lunes, 19 de febrero de 2018

Tres poemas de J. Estiven Medina Ortiz



Gigante árbol que se mece



Tengo miedo porque escribo en vez de salir a la calle y hacer de mi tiempo algo más valiente,

Algo más corporal.

No lo digo a menudo, pero estoy solo.

Que no lo haya dicho a menudo no significa que no  lo haya estado.

Igual no importa porque he aprendido a controlarme,

Y si olvido hacerlo es porque olvido antes otras cosas.

Cuando estaba drogado, recordé haber escrito un pequeño libro con textos bastante honestos

Una cosa que hice y subí a internet en pdf.

Una cosa que tenía como personajes invitados a moe szyslak y homero  simpson.

Nadie lo leyó, supongo,  y en realidad tampoco importaba

Sólo hacía eso para dejar rastro en la red de que,

Al igual que un montón de gente,

Yo también estaba aburrido.

Bueno,

Estaba drogado  y recordar aquél libro en ese momento

Me avergonzó tanto que pensé en suicidarme.

La vergüenza empezó por el título

Ya que parecía una invitación alucinada y nerviosa a asistir a esos momentos en que uno piensa cosas interminablemente

Sólo porque no puede realizarlas.

Pensaba en el libro y quería suicidarme,

Sabía que no lo iba a hacer, porque era consciente de que la probabilidad   de tener malos viajes

se había elevado considerablemente

En aquél periodo en

que era un experimentador inseguro y tímido

con las drogas.

Y las ideas suicidas eran parte de eso.



Pienso que escribir así está mal porque no me esfuerzo en usar una técnica mejor y sostener estas palabras con recursos literarios más sofisticados

Pero es que tampoco puedo pensar tanto.

El lenguaje es genial

Pero las condiciones emocionales que incomodan son como un lenguaje marciano que nadie quiere enseñarnos y vamos aprendiendo por nuestra cuenta,

Torpemente

No tendría que escribir esto si en verdad no quisiera hacer algo más valiente con mi vida y las ganas no me dieran más que para teclear algo.

Ya no voy a usar palabras denigrantes con mi alma

Pero tampoco voy a salir a hacer algo estúpido y valiente al mismo tiempo.

La escritura va corrigiendo mi comportamiento y me pone en cuarentena de las situaciones que ponen en riesgo mi vida.

Pero ahora no me gusta

Porque quisiera hacer algo que no sea escribir y que sea dejar esta habitación.

Los audífonos siempre son útiles para realzar la individualidad y hacer de las necesidades personales las más importantes del mundo

En ese momento,

Es una ola que levanta el cuerpo y lo conduce hacia el lugar calmado.

Mis audífonos se han perdido en una borrachera y desde entonces no he salido de casa y he presentido cosas

Me he puesto más paranoico y sólo quiero escribir porque no puedo hacer algo más porque además no tengo dinero

Porque no tengo alguna técnica sofisticada que me aproxime a lo que deseo realmente como ser humano.

Sé cómo puede pasar pero no me explico por qué no sucede.

Voy recordando cómo es sentirse incómodo con uno mismo a medida que veo que las cosas no resultan como debería si consideramos que soy una persona lo suficientemente normal como para merecer que le sucedan cosas geniales y le devuelvan las ganas de vivir.

Ahora uso unos audífonos gigantes que se han comido a mis orejas

Y subo todo el volumen para que la música sea casi real en mi cabeza

Me estoy vengando de mí mismo porque las cosas no me están saliendo bien

Y pienso que mejor me inclino ante una leve esquizofrenia pop generada por la música y pongo mis huesos a bailar una canción que suene sólo en mi cabeza.

Soy un escenario vacío

(Cada vez que suelto una frase nihilista me siento defraudado de mi talento y un poco valioso porque aún puedo hacerlo, pese a todo)

A donde acuden algunos músicos de alguna banda que me gusta remotamente

Lanzan su repertorio de canciones con un aire desganado pero no dejándolo evidenciar demasiado en sus voces

Mis ojos usan camisetas con el logotipo de la banda y miran fijamente el movimiento de labios y los dedos en las guitarras

Es toda la historia que me puedo ofrecer

Y es tortuoso en cierto sentido jocoso

Tal vez mi creatividad nunca me abandone porque precisamente mi creatividad es la sombra de quienes me han abandonado.

Siento que puse “el canal en donde toca ser honesto” en la tv de mi cerebro y la estoy viendo desde una proximidad peligrosa

Pegando los ojos a la pantalla

Como pequeñas lenguas que quieren lamer algo que

En público

Es vergonzoso.

Quiero explicar este estado explicando qué pensé al escuchar a un amigo que había empezado a tenerle pánico a estar solo

A estar y a sentirse

Solo.

