viernes, 29 de marzo de 2019

7 poemas de la mexicana Mariscela Z. Yatzil


Mis aromas
Huelo a ti, pero ellos murmuran:
“huelo a mujer”.
No saben por qué.



No pauses,
absorbe el zumo
de mis engranes,
mi sápido en tus labios,
el sello de mi posesión.

Mis aromas,
por mérito propio 
te pertenecen…





Recíproco


Te escondes en la esquina de mi pluma.
Fijas la mirada en la tinta,
no dices nada,
por ser yo el desvelo 
de tus noches de insomnio. 




Noctámbulo

Te arrojas
a morir en la sombra del demonio.
Perdido, llorando una ausencia.
¿Dónde lloras las grietas de mis latidos?

No muerdas el polvo… no arraces con tu lengua
lo mucho que aún nos queda.
Cuánto… cuánto repudio la noche
deshilvanando tu nombre.

Se incendia la casa y yo sola.
Loca, desesperada,
te busco en el clamor del aire.

Inútiles las súplicas discurren por las calles  
pidiendo tu regreso.

¿Acaso nunca sabrás que vivo con el miedo de perderte?

Poeta… 
¿Eso eres?
 ¿Vas a perderte en la nada?
¿Te venciste?

Me encontrarás cavando
la sombra de los muertos,
¿te encontraré entre ellos bostezando?
¿Cesará el maleficio cuando al fin despierten
los poetas marginados?
Aquellos que jamás conocieron el fin de sus escritos.

¿Amor, dónde estás?...  ¡Regresa… te necesito!
.
Son las seis y cuarenta y cinco de una eternidad…
Tengo hambre, no tengo fuerzas para salir a buscarte.

Hombre tonto, loco…
No podrás desdoblar el aire donde escribí tu nombre. 

Aquí tengo tus escritos y, en mis manos, tu destino.




La llamada

Soy la innombrable.
Tengo tus palpitaciones bajo la lengua,
queen tu vacío
a pinceladas acaricia este cuadro,
en el receso hazme parte de tu carne,
llévame a tu infierno pero… no me dejes aquí 
entre tantos muertos.




Resonancia de papiros 

Otra vez esa maldita canción
que entrelaza 
paralelismos desconocidos,
antes de tiempo sin tiempo.

Soy la canción que jamás se escribió,
el juego insano de un amor,
la hija de un dios incauto
que me soltó de su mano,
para caer en este mundo de payasos.




Aproximaciones 


Me agobia la pigmentación de tu aliento…
las calles han blandido mi existencia
y la tuerca sigue dando vueltas.

En la esquina de tu último escrito 
mis lágrimas han derretido el tiempo…

Cuánta falta le haces al mundo,
sin ti el poeta maldito sufre en un altar
pidiendo por los demás.

Tu transmigración tortura los perros,
maúllan los gatos,
se trenzan en contrafuerza
de mi peor batalla.

Estoy perdiendo el comienzo,
intento inútil de improvisar.

¿Cuándo fue que dejamos de reír con ese chiste infantil?
Después, mirando el techo de nuestra casa, hablamos de nada,
el silencio de Dios nos interrumpió,
“creo que ya decodificó nuestra conversación”,
dijimos envolviéndonos en nuestra risa.

Hoy, sustituí por un momento tu ausencia,
En “Los perros románticos” Bolaño me remarcó: 
tu amor está enredado en el mundo de los súcubos.

Me duelen tus libros,
las palabras te yerguen,
quiero escribir, escribirte, escribiéndome,
pero solo termino en aproximaciones…
No puedo.
No puedo expoliar esta vida de harapos
y tú, hozando la muerte.




I

Blandí el cielo
con
la
espada
de la esperanza.
Una noche llegarás a cruzar 
el reflejo…
entre los muertos 
volver
a romper este sueño.



Mariscela Z. Yatzil
Mexicana, radica en la cuidad los Ángeles California, USA. Poeta, escritora y cofundadora de la Revista Poética Mayday que se publica en Los Ángeles California,  activa en eventos culturales ha publicado dos poemarios Poesía en seducción menor  (2016) y El despertar de Lilith (2018).

viernes, 22 de marzo de 2019

TRES POEMAS DE CARLOS LLAZA



cuatro a. m., cuando canta el gallo
robado a Henry Shukman

es la hora en que el hombre yace
en la oscuridad de su cama mirando el techo
convencido de que debe levantarse
y de que no lo va a hacer;

la hora en que la madre reza en la cocina
para que su hijo vuelva a salvo,
se acomoda la bata y antes de volver al cuarto
eleva otra súplica a San Antonio de Padua;

la hora en que el pintor
mira por la ventana y no sabe
si le toca despertar o dormir,
decide entonces trabajar hasta el amanecer.

El gallo avienta un grito por los aires,
desde los árboles los pájaros responden.
Pronto se les unirán los perros y otros seres,
tazas de café calentarán las manos y sólo
quedará un día cualquiera. 



efectos secundarios
robado a John Burnside

Sé que tú, al igual que yo, abres los ojos
de madrugada con la sensación de haber andado
miles de kilómetros en el mapa de tu cuerpo;

de estar rodeado de ilustraciones de ríos, pueblos,
bosques, andenes, volcanes y una cordillera;
de aún sentir olor a ganado y campos de alfalfa.

A menudo irrumpes en palabras donde por días
merodeas en pos de un sonido diáfano como una gota
de agua de manantial escala 1/50,000;

un sonido que estremezca y excite la mente,
la dosis justa de significado para atenuar
la resaca del uso compulsivo de voces.




piedra blanca sobre piedra blanca

No como brota el vello o el tallo,
ni como las hojas y otros cuerpos
se hacen tierra, no un espiral de humo;

sino un violento despertar a flor de piel,
un trago de aire atravesado en la garganta,
un traje espléndido y a la medida.

Piedra blanca sobre piedra blanca,
nuestra ciudad reconstruida
bajo el trasluz de la cordillera.

Salimos en busca de nuestros seres
queridos, ahora tan azules y perfectos.
Desenfrenados nos aferramos a sus túnicas,

como si no gozásemos
de todo el tiempo del mundo.





Carlos Llaza (Arequipa, Perú; 1983)
Poeta y traductor literario. Graduado de las universidades de Edimburgo y de Oxford. Preseleccionado para el Bridport Poetry Prize (2012). Autor de Brame el fuego (Vinciguerra, 2009) y Naturaleza muerta con langosta (Buenos Aires Poetry, 2019). Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Periódico de Poesía, Letras Libres, Buenos Aires Poetry, entre otras. Actualmente vive en Glasgow.