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sábado, 3 de diciembre de 2016

SEGUNDA EDICION DE NOVELA POLICIAL DE ISAAC GOLDEMBERG PUBLICADA EN NUEVA YORK

Sudaquia Editores, con sede en Nueva York, acaba de publicar la segunda edición de Acuérdate del escorpión, novela del escritor peruano Isaac Goldemberg, que ha sido publicada también en traducción al inglés e italiano. 

Desentrañar dos misteriosas muertes ocurridas en Lima —la de un ex capitán del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial y la de un anciano judío—  es el encargo que recibe el capitán de la policía Simón Weiss, secundado por el teniente Katón Kanashiro. La investigación transcurre en seis días, dentro de una atmósfera inquietante y opresiva: el país está gobernado por una dictadura militar y vive las secuelas del devastador terremoto de junio de 1970, así como la participación de la selección peruana en el Mundial de Fútbol que se está celebrando en México. 

Según la laureada escritora mexciana Margo Glantz, “Acuérdate del escorpión es una obra delirante, paródica, eficaz. En un muy breve espacio y a gran velocidad, aprendemos que el amor es dulce y desgraciado como en los boleros y valses sentimentales. Y que los sueños son en realidad profecías porque desde la primera línea de la novela se nos advierte  que ‘los hechos venideros habían comenzado a proyectar su sombra’”.

Asimismo, el escritor argentino Mempo Giardinelli, Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, afirma que “En la la trama jugosa y fascinante de Acuérdate del escorpión vuelven a brillar la imaginación y la prosa firme de este gran escritor peruano”. 

Por su parte, el crítico peruano Ricardo González Vigil afirma que “Acuérdate del escorpión es una novela negra que nos sumerge en las tinieblas del corazón humano y que muestra también el engranaje corrupto del poder económico (entremezclado con el político) que estorba e, incluso, impide la acción de la justicia. En las últimas décadas, abundan en el Perú e Hispanoamérica las novelas negras; empero, pocas poseen la consistencia artística de Acuérdate del escorpión.


Isaac Goldemberg. Acuérdate del escorpión (Nueva York, Sudaquia Editores, 2016).

Por Lydia M. Gil
Universidad de Denver, Colorado.

La narrativa de Isaac Goldemberg tomó un giro radical con la publicación de Acuérdate del escorpión, novela recientemente reeditada por Sudaquia Editores, con sede en Nueva York. En lugar del gran formato de sus novelas anteriores, la contundencia de sus propuestas identitarias y su prosa híbrida y fragmentada, el texto se destaca por un innegable corte popular y melodramático. Recibida por la crítica como exponente ejemplar del género noir, la novela parece ajustarse mejor a las convenciones del subgénero neo-noir por la ironía y autodesconfianza que exhibe.
Acuérdate del escorpión tiene como protagonista al detective Simón Weiss, quien, a pesar de ser brillante en sus investigaciones y honesto en su cotidianidad, es también autodestructivo, depresivo y taciturno. El protagonista antiheroico no es la única característica del género noir presente en el texto, ya que también se evidencian las acciones abruptas y violentas, la preferencia por escenarios distópicos, las femmes fatales, el diálogo escueto y rápido, humor fatídico, pesimismo, reticencia e inconclusividad.
El subgénero "neo-noir" conserva muchas de estas características, incluidas la obsesión por lo grotesco, ansiedades sobre la masculinidad y un hastío existencial, pero al mismo tiempo que reelabora los códigos del noir, los parodia y desmitifica mediante un intenso uso del melodrama. Acentuado por las descripciones cinematográficas, cortes, iluminación, pasajes sentimentales e intervenciones musicales--características presentes en el texto de Goldemberg--el melodrama cumple la importante función de destacar la ironía, lo cual a su vez problematiza la labor interpretativa, sobretodo en una novela que deshace sus aparentes propuestas. A diferencia del género policial o detectivesco, aquí no es la razón ni el intelecto lo que lleva a la resolución de los casos, sino el instinto y el azar.
La acción se desarrolla durante seis días --lo cual presenta posibles referencias bíblicas y políticas-- en junio de 1970, justo después del terrible terremoto que devastara el norte del país. A Weiss le han asignado investigar el caso de un japonés asesinado de modo aparentemente ritual en un billar del centro antiguo de la capital. Aunque Weiss insiste en trabajar solo, le imponen de compañero al joven teniente Katón Kanashiro, quien, al igual que Weiss, pertenece a una de las minorías étnicas de Perú. Un segundo crimen complica la trama, esta vez un judío sobreviviente del Holocausto que se hospedaba precisamente en la pensión de los padres adoptivos de Weiss. Las víctimas paralelan la herencia étnica de los investigadores, despertando la sospecha y monomanía en ambos. Los dos crímenes que, inicialmente parecían inconexos, comparten móviles que se remontan a crímenes contra la humanidad cometidos durante la segunda guerra mundial. Son estos sucesos los que, como temblores secundarios de un gran terremoto, continúan causando estragos entre generaciones subsiguientes a pesar del tiempo y la distancia. La trama también complica los conceptos de justicia y venganza, cuestionando tanto el significado como la pertinencia de ambos como respuesta a la atrocidad.
El neo-noir, a menudo poroso y difícil de definir, le permite a Goldemberg en este texto innovaciones temáticas que constituyen un nuevo giro en la producción cultural judeolatinoamericana, ya que la identidad--tan central a los textos de su generación--parece autodestruirse bajo la ironía característica del subgénero. En Acuérdate del escorpión más pesa el azar que el intelecto, la venganza que la justicia, y la desilusión que la esperanza, pesos que a su vez parecen disiparse bajo el manto del melodrama.



martes, 8 de noviembre de 2016

Un feliz debut: El aire que corta la piel, de Julio Fabián, por Christian Doig

El primer libro de cuentos de Julio Fabián es un volumen marcado, cómo no, por la poesía. En sus relatos se despliega una fineza de observación y una ironía sobre la realidad que, lejos de transmutarla en espacios de grisura y mezquindad, la despoja de penumbra y la dota de una generosa humanidad. Por eso creemos que, en casi los antípodas de un Julio Ramón Ribeyro –importante narrador con quien ha sido comparado--, Fabián otorga a la materia realista con la cual trabaja esa calidad sublime de la que solamente la sabiduría de los elegidos por la poesía es capaz de desprenderse en su mirar lúcido y penetrante.

Así, desde el primer relato que conforma el volumen, la desesperanza y la violencia producen una música henchida de fragancia gracias al arte de una palabra que, en algún modo, ha renacido con la fuerza intensa del verso. De hecho, en “La venganza de las orquídeas” el lector podrá encontrar inmediatamente pruebas de lo que afirmamos, debido a esa estructura nada superficial y totalmente espontánea con la cual se desenvuelve en un perfil eminentemente trágico, en el sentido que ahora esta palabra posee pero también contando con ese aspecto más primigenio en que los azares de la fortuna y la justicia poética del destino cumplido sobre el papel subliman y trascienden cualquier avatar caótico y absurdo de la cotidianidad. En este caso, el asunto aborda las circunstancias existenciales de un chofer de mototaxi en uno de los tantos distritos pobres de la Lima contemporánea. El incidente en que Reutilio se ve envuelto, con esa ceguera del instinto de supervivencia desbordando cada elemento adverso de la realidad para al mismo tiempo hundirlo en lo más obscuro de ella misma, es el centro de una trama que abre perfectamente el libro con su poder de empatía y capacidad para sugerir las más hondas miserias y alegrías del ser humano.

