sábado, 25 de abril de 2020

La cartografía de lo invisible de Robert Baca Oviedo, por Gianna Schmitter

Presentación de los artefactos literarios Una procesión de voces al interior del útero de la Marianne o simples cartílagos desde la república de repúblicas (2018), Carta para Mónica Santa María (2017) y Oración a juan santos ateo wallpa o la subversion de l’invisible (2019)


Los tres artefactos literarios que Robert Baca Oviedo publicó entre el 2017 y el 2019 conforman una cartografía de lo invisible, como anuncia la primera entrega, Una procesión de voces al interior del útero de la Marianne o simples cartelazos desde la república de repúblicas (2018). Este artefacto tiene un hermoso trabajo de recuperación visual: sobre un papel grueso emanan caracteres, dibujos y hasta grabados de Jean Théodore de Bry que nos transportan visualmente a otra época y contextualizan el poema en la fatalidad de la conquista. Este “error ultísimo”, esta impresión de otra cultura (aquí también visual) conlleva “la mudez como probabilidad de las representaciones” donde todos son “siempre/ Sordos/ siempre mudos siempre”. El poeta describe una sociedad que está en la negación, que guarda el silencio durante siglos en una suerte de mudez histórica, que sueñan con la rebelión pero no se rebelan —“la mudez de los sueños subversivos que los espectadores van leyendo en las estrellas”—; una mudez histórica que es igualmente una mudez cósmica —“la mudez de las serpientes con las huellas dactilares evocando a los ancestros”—. No es un mero silencio, es una falta de comunicación en y con el mundo, un mundo, como veremos igualmente en la Carta para Mónica Santa María (2017), capitalista y tecnológico.
La comunicación y la armónica vida con el mundo y la naturaleza se perdió: si en el primer artefacto la voz poética se queja que “desde aquí ya no puedo apagar el inmenso interruptor de las ciudades para contemplar el cielo”, en la Carta para Mónica Santa María se pregunta a la estrella de la emisión infantil Nubeluz (1990-1994) si alguna vez intuyó “como ciertas especies de pájaros van hallando dentro de sí los indicios para interpretar la más repentina de las catástrofes”. El mundo —este “animal subterráneo”— no mejoró a través de los siglos, atrapado en “una infancia cancerígena” se trata de “un país que ya había naufragado/ en el mar hueco de cavidades múltiples” a la espera de una verdadera revolución en armonía con el medio ambiente. Sin embargo, el mundo elaborado por Robert Baca privilegia la vía del desarrollo capitalista y tecnológico y se olvida de la ecología.
En los tres artefactos poéticos se hilvana cierta poética tecnológica fatalista, que encuentra su clímax en esta segunda entrega antes de ser devorada en la Oración a juan santos por la naturaleza: se trata de un mundo capitalista dominado por los simulacros de la televisión, donde el único deseo de los niños es mirar a la conductora de Nubeluz: “muchos de nosotros/ le torcíamos —calladitos— la nariz a nuestras viejas Panasonic heredadas por los abuelos/ para verte/ para verte siempre emerger desde los horarios matinales/ como una planta carnívora enlutando al insecto technicolor de la infancia”. Un monstruo capitalista y tecnófilo que devoró a la dalina, al igual que a la integridad social y humana, como lo reza el yo lírico del tercer artefacto en su oración al líder de la revolución indígena de 1742, esperando el retorno del mesías para acabar con la plaga de este sistema donde prevé que “digitalizaremos todos los continentes en forma simultánea” para tener el control absoluto de todo. La humanidad se ha vuelto cyborg, los cuerpos se componen de materia extranjera al organismo, como atestigua el rezador:

he visto a nuestras células
apropiarse de tejidos sintéticos
las he visto
reescribir el trazo de las impresoras de carne
para darnos vida.
De lo artificial

nacerá el nuevo hombre. 


