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jueves, 26 de enero de 2012

El poeta peruano Miguel Ángel Zapata recibe el Premio Latino de Literatura 2011 que otorga el Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York

LAWI- NOTA DE PRENSA, Enero 25, 2012

Miguel Ángel Zapata, poeta y critico peruano, profesor de la Universidad Hofstra, ha sido galardonado con el Premio Latino de Literatura 2011 en la categoría de Poesía por su libro Fragmentos de una manzana y otros poemas, publicado por la Biblioteca SIBILA / Fundación BBVA, una de las casas editoriales de mayor prestigio en España.

Patrocinado por el Instituto de Escritores Latinoamericanos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, el Premio Latino de Literatura se otorga a los mejores libros de poesía y narrativa publicados durante cada año. En años anteriores, este premio ha sido otorgado a escritores como Oscar Hijuelos (ganador del premio Pulitzer), Ilan Stavans (Lewis-Sebring Professor en Amherst College), y Marjorie Agosin (profesora y escritora en el Wellesley College), entre otros.

Según el jurado, el libro de Miguel Ángel Zapata fue seleccionado como el ganador por "haber dotado a la poesía latinoamericana con un estilo más fresco y un imaginario que mezcla plenamente lo humano con la naturaleza y el espectro urbano”. El jurado también señala que el libro de Zapata "fue galardonado con el premio no sólo por ser poseedor de una voz prístina y única, sino también por practicar una poética que se caracteriza por una mezcla de registros múltiples, los cuales guardan un alto nivel de complejidad en su temática”.

Considerado como uno de los poetas más innovadores de su generación en el Perú y una de las voces poéticas más influyentes de los últimos diez años en América Latina, Miguel Ángel Zapata es el autor de varios libros de poesía y ensayos. Entre sus últimos trabajos publicados figuran los reconocidos: Escribir bajo el polvo (2000), El cielo que me escribe (2002), Moradas de la voz. Notas sobre poesía latinoamericana contemporánea (2002), Cuervos (2003), Un gorrión en la casa de los siete patios (edición bilingüe) (2005), Los canales de piedra. Antología mínima (2008), Ensayo sobre la rosa. Poesía selecta 1983-2008 (2010).

El Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York (Latin American Writers Institute)) fue fundado en 1987 y se dedica a la creación y promoción de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos y el extranjero. Su misión es construir puentes entre los escritores de América Latina y académicos en los Estados Unidos con sus contrapartes en América Latina y otras partes del mundo. Lawi recibió en 1991 el "Premio de Excelencia en las Artes de Manhattan”.

Isaac Goldemberg
Profesor Distinguido de Humanidades, CUNY
Director, Instituto de Escritores Latinoamericanos

martes, 24 de enero de 2012

JOSÉ KOZER ESCRIBE SOBRE HISTORIA SECRETA Y LA TRANSFORMACIÓN DE LOS METALES DE PAUL GUILLÉN

Ayer leí, y con cuánto gusto, tu Historia secreta, qué belleza todo: la publicación en sí, en esa hermosa edición de Lustra, y el contenido: hay un punto donde se dice: "los altos dones nos serán negados" y sonrío, dado que no te fueron negados. Los textos en sus secuencias van penetrando las cavernas oscuras del sentido y del espíritu, procurando lo imposible que es el entendimiento de lo imposible, y suscitan irrupciones de poesía constante: entran los textos y sus palabras en las vísceras, el magma, el subsuelo ulterior donde la Nada y la mentira de la esperanza se dan la mano, la mano descarnada y huesuda del contratiempo ulterior. Y no sólo está eso sino tu referencialidad, muy bien trabajada, por ejemplo, en la p. 37 con ciertos tonos y versos clásicos, San Juan, Garcilaso, eslabonándose. Hermoso final asimismo a base de César Moro, la negrura, la salvilla, el gusano, la verija y la pierna postiza culminan ahí.

Terminé anoche de leer también tu excelente La transformación de los metales, tan distinto de tu Historia secreta. Quizás un libro más "poético" con sus Vestales, sus Salmos de Marco Valerio, sus conjunciones de materiales soterrados que convocan al lector a una síntesis de presencias que acaban marcando ante el ojo atónito lector la presencia renovada y nada renovadora de la Muerte, el sótano de los hechos, la caverna del subsuelo, su función en nuestra psique, ahí tratando de ver "la clepsidra de tu madre/latir".

domingo, 22 de enero de 2012

La mansión de las tinieblas: apuntes sobre La casa amarilla y Casa abandonada de Miguel Ángel Sanz Chung por Moisés Sánchez Franco

La imaginación literaria ha creado casas abominables, verdaderas mansiones de lo abyecto, de la enfermedad, de la impotencia y de lo sórdido. Cortázar nos planteó, en “Casa tomada”, un hogar invadido en breves lapsos por presencias ignominiosas e innombrables. Borges, en El Aleph, gestó el hábitat del bestial y melancólico Asterión, un espacio con corredores ensangrentados, esquinas donde morían los gritos, pasajes iguales e infinitos; un escenario de muerte y redención. En el siglo XIX, Poe ideó la mansión Usher, una casa desvencijada y desolada, erigida sobre un lúgubre paisaje encapotado. Allí, el espantado narrador, amigo de Usher, comprueba la corrupción moral y física que posee a las personas y a la misma casa. El fin de Usher y de su legado implícitamente incestuoso es el fin de una mansión antigua y anacrónica y de un mundo caduco de la sociedad aristócrata norteamericana del XIX. En la tradición clásica, en Odisea, el rapsoda canta la cueva-casa del Polifemo, verdadero símbolo de la barbarie, de la violencia gratuita y caníbal. Polifemo devora sin remilgos a los amigos de Ulises quienes pensaron encontrar en la casa del cíclope un lugar confortable y hospitalario.