Título aparentemente menos poético y sin duda intrigante, el cuento que sigue, “El olor no es blanco”, es un texto transido de la ironía --y el sentimiento lírico para expresarla-- apuntada líneas arriba. En el lenguaje acerado y dúctil que domina el conjunto, la manera, la forma, a través de la que el lector recibe la anécdota de esta narración en clave de suspenso y progresivamente jocosa es uno de los mejores ejemplos del control que el autor demuestra sobre su material, ya que se trata, ciertamente, de un acierto técnico en la mejor tradición del género consagrado por Maupassant y Hemingway. Solamente hay que observar cómo empieza el relato, con un punto de vista cuya subjetividad virtualmente se objetiviza y en cuyo aliento hallamos un homenaje oportuno y digno de "Las babas del diablo”, de Cortázar. Pero es en la evolución minuciosamente orquestada de los eventos concernientes a un pequeño traficante de cocaína en su periplo europeo, y, especialmente, en ese remate tan certero como genial, en una sola concentrada oración que es una verdadera confesión, que triunfa el arte del bien contar. No obstante todo ello, la calidad de Fabián como narrador no puede ser contenida por los límites de la pericia compositiva, evidentemente, y en “El olor no es blanco” hay algunos de los momentos más inolvidables del volumen, debido a lo universal de su lucidez y capacidad de intuición.

“El aire que corta la piel” es un relato sobre el destino, que además vuelve a los escenarios de pobreza social inaugurados en las primeras páginas del libro, pero combinándolos con la diacronía del inesperado ascenso material. Su protagonista es uno de los personajes más completos de Fabián, quien recrea en él con fidelidad extraordinaria algunas de las incertidumbres y actitudes del ciudadano limeño. La trama lo conduce de los cerros y el hambre de su niñez a la opulencia súbita y el silencio cómodo, dentro de un ámbito moral que, asimismo, hace eco del contexto también descrito en “La venganza de las orquídeas”: David vende su alma, por así decirlo, a cambio del bienestar que tanta falta le hizo a él y a los suyos en el pasado, la satisfacción de cuya necesidad es más que suficiente testimonio de su carácter esencial en un presente que parece la culminación misma de la vida. La habilidad con que Fabián hace uso de diversos recursos para dotar de verosimilitud y persuasión a su prosa la acerca, en éste y otros cuentos, al roman a clef que en el mundo y el Perú ha tenido cultores tan distinguidos como Capote y Vargas Llosa, con dignidad incontestable, en el que es sin duda uno de los textos más complejos de El aire que corta la piel.

“L’insegnante” exhibe la particularidad de aproximarse a la intimidad psicológica femenina, en una historia que rastrea el misterio más recóndito de una vida. La directora de colegio protagonista es una personalidad asertiva que esconde las heridas de un pasado que, otra vez como en anteriores y posteriores cuentos del volumen, la obligó a aceptar un pacto con el mundo, a asumir un compromiso, el cual, en su caso, ha quedado aferrado a sus ansiedades y miedos aun cuando hace tiempo que dejó atrás aquella situación. El narrador, con lujo de detalles en un tour de force de admirable empatía hacia el personaje y su experiencia, inclusive indaga en los mecanismos del inconsciente, mediante un contrapunto de voces paralelas que sutilmente y haciendo uso del recurso del dato escondido o elíptico, nos convierte en privilegiados partícipes de un periplo vital que tiene, por otro lado, bastante o mucha similitud con la novelística de Henry James y sus relaciones sobre americanos expatriados en Europa.

Junto con “El aire que corta la piel”, el relato corto más largo del libro es “Análisis de la piedad”, un texto que nos sale al paso con una gama fascinante de contactos con la reciente historia del Perú y con la capacidad de verosimilitud casi documental propia de la mejor literatura realista de nuestros días. En este legítimo drama de las calles, Fabián toma el material que le aportan hechos tan sensacionales como los del cierre del centro comercial La Parada y continúa su inmersión bajo la piel del ciudadano acuciado por la escasez y la falta de horizontes en la sociedad limeña, dejando al paso una oportuna crítica de los medios de comunicación. El estilo que signa a este cuento en particular es el de un tono épico que jamás pierde de vista la perspectiva honesta, llena de irónica humanidad y sencillez, de sus protagonistas. De esta manera, Fabián crea una pequeña novela política, una parábola del empuje de la supervivencia y los estallidos de la violencia en los sectores marginales de la metrópoli, siempre con un cuidado aspecto formal, que incluye el recurrente uso del habla popular o aun lumpenesca, entre otras técnicas que el autor aprovecha sabiamente. Se trata, en fin, de un verdadero ensayo narrativo sobre la resiliencia humana, adentro del cual se aglomeran como en tropel todas las contradicciones y todos los vicios en una epidermis artística de factura impecable --acaso la piece de resistance del libro.

En “Asalto a la memoria” regresamos a una tónica más intimista. El protagonista del cuento enfrenta las mezquindades de su vida presente, que es prácticamente una batalla cotidiana contra los obstáculos del sistema económico, a través del agridulce prisma del pasado más bien remoto: él era, a sus quince años de edad, el cómplice de las aventuras extramaritales de su padre, un hombre afable y encantador que se había involucrado con una estudiante universitaria, circunstancia que el resto de la familia desconocía. Como siempre, el autor pergeña minúsculas joyas de orfebrería de raigambre poético-filosófica, y el texto se desenvuelve adecuadamente --aun con la penetración psicológica y algunos de los aciertos técnicos observados en las narraciones previas--, pero es, a nuestro juicio, la historia menos atractiva y más apocada en sus alcances estéticos entre todas las del conjunto.

Afortunadamente, la pieza que sigue a continuación, “Te quiero como a mi pitbull”, es nuestra favorita. Con mucha ternura, y mediante un relato elíptico, se describe la situación doméstica de una pareja signada por un accidente misterioso y, sobre todo, el amor de él hacia la perrita que ella le regaló. El animal aparece, eventualmente, como aquello que, en su presencia o ausencia, en su agresividad o conducta insólita, resolverá el conflicto básico del amor romántico. No obstante, el mérito de Fabián consiste en mostrar la naturaleza de Finlandia sin alejarse de lo objetivo, y, más bien, contraponiendo aquélla a la torpeza humana que encasilla y etiqueta inescrupulosamente a los perros “de raza”. El lenguaje del cuento es, además, de una fluidez armoniosa, una suavidad en la expresión que toca los detalles del asunto sin aspavientos, tan sólo como el flujo de consciencia que domina a la voz del narrador en este sutilmente conmovedor homenaje al más fiel amigo del hombre.
El texto que cierra el volumen, “El almacén”, comparte el tono casi relajado del anterior, además de centrarse en el punto de vista de la vendedora de ropa que lo protagoniza, en un retorno al ángulo excepcional que dominaba el relato de “L’insegnante”. En el caso de “El almacén”, no obstante, se trata de una situación con mucho de ironía y jocundia. La visita de un individuo arrogante y sin mayor tacto social al comercio donde trabaja la rotunda heroína de esta farsa citadina, personaje cuya asertividad femenina es más bien la de la juventud y la certidumbre de ser atractiva para el sexo opuesto, constituirá el principal evento de una trama que refleja la intensidad del ritmo propio de nuestros días. 

