martes, 20 de octubre de 2020

ROSSELLA DI PAOLO PREMIO CASA DE LA LITERATURA 2020 + POEMAS




EL DIOS DEL ACANTILADO

        Nadie sabrá de mis hombros derruidos
     o de mis pasos de piedra edificando distancias

        Sólo para mí el conocimiento
     de la terrible hondura de estas manos
como la de ciertos estanques que extravían sus fondos

No dirán: tuvo una frente ceñida de espacios
         o: una frente adelantada hacia el sueño
     Es lo mismo.

Nadie para mi rostro de muralla absorta
         con su crecida barba de retama
Nadie para medir el aire que me muerde
Nadie para arrimar la arena tibia que cae de mis ojos.



EL CUERPO DONDE HABITO

I

Todo este buen objeto que es un cuerpo:
sus brazos flacos despegados por arriba
sus alocadas piernas cortadas hacia abajo
y en el medio el pedacito de torso
con su corazón puntual, sus riñones limpios
y este pulmón que se asoma a la ventana
y conversa con el otro
sobre si el cerebro encabezado, si la boca armada
si las altas hogueras parpadeando al unísono.
Ah este cuerpo alegre como un perro chico
con su sexo despierto saltando en la puerta.
Sin este honroso cuerpo, duro y claro,
sin su lúcida arquitectura
de huesos quietos y pellejo alzado
dónde habitaría y cómo
tanta tierna acongojada nada?


II

En los brazos de mi cuerpo estoy
en sus pies me alzo y ando.
De mi cuerpo soy hija única
y en su piel me sumerjo entera.
Sin mi cuerpo no hay voz
ni mi voz ni tu voz
sin las orejas de mi cuerpo
ni tu cuerpo sin los ojos del mío
sin sus manos.
Me ama este cuerpo que yo habito
me abre sus ventanas y me teje
y desteje cada día que me asomo.
Es mi cuerpo quien fabrica las palabras
la conciencia de estar / de ser aquí
porque él lo quiere
y si no lo quiere entonces nada
de nada.



PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA - Ex

            Sepan que estoy viviendo, nubes,
            sepan que canto
                                 Javier Sologuren

Nunca más pararme frente a la pizarra —ecce femina—
con un cucharón
para meter en los platos vacíos de sus cabezas
el engrudo homérico, la berenjena eglógica
el acento esdrújulo y miserable, ni más
tizas de colores, salsas de tomate,
para abrirles las bocas
ojalá el entendimiento.
Ya no la tarjeta en la tostadora horaria
saltando con su tardanza al rojo vivo
ni exámenes para probar cuánto resisten
mis nalgas en el pupitre y cuántas tildes
puede gotear un cárdeno Faber Castell 031.
Se acabó la clase, la ilusión de mango,
todos al recreo, yo al recreo (pero sin vuelta)
al recreo de desclavarme de la pizarra
y saltar por la escalera al fin resucitada.
Último día, las rejas se levantan,
y en este valle ameno
nubes, sepan que canto,
sepan que canto, bestias.



AMOR DE VERDURA II

Tu risa es ancha y feliz como un campo de coliflores
y me hundo en tu barba verde
en tu gran cuerpo de hierba
en el rumor de tus aguas anegándome
descuajándome las piedras hasta hacer de mí
un estruendoso país de vegetales
porque entonces los escucho brotando de mi cuerpo:
en mi cabeza una lechuga enloquecida
en mis axilas la hiedra de los muros
excava sus canales y este hervor de fronda
asomado al puente entre mis piernas
se ajusta a tu corriente
a la luz atronadora que gobierna
los altos pastos que vienen hacia mí
y estallan.



LA NOCHE OSCURA

        a oscuras, y en celada,
        estando ya mi casa sosegada
                     San Juan de la Cruz

En una noche oscura
seis cajas de libros, un vestido, la máquina
de escribir con ansias, en amores inflamada.
Mi madre gritando en la escalera, mis hermanos
los pelos arrancados
¡que no lo sepa nadie!
¡oh dichosa ventura!
una mujer sola, en Lima, qué dirán
salí sin ser notada
qué dirán: puta en cierne
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
en un taxi negro hacia otra habitación
sin otra luz que mi rabia por vivir
y escribir lo que viviera
y esas clases que dictar ajustándome a la lengua
lo que en el corazón ardía:
una mujer sola, en Lima, qué dirán
qué dirán, puta en cierne.
Puta con burdel tapizado de libros
mi cama de combate con tantas palabras que poner
y enderezar
el poema en mi cuello
y todos mis sentidos suspendidos.
Todos no, que allí tuve yo los ojos para verte
de lejos la cabeza, tu adelantada frente
oh noche que guiaste la habitación al lado
oh noche amable más que el alborada
hombros bravos de toro, suaves ojos de toro
oh noche que juntaste
su risa con la mía, su leche en mi café
amado con amada
y el beso en el abismo, los círculos de fuego
amada en el amado transformada.
Quédeme y olvídeme
el rostro recliné sobre ti
el rostro, el vientre, los muslos…
Cesó todo y dejéme
dejando mi cuidado, el llanto del domingo,
la honra de mi casa
todo
entre las azucenas olvidado.



PIEDRAS

I

arrojabas las piedras contra mi cuerpo
y yo me mantuve en mi sitio,
feroz.
ninguna dio lejos del blanco.
cómo dejarlas caer sin haberme tocado.
eran tus piedras.
era sólo mi cuerpo.

II

pudiste lanzarme abismos, selvas oscuras, barcos en llamas,
pero sólo tenías piedras
y yo necesitaba algo de ti, cualquier cosa
que se desprendiera por fin de ti
y me buscara.

III

una piedra lleva tus huellas digitales,
mirando más al fondo: la palma de tu mano, su humedad.
si fuerzo aún las cosas, la precisa
atención de tus ojos, el pulso
que avienta tu vida
hacia la mía.

IV

es mejor que me incline a recogerlas.
no llegaré con las manos vacías
a la casa del amor.

