martes, 8 de septiembre de 2020

“Las palabras mueren en la afasia”. Roberto D. Malatesta responde “En cuestión: un cuestionario” de Rolando Revagliatti


Roberto D. Malatesta nació el 27 de diciembre de 1961 en la ciudad de Santa Fe (donde reside), capital de la provincia homónima, la Argentina. Es Contador Público Nacional, egresado de la Universidad Nacional del Litoral en 1989. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Municipalidad de Santa Fe 1994 y el Premio José Pedroni 2000-2005, obra édita, y 2006-2009, obra inédita. Su proyecto “Esperanza – Spoon River” recibió la Beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes. Coordinó talleres literarios en instituciones de su provincia y el Ciclo “Lecturas del Entrepiso” (Foro Cultural, extensión universitaria, UNL, 2010-2011). Efectuó reseñas literarias para las revistas “Fénix” y “Omero”, y para el diario “El Litoral” de la ciudad de Santa Fe. Desde 2004 participa en congresos y encuentros en diversas localidades de su país. Junto a la cantante ‘Flopa’ Lestani presentó espectáculos de poesía y música. Poemas suyos fueron incluidos en volúmenes antológicos: “Santa Fe al Norte”, “Premio Regional. Casa de la Cultura de Alvear”, “75 Aniversario”, “Luz inagotable”, “Poetas 2. Autores argentinos de fin de siglo”, “Señales de la nueva poesía argentina”, “Voix d’Argentine – Voces argentinas”, “Poesía de pensamiento”, “Huellas de agua” y “Francotrinadores santafesinos”. Desde 1984 ha publicado los poemarios “De las cosas blancas”, “Casa al Sur”, “La prueba de la soledad”, “Del cuidado de la altura del níspero”, “Las vacas y otros poemas”, “Flores bajo la lluvia”, “Por encima de los techos”, “No importa el frío”, “Cuaderno del no hacer nada”, “La nada que nos viste”, “El silencio iluminado” (antología), “La estrella roja y otros poemas”, “La realidad está en otra parte”, “Libro del pescador” y “Esperanza – Spoon River”.


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba? Y 2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RDM: Mi primer acto de creación o de iniciación, lo he escrito en un poema de “La estrella roja y otros poemas”. La tormenta era inminente, yo era un chico de seis o siete años, pero tenías miles de años de antigüedad, ya comenzaba a soplar el viento y se sentía ese olor a Dios que la lluvia, entre otros elementos, trae. La calle era un río de tierra, era el barrio de mi abuela, en el mío también eran de tierra las calles, yo sentí ese llamado, el viento, la tormenta, la pronta llegada de la lluvia que pone al cielo a nivel de las manos y el rostro. Algo se disparó en mí, y me lancé a la calle a revolcarme, daba vueltas y vueltas en el polvo, no sé qué era aquella danza, fundirme con los elementos, ser uno en la creación, comulgar. Si hoy no lo entiendo completamente, menos en aquella oportunidad.
Me fue mal, una vecina me vio y le contó a mi mamá, sin protestas la dejé aplicar su correctivo, ¿qué argumentar en mi defensa?


3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?...

RDM: La inspiración, no, no se ve, fluye, abre la puerta, invita a la fuga. Volvemos, si te quedás de ese lado enloquecerías totalmente. De chico, uno casi que vivía inspirado, pero te enseñan a rechazar la invitación. Existe.


4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RDM: Pablo Neruda tuvo una vida de absoluta locura: fue, vino, huyó, se refugió, amó mil mujeres, fundó su raíz en lo inestable, murió amargo viendo como se rompían sus sueños. Los libros autobiográficos de Neruda puede que sean su obra mayor. Claro, está “Residencia en la tierra”.

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RDM: No me gustan los lugares comunes de la lengua, rehúyo al refranero popular, me aburren los que viven citando frases de uso colectivo. Aunque por allí…: “La poesía sopla donde quiere”.

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RDM: Bohumil Hrabal, “Una soledad demasiado ruidosa”, nouvelle que es poesía pura, subrayé casi por completo el libro, historia de un perdedor magnífico, con tres relatos escatológicos y uno, de amor, que es una maravilla, y desde ya, la tristeza infinita. 
Un libro de poemas que se puede leer como una novela, la “Antología de Spoon River” de Edgar Lee Master, otra maravilla, el espíritu humano, su fragilidad, su pecado, su lado oscuro expuesto verso tras verso. Un clásico, un maestro.
Eugenio Montale: pero si hubiese escrito solo el poema “Los limones”, suficiente, no se necesita más.
El final del cuento de Borges, “La escritura del Dios” … ¡ah!


7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RDM: Me remito a otra historia que pude incluir en un poema, “El pelo de los Beatles”; yo era muy niño, estaba en la peluquería de mi madrina, allí unas señoras comentaban con grandilocuencia y a grandes voces que “al fin los Beatles se van a cortar el pelo”; no sabía qué eran esos “Beatles”, pero las señoras hablaban con tal pesadez, dogmatismo y engreimiento, que yo me puse del lado de los melenudos, deseé que pronto me creciera el pelo, ser un Beatles.


