lunes, 13 de septiembre de 2021

POEMAS DE LIUDMYLA DIADCHENKO (UCRANIA)

 


Liudmyla Diadchenko (1988). Poeta, ha sido vicepresidente de la Asociación Ucraniana de Escritores; miembro de la organización de rating de la literatura ucraniana “Libro del Año”; Doctora en filología (Teoría de la literatura) y estudiosa de la mithopoesis y la hermenéutica, entre otros temas.

Autora de los libros Cuota de entrada (2011), Una gallina para el turco (2017), Kedem (2021), este último laureado con el premio germano-ucraniano “Olecia Gonchara” (2017) y en el concurso literario “Poesía a la sombra del granado” de la Asociación de la diáspora de Azerbaiyán (2018). Lіudmyla Diadchenko es miembro de la Unión de escritores de los pueblos del mundo en Kazajistán. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía y Literatura de Estambul (Turquía 2017 y 2019); Festival Noches de Sapanca (Turquía, 2018); VI Festival de poesía de Sidi Bou Said (Túnez, 2019) y en el Festival Internacional de Poesía “Fikret Demir” (Chipre, 2019), 30 ° Festival Internacional de poesía de Medellín (Colombia, 2020), I Festival Internacional de Poesía y Literatura de Kahramanmarash (Turquía, 2020). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, árabe, еspañol, bosnio, chino, croata, georgiano, ruso, azerbaiyano y turco. Vive y trabaja en Ucrania (Kyiv).



Traducciones de Tallulah Flores


*

¿qué quedará de ti? ¿hojas marchitas y este par de pieles 

que te quitaste como una serpiente? ¿tallos de ajenjo muertos? 

¿brotes de ambrosia? los dioses griegos gustaban de esta hierba 

pero la carne de los dioses es el veneno de la mujer los dioses no somos nosotros 

el néctar produce alergia (como chador he ahí la mascarilla quirúrgica) 

y las hojas muertas hacen ruido en noches de delirio 

¿qué quedará de mí? Antes, te despojaste de todo 

y la travesura de la sota de corazones frente a eso es una parodia juvenil,

mientras que nos preguntamos ¿qué nos queda?: símbolos, recuerdos o solo mentiras? 

de jesús —la cruz, de van gogh —los girasoles, de hugo —quasimodo 

y del mundo —los huesos de todos aquellos que fueron conducidos por Dios 

a la aventura de esta tierra bajo el cielo.



*

Aquí, desde estas latitudes que son tu norte,

Estrechando el horizonte de ocasos dorados, 

Como sardina en lata, desvelada por más de uno       

(al observar nuestras piernas, nuestra longitud común)

Leo signo a signo las claves del horóscopo:

En general, nada cambia los fines de semana.

Sería más fácil consultar a las estrellas, a esa alegría

Tan suya que abruptamente   

Colma la habitación, y a los vecinos cercanos.

¿Qué hay de mi desierto? ¿Se ha secado la arena?

Atravesarlo no es nada del otro mundo para ellas.

Así que aquí, después de interferir tus relaciones, cualquiera que ellas sean, 

Las palomas vuelan hacia el cielo como una oración a Dios.



*

Julio me dejó unas cuantas tormentas magnéticas,

Tú me dejaste una que otra neurosis nueva.

Estoy amasando agosto para que crezca todo.

Amaso la estancia respondiendo a las huellas y tomando extraños cursos.

Para leer recetas y la alegría de hornear un poco.

Este es mi interior, mi verdad palpable. 

Todo barján es modelado por vientos solitarios,

Pero la arena es la misma, el desierto es el mismo, plenos de temor.

Tan sólo levanta algunos escarabajos, chacales o cualquier otro compañero

Y despréndete de tu indecorosa compasión.

Deja que tu agosto triunfe por completo,

Y haz que tus dedos se embadurnen como lo hicieron los caquis.



*

 Un libro de Kafka corrobora el absurdo de los últimos quince días.

Unas copas de vino corroboran la fiesta de la última noche.

Es un tanto difícil mirar de frente la verdad o las fantasías de los escritores.

Y nuestra historia es como una manta arrugada con los primeros rayos del sol.

"¡Por el futuro!", dices levantando la mano y haciendo una venia a la ventana,

Dispuesta frente a las plazas y a los cuerpos elípticos, silenciosos.

Ni las radiografías podrían mostrar esta irritante razón tan prolongada,

¿Por qué el alma tiene los pelos de punta? Si eres inteligente, lo descifrarás.

¿Y qué necesitan? ¿Por qué no reposan en las ventanas o en las mantas?

¿Y por qué se ocultan entre los remos en quietud en medio de la niebla?

Las perspectivas vuelan desde los ojos como de las manos un pájaro hambriento.

Entonces mañana ya no habrá silencio, no, Kafka, ya no habrá pájaros.



*

Ikebana son las grullas que emigran hacia tierras y arenas extrañas.

Cuando se cuelgan sobre mi mesa, conquistan mi corazón.

¿Qué beneficios tendrán? Como se les enseñó a los patos, ellas saludan,

Mientras afuera, una calle sumisa besa los talones de alguien.

Un final de otoño,  querida, trae virus, tos y un cielo amargo,

Frotando sarcásticamente mi nariz en el manojo de errores cometidos alguna vez.

Un pato morderá una estrella en medio de la noche y compartirá la presa

                                                                                                                   con algún  joven,

Volará hacia el este cubriendo apenas su rostro con un chador.

Sucumbo a mi camino y soy devoto como todo vagabundo.

Dos maletas, traslados nocturnos, una taza de té barato sin azúcar.

Hay una grulla en el cielo. ¿Puedes ver? Puedes preguntarte esto...

¡Saluda a la grulla! ¡Deséale "Buen viaje"! ¡Madura! 



*

La matemática no tiene esperanza. La lógica es desayuno luctuoso.

El cereal de alguien se enfría.

El espacio es tan libre que incluso engañando  

Nadie tomará la iniciativa ni se asustará ante las penas de prisión.

Aunque fragmentos de este cielo se fijen a la ventana,

Las moscas y las hadas pasarán sin problemas a través de los marcos,

Y el eco, afirmando la buena acústica del dormitorio

Sin ninguna resistencia, seguirá deambulando por allí.

Son las ocho y veinte. Un infinito pródigo de arenas y de olas.

No permite enfocar el drama de la vida eterna.

