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jueves, 10 de enero de 2008

MANCHAS SOLARES, de Diego Lazarte: Una cartografía celeste por Augusto Escribens

Manchas Solares de Diego Lazarte toma como uno de sus referentes a las láminas del test de Rorscharch, que es un instrumento que utilizan los psicólogos clínicos para hacer diagnósticos de los sujetos a los que los aplican.

Pero ¿qué es un diagnóstico?. Un diagnóstico es una manera de ubicar gentes en las categorías de los rótulos psicopatológicos. Es un recurso para conjurar la incertidumbre sobre cómo es alguien, cómo se supone que se comportará, cuánta perturbación experimentará y cuánta introducirá en la vida de los que lo circundan, sean ellos sus seres queridos o sus terapeutas.

Pero, a diferencia de otras alternativas, el Test de Rorschach se caracteriza por explorar el lado oculto de la mente, aquello que quedó tras la represión, el universo hundido tras los cataclismos personales. Es un instrumento que, más que buscar certidumbres, se aproxima a palpar los contornos de la incertidumbre, se aventura a perseguir al fantasma.

El Rorschach, entonces, encierra una paradoja, una contradicción irreductible. Es una manera de ubicar a las personas basada en asumir la desubicación de todas las ubicaciones.

En ese sentido es, entre los instrumentos estandarizados de diagnóstico, el que más se parece a la sesión psicoanalítica, con sus diferentes vértices de indeterminación: el aportado por la regla básica formulada por Freud, que invita al paciente a decir todo lo que se le venga a la mente, apartándose de la estructuración lógica del discurso habitual, el introducido por el origen de la interpretación que hace el psicoanalista que, aunque se crea a sí mismo llevado por la coherencia y la racionalidad de su teoría, se sabe también invocado por la confluencia de los fantasmas del paciente y los suyos propios, y el introducido por el destino de ese saber -construido en la sesión- luego que ella termina. Porque aún aquellos psicoanalistas que pudieran creerse sujetos de su saber y, por ende, reclamaran paternidad sobre sus interpretaciones, tendrán que aceptar que el destino último de ellas responde a su alojamiento en el alma del paciente.

Es seguro que por ello he sido convocado, en mi doble condición de psicoanalista y poeta, para hablar de la palabra poética, teniendo como telón de fondo el encuentro de analista y analizado en la sesión psicoanalítica. Pero debo prevenirlos de que no hay oficio, terreno o etéreo, que asegure saber dónde está uno parado. Ni siquiera el de cartógrafo. Como nos lo revela, desde un principio, Diego Lazarte.

El primer poema, Radioemisiones, se nos ofrece como arte poética del libro, como clave y hoja de ruta, como rumbo que nos llevará a la comprensión y el hallazgo.

Derrotero derrotado de antemano, debo decir, porque nada garantiza una lectura privilegiada de este texto, ni tampoco el que en su referente estelar podamos hacer las mediciones necesarias para predecir las próximas turbulencias ni los eclipses ni las invasiones meteóricas. Puedo dar fe de ello porque he leído y releído el libro varias veces. Porque algunas de sus imágenes se me han aparecido de improviso en medio del tráfico urbano o de la más privada circunstancia, siempre como revelación de la rotunda derrota de la lectura anterior, o del universo que esa lectura había constituído.

Pero, como decíamos, la derrota del cartógrafo está incorporada desde el inicio en el Ars Cartográfica de Lazarte, cuando dice:

Hago esta cartografía
Por encargo de estrellas lejanas y poderosas
[nada guardo a favor ni contra ellas]
Simplemente me susurran sus deseos luminosos.

Es como si el autor se encontrara con la limitación del que se pretende sujeto de su propia escritura, y reconociera el carácter ajeno de aquello que ha salido a buscar, lo más ajeno de sí mismo cuyo centro está hundido en su propio interior, a años luz de lo que puede mirar, palpar, imaginar y construir en la superficie de su experiencia.

Porque en realidad Diego nos está dando una definición de la cartografía poética: el arte de dibujar mapas imposibles. Tan poética y tan imposible como la poesía misma.

Pero, entonces, es necesario que nos preguntemos por el lugar de las láminas de Rorscharch en la lectura de este poemario. Se ofrecen como parte de la sintaxis del libro, por lo tanto, no pueden ser omitidas. ¿Nos está invitando Diego a leer sus poemas confrontándolos con los lineamientos habituales de lectura de las láminas? ¿Espera que escrutemos su mundo interno, sus pasiones, su psicopatología, a la par que su palabra poética? ¿Espera que lo diagnostiquemos, que lo remitamos a algún centro de reparación de poetas averiados por el polvo estelar? ¿Es Diego Lazarte un peligroso enfermo que deberá ser llevado, en camisa de fuerza, para que no perturbe la tranquilidad pública?

