sábado, 25 de abril de 2015

Convocatoria al taller de poesía documental con Paul Guillén en la Casa de la Literatura Peruana


La poesía investigativa o documental es un tipo de creación poética opuesta a la poesía como manifestación del “yo” o de los sentimientos del autor. En la poesía investigativa el autor desarrolla un documento de trabajo o un collage que se caracteriza por la polifonía y la alteridad. Este tipo de poesía permite que otros sujetos, fuera del autor, expresen su voz, la cual es intervenida, interpretada y contextualizada.

Para explorar esta particular forma de plantear un proyecto literario, el poeta Paul Guillén dictará el Taller de Poesía Investigativa o Documental, que está dirigido a estudiantes de humanidades, jóvenes poetas y público en general interesado en experimentar en el formato documental.

Las sesiones del taller serán en la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima), los días jueves 14, 21, 28 de mayo y 4 de junio, de 5:15 a 8:15 p.m. La participación es gratuita con postulación previa.

Quienes deseen participar deben hacer clic en este enlace y llenar correctamente el formulario para ingresar al proceso de postulación. El plazo máximo para postular es el viernes 8 de mayo a las 12 m. La lista de 25 personas ingresantes al taller será publicada el lunes 11 de mayo en la página web de la Casa de la Literatura Peruana: www.casadelaliteratura.gob.pe

Metodología del taller
El taller es de carácter informativo, analítico y experimental. Las jornadas teóricas buscan consolidar un conjunto de conocimientos sobre la poesía investigativa o documental. Las jornadas de corrección se proponen como un diálogo y debate abierto entre los participantes del taller. El resultado final será un proyecto de docupoesía individual que puede consistir en un grupo de poemas, un poema largo o un proyecto híbrido (mezcla de diversos géneros) e incluso se puede trabajar en el formato audiovisual.

{Por ejemplo, en el libro Things Come On (an amneoir) de Joseph Harrington se pone en diálogo la investigación sobre la muerte de su madre y su posterior muerte (esfera de lo privado) con el caso Watergate ocurrido durante el mandato del presidente norteamericano Richard Nixon (esfera de lo público). En Shut Up Shut Down de Mark Nowak se refiere una experiencia ajena al organizador del libro (el autor): La investigación de Nowak es el declive de la industria automovilística en Estados Unidos. En el caso de Jane A Murder de Maggie Nelson, su investigación se centra en el asesinato de la tía de Nelson a manos de un asesino en serie}.

Programación

Sesión 1: Miradas sobre la poesía investigativa.
Lecturas: El verso proyectivo (1967) de Charles Olson. La poesía investigativa (1976) de Ed Sanders. Desde Reznikoff a Public Enemy. El poeta como periodista, historiador, agitador (2007) de Philip Metres. Docupoesía y archivo de deseo (2011) de Joseph Harrington.
Ejercicio de composición en clase: Definir el tema de investigación o documental.

Sesión 2: Los grandes modelos norteamericanos.
Lecturas: El libro de los muertos (1938) de Muriel Rukeyser. Paterson (1946-1958) de William Carlos Williams. Los poemas de Maximus (1950-1969) de Charles Olson. Testimonio (1965) y Holocausto (1975) de Charles Reznikoff.
Ejercicio de composición: Primer avance con el método de la poesía investigativa.

Sesión 3: Modelos contemporáneos en lengua inglesa.
Lecturas: Dictee (1982) de Theresa Hak Kyung Cha. Shut Up Shut Down (2004) de Mark Nowak. Don’t let me be lonely. An American Lyric (2004) de Claudia Rankine. Jane A Murder (2005) de Maggie Nelson. Things Come On (an amneoir) (2011) de Joseph Harrington. INVERSE: “Creyente” (2009), docupoesía en video acerca del Huracán Katrina por la poeta Natasha Trethewey y el fotógrafo Joshua Cogan.
Ejercicio de composición: Segundo avance con el método de la poesía investigativa.