Tu lengua materna te compromete: un "cuco" asustado se escapa,

Esta fue la primera palabra pronunciada por Adán.



*

 Capitán, ¡veo tierra donde desembarcar!

Hay una ciudad con murallas pero sin torre,

Donde los pavos reales desfilan al mediodía,

Donde los arcángeles miran desde los rascacielos en reposo,

Y comparan los acontecimientos con las aplicaciones de la tabet

Hundiéndose felizmente en el dióxido de carbono... Capitán,

                  ¡Esta capital me sumerge hasta el fondo!

¿Se me ha volado el sombrero o me estoy volviendo loco?

Hastiado por lo visto a través del telescopio,

Ahogado por la tristeza agarrando mi garganta

Capitán, dé una orden

                                        Me bajaré del barco.

Capitán,

            Permítame bajar.

                                         Lo que deseo es la tierra.



*

Uno al lado del otro con los genios. Aquí

Se encuentran. ¡Solo frota una tetera eléctrica!

Tienes mis números. Si lo deseas, llámame

O pasa la noche aquí, no hay problema.

Las amas de casa tienen ollas y otras cacerolas.

Pero yo tengo algunos arenques, agua y tengo al genio

Empacando mi dote en la maleta,

Pero le hace falta tiempo. ¿Cómo podría arreglárselas solo?

Sin separar los calcetines, al principio,

Por lo que todo quedará en manos del destino.

"Ábrete Sésamo", dirás, mientras me abandonas

Y serás observado por mis genios.




Traducciones de un traductor de Venezuela


***

mi capitán, ya el ancla tocó fondo y

ante los ojos se levanta una ciudad

sin torres, amurallada. durante el día

sus lugareños redoblan con tambores

marchas en fastuosos desfiles.

y arriba en lo oculto, desde sus edificios

vigilan arcángeles para que todo obedezca

a las normas escritas en las tablas.

desde el dióxido de carbón

el rostro hundido emerge.

capitán, esta ciudad tan hondo me carcome,

me arrebata el sombrero, arranca los techos.

agotado de todo lo visto detengo la mirada,

en mi catalejos veo la tristeza jadear asfixiada

por unas manos.

capitán, quiero bajar, dé la orden,

permítame quedarme en esta orilla.

  


*** 

tengo un asno  —arrímale heno, dale zanahorias–, que no se le ocurra pensar,

porque a su lado se extiende un país tan posible como todos los rumbos en

los que cabemos tú y yo.

haz dos atados con ese manjar de nueces,

en la sombra eleva una oración al sol.

decídete a elegir una ruta

y si aquí has llegado a querer a alguien,

no le mires –bien sea Caín o bien Abel–, definitivamente

no hay milagros. sólo existe este camino que se extiende

ante los ojos.

ya el asno se tragó su zanahoria.

elevo mi voz, grito y sólo el polvo y la arena me responden.

emprendo el viaje junto a ti,

ya veremos –mientras vamos–, si al menos Dios

no nos ha olvidado



*** 

aquí.

comprimiendo el horizonte hasta tus latitudes norte,

donde el otoño es ahora dorado.

acomodados como sardinas en la estrecha lata –y justo es decir que vistas desde acá,

nuestras piernas tienen una longitud común–, y


los horóscopos en los periódicos, por cierto,

son iguales para todos en cualquier día de la semana –sus páginas raídas…


es más fácil consultarle a las estrellas: con sus jugosas sonrisas

que inundan la habitación –inclusive la de abajo.


¿cómo seguirá allá mi desierto? ¿se habrán resecado sus arenas?

se han colado hacia la tierra –sus perspectivas son de un tímido optimismo.

Aquí estoy. contigo y tus alas recogidas,

mientras en el cielo las palomas las extienden,

como elevando en silencio una plegaria



*** 

cruzar Venecia –no por su lado más hondo–,

                                                         sino a lo largo,

de arriba a abajo. recogiendo sueños, tropezando góndolas;

es un territorio en el que no se ve adónde ni desde dónde

han caído esas lluvias

ahora es invierno en tus tierras

tienes frío. se oculta la madriguera en la arena

y es evidente que su clima es cambiante como en las mujeres

es hora de encender las fogatas

y navegar con buen viento hasta la orilla

¿acaso no conocen el invierno sureño y el frío metido entre las uñas?

aquí están las máscaras de mi carnaval… nada ha servido para acercarme

ni un gramo más a ti; voy a las redes bajo el agua

los gondoleros te hacen señas y tu los llamas “barqueros”



***

codo a codo con los genios. los hay por aquí –frota

la tetera eléctrica y verás.

mis números están anotados –si quieres llama–

y así, casualmente, te quedas esta noche.

las ollas y los calderos se fueron con los dueños–

hay arenques agua y ginebra

mi dote cabe en una maleta,

a él no le dará tiempo porque él empaca solo.

no vayas a dejar tirados tus calcetines,

al final –será lo que el destino quiera.

ring-ring suena la puerta y tu susurras: “abre”.

así te traerán mis genios  



*** 

fobia a los números. el coro de mulas

de la posta sordamente oprime el borde

de mi angustia

tú escribirás de cómo las cigüeñas elevan plegarias

con sus picos, yo escribiré acerca de las Baba-Yagás

–esas nada fáciles hechiceras–

fobia a esas cifras que mañana colgarán sus neblinas:

encalladas en este tiempo que pretende ser vida

en silencio observo –juntas la manada y yo nos asustamos–

tiendo sobre la cama mi camisón de lino y lo visto

y para que todo se torne más horrible agrego un grito

y así aceptar el humilde nido de los años furiosos.

sobre la ventana desmenuzo migajas a las aves:

tengo fe que en la mañana me despierte su respuesta



*** 

en medio de la noche. páginas. ni risas

ni pecado. sólo un despojo polvoriento.

toma del camino mis golondrinas

duelen sus picos y sus alas de tanto cielo.

el hecho es que el radio del vacío rebasa

cada día los límites permitidos

por eso el viento ha soltado la nieve antes

que el fuego –con su humo.

tu que atesoras cada carta con todos sus detalles,

que has sabido ser fiel hasta la tumba,

cuida mis golondrinas –vendrá la primavera– entonces,

regrésalas todas de vuelta a su camino



*** 

carruseles, caramelos mecidos por el viento

–venid hasta mí.

por estos lados cuidar de uno mismo no es de gran ayuda

y lo más horrible es que ni la fe en el destino sirve para nada,

aquí lo que más falta hace es tiempo que al menos salva

tanto a buenos como a malos.

