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jueves, 23 de febrero de 2017

ALGUNOS POEMAS DE SARITA CALAVERA DE MARIO MORQUENCHO


Sarita calavera


nido de papel periódico rasgado
nido de rata para esta generación de negros geranios
                          en carne viva
crujiendo como el espejismo gemido en el último polvo de una puta
así es la vida
manoseada perilla de radio viejo
¿qué canción ulula por el diurno calambre?
¿qué aliento de aguardiente nubla el orgasmo?

          A veces huelo a fábrica de harina de pescado
así intuyen que estoy vivo tendido en una flor de cemento
como cualquier insecto pordiosero rayo de luz en mis ojos
            ¿buscas un poco de agua
                         o acaso solo mis lágrimas?

subo las escaleras que miden
         el unicornio irremediable del abismo
un hueco inmenso para levantar
         un edificio de desgarramiento
         batería 
         una luquita
para viajar como un héctorLavoe fluyendo en las venas
un héctorLavoe en mi pulso de cocodrilo enmarrocado
           hinchado como un pezón adolescente
             lamiendo mi pecho gato negro de ojos amarillos
abandonado como un condón lleno de semen en el descampado
            en el descampado moño rojo del retrete
                quisiera apagar todos los disparos
apagar el hijo abandonado que abanica y me arrincona
apagar el padre delincuente pastrulo malograo
anda ve a tus hijos sin vergüenza
y enciéndete como la basura hermano
                       hermanito
fui a dar hasta la cárcel por vagar con la camisa abierta
                         en plena pupila del diablo
                   y en las 4 curvas de su cuerno
                     florecen floripondios acariciados
                 por el borracho-colibrí de la mañana
                       parados en el ano del mundo
                     con toda la mierda que pisamos
                          toda la mierda que olemos
                        toda la mierda que tragamos
                               con un solo centavo
      nuestro pan de cada día es un sol que ya no brilla
                           un sol que lustra las calles
                   y ruge por los ramales de la bruma
                                                                      
                              Sarita
            Sarita calavera violada en el umbral de los presidios 
                tengo el vicio de barrer las hojas secas
               a veces siento la sombra feroz del vértigo

                     y el destripamiento del sonido



Certificado policial manchado de café cargado


Yo cometí ese crimen y lo pagué en un penal peruano de provincia
                tuve que regresarme de los andes a la costa
                      por los caminos estrepitosos
                      recogiendo los abismos
             mientras el ómnibus bajaba
             un río negro se perdía entre la bruma
                      entre las montañas yo perdía el aliento
                  pero tenía la libertad de sentir mi culo frío
                                              golpeado
         chuceado por las botas oscuras de los guardias
                       calabozo sobre otro calabozo
                       mis ojos también abren la reja
           para que una lágrima baje como este ómnibus
      mientras observo la fotografía familiar quebradiza
                    como un ave sumisa que tirita 
                    porque han destruido su nido

Yo cometí ese crimen y lo pagué en un penal peruano de provincia
busco trabajo en las fábricas
                      y no lo encuentro
                      no suena el teléfono varón
             por eso salgo a las calles con mi culo
   chuceado por las botas oscuras de los guardias
         salgo a las calles y subo a los micros
con mi certificado policial manchado de café cargado
      con mi cara de barrio marginal
            con pasadizos de smog
                  y largas quintas
               tan largas como el río negro
                   perdido entre la bruma

        un gusano vive mejor oculto en un choclo
                     varón
         mi padre quería un hijo que lo supere
y yo no sé estampar una escalara para la realidad
        mi realidad es 1 m2 enrejado por la soledad
y mi soledad es a veces más grande que la libertad
       mi libertad es cachuelearme tapando
               los huecos de la Av. Gambetta
y hay tantos baches varón tantos baches en la vida
               que nunca se podrán tapiar

Ten cuidado de las ráfagas
                   de las explosiones
                   de los girasoles rojos del infierno
                   jalar ese gatillo y decir:
                  
                    Yo cometí ese crimen
                    yo destruí ese nido
y  lo pagué   años   meses   días   horas
en un penal peruano de provincia
toda mi vida    varón    toda mi vida
                                 la cosa fácil                                        
                                                                      
                                 ¿para qué?