8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RDM: Posteridad… ya fue… cagada de palomas o disgregación en el polvo… Posteridad: ser viento.

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

RDM: Soy contador público, y de vulgares modos, como mi comprovinciano, el poeta José Pedroni, la rutina de mi trabajo se me hace cada vez más insoportable, aunque sea una rutina en constante composición o descomposición. ¡Dios, la jubilación, aunque me conduzca al hambre irremediable!


10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RDM: Todos tenemos nuestro estilo, y nuestras limitaciones, lo importante es no convertirlo en un mecanismo, eso sería la muerte.


11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

RDM: La indignación es ver ese exhibicionismo que esgrime la absoluta certeza, el engreimiento, la autosuficiencia, en un ser, en una sociedad. Se supone que somos constante aprendizaje; nacimiento constante o fósil: son las opciones. 
También me indigna la censura desde lo políticamente correcto. El arte no es moral y los artistas, muchas veces, son seres viles elevados por la divinidad a concluir una obra; los ciegos no lo ven así, y no verlo es violencia, censurar es violencia.
Por otra parte, violencia me provocan los malos árbitros de fútbol, y me harta instantáneamente cuando viene el cuarto gol del equipo contrario y los nuestros van en cero.


12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RDM: Bueno, ya conté sobre mi niñez; va otra: era un niño que tenía como libros preferidos la biblia y el diccionario, y a ello oponía todos los juegos de pelota que derribaban en serie las planteras de mamá. De más está decir que mi madre me prefería lector. 



13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RDM: Ser un personaje de Jorge Luis Borges da un poco de miedo, quedarse del otro lado del sueño o transitar la pesadilla, da miedo. Pero el universo Borges es el infinito, ser un guapo o un inmortal, ser el que cuenta “la” historia de su vida, el que se sienta en una mesa, vaso en mano y dice: escuche Borges lo que le voy a contar. Por supuesto, no se trata de mi voz, sino de la voz que Borges me dicta.


14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RDM: Soy muy afecto al silencio, al pozo de la soledad, ese “El silencio iluminado”. La sorpresa, quizás la mayor, no suceda, es aquello que está a punto de ser, y no es, como en el poema citado de Montale, “Los limones”: “Ves, en este silencio en que las cosas/ se abandonan y próximas parecen/ a traicionar su último secreto”.
La desolación es lo que no está, lo que se ha ido y el camino que se atraviesa a causa de ello. 
El fervor: las palabras de los poetas que acompañan.
La intemperancia, como vicio o defecto por la palabra que debimos guardar sólo para nosotros mismos.


15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

RDM:  Ingenio e ironía, me gusta más que sarcasmo: destaco al maestro Javier Adúriz, aunque no diría que la ironía prime en su obra, el ingenio sí, eso sobra. Ya más cerca de lo caustico, y, claro está, no exento de ingenio: Joaquín Giannuzzi.


16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RDM: Prefiero mis errores comprobables y comprobados, también son mi parte, que los por comprobar, siempre son los peores, esa es mi apreciación, no sé si la más apreciable, pero por ahí anda.


17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RDM: Las relaciones humanas son un misterio, pero si hay alguien que te parece querible no busques más vueltas, si te preguntás cómo carajo aprecio a este tipo que es tan opuesto a mí, es porque posee algo que supera tu comprensión, pero está, lo trae consigo. Ahora, valorar y querer no tienen por qué ser de la misma familia. Y creo que es más importante querer que valorar, por allí valorar no tiene mérito, alguien tiene valores, ha hecho cosas, entonces se lo valora. Pero querer es la semilla de Dios.


18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RDM: El mundo fue y será… como dice el tango tantas veces censurado… Suele ser el infierno, pero, o nos mimetizamos con él, o buscamos lo que en él es cielo, no hay más alternativas (por supuesto, plagiado de Ítalo Calvino).

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RDM: El mundo está lleno de seres anónimos que aman, trabajan y crean, no figuran en las crónicas y ni les interesa. Están a la vuelta de la esquina, te sirven el café o te dan el paso cuando ellos vienen por tu derecha. Tengo, por ejemplo, un amigo, gran poeta, que ha entrado en el absoluto silencio, no de la escritura, no le interesa nada del “ambiente”, pero claro, no lo nombraré, sería traicionarlo.


20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RDM: Soy de la generación de Los Tres Chiflados, de esa no me curo más. Yo hubiese querido ser un chiflado, en una de esas lo soy, al menos mi apellido no lo desmiente.


21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RDM: ¿Lejos? Ya a mi edad todo está más o menos lejos o no importa; aun así, trato de quererme, de ser feliz.


22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RDM: Aquí se termina la entrevista… no pienso escribir una novela… Pero si me aceptás una respuesta, siendo tan solo y tanto, un hombre, el amor suele sacar lo mejor de nosotros, el dinero y la política, lo opuesto. Religión y contemplación se parecen mucho, al menos desde mi perspectiva.