Sanz Chung también nos plantea una casa inquietante donde lo que prima es la soledad, el desencuentro, el malestar físico y psicológico a partir de recuerdos tormentosos que agobian al poeta de visiones que se erigen sobre la inefable aridez de una casa vacía. La casa amarilla es un poemario engañosamente sereno. Un poeta controlado, sensible y observador recorre los pasajes, ausculta los rincones polvorosos y registra con ojos, ora de notario, ora de testigo forzado, los espacios aparentemente amigables. El lector podrá comprobar que la hostilidad y reticencia que gobierna los objetos de la casa amarilla es notable. En el poema “El estudio”, por ejemplo, el poeta, melancólico y mortecino, comprueba el recelo de los objetos que pueblan el otrora espacio de lectura y placer intelectual, y ante la hostilidad del espacio, surge la violencia y luego la culpa, el remordimiento, una de las constantes temáticas en los últimos versos de Sanz Chung. Diversos pasajes de violencia extrema, gratuita y enajenante figuran en el libro cuya pulcritud y equilibrio expresivo marcan un claro contraste. Sin embargo, es en el estudio donde la agresión tiene el color de la sangre; así, la sustancia corporal emana de cualquier objeto herido por el ánimo volcánico del poeta, quien juzga a la escritura como un acto criminal: arte y crimen se corresponden diría de Quincey; Sanz Chung precisaría: escribir es una forma de matar, pues en toda creación artística hay una violencia sublimada. Por eso, el estudio es la escena homicida, y los libros y los papeles los cuerpos desvicerados, estrangulados:

Ni los papeles que solían esperarte,
sobreponiéndose a toda medida del tiempo,
ahora pueden soportar tu peso redoblado:
donde debiera correr la tinta de extremo a extremo,
manchas rojas que se multiplican
por el goteo
liberado en la yugular del techo.
Olvídate entonces de buscar
algo que aún se yerga lejos de tu influjo.
Y sobre todo,
cuida de no dar un paso más hacia el escritorio
que de todos los seres desangrados
él es el que lleva
las huellas más flagrantes de tus manos.

Para Sanz Chung, la escritura es un penoso compromiso bélico, una obligación casi penitente, una lucha contra la locura, una prueba de equilibrio. De ahí que en el poema “El escritorio”, este mueble sea retratado como un templo de restricciones, pero también como un abismo de violencia, de verdades sagradas e imposibles de confesar. En este escritorio, toda mirada debe ser parcial; todo ahondamiento, prohibido: la razón de todo ello es acaso una moral vigilante que salve al poeta de un ámbito salvaje e instintivo:

Dentro del abismo
No se mira.
Al borde del precipicio de otra carne
No se ausculta,
Los ojos no se asoman,
El cuerpo no se empina


La casa es también un archipiélago, un espacio de incomunicación y de inmovilidad. En “La silla”, la casa figura como un océano, y la silla como una tabla de náufrago, como un puerto de confort en un mar picado. Debido a la silla, el sujeto lírico ahoga cualquier instinto de rebeldía y se transforma en un animal quieto, sosegado y enraizado a la casa arisca. El descanso está ligado al olvido y el olvido a la calma necesaria para afrontar la soledad:

No importa cuántas veces
Atraviese el océano como un fantasma
Para intentar renacer
Bajo el techo de cualquier habitación abandonada,
Mi cuerpo está aquí,
Ocupando un lugar sobre esta silla,
Apoyando todo su peso
Sobre estas cuatro patas
Que son también mis propios miembros
De animal estacionario.

Uno de los espacios más complejos de la casa es la habitación. La habitación es un espacio brumoso, un rincón de la confusión y de la ignorancia más desgarradora: en la habitación, acaso la suya, el sujeto lírico no puede conocerse a sí mismo; es en la intimidad donde las grandes preguntas sobre el quién soy, sobre el valor de los actos y sobre el destino se vuelven más enigmáticas y esquivas.

En “Sol”, la habitación es también un estrepitoso crepúsculo, un cementerio de astros, donde la única acción posible es la molicie, la renuncia a cualquier reacción. ¿Por qué el Sol muere en la habitación del poeta de Casa amarilla? Porque la habitación es un territorio sin límites, aunque también parte de un océano, la habitación es algo digno de contemplar pero imposible de habitar. En dicho espacio, toda esperanza muere, todo intento es fallido; toda arbitrariedad, cotidiana; en suma, dicho cuarto es toda soledad, campo de áridas empresas existenciales, territorio de la angustia, la fatiga y la derrota:

A falta de un cielo despejado
Donde hallar su propio espacio
El sol ha venido a morir en este cuarto.
Ha traído consigo el océano entero,
Anegando sin consideración el suelo,
como si el mobiliario de mi dormitorio
no le proporcionase suficiente cobijo.

Pero también la habitación es un bosque que alberga las bestias adormitadas que el poeta conserva en su interior; es también un espacio lóbrego, yermo, donde el viento y el vacío se conjugan para que lo sórdido y la muerte sean parte necesaria de la intimidad. El conformismo y la evocación son las únicas y pálidas características que reconoce como propias:

Nada se conseguirá ya de mí de esta manera,
La puerta puede erigirse ante mis ojos para siempre.
La única madera que abrazaré en el futuro
Será la de estos míseros esqueletos
Que algún día gozaron de hojas sobre sus cuerpos
Entre sus huesos reposaré la espalda,
Junto a sus troncos dormidos
Dejaré sembrado el mío, todavía caliente.

Por último, la habitación es también un espacio donde la verdad fulgura y la ciudad queda desenmascarada como el poeta confiesa en “Las paredes”; es también el lugar del cuerpo, de la carne. Una atalaya desde donde se puede observar sin riesgos la ciudad fantasmagórica:

Ha sido necesario este último gesto:
Cambiar las paredes por columnas de árboles mohosos,
Transformar el cielo raso en ramas torcidas y resecas,
Apisonar el suelo con tierra yerma
Y obligarme a caminar por ese pasadizo moribundo
Hasta detenerme de golpe frente a esta puerta

En todo los textos, un grupo inquietante e inoportuno provoca la histeria, tal como pregona el poeta de “Los papeles”, son los ojos de los fisgones, las miradas foráneas que atormentan hasta la paranoia, que saquean sin remilgos y devoran espíritus. Aquellos seres que parecen indolentes ante el dolor, que no comprenden la desolación, que solo buscan el espectáculo del artista del trapecio, para decirlo apelando a la figura de Kafka. Ante la mirada inescrupulosa e insensible de la gente, la única protección, acaso vana, es la escritura, arma arrojadiza y mortal para quien la esgrime, recurso desesperado con el que el poeta busca impedir el paso de la irracionalidad, las miradas hostiles y reducir la insustancialidad e indiferencia del mundo.