Sesión 4: Modelos en Latinoamérica.
Lecturas: La Nueva Novela (1977) de Juan Luis Martínez. Purgatorio (1979) de Raúl Zurita. El Schock de los Lenders (1986) de Jorge Santiago Perednik. Monte de Goce (1991) de Enrique Verástegui.
Ejercicio de composición: Tercer avance con el método de la poesía investigativa.

Sobre el tallerista
Paul Guillén (Ica, 1976). Tiene un Master en  Escritura Creativa por la Universidad de Texas en El Paso y  es Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado poemarios y plaquettes en Perú, México, Ecuador y Chile. Sus ensayos y entrevistas han aparecido en revistas como Tsé-Tsé, Galerna, Hispanic Poetry Review, Rio Grande Review, Letras.s5, Guaraguao, Polifonía, Armas y Letras, Laboratorio, Martín, Casa de Citas, entre otras. Ha sido conferencista en congresos realizados en Perú, Chile, México y Estados Unidos. Actualmente, dirige el blog y revista Sol negro.

lunes, 6 de abril de 2015

Presentación de "Preparaiso" de Mauricio Rosenmann Taub Por Raúl Zurita

Buenas tardes.
Querido Mauricio:
Es para mí, como siempre, más que un placer, un honor, una verdadera fiesta presentar en este caso Preparaíso de Mauricio Rosenmann, porque desde sus comienzos es una obra que realmente me ha fascinado. Escribí un pequeño texto en la contratapa en el que afirmo que es el libro más crucial de un poeta que es crucial y que es quien más ha ensanchado, por así decirlo, ha expandido el concepto de poema.
Yo no conozco a nadie que haya llegado más lejos en la investigación, en los niveles de significación, en los niveles acústicos, musicales, filosóficos, de pensamiento, de su visualidad, que haya ampliado más las posibilidades de la página, la página como un cuadro, un espacio en blanco sobre el cual están estas estrellas invertidas que son las letras, como las veía Mallarmé. Mallarmé decía que la página es como el anverso de un cielo estrellado porque la página es un cielo blanco con estrellas negras. Esta idea está en Mauricio Rosenmann y no está en ningún poeta chileno ni en ningún poeta latinoamericano. Se podría relacionar talvez con lo que se ha llamado la poesía visiva, la poesía concreta, pero para mí es más crucial que eso.
Es mucho más importante la obra de Mauricio porque a toda su exploración límite se unen los múltiples niveles de significado y se une una cosa muy extraña, que suele no darse cuando realmente se está en estos niveles de experimentación, algo que es profundamente chileno y que siempre tiene algo en el lenguaje, un guiño al lenguaje popular, al colonialismo, una investigación en las raíces métricas, en la historia del castellano como lengua y en la historia del chileno de la copla popular que se entremezcla y se cuela como una parte más de una música total, de una música general que tiene algo de religioso y al mismo tiempo es cómico. Es de una complicidad cómica y seria al mismo tiempo y al mismo tiempo de una religiosidad religiosa y blasfema simultáneamente.
Entonces estas múltiples fuentes que intervienen en la poesía de Mauricio y en Preparaíso —incluso yo lo vi al comienzo: es una especie de obra de teatro imposible de representar, pero con voces, con espacios que dialogan entre ellos—, esta música nos revela finalmente un misterio del lenguaje, el océano general de las hablas, el mar desde el cual todo surge y al cual indefectiblemente todo vuelve. Entonces la escenografía finalmente, creo, se nos presenta con la historia: la escenografía es la lengua que hablamos y deja ver cómo esa lengua se funde en el mar general de todas las lenguas y de todas las expresiones humanas.
Para mí, como les decía, es una poesía que tiene algo también de salmo, de evocación a un Dios, si está, si existe, existe en la lengua, existe en la palabra, en las palabras o no existe. Entonces Preparaíso es un libro absolutamente sorprendente por su libertad que es de un rigor extremo. Si uno ve las páginas… Son verdaderos dibujos, unos dibujos increíbles. ¡Cómo maneja la visualidad! Y por otro lado son de una libertad increíble. Aparecen recetas casi de cocina. Todo con un nivel que por un lado es de una profunda seriedad y por otro lado tiene un humor público, un humor que es brillante, que es enloquecido y es único. Entonces uno de pronto empieza a reírse también, empieza a reírse sin saber bien por qué se ríe, pero se ríe.
Creo que es un privilegio y yo felicito a RiL que ha sido su editor constante acá, porque me impresiona —y ustedes que están acá en esta presentación son por supuesto una maravillosa prueba—, me impresiona que esto no sea ya reconocido como una de las obras maestras de la poesía contemporánea, al menos de la poesía contemporánea chilena, la poesía contemporánea de nuestro país, una de sus expresiones cumbre, como una de sus expresiones límite. Y me da pena por Chile, no por Mauricio, porque no me cabe a mí la menor duda que tiene absolutamente la posteridad ganada.
Entonces lo vamos a comprender. Nosotros que estamos acá lo estamos entendiendo, pero no un país rígido, un país que descansa, que tiene una molicie y una inercia receptiva bastante impresionante. Me siento entonces como una especie de pequeño apóstol, sin ser mandatado para eso. Y realmente es una obra que hay que conocerla, disfrutarla, seguirla. Es un favor, es un gran favor que nos hacemos a nosotros mismos. No a la poesía, porque la poesía ya está hecha. Nadie le va a quitar una letra a este poema, pero nosotros nos enriquecemos, nos hacemos más amplios, más libres, más generosos cuando leemos obras como ésta.
Entonces yo quiero que hable Mauricio, porque él es el poeta. Que él nos cuente. Y yo lo dejo hasta acá. Siento nuevamente una gran alegría acompañarlo, acompañar a mis amigos de RiL, acompañarlo a Mauricio en este Preparaíso, esperando que sea un Bienparaíso, que se acabe el pre y que sea el paraíso ejemplar. Y felicitarlo y alegrarnos mucho por todos los que estamos aquí.
Muchas gracias.