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RDM: Si son insufribles yo ya me fui demasiado temprano de la función como para calificarla… Salvo que se trate de reguetón, Dios me libre.


24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RDM: Cuando caminaba tomando la mano de mis hijos pequeños, era en un barrio del cielo… Ya no sabría dónde quedan esas calles, aunque aún vivo en él.


25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RDM: No, así como la ordenaste me satisface plenamente… Perfecto, Rolando, no lo podrías haber hecho mejor.


26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RDM: Las palabras mueren en la afasia y ello se produce cuando ya nada nos conmueve, el disco sigue girando, pero ya no hay quien escuche.


27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RDM: La verdadera ideología del artista es su capacidad creativa, la verdad del artista está en la obra. ¿Cuál era la ideología de Dante Alighieri? La de Ezra Pound, el gran vanguardista, la conocemos todos.


28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RDM: Bueno, quizás el error estuvo en mí, en creer en la promesa de esa persona. Y trato de mantenerme a distancia, no sea cosa que me vuelva a equivocar. Borges decía que no les prestaba plata a los amigos, por las dudas de que no se la devolvieran.


29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?
RDM: A mi abuela Berta (Borka, en su idioma natal), el ser más maravilloso, un ser de luz, inagotable luz que me sigue acompañando; ella era una traductora, sin saberlo, ya que me contó cuentos que sólo había pronunciado y oído en su lengua; su convicción para relatarlos era tal que yo conocía la nieve a través de la palabra nieve, cuando era un niño. Mucho después pude tocar nieve, en efecto, ya la conocía. Quizás escribo gracias a ella, o, dicho de otra forma, su gracia me legó la escritura.


30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RDM: La pasión puede ser estar en absoluto silencio, una mañana de domingo, leyendo; considero que las pasiones son inescindibles del yo, no soy sin ellas. Casi como los fantasmas, que ya de viejo he aprendido a sobrellevar y convivir con ellos sin exaltaciones, a veces, incluso, les tengo un poquito de lástima, ¡fijate éste, se ensaña con tan poca cosa!, les suelo decir. Con las pasiones me llevo mejor, nos sabemos a gusto el uno con el otro.


31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RDM: No sé, lo de alabado desmesuradamente puede ser en una época, luego eso cae, no se sostiene; de todas formas, yo admiro a quién me entregó algo, por ello no me interesa tanto la “alabanza”, prefiero la gratitud.


32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RDM: Tan asimétrico que puede ser simétrico. Escarbar en la naturaleza del amor suele ser poco amoroso. No existen patrones. Nada tienen que ver estas extravagancias mías, seguramente, con el poema de Luisa, muy buena poeta.


33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RDM: Puede depender de dónde me encuentre. A orillas del río: amanecer, siesta, crepúsculo. Si en mi casa, en mi barrio: la mañana, el mediodía, la madrugada. Pero el asunto es estar en ese preciso momento, en ese lugar, no ausentarse, no de uno mismo, de la hora, del espíritu del tiempo.


34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RDM: Reuniones cumbres, no me gusta, es como aquel poema del inmenso Horacio Castillo, cuando el escalador del Everest llega a la cumbre y descubre al cielo tan distante como antes (qué poeta Horacio Castillo, con él me reuniría en la cumbre del Everest), pero, bueno, jugando un poco, me hubiese gustado un encuentro entre Li Po y Thomas Merton, y si a eso le sumamos a Mozart tocando el piano, ¡yo quisiera estar allí, oculto entre arbustos, o sirviéndoles el té!


35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RDM: Tablas, con tablas estoy hecho; con eso, yo que siempre pierdo, gano.


*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 460 kilómetros, Roberto D. Malatesta y Rolando Revagliatti, 2020.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Microrrelatos del argentino Martín Alvarenga


Preludio del cero a la izquierda
El microrrelato o microcuento tiene una complejidad y una tradición que formularé en forma desdoblada en otras entregas, sin perjuicio de seguir ampliando y yendo a lo hondo de su semántica y su morfología. Esta variable del narrar se da en la condensación de un cuento largo o en una sentencia que se convierte en relato e incluso se materializa en oraciones y aforismos de distintas creencias religiosas que fueron teológicas y luego metafísicas dentro de la expresión literaria.
El microcuento es reconocido por su concentración de sentido que surge del tiempo mínimo del relato en un espacio que se sitúa en pocas palabras en un engarce entre el límite que suma y resta a partir del cero, en una escala atómica y subatómica que se supedita a un movimiento pendular que se corresponden en afinidad de la dualidad, una dualidad superada por la experiencia de la unidad escritural y no pocas veces reflexivas.