Ante tal desastre la única vía de escape es “abrirle […] el cogote a los/ circuitos electrónicos./ Y a toda señal que luche por no apagarse/ le evaporaremos lentamente la vida”: destrozar la sociedad erguida a partir de la conquista, acabar con el capitalismo, las industrias que destrozan el planeta y la tecnología — con el retorno del mesías indígena la naturaleza tomará la revancha, y “se detendrán las máquinas/ la naturaleza oxidará sus frágiles coberturas/ hasta volverlas escarcha metálica/ erosionando el tiempo”. Los niños-arcoiris de los años 90 que aplastaron sus narices contra las pantallas de los televisores crecieron y despertaron; si antes hubiesen hecho “la más temida de las revoluciones en todos los canales de señal abierta”, rezan ahora para que llegue el Apocalipsis, la revancha de la Naturaleza como máxima deidad que colapsó por el transcurrir de la Historia humana, “esta furia verde que amenaza con tragarse a todo el Perú desde el Monte” con lluvias torrenciales de maíz, piedras pómez, arroz y cochinillas. 
Estos tres momentos del transcurrir de la Historia peruana tienen cada uno su propia visualidad y materialidad: un pasquín para Una procesión de voces; para la Carta para Mónica Santa María una verdadera carta con sobre, enviado desde la ciudad invisible en el mapa literario peruano que es Arequipa; y un pequeño libro del tamaño de un libro de oraciones para la Oración a Juan Santos. Cada artefacto literario contextualiza así el contenido, le da cabida y lo lleva más allá del lenguaje para combatir la mudez (histórica, cósmica) a través de la multiplicación de estímulos sensoriales donde la palabra escrita dialoga con lo visual gracias a la yuxtaposición de palabra e imagen, o por la creación de imágenes con las letras al más puro estilo de los poetas visuales, como es el caso del caligrama en la Oración a Juan Santos donde se dibuja el litoral peruano con las palabras “a todos los litorales”. 
Se trabaja igualmente lo visual de la lengua resaltando algunas palabras gracias a un trasfondo negro, dándoles así otro peso al invertir la relación común entre el carácter negro que forma la palabra sobre la página blanca. A su vez esta estrategia de escritura invertida ofrece una segunda lectura al leer solo los fragmentos resaltados: “—con precisión de luz acariciando los/ socavones—/ sauvage/ el transitar de las larvas/ esputadas por los/ músculos destos cuerpos/ cogote/ todo lo que se eleva/ caerá/ La cabeza reclamará el cuerpo/ y / el cuerpo la cabeza/ incendio lento/ desde allí haz de juzgar / a los vivos y a los muertos”. La letra se usa como signo en el espacio, portador de distintas temporalidades. Así por ejemplo el hecho de escribir algunas palabras con la ortografía de las crónicas del siglo XVIII, como “los Yndios deste Reyno del Perú”. Esta inscripción de varias temporalidades y espacialidades en el espacio lingüístico se crea igualmente por la interferencia de palabras en inglés o francés: “sauvage”, “la subversion de l’invisible”, el nombre tan republicano “Marianne” o aún el neologismo “skyebluesísimo”. 
De esta manera, estos artefactos son como “el cosmos irreductible de una mujer que abanica el otoño/ va lamiéndose a sí mismo/ en todas sus lenguas posibles y compactas/ al interior de los túneles/ para iluminarlos”. Recurriendo a tres artefactos que se relacionan por su lógica temática y por su visión fatalista del mundo, Robert Baca crea una cartografía poética a través de la Historia peruana que busca encontrar lo poético no solamente en la palabra, sino también en el objeto, dandole peso y existencia poética propia. Estos artefactos apuestan más allá de la poesía verbal, y tras el uso de distintos lenguajes verbales y visuales que iluminan los túneles de nuestra perdición histórica, imploran al mundo de cambiar. La existencia e identidad propia de los tres artefactos, la distancia de los tres momentos tratados, tanto como la distancia física del poeta con su tierra natal, permiten sin embargo crear una visión de conjunto que “hace bullir este añejo y pateado licor del pasado que se avecina” en un presente y futuro distópico. 


Gianna Schmitter, doctora en Études ibériques et hispano-américaines (Université Sorbonne Nouvelle) y en letras (Universidad Nacional de La Plata). Se desempeña actualmente como docente en la Sorbonne Nouvelle - Paris III. Su área de investigación se interesa por la literatura latinoamericana inter y transmedial. 

domingo, 19 de abril de 2020

6 poemas de Raúl Brozovich


EN LA DÉBIL ASPEREZA DEL CUARTO

la hoguera quema su lienzo de noche oscura
aunque esté adelante unos pasos
yo te esperaré
no llores
el amor es siempre triste de renunciar
camino por las calles soñando
palabras que tiemblan su fuego interior
—de inocencia pura yo muero—
si algún día yo te puedo encontrar
una moneda falsa
un par de zapatos nuevos
el silencio claro como una estrella
el mar abierto del paraíso azul
poblado de imágenes muertas
el sueño
la música mueve sus alas
las aguas densas del olvido borran tu rostro
en vano compro manzanas amarillas
un cesto de pan negro
la gigantesca amapola tornasolada
muere
en la débil aspereza del cuarto