como esos carruseles con sus caballos de plástico,

seguimos adelante –reunir recuerdos será más difícil

que a un perro sus pulgas.

vendrán tiempos de máscaras /alimento/graznidos de gaviotas /ladridos/

maullidos. Esto –a bien decir– no es poco y, tampoco demasiado.

es la vida tuya, lugares que viste y que cambiaste

porque no te quisieron

sábado, 11 de septiembre de 2021

LOS POEMAS DE AMOR DE MARICHIKO TRADUCIDOS DEL JAPONÉS POR KENNETH REXROTH


Ayer escuchando la presentación del libro póstumo Diario de amor de Anahí de Hugo Gola en Komorebi ediciones de Chile y con las presentaciones de Tania Favela y Felipe Cussen se mencionó un par de veces a Los poemas de amor de Marichiko que es un conjunto presentado como una traducción de una poeta japonesa vertidos al inglés por Kenneth Rexroth. Dice Tania Favela en la contratapa del libro de Hugo Gola: "Hugo Gola, a la manera y tal vez inspirado por Los poemas de amor de Marichiko, de Kenneth Rexroth, en este libro, hasta ahora inédito, escrito alrededor del 2008, asume la voz de la joven Anahí y escribe sus poemas de amor y de añoranza". 
En una de las revistas que dirigió Hugo Gola El poeta y su trabajo, número 5, otoño 2001 se publicaron las versiones al español debidas a Gloria Gervitz de Los poemas de Marichiko (pp. 54-65). Comparto aquí esas versiones.


LOS POEMAS DE AMOR DE MARICHIKO. Kenneth Rexroth
Selección y traducción del inglés: Gloria Gervitz


I

Me siento en mi escritorio
¿De qué puedo escribirte?
Enferma de amor,
Sólo anhelo verte.
Sólo anhelo escribir,
"Te amo. Te amo. Te amo".
El amor me traspasa el corazón
Y me desgarra por dentro.
Espasmos de añoranza me sofocan
Y no cesan.



IV

Me preguntas en qué pensaba
Ames de que fuéramos amantes.
La respuesta es simple.
Antes de conocerte
No tenía nada en qué pensar.



V

El otoño cubre al mundo
Con un viejo brocado chino.
Los grillos cantan, "Ropa vieja que remendar"
Ellos son más frugales que yo.



VI

Sólo tú y yo.
En nuestra pequeña casa
Lejos de todos,
Lejos del mundo,
Sólo el sonido del agua sobre la piedra.
Entonces te digo
"Escucha. Oye al viento en los árboles".



VII

Hacer el amor contigo
Es como beber agua de mar.
Entre más bebo
Más sedienta estoy,
Hasta que nada puede apagar mi sed
Sino beberme el mar entero.



IX

Me despiertas,
Entreabres mis muslos, y me besas.
Te doy el rocío
De la primera mañana del mundo.



XIII

Tendida sobre la hierba, abierta a ti
Bajo el sol del mediodía,
Un humo leve apenas oculta
Mis pétalos de rosa.



XV

Porque sueño
Contigo cada noche,
Mis solitarios días
Sólo son sueños.



XVIII

Fuegos
Arden en mi corazón.
No hay humo.
Nadie sabe.



XXIV

Grito mientras muerdes
Mis pezones, y el orgasmo
Vacía mi cuerpo, como si me
Hubiesen cortado en dos.



XXXIV

Cada mañana, despierto
A solas, soñando que mi
Brazo es tu dulce carne
Presionando mis labios.



XL

Así como la rueda sigue a la pezuña
Del buey que jala la carreta,
Mi pena sigue tus pasos,
Cuando me dejas al amanecer.



XLVI

Emitiendo un haz de luz,
Inundado de luz por dentro,
Nuestro amor fue oscurecido por
Fuerzas que venían de afuera.



XLVII

Hace ya cuánto, cuánto tiempo.
Bajo el puente en Uji,
En nuestra pequeña barca,
Nos deslizamos a través de nubes de luciérnagas.



L

En el parque un cuervo despierta
Y grita bajo la luna llena,
Y yo despierto y sollozo
Por los años que se han ido.



LI

¿Me tomaste porque me amabas?
¿Me tomaste sin amor?
¿O acaso sólo me tomaste
Para experimentar con mi corazón?



LV

La noche es demasiado larga para el insomne.
El camino demasiado largo para los pies llagados.
La vida demasiado larga para una mujer
Vuelta loca por la pasión.
¿Por qué encontré un guía tan malvado
En los torcidos senderos del amor?



LIX

Odio esta sombra de fantasma
Bajo la luna llena.
Paso mis dedos a través de mi cabello encanecido,
Y me sorprendo, ¿cómo es que me he puesto tan flaca?

viernes, 10 de septiembre de 2021

7 POEMAS DE ISABEL MATTA BAZÁN





SOBREVIVIENTES COTIDIANOS


Una araña estira sus extremidades para sostenerse en la ribera
la fuerza parece acabarse en sus delicados miembros
se pone a pensar si será capaz de soportar la ardua tarea de no morir. 
El río Tambopata la traga con su exótica boca remolino.
El pez furibundo se muerde a sí mismo, se hinca con sus propias espinas. 
El arcoíris se ha manchado con la nocturna bruma de mis ojos.
El cuerpo de un arácnido flotando cerca de los botes
aprende el método para sobreponerse a la angustia
(como si una piedra pudiera transformarse en arena 
  en lacónicos segundos).


(poema inédito)




LUZ ARROLLADORA


La diosa que hoy se hunde en el pantano emergerá cual loto al alba
y todas sus derrotas se convertirán en palmas sobre su frente,
monumento y victoria, trueno y relámpago.
Se hablará de la batalla que libró en las Termopilas
de cómo un Leónidas emergió de su corazón para vencer los reveses
de cómo sobrevivió en el inframundo mezclada entre las diosas ctónicas
Se hablará por supuesto
de la magia que poseía en los pies para saltar las murallas,
del poder de su talón, de su melena
y empezarán la historia así:
Érase una vez una diosa telúrica que se convirtió en Loto, en luz arrolladora.


(De “Últimas Moradas”)





TIEMPO DE LA PARÁLISIS


Sobre la línea del tiempo la maquinaria funciona
arrastra pérdidas sustanciales y victorias fatuas
fatuos impulsos, veneno en las piezas superiores
soles desolados, silencios, sabiduría enterrada. 
Funciona como las patas del minotauro herido
y el aceite se derrama y el ímpetu se vuelve piedra.
Piedra que medita sobre el tiempo de la parálisis
de los pasos no dados, de los engranajes secos. 