Legado de Fu Manchú a través de un microcuento
Cuentan que el filósofo renegado Fu Manchú (hermano gemelo del sexto patriarca) dejó sobre la arena este escrito que no pudo ser borrado por las olas ni por el viento, a saber:                                                                                                                           
“Me acerco al que me quiere y reconoce como ser humano; en cambio, me alejo de aquel que me tome como cosa o me traiga mal agüero junto a un entorno cómplice y malicioso”.
Los hechiceros de su tiempo aseguran que con el agua del océano y el viento salobre la escritura escrita en la playa por el dedo del sabio, se borraba una y otra vez; al instante la escritura viviendo por sí misma resucitada en las huellas de la arena y jamás pudo ser vencida.
*Fu Manchú vivió en el desierto muchos años alimentándose de prodigios. Su existencia data según los registros orales, a mil años antes de nuestra era, dejando un tributo a la humanidad no en menor escala que el eximio conversador llamado Sócrates.
** Otro sí digo: yo soy la reencarnación de Fu Manchú y es mi verdadero nombre Fu Manchú II (por ser la continuidad de un monarca), hermano legendario del emperador Chin Cu Lin. Firmo este poema de mi autoría expresando que no soy el que conocen como Martín Alvarenga. Estoy inscripto en el Registro Civil como aquel sabio del cual provengo y mi denominación es de extracción que me identifica como una aristocracia arisca o un noble bárbaro proveniente de zonas lejanas y cuasi profanas, patentado como desconocido migrante.


Ciudadano indeciso
Una persona ingresa al cuarto oscuro y se encuentra con las dos opciones y dice “¿Qué hago? Piensa en todo lo que pasó en los días recientes y sentencia “¡A todo o nada!”. En seguida toma una boleta, la deja, toma otra boleta y la pone sobre el pecho meditando a la velocidad de la liebre y vuelve a preguntarse “¿¡Nunca me pasó esto!?”.
Vuelve a dejar en la mesa ambas boletas y dice: “Ya sé… voy a votar en blanco”. Es en ese instante en que extrae de su bolsillo un papel en blanco doblado en cuatro, ya va a ponerlo en el sobre, cuando otra idea irrumpe en su mente como un susurro secreto: “Pero me dijeron que votar al votar en blanco se suma al que va primero. ¡Ah, qué suerte!” y en seguida “¡Ah, qué mala onda sentirse culpable!”.
Por último, se dice a sí mismo y a media voz “Voy a votar en negro, qué embromar”. Pausa. “¿Voy a votar el negro? ¿No me dijeron que el negro es color que cae bien con todo? Sí, y lo que me preocupa es que el negro podría ser camaleónico como los corchos flotadores”.
Golpean a la puerta del cuarto oscuro por su excesiva demora.
“¡Un momento por favor, ya salgo!”.
“Ahora sí me doy cuenta de que me embarraron la cancha”, piensa, mientras su otro yo le dice “por ahí sos vos el que la embarraste”. Cierra los ojos y se entrega mansamente a los designios de la casualidad.
Hay tres plagas cuyo manto de oscuridad se cierne y atraviesa a la humanidad:
1) La guerra del dinero
2) La guerra mediática
3) La guerra mortífera de las armas
Sólo el animal parlante carga sobre sus espaldas esta tonelada de espanto, en su condición de víctima y victimario
En calidad de participante de esta especia pregunto: — ¿Quién querrá jugarse por nosotros, los Dioses o la Naturaleza?


 Los tiempos que corren
En tiempos tormentosos hay que tomar el té de tilo que proporciona la sedativa prudencia y la paz mínima y móvil.
De lo contrario, somos una carga explosiva que, de manera repentina, podría explotar, sobre todo en secuencias de ansiedad y tensión extremas entre sistema, individuo y sociedad.
Hacerse sistemáticamente el tonto, un camino para encaminarse o desencaminarse, una salida sin salida con la convicción de que esta es la única manera de sobrevivir.
 Texto anti sorpresa
(Por el cantante de boleros -en retiro efectivo- Antony Alvarenga)
Escribo estas líneas ofreciéndolas de ayuda memoria, en mi condición de filántropo sin capital activo y pasivo.
Ante la rotación de cualquier sistema de gobierno, estamos familiarizados ante el hecho inequívoco de que los corchos salen flotando para salvar su ropa y demás acopios.
Son aquéllos que cuando pasa velozmente el caballo del poder de turno ostentan sin advertirlo su peligroso ingenio: prenderse por la cola del equino como si fueran eternas garrapatas.


Heroicidad de la Madre Patria
Soñé que una mujer titán -en un movimiento elegante y vigoroso- bajaba el sol con una mano, clavándolo en nuestro suelo zigzagueante.
— ¿Por qué hace eso? — dije intrigado.
Ella respondió: — Estoy dispersando la simiente para que las personas de este presente y futuro de buena voluntad tengan a prueba de fuego la esperanza impulsada por una nueva y alegre utopía.