HAY VAGUEDADES DE ÓSCULOS DE MUERTE

cenizas
manos envenenadas de perfumes
huertos arrasados —cartas tenues
donde el amor flota como un silencioso cadáver
plúmbeo de azucenas y espejos largos
y sonetos
¡oh! soledad que todo lo aniegas —naufragio
alto ramo alzado para la muerte
devuélveme su rostro nostálgico
pensativo
su densa cabellera de humo y pecado
el pálido marfil de sus manos pequeñas
el cuerpo y su imagen palpitante
y veneno.



EN LA ESPESURA DEL SUEÑO

el poeta sueña a orillas del río Guadalviquir
el agua sonora corre por sus venas
agua verde —extendida para mi oído
en la espesura del sueño
golpeada en su pétalo y su nervadura
sudorado cáliz de espuma
ay cabeza oscura y rota de esta vida
ay dolor quieto como una piedra
flaco rumor en las sienes
ave negra
culebra
espina
dulce herida
el agua tiembla al pasar por mi vida
el agua verde sueña
tendido yo en la oscura
hierba
agricultor de especies puras
mezcla de minotauro y ave
el poeta bebe el vinagre
de las oscuras cavilaciones
es el tiempo —madriguera de la sierpe
cónclave de las estaciones perdidas
dura piedra —donde reposa su cadáver congelado
es también cometa y diamante
del volumen de la rosa
imagen y transparencia
su metáfora delicada
o es también de los viñedos del poeta
sapos y lebreles
—mezquina bolsa— siempre vacía.



RUINAS DE MACHUPICCHU

tiempo detén tus alas de frágil nervadura
baja a lo profundo de esta noche estelar
y de nuevo, sube conmigo a explorar
lo desconocido;
tiempo, detén tus alas de águila inmortalizada
por el bastón de la nieve pura, y llévame
hacia la noche
de tu vorágine impelente, que nada quede
del espíritu.
como una lámpara, tus manos de oscura ceniza,
remueve y descubre
el secreto enigmático de la piedra labrada,
corona de alta hierba el rostro antiguo del Perú
háblame con tus ojos de niebla enrarecida
junto a mi oído tus pasos de vicuña salvaje.

yo vi
la tierra en flor, su combatida cintura, poblada
de maíz y pájaros
donde entonces el hombre, dejó sus vestigios
americanos
tierra que labrasteis, piedra, oro finisecular
plata enmohecida, vasija de barro que ostenta
de la muerte
los dibujos ornamentales de la vida.

yo vi
la temblorosa orquídea del amor, elevar su canto
de amarillas
vestiduras — su lento origen de agua transformarse
en violencias
inusitadas resbalar hacia el cofre oscuro
de las selvas virginales.
entonces hacia dónde aquellas palabras volaron
de polen en polen, en la boca del pueblo
hacia dónde su tristeza encantada
tálamo y pedernal, guerrero dormido, hondero
de la noche
bastión de la montaña.

yo vi
resbalar en la soñada arquitectura del aire
una estrella de piedra coronarse en tu frente.



A LA MUERTE YO LE ARROJO TOMATES

masticando vidrio molido
viene la muerte           temblando                   entre dos
olvidos
abatiendo una lenta atmósfera de claveles
y sonetos
le siguen en orden
paraguas y cocodrilos
un río violento de rosas frescas
huesos de madera
ángeles con un pie ensangrentado viudas
apasionadas
bueyes de negra luna jabonada
locomotoras,
yo soy solo como un edificio a su encuentro
con un revólver y un cesto de tomates podridos
hago puntería
1 2 3 4 5 6
su corazón roto cae como un frasco envejecido
huye de pronto
con una secuencia de cinematógrafo mudo
arrolla niños y tempestades
crepúsculo de última moda
rosas perfumadas
panaderos
fabricantes de pomada
y finalmente dactilógrafos
7 8 9 10
junto al semáforo — huelo su vaga sombra
de azufre calcinado
levanto la nariz al cielo color mandarina
ALLA ESTAAAA A A A A ¡ ¡ ¡! ¡ ! ¡ ! ¡ !
mírenlo abre bocas y protecultos
vuela como un periódico arrebatado llevándose
los editoriales de mi primer asombro.