(De “Últimas Moradas”)





FUEGO DE PRIMAVERA


Escribo desde ese espacio conectado a un no ser, que es, indefectiblemente.
Un no ser, un no era, una constante inexistencia auténtica,
ángel de la muerte que vivió como ángel de ensueño
subyugado por imágenes y fenómenos absurdos,
por siglos rodeado de figuras impuestas, diseñadas por tentáculos,
y ya, estas ventosas sofocan el último fuego de primavera

y el fuego y el fuego

es necesario para quemar la voz silenciosa,
 la acción detenida,
 la libertad encadenada.

Este ser se evapora como una gota de veneno sobre las catedrales
y el dueño de los templos no escucha ni responde
y creo que estas manos han hecho tan poco como la nada. 


(De “Últimas Moradas”)





S/T

Cuando las brujas se meten en mi patio
los olores son de muerte y aloco al mundo.
Entonces no comprendo las erres dislocadas,
el sueño del gran elefante, ni los sonidos de su trompa.

Detesto esas noches de pisos que parecen techos
de camas-ataúdes, de estrellas negras, de luna apagada.
¿Para qué lado mi cabeza, para qué lado mis pies?

La amargura se cuela entre mis dientes como un fuego.
El agua de las flores es un charco de sangre espesa. 

Si las respuestas se atraparan como mariposas en el bosque…

Ay, el dolor de huesos, de heridas, de presente, de preguntas.
¿Y si la muerte me atrapa sin respuestas, sin árboles agitándose, 
sin el recordado aroma de mi padre?

Dejen que me vaya arrastrando la almohada azul por las escaleras.

(De “Reina Moribunda”)





S/T

A veces sueña en morir, otras en matar,
en ponerse boca abajo, boca adolorida
de náusea mínima, óleo seco, honor expuesto.

Esa mujer ha enloquecido al tiempo,
a los papeles de fax, a la herida de los leones. 
No se alimenta de habas ni de arroz.
Con su boca apuntando al cielo aspira el hermetismo
que nace del techo frente a su imagen fantástica. 

Esa mujer se deshace recostada sobre una mesa
desnuda como un seno al viento,
de su cabeza brotan insectos, galaxias,
mas quebrada toda, algo de ella perdura.

(De “Reina Moribunda”)





SOLEDAD NUESTRA

¿Merecíamos acaso el amor y las caricias de los insectos?
No, ni sus patas rozando la soledad de nuestros genitales.
Los hombres partieron a la guerra dejando cuerpos femeninos 
a merced de las hormigas-soldado, de las cucarachas-murciélago.
Sé que nuestros hombres fornican atrás de los cerros
con rameras de nalgas firmes y pezones botón.

Hay una araña en mis cabellos y hace su nido.  

(De “Soledad Nuestra”)

Portada de Últimas moradas, reciente poemario
publicado por Isabel Matta Bazán

Isabel Matta Bazán (Lima 1971) Estudió Comunicación Social y Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es diplomada en Salud Pública por la Universidad Ricardo Palma y en esa misma casa de estudios se formó para ser profesora de español para extranjeros. Es fotógrafa y trabajó como redactora en el Suplemento Dominical del diario El Comercio. Asimismo   laboró en la Agencia ANDINA de noticias  y Canal N.  Fue facilitadora de español y cultura en el Cuerpo de Paz de la Embajada de los EEUU. Actualmente se dedica enseñar español como segunda lengua a personas sordas y a extranjeros. Empezó su trayectoria poética en el año 1989 y fue miembro del Movimiento Cultural Neón. En el 2016 presentó su exposición fotográfica “La Belleza del Perú” en Gifu, Japón.
Tiene publicados los poemarios: “Soledad Nuestra” (1999), “Reina Moribunda” (2005), “Últimas Moradas” (2021) y tiene en preparación el poemario titulado “Distimia”.

martes, 22 de junio de 2021

Un espacio de redescubrimiento. Crónica sobre el Seminario-taller Narradoras peruanas de los 80 y 90 (del 11 al 27 de mayo 2021), Por Lisandro Solís Gómez

 

Patricia de Souza

Dentro de las discusiones habituales que surgen en el ámbito de los estudios literarios, el debate en torno a la constitución del canon es una constante. Cuando se trata de ampliar las fronteras de esa selección de autores fundamentales, sobre todo, las valoraciones oscilan entre lo que cada lector considera relevante. Sucede, por ejemplo, en el caso de la narrativa escrita en la década de los ochenta. Difícilmente se discutirá el puesto que ocupan autores como Guillermo Niño de Guzmán, cuyo libro de cuentos Caballos de medianoche (1984), que incluye en su primera edición un prólogo de Mario Vargas Llosa, es considerado, casi por unanimidad, un “clásico” de las letras peruanas, no solo por su elevada factura, sino por su posición liminar en el proceso de transformación de la narrativa urbana. No sucedió así con la obra de otros escritores como Cronwell Jara Jiménez, Premio Casa de la Literatura Peruana 2019, quien solo en los últimos años viene siendo revalorado, pese a que su relato más celebrado Montacerdos se remonta a 1981. 

No obstante, en el caso de las narradoras que comenzaron a publicar en esa misma década y la siguiente, la valoración de su aporte al devenir de la narrativa peruana todavía es una tarea pendiente. Salvo Pilar Dughi, que tanto en reconocimiento como en difusión —la reunión de sus cuentos completos en un solo volumen y la reedición de su única novela Puñales escondidos han visto la luz el 2017— forma parte de los nombres claves de ese periodo, aún es necesario aproximarse a autoras como Mariella Sala (1952), Viviana Mellet (1959), Carmen Luz Gorriti (1951), no tan conocidas por el público amplio. Así mismo, es crucial recuperar a una narradora como Patricia de Souza (1964), cuya escritura es, tal vez, una de las apuestas más (di)solventes en la narrativa peruana actual, pese a ser poco conocida por el lector promedio en el país.