Si bombardearan mi ciudad


Si bombardearan mi ciudad
escribiría un libro entre los escombros y lo llamaría
“El Mundo es una Mierda”
escribiría:
A las 7 am despertaba
y mi mujer tomaba una flor de la maceta
se la colgaba en sus cabellos y mi hijo la abrazaba
como si abrazase al último árbol de la tierra

Si tuviese un AKM a mi costado
titularía el libro
“Tengo un AKM y Voy a Matar a Todo el Mundo”
Escribiría:
Mi hijo aprendió a contar por tantas explosiones
cada una la anotaba en su rincón de pared que le tocaba
IIII IIII IIII II
y cada una eran más que los días
que anotaba también en el mismo pedazo de rincón
IIII IIII
en su bunker aprendió a restar los edificios caídos
restar a los amigos desaparecidos
aprendió a dibujar todas las formas que tiene el humo de mi ciudad
el humo de mi ciudad
es ese poema que nadie puede (o no se atreve) a escribir
el humo de mi ciudad
es ese personaje que cambia de un cigarrillo a otro
y que piensa en la muerte
y que no sabe que es la misma muerte
la que enciende todos sus cigarrillos al día
mi hijo aprendió a dibujar
todas las formas que tiene el humo de mi ciudad
ayer dibujo una ráfaga
tenía la forma de un columpio que llegaba hasta el cielo
y mi hijo preguntaba
papá eso es una nube o es mi escuela en llamas

“El mundo es una mierda”
Y mi esposa se desploma como un edificio moderno
con cientos de oficinistas esperando el fin de la rutina
mi esposa se desploma
y cada una de las flores del macetero
colgadas en sus cabellos negros y ondulados caen
caen como mi hermano o como mi padre
caen como mi madre o como mi hijo
caen como la gente cae de algún piso de
todas las torres incendiadas del mundo.

“Tengo un AKM y voy a matar a todo el mundo”
porque todo el mundo es un aplastamiento de cráneo
todo el mundo es un crujir de cuerpo
calcinándose en medio de la plaza
colgadas reses despellejadas en los postes de lo que fue la avenida
es lo que a coloreado mi hijo que ahora duerme en la arena
y está muy cansado de pintar todas las reses a diario
está muy cansado de recorrer la playa
                                 de hacer túneles en la arena
y de preguntar por el cadáver picoteado por una pandilla de albatros
una pandilla de albatros que todos los niños del mundo dibujan
cuando suelen conocer el mar. 

“El mundo es una mierda”
Cae una torre de naipes en la mesa de los dioses
eso sueño cada vez que dan la cifra de muertos en mi país
la cifra de muertes en mi país es enorme
cada muerte es cada bala que rebota y rebota en el suelo
y mi esposa pregunta
si lo que llora como un bebé en el primer piso
es un arcoíris.

“Tengo un AKM y voy a matar a todo el mundo”
la inmolación de un arcoíris es una niña con los rizos empolvados
sus ojos son sombras de hombres huyendo del fuego
una niña con los rizos empolvados que te ríe en medio de la guerra
es un libro de fe que abre el viento ante tus ojos

Tienes un libro de fe a la mano
un libro de fe brillando en la mesa de noche
un libro de fe creciendo como una maraña de maracuyá

tienes un libro de fe en pdf que te alumbra los ojos
un libro de fe que estalla en mil colibríes sobre tu pecho agitado

viste mi sangre y mis extremidades caer
como los parpados de un búho
como las semillas de un viejo agricultor

sabes que un libro de fe tiene miles de años
miles de huesos rotos
miles de ciudades destruidas y reconstruidas
sabes si alguien ha creado una canción sobre aquello
que los niños no dejan de cantar

mi padre me habló del libro de fe
mi padre llegaba todas las tardes bordeando las 6
después de recorrer los pozos de petróleo de la zona
mi padre llegaba y recorría la casa con ese olor a petróleo
impregnado hasta en los ojos
mi padre se sentaba a leer el libro de fe cerca de la ventana del patio
y yo tenía que quitarle las botas pesadas con las suelas repletas de borra
mi padre me obsequio un día para mi cumpleaños su libro de fe
y fue el mejor regalo que haya tenido

desde ese día hay un poema que explota
en miles de millones de partículas que se esparcen por el polvo
el polvo que se levanta
por el fino sonido de las balas al rozar las piedras

los sueños que se arrastran desangrados
son las ciudades que explotan a diario
y que a diario tienen un arcoíris
que llora en los escombros
con un libro de fe en la mano

un libro de fe en tus manos
es un reactor nuclear oculto en el pecho
de todas las reses despellejadas que coloreas
como 2 adolescentes enamorados colorean
sus dorsos desnudos
en un mismo
papel           




