Visita Proyecto Patrimonio

Visita Proyecto Patrimonio
Letras.s5 cambió de dominio

jueves, 29 de agosto de 2013

ANTONIO MACHADO, CESAR VALLEJO Y GERDA TARO

NUEVO LIBRO VIVIR EN EL POEMA HOMENAJE A CARLOS GERMAN BELLI


Vivir en el poema es un volumen de más de 400 páginas en las que se podrá leer: la valoración de la poesía de Belli por autores como Mario Vargas Llosa, José Miguel Oviedo, Ricardo Silva-Santisteban y Julio Ortega, entre otros; artículos testimoniales acerca del legado de Belli, una amplia entrevista con el poeta, un texto inédito suyo en el que resume su trayectoria, una amplia cronología de su vida y una completa bibliografía de su obra. Además, presenta una sección de documentación gráfica.

La obra poética de Carlos Germán Belli (Lima, 1927) abarca más de seis décadas de incesante creación, que ha sido recopilada en el volumen Los versos juntos, 1946-2008 (2008). Ha ganado múltiples premios tanto a nivel nacional como internacional. En el 2011 recibió la Distinción Casa de la Literatura Peruana por los 50 años de su aclamado poemario ¡Oh Hada Cibernética! Ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura. Su último poemario, Los dioses domésticos y otros textos, se publicó en el 2012.

PRESENTACION DEL POEMARIO CONSTRUCCION CIVIL DE WILLY GOMEZ MIGLIARO

miércoles, 21 de agosto de 2013

Poemas de la puertorriqueña Madeline Millán

El hilo

Por dónde
un insecto de extraña figura geometriza su casa
la entrada es la salida
paredes dan al cielo y cuando llueve
diamantes se suspenden bajo el sol desde su techo
en triángulo y ecuaciones ve una noche
esquina de la habitación habita
Su rincón igual sirve de mesa o cama
simple cae la mosca
simple su especie transparente llega
y se pierde
con su miedo
del cordón al ombligo



Observatorio, a unas horas de nacida

has venido con tu mancha en la frente
por unos días mi apellido es todo tuyo
por unas horas dormirás bajo la luz
en la sala de las incubadoras
qué civilizado y cruel es todo esto
no poder rescatarte y devolverte a la noche
no poder regresarte al mar del sueño
tener que despertarte, en medio de tu propia voz
aterrada de ti y de la luz que te ciega
con los puños tensos y apretados hacia adentro
sin devolvernos el golpe, qué culpa tienes
de estar rotulada y encerrada como bicho prehistórico
al otro lado de los cristales con murciélagos
retorcidos y hambrientos, y ahora leche
la forma adulterada de la soledad, acompañada
con los ojos cerrados, sin poder recordar
y apostarle a cuál de siete úteros sangrantes,
cuál tu verdadera madre que te mira
anónima entre todas, buscando tu cabeza


A un Ángel que pasa

 Para MAZ

Oigo al viento
los pájaros
los autos en marcha
sus bocinas a destiempo
no oigo mis pasos
oigo, para colmo, mi propia voz
con pensamientos que no significan nada
para otros y quién sabe si valen para mí
los guardo en un cajón
bajo llave por si un día
un ángel pasa a mi lado…

2

Oigo a Madredeus
oigo tu voz y recuerdo tu risa
no sé si vino primero la mirada
luego esos dos hoyuelos en tus mejillas
que te hacen parecer un niño malo
ese que se ha tatuado todas sus maldades
y no lo sabe como lo sé yo

3

Oigo lo que no hablo a otros
pero creo en el viento que me pasa

4

Oigo su risa nuevamente
aunque no sepa él qué habla
ni  qué cantan los pájaros
los autos en marcha adónde son llevados
las palabras de otros para otros a través de un canal invisible

5

Los sordos dan gracias por el pájaro
y nosotros damos por sentado este canto


6

Me oigo sin saber cómo le explico
el no tener que dar explicaciones
No tengo más qué decir si mis palabras
son usurpadas por el claxon

7

Todo lo que oigo será esa sagrada tierra de Lisboa
a lo largo de su otro mar en San Juan

8

Todo lo que oigo eres tú después del tiempo del tiempo

9

Oigo tu voz que me habla y me pregunta y me pregunta vertiginosamente
Yo también estoy tatuada de historias que olvido
y no hablo del ayer: cada vez recuerdo menos y menos
si fui buena o mala, ni quién fui, y siquiera quién seré si he sido

10

Traduzco este milagro de creer que es bueno vivir
Que vale la pena abrazar a un poeta que es también mi amigo

11

Oigo el viento
Solo el viento


El concubino ¿existe? 

para ella la palabra concubina una llave pero no una casa

para ella un pasado histórico
para ella un hombre mirándola bajo la luz de otra palabra
como un libro viejo, forma de hombre y de mujer multiplicada,
numérica, apostada, perfumada, con un valor de cambio a la espera de él
en una casa habitada por su afortunado lugar en el planeta
el concubino no existe pero sí un concubinario
aquel hombre recibiendo en su casa a todas las de un sueño
para ella un hombre para él las mujeres compitiendo en el verso
por un esquivo corazón de animal solitario
un justificador de amores para no morir de amor
para ella el sueño de no tener el tiempo para no ser amada
para él la puerta abierta ella debe salir por la parte de atrás de su casa
ella se quiere quedar en el preciso momento del adiós
el concubinario si es que existe tanto como esa palabra casi inexistente
abre la puerta nuevamente así una rutina hasta el cansancio
la alcoba se convierte en una mesa en una cama húmeda
mojada  tibia ensangrentada de semen y saliva pero no importa
la puerta nuevamente como las ventanas cerradas para que nadie sepa
para él una llave con casa y la palabra concubino
que no existe


¿Qué sueña?

