jueves, 1 de febrero de 2018

GALERÍA DEL SUEÑO: CINCO POEMAS, por Aleqs Garrigóz



LAS COSAS QUE AMO DE TI

Quisiera enumerarte, indolente belleza,
las cosas que al mirarte me obligan a arrancarme los cabellos,
entregado a un numen lumínico.

Cuando te abres paso impaciente entre multitudes,
es la sustancia de tu aura tan plena
que los recién nacidos mueren
debido a tan inusual radiación.

Tus ojos son dos insensibles diamantes negros
cuya única mirada vuelve niño al bravo
y al débil obliga a suicidarse.

Es tu olor amigo del éter divino,
anticipándose como paraíso prometido;
y su influjo es tal que la estepa erosionada
se renueva en vastos rosales
y límpidas charcas que presumen al lirio.

Pero es, a mi insignificante parecer,
tu altivez absoluta y dominante
lo más devastadoramente hermoso de ti

pues ya volvió esclava a la honrosa casta de guerreros
y el sacerdote te hizo al fin entrega
del alto santuario de las deidades antiguas.
  


 DIÁLOGO

Creo en ti. Creo en tu mano firme y segura, que me lleva con paso medido.
Creo en el paraguas que se abre como una flor protectora
y en tu sombrero ostentando su breve centelleo de elegancia.
Creo, también, en el encaje que me envuelve dócil a tus desgarros,
en nuestro vino y en tu copa donde me vierto y expando.
Creo en los paseos bajo el sol que muere al compás del reloj
y en la tarde que llueve en saetas inclinadas.
Creo en el instante en que los hombres huyen de la calle
a refugiarse en las paradas del tranvía, que es obra del Diablo,
y en el periódico que usan como techo a sus peinados.

Creo en eso yo también. Y en ti.
Y en nosotros.
 




NOTAS PARA UN POEMA QUE NUNCA TERMINARÉ

Tu cercanía es un barco
repleto de mercancías de contrabando y armas de fuego
en un puerto libre de infecciones venéreas.
Tu majestad es la de un portal recamado de arabescos
en cuyo umbral descansara un niño muerto.

Quiero mirar los días arder desde tu casa, refugiado,
y ver cómo a otros hacen daño,
saetas siempre dispuestas a regresar
a quien creyó haberlas disparado lejos.
Y, por las noches, encender juntos las lámparas y el vino,
atentos a la música de lechuzas y cigarras,
estrellas terrestres de los patios.

Hace mucha hambre afuera del hostal donde encuentro,
daño el agua que no bebo de tu boca.

No me dejes nunca volver a escribir
si no memorizo cada vello en tus piernas;
ni caer en la tentación
de huir para conocer el privilegio de entrañarte.

Tengo mucho miedo de morir afuera de tus brazos.

  

LSD

Sobre un mar estático me deslizo ingrávido
flotando sobre luminosos corceles de canto
y frente a mí las nubes ríen
y se contraen y explotan en mil pedazos de sonido.
Es el momento de lo bello,
cuando los sentimientos sublimes se vierten entre sí
y todas las líneas se confunden en espirales infinitas.
Y sobre este mar
los colores rebeldes de un caleidoscopio
trazos líquidos de magia
se agrupan en cúmulos de gozo por aquí y por allá.
Y todas las formas de medición son inútiles.

Melodías sin freno
como cadencias íntimas.

Aromas gratos
como inciensos propios.

II

En un éxtasis de gracia
me elevo al centro de las dimensiones
y soy yo quien da nombre a lo sensible.
Y es mi eje sustento de lo eterno.

III

Pero en algún lado hay penumbra
y las criaturas en las aguas y en la tierra que se mueven sin fin
también compiten y se devoran.
Oh y es tan concebir la pierna rota de una criatura joven.

Los circos de horror vienen y se imponen de lejanos dominios
con sus recias criaturas desbordadas:
las que se arrastran
y las que torturan.
Y la hierba nunca resiste la embestida de los fuertes.
Y todas las cosas nombradas antes
son vulnerables y temerosas.

