sábado, 3 de abril de 2021

“Dejo que sean ellas, las palabras, las que me visiten” Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

Rafael Felipe Oteriño con Juan L. Ortiz en 1964

Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019). Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RFO: Debo retrotraerme a mis doce o quince años, en La Plata, a un día violento de otoño en el que las hojas de los plátanos volaban y se arremolinaban en la vereda con el anuncio de una tormenta inminente. Ahí me cayeron unas primeras líneas que bosquejaban la idea de un mundo sustraído de su orden, arrebatado por el torbellino del viento y seguido en mí de algo interior parecido a un reclamo de piedad. No hago esfuerzos por recordar esos versos (más bien, hago el esfuerzo de olvidarlos), ya que dicho primer intento no era más que una expresión subjetiva y no la pieza literaria y susceptible de compartir que constituye un poema.

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RFO: Con la lluvia y las tormentas tengo un sentimiento dual: por un lado, me encantan, en cuanto a voluptuosidad, energía e ímpetu; por otro, me sobrecogen porque, mientras duran, me dan la impresión de que han venido para quedarse. Tal vez se filtra en esto último el recuerdo de la vieja casa de mi infancia, de techos altísimos y azoteas embaldosadas, en la que con cada tormenta no faltaba la gotera insidiosa quebrando, como un intruso, la vida doméstica. 

Las otras propuestas son variadas. Vayamos de a una. Con la sangre no discuto, ni aun metafóricamente; está ahí, como un río vital y yo me limito a dejar que siga cumpliendo su tarea. La velocidad no me seduce si no es como condición para que las cosas anheladas ocurran más pronto. Y a las contrariedades las tomo como parte de la vida: una tarea a afrontar.  

Rafael Felipe Oteriño con María Esther Vásquez y Jorge Luis Borges

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?... 

RFO: Por su larga tradición literaria, la palabra inspiración tiene un lugar ganado que no voy a controvertir. Podría sustituirla por las expresiones “precipitado psíquico”, “tropel de palabras”, “don”, “dádiva”, “estado de inocencia”, que marcan, de igual manera, la libertad imaginativa y el afán constructivo que son antesala del acto creador. Lo que tengo claro es que sin ese disparador la escritura de poesía demora su inicio. Pero tampoco apuesto todas mis fichas a su aparición inconsciente. Creo que la obra de creación es fruto de un don y una tarea; que el poeta es “tocado” por la poesía y que es, asimismo, un artesano de la lengua. Lo que se expresa de manera bastante adecuada diciendo que la obra “nace” y “se hace”. Y arriesgaría que este último factor es insustituible, pues durante el “quehacer” el autor calibra la potencia del material recibido en bruto, examina la originalidad de sus contenidos, se impone una estrategia y una dirección, basado en su experiencia en cuanto a los límites del lenguaje y a sus propios límites. 


4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RFO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear “avatares”, pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York. 
Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

con Ida Vitale en Sevilla, 2019

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RFO: Me encantan los refranes por esa cualidad que los hace surgir de los labios en el momento preciso en que la ocasión lo requiere. “No hay mal que por bien no venga” (la aceptación de lo irremediable); “En casa de herrero, cuchillo de palo” (la condición insustituible de la experiencia); “No por mucho madrugar se amanece más temprano” (el valor del azar y lo imponderable); “Al mal tiempo buena cara” (la voluntad como conducta); “A caballo regalado no se le miran los dientes” (la gratitud); “Cada loco con su tema…” (vivir y dejar vivir); “Cuando el río suena, piedras lleva” (el valor de lo secreto); “Donde hubo fuego cenizas quedan” (el tesoro de lo vivido); “Genio y figura hasta la sepultura” (la huella de la estirpe); “Lo cortés no quita lo valiente” (la sociabilidad ); “Ojos que no ven corazón que no siente” (la lección de que no todo puede ser dicho ni es bueno oírlo todo). Y podría seguir.


6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RFO: Debo decir que las obras que más me han estremecido son: “La Odisea”, los diálogos platónicos, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, nuestro “Martín Fierro”, la poesía de Borges y de Czeslaw Milosz. En estado de perplejidad (si por esto entendemos duda, incertidumbre, confusión), el “Ulises” de James Joyce; si, en cambio, le damos la acepción de sorpresa, asombro: el poema “Un coup de dés” de Stéphane Mallarmé y la música de Gustav Mahler, particularmente el Adagietto de la Sinfonía nº 5.  


7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RFO: No sé si será por autocompasión o por sabia distribución de los recuerdos, pero no me viene a la cabeza ninguna situación irrisoria de la que haya sido protagonista. ¡Aunque sí, ahora me llega una de mi más remota infancia!: cuando en la plaza de mi barrio, ante la mirada de la chiquilina que me quitaba el sueño, patee una pelota y se me fue el zapato con el impulso.


8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RFO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea (“Música porque sí, música vana…”, Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.


9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan? 

RFO: No necesariamente me aplastan. Por lo normal, me muevo cómodo en ellas. Me gusta volver a los mismos sitios, releer los mismos poemas y conversar con las mismas personas. Siempre descubro nuevos perfiles, otras inflexiones, una renovada riqueza en los reencuentros. 
Las colas en los bancos y oficinas, en cambio, con su cuota de expectación y desvelo, esas sí me abruman. Solo las sobrellevo suscitando animosas (tanto como efímeras) tertulias con los otros abnegados penitentes que me preceden o con los que me siguen en la espera.

Bioy Casares con Rafael Felipe Oteriño en Mar del Plata, 1967


10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RFO: Como cristalización de una modalidad de escribir puede constituirse en una limitación en la trayectoria del escritor (en un “amaneramiento”, como dice el escritor y periodista español). Pero esto ocurre cuando se apaga la inventiva y el escritor persevera en una retórica que ya no aporta sorpresa ni novedad ni mérito. Esto produce obras que no son otra cosa que un calco de lo ya hecho. 
Desde otro orden más valioso, el estilo (de stilus, punzón para escribir y, por derivación, marca, señal) es un código de identificación y, para el escritor, una conquista: la posibilidad de ser destacado por su peculiar uso del lenguaje, de entronizar un horizonte comunicativo propio, de darle oportunidad al lector de saber a qué atenerse al tiempo de elegir sus lecturas.  

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente? 

RFO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura. 
Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

Rafael Felipe Oteriño con Manuel Mujica Láinez en 1977

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RFO: No lo dudo: yo, niño de cuatro años, en el campo, con boina negra y faja de igual color en la cintura, montado en el caballo alazán que me regaló mi padre (al que bauticé, apenas lo vi, con el nombre “Rubio”, por mi ignorancia sobre el pelo de los caballos).


13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RFO: Me hubiera gustado acompañar a Don Segundo y a Fabio Cáceres durante su arreo de ganado por los pagos del Tuyú, dormir junto a ellos a cielo abierto, observando las estrellas y oyendo el rumor sordo de los animales sobre la tierra (“Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes). Luego, más ambicioso, viajar con Odiseo por todo el Mediterráneo durante el camino de su regreso a casa, pero sobrevivir, eso sí, como él, a las peripecias de la aventura (“La Odisea”).

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RFO: Es lo que, no sin laxitud, denomino “lo indeterminado” (el ápeiron griego), aludiendo con ello al material del que se vale la poesía para dar estatura verbal a lo que de indecible, tácito e inexpresable tiene el mundo en que nos movemos. Todas esas instancias son estaciones y disparadores de la poesía, entendida como la operación de esclarecimiento y puesta en acto de lo que carece de una definición concluyente. Todas ellas permiten repetir con Rimbaud: “Je est un autre”, “Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien”.