  A  J. Sabina

Que desnuda a una mujer primero
Para desnudarse después
O que se desnudan los dos lentamente
mirándose uno frente a otro como a un espejo
Que se hacen el amor dos veces tres
Que no anochece ni amanece
Que cantan gallos
Que no salen ni entran a un lugar
para borrarse el yo
que esa fue la única frontera
de velas e inciensos y patitos de hule
Que todo se enciende por abajo
Que por arriba el fuego destruye
y ellos de pie siempre desnudos
como si fueran más poderosos que el fuego
no se queman
Que se besan
Que no hay principio ni fin en sus lenguas
Que entraron al vértigo
Que lloraron de una alegría atroz
tan extraña que volvía a alojarse en la memoria
Con risas
Con deseos renovados
Y el fuego ardía
y el sol salía
la luna con su mar tranquilo y las estrellas
con su polvo cayendo sobre los cuerpos
y no despertaban jamás

Eso sueña un cobarde
solo sueña


Frescos de Lautrec 

Ella fue inocente como la cabeza del Niño-Día de Antonio en la Estación Atocha
Como una multitud de chicas a los 16 llevaba soles y lunas en los ojos

El nuevo mundo ha inventado la palabra puta en muchas lenguas
para emperatrices, meretrices, semíramis, cleopatras y helenas

Pues que a veces lo sean, pasa, pero que no haya otro vocablo
saliendo a defenderlas contra el imperio de putos magistrados
no pasa, ni debería pasar, por el ojo de la aguja de un camello

No hay putta o muchacha del antiguo latín que sea putus
Diosa menor de la agricultura en bacanales de la poda
prostitutas podridas metáfora venérea sí
siempre estará la madre putativa
pensadoras hetairas del colchón
geishas del señor o del bribón
ni puto en catalán ni putta
ah, porca miseria en italiano
para las pobres noches
de mi pobre Caviria

El hecho repetido será aquello de que:
en el amor como en la guerra el género
hace trampas y las palabras también

“Es un putas” no es lo mismo que “Qué puta”

Aquel desalmado oportunista legal, viejo verde, Malatesta
destartalado y podrido a los 60 quiso lavarse las manos
Y salió absuelto por la historia

Puto fue el padre que te germinó

2
Ella fue inocente como la cabeza del Niño-Noche de Antonio en la Estación Atocha
Como una multitud de chicas a los 16 traía anillos de soles y lunas en los dedos

En el pozo o puteal de las verdades de otro, muchacha,
no te dejes imputar
ni que se dispute tu reputación

Y aquel, con cara de yo no fui, que entre estas páginas muera
Mueran los hombres en la enciclopedia portando una pistola

Raquítica, enclítica, de falo envidioso y minúsculo eres,
canta un coro gregoriano de veinte voces que suenan benditas
Pero le re-contra canta con rancheras Paquita la del Barrio

—¡Ramera!—, repitieron los asesinos que perpetuaron el orden
—¡Bruja!—, si te salvas ahogada lo eres y, si no, mala suerte

Igual repiten los jueces, la vieja-nueva inquisición, la academia,
el manicomio, el hospital, la iglesia, pero no mi alcoba y el bar

3
La reputación de las Lesvias hace tiempo se ha restaurado en las pinturas

Aunque mi madre se llama así
santa no ha sido ni lésbica ni conoció a un Catulo
—que  buena falta le hizo—

Ni mujer putida, pútrida o maloliente no fue
Una santa puta ex católica romana, tal vez, amiga de San Puto
Enemiga de Sempronio y Pármeno
Todo haya sido por culpa de un bolero
De un bolero y de un beso
Año de 1960 y tantos

Hablo de mi madre y del nacer

Ella fue inocente como la cabeza del Niño-Día de Antonio en la Estación Atocha
Como una multitud de chicas a los 16 se prendía soles y lunas en el pelo


Formas de citación, Anselm Feuerbach

1
la tierra, en la que fui nacida,
está en la marina orilla adonde el Po desciende
sigue allí pero yo no

la intención fue que una extranjera
se llevara las flores a otro mundo con sones de cueca sola

la tierra en la que fuimos muertos
está en las orillas de una Laguna Azul
cochayuyos, algas enormes, flotan
en una lago sureño prehistórico
la pudrición de flores del mal tan hermosas
como otoños devorábamos al norte

este lugar al que huimos esquiva vicios del espacio exterior
conforma la caída del sol tras la cortina

no respiramos ni movemos el músculo
tirados en el diván de las lecturas seguimos de largo a pesar
de los otros atravesando los túneles a las seis a la salida del trabajo
a la hora del almuerzo parecemos muertos por la espada como una canción de Amanda te recuerdo y nos dan por desaparecidos en nuestra propia casa en las fosas en las catacumbas en los nichos en los páramos en los desiertos en las avenidas en los supermercados en el bar en los callejones en las fronteras en la esquinas donde doblo y no te encuentro en el rincón del cuarto en su esquina más negra sentados en la cama a la vera de la puerta trasera en el canto V estamos como el polvo de una estrella en todos los cuerpos que aman detrás de la cortina