Y sobre esos mismos papeles
He transcrito palabras semejantes a éstas,
He clavado letras semejantes a éstas,
Y sobre ellas he colgado toda clase de vísceras
Como quien cuelga letreros amenazantes
Para ahuyentar a los ojos extraños
Que no respetan las fronteras invisibles.
Pero ni así ha vuelto a ser mío el universo usurpado.

Casa abandonada posee otro registro: es la voz galopante de la memoria, la voz minuciosa del testigo sensible y observador. El libro es en sí una metáfora de las verdades incómodas del hogar íntimo, es un cúmulo de signos estelares y terrestres. Casa abandonada es, en realidad, el retrato de un espacio liminal donde lo primigenio y lo moderno coexisten en tensa relación. Basta evocar los versos de “Baño”. En dicho espacio, en comunión con el agua, el poeta se transforma en una especie natural más; dicha metamorfosis es aciaga, resistida; el hombre se convierte en bestia y la bestia en hombre. En el baño, el hombre que amanece feral se civiliza, pero antes de la navaja disciplinaria, del perfume consabido y el lavado humanizador, el hombre es bestia, abstracción e incluso paisaje silvestre:

Lo mismo gruño que lloro
Horizontal o vertical soy una esfera un armadillo
Una montaña vacía donde el grito
Retumba dentro de la cueva del oso enfurecido

Un postulado: la casa abandonada es más monstruosa que la casa amarilla. ¿Por qué? Acaso, porque en Casa abandonada el poeta es más perverso en sus recuerdos, contradictorio, acusador, volátil. Sobre el tema de los recuerdos, en Casa abandonada, el poeta evoca juegos infantiles, mundos principescos. Por eso, entre sus versos, se narran batallas con caballos imaginarios y se lucen damas de bucles dorados contemplando desde pedestales majestuosos. Y sin embargo, en este caso, el juego no une; la experiencia lúdica no es una actividad de intersubjetividad, de aprendizaje constructivo, es más bien la prueba de la desunión, de la ruptura, aunque también de la persistencia de la rabia y el desencanto: “mi caballo siempre ha sido caballo/ y yo siempre he tenido rabia de sobra para ambos”. Los juegos del poeta refuerzan el maniqueísmo y las polarizaciones: así, el mundo se divide entre débiles y fuertes; valientes y cobardes; leales y tramposos; amigos y enemigos.

Casa abandonada afecta más al lector porque el autor nos interpela y con ello nos involucra, nos culpa, nos condiciona, como en el poema de la sección “Caída”:

Si decides abandonarme a las puertas de este
Edificio transparente
Has de saber
Que dentro sucumbiré ante las miradas extrañas
Que pigmeos con la misma altura que la mía
No significan mis iguales
Que las palmadas y las canciones repetidas no alegran el corazón de la piedra
Que los tapetes de colores no protegerán mi cuerpo
De la afrenta


Como se puede apreciar, el interpelado será el culpable del daño moral que el poeta padecería. Por eso, el único camino posible que le queda será la venganza. No obstante, el poeta reconoce que el gran culpable y, por ende, el principal objetivo del verdugo debe ser él mismo: “Si hay que comenzar por cortar una cabeza/ esa no es otra que la mía/ nadie como yo ha criado guillotinas en los ojo/ y navajas en los maceteros”. En “Huida”, final del viaje por esta casa de ocultas tinieblas, se puede observar aquello que resulta imperdonable para la moral del poeta: la mentira.

Y al final, sea por horca o por un accidente, el poeta yace en lo que aparentemente es el fondo de un río quieto. Si las aguas del río eran para Heráclito metáfora del tiempo y de la dinámica de la vida, para Sanz Chung son figuras inmencionables de muerte. Por ello, al final, el poeta muere golpeado contra las filosas piedras negras, con la duda de si en realidad merecía dicha oscuridad en la que vivió y en la que perece. Su espíritu contradictorio se manifiesta hasta el último instante:

Y de repente el timón contra el acero,
el cuerpo elevándose sobre el puente,
el vacío consumiendo mi aliento como pólvora
encendida

¿En realidad merezco esta oscuridad?

Las piedras filosas bajo las aguas negras
y el silencio liberado tras el estruendo
devoran las preguntas sin contestar.

Casa abandonada y La casa amarilla son dos obras donde la inquietud es la única sensación posible. La visita a estas mansiones tenebrosas e inestables es en realidad una experiencia de introspección, donde figuras como la familia ausente o destructiva, el hogar hiriente o salvaje y la violencia física o verbal que parece haberse impregnado en las cosas nos permitirá cotejar nuestros recuerdos personales con dichas imágenes y conocer los abismos de la angustia terriblemente familiar, espantosamente cercana.

LOS MEJORES LIBROS PERUANOS DEL 2011 POR JULIO ORTEGA

FERNANDO AMPUERO: EL PERUANO IMPERFECTO

Vargas Llosa forjó la versión del fracaso existencial del peruano refutado por su medio. Ribeyro, la del peruano melancólico, desmentido no entre sino por la realidad y el deseo. Bryce, la del peruano exagerado, capaz de rehacer su mundo gracias a la elocuencia. FA (1949) propone en El peruano imperfecto (Lima, Seix-Barral) la tesis de que ningún peruano es imposible: cada uno se descubre en el espejo como otro. Esa intensa representación convierte a la vida limeña en una comedia trágica: la comedia del sujeto como el mejor actor de sí mismo. Ortega y Gasset dijo que argentino es aquel que se mira dos veces en el espejo. Peruano sería aquel que se mira mirado. Y se ha dedicado a sí mismo con éxito. La tragedia es ética: el triunfo mundano conlleva el precio de la integridad. Esta novela, con una sonrisa, convierte al lector en peruano: le asigna la culpa ajena, gozosamente compartida.