Abrazo de las antípodas
No hay en el universo una criatura de emprendimientos más avanzados y regresivos que la especie humana, campeona cósmica de la bipolaridad.
Nosotros, en esta escisión, estamos en la tarea de impulsar la espera ilimitada, cuestión de que nuestra voluntad alcance el extremo de la cumbre más elevada y se tome el atrevimiento de hacerle cosquillas a la planta de los pies de la esperanza.
Posdata: ¡Les juro que la tecnología padece de una osteoporosis múltiple y nos dicen después que la máquina supera a la gente!


Anhelo de una poética de la existencia solidaria
Desde mi punto de vista he interpretado y vivenciado -en cuanto a la historia de la humanidad- que la violencia muchas veces cuando se desata y hay dos partes, ambas no se benefician, por lo que he llegado a dos conclusiones:
1) en la guerra, gane quien gane, todos pierden.
2) que no estoy de acuerdo que el fin necesariamente justifica los medios. A veces me pasa por la cabeza la épica del pueblo polaco que siempre fuera avasallado en todas sus fronteras, vale expresar ellos tuvieron la vivencia profunda de la rebeldía y la soberanía.
Los argentinos estamos sedados y necesitamos ese misterio de la frase “Por quién doblan las campanas”, por lo que quizás algún día se nos suba la adrenalina de un modo suficiente para que nos arreglemos de una vez por todas.
No estoy desesperanzado, al contrario, es monótono y mediocre vivir sin ideales y anhelo que la revolución sea esencial y no circunstancial. Y para que esto se materialice tendría que primar el incentivo de una moral de la persona y la comunidad: el pensar del conocimiento profundo y el pensar de la sensibilidad iluminada y el practicar el juego de “tengo lo suficiente y lo demás será lujoso”.


Romper el molde
Palabra y pensamiento, experiencia e intuición, dan lugar a una inevitable poética de la existencia.
Una poética sagrada y subversiva, contestataria y visionaria, desmadrada a romper el molde de lo ya establecido como intocable.
Si no intentáramos romper el molde, ¿qué sentido tendría venir a este mundo? ¿Qué sentido habría tenido haber vivido dentro de lo ya dado, evitando lo que no aún no ha sido creado?
 Pensamiento liviano plus
I No podemos hacer nosotros totalmente la vida, también la vida nos hace a nosotros. El modelaje es recíproco: nuestra paupérrima libertad condicional y el capricho del azar.
II No pienses sin despensarte, pues de lo contrario te podrías enredar en la erudición, perdiendo el potencial de sabiduría que se halla de la cintura para abajo de tu esmirriada y noble osamenta.
III Asegurate en mantener y hacer más equilibrada la liviandad de tu pensamiento, sin perder la densidad de su fuego salvaje, que te suelta y te contiene en la cautivante y extraña invención.


Extrema plegaria
La religión auténtica no es una evasión sino creer en algo que no se puede demostrar y sí ayuda a vivir. Me apropio o soy poseído por la fe, cuando dibujo un horizonte con esta inscripción “¡Creo y lo vivo! ¡Vivo y lo creo!”. Todo creyente es un teólogo intuitivo. Por más convicción que tenga, se halla expuesto a vivir situaciones límites buscando un sentido en procura de desentrañar su lacerante duda. Cristo en la cruz, asumiéndose en su humanidad, había dicho “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Entonces, si el Hijo del Padre reveló su debilidad de mortal, aceptemos que no nos abandona esa vacilación de fondo, por más que tengamos la fe en el ancla casi inamovible del destino que diera origen a nuestra sagrada elección.


Esto es lo que queda de mí
Lo que me dicta la conciencia y el inconsciente en lo diurno y lo nocturno y en mis intervalos lúcidos como alterados, desde el silencio reparador del cielo y el travieso hueco que me abisma, mientras me aferro al pensamiento y la palabra desde mi borrosa identidad como contracara cómplice de la diversidad, como única vía salvífica de mi hilarante pellejo.
Lo que queda de mí, una porción invisible de sentirme drogado por la luz y copado con los soles de mi tierra, que nunca llegarán al ocaso, por haber dado origen a la patria que consagra la simbiosis entre el sueño y la vigilia.
Lo que queda de mí me resulta suficiente para luchar por la vida en la dinámica de la existencia. Lo que apenas soy, me permite vivir con las cosas modestas como si este pequeño gusto fuera la riqueza de sentirme no aprisionado por las ambiciones y sí seducido por los diminutos e imperceptibles hallazgos en la vida cotidiana, que me asombra constantemente con su depósito de maravillas.