15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías? 

RFO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, “De ese lado no duermo”. Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al “ingenio”, que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.


16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RFO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública. 

En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado. 


17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RFO: Fui durante más de treinta años funcionario judicial y esto me adiestró en tratar de ser ecuánime y en poner humildemente en práctica la levinasiana responsabilidad anterior, preexistente, ante el otro (Emmanuel Lévinas). Y mi poesía se llevó bien con esa conducta, ya que me acostumbró, a su vez, a prestar atención a lo distinto —aún más, a interesarme por lo distinto—, como provechosa lección para reflexionar y a la cual —como un deber— adaptarme.

Rafael Felipe Oteriño en 1984

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RFO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de “Zorba, el griego”. O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café…” de Joan Manuel Serrat. 
Tengo una visión más positiva que la propuesta por “Cambalache”. Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una “verdad” de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.


19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RFO: Sócrates, Jesucristo y Leonardo. Tres esferas bien distintas (introduzco también la dimensión trascendente) en las que encuentro valores que me asisten y me fascinan: Sócrates por la fidelidad a sus convicciones, Jesucristo por instaurar la doctrina del amor y Leonardo da Vinci por apostar su potencia creativa a la carne y a la geometría con la misma intensidad.


20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RFO: No sé si “a mandíbula batiente”, pero sí con probado encanto, en mi infancia estuve más inclinado a reír con Laurel y Hardy que con Chaplin. Ahora la preferencia se ha invertido y es Chaplin quien me produce mayor contento. Eso sí: con la atención creciente puesta en el humor cultivado y acrobático de Buster Keaton. 

Rafael Felipe con Mario Vargas Llosa en Madrid, 2017

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RFO: Con resignación y alguna cuota de humor, ya que a esta altura de la vida sé muy bien que los ideales no siempre se alcanzan. Que son metas, vislumbres, puertos. Que su mayor virtud es la de imponer un rumbo (como la de esos faros que no evitan los naufragios, pero ayudan a continuar la navegación).


22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RFO: Con el amor, bien: creo que sé querer y siento que soy querido (aunque de nada de esto hago una manifestación). Contemplación es lo que hago a diario (frente a la naturaleza, ante las personas y los sentimientos, desarrollando la experiencia de las formas simbólicas). Con el dinero nunca se sabe, pero como soy sobrio no siento carencias. La religión es el gran horizonte: la palabra misma encierra en su raíz latina una acción que me reconduce: religare. Y, por fin, con la política no he mantenido otro vínculo que el de procurar comportarme como buen ciudadano, atento a mis deberes y celoso de mis derechos. 


23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RFO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.



24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RFO: El corto tramo que va desde la calle 7 y 61 de La Plata, en donde estaba mi casa familiar, atravesando la Plaza Rocha hasta la diagonal 78 entre 5 y 6, donde vivía mi amigo Horacio Castillo. Tanto de ida como de vuelta, infinidad de veces transitamos ese recorrido para compartir una lectura, leer un poema recién escrito o confiarnos algún secreto —normalmente feliz— de nuestras vidas.


25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RFO: Ay, Rolando, me ponés en un brete. No soy proclive a los juegos de ingenio ni a las adivinanzas. Las palabras son para mí un mundo dentro del mundo. Hablan de las cosas, pero no son las cosas. Dejo que sean ellas las que me visiten, para recién luego comenzar yo mi labor. De don y trabajo, he hablado antes, con la mira puesta en conferirle forma verbal al impulso que me lleva a escribir. Me quedo, pues, del lado de Dylan Thomas, cuando muestra asombro (él le llama “enamoramiento”) frente a las palabras: “Ahí están ellas, aparentemente inertes, hechas de blanco y de negro, pero de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todas esas abstracciones que hacen peligrosas, grandes y soportables nuestras efímeras vidas” (“Manifiesto poético”).

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RFO: En las zonas bancarias, al mediodía, cuando lo único que parece importar son la suma y baja de las cotizaciones en las pizarras de la Bolsa y los sueños profanos de sus intérpretes. Pero también mueren en las páginas mal escritas, en las obras traducidas sin rigor y en la impotencia de la propia lengua para elaborar la palabra que falta.


27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RFO: Sí, puedo. Las obras me deslumbran por su capacidad retórica y por la imaginación que despliegan. Cuando esto se cumple, me rindo ante su presencia y en mi interior siento crecer un entusiasmo que se expresa muy bien con la palabra “admiración”. 


28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RFO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación. 


29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

RFO: Admiro a los dotados de gran inteligencia, rica sensibilidad, probada maestría, vasta cultura, sano liderazgo. Y entonces aparecen en desordenado tumulto: Georges Steiner, Simone Weil, René Favaloro, Jorge Luis Borges, José de San Martín.


30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RFO: Pienso que ambas cosas: me pertenecen y soy movido por ellas. Aunque debo decirte que me veo menos sujeto a las pasiones (en cuanto fiebres o fanatismos) que a los entusiasmos (más próximos al buen ánimo y la alegría), seguramente por la contención que opera en mí en cuanto a los excesos. Las pasiones son más fuertes y duraderas que los entusiasmos, aunque las dos confieren una vitalidad que me impulsa a ir más lejos.


31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RFO: Me viene uno a la mente: el artista plástico británico Damien Hirst, que expuso un tiburón dentro de una caja de vidrio con formol. Comprendo que la novedad y la sorpresa son componentes del fenómeno artístico, pero creo advertir que algunas modalidades del arte conceptual y de las instalaciones abusan de la idea como arte, descuidando el valor atinente a la realización en sí de la obra. De todos modos, la exaltación de la obra de arte nunca es perniciosa, pues el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar. 



32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RFO: No creo que el amor sea “por naturaleza” asimétrico. Dicha condición ha de ser, a lo sumo, uno de los tantos episodios del amor. Extremar el punto de vista es uno de los recursos de la construcción poética y de todo el arte en general, con el objetivo de ensanchar el escenario de expectación. Seguramente, eso es lo que hizo Luisa Futoransky.


33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RFO: El amanecer, soy diurno. Mis horas preferidas son las de mayor luz natural, cuando todo parece comenzar o recomenzar. Flaubert escribía durante la mañana, dormía una corta siesta y luego corregía lo escrito durante la tarde y hasta muy entrada la noche. Yo veo con simpatía esa modalidad, solo que siesta no duermo y que pongo término al día antes de la medianoche. La caída del sol me estimula para la conversación. 


34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RFO: Recuerdo con felicidad de oyente la reunión cumbre entre Astor Piazzolla y el saxofonista Gerry Mulligan, allá por los años ‘70, y la más reciente entre los tres tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Me gustaría asistir a otras que idealizo: la de Sócrates y Platón, la de Keats y Shelley, la de Michel de Montaigne y Étienne de La Boétie. Y aquella también eminente (epistolar en su última etapa) entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.

 
35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RFO: No soy ajedrecista; observo el juego desde afuera, pero siempre me ha seducido ese modo pacífico de concluir la partida que es “hacer tablas”. Lo tomo como una invitación a reiniciar la partida.
Traslado esa figura a la vida y me consuela con su imagen de no vencer y no ser derrotado. Hacer tablas, empezar de nuevo, mover otra vez los peones. El misterio se mantiene intacto. 