CARLOS YUSHIMITO: LECCIONES PARA UN NIÑO QUE LLEGA TARDE

CY (1977) cuenta sin énfasis y con gusto historias de agudo sentido de lo excepcional, que acontece dentro de la trama permeable de lo cotidiano; como si entre uno y otro sus pequeños héroes estuvieran a punto de una proeza que los defina. De su libro de cuentos anterior, Las islas (2006), que transcurren en Brasil, país que el autor no ha visitado pero imagina, se incluyen en este tomo (Barcelona, Duomo) seis historias de espléndida factura, donde el desplazamiento del lugar libera a la referencialidad, mientras que la otra lengua le permite la licencia de lo verosímil. Porque lo notable de estos cuentos es que lo excepcional (los niños monstruos, los vendedores antiheroicos) discurren como la verdadera cotidianidad, mientras lo demás pertenece al lenguaje de la fábula o a los sueños. La lección de intimidad que da Chejov y la tolerancia en lo raro que explora Kafka, sólo tienen al lenguaje para afincar, levemente, en estas historias de asombro y certidumbre.

CECILIA PODESTA: DE CABEZA SOBRE EL PASTO AMARILLO

CP (1981) es poeta iconoclasta, dramaturga de ironías felices, editora y gestora cultural, como plena ciudadana de la rica cultura urbana que reiventa la Lima de estos años de prosperidad, corrupción y obsesión culinaria; pero es además, como para anudar las redes, narradora de voz propia, cuya sátira de aliento y desenfado traducen estos relatos (Lima, Punto de Ideas) de una épica urbana, en torno a personajes post-apocalípticos y sub-integrados. La deliberada truculencia de las historias le da la vuelta al género de lo monstruoso y la mecánica de la violencia, para mostrar sin sentimentalismo, la moneda nacional del desvalor, muy bien repartida entre las clases, los géneros y los lenguajes, para perturbación mutua. Con talento y coraje bien probados, CP es capaz de jugar con los protocolos para hacernos reconocer nuestra resignación ante lo que pasa por lo real. Pocas veces, como ésta, el lector es despertado por el valor de una poesía del escándalo.

KATYA ADAUI SICHERI: ALGO SE NOS HA ESCAPADO

El notable primer libro de cuentos de KAS (1977), Un accidente llamado familia (2007) definió su lenguaje como la materia afectiva de las relaciones humanas: una lámina verbal transparente pero, siempre, las palabras de otro discurso, no dicho. Es un lenguaje sintomático que dice más de lo que enuncia para decir menos de lo que cuenta. Cada relato, por eso, podría ser una novela: asume la historia familiar, la educación de la narradora, la impronta de los lazos sobre la zozobra latente. Por eso, el cuento es la historia de una elisión, la radiografía revelada en la vulnerabilidad del cuerpo emotivo. El mismo control del lenguaje es parte de la historia. La hija, en uno de los cuentos, le pide a la madre que no exagere, que sea más prudente, pero la madre es la que provee el relato; mientras que el padre sólo está “completo” cuando muere, que es su forma de decir la verdad. Estos cuentos rescriben el lenguaje familiar para darle a cada quien su verdadero nombre. El titulo del primer libro es el de un cuento en el segundo: de la foto familiar nos queda el revelado, esa sombra fugitiva.

ROGER SANTIVÁÑEZ: ROBERTS POOL CREPÚSCULOS

RS (1956) es uno de los más interesantes poetas peruanos, cuya evolución conoce ahora una madurez rara, hecha de destreza formal y audacia expresiva, como si el joven rebelde y bohemio de la juventud hubiese encontrado en los clásicos de la tradición barroca la discordia feliz de la hipérbole, esa sintaxis aglutinante capaz de hacer del poema otro icono de abundancia. Primero descubrió RS, quizá bajo la lección barroquizante de Carlos Germán Belli, la sorprendente conjunción del adjetivo áureo y el término tecnológico. Pero en esta nueva colección de experimentalismo en el archivo barroco (Lima, Hipocampo Editores), se trata de la música de Garcilaso de la Vega. El paisaje, claro, es otro: “Un ansia enferma mi corazón esmalta/Como a los arrozales el surtidor alcanza/ O la neblina ciega el amanecer en Lima.” ¡Sólo a un poeta peruano se le hubiera ocurrido la audacia de ofrecerle a Lima una anti-alba!

OSCAR COLCHADO: HOMBRES DE MAR

OC (1947) construye en esta novela (Lima, Alfaguara) una metáfora de la modernidad peruana contrariada que caracteriza al modo de producción dominante, el de extracción y exportación. En este caso se trata de la harina de pescado, que hizo del Perú su primer productor mundial. Pero esta vez la exportación incluye otra materia prima: la droga. A partir de la representación verosímil, que el lector puede tomar como una crónica dialogada, el autor descubre la intimidad de la violencia que convierte a los héroes de la modernización en sus primeras víctimas. El relato de la vida del pueblo convertido en “boom town,” primero, y en ciudad residual después, se levanta con su humanidad descarnada en las voces en diálogo de esta épica de pobres, que es una elegía de desconsuelos pero también una celebración de la palabra viva. Entre la destrucción ecológica, la matanza de la guerra sucia, y el tránsito de la droga, recomienzan las voces de la migración, ese nuevo mapa peruano. Esta novela late también con furia amorosa.