miércoles, 1 de abril de 2015

Enrique Verástegui: “Escribo lo que me gusta, hablo lo que debo hablar y no digo lo que no quiero”


Julio Lira Segura
jlira@diariogestion.com.pe
Raúl Castro Pereyra
rcastrop@diariogestion.com.pe

Enrique Verástegui está olvidando algunas cosas. Él mismo admite que su mente cae en profundos vacíos. Le recordamos algunas bellas frases de su poesía y no las reconoce.

Pero sí tiene claro que es un poeta, que fue un Hora Zero, esa generación de hombres y mujeres que empezó a fundar en la década del setenta un nuevo orden en las letras.

Quién es hoy Enrique Verástegui, preguntamos en su casa de la avenida Brasil en Jesús María. “Hoy, Enrique Verástegui solo puede referirse a sí mismo, a sí mismo son sus artículos publicados y no publicados. Nada más que un escritor en un mundo convulso”.

Pero Enrique Verástegui es también ‘Harry’ o ‘el negro’ para sus amigos. También es el autor de más de 20 libros de poesía, novelas, cerca de 20 textos sobre filosofía y hasta de matemáticas.

¿Qué está escribiendo ahora?
Todo el tiempo escribo, acabo de terminar un cuaderno de arte, y busco un editor. También estoy escribiendo un texto andrógino que no es ni prosa ni verso. Y un libro que se llama “La partitura peruana”.

¿De qué trata?
Hablo, por ejemplo, de Daniel Alomía Robles sin ser músico, del padre Gutiérrez, que luego de 40 años me he sentido con el deber y la libertad de conciencia de hacerle un poema.