*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires, distantes entre sí unos 415 kilómetros, Rafael Felipe Oteriño y Rolando Revagliatti, 2020. 

















martes, 23 de marzo de 2021

Mañana a las 19.30: presentación de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg y lectura de los dos últimos títulos publicados

 





Miércoles 24 de marzo
 
Presentación de la nueva colección de poesía de Galaxia Gutenberg, y lectura de los dos últimos títulos publicados: 
Poemas humanos, de César Vallejo y  La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge
 
 
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19:30 h
 
Importante: el aforo es limitado y estará siempre adaptado a las medidas dispuestas por las autoridades sanitarias.
 
Acto retransmitido en directo a través de nuestra cuenta Instagram (@fcpjosehierro)
 
Lectura y presentación a cargo de Jordi Doce y Julieta Valero
 
 
A lo largo de más de dos décadas, la colección de poesía de Galaxia Gutenberg se ha convertido en un referente literario de primer orden: en su catálogo conviven clásicos antiguos y contemporáneos, grandes figuras de la modernidad occidental (europea y americana) y los poetas más altos de la tradición en lengua española. Con un diseño sobrio y reconocible tanto en tapa dura como en rústica, un cuidado exquisito en la edición, traducciones de gran voltaje literario e introducciones que son a la vez informativas y ensayísticas, Galaxia Gutenberg ha ofrecido –y sigue ofreciendo– a sus lectores un acceso privilegiado a lo mejor de la poesía universal.
 
Con esta nueva colección de libros de pequeño formato, que acaba de llegar a los primeros diez títulos publicados, Galaxia Gutenberg quiere acercar este inmenso y riquísimo catálogo a una nueva generación de lectores. Su nuevo diseño traduce visualmente nuestro deseo de hacer libros asequibles, selecciones portátiles que recojan lo mejor y más significativo de cada poeta o recuperen libros centrales de su producción. Todo con los mismos criterios de rigor, excelencia crítica y cuidado editorial que caracterizan el trabajo de Galaxia Gutenberg, pero con un espíritu divulgativo y cercano al lector. Aquí caben desde clásicos modernos como Whitman, Leopardi, César Vallejo, W.H. Auden o Sophia de Mello Breyner a poetas de lengua española como José Ángel Valente o Blanca Varela, pasando por inclasificables como Joan Brossa. Se trata, en suma, de seguir celebrando la poesía como una función de la vida y un regalo de la imaginación, de ese entusiasmo crítico que no se resigna a dejar el mundo como lo encuentra.
 
Arrancamos con una pequeña selección de siete poemas fundamentales de Walt Whitman (Canto de mí mismo y otros poemas) en la traducción de Eduardo Moga, el libro póstumo y quizá más conmovedor de José Ángel Valente (Fragmentos de un libro futuro) y la entrega más reciente del poeta canario Andrés Sanchez Robayna (Por el gran mar). Y hemos seguido con Joan Brossa (Me hizo Joan Brossa) y breves selecciones de Leopardi (Dulce y clara es la noche), Sophia de Mello Breyner (Lo digo para ver), Auden (Cuarenta poemas) y Blanca Valera (Y todo debe ser mentira).
 
Los dos títulos más recientes son una nueva edición de Poemas humanos, de César Vallejo, con prólogo de Julieta Valero, y la versión española de La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge, un clásico del romanticismo y la literatura gótica, a cargo de Jaime Siles.
 
 
Jordi Doce (Gijón, 1967) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctor en literatura por la Universidad de Sheffield con una tesis sobre la influencia del romanticismo inglés en la poesía española contemporánea, base de su ensayo Imán y desafío (IV Premio de Ensayo Casa de América, 2005).
 
Ha publicado siete poemarios, entre los que destacan Lección de permanencia (Pre-Textos, 2000), Otras lunas (XXVIII Premio Ciudad de Burgos, DVD Ediciones, 2002) y Gran angular (DVD Ediciones, 2005). Posteriormente han visto la luz No estábamos allí (Pre-Textos, 2016; mejor libro de poesía del año según El Cultural) y la antología En la rueda de las apariciones. Poemas 1990-2019 (Ars Poética, 2019).
 
En prosa ha publicado los libros de notas y aforismos Hormigas blancas (2005) y Perros en la playa (2011), los ensayos La ciudad consciente (2010), Las formas disconformes (2013) y Zona de divagar (Vaso Roto, 2014), el volumen de artículos Curvas de nivel (Isla de Siltolá, 2017) y el libro de entrevistas Don de lenguas (Confluencias, 2015). Fórcola Ediciones acaba de publicar La vida en suspenso. Diario del confinamiento.
 
Ha traducido la poesía de W.H. Auden, Paul Auster, William Blake, Lewis Carroll, Anne Carson, T.S. Eliot, Ted Hughes, Charles Simic y Charles Tomlinson, entre otros, así como la prosa de Thomas de Quincey y John Ruskin. En los últimos años han aparecido Libro de los otros (Trea, 2018), que reúne las traducciones comentadas de poesía que ha ido dando a conocer en su blog, y el volumen de crítica La puerta verde. Lecturas de poesía angloamericana (Saltadera, 2019).
 
Fue lector de español en las universidades inglesas de Sheffield (1993-1995) y Oxford (1997-2000). Actualmente reside y trabaja en Madrid como traductor, profesor de escritura creativa y coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg.
 
Para más información sobre la editorial, podéis hacer click aquí:

martes, 2 de marzo de 2021

5 POEMAS DE SASHA REITER DE SOBRECARGA SENSORIAL (NEW YORK POETRY PRESS)



FUGA


Anoche soñé que pintaba con Carl Jung.

Lo peor de pasar una tarde con Carl es que reirá mientras

lanza

una mano sobre tu cabello, rompiendo tu concentración,

empañando con carmín alizarina tu frente

como con perdigones de sudor,

y cuando ríe, desde el fondo de su esófago,

puedes oír su teoría sobre el inconsciente colectivo,

justo al salpicar de su lengua,

justo al adherirse a tu autorretrato,

manchando los finos trazos con un alquitrán profundo

que comienza en el centro, escurriéndose, empapando

todo el lienzo,

una cacofonía de sonidos desde el interior del hueco,

alargándose hacia afuera, semejando en algo la marcha

fúnebre

del segundo movimiento de la Heroica de Beethoven,

y, sin que importe el nunca haberla oído,

tú conoces el sonido del negro medianoche corroyendo la

abertura

que perfora la caricia llana del blanco titanio,

la pintura paralela a tu pupila mientras las vibraciones

sacuden la cáscara de huevo alrededor de tu cerebro,

retardando el aroma de la canción que se torna espesa

como un jarabe demasiado dulce,

filtrándose desde el centro,

llegando a una habitación de tonos rosados,

no del todo carne humana, más como la piel de una fruta,

no del todo una manzana,

tal vez una ciruela convirtiéndose en durazno,

donde convergen líneas invisibles,

donde el inconsciente colectivo de Jung 

te dice que algo espera en la densa pintura negra,

y en el resto de la habitación,

una orquesta llena el morado Van Dyke,

ya desvaneciéndose en granate, casi sillas;

la orquesta está ordenada en filas de músicos sin rostro,

y Jung se para detrás de ellos con confianza,

y tú apenas reparas en él mientras cada músico alza su

instrumento,

monstruosas combinaciones de cuerdas y latón,

húmedas cañas y teclas de marfil;

nadie tiene suficientes bocas o dedos para su equipo,

y puedes escuchar, a través del colectivo,

que nadie está tocando nada con sentido por si mismo,

mientras intentas enfocarte en un sonido a la vez,

notas que cada miembro de la orquesta está tocando

su propia pieza diminuta de la sinfonía de Beethoven,

cada uno tocando esa pieza de manera algo incorrecta,

y juntos crean música que se está despedazando;

cada pieza amplificada por la siguiente,

los sonidos pulsan a medida que tus oídos sangran,

pero Jung te entregará un pañuelo para tus oídos

y admitirá que el colectivo existe

en las partes más tranquilas del cerebro

y, solo una que otra vez, trata de hablar directamente,

tal como lo hace regularmente para una persona tan

enferma,

y señalará tu retrato.