VICTORIA GUERRERO: BERLIN

VG (1971) ha heredado, quizá reluctantemente, una tradición poética que, a pesar de todas las teorías en contra, sigue asumiendo la voz de la mujer, ese lugar único del discurso literario peruano, cuya escenificación tuvo en Blanca Varela su momento de drama mayor. La notable diferencia de registro en este libro (Lima, Intermezzo Tropical) tiene que ver con la expansión narrativa y elegíaca de esa voz, que sale de sus coordenadas locales para hacer figura con otras voces y espacios de registro que son las plazas, hospitales, centros comerciales, aeropuertos, de la biografía errante de una mirada que refracta lo vivido en las palabras como un acto de rendición que es de rebeldía. Rinde, así, cuentas (“Fuimos rebeldes en un mundo sembrado de muertos”) y responde no por la ausencia sino por el retorno (“a la pregunta escalofriante y poco bienhechora de ¿Por qué regresaste al Perú?”). La pareja disuelta, la poesía irresuelta, el país irresoluble carecen de discurso, pero tienen en el poema el mapa verbal de su “Su propia combustión y catarsis.” Una peruana al pie del orbe.

Fuente: El Boomeran(g)

sábado, 21 de enero de 2012

ELI NEIRA PRESENTA LA FLOR

Ediciones Rabiosamente Independientes en coedición y colaboración con la prestigiosa Editorial Er Tufo tienen el agrado de invitarlo a usted y anunciar con éxtasis furioso y frenesí el lanzamiento en Santiago del esperado poemario “La Flor” de Eli Neira a efectuarse el día martes 24 de enero en el hall central del Centro Arte Alameda, Av. Libertador Bernardo O`Higgins 139, desde las 20.00 hrs.

En la ocasión oficiará de maestra de ceremonia Hija de Perra más abyectos personajes, invitados sorpresa, vino de honor y mucha poesia!!!

* Noticia de último minuto: los invitados al lanzamiento podrán quedarse gratis a la fiesta electro pop que se realizara inmediatamente después en el centro arte alameda*

Eli Neira es poeta, periodista y performancista. Ha participado en encuentros de poesía y performance en Chile, Perú, Argentina, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Venezuela, Brasil, Canadá, España y Suecia. Ha publicado en antologías de Chile, Argentina, Perú, México y España. Es autora de los poemarios “Abyecta” Al Margen Editores, Santiago de Chile 2003, segunda edición por Editorial Limón Partido, México DF 2006; tercera edición por Editorial Milena Cacerola, 2008, Buenos Aires Argentina,“El soliloquio de la Reina”, Editorial Junco & Capuli, Rosario Argentina 2004, Hard Core Hotel, 2006, )el asunto( Editores, Buenos Aires, Argentina).Ha desarrollado la docencia en talleres literarios en México Chile y Argentina. Actualmente dirige la microeditorial “Abyecta Ediciones Rabiosamente Independientes”

PROLOGO


Voy a confesar algo, cuando terminé de leer este libro de Eli Neira en vez de ponerme a escribir el prólogo no pude evitar irme a hacer una paja. Es que sus escritos salen de sus tripas, hablan con sus tripas, y sus tripas son una caldera ardiente. Pero también su corazón es grande, y su garganta es un nudo, y sin embargo, su voz, sale alta y clara, y sin embargo sus textos tienen la voz potente y segura, y su desesperación tiene la claridad de quien dice las cosas como son, sin más, y es que cuando no son de otra manera mejor no dar vueltas al asunto.
Esta escritora maravillosa eligió el camino del que va a darse contra la pared siempre, eligió golpearse duro, eligió la ruta que casi nadie quiere pero que todos fantasean. Carne sobre carne y huesos al aire, devorada, despojada, sola. Elizabeth Neira, ya conocedora, ya sibarita, pero también humilde, reconcilia su alma en estos textos para enfrentarse a la verdad. Ahora sabe que no tiene otra ruta que ésta, sabe que es pobre, y que va a ser pobre, sabe que sus escritos son su mejor remedio, pero también son el remedio para los demás.
Leer sus poemas es saber por qué la poesía es el género más importante de la literatura, entender que en sus renglones cortos guarda la síntesis de lo que es importante, entender entonces que uno de cada mil, o dos mil escritores tienen en toda su obra lo que la poeta chilena más importante de su generación deja en una página. Entender entonces que la verdad está lejos de lo que nos enseñaron, entender entonces que la realidad no está acá, donde estamos sentados, sea en tu casa, sea en tu trabajo, o en el almuerzo familiar, la realidad, la verdad, está en estas páginas, cada una de estas páginas respira, tiene vida, pero además, ayuda a respirar. Y para respirar, para eso, se inventó la poesía.

Diego Arbit
Buenos Aires, abril 2011

RECITAL DE SOLEDAD ARAOZ Y ELMA MURRUGARRA

te invitamos al recital de poesía que organizamos la librería "el virrey de lima" y la "editorial pilpinta"

con la participación de las poetas: soledad araoz y elma murrugarra

este martes 24 de enero a las 7.30 de la noche

te esperamos en el virrey de lima pasaje nicolás de rivera 107 - centro de lima (detrás de la municipalidad de lima)

celebraremos el inicio del año nuevo chino con vino de laurel

lunes, 16 de enero de 2012

POEMAS EN HUCHA DE PEDRO GRANADOS

Lima: Paracaídas editores, 2012
ISBN: 978-612-45994-5-3

Desde Sin motivo aparente (1978) hasta Poemas en hucha (2012) Pedro Granados ha venido elaborando una obra poética que es rica y vasta en resonancias musicales, eróticas y plásticas. Sus poemas parecen la labor de un escultor que va labrando la piedra hasta hallar pequeños fragmentos de rocas, luces iridiscentes, abismos sin fin. Y aunque sus poemas nos remiten a lo peruano también podrían ser caribeños: “Pero quiero inventar ser caribeño: / fulgor de culos macizos, / de juego eterno y de alegría”. Esa erotomanía transita muchos de sus versos y hace que el lector sienta el sol, la brisa, las olas y también los bien formados culos caribeños que nos pone frente a nuestras narices. Granados nunca es calmo, es más bien arriesgado. Imagino además a esta poesía con un fondo musical de salsa donde el autor está bailando y riéndose a carcajadas, porque la poesía ni el poeta son lo importante aquí, sino el ritmo, el latido y un bonito culo que podemos oler y tocar. Por eso digo con él: “Me enhucho en ello”.