viernes, 7 de agosto de 2020

DADOS DE VIRUS, por el escritor colombiano Omar Castillo


I
Transcurría la mañana y el poeta se dispuso para salir de su casa. Tenía un compromiso en el Astor, lugar al que suele ir desde hace más de 30 años a tomar café y disfrutar de la variedad de sus tortas y platos, además en ese lugar puede quedarse en una de sus mesas disfrutando de su propia compañía. La mañana le resultaba acogedora, pues el clima de ese día era de su gusto. En la ciudad, el mes de marzo es el inicio de las lluvias que después de una temporada de calores, tornan cálido el clima. Su encuentro en el Astor sucedió ameno, cordial, se trataba de la edición de su próximo libro de poemas Jarchas & Escrituras, libro que para él significaba un nítido escalón en la creación de su poesía, pues en este hace ver que un poema es un lugar al que se llega cuando se asume su lectura, cuando se decide adentrarse por su escritura, y para ello es necesario que el lector se zafe de lo acostumbrado y se disponga para el encuentro con eso distinto, y si se quiere, nuevo.   
Se despidieron y el poeta decidió ir por Junín hasta el Parque Bolívar antes de tomar el metro que lo llevará a Envigado. Ya en el metro volvió a pensar en esos dados que venían rodando desde finales de diciembre del año anterior, dados que parecían no tener un origen cierto. En las noticias de la noche se enteró de la cuarentena declarada por el gobierno en todo el país. Entonces, imaginó los dados cayendo sobre las ciudades del mundo, develando con sus azarosas cifras las situaciones que se vislumbraban desde los primeros días de enero, confirmando las máscaras de un virus invadiendo con sus números la vida cotidiana de las ciudades, imponiendo el miedo, modificando el diario laborar, tasando las ínfulas de la caridad. La mansalva de la pobreza en todos sus órdenes y significados. 
Mientras cepillaba sus dientes, el poeta pensó que además este virus ponía al doméstico ser humano contra el paredón de sus rutinas, en lo incipiente de su intimidad, privacidad personal y social. La anunciación causada por las inéditas cifras mostradas por los dados señalaba el confinamiento. Afuera quedaban los colores del mundo vagando como mariposas que con sus vuelos rayaban el aire, encendían las formas y se prendían de los abandonados usos cotidianos.

II
Más de una semana llevan confinados en su apartamento el poeta, Luz Marley y su perra Sombra. Una de las salidas autorizadas durante la cuarentena les permite sacar a Sombra a sus necesidades fisiológicas, otra para ir al supermercado y a diligencias médicas o bancarias con días asignados por el último dígito de la cédula. El resto del tiempo lo pasan en el apartamento 608 donde viven. 
“El viento se levanta… ¡vivir es necesario!”, este verso de uno de los apartados que componen El cementerio marino, de Paul Valéry, ha acompañado al poeta en muchos momentos de su vida. Es un verso que alimenta su ánimo. Y ahora, mirando desde el balcón los fragmentos de la ciudad que desde él le son posibles, lo repite como un abracadabra para su cotidianidad. Para el regocijo de su íntima noción de la realidad, de la otredad. 
En el sofá se sienta junto a Luz Marley que acaba de servir dos pocillos de café. Así, mientras toman el café, dejan deslizar sus palabras que avanzan por las espirales del habla, tal como quienes persiguen un tema a través de un laberinto, el mismo que en cada vuelta les va permitiendo esclarecer el ir y venir de las palabras que gustan junto con el café. Disfrutan de su conversación, de su compañía. En uno de sus rincones preferidos duerme Sombra manteniendo su estado de alerta.

III
Las vistas de las ciudades que muestran los noticieros las dejan ver deshabitadas, intactas ante la ausencia humana. Por los vacíos espacios urbanos vueltos lienzos metafísicos no se ven personas, en cambio aparecen estatuas y sombras iluminándose y destiñéndose durante los días y las noches. Manzanas, fachadas y vías que provocan recorrerlas sintiéndose su único peatón, el dueño de la ciudad, el mago poseedor de todos los silencios donde las palabras han acumulado el largo surtido de sus acepciones. Mago que baraja esos silencios sobre las calles y carreras, tal como quien dispone una solitaria partida para que el ser humano no se entenebrezca en la luz de los súbitos del asombro donde la magia permanece, habita interminable. El silencio es el polvo a través del cual viajan las palabras por estas ciudades enmascaradas por la luz del día, por las luces de la noche. Polvo que muerde los significados de las palabras agazapadas tras las ventanas de casas y apartamentos. Parecen la memoriosa conversación tenida en un sueño donde los ojos han sido sacados de sus rutinas, dejando sus cuencas a la intemperie de su intimidad, de su privacidad.
Es de noche. El día fue lluvioso. Recostado en la cabecera de su cama el poeta abre el libro que viene releyendo, se trata de Historia del arte, de Ernst H. Gombrich. A lo largo de los años es quizá la tercera lectura que hace de este libro. Le fascina lo didáctico del autor para establecer su noción del arte, su tranquilo esfuerzo para informar, no para imponer su visión. Es una lectura que lo reconcilia, una magnífica conversación en estas horas de la noche.
El 4 de abril murió en Madrid Luis Eduardo Aute. El poeta escucha sus canciones desde que tenía 12 años, la primera de ellas Rosas en el mar, después muchas otras, como Aire, aire, cuyos primeros versos dicen: “Aire, aire / no una brisa sino un torbellino de aire, / aire, aire… / que se lleve a los monstruos / que se han hecho dueños / de todos los sueños / que fueron razón”. Otra es Al alba, donde dice: “Si te dijera, amor mío, / que temo a la madrugada, / no sé qué estrellas son éstas / que hieren como amenazas, / no sé qué sangra la luna / al filo de su guadaña”. Querido Aute, murmura el poeta mientras bebe un trago de ron. 