es decir en la soledad del todo donde se lee la noticia del día
como los oráculos del libro de los muertos y al sur más al sur
de tal escritura nacimos y adiestramos el ojo, el oído, los pies para irnos de fiesta en el noveno círculo donde no hay más remedio que buscarte por una eternidad

fue tanta mentira la verdad en esta lengua provenzal y en mi lengua
imperecedera el beso fatuo te busca después de morirnos el calendario arranca la página danza en una llama como un canto fatuo danza que te danza la vida y ya no estamos en los lugares donde no nos vimos nuevamente jamás y no vimos la rosa y la rosa se abre más allá de donde abre el puñal

de roja una gota cae, y luego otra

piercing can dance upon the tongues



Madeline Millán poeta puertorriqueña residente en Nueva York, ha publicado cuatro libros de poesía: Para no morir por segunda vez (Buenos Aires: Senda/Vox, 2002); De toros y estrellas (Puerto Rico: Terranova, 2004); Leche/Milk (Buenos Aires: Godot, edición bilingüe, 2008. Premio Nacional de Poesía, PEN Club de Puerto Rico); 365 esquinas y Día Cero (Puerto Rico: Terranova, 2008 y 2009) son memorias donde combina poesía y narrativa; Contracanto/Del aire a la rosa (2013). Fue editora de una revista de cine latinoamericano, titulada Entreextremos. Algunas de las antologías latinoamericanas donde aparecen sus poemas son: El estruendo de las rosas (Madrid, 2006), La trilogía Poética de la mujeres de Hispanoamérica: pícaras, místicas y rebeldes (México, 2004) y (Per)versiones desde el paraíso: poesía puertorriqueña de entresiglos (Revista de poesía Aullido, Huelva-España, 2005). Se publicó en España Poetas sin tregua, Compilación de poetas puertorriqueñas de la generación del 80 (Ráfagas, España, 2004) y En la Barca Lusitana (Portugal, 2012). Coordina lecturas bilingües de poesía en “Cornelia's Street Café” (Manhattan) ; edita Noches de Cornelia/Nights of Cornelia (Buenos Aires, edición bilingüe, 2008), en la cual traduce a tres de los poetas. Varios de sus cuentos aparecen en antologías Cuando narradoras latinoamericanas narran en Estados Unidos (Buenos Aires, 2009). Madeline Millán es profesora titular en FIT/ State University of New York.

jueves, 15 de agosto de 2013

"Pintar es una cosa muy complicada". Fernando de Szyszlo, por Alba Paloma Carrillo


Fernando de Szyszlo, por Alba Paloma Carrillo

Ha dedicado su vida a hacer lo que lo apasionó desde siempre y hoy, a sus 87 años, lo sigue desarrollando con la misma luz de los primeros días, claro que con mucho más a cuestas que en aquella primera exposición en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, allá en el lejano 1947.

Fernando de Szyszlo puede decir que una vida dedicada a la pintura y la escultura ha recibido reconocimiento, quizás no el suficiente, pero sí uno que permita asegurar que su innegable talento no ha pasado desapercibido.

Condecorado con la Orden del Sol en el grado de Gran Cruz por el Gobierno del Perú en el año 2011 y anteriormente con la Orden de las Artes y Letras en el grado de Caballero por la República Francesa en 1981; y por el gobierno chileno, la condecoración Bernardo O'Higgins en el grado de Gran Oficial en 1987, entre otros; en la actualidad, el pintor peruano no se mantiene ajeno a nada de lo que sucede en el país y en el mundo. Siempre que opina de forma pública acerca de la coyuntura nacional demuestra una mirada conciliadora que denota ese carácter conscientemente abstrayente que nos hace repensar la situación, tal como sucedió en el último proceso electoral de revocatoria acontecido en la capital peruana.

Pero como ser humano fue golpeado directamente. En 1996 perdió a Lorenzo en un accidente aéreo, el hijo que tuvo con la poeta Blanca Varela, con quien estuvo casado muchos años. Después de tan doloroso acontecimiento, no volvió a ser el mismo. Al respecto, dijo alguna vez que “la muerte de un hijo es un escándalo, es contra natura”. Y así fue. Szyszlo se dedicó a su arte y sintió que así pudo menguar el dolor. Su pintura de esos días, no es tan fuerte a los ojos como en el pecho.

La última vez que los limeños pudimos apreciar una retrospectiva de su obra fue en el año 2011, en el Museo de Arte de Lima. Para esa oportunidad habían logrado reunir un gran número de sus pinturas y estuvieron expuestas por aproximadamente tres meses. Los que asistimos a apreciar dicha exposición, considero, no volvimos a ser los mismos.

Hoy, Fernando de Szyszlo responde para LUNES, breve pero preciso, como siempre ha sido.

-¿Con la premisa de que la expresión artística surge mayormente en la tristeza, usted ha pintado en felicidad?

-Ninguna de las dos creo yo, no he tenido en cuenta ninguna de las dos cosas de forma específica, ni la tristeza ni la felicidad. Pintar es una cosa muy complicada mediante la cual uno convierte en colores, en materia palpable, los sentimientos. Ellos pueden ser de alegría, de tristeza, de nostalgia, etcétera. Para mí lo que prima es esa metamorfosis de pasar de una cosa espiritual a una cosa física.

-¿Existe alguna sensación o llamado corporal que le avisa que es hora de pintar?