Sin lugar a dudas, El aire que corta la piel es un logrado debut cuentístico, rezumante de poesía en dos precisos sentidos complementarios: el del poeta que concibe la narración desde la música y el lirismo de una prosa casi poética, y el de la poesía de la vida, que en su caso engloba al género humano privilegiando la experiencia de los humillados y ofendidos que residen bajo el cielo limeño en un abanico de situaciones límite. Es un libro, por eso, lleno de desesperanza y soledad, pero también de una increíble dosis de optimismo, escrito con una ya cuajada madurez que está a la espera del lector perspicaz y atento.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Congreso de homenaje a Blanca Varela: del 28 al 30 de setiembre en Casa de la Literatura Peruana

Del 28 al 30 de setiembre 2016, en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima), se realizará el Congreso Internacional Palabras para un canto: homenaje a Blanca Varela, el cual conmemora los 90 años del nacimiento de la poeta peruana más importante del siglo XX. El ingreso es libre sin necesidad de inscripción.

Este evento reunirá a destacados investigadores que analizarán la obra de la autora homenajeada desde su etapa formativa, así como los rasgos y marcas presentes en su poesía. Participarán: Eva Guerrero (España), así como los académicos Luis Rebaza Soraluz, Víctor Vich, Susana Reisz, Ana María Gazzolo, Yolanda Westphalen, entre otros destacados investigadores. Además, poetas como Carmen Ollé, Victoria Guerrero, Rossella Di Paolo, Rosina Valcárcel, entre otras autoras.

Asimismo, el miércoles 28 de setiembre, a las 5:00 p.m., se realizará la presentación del libro Poesía reunida 1949-2000, que recoge la producción poética de Blanca Varela y que ha sido editada por Casa de Cuervos y Librería Sur, el cual podrá ser adquirido ese día por los asistentes al congreso. Como cierre, el viernes 30 de setiembre, a las 9:00 p.m., se presentará  la performance Aquello que será, una puesta de danza contemporánea dirigida por Cecilia Borasino inspirada en la poesía de Blanca Varela.

Este evento se realiza en el marco de la exposición Presentimiento de la luz. Vida y obra de Blanca Varela, la cual por primera vez muestra al público el archivo personal de esta gran escritora. La muestra estará abierta al público hasta diciembre y puede ser visitada de martes a domingo de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. Ingreso libre.

PROGRAMA:
http://www.casadelaliteratura.gob.pe/wp-content/uploads/2016/09/Programa-Congreso-Blanca-Varela-Setiembre-20161.pdf

Invitación presentación Memorias de un perro iraquí, de Abdul Hadi Sadoun

En este año de 2016, año del centenario del genial escritor
Miguel de Cervantes, queremos rendirle homenaje con
una de las obras que recoge su recepción en el mundo
árabe con una de las novelas más sobrecogedoras del
famoso poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun.

Líder, un galgo afincado en las orillas del Tigris, ve la
vida de un solo color: el color indescriptible de la guerra.
Memorias de un perro iraquí es un homenaje al genial
escritor Cervantes en una historia estremecedora que
narra la cruel realidad que sobreviene a las dictaduras y
a los periodos de entreguerra.
Esta fábula indaga en la profunda dimensión del ser
humano, con sus instintos más básicos como el odio,
la rabia y la tiranía, y sus emociones más elevadas como
la compasión, la amistad, el amor... Así, esta desoladora
historia humaniza a los animales y animaliza a las
personas en un escenario en el que la única esperanza es
la libertad y el pasado el único lugar donde vivir.

martes, 13 de septiembre de 2016

Invitación para conmemoración del vigésimo aniversario de Guaraguao y presentación de los Nos. 51 y 52. Casa de América. Miercoles 14 de septiembre.19.00 h.


Miércoles,  14 de septiembre de 2016 19.00 h.

Conmemoración del vigésimo aniversario y presentación de la revista

Guaraguao. Revista de Cultura Latinoamericana
Números 51 y 52

Participantes

Antonio Gamoneda, Premio Cervantes
Rocío Oviedo Pérez de Tudela, Catedrática de literatura hispanoamericana de la Universidad Complutense de Madrid
Vicente Cervera, Presidente de la Asociación de Hispanoamericanistas de España
Carmen Ruíz Barrionuevo, Catedrática de literatura hispanoamericana de la Universidad de Salamanca
Mario Campaña, Director de la revista Guaraguao.

Y desde el atril leerán textos los escritores e investigadores

Marcos Canteli,  Ana Gorría, Eva Guerrero,                
Juan Castro y Velázquez, Juan Carlos Chirinos
y Bruno Montané
                                                                                                                         



Madrid. Poesía. Líneas de fuga, número 51

Este es un monográfico que gira en torno a Madrid de forma paradójica y descentrada: abre más preguntas que cierra, asume la irreductible multiplicidad de sus manifestaciones poéticas, mira desde referentes que desbordan los criterios territoriales y propone lo que tradicionalmente se consideraba extranjero —en especial lo latinoamericano— como uno de sus componentes inalienables. Madrid es un nudo en la red de poesía en el que se cruzan una gran cantidad de hilos.  Aquí aparecen artículos y poéticas debidos, entre otros, a Antonio Gamoneda, Miguel Casado y Antonio Méndez Rubio. La sección de inéditos reúne respuestas creativas igualmente personales de diez poetas separados por un arco cronológico de casi veinte años (de Antonio Cordero a Ignacio Miranda). Este mapa se extiende a otros nombres y otras ideas y, como quieren sugerir las dos muestras de obra plástica aquí recogidas (de Beatriz Ruibal y Pedro Núñez), también por otras disciplinas, tal vez diferenciables, pero en absoluto ajenas al devenir de la poesía.    

Poetas e intelectuales de la Independencia, número 52

La época de la Independencia ha sido un momento en el que han surgido importantes escritores apenas visibles en la actualidad. Nos parecía que Guaraguao debía publicar un número, y muy posiblemente dos, que recogieran algunos estudios acerca de autores como Bolívar, Mariano Melgar, Camilo Henríquez y otros, y al mismo tiempo recuperar las obras desconocidas de estos intelectuales olvidados.  Por otro lado se completa con dos importantes secciones, una dedicada a textos recuperados de la época de la Independencia que está dedicada a Olmedo, para lo cual se cuenta con un importante colaborador de Guayaquil que aportará una serie de documentos de gran valor; y también se recuperá un trabajo de Jorge Edwards sobre la figura de Andrés Bello. En la última sección se dan a conocer los últimos descubrimientos acerca de la obra de Salomón de la Selva.  




Entrada libre hasta completar el aforo
c/Plaza de Cibeles s/n 28014 Madrid
T. 915954800
www.casamerica.es
@casamerica

lunes, 12 de septiembre de 2016

I Concurso de Poesía Quechua “Katatay” 2016


Dirigido a estudiantes quechuahablantes
de pregrado

CONVOCATORIA

La Cátedra de Lengua Quechua de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con la finalidad de promover la creación literaria en lengua quechua convoca a los estudiantes quechuahablantes de pregrado de las universidades del Perú, a participar en el I Concurso de Poesía Quechua “Katatay” 2016 a realizarse en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM, en la ciudad de Lima.