V

hay gozo en la casa del amor
así cuentan
y música.
golpearé una piedra contra otra
una contra otra
disciplinadamente.



LA CANCIÓN DEL BALLENERO

Bajo velos de vapor
témpano de hielo va
la novia esquiva...
tal vez quizás pudiera ser que hoy
como el sol mi arpón la detuviese
sobre el agua del mar
agua fría de azahar...
quizás aquí pudiera ser tal vez
y el corazón se me ahogue
y no se ahogue mi sed.



Rossella Di Paolo. Lima 1960, Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica del Perú. Libros: Prueba de galera (Lima: Antares, 1985); Continuidad de los cuadros (Lima: Antares, 1988); Piel alzada (Presentación de Ana María Gazzolo. Lima: Editorial Colmillo Blanco, 1993), Tablillas de San Lázaro (Lima: PUCP, 2001) y Una silla en el mar (Lima: PEISA, 2016).

domingo, 4 de octubre de 2020

DESDE LAS 8 DE LA MAÑANA, EL 16 DE JUNIO DE 1904: EL “ULISES”, DE JAMES JOYCE, por Bernardo Rafael Álvarez

 

“Imponente, el rollizo Buck Mulligan apareció en lo alto de la escalera, con una bacía desbordante de espuma, sobre la cual traía, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana hacía flotar con gracia la bata amarilla desprendida. Levantó el tazón y entonó: // -“Introibo ad altare Dei.”[1]  Estas son las palabras con que empieza Ulises, la monumental novela del escritor irlandés James Joyce. 

*** 

Les cuento. Un amigo muy curioso (no por extraño, sino por ser "inclinado a aprender lo que no conoce"), me preguntó acerca de aquello de lo que todo el mundo habla cuando de esta novela se trata. No, no preguntó acerca de su argumento o de sus personajes o de lo que pudiera significar. Su inquietud fue otra: ¿Está dicho realmente en la novela que los acontecimientos narrados ocurren el día 16 de junio de 1904, y comienzan a las 8 de la mañana? ¿En qué parte del libro podemos encontrar esas referencias? Pensó -es lo que me dijo- que eso tal vez no podría ser sino una más de las cosas que se atribuyen a obras literarias famosas y que en realidad no existen: aquella frase atribuida al Quijote, por ejemplo (“Los perros ladran, Sancho, es señal de que avanzamos”). Le confesé que yo también dudaba, a pesar de que -tras haberla leído (bueno, es un decir)- el año 2004 escribí un poema en el que hacía referencias a algunas partes del libro[2]; y le prometí darle una respuesta después de volver a navegar en ese inmenso océano de palabras, poblado de virtuales cíclopes, lestrigones, mareas altas, tormentas y olas gigantes.

Tal vez quienes saben -obviamente- muchísimo más que yo, tengan respuestas diferentes, pero -en fin- la mía (que se da como unas pistas, con las que se puede llegar a las respectivas páginas), es esta: Sí está dicho, pero enseguida voy a hacer las precisiones. Así que, amigos, acompáñenme en esta búsqueda (o “busca”, que es la palabra que más le gustaba a don Jorge Luis Borges). 

*** 

Veamos. Empieza la novela: Después de aquel “Introibo ad altare Dei” ("Ve al altar de Dios"), que he transcrito al principio, y luego de haber estado conversando y de contemplar la bahía de Dublín desde lo alto de la torre de Martello, Esteban Dedalus y Buck Mulligan (que es un medio rabioso estudiante de medicina) bajan a tomar el desayuno, preparado por Mulligan (les acompaña Haines, un joven al que Mulligan había invitado). Tenían pan, mantequilla y miel, pero algo faltaba, lo principal: la leche. Mulligan, "repentinamente de mal humor, se sentó: // -¿Qué clase de ternera es esta?" (se refiere a la anciana vendedora de leche, que aún no ha llegado) "Le dije que viniera después de las ocho". No pasa mucho rato y, efectivamente, la señora llega: "-La leche señor. // -Entre, señora -djo Mulligan-. Kinch (es el apodo que decide ponerle a Esteban),  trae la jarra".

Ahí está: esa es la hora: 8 de la mañana, hora del desayuno. La encontramos en (obvio, ¿no?) el primer episodio, que es conocido como Telémaco (y está en la primera parte de la novela, llamada Telemaquia; las otras dos partes son: la Odisea y el Nostos). 

Ahora busquemos el día; lo encontramos en Hades. "-¡Ea!... -gritó la voz del trapero, haciendo resonar su látigo sobre los flancos-, ¡Uuuu...! // Jueves naturalmente. Mañana es día de matanza". Ya sabemos cuál es el día de semana: jueves. Según el "calendario perpetuo", el 16 de junio de 1904 fue eso: jueves.

Bien, pero eso aún no nos dice nada: lo que necesitamos es encontrar una referencia escrita respecto de esa fecha, en la obra literaria que tanto dolor de cabeza ha causado a muchos. 

Busquemos primero el mes. Leamos: "J. J. Molloy envió una mirada cansada de reojo hacia la estatua y no dijo nada. // -Me doy cuenta -dijo el profesor. // Se detuvo sobre la isla de pavimento de John Gray y midió a Nelson a través de la malla de su amarga sonrisa". Como se habrán podido dar cuenta, este brevísimo fragmento de la novela no nos sirve de ayuda, ciertamente; pero sí su título: "HORACIO ES CINOSURA EN ESTE DÍA DE JUNIO". ¿Dónde se encuentra eso? En el capítulo llamado Eolo, que es, también, nombre del dios del viento.

Resuelto: efectivamente, es junio. 