Él se pondrá serio y dirá,

así es como suena ser ultrajado por el universo.



DEPRESIÓN (O) CURA PARA LA EMOCIÓN


Te diré algo que ayuda:

Coge una manta, de al menos 2-3 cms de grosor, y

dóblala por la mitad.

Debe ser grande, tenlo presente,

diría de uno a dos metros.

Lo siguiente que debes hacer es encontrar el dolor.

Para mí, generalmente es en el estómago, pero digamos

que esta vez

está en algún lugar de tu cerebro, tal vez esté justo donde

este se divide en dos, a lo largo del pliegue,

donde los vasos sanguíneos se dan de puñetazos por falta

de comunicación.

Luego, envuelve dicha manta alrededor del pliegue

cerebral,

la cabeza puede ser mas manejable. Cubre la herida.

Envuélvela una o dos veces y mantenla apretada.

Sigue apretando. Sigue apretando hasta que tu cabeza se

sienta mareada

y tus dedos queden esculpidos en el sitio,

sosteniendo la manta, hasta que tu cerebro deje de

funcionar,

hasta que sientas la herida luchando por salir,

pero sostienes esa manta mas allá del punto de salud,

sostienes esa manta hasta que tus brazos

se desprenden y no puedes sentir ya nada en absoluto.

Sostienes esa manta hasta que no hay mas manta o

pliegue

en el cerebro o la cabeza o en ti y nunca más tendrás que

sostener

nada ni sentir nada otra vez,

y mucho menos un dolor en tu cabeza.



SOBRECARGA SENSORIAL


Esta Receta de “Súper Café” está Dejando Aturdidos a

los Médicos.

Paquetes de cruceros para Alaska: 50% menos.

Sentarse en exceso está matando lentamente a los

oficinistas de los Estados Unidos.

Reduce la inflamación con CBD, derivado del cáñamo,

mientras

buscas tu épica aventura turística.

¿Por qué la Antártida es la opción OBVIA?

¿Estás usando q-tips? Es muy probable tengas los oídos

sucios por dentro.

CBD y sus comprobados beneficios para la salud

revelados

por un singular truco de carburo que quema hasta 1

LIBRA por DÍA.

Alaska... un lugar como ningún otro que antes hayas visto.

Prevén y trata el hongo de las uñas con esto:

Los distribuidores despejan en el acto tus uñas

descoloridas,

que podrían infectarse por tu intento de ser más activo

ante la pavorosa e inspiradora belleza de Alaska

y mejorar la iluminación de tu garaje o de tu espacio de

trabajo,

lo cual es una solución permanente a los paquetes de

cruceros de último minuto

desde tu carro equipado con tu fijo pedido de escritorio!

Pero debes tener cuidado, la baja testosterona se está

apoderando de tu hombre.

¿Buscas un elevador de escalera para tu hogar?

¿Buscas un elevador de escalera para tu cuerpo?

¿Buscas un crucero para cualquier parte menos para acá?

¿Buscas algo para quitar el dolor?

¿Todo eso junto?

¿Completo?




¿SOY DEL BRONX?


Si el Bronx es una pendiente de historias de amor

contadas en lenguas diferentes,

entonces South Riverdale y Kingsbridge eran

donde aquellas lenguas se envolvieron a mi alrededor.

Pero Riverdale no es el Bronx, dice él.

Kingsbridge es una bachata que irrumpe

por tu ventana a las 2AM.

Policías morenos llorando en el espacio

entre su corazón y su cadera.

Muchachos morenos que traen cuchillos a la escuela

porque los matones odian a los maricas.

Un tipo flaco y gris acechando bajo la sombra de ladrillos

tostados,

ofreciéndome paquetitos de cocaína.

A los 15, yo comprándole a un desamparado cocaína por

10$.

Es el depravado que sigue a esa niña de 12 años,

silbándole suavemente a su trasero.

Es un coquito frío en un caluroso día de verano.

Alargadas cuadras de familias que se mezclan,

cantando y bailando toda la noche a pesar de las canaletas,

debido a las canaletas.

Canaletas que se llenan con el agua de los grifos de

incendio

para trocar un lugar de dolor en un parque acuático.

Son los niños, las mamás y las titis

quienes no lo llamarían un lugar de dolor.

Crecí al fondo de Riverdale,

en la cima de la colina que se derrite en Kingsbridge.

Crecí en parques blancos,

con noches silenciosas envueltas por familias judías

cada vez más enojadas con aquellas madres morenas 

como la mía que allí se mudan,

donde la gente de Kingsbridge trabajó duro

para que sus hijos crecieran,

preguntándole a mi mejor amigo

por qué no me dejaba visitar su casa,

observando a los rabinos hablar con desprecio a los

judíos

demasiado pobres como para pagar la membresía de la

comunidad.

Quizás Riverdale ya no sea el Bronx,

pero he pasado noches bailando al compás de esa bachata

de las 2 AM

retumbando desde un automóvil estacionado.

He probado la dulzura de esos coquitos

y las lágrimas de agua salada

de las madres que rezan de noche a un Dios indiferente,

secretamente estadounidense

quien mantiene cerradas las puertas del puente.

Quizás no soy del Bronx,

tal vez soy el hijo involuntario

de un acto de amor cultural

tan lleno de violación y cariño, que me permite marcar las

líneas

de dónde termina mi Bronx y de dónde comienza.



PALADAR IMPOSTOR


Hace 15,000 años, año más año menos,

mi familia puede o no haber cargado arroz

sobre sus espaldas en hielo, lodo y piedra

para llegar a campos sin sangre

para empujar aquellas pequeñas semillas

al fondo por debajo del aliento de la tierra

para comerse su botín durante 15,000 años,

año más año menos.


Mi profesor de color se refirió a mí

como estudiante de color una vez y

yo no estaba seguro de qué hacer con este título.

La primera generación en mí quiso brotar una lágrima,

pero sabía que me estaba otorgando un honor

que no podría ostentar.

Yo sabía que no era así.


Sabía que mi bisabuelo fue lo suficientemente inteligente

y afortunado para dejar su vida, familia atrás.

Llevar el peso de su linaje muerto, sus padres,

un yunque en su espalda,

tinta negra quemada sobre brazos

ya incapaces de alcanzarse unos a otros.

Pero no los brazos del hombre cuyo nombre no me he

ganado.

Corrió veloz con fantasmas

de la roja Rumania al rojizo Perú

y conoció a una hija de caminantes de arroz.

Mezclaron su sangre, jodieron la mía,

confundieron mis lenguas.

Los rumanos comen papas y pan.

Su nieta se escapó de casa.