-Ninguna. Cuando me levanto, todos los días es como un trabajo.

-¿Qué color es el que más identifica su obra?

-Es por épocas creo yo, en general ahora me siento mucho más cercano al color negro y al rojo.

-¿A qué le atribuye la presencia de esos colores?

-Es muy difícil definirlo, es una cosa hasta genética que tiene que ver con mi cultura, con la infancia que viví, con cosas muy abstractas, muy espirituales, que no tienen que ver con el color en sí mismo, sino con sentimientos.

-¿En qué etapa de su vida el amor ha estado más presente en su obra?

-En toda etapa, no hay etapa en mi vida y mi pintura en la que el amor no haya estado presente de una manera u otra.

-¿Cuál cree que debe ser esa habilidad, talento, marca, o ese llamado “algo” que debe tener todo pintor para hacerse un “gran pintor”?

-Qué decirte, desgraciadamente no es muy democrático ni depende de nosotros. La marca es el talento, lo segundo es la fidelidad a ese talento, la entrega a esa vocación lo cual es difícil entender pero así es. Pintar es un ejercicio que, el que lo hace, no está muy seguro que va por buen camino, de que vale algo como artista, es decir, no es como una ciencia de la cual podemos asumir que realizando un proceso arribaremos a un resultado y que éste será palpable. La historia del arte está llena de relatos en los que, para una época específica, hubieron pintores que se supusieron grandes y la historia casi los ha olvidado, y otros que en su época se suponían obscuros y discretos terminaron surgiendo como grandes maestros para el tiempo. Es solo el tiempo, es la historia la lo dice, no hay manera de medirlo.

-¿Cómo artistas latinoamericanos nos diferenciaría la lucha histórica que ha habido por tantos años por nuestra identidad?

-Esa es una cosa que está vinculada directamente con nuestras circunstancias, es sobre lo que Ortega y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias”. Mi esencia personal y mi identidad están vinculadas a ello. Si mi circunstancia es diferente, y eso no solo incluye la geografía, el clima, sino también historia y nuestra herencia cultural, todo aquello modificará la identidad artística de una persona. Si una obra es buena debería de alguna manera mostrar esa circunstancia que atraviesa al artista, esos orígenes. La historia del arte lo puede probar; para nosotros resulta muy fácil identificar a Goya o a Picasso como españoles y a Chardin o Delacroix como franceses.

-¿Qué sucede en el Perú y en Latinoamérica? ¿Por qué cada vez que enfrentamos diferencias políticas aparece este fantasma del racismo?

-Eso es inevitable en países que son nuevos, es decir que tenían su cultura y vino otra cultura y los avasalló. Pensemos que es natural que tome tiempo superar esta situación, para la historia cuatro siglos no es nada. Los griegos de ahora se identifican con Grecia pero ya les queda poco de los griegos de antes, porque se identifican con la mezcla de Grecia, de Turquía, de los árabes, etcétera. Entonces es imposible que en poco tiempo, digo poco tiempo porque para la historia cuatrocientos años es poco,  se supere una situación tan violenta, algo tan fuerte como el choque de la civilización occidental con las civilizaciones precolombinas.

-¿La pintura reflejaría el momento político en que vivimos?

-En la manera como refleja las circunstancias, pero no creo que directamente. Es decir, los marxistas hablaron mucho del Realismo Socialista y esas cosas, pero éstas no produjeron muy buena pintura, produjeron buenas ilustraciones seguramente, pero no buena pintura. Su pintura apoyó a la causa marxista pero eso no tiene nada que ver con hacer buena pintura. Una situación diferente, el Guernica de Picasso es un cuadro en el que la temática es muy importante, el bombardeo de Guernica por los fascistas como tópico es significativo, pero lo que hizo Picasso con ello fue otra cosa, él supo sacar de esa circunstancia o tema toda una obra maestra, eso no es fácil.

-¿El desarrollo de las artes plásticas en el país tiene una buena perspectiva?

-Imagino que sí. Es inevitable que ahora que las cosas van cambiando de a poco, ahora que los pintores pueden vivir de la pintura, la pintura pueda ir desarrollándose, mejorando la producción en el Perú, que en el siglo XIX y al principio del XX era muy pobre.

-¿Entonces mucho tiene que ver la retribución que se recibe a cambio?

-Exacto, hay tantos factores pero ese es uno de ellos.

El crédito de la entrevista le corresponde a

Revista Lunes / La Vaca Mariposa Editora.

 http://www.revistalunes.com/index.php/fernando-de-szyszlo 

Cero, no ser, diría Shakespeare (Dardos para Octavio Armand)

¿Lezama o Guillén? ¿Sarduy o Arenas? ¿República o Revolución? ¿Ventana o Pasillo? El poeta y ensayista Octavio Armand responde a unas buenas disyuntivas.
A Reina María


¿Dionisio o Apolo?
Apolo, siempre y cuando no falte el vino. Contemplación y éxtasis. En las seis caras del dado ruedan en plural y singular las seis personas del verbo. Todas conjugan el azar boca abajo o boca arriba. No puede faltar, en el tú, el yo. Dionisio y Apolo son un diálogo. Como luz y sombra. O allá y aquí.

¿Lezama o Guillén?
En la pregunta anterior la disyuntiva obligaba a optar entre dioses. En esta la disyuntiva es falsa, pues hay un dios a la izquierda y un ministril a la derecha. Me quedo con el dios, por supuesto.
Aquí soy izquierdista, zurdo, siniestro: Lezama.