Enseguida, nuestra mirada debe ir en busca de la fecha. No sé ustedes, pero yo la encuentro en esto, en Cíclope: "(Alf) se pone a imitar al viejo juez haciendo pucheros (...) // Y por cuánto el día dieciséis del mes de la diosa de ojos de vaca y en la tercera semana después de la fiesta de la Santa e Indivisa Trinidad, la hija de los cielos, la luna virgen, estando entonces en su primer cuarto, sucedió que esos jueces eruditos acudieron a las salas de la ley"

La tercera semana después de la mencionada festividad religiosa (hagan las constataciones con su santoral, si no me creen) corresponde al mes de junio; es decir, ese “día dieciséis" es, pues, 16 de junio. 

¿Qué nos falta? El año. Para esto, desde el punto al que he llegado en el libro, tengo que regresar 119 páginas. Transcribo: "-Hay un caballero aquí, señor -dijo el empleado adelantándose y teniendo una tarjeta-. Del 'Hombre Libre'. Quiere ver la colección KILKENNY PEOPLE del año pasado". ¿Cuál es ese "año pasado"? Aquí está: "-Todos los principales provinciales... 'Northern Whig', 'Cork Examiner', 'Enniscorthy Guardian', 1903..." A estas alturas, me acuerdo de un muy interesante libro, acerca de la realidad peruana, que leí hace muchos años -publicado por lo que fue el Instituto Nacional de Cultura-; me refiero a Entre Escila y Caribdis, de Augusto Salazar Bondy. Ese título nos lleva al nombre del episodio o capítulo reseñado.

Respuesta a la vista: Si ese -el que aparece allí mencionado, tras las publicaciones de la colección "Kilkenny People"- es el año pasado, entonces el actual es 1904, ¿verdad? Es cierto, y lo encontramos, pues, en el episodio Escila y Caribdis

(Los tres capítulos aludidos -Escila y Caribdis, Cíclope y Eolo, están en la segunda parte, que es la más extensa de la novela: la Odisea).

La pregunta del amigo curioso ha sido respondida. Es verdad: todo ocurre el 16 de junio de 1904. Y comienza a las 8 de la mañana. No es una sospecha: está expresamente dicho en la novela. 

Ah, pero hay algo más que conviene precisar, para redondear completamente el asunto. Les invito, para ello, a leer los siguientes extractos de la novela que corresponden al episodio conocido como Eumeo (en la tercera y última parte, que es el Nostos): 

"Bloom y Esteban entraron en el refugio del cochero, una estructura de madera sin pretensiones, donde antes de entonces, él había estado raramente, si es que alguna vez (...)// -Se trata ahora de tomar una taza de café -sugirió atinadamente el señor Bloom para romper el hielo-; se me ocurre que usted debería pedir un alimento sólido; por ejemplo una suerte de panecillos..."

("Y he visto antropófagos del Perú que comen los cadáveres y el hígado de los caballos...")[3] 

"-A qué hora comió usted? -preguntó a la delgada figura y rostro cansado aunque sin arrugas. // A alguna hora de ayer -dijo Esteban. // -Ayer -exclamó Bloom hasta que recordó que ya era mañana--. ¡Ah, usted quiere decir que son las doce pasadas! // -Anteayer -dijo Esteban, superándose (dicho de otro modo: corrigiéndose) a sí mismo..." 

"De cualquier manera, pesando el pro y el contra, y acercándose, como era el caso, la una, era hora de retirarse esa noche". 

"Resumiendo: Bloom que se había hecho cargo de la situación, fue el primero en ponerse de pie, pues no iban a quedarse eternamente, y ya que se había adelantado, y valiendo él tanto como su palabra de que pagaría la cuenta oportunamente, tomó la prudente precaución de hacer, moderadamente, como una advertencia de despedida a nuestro huésped, un signo apenas perceptible cuando los otros no miraban, a los efectos de que se enterará de que el pago estaba próximo…" 

"Sobre la calzada a la que se acercaban mientras iban hablando todavía, más allá de la cadena mecánica, un caballo, arrastrando una barredora, se deslizaba por el pavimento levantando una larga faja de cieno..." 

¿Entendieron, ¿verdad? Claro que sí. Después de haberse servido algo en un modesto restaurante (al que aluden como "el refugio del cochero") y tras el pago por el consumo que ofreció efectuar Bloom, este sale con Esteban, y se van conversando por las calles de la ciudad. Pero, ¿a qué hora han salido del "refugio"? Después de la una de la madrugada ("y acercándose, como era el caso, la una, era hora de retirarse"). Y se van caminando. 

Luego de esto, en la novela hay dos capítulos (o "episodios"), los finales: "Ítaca" y "Penélope". Pero, temporalmente hablando, no agregan nada (salvo para el ejercicio de la lectura), pues no hay allí, propiamente, narración de hechos. 

Ítaca (que es el penúltimo episodio), no es más que una seguidilla de preguntas y respuestas que, digamos, se hace el narrador. Sin embargo, las primeras de esas preguntas y respuestas nos ayudan a aclarar la situación: hacen referencia a la caminata de Bloom y Esteban hacia la casa de aquel, primero "a paso normal", luego "aflojando el paso" y "después a paso lento interrumpido por detenciones" hasta que, por fin, llegan a su destino, en la "calle Eccles número 7", el lugar donde comenzó la historia: la torre de Martello. Hasta este punto ya podemos calcular: más o menos una hora de recorrido desde "el refugio", de donde salieron a la una de la madrugada. Es decir -para concluir-, desde las 8 de la mañana del día anterior, en que Esteban desayunaba con Mulligan y Haines, hasta estos momentos en que Bloom, frente a la puerta de su casa, "insertó mecánicamente la mano en el bolsillo trasero de sus pantalones para tomar su llavin", ¿cuántas horas han pasado? ¡Dieciocho horas! (Como dieciocho son los episodios o capítulos de la novela).