Seguramente esa es una alternativa entre las múltiples lecturas que el texto permite. También puede ser un señuelo y una manera de perderse en las rutas habituales de los navegantes incautos. Porque sin duda su Lámina II nos habla del conflicto interno y los impulsos, como su Lámina IV hace referencia al padre edípico y a la ley, pero son esos distractores que nos podrían llevar a lecturas simplistas y lineales.

Probablemente las láminas del Rorschach sirvieron inicialmente al autor como estímulo para la imaginación, a la vez que como metáfora de lo intentado en esa instancia del ejercicio poético: mirar dentro suyo más allá de su intención de mostrar.

En otro nivel, la sucesión de las láminas –de la uno a la diez- se ofrecía como un principio ordenador del poemario, ajeno, también, a la voluntad del creador(1).

Pero creo, más bien, que conviene mirarlas como espejos adicionales enfrentados que, independientemente de la voluntad del autor agregan a la complejidad del caleidoscopio que está construyendo, donde cada bifurcación del sentido de una palabra se potencia por su reflejo en el espejo de la figura de la lámina del Rorscharch. Es una forma de agregar a la multiplicidad de la palabra poética, un giro adicional a su reverberación.

No importa, entonces, que la lámina I Rostro de Lechuza para Lazarte tenga que ver con la “…presentación y adecuación a situaciones nuevas”, o con “el enfrentamiento del yo bajo la mirada del otro” o con la “fantasía de enfermedad”. Veamos: Dice en Lámina I

Existirá este acantilado
Donde poso tristemente mis ojos
Como dos aves de patas fuertes.

Existirá o ¿existirá?. Se trata de una afirmación o de una interrogación. Quizá de ambas. Si es afirmación, además, está escrita en la clave de la orden, de esas órdenes en que se expresa el encargo de las estrellas lejanas y poderosas de que hablaba en su primer poema.

Exista previamente o sea inventado por el poeta, por obra propia o por orden directa, con lo que se encontrará en este acantilado será con sus dos ojos tristes posados como aves de patas fuertes.

Más adelante dice:

Verás a esa mujer danzar suavemente en el fondo
Flujo y reflujo de mareas,
Danzará para ella misma.
Creerás en sus señales sutiles
En sus manos
En las brisas atrayentes

Cree en ella
Abrázala
Como a una superstición.

En otra geografía, con otra cartografía, y quizá enunciando las premisas sobre las cuales Diego escribe este poema, Paco Bendezú dijo, hablando del oficio de poeta:

La tristeza te espera
al pie del puente
como una enamorada

En Lámina II, reconocemos la sucesión de miradas al yo del poeta que, más allá de la radiografía que le da nombre, terminan conformando una suerte de tomografía axial de los sucesivos cortes que son posibles, a lo largo del tiempo, del espacio, del ánimo o, privilegiadamente en este caso, de la confusión.

Si sigues esta radiografía
Confundirás fácilmente
a dos payasos que miden sus fuerzas
a dos monos colgándose con sus colas
de mis alegres pulmones

Habrá entre ellos, siempre, un espacio para el mar
Una bahía oculta donde nada una manta luminosa
Que a veces se confunde con mi corazón

Confundirás mi corazón con un avión
A veces con un caracol….

Más que el conflicto interno y los impulsos a los que se refiere la respectiva lámina del Roschach, encuentro especialmente interesante cómo la confusión está signada de una manera diferente a la habitual, como un espacio de exploración de lo posible, como un recurso más que abre paso a la multiplicidad.

Esa multiplicidad perseguida, que también recurre a las oposiciones de sentido, se manifiesta de manera recurrente en este texto:

Será esta una espada clavada en medio del sueño
O un faro que nos deslumbra con su oscuridad.


Donde siente mi corazón
La sombra de un denso y metálico mar
Deslumbrado por la oscuridad
De un faro en medio de la noche
(Lámina VI, El Faro)


Podemos concluir, entonces, de la lectura de estos poemas, que Diego Lazarte, efectivamente, es un enfermo. Un enfermo de mal pronóstico. Un enfermo que está enfermo de poesía.
---

(1) Como ya vimos antes, la pretensión de voluntad del poeta puede ser una ilusión.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por favor que no se difundan las láminas del test de Rorschach, es de suma importancia su confidencialidad, sobretodo para los que trabajamos en el campo de la psicología.
Gracias!!!!

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