HOMENAJE A IGOR STRAVINSKI

a propósito de la consagración de la primavera
boca furiosa del sonido           agria primavera
que la sombra de las manzanas muerde
dulce planeta extraviado
suicidio catastrófico de los instrumentos
sordo
rumor
inestable
cuando a solas a media noche
estrangulas todo el medio día posible
y el caballo de la furia            y sonido
sale desbocado
nadie sueña
nadie escucha
en medio
de tu insólita penumbra
entonces inauguras      el escándalo
de martillos      y      trombones
una       sacudida       atmósfera       de       claveles
agujereados
circula
por tus avenidas       de cemento y fuego
entonces
turbios ángeles    melancólicos
caen
derrotados
llenos de sangre
caen hacia el abismo de tus dedos
piano loco
demonio triste de la música abstraída
vienes
hacia el orgasmo
de la mariposa y el vino
acá en nuestra mesa
de pan
inauguras
la tempestuosa consagración de la primavera.



Raúl Brozovich Mendoza (Cusco 1928-2006) «yugoslavo por línea paterna e incaico por línea materna». Entregó sus primeros escritos en Exposición de la Poesía Contemporánea Cuzqueña (1958). Luego le siguieron Poemas (1969), Los versos del gran capitán (2003) y El duro oficio de vivir (2006), antología póstuma que recoge siete colecciones de poemas entre los años 1950 y 2004. Poeta, pintor y dramaturgo. Participó en las luchas sociales de Bolivia en 1960. Helena Usandizaga, crítica literaria española, escribe en un artículo que en el Cusco de fines de los 60: «Raúl Brozovich se pasea con Jack Kerouac por la plaza de Armas». Vladimiro Herrra en una pequeña nota escribe que «Raúl Brozovich no sólo condujo a Pablo Neruda a Machupicchu. No sólo comía helados con Jack Kerouac en la plaza de armas del Cusco. Fue candidato a diputado por el Partido Comunista y se burlaba de los feligreses desde la torre más alta de la catedral». Mario Pantoja apunta sobre su poesía que «Brozovich representa esa voz definida de la generación del 60, como también el difícil equilibrio entre el lirismo íntimo y la emoción social del “subversivo de la palabra” y bohemio por naturaleza». Sus referentes más cercanos son Maiakovski, Vallejo, Neruda, Whitman, Tagore, Verlaine, Rimbaud, Nieztche, Pound, Kavafis, Seferis, Dylan, Basho. Para él «la poesía es apenas un sueño errante».

Libros: Exposición de la Poesía Contemporánea Cuzqueña (Cusco: 1958); Poemas (Cusco: Ediciones Elemento, Colección Vigencia, 1969); Los versos del gran capitán (Cusco: Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional San Antonio Abad, 2003) y El duro oficio de vivir (Contiene siete series de poemas: La Rosa Blindada 1950-1956; Fábrica de Sueños 1957-1963; Del Cielo bajó un Extraño Resplandor 1964; Vallejianas 1965-1968; Poemas Populares 1969-1987; Pintura en Negro y Blanco 1992-1996; Pop Art 1997-2004. Prólogo de Mario Pantoja. Cusco: Universidad Nacional San Antonio Abad, 2006); Poemas encontrados (Cusco: Auqui, 2014).


El duro oficio de vivir fabricando una palabra es un documental sobre Raúl Brozovich y Luis Nieto realizado por Auqui Paucar y David Peláez:




sábado, 18 de abril de 2020

6 poemas de José Ruiz Rosas

Antología de José Ruiz Rosas publicada por Huerga & Fierro en 2019
y con estudio preliminar de Jorge Nájar


Yo tengo un sol opaco en la mirada
puesto a secarse allí como una estopa
y me ciega de veras, porque abundan
marginadas estrellas en los párpados
que concurren a diario entre la sombra,
leve delito de la luz, que cuaja
en pretéritas lágrimas de infancia
y, durecidas pústulas, legañas
estorban todo el porvenir del ámbito,
miran apenas huellas, más por tacto,
más por olfato que por fiel vislumbre.

Yo tengo el ojo así, túrbido y tenue,
pegado al microscopio, sin los ágiles
desplazamientos de húmedos microbios
atender, con la voz puesta de bruces
convertida en silencio desde el tiempo,
desde las hóspitas cavernas, desde
la pelambre aterida, desde el rayo
divinizado, desde el árbol mágico.