¿Siempre ha creído en Dios?
Sí. Alguna vez se me pasó por la cabeza ser ateo.

Pero en sus primeros libros, hay la impresión de que usted no creyera en nadie…
No lo sé. He tratado siempre de escribir algo que esté a la altura de la época. Yo nunca he buscado a Dios en mis libros, sino la perfección. Alguna vez escribí una suerte de testamento, en la que defino qué es Dios para mí.

¿Y qué es Dios para usted?
Dije que Dios es el cuerpo de la esposa deseada. Por supuesto que me morí de nervios, por lo que escribí.

¿Cuándo ha sido la última vez que ha publicado?
El año pasado publicaron en México el “Motor del deseo” y ya se alista una nueva edición.

¿Usted es consciente de que Hora Zero es un grupo de culto para ciertos sectores?
No lo he pensado. Yo escribo a mi propio gusto. Julio Ramón Ribeyro decía que escribir es inventar a un autor a la medida de tu gusto. Eso hago yo. Nunca sé por qué los jóvenes, que son los que me leen, me escogen.

¿Nunca les pregunta?
Quiero mantener mi inocencia en ese tema.

¿Lo escogerán porque es aún un rebelde?
Hay que ser rebeldes, no revolucionarios. Hay que ser rebeldes frente a las cosas cotidianas.

¿La poesía es una actitud de rebeldía?
Es por tema, del país, de uno mismo, y de las generaciones de escritores.

¿Qué le gusta escribir ahora?
Continuamente escribo. Estoy haciendo un libro de arte. Cuando tengo lapiceros y cuadernos sigo produciendo. En México también publicaron mi libro “Splendor”. Es un texto de mil páginas.

¿Cuánto tiempo le tomó ese proyecto?
Cuarenta años.

¿Escribe en una computadora?
Sí, durante 10 años lo estuve haciendo junto a una amiga argentina, para poder dominar el estilo. La prosa que tiene Jaime Bayly no aporta inteligencia al lenguaje. Todo lo arroja la computadora. No es superior a la prosa que aporta el periodismo. Beto Ortiz acaba de publicar y es un mamotreto.

¿Y por qué no les gusta lo que escriben?
Porque no tienen dominio del lenguaje, se dejan dominar por el ritmo que les da la computadora.

¿Qué temas han cambiado en su literatura frente a lo que hacía en los setenta?
No lo sé. Al comienzo yo solo quería aprender a escribir. Yo era un estudiante de San Marcos. Y en esa época se decía que eras valiente si publicabas un libro y lo defendías hasta la muerte.

Hora Zero
El movimiento Hora Zero nació en 1970. Ese fue un año distinto para la literatura peruana. Los poetas Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz publicaron el primer número de su revista con ese sugestivo nombre. “Materiales para una nueva época”, reza la portada.

Al interior también se consignó el manifiesto “Palabras urgentes”. Se trataba de una ácida crítica al sistema y al movimiento cultural y a sus protagonistas.

“Necesario es, pues, dejar las nubes en su sitio. Si somos iracundos es porque esto tiene dimensión de tragedia. A nosotros se nos ha entregado una catástrofe para poetizarla. Se nos ha dado esta coyuntura para culminar una etapa lamentable y para inaugurar otra más justa, más luminosa”, remata el manifiesto.

¿Lo suscribe?, preguntamos. “Claro”, afirma. En 1970 tenía solo 19 años y publicó el poemario “Los extramuros del mundo”, Pimentel lanzó “Kenacort y Valium” y Ramírez Ruiz “Un par de vueltas por la realidad”.

Verástegui conoció a ambos poetas de la Universidad Federico Villarreal a través de un amigo. La primera vez que se vieron se encontraron en la Biblioteca Nacional. “Nos gustaba caminar por Lima, la hora del lonchecito y si había algo que defender defendíamos a la izquierda”.