Se llevó una mochila azul de nilón repleta

de ropa y sueños a Jerusalén.

Allí conoció a otro velocista, blanco con rizos de oro.

Los argentinos son los europeos de América Latina.

Su gente también corrió.

Por qué la pareja corrió junta a la tierra de la esperanza

rota,

de la metralla de expectativas empapadas de sangre

caliente

mohicana, japonesa, y pronto latina-


Yo no puedo ser de color con piel pálida,

sangre colonizada, refugiada y mas blanca que morena,

castellano que me cuesta.

Yo no soy de color porque 15,000 años de color

viven en el arroz que no como,

año mas año menos. 



Sasha Reiter nació en la ciudad de Nueva York en 1996. Creció en el Bronx, donde como hijo de padre argentino y madre peruana, experimentó en carme propia la otredad metafórica de ser latino y judío al mismo tiempo. Recibió su Bachillerato en Literatura Inglesa y Creación Literaria en Binghamton University (2018). Pasó un semestre en Londres estudiando historia y cultura de Inglaterra. Ha publicado los libros de poemas: Choreographed in Uniform Distress/Coreografiados en uniforme zozobra (Nueva York: Artepoética Press, 2018; y Lima: Grupo Editorial Amotape, 2a edición, 2018) y Sensory Overload/Sobrecarga sensorial (New York Poetry Press, 2020).

jueves, 7 de enero de 2021

“Dos guerrilleros peruanos vienen a liberar al comandante Gómez”: Entrevista a José Carlos Rodríguez Nájar, por Paul Guillén

Juan Ramírez Ruiz, José Carlos Rodríguez y Jorge Pimentel en 1970
cuando fueron entrevistados por César Lévano para la revista Caretas
(Archivo personal de J.C. Rodríguez)

1.- En el 2005 publicaste Quintesencia/Quintessence (edición bilingüe traducida por Catherine Saintoul y Marcel Hennart para la prestigiosa editorial L’Harmattan), donde se recogían fragmentos de varios de tus libros. Plegarias Amazónicas ¿cómo se ubica respecto a tus anteriores libros? 

Traté de prologar el sonido de mis versos en un conjunto de poemas de diferentes épocas. Nada fácil esta esencia de mis sufrimientos y amores, pero ahí están para la posteridad, ya no me pertenecen. Igual Plegarias Amazónicas, no es más que un combate entre David y Goliat, el Amazonas mi Dios y este pobre miserable que no comprende qué pasa en la tierra, sobre todo en su tierra. Sólo miseria y prostitución, analfabetismo y ninguna puerta de salida para mis congéneres, mi hija, mi esposa. La herencia que les dejo es vergonzosa. 

2.- Los primeros versos de Plegarias Amazónicas son una invocación al gran río: “¿Qué esperas de mí Amazonas? -le dije/ Me envolvió en sus aguas turbulentas / ¡Yacumama yacumama yacumama! -repetía”. Al parecer es la idea del gran río como un dios que puede purificarte con su “transparencia”. ¿Tu poesía puede leerse como una poesía ecológica? ¿Tú y Jorge Nájar son los poetas horazerianos que más han trabajado un discurso sobre el mundo amazónico?

Yo respondo por mí, HZ no es escritura única. El lenguaje poético es el que corresponde a cada poeta: sus orígenes, cultura, educación, etc. Yo nunca he trabajado un “lenguaje amazónico”, pero sí, uno se traiciona, vive con sus fantasmas y salen a relucir en algún momento.

Edición bilingüe de Plegarias Amazónicas. 
LANCOM publicó la edición peruana en el 2020. 

3.- “Seguimos navegando en estas aguas turbulentas de la historia, en el incendio de la lectura, en el inaccesible y temerario acceso al amor y la paz social. El poeta… hoy, respira con dificultad, se golpea contra los muros, se desgarra en preguntas. Pero las armas del poeta siguen circulando a través de las tinieblas humanas”. Manifiesto de Hora Zero Internacional “Mensaje desde afuera”. Quisiera que retrocedamos en el pasado, 1978: estamos en París y fundas, junto a Enrique Verástegui, Hora Zero Internacional, donde participaron una serie de escritores de varias nacionalidades. ¿Qué nos puedes contar al respecto? ¿Qué recuerdas de la polémica con el conservador Jacques Chirac?

André Laude [Francia] es el poeta a quien más frecuenté en París, él dejó de existir en junio de 1995 y su comportamiento y conducta anarquista hicieron de él el poeta maldito, por no decir “oscuro” y poco frecuentable, sin embargo, su poesía y su prosa lo han ubicado en lo más alto del ranking de la literatura francesa actual.
    Con él habíamos creado un grupo de amigos poetas y artistas cuya asidua frecuentación nos condujo a revistas también de tendencia anarquista como Le Fou Parle ('El Loco Habla'), donde solíamos participar con mucha frecuencia. Fue en esta revista donde había aparecido una reseña mía de Hora Zero que no dejó indiferente a los poetas: Tahar Ben Jelloun [Marruecos], Dimitri Analis [Grecia], François Bott [Francia], Tristan Cabral [Francia], entre otros, quienes más tarde firmarían el manifiesto de Hora Zero Internacional.
    Fue en 1978 que el entonces alcalde de París Sr. Jacques Chirac, que manda organizar el “Festival International de Poesie de Paris” del 20 mayo al 21de junio. Jean-Pierre Rosnay era el encargado de organizar este Primer Festival Internacional de poesía en París. Fue en estas circunstancias que se empezó a elaborar el Manifiesto de HZI, en los bares del barrio 3 de París más conocido como el Barrio Judío, lugar que servía a André como cuartel general, sobre todo el café “Les Philosophes” en donde fue elaborado el manifiesto por André Laude, a la luz de todas las corrientes de la literatura latinoamericana.
    Aproveché la habilidad de volanteo de Enrique Verástegui adquirido en Villarreal cuando fue a ayudarme en mi campaña contra la bufalería, para llevarle a volantear en el Moulin Rouge donde justamente el organizador Jean-Pierre Rosnay organizaba el 10 de junio un homenaje al poeta que acababa de morir Jacques Prévert (1977) y a Boris Vian. 
    El volante decía “Poetas o payasos”. 
    Así nació HZI se unieron algunos poetas peruanos como José Rosas Ribeyro, Enrique Verástegui, Carlos Henderson.

Juan Ojeda cual moderno Dante
en algún lugar de la Amazonía en 1968
(Archivo personal de J.C. Rodríguez)

4.- Retrocedamos más en el tiempo estás en la Amazonia junto a Juan Ojeda en 1968, hay algunas fotos que le tomas, una, subido a un árbol, otra, cerca de la orilla de un río y coronado con laureles como Dante Alighieri. ¿Cuál era la travesía que estaban emprendiendo? ¿Cómo llegaron a estar presos en una cárcel de Brasil?