Y lo que viene seguidamente es el episodio o capítulo final, conocido como Penélope, que en realidad es el extremadamente famoso, y tal vez el más importante aporte de Joyce a la literatura (porque, según dicen, en psicología quien primero lo hizo fue el norteamericano William James), el monólogo interior, en este caso de Molly (la esposa de Leopoldo Bloom, que le es infiel con un empresario musical), presentado en la novela sin un solo signo de puntación. Aquí un pequeñísimo fragmento: "... yo nunca en toda mi vida sentí a nadie que tuviera una del tamaño de esa para hacerla sentir a una llena ha de haber comido una oveja entera después a quién se le ocurre hacernos así con un gran agujero en el medio de nosotras como un padrillo metiéndoselo a una adentro porque eso es todo lo que quieren de una con esa decidida mirada viciosa en sus ojos yo tuve que entrecerrar los ojos todavía si no tuviera esa tremenda cantidad de esperma dentro cuando se lo hice sacar y hacerlo sobre mí...". Erotismo desenfadado, que fluye en el pensamiento de la  mujer, mientras su marido duerme al costado de ella..

*** 

Todo esto que he hecho tratando de satisfacer la inquietud, ha tenido un objeto adicional: experimentar -con placer, desconcierto y fatiga- un viaje "odisiaco" en el Ulises de Joyce. Porque si solo hubiese querido ubicar la fecha, mes y año, hubiera bastado con decir que en la página 657 de la edición en castellano que tengo está la respuesta, en la referencia al presupuesto de gastos: el “Debe y el Haber” que corresponde -ahí lo dice textualmente- a ese día, el 16 de junio de 1904.

Y, vean cómo son las cosas. Ya van a ser las 2 de la madrugada del 28 de setiembre, y este viaje "odisiaco", de busca y rebusca, que comenzó ayer por la mañana, acabo de concluirlo y estoy por terminar la redacción de este texto. No van a creérmelo: todo ha durado prácticamente lo que la novela dura en Dublín: cerca de veinte horas. ¿Se imaginan? Qué cosas, ¿no? ¡Uf! Pero fue agradable todo; como lo he dicho: con placer desconcierto y fatiga. 

¿Qué es Ulises? Diré que es, acaso, la más ambiciosa obra narrativa que se haya escrito en la historia de la humanidad. Una novela que no dice nada y lo dice todo, al mismo tiempo. Es una obra literaria, bastante extensa, que narra hechos ficticios que, vistos a ojo de buen cubero, carecen de mayor importancia. No aborda “los grandes temas de la humanidad”; las conversaciones de sus personajes son como las de cualquier vecino de una ciudad. Y, como sabemos, en las conversaciones de la gente, en una ciudad, se tratan generalmente de asuntos domésticos, fútiles: muy raramente se habla, por ejemplo, del destino de la humanidad, de asuntos referidos a la paz mundial, o “las hondas caídas de los cristos del alma”, y no tienen que engolar la voz o darle majestuosidad a sus expresiones. Los personajes de Ulises, igual; y nada tienen  de excepcional, no han sido hechos para ser alabados o para servir de ejemplo (por sus luchas, sus sacrificios, sus actos nobles, sus rarezas, en fin); jamás podremos referirnos a ellos, como lo hacemos con Juan Preciado, Jean Valjean, Aureliano Buendía, Emma Bovary, Rendón Wilca, Gregorio Samsa.... No son "héroes", sino personajes comunes y corrientes. Pura cotidianeidad. Esto, creo yo, le da a la novela  un verdadero carácter de realista, en el más amplio sentido de la palabra; es, por lo demás, absolutamente verosímil. Por otra parte, es –estoy convencido- una novela, también al mismo tiempo, difícil y fácil de leer. Puede generar –y, de hecho, genera- reacciones de admiración, de desconcierto, de rechazo y hasta de odio, y tal vez también de placer; es decir, cumple cabalmente la razón de su existencia: conmover (o sea, "perturbar, inquietar, alterar"), como toda buena obra de arte.  

Borges, en una conferencia acerca del tema, dijo claramente esto, que es un magnífico y justo homenaje: “Quiero decir que si tuviera que perderse todo lo que se llama literatura moderna y hubiera que salvar dos libros, esos dos libros que podríamos elegir en todo el mundo serían, en primer término el Ulises y luego el Finnegans Wake, de Joyce”.

Los sucesos que cuenta Ulises se ubican, temporalmente, en un día de junio de 1904. James Joyce eligió el 16. ¿Por qué? Se dice que ello se debió a que esa fecha tenía una importancia de carácter sentimental para él: unos creen que fue cuando conoció a Nora Barnacle, la mujer con quién se casó y a la que le enviaba unas cartas bien "calenturientas"[4] (yo las leí por primera vez hace muchos años, en un periódico que, lamentablemente, se me perdió); otros, tal vez más acertados, están seguros de que en la noche del 16 aquel, tuvieron, James y Nora, su primer encuentro sexual (yo, por supuesto, me adhiero a esta hipótesis). 

(Mi ejemplar del Ulises –que lo tengo desde el 26 de agosto de 1975- corresponde a la sexta edición –en castellano- publicada en junio de 1972 por Santiago Rueda – Editor, de Buenos Aires). 


Lima, 28 de setiembre de 2020


[1] En inglés: “Stately, plump Buck Mulligan came from the stairhead, bearing a bowl of lather on which a mirror and a razor lay crossed. A yellow dressinggown, ungirdled, was sustained gently behind him on the mild morning air. He held the bowl aloft and intoned: // —Introibo ad altare Dei.”

[2] Sesilú, mi poema, fue publicado inicialmente el junio de 2004, en el diario La Industria, de Chimbote; diez años después, en mi blog personal.

[3] Obvio: esta cita no viene al caso, pero la he insertado por cuanto, para nosotros los peruanos, creo que se trata de una muy curiosa referencia.