En ese sentido, la creación de espacios de difusión y debate sobre la producción narrativa de las escritoras durante la década de los ochenta y noventa resulta sumamente afortunada. El Centro de Estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CELIT), dentro de esa larga tradición de apertura al conocimiento que caracteriza a la Decana de América, organizó un Seminario-taller centrado en releer a esas autoras y ubicarlas dentro de sus respectivos contextos, así como en descifrar cuáles son las problemáticas que atraviesan sus obras. Este evento formó parte de la oferta de los talleres de otoño que este centro de estudiantes ofreció a los interesados de manera gratuita, sin duda, aprovechando las ventajas que ofrece la comunicación digital. Este espacio, en mi opinión, ha sido una oportunidad única para repensar la importancia de algunas narradoras en el periodo trazado y cuestionar algunas de las ideas que se han ido sedimentando sobre la narración en este periodo (Niño de Guzmán, 1986; Yushimito, 2013).  

Este seminario-taller estuvo a cargo de Nicole Fadellin, doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Wisconsin-Madison. La Dra. Fadellin es especialista en literatura caribeña y literatura latinoamericana con énfasis en temas de colonialidad, género y materialidad a fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Además, en nuestro medio, se desempeña como investigadora y co-curadora del proyecto digital Memoria Perú: Recorridos por el patrimonio de la Biblioteca Nacional del Perú (2021). Asimismo, colabora activamente con la Casa de la Literatura. Por ejemplo, fue co-curadora de la exposición La vida sin plazos: Escritoras en la ciudad de los 90 (2020) y ha dirigido diversos talleres, tales como Pioneros y pioneras de la ciencia ficción (2019), el Wikitón #YoLeoAutorasPeruanas (2020) y Escribir para existir: un acercamiento a la obra de Patricia de Souza (2020), actividades que demuestran su compromiso con la literatura escrita por mujeres en nuestro medio.

La duración del seminario a cargo de la Dra. Fadellin fue de tres semanas, todos los martes y jueves, los días 11, 13, 18, 20, 25 y 27 de mayo. El evento contó con la participación de alrededor de treinta participantes, un público de formaciones y edades heterogéneas, así como de intereses múltiples. Para el desarrollo de esta actividad académica, se puso a disposición de los participantes un corpus de cuentos y novelas escritos por mujeres durante el periodo estudiado. Asimismo, se propuso una programación definida, con contenidos específicos para cada sesión, que incluían un marco de referencia que sirvió para insertar los relatos analizados, y fuentes secundarias de respaldo a fin de situar y complejizar la lectura. Por otro lado, la metodología empleada se basó en la discusión de las fuentes primarias, a partir de la consideración de diversos niveles de lectura y el diálogo permanente con los materiales de apoyo, siempre con la intervención oportuna de la panelista. La discusión versó sobre asuntos como la posibilidad de una “escritura femenina”, los vasos comunicantes entre la literatura fantástica y la mirada de género, la especificidad de una “mirada femenina” al abordar la violencia política.  

En mi opinión, el curso satisfizo dos objetivos específicos. En primer lugar, ha servido para complejizar el panorama de la narrativa escrita durante de las décadas de los ochenta y noventa al incluir un conjunto de obras que no siempre se consideran dentro de los recuentos oficiales, así como las problemáticas que implican temas como la domesticidad, lo fantástico, la rutina en el contexto neoliberal, el periodo de violencia política o la descomposición de la subjetividad desde una perspectiva de género. El abordaje propuesto ha servido para repensar aquellos supuestos que, en algunos casos, han contribuido a restringir el acceso a las obras que escapan de estos criterios, por lo general androcéntricos. En segundo lugar, este seminario devino en un espacio de gestación de lecturas inéditas o sugerentes sobre autoras y temáticas que no siempre reciben la atención debida. En ese aspecto, las hipótesis de lectura de la Dra. Fadellin han resultado enriquecedoras, aspecto potenciado por la diversidad de opiniones y perspectivas puestas en juego durante las charlas. Como aspecto adicional, el seminario ha servido para repensar la importancia de una autora como Patricia de Souza, cuya obra narrativa y ensayística resulta clave para entender fenómenos como la autoficción y la fragmentación del yo en la narrativa peruana contemporánea, sobre todo con su novela El último cuerpo de Úrsula (2000). 

 Luego de terminado este evento, únicamente queda agradecer a la Dra. Fadellin por su tiempo, dedicación y generosidad al compartir información bibliográfica y los materiales que sirvieron de base para esta experiencia de lectura, que sin duda contribuye a ampliar la mirada sobre los procesos y metamorfosis de la narrativa peruana última. Próximamente, esta especialista conducirá el Seminario virtual: Pensadoras peruanas y cambio social (1843-1933) en la Casa de la Literatura Peruana. Auguramos todos los éxitos para este siguiente proyecto. Asimismo, cabe felicitar al Centro de Estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por haber gestionado la realización de este curso de manera gratuita, en un intento de facilitar la lectura de una zona poco conocida y valorada de nuestra tradición literaria. Esperamos que en el futuro se siga apostando por la realización de reuniones de este tipo. 


Anexo: 

Algunas de las obras revisadas


- De Souza, Patricia. (2011). Eva no tiene paraíso. Lima: Ediciones Altazor.


- De Souza, Patricia. (2009). El último cuerpo de Úrsula. Lima: [sic].


- Dughi, Pilar. (1998). Puñales escondidos. Lima: Banco Central de la Reserva.


- Mellet, Viviana. (1994). La mujer alada. Lima: PEISA.


- Ollé, Carmen. (1992). ¿Por qué hacen tanto ruido? Lima: Flora Tristán.


- Sala, Mariella. (2019). Desde el exilio. Lima: Cocodrilo Ediciones. 


- Silva Santisteban, Rocío. (1994). Me perturbas. Lima: El Santo Oficio.


martes, 20 de abril de 2021

4 poemas de la francesa Jacqueline Risset (traducción de Miguel Urbizagástegui)



Jacqueline Risset
(Francia, 1936 – Italia, 2014)
Poeta, crítica literaria, traductora y docente. Jeu (Juego), es su primer libro de poemas, publicado en 1971, bajo la editorial Seuil. Admiradora de la cultura italiana, sobre todo de Dante Alighieri y el Renacimiento, tradujo al francés la Divina comedia. Este trabajo le demoró diez años en concluirlo y atrajo la atención de nuevos lectores francófonos por conocer a Dante y sus obras. También tradujo al francés El príncipe, escrito por Nicolás Maquiavelo. La obra de Jacqueline Risset es considerada cercana a Yves Bonnefoy. Fue profesora de literatura francesa en la Universidad de Roma “La Sapienza”. En el Perú, fue distinguida como Profesora Honoraria por la Universidad del Pacífico. Los siguientes textos provienen de su poemario L’amour de loin (El amor de lejos), edición Flammarion, 1988. 