BASES

Primera: Los participantes en el  I Concurso de Poesía Quechua “Katatay” 2016 deben ser estudiantes quechuahablantes de pregrado de nacionalidad peruana pertenecientes a una universidad del país. Las obras deben ser inéditas y estar escritas en lengua quechua. No podrán participar los alumnos que pertenezcan a algún órgano de gobierno universitario.

Segunda: Cada estudiante presentará tres poemas con un máximo de 30 versos por cada uno, en formato A4 a doble espacio. El tema es libre.

Tercera: Se debe enviar cuatro cuadernillos cuyas hojas deben estar numeradas y engrapadas dentro de un sobre cerrado. En cada cuadernillo debe constar el seudónimo del concursante.  Dentro de un sobre adicional se ubican los datos básicos del estudiante: nombres y apellidos completos, DNI, dirección domiciliaria, teléfono, correo electrónico y copia simple del reporte de la matrícula vigente. Fuera de este sobre se escribe el nombre del concurso y el seudónimo del participante.

Cuarta: Los textos tienen que ser entregados en forma impresa en un sobre sellado dirigido a la siguiente dirección:

Cátedra de Lengua Quechua de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Calle Germán Amézaga n.° 375 (Ciudad Universitaria, puerta n.º 3), Lima 1.

Quinta: El cronograma del concurso es como sigue:

Convocatoria: 30 de agosto.

Recepción: del 30 de setiembre al 31 de octubre.
Fallo del jurado: 21 de noviembre.
Ceremonia de premiación: 16 de diciembre.
Para quienes envíen por correo postal, se considera la fecha consignada en el sello del sobre.

Sexta: Los premios son los siguientes:

 Primer puesto: S/. 1 000 (mil soles) y diploma de honor
Segundo puesto: S/. 500 (quinientos soles) y diploma de honor
Tercer puesto: diploma de honor
Séptima: Los poemas de los tres primeros puestos y de las menciones honrosas que el jurado tenga a bien adjudicar serán publicados por la Cátedra de Lengua Quechua.

Octava: El jurado calificador estará conformado por especialistas del área.

Novena: Las obras que no han sido premiadas podrán ser recogidas en un máximo de 30 días después del fallo del jurado calificador. Luego de este plazo no se podrán reclamar.

Décima: Los participantes, al momento de presentar sus trabajos al concurso, aceptan todas las normas estipuladas en la base.

Lima, agosto de 2016.

Fuente: https://hawansuyo.com/page/2/

Luciana A. Mellado: “Los vocablos ‘cuerpo’ y ‘palabra’ son verdaderos okupas en el nido de mi conciencia”, Entrevista realizada por Rolando Revagliatti

Luciana Mellado nació el 3 de marzo de 1975 en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y reside en la ciudad de Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut. Es Profesora y Licenciada en Letras, por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, así como Magister en Literaturas Española y Latinoamericana, por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora y profesora en la carrera de Letras de la UNPSJB, en la sede de su ciudad. Colaboró con artículos en publicaciones universitarias arbitradas de Argentina, España, Nueva Zelanda, Chile y Alemania. Además de obtener numerosos premios y becas, participó como expositora y como poeta en congresos nacionales e internacionales. Es la compiladora de dos antologías editadas en soporte electrónico: “Máquina sur. Poesía actual de la Patagonia” (2013) y “Patagonia se dice en plural” (2015). En el género ensayo, en 2010 la UNPSJB editó su conferencia “La Patagonia y su literatura: unidad y diversidad multiforme” y en 2015 apareció su libro “Cartografías literarias de la Patagonia en la narrativa argentina de los noventa”. Poemarios publicados entre 2006 y 2014: “Las niñas del espejo”, “Crujir el habla”, “Aquí no vive nadie”, “El agua que tiembla” y “Animales pequeños”.



          1 — De “La gran aldea”, al decir de Lucio Vicente López, a la ciudad más populosa de la provincia del Chubut.

          LM — Mi madre me llevó a la Patagonia, donde ella y toda mi familia materna residían, unos meses antes de cumplir el año. Desde entonces, salvo por viajes de estudio o trabajo, vivo en Comodoro Rivadavia. Y en el mismo barrio de mi infancia, que ha cambiado bastante y a la vez permanece igual en muchos aspectos. Cuando tenía siete u ocho años comencé a estudiar piano. Hasta que cumplí los quince. En ese lapso aprendí muchísimo, aprendí de todo menos a tocar el piano. Aprendí a leer notas, a reconocer ritmos, acentos, armonía. Creo que también en parte por mi dificultad para la ejecución y aquel misterio que es para mí “tocar de oído”, ejercité de un modo muy desarrollado la memoria. Ahora, puedo recordar con precisión fragmentos de textos literarios o teóricos. Por algún motivo, siempre que tengo algún interés, claro, repito mentalmente pasajes bibliográficos y los sigo repitiendo y van quedando, así, fijados a un ritmo antes que a unas palabras.
          En esa misma época comencé patín artístico. Amaba patinar. Fui a patín por dos o tres años en un club de mi barrio. Lo que más disfrutaba era la sensación de libertad cuando tomaba velocidad, relativa porque no era un lugar lo bastante grande desde mis ojos de adulta. El aire frío entrando por la nariz y golpeándote la cara.
          Como ves, en ninguna de las actividades preferidas de mi niñez, la palabra tenía un papel central; sí lo tenían la música, en la que porfiadamente insistí, y la expresión corporal, de la que tempranamente me desprendí. En 1984 falleció de forma trágica mi abuelo materno, mi abuelo Vito, el sol de mi infancia. Y entonces mi familia se apagó un poco. No fui más a patín, pero seguí con piano. Él no alcanzó a escucharme tocar el piano porque no teníamos piano en casa, y fue unos años después que mi madre logró comprarlo en Buenos Aires, en un importante comercio que se llamaba Casa América (¿seguirá existiendo?). Cuando el piano llegó a casa fue un acontecimiento. Una amiguita del barrio insistía en no creerme, no podía ser que tuviéramos un piano. En el medio empecé a leer los libros que mi mamá me regalaba y los que había en casa, que no eran muchos pero me resultaban atractivos por las imágenes que traían. Uno se titulaba “Las maravillas del mundo”, y sí que era asombroso mirar esos paisajes tan remotos para mí. Algunos eran de la Colección Billiken, tapas duras donde predominaba el color rojo: “Mujercitas”, “Papaíto piernas largas”, “Las mujercitas se casan”, “Corazón”. Estas lecturas, ahora que lo pienso, echaron distintas semillas en mi corazón, no sé si todas florecieron. Luego vino el colegio secundario, y allí se fue fortaleciendo mi vínculo con la literatura y sobre todo con la poesía.
          Una vez, Valeria Cervero, una poeta amiga, me consultó sobre mi primer escrito literario. Ella estaba compilando una producción de poesía para niños, me invitó a participar con unos textos y necesitaba este dato para la presentación. Recordé que en un cuaderno rojo, también de tapas duras, en tercer o cuarto grado escribí un cuento sobre una nube. Le había agregado el dibujo de una nube que sonreía. Nada más. Y también recordé que la maestra me escribió algunas palabras lindas, una felicitación supongo ahora.
          Mi secundaria la cursé en un colegio universitario que está ubicado en el mismo edificio donde ahora me desempeño como profesora en la carrera de Letras. Me impacta la distinta percepción del espacio que guardo de los lugares según pasan los años.