[4] En carta del 6 de diciembre de 1909: "Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección- un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, coger entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente".

martes, 8 de septiembre de 2020

“Las palabras mueren en la afasia”. Roberto D. Malatesta responde “En cuestión: un cuestionario” de Rolando Revagliatti


Roberto D. Malatesta nació el 27 de diciembre de 1961 en la ciudad de Santa Fe (donde reside), capital de la provincia homónima, la Argentina. Es Contador Público Nacional, egresado de la Universidad Nacional del Litoral en 1989. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Municipalidad de Santa Fe 1994 y el Premio José Pedroni 2000-2005, obra édita, y 2006-2009, obra inédita. Su proyecto “Esperanza – Spoon River” recibió la Beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes. Coordinó talleres literarios en instituciones de su provincia y el Ciclo “Lecturas del Entrepiso” (Foro Cultural, extensión universitaria, UNL, 2010-2011). Efectuó reseñas literarias para las revistas “Fénix” y “Omero”, y para el diario “El Litoral” de la ciudad de Santa Fe. Desde 2004 participa en congresos y encuentros en diversas localidades de su país. Junto a la cantante ‘Flopa’ Lestani presentó espectáculos de poesía y música. Poemas suyos fueron incluidos en volúmenes antológicos: “Santa Fe al Norte”, “Premio Regional. Casa de la Cultura de Alvear”, “75 Aniversario”, “Luz inagotable”, “Poetas 2. Autores argentinos de fin de siglo”, “Señales de la nueva poesía argentina”, “Voix d’Argentine – Voces argentinas”, “Poesía de pensamiento”, “Huellas de agua” y “Francotrinadores santafesinos”. Desde 1984 ha publicado los poemarios “De las cosas blancas”, “Casa al Sur”, “La prueba de la soledad”, “Del cuidado de la altura del níspero”, “Las vacas y otros poemas”, “Flores bajo la lluvia”, “Por encima de los techos”, “No importa el frío”, “Cuaderno del no hacer nada”, “La nada que nos viste”, “El silencio iluminado” (antología), “La estrella roja y otros poemas”, “La realidad está en otra parte”, “Libro del pescador” y “Esperanza – Spoon River”.


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba? Y 2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RDM: Mi primer acto de creación o de iniciación, lo he escrito en un poema de “La estrella roja y otros poemas”. La tormenta era inminente, yo era un chico de seis o siete años, pero tenías miles de años de antigüedad, ya comenzaba a soplar el viento y se sentía ese olor a Dios que la lluvia, entre otros elementos, trae. La calle era un río de tierra, era el barrio de mi abuela, en el mío también eran de tierra las calles, yo sentí ese llamado, el viento, la tormenta, la pronta llegada de la lluvia que pone al cielo a nivel de las manos y el rostro. Algo se disparó en mí, y me lancé a la calle a revolcarme, daba vueltas y vueltas en el polvo, no sé qué era aquella danza, fundirme con los elementos, ser uno en la creación, comulgar. Si hoy no lo entiendo completamente, menos en aquella oportunidad.
Me fue mal, una vecina me vio y le contó a mi mamá, sin protestas la dejé aplicar su correctivo, ¿qué argumentar en mi defensa?


3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?...

RDM: La inspiración, no, no se ve, fluye, abre la puerta, invita a la fuga. Volvemos, si te quedás de ese lado enloquecerías totalmente. De chico, uno casi que vivía inspirado, pero te enseñan a rechazar la invitación. Existe.


4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RDM: Pablo Neruda tuvo una vida de absoluta locura: fue, vino, huyó, se refugió, amó mil mujeres, fundó su raíz en lo inestable, murió amargo viendo como se rompían sus sueños. Los libros autobiográficos de Neruda puede que sean su obra mayor. Claro, está “Residencia en la tierra”.

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RDM: No me gustan los lugares comunes de la lengua, rehúyo al refranero popular, me aburren los que viven citando frases de uso colectivo. Aunque por allí…: “La poesía sopla donde quiere”.

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RDM: Bohumil Hrabal, “Una soledad demasiado ruidosa”, nouvelle que es poesía pura, subrayé casi por completo el libro, historia de un perdedor magnífico, con tres relatos escatológicos y uno, de amor, que es una maravilla, y desde ya, la tristeza infinita. 
Un libro de poemas que se puede leer como una novela, la “Antología de Spoon River” de Edgar Lee Master, otra maravilla, el espíritu humano, su fragilidad, su pecado, su lado oscuro expuesto verso tras verso. Un clásico, un maestro.
Eugenio Montale: pero si hubiese escrito solo el poema “Los limones”, suficiente, no se necesita más.
El final del cuento de Borges, “La escritura del Dios” … ¡ah!


7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RDM: Me remito a otra historia que pude incluir en un poema, “El pelo de los Beatles”; yo era muy niño, estaba en la peluquería de mi madrina, allí unas señoras comentaban con grandilocuencia y a grandes voces que “al fin los Beatles se van a cortar el pelo”; no sabía qué eran esos “Beatles”, pero las señoras hablaban con tal pesadez, dogmatismo y engreimiento, que yo me puse del lado de los melenudos, deseé que pronto me creciera el pelo, ser un Beatles.


8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RDM: Posteridad… ya fue… cagada de palomas o disgregación en el polvo… Posteridad: ser viento.

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

RDM: Soy contador público, y de vulgares modos, como mi comprovinciano, el poeta José Pedroni, la rutina de mi trabajo se me hace cada vez más insoportable, aunque sea una rutina en constante composición o descomposición. ¡Dios, la jubilación, aunque me conduzca al hambre irremediable!


10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RDM: Todos tenemos nuestro estilo, y nuestras limitaciones, lo importante es no convertirlo en un mecanismo, eso sería la muerte.


11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

RDM: La indignación es ver ese exhibicionismo que esgrime la absoluta certeza, el engreimiento, la autosuficiencia, en un ser, en una sociedad. Se supone que somos constante aprendizaje; nacimiento constante o fósil: son las opciones. 
También me indigna la censura desde lo políticamente correcto. El arte no es moral y los artistas, muchas veces, son seres viles elevados por la divinidad a concluir una obra; los ciegos no lo ven así, y no verlo es violencia, censurar es violencia.
Por otra parte, violencia me provocan los malos árbitros de fútbol, y me harta instantáneamente cuando viene el cuarto gol del equipo contrario y los nuestros van en cero.