Pensé que estaba bien

Que estar y sentirse solo y desesperar por ello era como un desafío que sacudía el polvo a los días

Si estás solo y te jodes poco a poco

Es momento de hacer algo,

De acudir a esa parte de ti que es capaz de hacer cosas que tu otra parte lamenta no poder hacer

Es una condición natural, le digo

Al final todos estamos solo, le digo

Y reímos cada uno con afectaciones diferentes.



Comprendo mejor a la gente solitaria cuando está conmigo y

Cuando están lejos los pierdo en mí

Se congregan en mí.

No sé si esto pueda producir dolor,

Pero mi otra parte que podría solucionar las cosas le ha dicho a mi parte que no puede hacer nada que no se puede hacer nada

La resignación es un estado del que uno no puede lamentarse del todo

La resignación es la hermana cuerda de la esperanza y quiero vestirme de la hermana cuerda

Es decir

Ser ella.

Mi cuerpo encerrando mi mente grafica perfectamente mi orgullo y mi negativa a nombrarte

Nombrarte en cualquier lugar no cambiará nada,

El universo es un perro que persigue su cola

El peor universo es la sociedad

Digo, la ciudad y sus costumbres.

La banda que toca en el escenario que soy es este poema interpretando una de sus canciones de mediano éxito y que está a punto de terminar luego de una parte instrumental que se ha extendido exageradamente hasta inducir a un trance bastante infantil entre los miembros.

Al parecer

Están acostumbrados a distenderse mientras puedan,

A hacer de cualquiera de sus canciones un ejemplo de cómo se hacen las cosas cuando éstas producen placer:

Prolongar

Distender

Cruzar la línea.

Estoy aprendiendo y mis huesos bailan

Mi cabeza se inclina en un movimiento de incredulidad

Aún no creo que las cosas estén saliendo así porque yo las esté destinando a ese resultado

Aún no creo

 Y supongo que es parte de ésta paranoia intentar renunciar a las cosas e intentar tranquilizarme escribiendo.

Escribir es tan terapéutico como dormir y tan dañino como despertar.

Mis ojos encamisados y contornándose  celebran algo que yo me niego a celebrar

Algo de mí es un monstruo que no sabe ser malvado y que se avergüenza de su poca capacidad de asumir las cosas con serenidad

Algo de mí escucha a ese otro algo de mí que es más importante en los casos en donde la ansiedad empieza a gobernar tiránicamente mis pensamientos.

Y lo que escucha son como noticias repetidas

Noticias como que tú no eres un cementerio en donde la hierba crece creyendo ser tu espíritu,

Como que por qué mejor no imaginas la ciudad vencida por el mismo aburrimiento que me obliga a tentar sospechas infundadas,

Como que por qué mejor dejas al más sabio de los fenómenos de universo actuar:

Al tiempo

Que al fin y al cabo ni me pertenece ni me importa.

Pero yo me obstino en que ningún poema mío termine sin algún final brillante pero

Mi poema es un rescatista sin escaleras y yo soy un gato trepado al árbol más alto que es la situación en la que me encuentro.

Tú vendrías a ser la semilla del árbol.

                                                                         (2017)





IDENTIKIT


Nada es tan divertido como la nada descendiendo como una nube sobre la palma de mi lengua

Ostentando el brillo de las posibilidades.

Mi entusiasmo es el mismo baile

Con los zapatos distintos.

El movimiento desde la incomodidad y la imprecisión de verse limitado

Por las exigencias adaptativas:

No ser más que el último eco de la protesta.

Recibir lo que das

Es la última medida de la resignación.

Mi juventud es la eternidad rendida ante un dios que huye de sí mismo.

Todos mis dedos cuentan la misma historia mientras traman el próximo suicidio tenue

Mi espalda responde a todas las preguntas que mi boca plantea.

Mi cerebro es un cuchillo que canta.

Soy yo y la nada merodeando

Pero es divertida hasta que yo lo decida

O la soporte.

Todos los niños reúnen el futuro entre sus manos y no hablan porque hacerlo implica conflicto y se quedan como flores de piedra viendo cómo el nuevo lenguaje se hace sólo de aire.

Un 18 % de mi alma cae sobre un 45 % de mi cuerpo cansado

Trabajar no es un pretexto para

Sentir orgullo, es una metáfora insatisfactoria.

Hablar con las paredes sobre las contingencias que ofrece la soledad como letrero luminoso en la puerta de un teatro exuberante no es más que un discurso inverosímil de la razón deshaciéndose.

Detestar lo peor de mí no me hace mejor persona,

Hablar de mí en tercera persona no me exalta desde el anonimato

No me define como quiero descansar

Me esconde en la misma piel del mundo

Que transita un universo sórdido y extrañamente calmado

El día de hoy

En donde mi frente es cortada por una planta ancestral que devoro.