 2 — Luego, tus carreras de grado.

          LM — Sí, en mi ciudad. Al principio de mi formación, durante un año y medio cursé en simultánea dos carreras: el Profesorado de Teatro, en el Instituto Superior de Formación Docente Artística, más comúnmente nombrado como Escuela de Arte, y el Profesorado en Letras. No me daba el cuerpo ni la cabeza para continuar con ambas, así que elegí, y elegí la literatura. Tempranamente ingresé a un equipo de investigación y desde entonces le dedico un espacio central a esta actividad. Tenía mucha curiosidad por el discurso del arte y una necesidad de practicar y encauzar mi expresividad; por eso sumé a estas dos actividades mi participación en un taller de escritura creativa, también por un lapso similar.
          Apenas concluí mi carrera, gané una beca de la Agencia de Cooperación Internacional Española para realizar una pasantía en una universidad de Tarragona. Allí estuve unos dos o tres meses colaborando en el dictado de dos cátedras, una de narrativa latinoamericana y otra de poesía argentina. Fue una hermosa experiencia, la primera vez que cruzaba el charco. Como el padre de mi abuela materna fue uno de los que vino buscando una mejor vida a principios del siglo XX a la Argentina, y fue a parar como peón de campo a la provincia de Santa Cruz, donde nació mi abuela, sin poder jamás regresar, recuerdo mucho mi llegada a España, el cielo anaranjado que me recibió y mi emoción por sentir de algún modo que era él quien volvía en mi mirada. Atesoro esa escena, y algunas clases, y los paisajes de Cataluña.


          3 — Y regresaste.

          LM — Al volver me dediqué con intensidad a mi trabajo, y a la vez resguardé disponibilidad para la escritura, hasta que publiqué mi primer poemario en 2006; desde allí y cada dos años he publicado un libro de poemas. Cada uno responde a distintos juegos expresivos y comunicativos, y a la vez son hijos de una misma necesidad que no puedo verbalizar completamente. Si tuviera que darle un lugar diferenciado a las prácticas ligadas a la literatura, diría que el primer lugar en mi preferencia lo tiene la lectura, luego la escritura y luego la socialización de textos.

          He participado en diversos encuentros de poesía. Uno de los primeros, en 2009, fue el Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires. En una de las actividades, algunos de los poetas fuimos a la cárcel de mujeres de Ezeiza. Me resultó impactante. Recuerdo a Cecilia Perna, Aldo Novelli, Osías Stutman, Nicolás Rojo y Antonio Miranda. Sólo con Cecilia seguimos viéndonos con cierta frecuencia. Nos hicimos rápidamente amigas. Hubo quienes recitaron sus textos en esa ocasión. Yo no pude. Quedé muda. Me impactó ver a las mujeres, con sus hijos pequeños (varios, siendo amamantados), ahí encerradas, minúsculas en ese edificio gigante. Se me apagaron las palabras. Una de ellas compartió un poema que hablaba del disparo con que había matado a su marido. Ese poema fue esclarecedor para mí. Juro que escuché la descarga del arma. Después, en general, desprecio la endogamia literaria que se cultiva en muchos festivales. Me da sopor. Me gustan los encuentros donde se celebran los “cien colores del alma”, en palabras de José María Arguedas, y se desacraliza el asunto. Vivir en el sur de Argentina, una región periferizada (y no periférica), me viene bien, me aleja bastante de ciertas retóricas de moda y del influjo de las celebridades sacralizadas de las metrópolis. Vivir en la Patagonia me juega a favor, creo, porque no siento apuro ni obligación por leer los best seller del mercado o la crítica. El poeta fueguino Julio José Leite me explicó clarito este asunto: en el sur los poetas veíamos el mundo desde un embudo, y nosotros mirábamos por la parte inferior, por ese orificio, y por eso nuestra mirada del mundo siempre tendía a ampliarse, a ser universal. Es linda la imagen, y me parece una hipótesis atendible. 

         4 — Un año antes comenzaste a participar de un proyecto colectivo.

          LM — Ese proyecto se llama “Peces del Desierto”. Lo dirijo con Jorge Andrés Maldonado, mi compañero. Él también es poeta y docente. Como trabaja con adolescentes, en clases de literatura y talleres de derechos humanos, su experiencia ayudó a pensar, de partida, en la integración del sentido estético con el sentido formativo. Pensamos la belleza como derecho. La mayoría de los integrantes es además de artista, docente en ejercicio, por eso el grupo suma a las actividades de edición, otras de enseñanza y socialización. Nuestro lema es “poesía, agüita para tanta sed”. Es simple, varios artistas del sur argentino nos juntamos para crear y compartir prácticas en torno a la poesía. Hemos presentado decenas de libros, plaquetas literarias ilustradas, fanzines, performances, entrevistas audiovisuales a poetas y lecturas. El grupo nació en 2008 con el propósito de impulsar la participación e intervención cultural en el espacio público. El Proyecto recibió, entre otros reconocimientos, la Mención en el Concurso Nacional de Nuevas Revistas Culturales, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación (2010) y la Beca del Fondo Nacional de las Artes como Proyecto Grupal (2011). “Peces del Desierto” tiene además avales académicos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, y desde este espacio generamos planes de formación y extensión en educación por el arte y gestión cultural. También participamos en actividades de educación formal e informal. En 2013, por ejemplo, fuimos invitados a presentar el proyecto a Valdivia, Chile, en el “V Congreso Internacional de Estudiantes de Posgrado”, que tenía un subtítulo genial: “Conocimientos y saberes, ¿para quién?”. Esa pregunta siempre movilizó a este grupo, desde su formación. De algún modo su nacimiento fue reactivo, reaccionamos a una respuesta restringida a esa pregunta. Poesía, ¿para quién? Arte, ¿para quién? Creímos y creemos que es importante ampliar la destinación del hecho artístico, de naturaleza social además de estética. Ahora estamos en la organización de las “II Jornadas Binacionales de Estudios de Culturas y Literaturas de la Patagonia”, que se realizarán en septiembre de este año 2016 en Comodoro Rivadavia. De la primera actividad que realizamos guardo una imagen que no vi sino que me contaron unas amigas a los pocos días: en la parada de colectivos, unos jóvenes casi niños, sentados en la vereda de una calle céntrica, leían un tríptico de poesía. El sol caía, el viento soplaba, y ellos no movían más que los ojos. Estaban leyendo la primera plaqueta de poesía de “Peces del Desierto”, plaqueta de distribución gratuita. 


          5 — Trasladémonos un poco más lejos: a Alemania.