Traducciones de Miguel Urbizagástegui


El tacto

Tú aún no me has tocado

el amor atraviesa los ojos
e irrumpe en el corazón
el amor de lejos nos ejercita
y nos perfecciona

¿Pero quién
podría tocarme ahora
sino tú?

Me propago en el aire
en este bosque sagrado
pasillo de escarcha
en esta aureola



Otros cuerpos

Amor qué me has hecho
extraño extraño objeto
el exceso de amor donde me metiste
ahora se extiende fuera de ti

se extiende en casi todas partes
se contrae en otros lugares
donde no hay
casi nada de ecos o vientos

también: en otros cuerpos
aquí: asombro sufrimiento
- y reírse: 
“¡Excepto tú!
¿Qué es esto?
¿Cómo lo haces?
No lo comprendo”.
Y sin embargo tanto:
en primer lugar
la cara y el cuerpo se parecen a ti
la forma integral y el color del ojo
percepción de semejanza
atracción sorprendida



Los fenómenos del amor

desde que te vi
los fenómenos descritos
como fenómenos del amor
conocidos clasificados o no
vienen
uno tras otro
pidiendo salir
en el orden exacto

los reconozco a todos
incluso a los nuevos los desconocidos

al llegar los cuento
con risa
y docilidad
docilidad extrema
dispuesta a todo

a cualquier herida intensa



Dolor

¿De dónde viene el misterioso y loco
dolor de amor?
Me despierto esta mañana
Toda rodeada del dolor por ti

- Sobre ti: como una irritación
en la piel del mundo donde yaces
y si me pregunto:
Cómo detenerlo

Yo sé:
hay que acabar con este lugar
que deje de golpear como un diente
cuando el resto se calla

tela del mundo en un lugar transparente
todo sufre aquí
todo mira a este lugar
donde el dolor ilumina

sueño con el completo olvido
pared sorda muro blanco
pero todo está escrito aquí dibujado
todo salpicado de señales

de ti – por mí – 
hechos para verte en todas partes
y ahora me callo
estoy mal quisiera dormir



Le Toucher

Tu ne m’as pas touchée encore

l’amour passe par les yeux
et descend dans le cœur
l’amour de loin nous exerce
et nous perfectionne

mais qui
pourrait me toucher à présent
sinon toi ?

je circule dans l’air
dans ce bois sacré
couloir de givre
dans cette auréole



Autres corps

Amour que m’as-tu fait
étrange étrange objet
l’excès d’amour où tu m’as mise
s’étend à présent hors de toi

s’étend presque partout
se crispe en autres points
de presque rien
échos ou vents

aussi : sur autres corps

Ici : étonnement souffrance
— et rire:
autre que toi!
qu’est-ce que cela?
comment se fait-il?
je ne comprends pas »

et pourtant si:
visage et corps
te ressemblant pour commencer
– forme d’ensemble et couleur d’œil
perception de proximité
attirance étonnée



Les phénomènes d’amour

depuis que je t’ai vu
les phénomènes décrits
comme phénomènes d’amour
connus classés ou non
arrivent
l’un après l’autre
demandant à venir
dans l’ordre exact

je les reconnais tous
même les nouveaux les inconnus

à leur arrivée je les compte
avec rire
et docilité

docilité extrême
prête à tout

à toute blessure extrême



Douleur

D’où vient la mystérieuse la folle
douleur d’amour ?
je me réveille ce matin
tout entourée de la douleur de toi

— de toi : comme une irritation
dans la peau du monde où tu es
et si je me demande :
comment la faire cesser

je sais :
il faut que s’éteigne ce point
qu’il cesse de battre comme une dent
quand le reste se tait

Tissu du monde en un point transparent
tout souffre ici
tout regarde ce point
que la douleur éclaire

je rêve l’oubli complet
paroi sourde mur blanc
mais tout est écrit par ici dessiné
tout parsemé de signes

de toi — par moi —
faits pour te voir partout
et maintenant j’étouffe
j’ai mal je voudrais dormir




sábado, 3 de abril de 2021

“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten” Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

Rafael Felipe Oteriño con Juan L. Ortiz en 1964

Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019). Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RFO: Debo retrotraerme a mis doce o quince años, en La Plata, a un día violento de otoño en el que las hojas de los plátanos volaban y se arremolinaban en la vereda con el anuncio de una tormenta inminente. Ahí me cayeron unas primeras líneas que bosquejaban la idea de un mundo sustraído de su orden, arrebatado por el torbellino del viento y seguido en mí de algo interior parecido a un reclamo de piedad. No hago esfuerzos por recordar esos versos (más bien, hago el esfuerzo de olvidarlos), ya que dicho primer intento no era más que una expresión subjetiva y no la pieza literaria y susceptible de compartir que constituye un poema.

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RFO: Con la lluvia y las tormentas tengo un sentimiento dual: por un lado, me encantan, en cuanto a voluptuosidad, energía e ímpetu; por otro, me sobrecogen porque, mientras duran, me dan la impresión de que han venido para quedarse. Tal vez se filtra en esto último el recuerdo de la vieja casa de mi infancia, de techos altísimos y azoteas embaldosadas, en la que con cada tormenta no faltaba la gotera insidiosa quebrando, como un intruso, la vida doméstica. 

Las otras propuestas son variadas. Vayamos de a una. Con la sangre no discuto, ni aun metafóricamente; está ahí, como un río vital y yo me limito a dejar que siga cumpliendo su tarea. La velocidad no me seduce si no es como condición para que las cosas anheladas ocurran más pronto. Y a las contrariedades las tomo como parte de la vida: una tarea a afrontar.  

Rafael Felipe Oteriño con María Esther Vásquez y Jorge Luis Borges

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?... 

RFO: Por su larga tradición literaria, la palabra inspiración tiene un lugar ganado que no voy a controvertir. Podría sustituirla por las expresiones “precipitado psíquico”, “tropel de palabras”, “don”, “dádiva”, “estado de inocencia”, que marcan, de igual manera, la libertad imaginativa y el afán constructivo que son antesala del acto creador. Lo que tengo claro es que sin ese disparador la escritura de poesía demora su inicio. Pero tampoco apuesto todas mis fichas a su aparición inconsciente. Creo que la obra de creación es fruto de un don y una tarea; que el poeta es “tocado” por la poesía y que es, asimismo, un artesano de la lengua. Lo que se expresa de manera bastante adecuada diciendo que la obra “nace” y “se hace”. Y arriesgaría que este último factor es insustituible, pues durante el “quehacer” el autor calibra la potencia del material recibido en bruto, examina la originalidad de sus contenidos, se impone una estrategia y una dirección, basado en su experiencia en cuanto a los límites del lenguaje y a sus propios límites. 