Cuando la dirección aprista de la universidad Villarreal decidió expulsarnos, fuimos convocados individualmente para que nos leyeran los motivos de la misma, fue el Sr. Eugenio Chang, Decano de la Facultad de Lengua y Literatura quien me había tenido más de una hora en su oficina para resumir las acusaciones de profesores y alumnos, según él, de los diversos atropellos al buen comportamiento estudiantil. De todas maneras, estaba previsto que nos expulsaran o nos liquidara el búfalo Pacheco. Jorge Pimentel contactó con el rector Vega de la Cantuta y allá fue a parar, mientras que para mí resultaba realmente oneroso.
    Con Juan Ojeda, con quien andaba haciendo vida poética y política, pusimos en la balanza social nuestro deseo de “hacer” la revolución en cualquier lugar a donde nos necesitaban. El ELN nos encontraba aptos para ayudar al comandante Gómez que encabezaba una guerrilla, la del Río Negro, en el Estado de Amazonas de Brasil.
    Allá fuimos, haciendo barco stop en el río Amazonas, mintiendo a todo el mundo de nuestros proyectos, como la que habíamos ganado una beca para estudiar en Europa y que no incluía el pasaje y que nos habíamos propuesto llegar en barco.
    Cuando llegamos a Manaos, la guerrilla estaba liquidada y el comandante Gómez (venezolano) preso en la cárcel Sao Jose de Belem do Pará. Fuimos enviados a Belem y ahí tuvimos la osadía de pedir a comer en dicha cárcel con el propósito de establecer contacto con este guerrillero. Un día domingo, evadió de la cárcel con otros cinco criminales. Nosotros estábamos en primera página de los periódicos “Dos guerrilleros peruanos vienen a liberar al comandante Gómez”.
    Un mes de torturas más dos de prisión. Tres meses que duró la hospitalización del comandante Gómez, para luego ser juzgado y era el sólo que podía decir si teníamos algo que ver con la evasión. Negó todo contacto con nosotros. Nos liberaron y ya Juan había perdido contacto con la realidad. Nos despedimos en el puerto de Belem, yo entré al primer barco con bandera peruana.

El Hora Zero original, antes de llamarse Hora Zero, en 1967
en la entrada de la Universidad Villarreal: Juan Ramírez Ruiz,
José Carlos Rodríguez, Víctor Rodríguez, Mario Luna y Julio Polar.
Fotografía: Jorge Pimentel. (Archivo personal de J.C. Rodríguez)   

5.- Otra foto: 1967, estás junto a Juan Ramírez Ruiz, Mario Luna, Julio Polar, en la Universidad Federico Villarreal. Faltan Jorge Pimentel y Jorge Nájar. Son los 6 iniciadores de Hora Zero. ¿Qué recuerdas de esos iniciales años de formación de Hora Zero? ¿Cómo se conocieron entre ustedes? Tu primer libro Warachicuy se publicó en París en 1976 por Ediciones Hispanoamericanas en versión bilingüe.

Yo me despedía de las aulas villarrealinas y mis amigos también. Estaba mi hermano que se juntó a nosotros y la foto fue tomada por Jorge Pimentel. Jorge Nájar nunca participó en las manifestaciones de HZ. Nosotros nos constituíamos en tanto que grupo político, pero enarbolando la poesía como arma de combate, de ahí la expulsión.
    La publicación de Warachicuy en 1976 en París, hizo que la prensa francesa reaccionara. El poeta André Laude, crítico literario en el periódico Le Monde y en el Nouvelles Littéraires, dio cuenta de su aparición y enalteciendo el contenido. Este poeta tomó contacto conmigo y establecimos una amistad profunda y sincera, con él navegué en el universo poético-literario de París.

6.- ¿Qué nos puedes decir de la poética practicada por Hora Zero, pues este año [2020] se cumplieron 50 años de su fundación?

Creo que dije alguna vez, que HZ no fue, ni es ni será una escuela literaria. Los que quieren intoxicar el ambiente literario peruano con elucubraciones intelectuales, son aquellos que quieren confundir el verdadero sentido de la poesía y del poeta él mismo. Cada poeta de HZ y HZI es una escuela literaria, quiere decir ÚNICO.

7.- En el 2014 se te otorgó el Premio Internacional “Personalidad de América Latina” por parte del senado de Francia y también quisiera que nos comentes sobre las traducciones de tu poesía a otros idiomas.

Francia otorga cada año, un premio de prestigio, no monetario, llamado “Personalidad de América Latina” otorgado por el Senado de Francia. Es una ocasión para reunir a las diferentes personalidades de América Latina entre diplomacia y política. Reconocimiento que el presidente de la República lo manifiesta con una gran recepción en el Palacio de los Elíseos.
    Justamente este reconocimiento del senado de Francia se debe a la difusión de tu obra; la mía creo que es la obra más difundida en territorio francés, es mi onceaba obra publicada en París y en bilingüe en lo que se refiere a poesía. Hay otras traducciones al griego, flamenco, japonés, italiano. El resto me escapa.

Primer número de la revista Hora Zero de 1970

8.- En una entrevista comentabas que estuviste en la coordinación editorial de la traducción francesa de La Casa de Cartón de Martín Adán. ¿Qué detalles nos puedes comentar sobre esta empresa?

No hay ningún misterio, sucede que la editorial Luneau-Ascot fundó su editorial publicando un libro de poesía mío El Dorado como primer título, un privilegio inesperado, ya que en París hay muy buenos escritores y sobre todo poetas. Este privilegio me sirvió para que me propusieran dirigir una colección latinoamericana, inmediatamente seleccioné a Alfredo Bryce Echenique con Huerto Cerrado, Macedonio Fernández con Museo de la Novela de la Eterna y Martín Adán con La Casa de Cartón.
    El problema fue pagarle sus derechos de edición a Martín Adán, me puse de acuerdo con Mejía Baca y enrumbé al Perú con su cheque, lo fatal fue que fui robado en el aeropuerto y en ese maletín iba el cheque de Martín. Otro cheque tardó en llegar y ya no me pude reunir con el poeta, pero sí le llegó su cheque y pude hacer feliz por unas horas a este brillante poeta.

9.- En el libro Blaise Cendrars de Jean-Marc Debenedetti figuras como uno de los colaboradores al lado de otros escritores franceses. ¿En qué consistió esta colaboración?

Fue una colaboración con un grupo de amigos escritores cuyo lazo era Jean-Marc Debenedetti, poeta y pintor, amigo fiel y muy atraído por América Latina como muchos escritores franceses que andan buscando nuevas fuentes de inspiración, en los tiempos de Blaise Cendrars, la mitomanía estaba más enraizada con los surrealistas, impresionistas, etc. y a pesar de que él había perdido un brazo en la guerra, no le impidió hacer un recorrido por América Latina manejando un vehículo. Coraje y aventura poética es saludado en esta mi participación. 

10.- Últimos comentarios.

He dicho.
José Carlos RODRÍGUEZ NÁJAR
París 10 de diciembre 2020


martes, 15 de diciembre de 2020

Nuevo libro: Jarchas & Escrituras de Omar Castillo




En estas Jarchas & Escrituras el poeta Omar Castillo suelta su experiencia en poemas que nos incitan a mirar como si fuera la primera vez, a vivenciar la realidad en las palabras como un lugar para esclarecer los instantes donde sucede la vida. Por eso en el verso inicial de la “Poética” con la que se abre el libro, nos dice: “Un poema es un lugar al que se llega”, anunciando al lector la disposición necesaria para entrar en los ámbitos y atmósferas propuestos.

En la primera parte nombrada Jarchas, Omar Castillo abre un género poético en español, crea una presencia cuyas sombras se vienen proyectando desde los inicios del idioma. Y en los poemas que componen la segunda parte nombrada Escrituras, el poeta se adentra más en el aprehender que las palabras nos enseñan como fuente de todo hacer vital.

Las palabras de un poema son alertas para aprehender la vida, esto nos dicen los versos de estas Jarchas & Escrituras. Algo tan simple y complejo. Tan necesario como vivir.