HUAYNO Z

Zaida es un rayo de sol filtrándose en el otoño
Zaida me sirve una jarra de maracuyá de lunes a viernes
Y me pregunta joven qué se va a servir
Yo miro sus ojos claros y observo
el movimiento apacible de las retamas
que frotan mi ventana
De entrada hay menestrón
Ceviche
Papa a la huancaína
Y observo sus labios fijamente
Zaida me cuenta que vive en San Juan de Lurigancho
Es madre soltera y tiene una hija de 8 años
Que también tiene los ojos claros
Como la Pacucha como la Pacucha
Me dice

Zaida es un rayo de sol adentrándose en este invierno
Y me sirve una jarra de té o anís
O de hierbas de los dioses de las montañas
Que entibian mi corazón
Zaida sonríe siempre
Un sábado fuimos a una pollada profondo enfermedad en Comas
Me encantó verla zapatear un huayno
Su familia viene de Apurímac
Emigraron a la capital por SL

Zaida me sirve el almuerzo de lunes a viernes
En un restaurante entre Aviación y Canadá San Borja Lima
Es un restaurante que tiene un toldo amarillo
Y me dice amiguito amiguito nunca me saques la vuelta

Zaida es la primavera de un girasol brillando en la maceta
Un girasol que está cerca a la ventana de la habitación de donde escribo
Tecleo y tecleo y tecleo
Soy un gavilán andino
Soy un gavilán andino
Soy un gavilán andino

Zaida
 Me gusta mucho tocar tus manos
Es como acariciar en el aire
la música de una mandolina
que llora sobre una piedra

Zaida discúlpame por no ir a todas las citas
Por no estar el día en que tu ex esposo te golpeó
Y te golpeó hasta enviarte al hospital desfigurada
Como una de esas piedras ahogadas por siglos en la laguna
Discúlpame por ser un patán un maricón y un mentiroso

En aquella pradera escucho un huayno y lloró
sí lloró como un gavilán andino en la cueva de un zorro

Zaida es un glaciar derritiéndose dentro de mí en pleno verano
Zaida ya no me sirve una jarra de maracuyá de lunes a viernes
Zaida ya no me dice joven qué se va a servir
Zaida ya no sonríe
Zaida ya no sonríe
sólo llora truenos y relámpagos
sobre la laguna Pacucha


Zaida
es la herida de garras de Cóndor
sobre el lomo de un toro 


Mario Morquencho (1982) Nació en los Órganos, Piura. Ha publicado los libros Ciudadelirio (SOL NEGRO, 2010) y Un Mar Alcoholizado en 2013. Estos poemas forman parte del próximo libro de Mario que todos esperamos se publiqué pronto.

miércoles, 22 de febrero de 2017

CINCO POEMAS DE FRANCISCO BENDEZÚ

Chifa de la Calle Capón en Lima 1957. Paco Bendezú, Carlos Eduardo Zavaleta, Julio Ramón Ribeyro, Paco Carrillo y amigos (Fuente: https://cangrejonegro.wordpress.com/): .



MELANCOLÍA
A María Isabella Flórez

Los días pasan
como tranvías.
El amor muere.
Melancolía.

Sal, cabelleras.
sangre que mana
de mis heridas:
sangre perdida…

Las tardes rielan
en mi memoria
tal amarillas
fotografías.

¡Noches de palmas
y colgaduras!
¡Ay!, con las nubes
se va mi vida…

Los días pasan
como tranvías.
El amor muere.
Melancolía.

Penitenciaria de Lima, 1953.