Yo tengo el tímpano más bien ligero,
el martillo en metal endurecido
como un desnudo afán de lluvias, como
un onanita enfermo en resonancias,
acuclillado caracol, dormido
estribo en los galopes de la noche,
oído en tajo al sol y a las tinieblas
como hendida raíz de intermitencias
resonando en porqués y cuándos, ecos
de los ecos que moran en el aire,
de lo que respiramos, convencidos
de asegurar las ondas sin estrépitos,
las paredes abiertas por la técnica
trayéndonos mensajes y leyéndonos
en alta voz las cosas más distantes,
ah laberinto al que retorna Dédalo
como herida paloma, eterno caos
que vuelve al punto umbilical ya seco.

Yo tengo el tacto ardido, porque toca
alguna vez la yema el frasco ajeno,
la mejilla pueril que riega el ojo,
la piel de la mujer, plena de esencias,
la insensata moneda que acaricio
en veces, yermo símbolo palpable,
y esta verdad ambiente en que ambulamos
del catre, de la mesa, de la ropa,
hasta llegar al más purificado
papel, página en blanco del poema,
margen desgarratriz de lo sensorio,
sutil profanación, cosa en la cosa,
eléctrico y sensual presentimiento
en claros eslabones y ataduras,
en diligentes florescencias náuticas
al azar controladas por cronógrafos,
entre la estricta realidad sumerso
con instantáneas fugas palpebrales.

Yo tengo, cual tú tienes, tan sin duda
este incómodo espejo en vano huero,
este acústico umbral siempre horadado,
esta sepulta cárcel transeúnte
caminados al cielo, en los compases
de qué mefisto ingenio calculados.


*** 


Licor, icor hermético, incesante,
raudo canal, giróvago y centrípeto
brindis de todo túmulo y tibieza,
corriente, río subcutáneo y ciego;
premonición de llagas y de muerte
en el múrice tono de la fuerza,
parte de mí que palpo con sueño
en un afán tenaz de cuántos dóndes
puestos en sucesión de oculta herida,
terco laboratorio palpitante
donde con pausa grave y solemnísima
florifica lo líquido su estado,
aluvión que a sí mismo se detiene
para salvar la vida, guarda férreo
que enfrenta la envoltura del ambiente,
postillón del oxígeno, cadena
desde la madre al hijo, sucesiva,
nave de un solo puerto intermitente
en que navega mi final espectro
sumergido en su patria de tejidos
soledad de millones en alarma
que pudiera diezmar algo bastardo
en una sola noche sin luceros;
pez; habitante cálida que gusto
como si fuera dueño del destino
y que una vez, al fin, ya detenida,
no reconoceré, quizás, por turbia,
por helada, cambiando ya de forma
gracias a multitudes antropófagas.


*** 


Así escribo el poema. Doy un paso,
duermo, sonrío, lloro en mis adentros,
mastico la ancha hiel de los instintos
puestos a galopar, protones lúdicos
flotando sus latentes emociones;
miro la luz, que es el mirar más último
antes de penetrar en cada arcano;
oigo no sé qué cosas en los cantos
de las aves por un momento libres
y se me empuña el corazón sabiendo
su final de cautivas o de víctimas;
aspiro el aire altísimo que baja
a decorar de oxígeno mis huesos;
llego, me voy, distante en todo tiempo
de la meta final que no he fijado;
pulso la hora intacta que ha parido
el otoño de un ramo, atrapo el claro
destello de unos ojos fraternales,
miro los flujos que soporta el mundo
por pasos con sus callos melancólicos,
torno, vuelvo a mirar y abro los ojos
como un insomne búho en medio día
y fijo las pupilas como el gato
que pretendiera caza de aeroplanos,
subo la cuesta, bajo, y subo, y bajo
y conservo el imán del pavimento;
llego, con mi codicia a manos llenas
a regalarle el sol a todo el mundo
y la sombra, la luna y los luceros
como si todo yo fuera raíces,
hojas y savia para estar callado
como un laboratorio del abrazo;
así escribo el poema. Doy un paso.




Lo dificil no es ver

Lo diflcil no es ver cómo se va pelando la corbata
sino decirle al mendigo “Lo siento”.
caminar, y de repente sentir que se te arrastran
unos ojos
y te dicen “Señor” y todo eso.

U olfatear los guisos debajo de la pestilencia
o mirarle los pies a una muchacha de la calle.