Paul Guillén

jueves, 5 de enero de 2012

Poesía Sonora de Felipe Cussen y despedida de Paul Guillén

Centro Cultural “La Catrina”. Jr. Camaná 878 (Sótano). Centro de Lima.

Este viernes 06 de enero el Centro Cultural La Catrina tendrá como su primer invitado internacional del año al chileno Felipe Cussen, quien dará una sesión de poesía sonora. Felipe Cussen (Santiago de Chile, 1974) ha publicado los libros de poesía Mi rostro es el viento (Libros de la Elipse, 2001), Esto es la globalización: (Foro de Escritores, 2005) y Deshuesos (Animita Cartonera, 2007. También ha presentado poemas visuales, poemas sonoros, videos y performances. Desde el 2006 trabaja junto a Ricardo Luna en obras que combinan música, poesía y proyecciones visuales. Es Doctor en Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra, e investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Lo acompañarán en la mesa los poetas peruanos Juan de la Fuente, José Pancorvo, Jorge Pimentel y Paul Guillén, quien viajará a los EE.UU. este fin de semana por una beca de estudios.

lunes, 2 de enero de 2012

LO MEJOR DE 2011

Como todos los años en Sol negro publicamos nuestra lista de libros del año, hay que aclarar que aquí solo se mencionan libros que llegaron a nuestras manos sea de manera física o en pdf, los dejamos con la lista:

- Acontecimiento editorial del año en el Perú: Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía (Peisa) de César Calvo y El pez de oro (AFA editores) de Gamaliel Churata.

Dentro de los poemarios que más nos gustaron este año están: Fragmentos de una manzana y otros poemas (Sibila) de Miguel Ángel Zapata, Ruido blanco (Lustra Editores) de Mario Pera, Latitud de fuego (Borrador Editores) de Andrea Cabel, Taller subverso (Casa Katatay) de Giancarlo Huapaya, Casa abandonada/Casa amarilla (Lustra Editores) de Miguel Ángel Sanz Chung, Callada fuente (Paracaídas Editores) de Sonia Luz Carrillo y Quise decir adiós (Fondo Editorial Cultura Peruana) de Enrique Sánchez Hernani.

Dentro de las reediciones sin duda las mejores del año fueron Contranatura (Lustra Editores) de Rodolfo Hinostroza, El río (Peisa) de Javier Heraud y El viaje (Peisa) de Javier Heraud, ambas ediciones a cargo de Edgar O'Hara y dentro de las antologías destacó Rito verbal. Muestra de poesía peruana 2000-2010 (Elefante Editores) de Raúl Heraud.

Dentro de los libros de ensayo/estudio sobre poesía podemos destacar Sujeto, metáfora, argumentación (Universidad San Ignacio de Loyola) de Camilo Fernández y la reedición de Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (Universidad Nacional Federico Villarreal) de Camilo Fernández.

La revelaciones poéticas del año (y en ese orden) fueron los libros: Piedralaventanaelcielo (Paracaídas Editores) de Pablo Salazar Calderón, Von (Lustra Editores) de Laura Rosales, Yana wayra (Urbano Marginal Editores) de Teresa Orbegoso, Ágape de espectros (Casa Katatay) de Félix Méndez y La noche abundante (Lustra Editores) de Melissa Allemant.

El poemario del año de un poeta extranjero publicado por una editorial peruana es sin duda Me he resignado a quedarme aquí (Lustra Editores) de John Giorno, que coincidió con la llegada del propio Giorno a una serie de recitales en Lima y Cusco.

EL ÚLTIMO ANARQUISTA (Cuento de MARTÍN ALVARENGA)

