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lunes, 6 de febrero de 2017

7 POEMAS DE DEMETRIO QUIROZ-MALCA


¡OH CISNES DEL ENSUEÑO CORONADOS!

XXIV

¡Oh cisnes del ensueño coronados,
Oh mármoles de gélidas corolas,
Esponjas que han nacido por tornasolas

¡Oh lábaros ceñidos a los dados
Que ruedan silenciosos, oh amapolas
Dormidas entre helechos, canas solas
En brindis por los mares alabados.

¡Oh viento, suspendidas dalias, pinos
Del vuelo y de la arena en el espejo
De fronda y barquichuelo, dulces  trinos!

Y ¡Oh! Nota en tu perfil por faro viejo:
A todos este canto en los espinos
Bañado con mi sangre de azulejo.



NAVEGO, LOCO, EN SANGRE QUE HE VERTIDO

XXVIII

Navego, loco, en sangre que he vertido
por los vitrales de inviernos monjiles,
Robando la calma de albos pensiles
Con mares y alientos de dios caído.

Blasfemo del canto rojo y dormido,
Del agua que corre por sus perfiles,
Del viejo que apaga  y prende candiles
Tatuando mi frente en vil alarido.

Navego y blasfemo y prendo la rosa
Que me ha adormecido en su sal maldita
Y ha edificado en espina mi fosa.

Empero me vierto en luz que palpita
Con ansia de verme sol, mariposa
Augusta y dormir en voz infinita.



EL CIGARRILLO


En los últimos instantes de hastío o de especiales emociones, un cigarrillo, pacífico y resignado en su fugacidad, ilumina, en el humo de su vuelo, el misterioso follaje del ser. Y es que conoce el torturado mundo de ideas por ser pálpito y beso del hombre, recogimiento y confidencia, consuelo, a última instancia, en su mudez.

Muchas veces me pregunto si el cigarrillo muere en los labios sedientos del hombre o si éste, muriendo, eleva a la eternidad, en sucesivas bocanadas, lo que tiene de símil con aquél: la congoja de ser sólo un momento, un saludo que se pierde.

Hoy, por ejemplo, nos encontramos confundidos: él, sincero en su entrega. Yo, asiéndolo, holgándome en su aroma, deseando poseerlo en su agonía. Francamente un hálito extraño de hermandad nos envuelve. Y está claro: a él he ofrecido mi confianza. Sabe, y por eso se ríe mientras se consume, que entre los dos existe un contrato, un haz de inquietudes, de sueños, de esperas. Está seguro que ya no podré olvidarlo, que siempre vivirá en mi avidez, en mi hombría: negro y blanco, castidad y sombra; alegre por saberse amado, por conocerse bello. Luego nuestra ligazón es más profunda en tanto nos comprendemos, en tanto nos necesitamos mutuamente y mutuamente nos queremos. Un cigarrillo comparte los amores de uno, sin rebeldía, solazándose por nuestro entusiasmo o sufriendo por nuestras tribulaciones.

En cuanto a mí, hoy que anhelo la gloria, un cigarrillo me ofrece su decoro y lo juzgo, entonces, más mío. Luego somos dos los que soñamos. Sin embargo pienso que de él no quede para el momento absoluto sino el recuerdo, ya que en cenizas habrá convertido su afán. Pero como estará en mi cuarto su antigua y familiar compañía, exclamaré gozoso: “¡Es el amor!”. Tal vez él, desde el infinito, conteste: “El amor que se acerca en la escarcha, con las gotas azules de una mañana. El amor que anidará en el trigo, brillará en banderas, cantará en planetas”. Seguramente que yo, al escucharlo, alabaré su excelencia y me alegraré francamente.



VENTANA AL CIELO

Ahora que vivo
conmigo en el campo,
me es fácil contemplar
las estrellas
y beber
de sus altas fuentes
finísimos hilos de luz.
Ahora que vivo
mi infancia
despierta en el hijo,
en la flor.


PAISAJE

Esta mañana
perseguí a una mariposa,
anhelaba sus vivos colores
en mi pecho,
en mi sueño su vuelo puro.
Huyó hacia el sol,
rama de luz
esquiva.