 

 

***

 

 

En el siguiente texto tomado del libro, el poeta Omar Castillo nos habla de la escritura de sus Jarchas:

 

LAS JARCHAS

 

I

Cuando en 1948 en la revista Al-Andalus se publicó el artículo de Samuel Miklos Sterm, titulado Vers finaux e espagnol dans les muwassahs hispano-hebraiques, el mundo de la filología fue tocado por uno de los hallazgos más perturbadores para tal disciplina. En el artículo el autor daba cuenta de su lectura e interpretación de 20 jarchas contenidas en moaxajas hebreas, convirtiéndose así en la fuente inicial para los filólogos interesados en el desciframiento propiciado por el hallazgo de estas jarchas. Otro tanto ocurre en 1952 cuando el arabista Emilio García Gómez publica en otro de los números de la revista Al-Andalus, su trabajo Veinticuatro jaryas romances en muwassahas árabes. Estos trabajos son el punto de partida para otras investigaciones sobre las jarchas y el instante cultural que las consignó, en particular para el ámbito cultural en idioma español. Investigaciones no exentas de apasionamientos y polémicas.

Se dice, según la tradición árabe, que los creadores de la forma poética conocida como moaxaja pudieron ser Muqaddan ibn Mu´afa o Muhammad ibn Mahmud, poetas cordobeses de finales del siglo IX o principio del siglo X, en uno de los momentos más refinados de la cultura vivida en el territorio de al-Ándalus. Forma que fue seguida por algunos poetas hebreos naturales de ese lugar, asumiéndola para sus creaciones. En estas moaxajas escritas por poetas árabes y hebreos durante los siglos XI y XII, encontramos breves versos tomados de canciones romances, que usaban para finalizar las moaxajas o para apuntalar sus propias invenciones. Hoy conocemos esos versos como jarchas y a través de ellos podemos leer los balbuceos del actual idioma español, enterarnos de cómo este hijo del latín produjo sus primeros hechos líricos en textos creados en lengua árabe y hebrea, iniciándose así en las maneras y formas con las que pasados los años, su habla y su escritura darían contenido a las nociones que hoy lo caracterizan, pues en estas jarchas aparece la picardía del imaginar amatorio y la sensualidad amparada en el doble sentido entre la culpa y el gozo, entre la piel y su ausencia, entre la caricia y la reconvención, entre el libre albedrío y el dogma regulador que reprime la libidinosidad, los instintos y las pesadumbres tan caros en el ser de quienes nos comportamos y expresamos en este idioma.

He aquí, tomada del Cancionero y romancero español, seleccionado por Dámaso Alonso, una de esas jarchas acompañada de su versión moderna:

 

Vayse meu corazón de  mib.

Ya, Rab, ¿si se me tornarád?

¡Tan mal mi doled li-l-habid!

Enfermo yed, ¿cuándo sanarád?

 

Mi corazón se me va de mí.

Oh Dios, ¿acaso se me tornará?

¡Tan mal me duele por el amado!

Enfermo está, ¿cuándo sanará?

 

            En una jarcha como está, recogida por el poeta hebreo Yehuda Halevi  en el siglo XI en una de sus moaxajas, podemos aproximarnos a la sensibilidad y a las vicisitudes cotidianas de quienes en ese tiempo dieron aliento a lo que hoy usamos y conocemos como idioma español, nutriendo sus inicios líricos con visiones y apetencias puestas en versos que expresan una voz veraz, viva y exterior en sus visiones simbólicas y alegóricas. Visiones cantadas y habladas en las calles, en las plazas y en los caminos, muestra de las apetencias y abruptos que también distinguirán los cantares de gesta y los romances. Épica y lírica casi siempre anónimas en sus inicios y donde fue recogida la historia y la leyenda vivida entre la piel y la pasión de quienes perseguían caracterizar su lugar en el mundo.

            En una moaxaja árabe del siglo XI, quedó recogida la siguiente jarcha, transcrita y traducida por Emilio García Gómez en 1952 y en 1965, copio la de 1965:

 

            ¡Ben, ya sahhara!

            Alba q’está con bel fogore

            Kand bene bid’ amore.

 

¡Ven, oh hechicero!

Un alba que tiene tan hermoso fulgor,

cuando viene pide amor.

           

Estas jarchas nos asombran con su nítida sencillez y llegan hasta nosotros como un secreto que se abre recordándonos la eficiente belleza del canto llano. Nos llegan como un súbito rasguño que reaparece en la piel del idioma mostrándonos las raíces de nuestras palabras, revelándonos las fuentes donde se surten las analogías de nuestro tiempo y los ritmos que cunden en las metáforas encabalgándose en los versos con los que hoy perseguimos aprehender la libidinosidad del mundo y del universo en su pavorosa y fascinante estampida.   

En las jarchas que nos han llegado a través  de las moaxajas, la voz de cada una de ellas nos desvela los instintos, sensaciones y sentimientos de quienes ansiaban reunirse y soltarse en un acezante rumor que inundara de afectos el cuerpo mientras sucedía el vértigo de una entrañable delicadeza ensanchándose con la caricia, con la dádiva que se da y se recibe, pasión trenzándose en el delirio y la ternura tras el clímax donde la vida se transmuta en “Llama de amor viva”, tal como siglos después de recogidas estas jarchas en las moaxajas de poetas árabes y hebreos, lo expresara San Juan de la Cruz.

Algunos estudiosos sostienen que las jarchas son la primera muestra lírica en lengua romance en el Occidente conocido después de la eclosión del Imperio Romano. Lo innegable es que en ellas asistimos al llamado de la amada, a las palabras de quien narra los gozos obtenidos, también la ausencia que cuaja cuando los goces de la piel no son atendidos. Sí, estos breves versos logran aprehender los instantes que proveen la pasión amatoria y el gozo en cuya magnitud se cifra la vida, como cuando en un súbito instante cotidiano alcanzamos la luminosa y oscura razón donde la vida no cesa en sus pétalos y semillas, en su piel y su gozo. Sensibilidad y fascinación ante la acción creadora del ser para la vida, del ser para la muerte.

Cabe decir que las investigaciones filológicas sobre las jarchas siguen abiertas y lo hasta ahora esclarecido no ha dejado de despertar encuentros y enconos entre los investigadores. Ya en lo poético las sombras e imágenes proyectadas por estas en nuestro tiempo son suficientes como para permitirme proponer una forma poética a partir de ellas.

En sí mismas las jarchas no tienen una forma poética propia como el soneto, la décima u otras de las formas propias de la poesía escrita en Occidente, tampoco muestran una voz poética que busque esclarecer una noción sobre la vida, el mundo o el universo. La existencia de las jarchas es posible por los poetas árabes y hebreos que en el al-Ándalus, entre los siglos XI y XII, las recogieron en sus moaxajas. Se puede decir que son breves canciones mozárabes de dos, tres y cuatro versos, entonadas casi siempre por mujeres, y tal como fueron recogidas en las moaxajas, aparecen anónimas.

Las jarchas que se conservan en las moaxajas tienen la importancia y el significado de ser de los primeros textos líricos escritos en dialecto romance, en este caso en el balbuciente dialecto donde nace el idioma español, lo cual nos permite acceder a testimonios sobre la sensibilidad amatoria de sus hablantes, de las maneras como asumían y realizaban sus asuntos amorosos, del suceder de la libido sensual de la comunidad mozárabe en la Hispania controlada por los árabes en ese cruce cultural e idiomático entre el latín en eclosión hacia diversos dialectos que terminarían creando las que hoy conocemos como lenguas romances y las lenguas de árabes y hebreos en unas rutinas de convivencia y confrontación, haciendo compleja y no por ello magnífica, la fusión dada en tal crisol.