          LM — He leído mi poesía en el Festival “Cinco Sentidos” de Jena, en noviembre de 2015. Apenas volví a mi casa pensé en escribir la experiencia no sólo de esto sino de todo el viaje de varios meses, que fue magnífico; pero no lo hice. Leímos, junto con Jorge, en una torre medieval, cuyo nombre no recuerdo ni podría pronunciar, en el centro de la ciudad. Allí, esa noche, o tarde porque era el invierno allá, había personas que hablaban el castellano porque estudiaban en la Universidad en esta lengua. Unos colegas tradujeron al alemán algunos poemas y los proyectaban en una de las paredes del lugar. No tengo idea qué se entendió pero tampoco tengo idea nunca, más allá de la lengua, de qué entienden los otros que escuchan o leen mis textos. Y eso está bien porque la ilusión del control y de la interpretación plena es muy dañina. La poesía es escenario de libertad, el lenguaje es, como ya se dijo tantas veces, una cárcel; así que creo que jugamos, más allá de los códigos, a la libertad ese día, en las tierras donde predicó Lutero. Canté unas coplas, nada que ver, no soy cantante ni tengo buena voz, pero a veces me desubico con alguna cosa en mis lecturas, algo que viene del corazón empuja y sale; quizás es el pudor el que me empuja a ser impúdica en algunas ocasiones.
          De ese viaje me traje un amigo, David Foitzick, sureño como yo, pero de Chile; y el sabor riquísimo de las cervezas de trigo y la experiencia de un taller de poesía que dicté en la Universidad. De ese taller recuerdo, por ejemplo, a Sofía Lavista, científica argentina especializada en microbiología, y en el estudio del olfato de las moscas, que asistió religiosamente al taller, con un entusiasmo contagioso. Entrerriana, cómo no va a sentirse convocada por la poesía, con tanto río, verde y juanes eles  —le escribí hace poco. Ella me regaló una fruta que nunca había comido, parecía un pomelo, amarillo, cítrico, pero como si se reunieran tres o incluso cuatro pomelos en una misma esfera. Alemania me llenó los ojos hasta desbordarlos.


     6 — Redes temáticas: participás de dos; una de ellas, internacional.

          LM — Precisamente en Jena, Alemania: la Thematisches Netzwerk de la Universidad Friedrich Schiller, centrada en el estudio de la Patagonia desde la interdisciplinariedad; y la otra, la nacional, es la Red Interuniversitaria de Estudios de Literaturas de la Argentina (RELA), focalizada en promover una perspectiva federal y pluralizar los mapas de la literatura nacional. Me siento muy feliz colaborando en ambas redes. Ingresé primero a la RELA, en 2013, cuando conocí a su coordinadora de ese entonces, la Dra. Alejandra Nallim, quien me invitó a Jujuy a dictar un taller sobre la poesía del sur, y me enseñó que la lejanía es una versión de la distancia que puede revertirse y subvertirse. Jujuy, aproximadamente a 2.900 kilómetros de mi casa, empezó a estar cerca. La Dra. Claudia Hammerschmid es la coordinadora de la red con sede central en Alemania, a la que ingresé en el año 2015. Claudia es alemana, pero habla perfecto el castellano, incluso podría decirse que habla perfecto el argentino/porteño. Huidobro advirtió que “el adjetivo, cuando no da vida, mata”, y juro que soy respetuosa de esta advertencia, pero de ambas, de Claudia y de Alejandra, críticas e investigadoras de fuste, debo decir que son generosas, humildes, respetuosas y cálidas. Y no exagero. Esta semejanza no es coincidencia, sino que pareciera ser el perfil de las personas que apuestan al trabajo en red, que propende a la horizontalidad, a la fraternidad y al respeto por la diversidad. Hago hincapié en estas dos mujeres basándome también en una preferencia, la de la recuperación de los nombres propios por sobre las abstracciones.


          7 — Tenés tu experiencia como entrevistadora de poetas.


          LM — Se han difundido en tres ediciones de la Revista “Argus-a Artes & Humanidades”. La primera se la realicé al escritor Raúl Artola, y se publicó en noviembre de 2013 con el título “La literatura patagónica: esta lenta construcción de un nosotros”. La segunda, a la poeta Graciela Cros, y se editó en abril de 2014 con el título “El iceberg de Hemingway: lo no dicho que todo lo sostiene”. La tercera, titulada “Diálogo con la poeta Concha García”, y publicada en octubre de 2014, fue realizada a esta poeta y crítica española. No fui una buena entrevistadora pero los tres fueron excelentes entrevistados. Se dio la compensación. A los tres los conozco y respeto, y los tres dieron respuestas que me hicieron repensar mis propias prácticas discursivas. Tardé mucho en editar porque me propuse hacer dialogar las respuestas con textos poéticos de cada uno de ellos. Fue un berretín, pero me hizo tomar una productiva distancia. Uso las entrevistas como material en mis talleres y clases. Los tres dan respuestas incómodas en varios momentos, piedritas en los zapatos para caminar con conciencia de la propia caminata, conciencia crítica diría Edward Said. Los tres juegan con los silencios y las preguntas, y ese juego del lenguaje siempre es necesario.  


    8 — Para todos, pero acaso especialmente para quienes no dispongan de información suficiente sobre la Patagonia: ¿por qué la Patagonia se dice en plural…?

          LM — Por causas complejas de resumir, pero que se retrotraen a los relatos de los primeros viajeros extranjeros que pisaron el territorio que hoy llamamos Patagonia; nuestro espacio se ha diseñado como una geografía imaginaria uniforme, estereotipada como un paisaje de grandes distancias, vacío y soledad.  En el “Primer viaje en torno del globo”, Antonio Pigafetta narra por vez primera la llegada de los europeos a la región, en 1520, con la expedición de Fernando de Magallanes, que hace puerto en la costa patagónica. Con este texto se inaugura e inmortaliza la idea del gigantismo de los indígenas patagónicos, asociados para siempre tanto al nombre como a las extensiones del lugar que de allí en adelante llevará la marca de la exageración. Esa exageración a su vez se liga a la dificultad para dominar el territorio que preocupó tanto a los proyectos coloniales como posteriormente a los nacionales. Quienes vivimos en la Patagonia, y aquí tenemos nuestro lugar de enunciación, sabemos, sentimos y experimentamos la irrealidad de las definiciones del sur como “terra incognita” o “res nullius”. El sur es mi domicilio existencial, por eso mismo nunca podrá ser una obligación temática. Escribir de la Patagonia es prescindible. Pienso, al igual que varios de los escritores que recordé en esta entrevista, que la patria es la infancia, y que para un escritor la patria es la lengua y ese territorio nunca es geométrico ni inalterable.


          9 — Es a la docente en Literatura Latinoamericana a quien le requiero que nos trasmita a qué escritores de la Patria Grande más valora y de quiénes más disfruta.


          LM — Uno puede valorar según su conocimiento, y no conozco esas literaturas por igual. Aun así tengo preferencias y me temo que seré muy tradicional en mis respuestas. Por ejemplo, de Chile, a Vicente Huidobro, Pablo Neruda y María Luisa Bombal; de Bolivia, a Jaime Sáenz y a Adela Zamudio; de Perú, a César Vallejo y José María Arguedas; de Colombia, a José Eustasio Rivera; de El Salvador, a Roque Dalton; de Nicaragua, a Rubén Darío; de México, a Sor Juana Inés de la Cruz y Octavio Paz. Coinciden los nombres de quienes más valoro con el de quienes más disfruto como lectora en todos los casos. Igualmente quiero aclarar que esta lista que hoy formulo está bajo el estricto y variable influjo de mi propio presente, por lo que no es improbable su modificación. 


    10 — “Fuegia” de Eduardo Belgrano Rawson es una novela notable. Acaso opines como yo, puesto que uno de tus ensayos parte de ella.