¿Sancho o Don Quijote?
Apuesto, con Kafka, que Sancho es el autor de El Quijote. Sancho puede soñar con el Quijote pero el Quijote no logra soñar ni despertar con Sancho. La realidad crea ilusiones; las ilusiones crean realidades que algunos llaman locuras. Alonso Quijano, o Quesada, o Quijana, se sueña Quijote pero despierta Quijano, o Quesada, o Quijana. Sancho se sueña otro a través de don Quijote, pero despierta Sancho. Es la noche que sueña al día, para revivirlo algo menos terrestre, menos prensil. Digamos que ensancha a la noche en el día. Que es capaz de soñar despierto y despertar en un sueño.

¿República o Revolución?
El interregno: Cuba en el exilio y el desembarco; Cuba en la manigua: Martí en su Diario de campaña, cargas al machete de Gómez o Moncada, Maceo bajo los mangos de Baraguá; los jóvenes en la clandestinidad, el ataque a Palacio, los rebeldes en la Sierra; el camino hacia el 20 de mayo y el 1 de enero. La lucha contra la tiranía, contra el poder, detenida a tiempo, antes de convertirse en tiranía y poder. Ser ciudadano de esa Cuba que está a punto de ser, que aún no es. La que una y otra vez los nonatos abortamos.

¿Pulpo o Caracol?
El pulpo por los tres corazones; el caracol porque es un solo corazón, duro y enrollado. El pulpo por los tentáculos; el caracol por las espirales. Uno porque se esconde en chorros de tinta; el otro, porque desaparece en el rumor del mar, la oscura y retorcida profundidad del vacío. Uno porque se asusta del tú y el otro porque se cansa del yo. El pulpo porque es blando; el caracol porque endurece hasta a su sombra. El pulpo porque calla y no aprende a hablar; el caracol porque tampoco es un loro: suena para enseñarnos el hechizo de una sílaba. El pulpo porque con él podemos contar hasta ocho; el caracol porque nos arrastra del cero al infinito. Uno porque nos abraza por fuera; el otro porque nos abraza por dentro. El pulpo porque sabe crear un poco de noche; el caracol porque la lleva encerrada en su caja fuerte. El caracol porque sí y el pulpo también. Etc.

¿Severo Sarduy o Reinaldo Arenas?
La SS cubana, capaz del tatuaje y la máscara, del disfraz y el travestismo, pero absolutamente ajena al uniforme. El Cristo en La Habana o en la rue Jacob, sin cruz ni clavos.

¿Cuba o la noche?
"La noche me enamora más que el día pero mi corazón nunca se sacia." La letra del polo margariteño me permite responder por las veinticuatro horas, por la luz y la oscuridad. Como Martí, tengo esas dos patrias: Cuba y la noche. Inseparables, diría, porque Cuba es una isla rodeada de noche por todas partes. He llegado a pensar que en realidad son una sola. Haber vivido en Cuba desde Nueva York, o desde Caracas, o desde Kamchatka, sentir lo cercano en la lejanía, es como adivinar las formas en un sueño. Cuba es una sombra; la iluminamos por un instante con el cocuyo de un recuerdo o la añoranza de un sabor, pero vuelve a sumirse en la vastedad del desamparo, del exilio. Es la tierra de los desterrados. El sueño del espacio propio en un tiempo ajeno o del tiempo propio en el espacio ajeno. Una guerra civil entre historia y geografía. Un paisaje que se reduce a su propio punto de fuga.

¿Patria o muerte?
En los cementerios nadie se plantea esta terrible disyuntiva. Nadie se hace esta pregunta. La patria tantas veces se nos ha convertido en muerte, en cuestión de matar o morir, que quizá nos convenga reclamar nuestro derecho a la vivienda en un campo santo. Exigir una tumba a cambio de himnos y juramentos a la bandera, o dedicarnos de una buena vez al arte funerario. Épica de sepultureros, la nuestra. Nunca dejaremos de matar a nuestros muertos. Por eso nunca los dejamos morir. Quiero una patria del hoy, del presente, del indicativo. Una patria sin tantos vivos en la tarima ni tantos muertos en la ignorancia y la enfermedad, en el exilio o la cárcel.
  
¿Dentro o fuera?
La historia cubana es una cinta de Moebio: se puede estar dentro por fuera y fuera por dentro.

¿Ser o saber?
Elige lo que eres, no lo que sabes. Eres más de lo que sabes. Eres la suma siempre inexacta de lo que sabes y lo que ignoras, de lo que recuerdas y lo que olvidas. La tensión entre esas dos vertientes te permite el asombro. Asombrarse y asombrar, co-nacer al conocer, son encrucijadas, no vías paralelas.

¿Lo bello o lo feo?
En la generalizada fealdad que nos acecha, lo bello es excepción. Una isla a pique en un mar picado. Acaso como castigo por el pecado nada original de nacer para no ser, los dioses van convirtiendo todo en espejo. Los sistemas políticos que nos complacen como un bolero, mintiéndonos más; la calle que desemboca en callejones sin salida, fauces de león y colmillos de caimán; la tercera epístola a los corintios, no de Pablo sino nuestra, letra muerta de un espíritu enterrado; la propaganda y las consignas que son el canto gregoriano de nuestros días, todo parece estar azogado para multiplicarnos en desconcierto y zozobra. Si nadie se ahoga es porque a nadie lo seduce su propia imagen. Pero la solución está en camino. Pronto estrenaremos el narcisismo de la fealdad. Para eso contamos con medios de comunicación, universidades y museos.