Lo dif1cil no es estar sin un centavo
sino tener la familia muda y sonriente
y que te digan: “Nada, si no necesito nada,
si estoy zurciendo todo nuevamente”




Como contarle cuentos a los árboles

Como contarle cuentos a los árboles
un hombre está sintiéndose follaje.

Amplio, de corazón más amplio que la tarde,
siente venir la tierra hasta su sangre
y repetirse alegre cada invierno
florido, señorial, salvaje.

Un hombre ángel
como contarle cuentos a los árboles
está puro follaje.

No es soledad la suya
porque está conectado con el aire,
porque lo abruman lianas y parásitos,
nidos, ardillas, aves.

Y está metido allí, callado; enorme,
un hombre vegetal. Que Dios lo guarde.




Uno que recoge los granos

uno que recoge los granos del campo estuvo guardándolos
para sí en un lugar secreto
y hacía propuestas de toda índole hasta que fue descubierto
y con un cuchillo muy pulido que se guarda únicamente para tales eventos

se le marcaron de un solo tajo las puntas abominables de los dedos

Antología de José Ruiz Rosas publicada en español y alemán


José Ruiz Rosas (Lima, 1928-2018)
Es autor de una vasta obra poética y miembro correspondiente de la Academia Peruana de la Lengua desde 2007. En 2013 recibió la Medalla del Ministerio de Cultura de su país. Ha sido librero legendario, infatigable promotor cultural, director de la Biblioteca Municipal de Arequipa, ciudad donde residió seis décadas. Sus poemarios, numerosos y dispersos, fueron recuperados en Poesía reunida (1990). Más tarde, la aparición de su Obra poética (2009) amplió el repertorio conocido del autor y enraizó su voz de «poeta de rotundidades, de lenguaje preñado de avidez profética, y de minuciosa monólogo hacia afuera, sencillo o turbulento de palabra, definidor e increpador hombre —pareciera un Melville poetizante—, que comienza a transitar por el tiempo; un tiempo que torna, lo que debe ser, imperecedero.


INVENTARIO PERMANENTE recoge el testigo de Obra poética, que recopila y amplía el repertorio conocido del autor, con el fin de reunir para un lectorado más amplio los poemas más emblemáticos del poeta, acercándonos a antiguos y nuevos poemas y dando a conocer nuevos componentes de su producción como La prosa presa de prisa, nueve microrrelatos reproducidos en su integralidad que, según las referencias, fueron escritos en 1974 y solo aparecieron en una edición «previa» de muy escaso tiraje. Así, tanto en verso como en prosa, José Ruiz Rosas se constituye en otro de los “ángeles” de la literatura peruana: tradicional y moderno a la vez.



Libros: Sonetaje (Arequipa: Impr. Rodríguez, 1951); Esa noche vacía (Arequipa: Eds. Trilce, 1967); Urbe / Retorno a tiempos (Arequipa: Eds. Homo, 1968); La sola palabra (Lima: Editorial Ames, 1976); Arakné (Lima: Perugraph Eds., 1978); Vigilia del cristal y de la bruma (Arequipa: Madero Editores, 1978); Tienda de ultramarinos (Arequipa: Edt. Urpillay, 1978); Elogio de la danza (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1980); Poemas (1968-1977) (Morelia, 1980); Diálogo a solas (Tacna: Cuaderna vía 1982); Libro de enigmas (Tacna: Talleres Gráficos Edt. y Libr. Santa María, 1982); Vecino de la muerte (Arequipa: Libros de Macho Cabrío, 1985); Llaki Urpi (Arequipa: García Editor, 1986); Poesía reunida (Arequipa: Universidad Nacional de San Agustín, 1990); Variaciones ungaréticas (Arequipa: Universidad Nacional de San Agustín, 1991); Imágenes (Arequipa: La Campana Catalina, 1994); Si desde ti te vivo (Arequipa: La Campana Catalina, 1994); Navega Poesía (Arequipa: La Campana Catalina, 1995); Obra poética: 1949-2009 (Arequipa: Gobierno Regional de Arequipa, 2009); El viento donde tus qués exclamas: antología de poesía, 1950-2009 = Der Wind, der dein Staunen trägt (Weilerswist Liebe 2009); Enigmas. (Lima: Biblioteca Abraham Valdelomar, 2014); Inventario permanente: poesía esencial (Madrid: Huerga y Fierro, 2019).