Esta mañana en tierra
lloró
mi corazón.



PEQUEÑOS SERES

Las hormigas conocen
del Tiempo,
alegres desmadejan el Calendario,
sus sueños.
Toda palabra.
Las hormigas,
las hormigas que llevan el Mundo
a sus espaldas,
como los hombres.
Las hormigas,
los hombres.



                                             *

  La tarde se desgaja en el mar
y nos mira como a un pez varado.
Y hay razón: el sol naufraga en las pestañas
de la noche,
incendiando los sentidos.
        
         ¡Oh!, y porque más allá de la noche
está el olvido,
y porque aquí nomás corre el agua,
Ángel mío,
y porque aquí nomás corre el agua
rauda,
lasciva,
enredadera
el hombre,
acosado de labios que le gritan
o lo escupen
se aferra
erizo,
alga
y otra vez temor a lo insondable
de su lágrima
(cristalina verdad que lo contiene al borde
de sí mismo,
en abisal reclamo que germinó
desde el primer latido).

        Y la tarde, todas las tardes, en función
de gala,
histrión perfecto, deambula decorando
jazmines
para el alborozo del viento;
arrancando de la fuente el halo invisible
del minuto,
que en espirales asciende al infinito,
desorbitado,
tropezando y cayendo máscara
y pie descalzo,
velamen indeciso;
matando y salvando la muerte
en cadalsos,
en ecos derramados en las piedras
y en el beso que otorga
la carne,
Ángel mío.
 
     Y es el hombre no es el que suplica,
tampoco el que proclama la verdad;
es la vieja huella que cae inexorable
de padres a hijos
de torres a bohíos
de semillas a frutos
rojos;
azules,
gualdas….
y qué sé yo semáforo que norma el pensamiento
y las múltiples catarsis
del deseo.
 
      Es la huella humana
que mora en el lodo y el rosal
del orbe.



Demetrio Quiroz-Malca (Cajamarca, 1924-Lima, 1992). Escribe en su autobiografía: «Nací en San Miguel de Pallaques (Cajamarca) en 1924, ciudad querida que abandoné, nostálgico pero esperanzado, luego de cursar los estudios primarios imprescindibles para afrontar con humildad y decoro la vida. Mi propósito era descubrir nuevos horizontes y forjar mi destino. Y fue Lima el punto de partida de este mi afán. Y si de esa ya lejana fecha, a la actual (1990), no vencí como plenamente lo anhelé, tampoco creo que perdí; pues, para mi orgullo y felicidad, devine en poeta y profesor, en profesor y poeta, esencialmente». Recibió algunos reconocimientos importantes como el primer Premio de Poesía en el Concurso promovido por la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos (1946) y el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano (1955). «En resumidas cuentas, como poeta, he hurgado en la realidad y el sueño, en lo misterioso y fascinante, específicamente en el hombre y en el mundo». Doctor en Literatura, ejerció la docencia en diferentes ciudades como Cutervo, Lima, Canas y Canchis, y se desempeñó como catedrático en la Universidad Enrique Guzmán y Valle. Fue pareja de Gloria Clausen, madre de Rodolfo Hinostroza, con quien organizaba todos los miércoles tertulias literarias en Lince a fines de los 50.


Libros: Mármoles y vuelos (Lima: Compañía de Impresiones y Publicidad, 1947); Hacia la ternura (Lima: Emp. Edit. Ra­mac, Serie: La palabra sencilla, 1957); Ventana al cielo  (Buenos Aires: Ediciones La Palabra Sencilla, 1958); Poemas del ángel (Lima: Talls. Graf. La Confianza, 1962); Judas (Lima: Ediciones La Palabra Sencilla, 1965); Parábolas (Chosica: Ediciones Universidad Nacional de Educación, Serie La Flor de la Cantuta, 1969); Oh, ternura (Chosica: Ediciones Universidad Nacional de Educación. Programa Académico de Administración Educacional, Serie La Flor de la Cantuta, 1971); Del mundo en que vivimos (Lima: Concytec, 1990); Una voz en el camino. Poesía reunida (Lima: Arteidea, 2015).

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