¿Tenochtitlan o Atenas?
Como americano siento que son ruinas siamesas. El ADN de nuestra cultura se remonta a ambas, aunque —lamentablemente— vivamos la orfandad de una de ellas. Nuestro diálogo tiene sus raíces en Atenas; nuestro monólogo en Tenochtitlan. La escritura es de aquella orilla; las plumas —águila o quetzal—, de esta. Con Sócrates, la verdad y la belleza razonadas: con Nezahualcóyotl, las corazonadas y las dudas que nos sobrecogen. Sospechar, por ejemplo, que no es verdad que vivimos, y no por ello perder los bríos para lo fiero o lo delicado.

¿Nueva York o Guantánamo?
Nueva York es una gran aldea; Guantánamo, una pequeña megalópolis. En Nueva York conocí los intersticios de la arquitectura monumental, cielos geométricos entre rascacielos también geométricos, mucho mejor que los contabilizados pisos del Empire State o de las Torres Gemelas; las estalagmitas de Guantánamo me dan otro sentido de la verticalidad: la iglesia del Parque Martí es una campanada que cae en el cielo y lo llena de infinitos círculos concéntricos, como una piedrezuela que riza las tranquilas aguas del Guaso; los postes del cableado eléctrico son enormes cruces, en cada uno se crucifica a la noche en una estrella que es un bombillo.
En el recuerdo, todavía, siento que en una orilla del Puente Negro pisaba la vida y en la otra podía dar traspiés en la muerte; que recorrerlo es un desafío mucho mayor que atravesar el Puente de Brooklyn. Había un más acá y un más allá en pocos metros. También, entre los travesaños de madera había travesaños de abismo. Aunque se tratara de un pequeño horizonte improvisado para cruzar el río sin mojarse, sentía —y siento todavía— el vértigo de aquel eje horizontal con más intensidad que la levitación provocada por los intersticios de los rascacielos neoyorquinos.
Mi tarea de exilio consistió en reducir lo enorme y conservar en buena dimensión lo pequeño. Hacer horizontal la tremenda verticalidad de Nueva York y darle aguja de catedral a la horizontalidad guantanamera. Por eso cuando cayeron las Torres Gemelas sentí que un trozo de cielo se desplomaba hacia los lados y se perdía en la vastedad que antes cabía perfectamente, como un paisaje enmarcado, entre las pirámides del siglo XX. En Nueva York subo hacia abajo; en Guantánamo caigo hacia arriba.

¿Voz o escritura?
La escritura es voz visible, legible. Puede haber voz sin escritura, no escritura sin voz. El jeroglífico suena; el grafiti, también. Aun el lenguaje de los sordomudos es voz visible, escritura en señas. Cuando al fin se descifre el disco de Festo, esa piedra hablará, cantará. Las pirámides son una escritura del desierto. En sus pasillos enterrados suena el desierto. Aprende a ser pirámide y cada grano de arena será una sílaba.

¿'Yo' o 'nadie'?
Pregúntaselo a Ulises.

¿Antes o después?
Mientras. Pero solo mientras no mientas.

Ensayo y luciérnaga.
Recuerdo un bombillo más asombroso que el de Edison, aunque de menor voltaje: la botella prendida con electricidad de cocuyo. Una invención taína del guajiro cubano. La botella de cerveza vacía se volvía a llenar de espuma con cocuyos, se la tapaba como a la güira fiestera que en su salón redondo recibía semillas o municiones, y lograbas el milagro: una maraca de luces para amortiguar la noche. El ensayo, para mí, se debe más al vuelo del cocuyo que a la fijeza del bombillo que aspira a ser mediodía, sol a plomo. El vuelo libre, penetrando en la vastedad de la noche; o el vuelo que al buscar la noche tropieza con el vidrio impenetrable. La luz intermitente, zigzagueante, súbita en sus encendidos y apagones, que no pretende destruir a la oscuridad sino enaltecerla, prestándole, aquí abajo, improvisadas constelaciones. Azar humilde de luces verdes que nos permiten cruzar la noche como una calle. Hojas que en vez de caer, flotan su otoño. O lo suben.

¿Seppuku o LSD?
Si quieres ser pulcro, el LSD; no así si quieres sepulcro. El seppuku es oriental y visceral; el LSD, occidental y mental. Con uno te das la espada; con otro, la espalda. Abrir el cuerpo de un tajo, calientes las vísceras y el chorro de sangre, es como la salida del sol; el LSD es un ocaso químico.

¿Ética o estética?
Lo bueno, el bien, suele tener dos raíces: la verdad y la belleza. La vida también. El organismo –biológico o cultural– es diploide. Hasta la fecundación in vitro requiere el par XX y XY. Cuando el juego de cromosomas sufre mutaciones, las consecuencias pueden ser desastrosas. Una aberración estética, como la que caricaturiza al arte conceptual, por ejemplo, puede degenerar en estítica.