4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RFO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear “avatares”, pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York. 
Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

con Ida Vitale en Sevilla, 2019

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RFO: Me encantan los refranes por esa cualidad que los hace surgir de los labios en el momento preciso en que la ocasión lo requiere. “No hay mal que por bien no venga” (la aceptación de lo irremediable); “En casa de herrero, cuchillo de palo” (la condición insustituible de la experiencia); “No por mucho madrugar se amanece más temprano” (el valor del azar y lo imponderable); “Al mal tiempo buena cara” (la voluntad como conducta); “A caballo regalado no se le miran los dientes” (la gratitud); “Cada loco con su tema…” (vivir y dejar vivir); “Cuando el río suena, piedras lleva” (el valor de lo secreto); “Donde hubo fuego cenizas quedan” (el tesoro de lo vivido); “Genio y figura hasta la sepultura” (la huella de la estirpe); “Lo cortés no quita lo valiente” (la sociabilidad ); “Ojos que no ven corazón que no siente” (la lección de que no todo puede ser dicho ni es bueno oírlo todo). Y podría seguir.


6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RFO: Debo decir que las obras que más me han estremecido son: “La Odisea”, los diálogos platónicos, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, nuestro “Martín Fierro”, la poesía de Borges y de Czeslaw Milosz. En estado de perplejidad (si por esto entendemos duda, incertidumbre, confusión), el “Ulises” de James Joyce; si, en cambio, le damos la acepción de sorpresa, asombro: el poema “Un coup de dés” de Stéphane Mallarmé y la música de Gustav Mahler, particularmente el Adagietto de la Sinfonía nº 5.  


7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RFO: No sé si será por autocompasión o por sabia distribución de los recuerdos, pero no me viene a la cabeza ninguna situación irrisoria de la que haya sido protagonista. ¡Aunque sí, ahora me llega una de mi más remota infancia!: cuando en la plaza de mi barrio, ante la mirada de la chiquilina que me quitaba el sueño, patee una pelota y se me fue el zapato con el impulso.


8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RFO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea (“Música porque sí, música vana…”, Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.


9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan? 

RFO: No necesariamente me aplastan. Por lo normal, me muevo cómodo en ellas. Me gusta volver a los mismos sitios, releer los mismos poemas y conversar con las mismas personas. Siempre descubro nuevos perfiles, otras inflexiones, una renovada riqueza en los reencuentros. 
Las colas en los bancos y oficinas, en cambio, con su cuota de expectación y desvelo, esas sí me abruman. Solo las sobrellevo suscitando animosas (tanto como efímeras) tertulias con los otros abnegados penitentes que me preceden o con los que me siguen en la espera.

Bioy Casares con Rafael Felipe Oteriño en Mar del Plata, 1967


10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RFO: Como cristalización de una modalidad de escribir puede constituirse en una limitación en la trayectoria del escritor (en un “amaneramiento”, como dice el escritor y periodista español). Pero esto ocurre cuando se apaga la inventiva y el escritor persevera en una retórica que ya no aporta sorpresa ni novedad ni mérito. Esto produce obras que no son otra cosa que un calco de lo ya hecho. 
Desde otro orden más valioso, el estilo (de stilus, punzón para escribir y, por derivación, marca, señal) es un código de identificación y, para el escritor, una conquista: la posibilidad de ser destacado por su peculiar uso del lenguaje, de entronizar un horizonte comunicativo propio, de darle oportunidad al lector de saber a qué atenerse al tiempo de elegir sus lecturas.  

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente? 

RFO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura. 
Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

Rafael Felipe Oteriño con Manuel Mujica Láinez en 1977

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RFO: No lo dudo: yo, niño de cuatro años, en el campo, con boina negra y faja de igual color en la cintura, montado en el caballo alazán que me regaló mi padre (al que bauticé, apenas lo vi, con el nombre “Rubio”, por mi ignorancia sobre el pelo de los caballos).


13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RFO: Me hubiera gustado acompañar a Don Segundo y a Fabio Cáceres durante su arreo de ganado por los pagos del Tuyú, dormir junto a ellos a cielo abierto, observando las estrellas y oyendo el rumor sordo de los animales sobre la tierra (“Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes). Luego, más ambicioso, viajar con Odiseo por todo el Mediterráneo durante el camino de su regreso a casa, pero sobrevivir, eso sí, como él, a las peripecias de la aventura (“La Odisea”).

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RFO: Es lo que, no sin laxitud, denomino “lo indeterminado” (el ápeiron griego), aludiendo con ello al material del que se vale la poesía para dar estatura verbal a lo que de indecible, tácito e inexpresable tiene el mundo en que nos movemos. Todas esas instancias son estaciones y disparadores de la poesía, entendida como la operación de esclarecimiento y puesta en acto de lo que carece de una definición concluyente. Todas ellas permiten repetir con Rimbaud: “Je est un autre”, “Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien”.


15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías? 

RFO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, “De ese lado no duermo”. Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al “ingenio”, que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.


16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RFO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública. 

En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado. 


17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RFO: Fui durante más de treinta años funcionario judicial y esto me adiestró en tratar de ser ecuánime y en poner humildemente en práctica la levinasiana responsabilidad anterior, preexistente, ante el otro (Emmanuel Lévinas). Y mi poesía se llevó bien con esa conducta, ya que me acostumbró, a su vez, a prestar atención a lo distinto —aún más, a interesarme por lo distinto—, como provechosa lección para reflexionar y a la cual —como un deber— adaptarme.

Rafael Felipe Oteriño en 1984

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RFO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de “Zorba, el griego”. O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café…” de Joan Manuel Serrat. 
Tengo una visión más positiva que la propuesta por “Cambalache”. Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una “verdad” de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.


19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RFO: Sócrates, Jesucristo y Leonardo. Tres esferas bien distintas (introduzco también la dimensión trascendente) en las que encuentro valores que me asisten y me fascinan: Sócrates por la fidelidad a sus convicciones, Jesucristo por instaurar la doctrina del amor y Leonardo da Vinci por apostar su potencia creativa a la carne y a la geometría con la misma intensidad.


