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domingo, 22 de enero de 2012

LOS MEJORES LIBROS PERUANOS DEL 2011 POR JULIO ORTEGA

FERNANDO AMPUERO: EL PERUANO IMPERFECTO

Vargas Llosa forjó la versión del fracaso existencial del peruano refutado por su medio. Ribeyro, la del peruano melancólico, desmentido no entre sino por la realidad y el deseo. Bryce, la del peruano exagerado, capaz de rehacer su mundo gracias a la elocuencia. FA (1949) propone en El peruano imperfecto (Lima, Seix-Barral) la tesis de que ningún peruano es imposible: cada uno se descubre en el espejo como otro. Esa intensa representación convierte a la vida limeña en una comedia trágica: la comedia del sujeto como el mejor actor de sí mismo. Ortega y Gasset dijo que argentino es aquel que se mira dos veces en el espejo. Peruano sería aquel que se mira mirado. Y se ha dedicado a sí mismo con éxito. La tragedia es ética: el triunfo mundano conlleva el precio de la integridad. Esta novela, con una sonrisa, convierte al lector en peruano: le asigna la culpa ajena, gozosamente compartida.


CARLOS YUSHIMITO: LECCIONES PARA UN NIÑO QUE LLEGA TARDE

CY (1977) cuenta sin énfasis y con gusto historias de agudo sentido de lo excepcional, que acontece dentro de la trama permeable de lo cotidiano; como si entre uno y otro sus pequeños héroes estuvieran a punto de una proeza que los defina. De su libro de cuentos anterior, Las islas (2006), que transcurren en Brasil, país que el autor no ha visitado pero imagina, se incluyen en este tomo (Barcelona, Duomo) seis historias de espléndida factura, donde el desplazamiento del lugar libera a la referencialidad, mientras que la otra lengua le permite la licencia de lo verosímil. Porque lo notable de estos cuentos es que lo excepcional (los niños monstruos, los vendedores antiheroicos) discurren como la verdadera cotidianidad, mientras lo demás pertenece al lenguaje de la fábula o a los sueños. La lección de intimidad que da Chejov y la tolerancia en lo raro que explora Kafka, sólo tienen al lenguaje para afincar, levemente, en estas historias de asombro y certidumbre.

CECILIA PODESTA: DE CABEZA SOBRE EL PASTO AMARILLO

CP (1981) es poeta iconoclasta, dramaturga de ironías felices, editora y gestora cultural, como plena ciudadana de la rica cultura urbana que reiventa la Lima de estos años de prosperidad, corrupción y obsesión culinaria; pero es además, como para anudar las redes, narradora de voz propia, cuya sátira de aliento y desenfado traducen estos relatos (Lima, Punto de Ideas) de una épica urbana, en torno a personajes post-apocalípticos y sub-integrados. La deliberada truculencia de las historias le da la vuelta al género de lo monstruoso y la mecánica de la violencia, para mostrar sin sentimentalismo, la moneda nacional del desvalor, muy bien repartida entre las clases, los géneros y los lenguajes, para perturbación mutua. Con talento y coraje bien probados, CP es capaz de jugar con los protocolos para hacernos reconocer nuestra resignación ante lo que pasa por lo real. Pocas veces, como ésta, el lector es despertado por el valor de una poesía del escándalo.

KATYA ADAUI SICHERI: ALGO SE NOS HA ESCAPADO

El notable primer libro de cuentos de KAS (1977), Un accidente llamado familia (2007) definió su lenguaje como la materia afectiva de las relaciones humanas: una lámina verbal transparente pero, siempre, las palabras de otro discurso, no dicho. Es un lenguaje sintomático que dice más de lo que enuncia para decir menos de lo que cuenta. Cada relato, por eso, podría ser una novela: asume la historia familiar, la educación de la narradora, la impronta de los lazos sobre la zozobra latente. Por eso, el cuento es la historia de una elisión, la radiografía revelada en la vulnerabilidad del cuerpo emotivo. El mismo control del lenguaje es parte de la historia. La hija, en uno de los cuentos, le pide a la madre que no exagere, que sea más prudente, pero la madre es la que provee el relato; mientras que el padre sólo está “completo” cuando muere, que es su forma de decir la verdad. Estos cuentos rescriben el lenguaje familiar para darle a cada quien su verdadero nombre. El titulo del primer libro es el de un cuento en el segundo: de la foto familiar nos queda el revelado, esa sombra fugitiva.

ROGER SANTIVÁÑEZ: ROBERTS POOL CREPÚSCULOS

RS (1956) es uno de los más interesantes poetas peruanos, cuya evolución conoce ahora una madurez rara, hecha de destreza formal y audacia expresiva, como si el joven rebelde y bohemio de la juventud hubiese encontrado en los clásicos de la tradición barroca la discordia feliz de la hipérbole, esa sintaxis aglutinante capaz de hacer del poema otro icono de abundancia. Primero descubrió RS, quizá bajo la lección barroquizante de Carlos Germán Belli, la sorprendente conjunción del adjetivo áureo y el término tecnológico. Pero en esta nueva colección de experimentalismo en el archivo barroco (Lima, Hipocampo Editores), se trata de la música de Garcilaso de la Vega. El paisaje, claro, es otro: “Un ansia enferma mi corazón esmalta/Como a los arrozales el surtidor alcanza/ O la neblina ciega el amanecer en Lima.” ¡Sólo a un poeta peruano se le hubiera ocurrido la audacia de ofrecerle a Lima una anti-alba!

OSCAR COLCHADO: HOMBRES DE MAR

OC (1947) construye en esta novela (Lima, Alfaguara) una metáfora de la modernidad peruana contrariada que caracteriza al modo de producción dominante, el de extracción y exportación. En este caso se trata de la harina de pescado, que hizo del Perú su primer productor mundial. Pero esta vez la exportación incluye otra materia prima: la droga. A partir de la representación verosímil, que el lector puede tomar como una crónica dialogada, el autor descubre la intimidad de la violencia que convierte a los héroes de la modernización en sus primeras víctimas. El relato de la vida del pueblo convertido en “boom town,” primero, y en ciudad residual después, se levanta con su humanidad descarnada en las voces en diálogo de esta épica de pobres, que es una elegía de desconsuelos pero también una celebración de la palabra viva. Entre la destrucción ecológica, la matanza de la guerra sucia, y el tránsito de la droga, recomienzan las voces de la migración, ese nuevo mapa peruano. Esta novela late también con furia amorosa.

VICTORIA GUERRERO: BERLIN

VG (1971) ha heredado, quizá reluctantemente, una tradición poética que, a pesar de todas las teorías en contra, sigue asumiendo la voz de la mujer, ese lugar único del discurso literario peruano, cuya escenificación tuvo en Blanca Varela su momento de drama mayor. La notable diferencia de registro en este libro (Lima, Intermezzo Tropical) tiene que ver con la expansión narrativa y elegíaca de esa voz, que sale de sus coordenadas locales para hacer figura con otras voces y espacios de registro que son las plazas, hospitales, centros comerciales, aeropuertos, de la biografía errante de una mirada que refracta lo vivido en las palabras como un acto de rendición que es de rebeldía. Rinde, así, cuentas (“Fuimos rebeldes en un mundo sembrado de muertos”) y responde no por la ausencia sino por el retorno (“a la pregunta escalofriante y poco bienhechora de ¿Por qué regresaste al Perú?”). La pareja disuelta, la poesía irresuelta, el país irresoluble carecen de discurso, pero tienen en el poema el mapa verbal de su “Su propia combustión y catarsis.” Una peruana al pie del orbe.

Fuente: El Boomeran(g)

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