¿Darío o Whitman?
"Aquí, junto al mar latino,/ digo la verdad." Son los primeros versos de un poema cuyo título, "Eheu", pertenece a Darío y a Horacio. Una exclamación horaciana de Darío. La fugacidad del tiempo sentida y vuelta a sentir por dos poetas frente a un mismo espacio pero con unos dos mil años de por medio. Darío reivindica su raíz latina. Siente muy viva, en solidez de roca, y en las milenarias tradiciones del aceite y el vino, esa raíz que le permite compartir un título con Horacio; y que le permite además, al exclamar con él sin necesidad de traducir ni el vocablo ni la emoción, unirse al coro de la vasta cultura heredada, celebrada. Aquí siente su antigüedad en la claridad latina, como la siente, aun más antigua, por griega, en "Friso", magnífico altar barroco que levanta para dioses y mitos paganos.
Junto al mar latino dice la verdad. Seguramente la dice también junto al Egeo. ¿Por qué? Tremendos, los primeros versos de "Eheu" entrañan una confesión de doble filo. ¿No nos dice acaso que allá —su aquí del poema— dice la verdad que acá —junto al mar Caribe, digamos—, no puede o no quiere decir? Apoyado en una roca de aquella costa distante y en cuatro letras de una lengua pétrea, fosilizada, Darío dice la verdad. Esa verdad tan suya, tan erizada en su carne viva, es antigua, cosa de ruina y lengua muerta. La puede compartir con los muertos en quienes cree y quienes son capaces de comprenderla. Y de comprenderlo. ¿Qué nos deja a nosotros? ¿Acaso no merecemos la verdad?
Whitman no tiene que callar su verdad; puede decirla en su propia orilla, frente al Puente de Brooklyn o en cualquier calle de Manhattan. Se para firme en el presente, en lo inmediato, y lo abraza en su totalidad, sólido en su crudeza y su belleza, conjugándolo con su yo nada exento de contradicciones. Puede hacerlo porque no está rodeado de mentiras y promesas engañosas. Cree en su país, en su declaración de independencia, su constitución, en la gente que lo rodea. Puede creer en su América, moderna, democrática, pujante, y en sí mismo. Cree en América como Horacio creyó en Roma. Darío no podía. A pesar de su "Oda a Roosevelt", para cuadrarse en nuestra América tenía que apoyarse en Roma, Atenas, Corinto, Troya y el León Español.

¿San Agustín o Rousseau?
Confío más en el "Dios hazme casto, pero todavía no" del africano que en las bambalinas del ginebrino. Firmo contratos con Agustín, no con Jean Jacques.

¿Historia o poesía?
¿La poesía es la historia del tiempo? ¿Del instante en la eternidad? No me hago ilusiones acerca de la historia, ni del tiempo, ni de la poesía. Pero si acaso el tiempo tiene futuro, o tuvo pasado, ese pasado y ese futuro serán descubiertos por la poesía. El descubrimiento no necesariamente se deberá a un poeta o a un poema. Podrá deberse a la poesía de la prosa, de las matemáticas, del azar. Hay poesía en la intuición del futuro y del pasado, del tú que todos somos, hemos sido, seremos.

¿Pasillo o ventana?
La ventana es un pasillo que linda con el infinito, con la noche, con el vacío. Muestra las tentaciones de la vida y la muerte.

¿Son con todo o Son de ausencia?
Ni Son con todo ni Sóngoro cosongo: Son de ausencia.

¿'Tú' o 'yo'?
Tú eres el yo del poema si lo escribes: yo soy el tú del poema si lo leo. O al revés.

¿Martí o Zequeira?
Liturgias de ausencia, lecciones de desaparición: el suicidio de Martí y la locura de Zequeira. El Diario de campaña de Martí es prosa hechizada. Prosa de acuarelista y de taquígrafo, electrocardiograma del paisaje y del propio Martí como epicentro del paisaje estremecido. Es la naturaleza como manigua, como escenario de la épica criolla. El asombro de un cronista del siglo XVI con las urgencias de quien, en el paisaje, como catedral, quiere levantar una república.
Zequeira desaparecía al tocarse. Tocado —en el doble sentido de la palabra— desaparecía. Su invisibilidad siempre ha apartado mis párpados para el paisaje invisible, abriéndolos desde la repetida lejanía del exilio como si la distancia fuera una ventana.
Los versos sencillos de Martí y las décimas de Zequeira son compases muy cubanos. Contradanzas, danzones, sones de la página en blanco criolla. Las retorcidas y disparatadas décimas de Zequeira, olmos que no solo dan peras, sino también manzanas, zaguanes, caimitos, o colmillos de jabalí, me parecen más acordes con el caracol cubano que a mí me ha tocado habitar, armando sus espirales como un rompecabezas de piezas que faltan. Más acordes con mi distorsionada experiencia, y aunque resulte disonante, más sencillas, esas graciosas sonoridades de lo invisible, que los versos sencillos del Apóstol.




Sin patria pero sin amo...
Hace unas cuantas semanas, cuando era joven, le ponía una g a esta frase para sacudirla con brío de punto g. Era un punto g cubanísimo, muy irreverente, por supuesto, pero que en algo compensaba la desazón del destierro. Sin patria pero con esa g de frecuencia polígama intercalada entre la preposición de carencia y el yugo del amo negado, dinamizaba el inaceptable sustantivo y lo ejercía a todo dar como verbo. Cuento de nunca acabar este amo de amar sin amo pero con g. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

¿La ola o la piedra?
Surf en la piedra y tallas en la ola. Lo efímero duradero. El abrazo de la ola y la piedra. La rima del encuentro. La espuma.