Mi falta de fe es un médico durmiendo en el pasillo de un hospital a las 3 y 56 de la mañana en que naces y eres un cúmulo de comportamientos futuros que rozará sensualmente los límites de la locura que oigo

Alucinado y sometido

Mi cuerpo restregado en este largo hospicio que cae ante tus pies para honrar tu

Nimia existencia haciéndose

Presente

En esta noche

En donde el único sentido que le puedo dar

A mi vida

Está signado por un par de pulmones conversando entre sí

Mientras

El mundo es el trayecto de tus pies hacia un olvido ruidoso.






Vello facial



Mi cara es un bebé con poco pelo

Un durazno lanzado hacia la parte trasera de un automóvil corriendo a 160 kph.

Mi cara se golpea a sí misma.

Hay veces en que quiero decir más de lo que digo realmente dentro de mí.

Hay veces en que mi cara poco peluda me parece lo suficientemente peluda como para hacer estallar al mundo.

Me pregunto en algunas ocasiones si mi cara es lo que realmente hace que tenga problemas con la vida, que si mi cara es  la causa de que haya dejado de escribir o empezado a escribir mal o arruinado mis relaciones personales.

Mi cara se extiende por todo mi cuerpo y lo cubre como una piel imperceptible a los ojos de los demás.

Mi cara es un revoltijo repleto de pelos que devora mis huesos de metal y mi cerebro visiblemente hinchado como un globo.

Aire, aire. Aire.

Mi cara es una isla en donde me doy unas vacaciones para pensar mejor qué quiero hacer con mi vida y termino pensando en chicas en bikini.

Mi cara habla de mí la mayor parte de las veces y aún no sé si sentirme avergonzado o hacer como si nada pasara y controlar el ritmo cardíaco en mi corazón, que no se asemeja a nada hermoso ni a nada horrible.

Es una hoja en blanco, una tajada de un pastel que llevó casi toda su existencia flotando en el espacio.

Hay poco pelo en mi cara y ese es el principio de una serie de asuntos que tienen que ver inevitablemente conmigo intentando responder preguntas que no tiene caso ser respondidas.

Una relación de pertenencia que se sostiene en la costumbre de identificar todos los errores como procesos de aprendizaje que van reajustando mis piezas sólo para comprobar que los pelos de mi cara pueden seguir siendo contados fácilmente hasta acabarse.

 El rostro de poco pelo no tiene miedo de…

La ansiedad es divertida cuando ya nada llega a ser divertido

El rostro de poco pelo no es en ningún caso una oportunidad de exploración literaria,

Es una cara que es un puño haciendo pedazos un espejo en el baño de un colegio excesivamente ruidoso y demente.

Un rostro que aprecio como si fuera un hijo indeseado que ha aprendido a portarse bien ocupando su tiempo en organizar su tiempo para no desperdiciar más su valioso tiempo.

Una cara que significa que alguien ha comprendido que la enfermedad mental es una cara que copia a la original, que la sociedad es una gran cara informe, un monstruo que opina que la autoestima es una lata de sopa vencida.

Que nada termina sino con un inexplicable gesto congelado entre los labios/cara/ojos/ y supuesta profundidad de los ojos.

La honestidad es sólo un pretexto para arruinar la diversión.




J. Estiven Medina Ortiz (Apurímac, 1995). Publicó "Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el sol". Lo demás está desperdigado en internet.

2 comentarios:

eduardo embry dijo...

Por fin, después de varias semanas de búsqua halla en la web un sitio y un poeta realmente que su nombre se ecribe con mayúsculas, ESTIVEN MEDINA, quien presenta aquí tres poemas de buena marca. Una poesía que se equilibra la épica y la lírica, conversacional - que en los sesenta en Espana, se la habría ubicao entre los poetas de "la experiencia", como así lo fue en el Perú la poesía de Cisneros. Un abrazo, poeta, felicitaciones, gracias por compartir.

eduardo embry dijo...

por favor corregir mi entrada, algunas letras no se marcaron.

Por fin, después de varias semanas de búsqueda, ahora hallo en la web un buen sitio y a un poeta realmente de excelencias cuyo nombre quisiera escribirlo con mayúsculas, ESTIVEN MEDINA, quien presenta aquí tres poemas de buena marca. Una poesía que se equilibra entre la épica y la lírica, conversacional en que el poeta no canta, simplemente habla con sus interlocutores- una poesía que en los sesenta en Espana, la crítica de entonces la habría ubicado entre los poetas de "la experiencia", como así lo fue también en el Perú la poesía de Anronio Cisneros. Un abrazo, poeta, felicitaciones, gracias por compartir.