12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RDM: Bueno, ya conté sobre mi niñez; va otra: era un niño que tenía como libros preferidos la biblia y el diccionario, y a ello oponía todos los juegos de pelota que derribaban en serie las planteras de mamá. De más está decir que mi madre me prefería lector. 



13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RDM: Ser un personaje de Jorge Luis Borges da un poco de miedo, quedarse del otro lado del sueño o transitar la pesadilla, da miedo. Pero el universo Borges es el infinito, ser un guapo o un inmortal, ser el que cuenta “la” historia de su vida, el que se sienta en una mesa, vaso en mano y dice: escuche Borges lo que le voy a contar. Por supuesto, no se trata de mi voz, sino de la voz que Borges me dicta.


14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RDM: Soy muy afecto al silencio, al pozo de la soledad, ese “El silencio iluminado”. La sorpresa, quizás la mayor, no suceda, es aquello que está a punto de ser, y no es, como en el poema citado de Montale, “Los limones”: “Ves, en este silencio en que las cosas/ se abandonan y próximas parecen/ a traicionar su último secreto”.
La desolación es lo que no está, lo que se ha ido y el camino que se atraviesa a causa de ello. 
El fervor: las palabras de los poetas que acompañan.
La intemperancia, como vicio o defecto por la palabra que debimos guardar sólo para nosotros mismos.


15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

RDM:  Ingenio e ironía, me gusta más que sarcasmo: destaco al maestro Javier Adúriz, aunque no diría que la ironía prime en su obra, el ingenio sí, eso sobra. Ya más cerca de lo caustico, y, claro está, no exento de ingenio: Joaquín Giannuzzi.


16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RDM: Prefiero mis errores comprobables y comprobados, también son mi parte, que los por comprobar, siempre son los peores, esa es mi apreciación, no sé si la más apreciable, pero por ahí anda.


17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RDM: Las relaciones humanas son un misterio, pero si hay alguien que te parece querible no busques más vueltas, si te preguntás cómo carajo aprecio a este tipo que es tan opuesto a mí, es porque posee algo que supera tu comprensión, pero está, lo trae consigo. Ahora, valorar y querer no tienen por qué ser de la misma familia. Y creo que es más importante querer que valorar, por allí valorar no tiene mérito, alguien tiene valores, ha hecho cosas, entonces se lo valora. Pero querer es la semilla de Dios.


18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RDM: El mundo fue y será… como dice el tango tantas veces censurado… Suele ser el infierno, pero, o nos mimetizamos con él, o buscamos lo que en él es cielo, no hay más alternativas (por supuesto, plagiado de Ítalo Calvino).

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RDM: El mundo está lleno de seres anónimos que aman, trabajan y crean, no figuran en las crónicas y ni les interesa. Están a la vuelta de la esquina, te sirven el café o te dan el paso cuando ellos vienen por tu derecha. Tengo, por ejemplo, un amigo, gran poeta, que ha entrado en el absoluto silencio, no de la escritura, no le interesa nada del “ambiente”, pero claro, no lo nombraré, sería traicionarlo.


20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RDM: Soy de la generación de Los Tres Chiflados, de esa no me curo más. Yo hubiese querido ser un chiflado, en una de esas lo soy, al menos mi apellido no lo desmiente.


21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RDM: ¿Lejos? Ya a mi edad todo está más o menos lejos o no importa; aun así, trato de quererme, de ser feliz.


22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RDM: Aquí se termina la entrevista… no pienso escribir una novela… Pero si me aceptás una respuesta, siendo tan solo y tanto, un hombre, el amor suele sacar lo mejor de nosotros, el dinero y la política, lo opuesto. Religión y contemplación se parecen mucho, al menos desde mi perspectiva.

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RDM: Si son insufribles yo ya me fui demasiado temprano de la función como para calificarla… Salvo que se trate de reguetón, Dios me libre.


24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RDM: Cuando caminaba tomando la mano de mis hijos pequeños, era en un barrio del cielo… Ya no sabría dónde quedan esas calles, aunque aún vivo en él.


25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RDM: No, así como la ordenaste me satisface plenamente… Perfecto, Rolando, no lo podrías haber hecho mejor.


26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RDM: Las palabras mueren en la afasia y ello se produce cuando ya nada nos conmueve, el disco sigue girando, pero ya no hay quien escuche.


27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RDM: La verdadera ideología del artista es su capacidad creativa, la verdad del artista está en la obra. ¿Cuál era la ideología de Dante Alighieri? La de Ezra Pound, el gran vanguardista, la conocemos todos.


28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RDM: Bueno, quizás el error estuvo en mí, en creer en la promesa de esa persona. Y trato de mantenerme a distancia, no sea cosa que me vuelva a equivocar. Borges decía que no les prestaba plata a los amigos, por las dudas de que no se la devolvieran.


29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?
RDM: A mi abuela Berta (Borka, en su idioma natal), el ser más maravilloso, un ser de luz, inagotable luz que me sigue acompañando; ella era una traductora, sin saberlo, ya que me contó cuentos que sólo había pronunciado y oído en su lengua; su convicción para relatarlos era tal que yo conocía la nieve a través de la palabra nieve, cuando era un niño. Mucho después pude tocar nieve, en efecto, ya la conocía. Quizás escribo gracias a ella, o, dicho de otra forma, su gracia me legó la escritura.


30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RDM: La pasión puede ser estar en absoluto silencio, una mañana de domingo, leyendo; considero que las pasiones son inescindibles del yo, no soy sin ellas. Casi como los fantasmas, que ya de viejo he aprendido a sobrellevar y convivir con ellos sin exaltaciones, a veces, incluso, les tengo un poquito de lástima, ¡fijate éste, se ensaña con tan poca cosa!, les suelo decir. Con las pasiones me llevo mejor, nos sabemos a gusto el uno con el otro.