¿Así que usted es una investigadora y quiere saber lo que nos pasó a los obreros portuarios en Corrientes, allá por 1930? Sé que no me arrepiento para nada de lo que viví pero le mentiría si no le confieso que, desde aquella semana y media de masacre, nunca fui la misma persona. Me han quedado sobresaltos, dolores que no he podido cicatrizar, heridas abiertas. Perdí a mi mujer, a mis hijos, mi casa. Este rancho a una hora y media de la ciudad es lo que lo recuperé trabajando con mis propias manos. Después de la represión de Uriburu, no me quedó nada. Llegué a la ciudad de Paraná, Entre Rios escapando de la muerte a bordo de una barcaza y permanecí allí durante cuarenta años para luego volver a mi querida provincia. Pero he podido vivir sabiendo que luchaba por algo justo y, por eso precisamente, el hecho de ser un sobreviviente me permite contar lo que nadie pudo contar y, sobre todo, lo que nadie quiso contar. No se preocupe, Don Pancho, hable tranquilo, somos todo oídos, dijo afablemente el visitante. Don Pancho encendió un cigarro y cerró los ojos se dejó llevar por los caminos de la memoria.
Es noche cerrada en corrientes, cuando empieza la década del treinta, se escuchan gritos y golpes, corridas repliegue desordenados por doquier, resuellos, la caballería de la policial provincial descarga garrotazos, ayudados por “gente experta” de Buenos Aires, como algunos integrantes de la Liga Patriótica y oficiales del ejército de la Capital Federal, más la oligarquía lugareña que hace unión con los ganaderos y los dueños de las fábricas.
La cosa viene de arriba. Es por orden directa del Presidente Uriburu y hay que cumplirla a rajatablas. Por eso no son casuales estos disparos que se desparraman en una metralla ciega, asentada en un barranco, por eso no es azaroso que cada pistola vomite balas, y los obreros portuarios o embarcadizos –más o menos cincuenta− van cayendo en las aguas del Arroyo Poncho Verde. Los fusileros se pudieron en las orillas, en una quince y del otro lado quince, en el medio, metidos en el barro y el agua, mucho más abajo, los nuestros recibieron la balacera. Escopetazos detonan y se dirigen en los pechos, en la cara, en los testículos, en el estómago; los gritos y revolcones en el barro de los moribundos desatan el júbilo de los fusileros policiales y de las fuerzas de seguridad. ¡Apunten… tiren a matar! Los diez días del exterminio de los cabecillas anarquistas y socialistas son los diez días del holocausto del proletariado correntino. Un oficial entraba con botas altas al barrial del arroyo, con sendos tiros de gracia, pidiendo más municiones hasta que alcanzaran a los cincuenta hombres caídos.
Un poco antes de desenlace se aprovechaban de la cantidad de soldados de la tropa y, por lo tanto, de tu poderío en armamentos. ¡Fuego carajo! Y se van doblando sobre sí las víctimas y se desploman, en un promedio indiferente de que tengan todos alrededor de treinta y cinco años, cuatro o cinco hijos y con mujeres que no los verán llegar jamás a sus hogares. ¡No los entierren, no los identifiquen, préndanles fuego! Grita fuera de sí un oligarca de la Liga Patriótica Argentina. Que no quede ni la ropa de estos atorrantes, no son gente, no se merecen cristiana sepultura, hay que borrarlos del mapa, qué joder, gesticula un muñeco vestido de milico.
La caballería policial ablandó a los revoltosos, luego con el camino ya bien estirado llegaron tropas de refuerzo y se hizo un trabajo impecable, con el intento de precisión de que nadie quedara vivo, de todos aquellos que se cagaron en nosotros, los que somos de la democracia y nos ponemos duro cuando hace falta. Ellos nos llaman oligarcas, explotadores cuando no son más que unos vagos y unos muertos de hambre porque no quieren laburar.
Algunos obreros se trabaron en lucha en el lodo del arroyo que estaba algo caudaloso por una lluvia reciente y fueron degollados a machetazos, algunas cabezas quedaron flotando en el agua como fetiches incuestionables de la tragedia. Es que el insomnio y la pesadilla fueron ganando en todo el Puerto Italia, en el Aserradero Cichero, en la Fábrica de Madera Terciada La Facomate, en toda la zona del arroyo que desemboca en el costado del Parque Mitre. El arroyo ya no parecía de agua sino de sangre, esa sangre que huye de la vida por el camino del martirio y la extinción.
Es que ser proletario u obrero portuario era un delito cuando protestaban por un salario digno, era criminal ser un obrero que se lanzara a una manifestación por la casi esclavitud de las empleadas domésticas; no eran personas aquéllos que manifestaban su repudio por la ejecución de los obreros italianos Sacco y Vanzetti; no era buenos cristianos los que hacían huelga en el puerto por una paga miserable y traían aborígenes para sustituir a los obreros, así enfrentaban a los desclasados entre sí; estaban poseídos por el demonio cuando reclamaban mejoras esos holgazanes, que atentaban contra la producción y el orden al bajar los brazos, haciendo correr el riesgo de disminuir las rentas de nuestra burguesía que hace la verdadera patria poniendo el riesgo del capital.
Para terminar con toda esta lacra, decía un tipo con muchas medallas en el pecho, hay que hacer como manda el presidente. Él sí que sabe lo que hace: primero limpió la Patagonia; en la Semana Trágica le dimos una lección en el enfrentamiento y, después, cuando ellos hicieron su caravana en Buenos Aires para enterrar a sus muertos les caímos encima sin lástima y ahora estamos haciendo el trabajo final. Que ni en Buenos Aires ni en el interior quede vivo ningún anarquista ni socialista. Soldados, dijo un jovencito de civil de la Liga Patriótica, esto no es un trabajo sucio, esto es un trabajo limpio, y se golpeó en la cabeza y remató, que les queda bien en claro, no queremos dobleces, no queremos cagatintas.
Mientras arrastraban los cuerpos y tiraban querosén, no hacen más que hacer quilombos y desordenar y atemorizar a la sociedad; que no quede ninguno vivo, seguían arrastrando a los cuerpos, algunos sin cabeza. Juntaron caras con los ojos neutros y la barba incipiente y la palidez marmórea y le tiraron unas antorcha de trapo, se levantó una gran hoguera y todos los victimarios gritaron ¡viva la patria!
Vayan a las casas y no den explicaciones, quemen todos los libros y las revistas que encuentren , aquí tengo anotados algunos nombres Marx, Bakunin, Kropotkin, Engels, Eliseo Reclus. Mejor asegurar y quemar todo lo que esté impreso en las casas, incluso revisen cartas, remuevan los ranchos en los caseríos de la zona del Barrio Aldana hasta la costa y desalojen a las criaturas y a las mujeres afuera. Si algunas son muerta o violadas no me daré por enterado. Cualquier exceso, en estos casos, será un acto de justicia.