 

II

La escritura de mis jarchas en su forma y en su expresión poética son de mi invención y para su realización he asumido el empleo de dos, tres y cuatro versos dispuestos como estrofas, las que uso según la necesidad que me impulsa para establecer su contenido, entonces la jarcha puede iniciar en una estrofa de cuatro versos y terminar en otra de dos, también iniciar en una de dos y terminar en otra de cuatro, en otros casos también pueden estar compuestas por dos estrofas de tres versos o por tres estrofas de dos versos. En sus distintas composiciones estróficas cada jarcha está compuesta por seis versos. El flujo rítmico lo determina el encabalgamiento de los versos dentro de la estrofa y en las conexiones entre ellas. Su movimiento es libre dentro del límite espacial de los versos elegidos para cada una de las estrofas que componen la jarcha. En ellas el empleo del punto seguido y el punto aparte como única puntuación se da como elemento cortante, recogiendo así matices del habla usual de nuestros días. Las medidas silábicas y las rimas que se presentan en mis jarchas suceden por las constantes propias de una amplia tradición poética como la que sostiene la poesía escrita en idioma español. El contenido de cada jarcha puede leerse de manera independiente, como también siguiendo el consecutivo de los números que las reúnen bajo el nombre de un personaje o de un tema.

El contacto de mis jarchas con lo que los filólogos estudian y esclarecen como jarcha, es posible por la imantación producida por estas pequeñas alhajas donde se exponen los primeros balbuceos del español, idioma tan entrañable en mi manera de ver y de aprehender la vida en la magnitud de sus expresiones. Entonces, la escritura de mis jarchas es una celebración de mi idioma, de su vital capacidad para nombrar. Cualquier otro aspecto técnico que en ellas sea posible encontrar, lo dejo para el estudio de quienes se interesan en diseccionar las formas y maneras que componen una propuesta poética.

 

 

AQUÍ DOS DE LAS JARCHAS DEL LIBRO:

 

Jarchas

De Luz Marley

 

I

Una pequeña rasgadura en la piel del universo

Es la escritura de un poema.

Casi. Imperceptible. Mínima ante lo enfurecido

Del alfabeto en el que se escribe el universo.

 

Unas pequeñas rasgaduras son los ojos

Que leen un poema.

 

II

Entonces el viento sopla las ramas. Las hojas.

En una tarde que podría ser la primera.

La última. Mientras las formas de las cosas

Son iluminadas por la luz.

 

La misma luz que unos ojos contienen

Por un instante en el poema.

 

III

Con las manos que cultivo pencas de sábila

Empuño un silencio. También me entrego

A la caricia cuando la mariposa abre las alas

Al principio del vuelo en la piel del viento.

 

Mariposa rayando la luz.

Imponiendo sus ritmos al poema.

 

IV

El sol inunda la mañana exponiendo el mundo

Igual a un abanico desplegándose en la mano

Del día. Conteniendo su noche.

La misma donde los sueños recogen su sustancia.

 

Sustancia ahíta de augurios

Vueltos sílabas para las raíces del poema.

 

V

Piedra puesta a la luz para el esplendor.

Para el sacrificio de una estirpe no saciada.

Dada a la sangre una y otra vez. Sangre 

Donde se narran aullidos en el tiempo.

 

Piedra pulida por infinidad de manos.

Las mismas que labran la escritura del poema.

 

VI

Gotas de agua golpeando. Penetrando la realidad

Del mundo. Buscando con sus insistentes golpes

Las raíces del asombro y lo cotidiano.

Huella donde una y otra vez se imprime la vida.

 

Sílaba tras sílaba sobre la página

Las palabras insisten en decir el poema.

 

VII

La realidad palpita en sus incógnitos

Y en sus revelaciones. No es cifra única.

Tampoco un amasijo de convenciones.

Y aun en su otredad es silencio y es bullicio.

 

Cotos de lo coloquial para la caza de la realidad

Son las palabras en la escritura del poema.

 

VIII

Hilo gastándose en nombrar la trama.

Zurciendo cada frágil instante a la palabra.

Puntada tras puntada tejiendo el abracadabra

De ingreso a la magia de la luz y la oscuridad.

 

Así el poema disperso en el universo permite

Por un instante hacerse dibujo para el habla.

 

IX

Los poetas buscan ser escuchados.

De una u otra manera

Quieren hacer conocer sus sentimientos.

La estirpe de sus emociones.

 

Creen que con sus palabras amparan

El mundo. Desentrañan el universo.

 

X

Yo busco alcanzar el silencio.

Origen de toda palabra.

Vacío donde se ampara

La extinción y el principio.

 

Del fuego.

Del habla.

 

XI

Un sol que se consume

En el agua que corre

Esclarece el tiempo

De la presencia del habla.

 

También lo hace el viento

Que penetra hasta los huesos.

 

XII

Una piedra hecha fuego

Impactó mi boca

Incrustándose en mi lengua.

Haciendo brasas mis palabras.

 

Consiguiendo que mis imágenes

Ardan y revienten en llamas.

 

XIII

La quimera.

Imaginario fabuloso.

Fuego donde se incinera el Fénix

Haciendo cenizas el verbo.

 

Renace el Fénix en la palabra

Que se esparce en el habla.

 

XIV

Porvenir. Rasgadura en la piel.

Quimera. Verbo. Palabra

Aprehendiendo el mundo.

La utopía haciéndose imagen.

 

Alfabeto con el que se habla

La realidad realizable.

 

XV

No somos sabios.

Somos vértigo ignorante de sus instintos.

Especie expuesta al fuego del asombro.

A la ceniza de su habla.

 

Inevitable. Tocar el tiempo

Y volver a tus manos.

 

 

Jarchas

De Rosa Emilia

 

I

En estas jarchas la piel del agua te trae.

El sudor del aire te recuerda.

 

El fugaz paso de una estrella evoca

El gozo de una noche

Irrepetible en tu voz cuando lo susurra

Mientras cunde el instante.

 

II

Porque las tuyas eran frases como rocas

Donde las aguas del río se extravían.

 

Para en cualquier momento

Salir impregnadas

De hilos de luz que golpean

Contra la fuerza de su corriente.

 

III

Entonces ocultaba el agua en mis manos

Y bebía como quien despierta en un sueño.

 

Tal como cuando un carbón contiene voces

Y la piel quemante de la vida.

La nítida luz consumiendo las aguas

De un día que se resiste.

 

IV

¿Se dice en estas jarchas del extravío?

Demasiado lejos para desanudar ese saber.

 

Solo la reseca tierra y un alero

Contienen la memoria y unas hojas

Verdes donde prende el silencio.

El sudor del aire. La piel del agua.

 

V

Así los laberintos de la infancia

Por piedras perforadas o vueltas de revés.

 

Hasta el hallazgo de los misterios

Con sus juegos de sílabas

Donde raer el habla

Y las palabras para las jarchas.

 

VI

Así los laberintos.

Así los juegos.

 

El fugaz instante de una estrella

Cuando parpadea en la piel del universo

Hasta alcanzar su gota íntima.

Verdad que sí.