IV
Es la segunda semana de abril. Desde el 20 de marzo permanecen en casa por la cuarentena. Del 21 al 29 de marzo, a través de internet, el poeta propone y participa en la escritura de un poema colectivo. El poema tiene como título Las máscaras del aire y lo componen 20 estanzas numeradas con romanos. Lo firman Anna Apolinário de Brasil, Armando Romero de Colombia, Berta Lucía Estrada de Colombia, Floriano Martins de Brasil, José Ángel Leyva de México, Omar Castillo de Colombia, y Vanessa Droz de Puerto Rico. El poema está acompañado por siete intervenciones gráficas en blanco y negro hechas por Alfonso Peña y Amirah Gazel de Costa Rica.
En Las máscaras del aire el dibujo establecido por la voz poética es vertiginoso y magnífico en su continuo, lo que no es fácil en un poema de largo aliento, máxime si este ha sido escrito por varios poetas. El poema surge en un momento coyuntural para la humanidad, por ello es un testimonio cargado de una esclarecedora fuerza poética para estos tiempos de intemperie humana. Las siete obras gráficas creadas para intervenirlo, poseen la inspiración y la sutileza necesaria para expresar el asombro de un mundo en eclosión.
 Las imágenes que surten el poema son exigentes, empero nítidas y, más que pretender armar el dibujo descriptivo de un apocalipsis entendido como el final de un periodo humano, el hilo de este imaginario busca revelar lo escatológico, no como la tentativa de un más allá, sino como la búsqueda de un aquí y un ahora donde asumir la realidad y la otredad posibles para el ser humano. Los largos versos de Las máscaras del aire convocan a mantener un estado de alerta suficiente para saber que vivir es necesario, más allá de las prisiones sociales, las religiones o las ideologías de turno. Las voces participantes en el poema logran recordar los coros usados en las tragedias griegas cuando hacen el correlato de la historia puesta en escena.

V
Termina abril y el confinamiento ha sido extendido hasta el 11 de mayo. Las dificultades para el sostenimiento diario no faltan, empero, el poeta las asume con la paciencia que lo viene haciendo desde el final de su infancia, pues es conciente del camino asumido para su vida y de los costos que implica vivir como él ha decidido hacerlo. Luz Marley ha podido continuar dictando algunas de sus clases de piano a través de plataformas por internet, lo que es un alivio profesional y económico.
Al final de la tarde miran los noticieros, la tautológica información que estos pasan dejando un reguero de especulaciones contradictorias sobre la pandemia y los efectos que viene ocasionando en la realidad social y económica del mundo. Su mayor acierto son las cifras oficiales de contaminados, muertos y recuperados. Es patética la pretendida tribuna oracular que creen manejar, el poder que creen ejercer con sus noticias.
En una carta sobre los posibles efectos que ocasionará esta pandemia en el suceder humano, el poeta le ha expresado a su destinatario: Por lo demás no te preocupes que la humanidad seguirá viviendo en el mundanal mundo como si esto que hoy sucede solo fuera un recuerdo entre tantos otros. Sí, un vago recuerdo, útil para llenar otra de las fechas del calendario con el “Día mundial de la pandemia”. Y que siga el mundanal mundo con todos sus juguetes, incluida una vacuna para el virus que ha desatado esta pandemia. Así ha sido y así es lamentablemente para las aspiraciones de quienes persiguen mejorar la responsabilidad y la dignidad humana.

VI
El poeta ha vuelto a leer a Vicente Huidobro, ha vuelto sobre la magnitud significante de su poesía. Considera que Huidobro es quizá después de Rubén Darío, el poeta más significativo en idioma español, reflexión que no deja de molestarle, pues no es su motivo desconocer la fuerza creativa de tantos otros que han contribuido y contribuyen con sus obras al mantenimiento vital del idioma, haciéndolo poderoso en su capacidad de aprehender y nombrar lo aprehendido, entonces, piensa en Federico García Lorca, en León de Greiff, en Guillermo Carnero. Vicente Huidobro, tan maltratado y tergiversado por la solapada envidia imperante. Empero, su poesía y su prosa son cada vez más visibles. La noche se adentra y el poeta la mira desde el balcón antes de ir a acostarse.
Aquí es necesario decir que la escritura del poeta de esta narración, no responde a filiaciones de escuela, su noción de la poesía se nutre de todas las poéticas posibles para la realización de su escritura. Cree que su tiempo es un tiempo entre todos los tiempos vividos e imaginados por la humanidad. Se sabe en un cruce donde todos estos confluyen, inclusive los imposibles. También cree que lo humano debe ser tomado en su conjunto, no en los escaques donde es puesto para el beneficio de los entes de poder que buscan usufructuarse de la fragmentación de la dignidad y la responsabilidad humana.
Recién terminado el poema colectivo Las máscaras del aire, el poeta escribió Medellín, abril de 2020, poema ubicado en el centro de la ciudad que ha sido el amor del poeta y una de las razones para la disciplina de su vivir alerta. Ciudad donde siempre quiere vivir, o como él mismo lo dice, morir tranquilo. El poema aparece tejido por una cábala de ojos que escudriñan su cotidianidad y ven en ella el azaroso misterio de vivir cada instante como si fuera la primera vez, la última vez: 