Amanecía en el lugar más cercano al Paraná, en el arroyo que seguía fluyendo la sangre de las víctimas. Un soldado se acerca agitado y dice:
−Oficial, escúcheme –dijo el soldado, mientras hacía el saludo de rutina−. Huyó el dirigente más importante.
−¿Quién? ¿Acaso no matamos a todos, soldado?
−El único que se escapó es el militante que encabeza todos los disturbios: Félix Francisco Alegría, teniente. Le llaman Pancho. Asi era conocido por todos.
−¡La puta que lo parió! ¡Qué manga de infelices! Vamos por él. Que lo buscan por toda la ciudad. ¡Tráiganlo vivo o muerto o alguno de ustedes correrá la misma suerte. Como que me llamo Teniente Primero del Ejército Argentino, Santiago Eulogio García Funes, si no lo encuentran al que lo dejó ir lo voy a degollar con mi propio sable.
Quizás yo sea el último el último que queda, yo el que junté el material ideológico, lo distribuí, traté de concientizar a mis compañeros en casi veinte años de militancia en ideas y en manifestaciones. Empecé desde la adolescencia, ahora tengo treinta y siete años y desde los dieciséis que milito en la Federación Obrera Argentina. Vinieron de Buenos Aires un italiano y un español y nos formaron como sindicalistas, esos inmigrantes que venían de Europa con ideas nuevas. Eligieron algunos que éramos de Corrientes y conocíamos muy bien lo que aquí pasaba. Nos revelaron con tanta claridad de que éramos seremos humanos y que la sociedad de reparto y la igualdad no no significaban un objetivo imposible, que dependía de nosotros mismos tener un ideal, un motivo de vida.
A mí, que me llaman Pancho, mis compañeros, ahora se me viene un fogonazo: estoy corriendo con la ropa sudada y embarrada, chapoteando barro arcilloso que me salpica con el agua, siguiendo el curso del Arroyo Poncho Verde para ir a mi rancho que está en la calle Roca, a ciento cincuenta metros del Paraná. Yendo por la calle Roca, hacia el río, se llega al Puerto Italia, que estará muy controlado por la policía. Otro fogonazo más intenso. Estoy volando con los pies como un condenado en plena noche y me repito fuera de mí ‘quizás sea el último anarquista de Corrientes’, quiero seguir viviendo para contar este horror, este asesinato masivo, esta represión sin nombre, salvo que se lo denomine crimen o vandalismo más genocidio. Esto puede llamarse de todo.
Corro jadeando. A unos cincuenta metros de casa se desprende una llamarada, veo que la gente está replegada, por el miedo al terror. Me voy acercando, ya no corro, camino, mientras que mi rancho se desploma sobre sí mismo.
El mundo se me viene abajo. Alguien me llama. Me doy vuelta. Es mi querido vecino, el alemán Martín Botter, y me dice sollozando, al oído mi tragedia: no solo quemaron mi rancho sino que sacrificaron a mi mujer, a mis tres hijos pequeños y las dos perros que cuidaban mi casa. Un nudo en la garganta no me deja respirar y siento que tiemblo, que me cruzan escalofríos como una daga con doble filo.
Don Botter me sujeta de los hombros, me abraza y me sacude, me abraza y me sacuden, como queriendo revivirme:
−No aflojés, correntino macho pero peludo. Es posible que seas el único sobreviviente. Ahora tenés que salvarte vos. –Me abofeteó para que saliera de mi marasmo y me gritó−. Andate pronto, mi amigo Octavio Fruto y yo somos compinches del capitán de una barcaza que sale pronto Paraná abajo. –Y me empujó, diciendo−: ¡Vamos, anámembui!
Me di vuelta y lo abracé. Los dos llorábamos como niños. Tomé un impulso límite y empecé a deslizarme con sigilo hacia el puerto, había guardias de la policía y los fui sorteando protegido por la noche y arrastrándome entre los yutos. Como buen embarcadizo era buen nadador; en seguida busqué la soga del ancla y subí a la embarcación por la parte no visible de la ribera. Fui hasta la cabina y repentinamente, el hombre, que estaba de espaldas, se volvió sorprendido. Se trataba de un hombre mayor, de tez morena, delgado que vestía uniforme y sombrero de navegante, con la visera ladeada. En menos de un segundo le manifesté:
−Soy el ahijado de mi padrino Martín Botter, amigo de Don Octavio Fruto.
−Entrá, metete abajo en la bodega y no salgas, que zarpamos en seguida. Para mí un pedido de Botteo o de Fruto es palabra santa –concluyó con firmeza el capitán.
A los pocos minutos me sentía renacer cuando la embarcación a vapor de deslizaba sin pausa y sin prisa aguas abajo. Algo muy extraño, un dolor terrible y una esperanza agazapada y miedosa de la vida me carcomía, entré en una nublazón en el tiempo y me dejé llevar por la rutina del viaje.
Llegamos a Paraná, ni bien llegué a la ciudad me fui caminando a campo traviesa durante más de una semana, comienzo frutas silvestres hasta que llegué a una chacra en la que necesitaban un peón y me quedé allí sólo trabajando y tratando de restañar una herida demasiado fuerte para mí.
Ésta es mi historia, señorita. Mire que ahora estamos en 1984 y yo tengo ochenta años, y lo tenemos a Galtieri, a Masera, a Videla, a la misma oligarquía y a un clero complaciente que también comparte la tajada del poder, a las transnacionales que nos chupan la sangre hasta volvernos miserables.
Usted pensará ¿que es lo que yo espero? Es que a mí me quebraron muchacha, sólo tengo un único sueño: que se sepa, por lo menos en parte, la verdad sobre aquella masacre. Porque Corrientes también tuvo su semana trágica, pero la nuestra fue una semana y media de martirio y heroísmo, arrinconada en el olvido y en la impunidad.
Eso es todo.

RESULTADOS ENCUESTA "LO MEJOR DE 2011"

Como todos los años a inicios de enero publicaremos nuestra lista de libros de lo mejor de 2011. Como en Sol negro hicimos una encuesta que es solo referencial, pero que muchos pidieron que se publiquen los resultados, aquí van:

1) ¿Cuál es el poemario del año?
De un total de 840 votos: con 340 votos Fragmentos de una manzana y otros poemas de Miguel Ángel Zapata.

2) ¿Cuál es la mejor reedición del año (incluidas las antologías)?
De un total de 155 votos: con 54 votos Contranatura de Rodolfo Hinostroza.

3) ¿Cuál es el mejor libro de ensayo/estudio sobre poesía?
De un total de 114 votos: con 62 votos Ceremonia comentada. Textos sobre arte, estética y cultura (1946-2005) de Jorge Eduardo Eielson.

4) ¿Cuál es el mejor primer poemario?
De un total de 185 votos: con 43 votos Yana wayra de Teresa Orbegoso.

5) ¿Cuál es el poemario del año de un poeta extranjero publicado por una editorial peruana?
De un total de 112 votos: con 49 votos Sonetos a Orfeo de Rainer Maria Rilke.

CINCO POEMAS DE EFRAIN MIRANDA