          LM — Sí, es una novela excepcional. Belgrano Rawson cuestiona la versión dominante de la Patagonia fueguina que instalaron las narrativas fundacionales, tanto coloniales como nacionales, y recuerda la estructura de violencia sobre la que se construyó como geografía imaginaria. En esta novela, el autor deja de lado el verosímil realista y juega con la ambigüedad, la multiplicidad y la fragmentación como principios constructivos. El texto muestra los efectos económicos y sociales del eurocapitalismo en la Patagonia. Desde el título, la propuesta narrativa es original. Fuegia, la niña yámana secuestrada por Robert Fitz Roy, nunca es mencionada en el interior de la novela. Él intenta, dice en una entrevista, y lo logra, sacarse de encima la historia. El libro realiza un doble movimiento de revisión histórica y de indagación literaria. Problematiza la legibilidad histórica del espacio de la Patagonia como referencia monovalente y estable de lo real.
          En la novela, los personajes perciben y describen la Patagonia desde un constante desplazamiento; sus movimientos trazan un mapa de la región, centrado en la experiencia como núcleo de sentido y en los vínculos diferenciales con el espacio. La Patagonia se pluraliza por la polifonía del relato y la multiplicidad de personajes de las historias. Hay voces adheridas al valor testimonial de la referencia histórica, mixturadas con otras provenientes de la invención, voces que ejemplifican una heteroglosia emparejada por la lengua mayor y nacional en que se las recuerda, y en voces de distintos grupos sociales que se disputan la hegemonía por el sentido histórico de los espacios del sur. Esto que vengo diciendo hace que esta novela sea, desde mi punto de vista, riquísima y admirable. 


          11 — ¿Y tu experiencia como bloguera?


          LM — Tengo un blog, http://enlapiznegro.blogspot.com.ar/, desde principios de 2007. Utilizo este espacio para difundir textos propios, de otros poetas, gacetillas de actividades literarias y culturales e información que considero interesante. Lo creé por varios motivos. Por una parte, me atrajo ampliar mis comunicaciones respecto del ejercicio literario, participar de una interacción más dinámica, incluso poder tener acceso a lo que otras personas (escritores o no) publican en sus blogs. Por otra parte, quería desacralizar el asunto de la escritura y darle lugar a lo intempestivo e inconcluso. El nombre del blog informa de este sentido. Comparto escritos “en lápiz negro”, es decir, textos en su estado larval, borrador, provisorio. Algunos después son poemas o relatos, otros quedan así nomás y el blog, con su “archivo” histórico me recuerda esto. En los últimos dos años ha sido menos frecuente mi intervención por ese medio.


12 — Así comienza el décimo capítulo de “El ojo del grillo”, novela del estadounidense James Sallis: “En una época, ciertas palabras se zambullían en mi conciencia, negándose a que las desalojara. Una vez fue (…); otra (…)” ¿Recordás algunas que “se te zambulleran y se negaran a ser desalojadas”?

          LM — Un  montón. Cuerpo y palabra creo que son las dos más insistentes. Son verdaderas okupas en el nido de mi conciencia.


          13 — ¿Libros a los que regresás intermitentemente?

          LM — “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca, “Poesía no completa” de Wislawa Szymborska, “Los ríos profundos” de José María Arguedas, “Historias de cronopios y de famas” de Julio Cortázar. Después vuelvo a textos sueltos, por ejemplo, siempre, por una cosa u otra, algún poema de Adrienne Rich, José Watanabe o Juan Gelman andan entre mis lecturas.


          14 — ¿Cuánta  (de qué modos) autobiografía hay en lo que escribís?


          LM — No sé muy bien qué responder. La experiencia personal siempre está, sólo que a veces no es tematizada o recuperada explícitamente como símbolo o materia poética. En ocasiones escribo “yo” con la manifiesta intención de advertir la arbitrariedad del signo lingüístico que me nombra. Hay libros donde lo biográfico tiene más presencia y otros donde mi experiencia es una sombra liviana. Creo que no me planteo el tema de las fronteras o los paisajes de lo autobiográfico al escribir. Sí, casi siempre, es alguna cuestión de mi propia vida lo que me entusiasma o me obliga a escribir. Tengo desde adolescente diarios personales, así que mi escritura más catártica, intimista y emotiva va por otros cauces, que seguramente no agotan las imágenes discursivas que de mi propia vida elaboro.  


    
    15 — ¿Acordarías con el escritor Luis Benítez en que de las corrientes poéticas consagradas del siglo XX, las más interesantes son “el imaginismo anglosajón y el hermetismo y el neorrealismo italiano”?

          LM — No. No acuerdo con esta afirmación en particular ni con ninguna que esté formulada en términos tajantes y restrictivos, además de eurocentrados. Conozco, con desigual profundidad, ambas corrientes, y las aprecio, como valoro otras. En este tipo de aseveraciones hay que ponerle la lupa a los adjetivos. Es decir, “consagradas” e “interesantes” permiten e incluso demandan preguntas del tipo: ¿para quién?, ¿desde qué lugar?, ¿según qué parámetros? No conozco el contexto de enunciación de esta cita, y quizás ése sea el motivo de mi distancia. Te cuento, a riesgo de ser aún más parcial en la respuesta, que para mi formación como lectora fueron más importantes el modernismo latinoamericano (que si bien fue finisecular ingresó a la primera década del siglo XX) y la generación del ‘27 española.


          16 — Hablemos de lo que no elejiste: el Profesorado de Teatro.

          LM — Me gusta el teatro, leerlo, asistir a las puestas en escena, comentarlo incluso. Fantaseé de adolescente con la actuación, pero jamás me imaginé como docente en esta área. En mi recuerdo, que puede ser un lente deforme, para cursar un par de materias de actuación, debía soportar media docena de materias teóricas sobre pedagogía, didáctica y otras ligadas a la tarea docente y a los futuros alumnos. No soporté el aburrimiento.


          17 — Pianistas: ¿El polaco Arthur Rubinstein (1887-1982), la colombiana Teresita Gómez (1943), el norteamericano Chick Corea (1941), la argentina Martha Argerich (1941) o el chileno Claudio Arrau (1903-1991)?

          LM — De esta lista conozco y he escuchado sólo a dos, a Corea y a Martha Argerich, a quien prefiero porque sí. Dice George Steiner que “cuando habla de música, el lenguaje cojea”, y yo le hago caso y no agrego nada.  


    18 — ¿Podrías establecer qué autores te han tornado mejor lectora o escritora?

          LM — No sé si colaboran en que sea mejor escritora, pero sí sé que son fundamentales en relación con mi trabajo con el lenguaje, las personas de la vida real más que los libros. El modo en que habla mi abuela, cómo relata sus recuerdos o los acontecimientos domésticos, es mi fuente de constante aprendizaje. También las formas en que mi mamá dice con silencios, por poner otro ejemplo. Así, dentro del hogar pero también fuera. Me impactan cómo hablan las personas, sus ritmos, sus latiguillos, sus pausas, sus modos de paladear o de tragar el aire y los sonidos de las palabras. Ahora, pensando estrictamente en literatura escrita, los autores son muchos pero siempre cultivan la poesía. El cuidado que los poetas tienen por el lenguaje y sus pliegues es raro de encontrar en autores de otros géneros; no es imposible pero es infrecuente. 


          19 — “El agua que tiembla” concluye con tres escenas y ¿siete? son los personajes.