La luz y el movimiento conciben el amor.
El estancamiento engendra la peste.

IV
El momento romántico
no es el rasguño del albor a través de la vestidura cruel de la sombra
ni la oscuridad dominando antiguos y débiles fuegos:
es la entrega de los polos del universo dual en un abrazo.

Sí, las formas se diluyen.

Pero la memoria persiste.
  


PERFECCIÓN DEL HUEVO

En el concilio de sus muros
se guarda como un cálido secreto
el misterio de la vida, antes de ser sangre,
mucho antes de ser carne.
Está protegido por membranas viscosas 
y una corteza impenetrable para agua y aire destructivos:
es El Huevo, donde se origina y perfecciona el ser
antes de venir a arrastrarse, parir y asesinar
a la naturaleza circundante.

Está supuesto por las leyes naturales,
para romperse y entregarlo al mundo,
unidad del cosmos viviente
que respira, crece, se reproduce y abandona al morir
el cuerpo de tres líneas rígidas que constituyó
la fuente del mínimo calor de su breve existencia,
el laberinto de sus duelos absurdos,
la piedra inscrita de sus fracasos,
la mina de sus sueños, el templo de su fe.

El huevo atesora en su ojo y en su plasma
el sigilo hermético de la creación,
de la vida multiplicándose billones de veces,
del aliento que anima inertes cadenas moleculares
y las dota de recuerdos, angustia,
necesidades bestiales e impulsos dañinos.
En su interior se condensa el código sobre el cual
el universo es, palpita, se ensancha o constriñe,
gira o se detiene, se ilumina o se hunde en tiniebla.

Añoramos todos,
en lo más recóndito de nuestra memoria,
esa cápsula que envolvió nuestro embrión
en una cripta de seguridad,
la marea contenida que nos abrigó y dio de beber
alargando sus manos sin forma ni color,
de proteínas, medicamentos y elixires
en exacta proporción.
Lo añora el hombre que apartó,
midió y pesó los huevos conocidos
pues procede de uno, como el planeta donde habita
de una mole ovalada que giraba.

Nada sobra y nada falta en el huevo.
Su estructura es severa donde debe,
y también lo es blanda, suave y tierna.
Gloria de la arquitectura natural,
es inquebrantable por la mano prensil
en sus polos que concentran energía protectora.

Cáscara diseñada por un dios obstinado y solo,
por un ingeniero astral cuyos planos deseara el hombre
para, si le es posible, mejorarlos.
Almendra de la sabiduría, recinto de magia
a donde baja el bullicioso éter de las visiones.

Si llega a romperse
con la criatura de su interior malograda aún,

para mantener el equilibrio de un orden mayor
cada exquisita y fina hebra que la fuerza tejedora celeste unió
regresaría a su regazo, sin culpa,
vergüenza ni dolor.

Huevo = perfección.



Aleqs Garrigóz (Puerto Vallarta, México; 1986) escribe poesía desde los 15 años. Publicó su primer libro de poesía en 2003: Abyección. Posteriormente aparecieron La promesa de un poeta (2005; Premio Adalberto Navarro Sánchez), Páginas que caen (2008, 2013; Premio Municipal de Literatura de Guanajuato) y La risa de los imbéciles (2013, Ganadora del I Concurso Internacional de Poesía de Emergente Nauyaca) y El niño que vendió su alma al Diablo (2016). También han sido premiadas sus obras Galería del sueño (Premio Espiral de Poesía  2011, de la UG), En la luz constante del deseo (Premio Espiral de Poesía 2012, de la UG), Despiértame en otro mundo (Mención Honorífica en el I Concurso de Cuento y Poesía de la Universidad Marista de Querétaro, 2013),  Penetrado por el amor (Mención Honorífica en el V concurso editorial “El mundo lleva alas”, 2012), Resplandor del oro amanerado (Tercer premio en el VI Concurso Nacional de Poesía María Luisa Moreno, 2014),  Ha publicado poemas en medios impresos y electrónicos de México, España, Colombia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Honduras, Perú, Nicaragua, Chile y Suecia. Poemas suyos han sido traducidos a cinco idiomas. 

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