la mía,

confundieron mis lenguas.

Los rumanos comen papas y pan.

Su nieta se escapó de casa.

Se llevó una mochila azul de nilón repleta

de ropa y sueños a Jerusalén.

Allí conoció a otro velocista, blanco con rizos de oro.

Los argentinos son los europeos de América Latina.

Su gente también corrió.

Por qué la pareja corrió junta a la tierra de la esperanza

rota,

de la metralla de expectativas empapadas de sangre

caliente

mohicana, japonesa, y pronto latina-


Yo no puedo ser de color con piel pálida,

sangre colonizada, refugiada y mas blanca que morena,

castellano que me cuesta.

Yo no soy de color porque 15,000 años de color

viven en el arroz que no como,

año mas año menos. 



Sasha Reiter nació en la ciudad de Nueva York en 1996. Creció en el Bronx, donde como hijo de padre argentino y madre peruana, experimentó en carme propia la otredad metafórica de ser latino y judío al mismo tiempo. Recibió su Bachillerato en Literatura Inglesa y Creación Literaria en Binghamton University (2018). Pasó un semestre en Londres estudiando historia y cultura de Inglaterra. Ha publicado los libros de poemas: Choreographed in Uniform Distress/Coreografiados en uniforme zozobra (Nueva York: Artepoética Press, 2018; y Lima: Grupo Editorial Amotape, 2a edición, 2018) y Sensory Overload/Sobrecarga sensorial (New York Poetry Press, 2020).