31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RDM: No sé, lo de alabado desmesuradamente puede ser en una época, luego eso cae, no se sostiene; de todas formas, yo admiro a quién me entregó algo, por ello no me interesa tanto la “alabanza”, prefiero la gratitud.


32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RDM: Tan asimétrico que puede ser simétrico. Escarbar en la naturaleza del amor suele ser poco amoroso. No existen patrones. Nada tienen que ver estas extravagancias mías, seguramente, con el poema de Luisa, muy buena poeta.


33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RDM: Puede depender de dónde me encuentre. A orillas del río: amanecer, siesta, crepúsculo. Si en mi casa, en mi barrio: la mañana, el mediodía, la madrugada. Pero el asunto es estar en ese preciso momento, en ese lugar, no ausentarse, no de uno mismo, de la hora, del espíritu del tiempo.


34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RDM: Reuniones cumbres, no me gusta, es como aquel poema del inmenso Horacio Castillo, cuando el escalador del Everest llega a la cumbre y descubre al cielo tan distante como antes (qué poeta Horacio Castillo, con él me reuniría en la cumbre del Everest), pero, bueno, jugando un poco, me hubiese gustado un encuentro entre Li Po y Thomas Merton, y si a eso le sumamos a Mozart tocando el piano, ¡yo quisiera estar allí, oculto entre arbustos, o sirviéndoles el té!


35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RDM: Tablas, con tablas estoy hecho; con eso, yo que siempre pierdo, gano.


*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 460 kilómetros, Roberto D. Malatesta y Rolando Revagliatti, 2020.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Microrrelatos del argentino Martín Alvarenga


Preludio del cero a la izquierda
El microrrelato o microcuento tiene una complejidad y una tradición que formularé en forma desdoblada en otras entregas, sin perjuicio de seguir ampliando y yendo a lo hondo de su semántica y su morfología. Esta variable del narrar se da en la condensación de un cuento largo o en una sentencia que se convierte en relato e incluso se materializa en oraciones y aforismos de distintas creencias religiosas que fueron teológicas y luego metafísicas dentro de la expresión literaria.
El microcuento es reconocido por su concentración de sentido que surge del tiempo mínimo del relato en un espacio que se sitúa en pocas palabras en un engarce entre el límite que suma y resta a partir del cero, en una escala atómica y subatómica que se supedita a un movimiento pendular que se corresponden en afinidad de la dualidad, una dualidad superada por la experiencia de la unidad escritural y no pocas veces reflexivas.


Legado de Fu Manchú a través de un microcuento
Cuentan que el filósofo renegado Fu Manchú (hermano gemelo del sexto patriarca) dejó sobre la arena este escrito que no pudo ser borrado por las olas ni por el viento, a saber:                                                                                                                           
“Me acerco al que me quiere y reconoce como ser humano; en cambio, me alejo de aquel que me tome como cosa o me traiga mal agüero junto a un entorno cómplice y malicioso”.
Los hechiceros de su tiempo aseguran que con el agua del océano y el viento salobre la escritura escrita en la playa por el dedo del sabio, se borraba una y otra vez; al instante la escritura viviendo por sí misma resucitada en las huellas de la arena y jamás pudo ser vencida.
*Fu Manchú vivió en el desierto muchos años alimentándose de prodigios. Su existencia data según los registros orales, a mil años antes de nuestra era, dejando un tributo a la humanidad no en menor escala que el eximio conversador llamado Sócrates.
** Otro sí digo: yo soy la reencarnación de Fu Manchú y es mi verdadero nombre Fu Manchú II (por ser la continuidad de un monarca), hermano legendario del emperador Chin Cu Lin. Firmo este poema de mi autoría expresando que no soy el que conocen como Martín Alvarenga. Estoy inscripto en el Registro Civil como aquel sabio del cual provengo y mi denominación es de extracción que me identifica como una aristocracia arisca o un noble bárbaro proveniente de zonas lejanas y cuasi profanas, patentado como desconocido migrante.


Ciudadano indeciso
Una persona ingresa al cuarto oscuro y se encuentra con las dos opciones y dice “¿Qué hago? Piensa en todo lo que pasó en los días recientes y sentencia “¡A todo o nada!”. En seguida toma una boleta, la deja, toma otra boleta y la pone sobre el pecho meditando a la velocidad de la liebre y vuelve a preguntarse “¿¡Nunca me pasó esto!?”.
Vuelve a dejar en la mesa ambas boletas y dice: “Ya sé… voy a votar en blanco”. Es en ese instante en que extrae de su bolsillo un papel en blanco doblado en cuatro, ya va a ponerlo en el sobre, cuando otra idea irrumpe en su mente como un susurro secreto: “Pero me dijeron que votar al votar en blanco se suma al que va primero. ¡Ah, qué suerte!” y en seguida “¡Ah, qué mala onda sentirse culpable!”.
Por último, se dice a sí mismo y a media voz “Voy a votar en negro, qué embromar”. Pausa. “¿Voy a votar el negro? ¿No me dijeron que el negro es color que cae bien con todo? Sí, y lo que me preocupa es que el negro podría ser camaleónico como los corchos flotadores”.
Golpean a la puerta del cuarto oscuro por su excesiva demora.
“¡Un momento por favor, ya salgo!”.
“Ahora sí me doy cuenta de que me embarraron la cancha”, piensa, mientras su otro yo le dice “por ahí sos vos el que la embarraste”. Cierra los ojos y se entrega mansamente a los designios de la casualidad.
Hay tres plagas cuyo manto de oscuridad se cierne y atraviesa a la humanidad:
1) La guerra del dinero
2) La guerra mediática
3) La guerra mortífera de las armas
Sólo el animal parlante carga sobre sus espaldas esta tonelada de espanto, en su condición de víctima y victimario
En calidad de participante de esta especia pregunto: — ¿Quién querrá jugarse por nosotros, los Dioses o la Naturaleza?