ELEGÍA

                        ...des guirlandes de fenetre a fenetre;
                                                                           RIMBAUD

                               Una guirnalda de melancolía.
                                                             GARCÍA LORCA

Decidme, su mirada de corza, su ingente cabellera de bronce, sus labios oscuros como el vino, sus manos que hilaban la seda amarilla de las tardes: ¿qué se hicieron? ¿Dónde los rocíos, la trompeta gualda (¡hacia el oriente!) de la maga, los visillos que el tiempo puso de oro? ¿Dónde las amapolas, las lunas, las muchachas que enriquecían por diciembre la espesura? Oh dríade casi fotografía, oh ídolo mío: ¿qué atezado semidiós entreteje rosas encarnadas en tu pelo? A la sombra de las palmeras, antaño, corriste —pálida— detrás de un aro... ¡Y quizá, quizá tu espectro tienda, en medio de las luces de Bengala y el tañido de la cítara, guirnaldas de melancolía de ventana a ventana!



MÁSCARAS

¿Qué baila detrás de nuestras frentes?

¿Quién vela al otro lado? ¿Qué nos espera?
Nadie. Nada

Solamente una luz fuliginosa.
O nuestros brazos como remos de inmóviles mareas.

Ni punto ni círculo ni línea
ni la barca del tiempo.

(Yo no sé si la voz no es más que un sueño
Ni si el amor es un casto paroxismo de amapolas.)

Yo sé que las estatuas sorben llanto en la arboleda.
Yo sé que el otoño acumula silencio en las botellas.
Yo sé que en la estación los guardagujas duermen.

Solamente un solsticio de sordas mariposas,
o inútiles carruajes con teas de tinieblas,
o esqueletos de gallos
cantando eternamente por albas que no rayan.

Mujeres sin sombra, apariciones,
espejos insondables con lentos naufragios a distancia,
y fuegos fatuos, y en las landas
el tierno gemido de las mandrágoras recién arrancadas,
y el siempre y el jamás ardiendo juntos.

Ni torres ni molinos
ni el tórax misterioso de las tardes.

¿Para qué las cabelleras desplegadas
como estelas sobre el mundo?

¿Para qué los púlpitos, las bazas,
los óvulos, los cascos, los marbetes?
(¿Y las águilas inmunes de alta mar?
¿Y los granos - óleo y luz – de los sarcófagos?)

¿Para que los mástiles, los cables,
las epístolas, las gafas, las briznas de los nidos,
el agua magnetizada, los muñones,
las escuadras de cuencas vacías, los gramiles,
las sinuosas membranas briscadas de los armarios,
las filacterias , la sal, los meteoros?

¿Es caso, inútil la esperanza?

¡Embestid contra las rodillas doradas de la muerte!
¡Combatidla cuerpo a cuerpo!
¡Ella corta con su espada el alambre que nos ata al fuego puro!

¡Nuestra insomne navaja de alaridos
contra su hilo indestructible de silencio!



MUCHACHAS DE ROMA

                                                               A Giuseppe Ungaretti

Muchachas intensas como vitrinas.
Precarias como lápidas de nieve.
Muchachas como los árboles inmobles del otoño.
Pálidas como espigas. Delgadas como llaves.

Muchachas exangües con cerezas silvestres en la nuca agujereada,
y sombra en los hombros de esmeril, y cepilladuras azules en el pubis.
Muchachas fósiles con espaldas de aire denso o laminado
y sedantes falanges enjoyadas de liquen y sal gema.

Muchachas fértiles
fabricadas de arena bruja y niebla y lacre derretido.

Muchachas delicuescentes como los oblongos escaparates de la Via Due Macelli, encuadrados por guirnaldas de nostálgico flúor a las siete de la tarde, cuando el crepúsculo trasfunde sangre de mar en los áticos, y por las azoteas, como briznas de gasa pulverizada, silentes bayaderas platican por señas, y lentamente ascienden, fascinadas por el imán vertiginoso de la monotonía, hacia los tiránicos moldes desolados (galaxias, constelaciones) cuyo auxilio impetrarán los yacentes fundibularios de Ostia y los amantes del Trastevere, la Via flaminia, Piazza Spagna, la Via Appia, Ponte Milvio, Tivoli divino y el luminiscente Gianicolo de mi juventud varada.