20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RFO: No sé si “a mandíbula batiente”, pero sí con probado encanto, en mi infancia estuve más inclinado a reír con Laurel y Hardy que con Chaplin. Ahora la preferencia se ha invertido y es Chaplin quien me produce mayor contento. Eso sí: con la atención creciente puesta en el humor cultivado y acrobático de Buster Keaton. 

Rafael Felipe con Mario Vargas Llosa en Madrid, 2017

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RFO: Con resignación y alguna cuota de humor, ya que a esta altura de la vida sé muy bien que los ideales no siempre se alcanzan. Que son metas, vislumbres, puertos. Que su mayor virtud es la de imponer un rumbo (como la de esos faros que no evitan los naufragios, pero ayudan a continuar la navegación).


22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RFO: Con el amor, bien: creo que sé querer y siento que soy querido (aunque de nada de esto hago una manifestación). Contemplación es lo que hago a diario (frente a la naturaleza, ante las personas y los sentimientos, desarrollando la experiencia de las formas simbólicas). Con el dinero nunca se sabe, pero como soy sobrio no siento carencias. La religión es el gran horizonte: la palabra misma encierra en su raíz latina una acción que me reconduce: religare. Y, por fin, con la política no he mantenido otro vínculo que el de procurar comportarme como buen ciudadano, atento a mis deberes y celoso de mis derechos. 


23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RFO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.



24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RFO: El corto tramo que va desde la calle 7 y 61 de La Plata, en donde estaba mi casa familiar, atravesando la Plaza Rocha hasta la diagonal 78 entre 5 y 6, donde vivía mi amigo Horacio Castillo. Tanto de ida como de vuelta, infinidad de veces transitamos ese recorrido para compartir una lectura, leer un poema recién escrito o confiarnos algún secreto —normalmente feliz— de nuestras vidas.


25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RFO: Ay, Rolando, me ponés en un brete. No soy proclive a los juegos de ingenio ni a las adivinanzas. Las palabras son para mí un mundo dentro del mundo. Hablan de las cosas, pero no son las cosas. Dejo que sean ellas las que me visiten, para recién luego comenzar yo mi labor. De don y trabajo, he hablado antes, con la mira puesta en conferirle forma verbal al impulso que me lleva a escribir. Me quedo, pues, del lado de Dylan Thomas, cuando muestra asombro (él le llama “enamoramiento”) frente a las palabras: “Ahí están ellas, aparentemente inertes, hechas de blanco y de negro, pero de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todas esas abstracciones que hacen peligrosas, grandes y soportables nuestras efímeras vidas” (“Manifiesto poético”).

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RFO: En las zonas bancarias, al mediodía, cuando lo único que parece importar son la suma y baja de las cotizaciones en las pizarras de la Bolsa y los sueños profanos de sus intérpretes. Pero también mueren en las páginas mal escritas, en las obras traducidas sin rigor y en la impotencia de la propia lengua para elaborar la palabra que falta.


27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RFO: Sí, puedo. Las obras me deslumbran por su capacidad retórica y por la imaginación que despliegan. Cuando esto se cumple, me rindo ante su presencia y en mi interior siento crecer un entusiasmo que se expresa muy bien con la palabra “admiración”. 


28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RFO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación. 


29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

RFO: Admiro a los dotados de gran inteligencia, rica sensibilidad, probada maestría, vasta cultura, sano liderazgo. Y entonces aparecen en desordenado tumulto: Georges Steiner, Simone Weil, René Favaloro, Jorge Luis Borges, José de San Martín.


30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RFO: Pienso que ambas cosas: me pertenecen y soy movido por ellas. Aunque debo decirte que me veo menos sujeto a las pasiones (en cuanto fiebres o fanatismos) que a los entusiasmos (más próximos al buen ánimo y la alegría), seguramente por la contención que opera en mí en cuanto a los excesos. Las pasiones son más fuertes y duraderas que los entusiasmos, aunque las dos confieren una vitalidad que me impulsa a ir más lejos.


31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RFO: Me viene uno a la mente: el artista plástico británico Damien Hirst, que expuso un tiburón dentro de una caja de vidrio con formol. Comprendo que la novedad y la sorpresa son componentes del fenómeno artístico, pero creo advertir que algunas modalidades del arte conceptual y de las instalaciones abusan de la idea como arte, descuidando el valor atinente a la realización en sí de la obra. De todos modos, la exaltación de la obra de arte nunca es perniciosa, pues el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar. 



32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RFO: No creo que el amor sea “por naturaleza” asimétrico. Dicha condición ha de ser, a lo sumo, uno de los tantos episodios del amor. Extremar el punto de vista es uno de los recursos de la construcción poética y de todo el arte en general, con el objetivo de ensanchar el escenario de expectación. Seguramente, eso es lo que hizo Luisa Futoransky.


33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RFO: El amanecer, soy diurno. Mis horas preferidas son las de mayor luz natural, cuando todo parece comenzar o recomenzar. Flaubert escribía durante la mañana, dormía una corta siesta y luego corregía lo escrito durante la tarde y hasta muy entrada la noche. Yo veo con simpatía esa modalidad, solo que siesta no duermo y que pongo término al día antes de la medianoche. La caída del sol me estimula para la conversación. 


34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RFO: Recuerdo con felicidad de oyente la reunión cumbre entre Astor Piazzolla y el saxofonista Gerry Mulligan, allá por los años ‘70, y la más reciente entre los tres tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Me gustaría asistir a otras que idealizo: la de Sócrates y Platón, la de Keats y Shelley, la de Michel de Montaigne y Étienne de La Boétie. Y aquella también eminente (epistolar en su última etapa) entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.

 
35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RFO: No soy ajedrecista; observo el juego desde afuera, pero siempre me ha seducido ese modo pacífico de concluir la partida que es “hacer tablas”. Lo tomo como una invitación a reiniciar la partida.
Traslado esa figura a la vida y me consuela con su imagen de no vencer y no ser derrotado. Hacer tablas, empezar de nuevo, mover otra vez los peones. El misterio se mantiene intacto. 

*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires, distantes entre sí unos 415 kilómetros, Rafael Felipe Oteriño y Rolando Revagliatti, 2020. 

















POEMAS DE LIUDMYLA DIADCHENKO (UCRANIA)