 Los tiempos que corren
En tiempos tormentosos hay que tomar el té de tilo que proporciona la sedativa prudencia y la paz mínima y móvil.
De lo contrario, somos una carga explosiva que, de manera repentina, podría explotar, sobre todo en secuencias de ansiedad y tensión extremas entre sistema, individuo y sociedad.
Hacerse sistemáticamente el tonto, un camino para encaminarse o desencaminarse, una salida sin salida con la convicción de que esta es la única manera de sobrevivir.
 Texto anti sorpresa
(Por el cantante de boleros -en retiro efectivo- Antony Alvarenga)
Escribo estas líneas ofreciéndolas de ayuda memoria, en mi condición de filántropo sin capital activo y pasivo.
Ante la rotación de cualquier sistema de gobierno, estamos familiarizados ante el hecho inequívoco de que los corchos salen flotando para salvar su ropa y demás acopios.
Son aquéllos que cuando pasa velozmente el caballo del poder de turno ostentan sin advertirlo su peligroso ingenio: prenderse por la cola del equino como si fueran eternas garrapatas.


Heroicidad de la Madre Patria
Soñé que una mujer titán -en un movimiento elegante y vigoroso- bajaba el sol con una mano, clavándolo en nuestro suelo zigzagueante.
— ¿Por qué hace eso? — dije intrigado.
Ella respondió: — Estoy dispersando la simiente para que las personas de este presente y futuro de buena voluntad tengan a prueba de fuego la esperanza impulsada por una nueva y alegre utopía.


Abrazo de las antípodas
No hay en el universo una criatura de emprendimientos más avanzados y regresivos que la especie humana, campeona cósmica de la bipolaridad.
Nosotros, en esta escisión, estamos en la tarea de impulsar la espera ilimitada, cuestión de que nuestra voluntad alcance el extremo de la cumbre más elevada y se tome el atrevimiento de hacerle cosquillas a la planta de los pies de la esperanza.
Posdata: ¡Les juro que la tecnología padece de una osteoporosis múltiple y nos dicen después que la máquina supera a la gente!


Anhelo de una poética de la existencia solidaria
Desde mi punto de vista he interpretado y vivenciado -en cuanto a la historia de la humanidad- que la violencia muchas veces cuando se desata y hay dos partes, ambas no se benefician, por lo que he llegado a dos conclusiones:
1) en la guerra, gane quien gane, todos pierden.
2) que no estoy de acuerdo que el fin necesariamente justifica los medios. A veces me pasa por la cabeza la épica del pueblo polaco que siempre fuera avasallado en todas sus fronteras, vale expresar ellos tuvieron la vivencia profunda de la rebeldía y la soberanía.
Los argentinos estamos sedados y necesitamos ese misterio de la frase “Por quién doblan las campanas”, por lo que quizás algún día se nos suba la adrenalina de un modo suficiente para que nos arreglemos de una vez por todas.
No estoy desesperanzado, al contrario, es monótono y mediocre vivir sin ideales y anhelo que la revolución sea esencial y no circunstancial. Y para que esto se materialice tendría que primar el incentivo de una moral de la persona y la comunidad: el pensar del conocimiento profundo y el pensar de la sensibilidad iluminada y el practicar el juego de “tengo lo suficiente y lo demás será lujoso”.


Romper el molde
Palabra y pensamiento, experiencia e intuición, dan lugar a una inevitable poética de la existencia.
Una poética sagrada y subversiva, contestataria y visionaria, desmadrada a romper el molde de lo ya establecido como intocable.
Si no intentáramos romper el molde, ¿qué sentido tendría venir a este mundo? ¿Qué sentido habría tenido haber vivido dentro de lo ya dado, evitando lo que no aún no ha sido creado?
 Pensamiento liviano plus
I No podemos hacer nosotros totalmente la vida, también la vida nos hace a nosotros. El modelaje es recíproco: nuestra paupérrima libertad condicional y el capricho del azar.
II No pienses sin despensarte, pues de lo contrario te podrías enredar en la erudición, perdiendo el potencial de sabiduría que se halla de la cintura para abajo de tu esmirriada y noble osamenta.
III Asegurate en mantener y hacer más equilibrada la liviandad de tu pensamiento, sin perder la densidad de su fuego salvaje, que te suelta y te contiene en la cautivante y extraña invención.


Extrema plegaria
La religión auténtica no es una evasión sino creer en algo que no se puede demostrar y sí ayuda a vivir. Me apropio o soy poseído por la fe, cuando dibujo un horizonte con esta inscripción “¡Creo y lo vivo! ¡Vivo y lo creo!”. Todo creyente es un teólogo intuitivo. Por más convicción que tenga, se halla expuesto a vivir situaciones límites buscando un sentido en procura de desentrañar su lacerante duda. Cristo en la cruz, asumiéndose en su humanidad, había dicho “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Entonces, si el Hijo del Padre reveló su debilidad de mortal, aceptemos que no nos abandona esa vacilación de fondo, por más que tengamos la fe en el ancla casi inamovible del destino que diera origen a nuestra sagrada elección.


Esto es lo que queda de mí
Lo que me dicta la conciencia y el inconsciente en lo diurno y lo nocturno y en mis intervalos lúcidos como alterados, desde el silencio reparador del cielo y el travieso hueco que me abisma, mientras me aferro al pensamiento y la palabra desde mi borrosa identidad como contracara cómplice de la diversidad, como única vía salvífica de mi hilarante pellejo.
Lo que queda de mí, una porción invisible de sentirme drogado por la luz y copado con los soles de mi tierra, que nunca llegarán al ocaso, por haber dado origen a la patria que consagra la simbiosis entre el sueño y la vigilia.
Lo que queda de mí me resulta suficiente para luchar por la vida en la dinámica de la existencia. Lo que apenas soy, me permite vivir con las cosas modestas como si este pequeño gusto fuera la riqueza de sentirme no aprisionado por las ambiciones y sí seducido por los diminutos e imperceptibles hallazgos en la vida cotidiana, que me asombra constantemente con su depósito de maravillas.