¿Se siente afín a las ideas de izquierda de ese primer manifiesto?
Me alejé del comunismo hace muchos años. Me siento un rebelde con causa y muy justo.

¿Se ve con los Hora Zero?
Me hablo con ellos todos los días, sobre todo con Pimentel.

¿Perdura Hora Zero?
Como decía un ‘pata’ que murió: en Hora Zero ahora cada quien baila con su propio pañuelo. Ellos son mis amigos, pero yo soy discrepante.

Habla de ellos, ¿ya no es parte de Hora Zero?
No, ya no. Hora Zero se considera vanguardia, pero yo estoy en contra de esa denominación. Para mí, es un equipo de elite para la literatura peruana.

¿Alguna vez pensó que Hora Zero puso, y tomemos un término que se usa para muchas cosas, de moda a la poesía?
Éramos conscientes del poder de los medios de comunicación. Se hablaba ya de la aldea global, que es una visión utópica de la vida. Fue el poder del periodismo el que catapultó a Hora Zero a la eternidad.
Eran bueno poetas, y también sabían de relaciones públicas.
Hacíamos buen marketing.

¿Escribían pensando en la gente o en ustedes?
Esa idea forma una polémica. Escribo lo que me gusta, hablo lo que debo hablar y no digo lo que no quiero. Vivo feliz así.

Ya sabemos qué escritores no le gustan, pero ¿hay algún joven, cuya producción valore?
En este momento hay un movimiento de ruptura. Se trata de una producción de la pura ingeniería con la gente y con un instrumento fabuloso que es la computadora.

Pero ¿le gusta algún escritor o se siente defraudado por lo que lee?
Los jóvenes se avientan, pero no tienen base (…) Provengo de una generación que admiraba a Jorge Luis Borges, quien decía que se sentía más orgulloso de los libros que ha leído, que de los que escribió. Me siento igual, pienso lo mismo.

¿Tiene miedo de olvidarse las cosas y prefiere escribir todo?
En algún momento lo he querido hacer. Tuve un diario. Hablaba de lo que yo percibía, no hablaba de política, porque a la gente no le gusta.

¿Usted cree que la gente no quiere hablar de política?
Estamos en una sociedad paranoica, nadie quiere hablar de política.

¿Por qué decidió estudiar Economía?
Me gustaba, pero no terminé la carrera.

Una industria
Hora Zero es un equipo elite de la literatura peruana, insiste Verástegui. El poeta reafirma que su concepto es superior al de vanguardia que utiliza Tulio Mora, también activo integrante del movimiento, sobre todo en su segunda etapa.

En 1974, Jorge Pimentel regresó de Francia. Un año antes, Hora Zero estaba casi disuelto, sus “actos contundentes”, que eran incursiones poéticas en distintos barrios de Lima, eran solo recuerdo. Fue precisamente Mora quien ayudó a Pimentel a reflotar el grupo.

Es en este periodo que Hora Zero se contacta con poetas de México, Chile y de Europa. Hay una clara relación con los infrarrealistas que fundara el chileno Roberto Bolaño. Verástegui tiene un papel fundamental en este periodo, que se conoce como la etapa internacional del colectivo.

Alguna vez Jaques Chirac, quien antes de presidente de Francia fue alcalde de París, polemizó con los Hora Zero y los llamó revolucionarios de café.

¿Hay una industria cultural en el Perú?
Hay una industria, pero no está a la altura de la modernidad, no entiende Facebook, Google, YouTube. Creo que hay en la industria falsos capitalistas, porque no producen para ganar, producen para el hígado. Me siento herido cuando alguien promete editar un libro y no lo hace.

¿Por qué sucede eso?
Porque la literatura también es una relación de contactos y amigos.

¿Cree que hay una literatura peruana?
Hay una nueva generación, llevados por la cantidad de máquinas que hay ahora. Hay colectivos de poetas, pero no movimientos culturales.