          LM — Son tres hermanos y una voz femenina al final. Quizás te parecieron siete porque duplicaste las imágenes de Cecilio, Lauro y Julien, los piratas de los que hablo alegóricamente. Me encantó escribir ese libro. Fue un juego que me divirtió y me dejó satisfecha. La clave de su propósito está en su epígrafe, de Pompeyo Magno, “Navegar es necesario, vivir no”. Ese viaje es un desplazamiento por muchas profundidades y capas de sentidos, pero fundamentalmente por la propia escritura. Es quizás el libro más hermético para mí misma, que ahora, interrogada por su naturaleza, me quedo corta de palabras, naufrago también, y sobrevivo.


          20 — ¿Que reflexiones te provocan la evolución de tu escritura poética y ensayística, las constantes y los momentos de inflexión? ¿En qué estás trabajando actualmente?

          LM — Estas dos escrituras, muchas veces, comparten intensidades. Ambas formulan preguntas todo el tiempo, tocan oscuridades, balbucean. Reconozco las diferencias, pero no se me hacen incompatibles. La ensayística tiene más sociabilidad previa; suelo publicar en revistas académicas versiones progresivas de alguna investigación. Así, voy realizando correcciones y los últimos escritos me dejan más conforme. Con la poesía no pasa esto. La corrección, que siempre está, es puertas adentro. No publico hasta que estoy conforme, pero aun así, después puede surgir el deseo de modificar algún aspecto, casi siempre rítmico.
          En este momento estoy trabajando con dos libros, uno de ensayo y otro de poesía. No puedo adelantar más porque son frutas inmaduras todavía, casi verdes.


          21 — Contemos, Luciana, a nuestros lectores, que durante varias semanas debimos suspender este diálogo debido principalmente a que viajaste a Europa y ahora retomamos, ya para finalizar.


          LM — Sí, fue un viaje de un mes, muy grato. A principios de julio presenté una conferencia, “Las aldeas y los mundos en la poesía contemporánea de la Patagonia”, en la ciudad de Barcelona, gracias a la invitación de la poeta española Concha García, y en los días finales de ese mes participé de un congreso de Literatura Latinoamericana en la ciudad de Jena. Y esta vez con dos grandes poetas del sur argentino y chileno, Jorge Spíndola y Sergio Mansilla Torres. Me siento cómoda en Alemania, aunque apenas sepa decir un puñado de palabras en la lengua de Schiller y de Goethe. Sé agradecer, pedir disculpas y más cerveza, y esas tres cosas son pocas pero importantes.  



Luciana A. Mellado selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:



VII


¿Ve aquel mundo de al lado
que huele a tomillo y laurel?

Lo ve. Mírelo.

Usted también.

¿Ve a la mujer de trenza larga
como hondura de cielo?

¿La ve?

Está sentada en un banquito
torciéndose las manos
con lanas y con hilos.

¿Y a la mujer callada
que curte cueros
para hacer quillangos?

¿La ve?

De zorro son, sí,
y de caracul.

¿Y a la niña muerta
con ojos de eclipse?

¿La ve?

Es tan bella y pequeña
como una mariposa azul.

¿Y aquella calle que atraviesa
la puerta, la ve?

Por esa calle se fue mi hija,
la mayor.


                      (de “Aquí no vive nadie”)


*


XIII


La vida trastumbada la suspiro entre palomas 
que florecen en la infancia
cuando el palomar era en el patio
sobre el galpón de chapa 
un agujero y un hombre 
que no vuelve todavía 
de la muerte.

Después
la hospitalidad me abrió las piernas 
y dejé pasar a peregrinos, 
viajeros, indigentes y fugados 
que dejaron la puerta de mi casa 
llena de cadáveres.


                     (de “Aquí no vive nadie”)


*

XXIII


Como un nido de barro
era mi casa
con paredes y cal
en blanco y rosa.

Eran lindos colores,
sí eran lindos.

La cal eran las piedras
de un pozo hondo.

¡Qué fuerte brillaba el sol
desde allá abajo!

En el pozo había pájaros
y sombras
pichones que caían
de los nidos.

Mi pueblo era pequeño
hija
como todos los pueblos.


                   (de “Aquí no vive nadie”)

*

El método formal

Cuánta oscuridad viaja
en la sangre.

Todo se duplica desde el ojo:
el miedo a la guerra, a estar viva de nuevo,
el diario de Tolstoi diciéndome
no recuerdo si limpié el desván.

Hoy empecé a ver doble
nuevamente:

el cuerpo habla
si lo dejan. 


                      (de “Animales pequeños”)


*

La siesta

                             para Andy, cada vez

Crece el silencio
adentro
de las cosas.

La siesta te abraza.

Nadie prende velas
bajo una luz rabiosa.

El único que importa
está durmiendo

lejos de esta boca
que quiere hablar
está durmiendo.

Bajo el sol excesivo
me falta
que despiertes.


                    (de “Animales pequeños”)

*

lengua afuera de la perra adentro

tu aliento, creación de madera 
busca pocos alimentos

esa trampa nunca te hará libre
por más que insistas en belleza

tu hambre viene de lejos
de otro frío
de otra noche

¿podrías jurar que sentís tristeza?
¿alegría?

ahora mismo podés ser la perra afuera
no metafóricamente
la perra afuera 

el universo te cabe en una mano
plegado como un origami puede pasar
debajo de todas las puertas

¿estás triste todavía?
¿estás adolorida?

son los ovarios
la sangre que hablan
pero no duelen los ovarios
dicen
y si no duelen
no existen

podés ser la perra ahora mismo 
afuera

escuchar el frío podés
escuchar los ojos que miran con otra lengua
otras leyes y sanciones

¿Kafka se lavaría las manos
con jabón blanco?

la higiene es importante

pero el goce no aprecia la limpieza
y sus fríos

la limpieza amansa el cuerpo real
porque le teme

hay que lavar las impudicias
la sangre que no se note
la sangre que no se note

y esos perros olfateando
la entrepierna
siempre
animales

la sangre se escapa porque la perra
es cachorra todavía
no la necesita

la perra está adentro

con un cuerpo dicho
desmejorado
sangra

el juego de la belleza
no tiene apuro 

una palabra para decir quiénes somos
no es posible
porque una lengua no se tiene
porque un cuerpo no se tiene

lo que se tiene son cosas
y solo las cosas pueden ser dichas 

la sangre es un aliento rojo
que está afuera y adentro
y no sabe
no espera
no explica
no necesita nada
no está pensando en el cumpleaños de su madre
doliéndose los ovarios

esto es una silla
esto es una letra
esto es un suspiro entre tanta asfixia
legislativa y policial 

serás feliz
serás algo
serás alguien
serás normal
serás mujer
bandera

serás el patio de un colegio 

y amarilleando crece en la memoria
la noche orinada en un ladrillo
por qué mamá mis riñones no andan
tu padre
el cuerpo de tu padre y de sus padres 
y sus padres y padres
vienen con mal riñón

vengo de ese riñón y el tiempo sigue picoteando

tengo miedo mamá
el ladrillo está caliente
y la noche fría

afuera la perra que soy está callada
y adentro 
ladra
ladra
ladra


                                       (de “Animales pequeños”)


*
Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Comodoro Rivadavia y Buenos Aires, distantes entre sí unos 1700 kilómetros, Luciana A. Mellado y Rolando Revagliatti, agosto de 2016.


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