¿Espiral o ceniza?
La respuesta: fumar. Hacia arriba, escritura del fuego: espirales de humo; apenas un poco más resistente al viento, hacia abajo, escultura del mismo fuego: ceniza. La ascensión y la caída: adioses. Catedrales de humo y torres de ceniza: espejos. Al aspirar, el vacío es nuestro; al espirar, somos del vacío. Respirar es acostumbrarse al vacío. Cero, no ser, diría Shakespeare.

¿El viento o la piel?
El viento para sentir la piel. La piel para sentir el viento. Piel menos mía.

¿Mármol u olvido?
La escritura es una forma de olvido. El mármol también. Saldamos con mármol la deuda con los padres de la patria para no tener que seguir su ejemplo, para que la vida ciudadana nunca se transforme en el verdadero mármol que merecen. Les cantamos himnos, acuñamos nuestras monedas con sus perfiles, les dedicamos calles, avenidas, plazas, museos, hacemos cualquier cosa para negarlos con una redundancia implacable. Exorcizada la culpa, si acaso se llegara a sentir, queda el pulido del mármol y el brillo de las monedas, no el ejemplo, que por lo visto resulta fastidioso y de escaso provecho. El mármol útil no es una roca metamórfica caliza o dolomítica, sino tejido vivo, funcional, con axones y dendritas.

¿Profeta o protesta?
En ambos términos, como si se tratase de matrioshkas, está el poeta. Por algo será ¿no?

¿Conocer o conacer?
Para el tipo de saber que a mí me interesa, se trata de sinónimos.

¿Mapa o tesoro?
El mapa hasta llegar al tesoro; luego el tesoro, para enterrarlo en el mapa.

¿Tirano Aguirre o Rey de España?
La carta del Tirano Aguirre a Felipe II fue nuestra primera acta de independencia. El caso amerita reflexión. Algo tiene de parábola y mucho de profecía. La independencia, como de forma tan descarnada lo revela la voluntad de Aguirre, fue apenas la sustitución de una tiranía por otra. Lograda a medias la república, muchos han querido ser reyes. Lamentablemente para ellos solo han llegado a tiranos; afortunadamente para nosotros, ninguno ha tenido la talla —escalofriante, soberbia— de Aguirre, el Peregrino.

¿Verdadero o falso?
Los políticos suelen mentir hasta con verdades; a veces los artistas no engañan ni con mentiras.

¿Amo o esclavo?
¿Amo de mi silencio y esclavo de mi palabra, para evadir la respuesta con Séneca? Desvincularse de los supuestos quizá sea una manera de colocarse al margen del poder, o de ejercerlo como sustantivo, no como verbo: soy amo de amar. Conjugar en la escasa libertad que nos queda al amo sin esclavo y al esclavo sin amo. Anularse en ambos, abrazándolos.

http://anonymouse.org/cgi-bin/anon-www.cgi/http://www.diariodecuba.com/cultura/1371847071_3878.html

DIÁLOGOS CONMIGO Y MIS OTROS: NUEVO POEMARIO DE ISAAC GOLDEMBERG



Literal Publishing, de Houston, Texas, en coedición con la editorial de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, acaba de publicar Diálogos conmigo y mis otros, nuevo poemario del novelista y poeta peruano Isaac Goldemberg. Precedidos todos los poemas por uno o mas epígrafes, el primer texto, titulado “Prefacio”, explica la intención del libro: “Estos poemas son el diálogo / que ellos sostienen con los epígrafes / y estos epígrafes son el diálogo / que ellos sostienen con los poemas. / Pero sin saberlo”.


Asimismo, los poemas de este libro, muchos de ellos breves, de corte epigramático, son también el diálogo que el poeta sostiene con otros poetas -de épocas diversas- sobre la creación poética y la poesía misma.      


En palabras del poeta y crítico argentino Luis Benítez, “Diálogos conmigo y mis otros ofrece la particularidad de referirse a los grandes temas universales con un lenguaje fluidísimo y fácilmente reconocible por el sello personal de Goldemberg, donde campean por sus fueros el humor y la ironía más refinada, aunque —cabe destacarlo— estos siempre son empleados por el poeta como los recursos mejores para inducir a la reflexión sobre la condición humana, que es uno de los núcleos de sentido de su obra poética”.

“En estos poemas –continúa Benítez- el lenguaje de Goldemberg se expande desde su interioridad hasta abarcar la situación pasada y presente del ser judío y peruano… Goldemberg es uno de los poetas más originales de nuestro tiempo, dotado de un extraordinario manejo de las palabras, puesto al servicio de un humanismo que resiste toda prueba”.

Por su parte, el poeta chileno Oscar Hahn, Premio Nacional de Literatura, afirma que “en los poemas de Diálogos conmigo y mis otros hay una gran sabiduria de la vida y del rol del ser humano en el planeta, expresados en un lenguaje sobrio y reflexivo”.

En palabras del poeta y crítico peruano Miguel Angel Zapata, en Diálogos conmigo y mis otros Isaac Goldemberg “utiliza la ironía, la parodia y el humor mas refinados, para dialogar consigo mismo y con sus otros (escritores, poetas y pensadores en su mayoría peruanos y judíos) acerca de su ser judío y peruano, así como de la historia de sus dos pueblos”.

        Diálogos conmigo y mis otros puede adquirirse escribiendo a: info@literalmagazine.com

        Isaac Goldemberg nació en Chepén, Perú, en 1945 y reside en Nueva York desde 1964. Actualmente, es Profesor Distinguido de Hostos Community College de The City University of New York, donde dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista internacional de cultura Hostos Review.