Muchachas sonámbulas como vitrinas.
Muchachas comedoras del loto del silencio.
Muchachas desnudas como ventanas.
Muchachas lancinantes como lámparas de desahuciados.
Sus cabelleras: garras de hilo;
sus corazones: palmeras;
sus piernas: pérfidas cucharas;
sus pies: nidos de sortijas licuadas por la luna.
Muchachas solitarias como vitrinas en medio del páramo o las landas.

Muchachas lívidas con plumas de alciones en las sienes.
Muchachas con el busto descubierto bañado en plombagina.
Y alondras de oro mudas tras los barrotes ígneos de las costillas.

Muchachas impacientes como relojes fluviales.
Muchachas trémulas como los vagones traslúcidos del viento.
El silencio os impregna de luz las cabelleras
espesas como el vino de Frascati, largas como el Tíber.

Muchachas ignotas como vitrinas.
¡Inminentes como la aurora!



TWILIGHT

                                                A Mercedes

Yo soy el granizo
que entra aullando
por tu pecho desquiciado.
Soy tu boca.

Yo atesoré a ras del sueño,
debajo de las horas,
el latido de tus pasos por el polvo de Santiago,
y tu densa fragancia de magnolia,
y tu lenta cabellera
con perfil de éxtasis o algas,
y el ardor fulmíneo de tus ojos, que de noche,
como naves sobre el mar,
la bruma iluminaban.

Como guijarros de playa,
o nostálgicos boletos entre cintas y violetas olvidados,
enterré en mi corazón la línea de tu frente,
la piedra gastada de tus codos, tus sílabas nocturnas,
el fulgor de tus uñas, tus sonrisas,
la loca luz de tus sienes.
¿No sientes trasminar mi dolor a través de tu cuchara?
Mi memoria quedó tal vez en ti
como las ediciones vespertinas
en las bancas de los parques desahuciadas.

Tu sombra es mi tintero.
Juventud.
¡Juventud mía!
¿Qué tumbos socavaron
la torre más alta de mi vida?

¡No habrá nunca
hilo más puro
                        que tu larga mirada
desde lo alto de las escaleras,
ni lampo de cometa comparable
a la curva nevada de tus dientes!
Cantaba la mañana
en las pálidas cortinas y la hierba.
El tiempo cintilaba en tus vidrieras
como sólo una vez el tiempo parpadea.
Ya no estás entre las flores. Ni volverás
jamás a estarlo. ¿Qué tu amor sino labios
que escrituras en el viento fueron?

¡Yo quiero que me digan
si el amor, como los pájaros,
se va a morir al cielo!

Me acuerdo de una noche de trenzas y peldaños,
y óxido, y collares,
me acuerdo, como ayer, de lo futuro.

¡Quiero acuñar, como el otoño,
medallas en las calles,
o beberme llorando tu ausencia en los teléfonos,
o correr, correr a ciegas por
los tejados de todas las ciudades
hasta perderme para siempre o encontrarte!
¡Otra vuelta estar contigo!
¡Oh día de verano
extraviado en alta mar
como una mariposa!
Contra el flujo incoercible de los años
los días, uno a uno,
absurdamente buscan tu lámpara en las sombras,
no la penumbra, no el espejo de la muerte,
sino el cristal de la esperanza:
tu ventana que sólo está en la Tierra.

¡Aspersiones de ceniza para tu boca cerrada!
Otra vez tengo veinte años, y sonámbulo, y en llanto
a la puerta de tu casa estoy llamando,
al pie de tu reja, como antaño,
bajo la lluvia sin telón ni máscaras ni agua.
¡Oh zumbantes calendarios
que en vano el cierzo,
como a encinas,
deshojara!

¡No me digas que te quise! Te quiero.
Te debía este lamento, y aunque un grito
mi sangre apenas sea,
también te lo debía: un solo interminable
de un corazón en las tinieblas.



Francisco Bendezú (Lima, 1928-2004). Libros: Arte menor (Lima: La Rama Florida/Escuela Nacional de Bellas Artes, 1960); Los años (1946-1960) (Lima:  La Rama Florida ; Tall. Gráf. de la Tip. Santa Rosa, 1961); Cantos (Lima: La Rama Florida / Labor, 1971); El piano del deseo (Jazz & Poesía) (Lima: Socialismo y participación N° 21, 1983).


Lea una crónica sobre Francisco Bendezú por Eloy Jáuregui