¿Nada lo hace llorar?
Creo que en mis versos hay un llanto. Me he condenado a morir de hambre.

Y de sus libros, ¿cuál es al qué más cariño le tiene?
Todos me han costado por igual, todos son mis hijos.

*¿Cuándo es un buen momento para escribir? ¿Es mejor escribir cuando está en paz o con los demonios internos que quieren salir? *
Escribir al final siempre da felicidad, a pesar de lo que uno escribe y en qué momento lo hace. El escritor piensa y escribe. No importa que la gente diga que eso no vale. Hay una independencia evidente frente a la gente.

Poesía: el despertar de la mente con el sexo
Enrique Verástegui mira la grabadora y la ventana. Esta noche en su casa tiene puesto un short, una camisa y unas sandalias.

‘El negro’ ya no tiene el África look con el que se deja ver en la época en que Hora Zero, ocupa su tiempo por entero. Tampoco lleva los grandes lentes de carey ni los pantalones acampanados. Es ahora un poeta en tiempo de reposo y reflexión.

*Experiencia *
El ruido de los autos interrumpe su frágil concentración. Recurre a su memoria, regresa al presente. En ese vaivén está montada su mente.
Así saltan a esta conversación sus primeros libros.

“Empecé con una antología de Alejandro Romualdo y de Sebastián Salazar Bondy”. Dice que a los 12 años tuvo una experiencia mística y no sabía cómo expresarla: en prosa o en verso. Decidió por el verso.

No quiere dar detalle de aquella revelación, pero sí que a esa edad visitaba la biblioteca de Cañete y la que tenía su padre, que era un empresario. “Pero nunca siguió mis consejos”, señala y ríe. Su madre tiene 99 años y aún es escultora. “Nunca conversé de poesía con mi papá”, señala.

Luego, se corrige. “Sí lo hice. Una vez me dijo: a ti te dedican una página en El Comercio por los libros que publicas, así que debes ser bueno porque a mí me cuesta mucho dinero anunciar mi empresa allí”. Otra vez sonríe.

Letras en el mar
A los 17 años caminaba por las playas de su provincia. Tenía además una cadena grande en el cuello y al final un medallón. Tenía muchos sueños y frustraciones.

Escribía versos sobre la arena para que las olas se los llevaran. Tenía la idea de que su palabra así llegaría a todos los continentes. Ingresó a San Marcos, pero a la facultad de Economía y no a Letras.

“Toda mi vida yo escribía (…) Mucha gente tiene miedo de hablar de la poesía o la prosa porque está ligado a la masturbación”. ¿Por qué está ligado?, preguntamos. “Porque es el despertar de la mente con el sexo”.

Hoja de vida
Nombre: Enrique Verástegui.
Nacimiento: 24 de abril de 1950.
Estudios: Estudió Economía, Administración y Contabilidad en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

FUENTE:
http://gestion.pe/tendencias/escribo-lo-que-me-gusta-hablo-lo-que-debo-hablar-y-no-digo-lo-que-no-quiero-2127837

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL PUENTE DE HART CRANE



Oh la lluvia a las siete
Y la paga a las once.
Sonriendo mantén al jefe lejos,
Mary (¿qué vas a hacer?). Pasaron
Ya las siete y las once,
Y yo sigo esperándote.

¡Oh, Mary, ojos azules y pañuelo burdeos,
Mi Mary de los sábados!

¡Campanillas del carro
De golosinas!
¡Palomas a millones,
Y Prince Street en primavera,
Donde brillan los higos
Junto a las ostras!

¡Oh, Mary que te asomas desde el silo,
Suelta tu trenza de oro!

En pleno mediodía
De mayo las violetas
Se esparcen en cornisas de narcisos.
Reinan en Bleecker bandas de trileros,
Con crin de poni las peonías
Y en las ventanas nomeolvides:
¡Allá arriba, en la torre de latón, resplandece,
Oh, Mary catedral,
resplandece!