Medellín, abril de 2020
           
Suenan sirenas de ambulancias
En esta mañana 
Que se define
En la piel del aire
En el agua de las sombras reflejadas en el asfalto
De las perplejas vías
           
En las húmedas sombras
Que la leve luz acosa 
En las fachadas de las construcciones
Mientras los semáforos cambian
Dando paso al extraño silencio
De los pocos peatones que cruzan
La Avenida La Playa sobre La Oriental
           
A su paso las nubes se hacen y deshacen
En las vidrieras de los altos edificios
           
Las horas suceden como en un tenso arco
Cuya fuerza apenas sí las impulsa
Por los pliegues tenues del día
           
Voceadas por el viento
Las hojas de los árboles se arremolinan junto
A los pedestales de los bronces que adornan la Avenida
           
A través de una ventana
Se presiente el polvo de las palabras 
Acumulado por quienes ahora desayunan
Calentando los pies entre las pantuflas
           
Bajo la ceiba un tramo del anden 
           
Retroceder sobre la Avenida La Playa
Hasta dar sobre la carrera Junín
Buscando un café en el Astor
           
Empero
Tras las cerradas persianas
Solo queda el sabor del saber
De tantos otros días celebrados
En esta ciudad vuelta estación de espera

VII
7 de mayo, desde anoche se amplió la cuarentena hasta el 25 de mayo. Lo enrarecido de la cotidianidad permite ver el mundo a través de una lupa, entonces es como mirar un reloj de arena flotando interminable sobre un desierto, dejando una sosegada sensación, igual a la que dejan las breves huellas de los camellos  que avanzan hacia un oasis.
Después del almuerzo Luz Marley salió con Sombra a las afueras de la unidad para que hiciera sus necesidades fisiológicas. Cuando regresaron el poeta sirvió café y unas galletas de cereales. Tomaron el café y comieron las galletas disfrutando de sus silencios. La intimidad del don del silencio, tan necesario para comprender el poder de las palabras. 
 Ya en su mesa de trabajo el poeta dio respuesta a varios correos por internet. Después abrió el archivo donde ha estado guardando los poemas que viene escribiendo desde 2018, pues estaba recordando uno que había escrito en junio de 2018, lo buscó y lo leyó:

Agua de su abecedario
                       
El viento trae mi muerte
El viento se lleva mi muerte
           
La arena se recoge en una piedra
Próxima a hacer impacto
           
Al asombro de la luz del sol
Que no cesa en sus murmullos
           
He visto vivir el tiempo
He visto brillar el agua a su paso
Por las oquedades de grandes piedras
Engarzadas al cauce del río
           
He rosado el musgo que se aferra
Sobre las piedras húmedas
A la sombra de una margen del río
Mientras la mañana es luz
           
La piedra impacta en el río
Creando ondas en el agua
           
El viento trae mi vida
El viento se lleva mi vida
Al asombro de la luz
En sus murmullos

Cerró el archivo y fue a servirse más café, Luz Marley practica en su piano. De nuevo en su mesa de trabajo tomó un sorbo de café, y en una hoja de papel anotó: La partida no termina, después de agitados los dados han sido otra vez arrojados sobre las ascuas del mundo.


Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros publicados son: Obra poética 2011-1980Ediciones Pedal Fantasma (2011), Huella estampida, obra poética 2012-1980, el cual se abre con el inédito Imposible poema posible, y se adentra sobre los otros libros publicados por Omar Castillo en sus más de 30 años de creación poética, Ambrosía Editores (2012), Tres peras en la planicie desierta, Los Lares, Casa Editora (2018), Limaduras del sol y otros poemas, Antología, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018) y próximo a salir: Jarchas & Escrituras, Ambrosía Editores (2020). El libro de narraciones cortas Relatos instantáneos, Ediciones otras palabras (2010). Los libros de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, Editorial Pi (2014), Al filo del ojo, Fondo Editorial Ateneo (2018), una segunda edición ampliada de En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018) y Asedios, nueve poetas colombianos, Ambrosía Editores (2019). De 1984 a 1988 dirigió la Revista de poesía, cuento y ensayo otras palabras, de la que se publicaron 12 números. Y de 1991 a 2010, dirigió la Revista de poesía Interregno, de la que se publicaron 20 números. En 1985 fundó y dirigió, hasta 2010, Ediciones otras palabrasHa sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.
Contacto: om.castillo58@gmail.com