(Editorial PRE-TEXTOS, 2013)


HART CRANE (1899-1932) es uno de los poetas norteamericanos más relevantes del siglo XX. Su obra poética, marcada tanto por la intensidad como por la brevedad (sólo llegó a publicar dos libros:
White Buildings, en 1925, y The Bridge, en 1930), así como por la dificultad y el hermetismo de su dicción, ha sido situada en la tradición que inauguró Walt Whitman, de quien Crane es hoy considerado como uno de sus principales herederos. Mediante una escritura opaca y musical, aspiró ante todo a crear una poesía épica norteamericana con lenguaje moderno. Para el crítico Waldo Frank, en El puente –que para el autor constituía un solo poema– logró Crane hallar el principio unificador del yo del poeta con la realidad circundante y con la tradición. A pesar de todas sus dificultades y del rechazo in icial que esta obra suscitó, «Hart Crane –escriben las traductoras de este volumen– ha terminado siendo un punto de inflexión en la poesía moderna». La presente versión de El puente de Hart Crane ha sido realizada en el seno del Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna, que desde su creación en 1995 se ha especializado en la traducción de obras definidas por su dificultad o su complejidad. 




El puente, de Hart Crane (1899-1932), constituye el último gran intento, en la literatura norteamericana, de construir el mito de la Tierra Prometida, esa Nueva Jerusalén en la que los hombres gozarían de las beatitudes del Cielo, augurada por Emerson y Thoreau (seguir leyendo)

Jueves 26 de marzo Presentación de "Hojas de hierba", de Walt Whitman en edición y traducción de Eduardo Moga (Galaxia-Gutenberg ediciones)




Jueves 26 de marzo
Presentación de "Hojas de hierba", de Walt Whitman en edición y traducción de Eduardo Moga (Galaxia-Gutenberg ediciones, 1584 paginas)

Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19.30 h

Con Eduardo Moga, traductor y editor de la obra

Yo me celebro,
y cuanto hago mío será tuyo también,
porque no hay átomo en mí que no te pertenezca.



Hojas de hierba es la gran epopeya americana y una de las grandes epopeyas de la literatura universal: con una voz tan vigorosa como sutil, canta el nacimiento de los Estados Unidos y su desarrollo como nación. Sus poemas recogen la bullente diversidad del país, sus heterogéneos pobladores y sus paisajes inabarcables, y su carácter indómito, irreverente, exento de artificios. Es una épica democrática, que arrumba los viejos principios de las sociedades europeas y las igualmente viejas estéticas que los ensalzaban, y proclama las esperanzas y necesidades del Nuevo Mundo, donde ricos y pobres, hombres y mujeres, blancos y negros, están llamados a ser libres e iguales, y los afectos imperan sobre los intereses. Pero Hojas de hierba es también el retrato de una persona, Walt Whitman, que vierte sus pasiones singulares y sus anhelos más íntimos en sus páginas: "Esto no es un libro: / quien lo toca, toca a un hombre", escribe en un poema tardío. El amor por la naturaleza, la fuerza de su erotismo, la turbulencia de la vida en Nueva York y el abrumador ímpetu musical de su voz encuentran un eco dilatado en los poemas del libro. Para Harold Bloom, Whitman constituye el centro del canon norteamericano, porque toda "voz que en nuestra literatura contemporánea se alza en soledad, herida o estoica, tiende a asumir tonalidades whitmanianas".

"Durante un tiempo, pensé en Whitman no sólo como un gran poeta, sino como el único poeta. De hecho, llegué a pensar que todos los poetas del mundo hasta 1855 se habían limitado a conducir hacia Whitman, y que no imitarlo era una demostración de ignorancia. Jorge Luis Borges


               
José Hierro 7, 28905 Getafe (Madrid) / Tel. 91 696 82 18 / info@cpoesiajosehierro.org

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