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viernes, 7 de marzo de 2008

Las Orquídeas de José Morales Saravia y una fuerza para decir no existo así… por Salomón Valderrama

Repara:
ermas de melodia e conceito,
elas se refugiaram na noite, as palavras.
Ainda úmidas e impregnadas de sono,
rolam num río difícil e se transformam em desprezo. (1)
Carlos Drummond de Andrade


La más grande dinámica de la pintura radica en llegar y quedarse en cambio para la poesía en perderse por todos los tiempos. Si uno acepta que la pintura es un arte superior al de la poesía como lo revela Leonardo da Vinci (1452-1519) por trabajar su estética imitando a la naturaleza con los signos de ella misma y no así la poesía que hace la suya con el lenguaje humano habría que aceptar también que en tal cacería la pintura se nos muestra como evidencia y no como posibilidad. La imagen pictórica se nos muestra como una cosa hecha desde el riesgo de su imitación perenne, estática, silenciosa y posible por su ya efectiva corporalidad. En cambio la poesía y la literatura hecha desde su transmutación inefable, cinética, bulliciosa e imposible por su improbable corporalidad. Lo que digo es que mientras la pintura nos ata ya a un mundo reconocible, la poesía nos da la vista para hacer el nuestro.

Esto se recata de una manera que ennoblece el asombro y el descubrimiento en la serie de 10 poemas que conforman Orquídeas de José Morales Saravia (Lima, 1954). Cada poema va desde la helada sabida hasta la muerte por un frío supremo hasta la plenitud y brillantez de la flor de estación. Las posibilidades se abren grandemente y así la flor sobrenatural, porque la reconstruye el hombre, se hace irreconocible para cada aquel que se deposita sinceramente en esta poesía. Cada flor es una potencialidad nueva y la orquídea original del poeta se ha vuelto una total fantasía.

La riqueza de la pintura radica en su diversidad. Cada pintura y el menor cambio que se pueda dar en ella representan su encuentro. Es por eso que algunos surrealistas fueron incluso más drásticos que Velázquez en el detalle y el realismo que promovían sus obras. Hablando de lo real de lo que se ve en la pintura y no de la realidad que al final es la mayor fantasía que promueven nuestros aconteceres y sentidos. En la poesía esto no existe ya que desde el principio la realidad ha dejado de ser por convertirse en un signo que la pierde, la recupera y la transforma todo de manera antropomorfa; no con la forma humana sino con la forma en que él, el poeta, podría ver las cosas: las flores asociadas a vívidos elementos que portan soledad y que menguan con la fantasía de hacerlas carne que sueña sus deseos puros. Tal el canto rodado su fruición. Así por ejemplo la poesía podría desequilibrar la mente, la pintura la ordena.

Se conoce hoy que con cada traducción realizada a una obra ésta se ha vuelto otra pues el equivalente de las expresiones naturales que ha creado el hombre, en un origen diverso para cada tribu, no existe porque la música es inmutable. Única. Es aquí donde Leonardo da Vinci (2) es irrefutable ya que la pintura no es ultrajada en esta necesidad de participar de las nuevas bellezas y sus posibles comprensiones. Ella es tan y más real que cualquiera de nosotros como la realidad grupal, de especie, que ensayamos. Su reconocimiento y disfrute es instantáneo. Por lo contrario la poesía requiere de un desarrollo mayor. La complejidad e inefabilidad la envuelve desde su nacimiento. Su belleza mayor se retrueca en el gusto de descubrirla, de desnudarla en su causalidad y propio ritmo impuesto. La clave poética es tan segregadora que se diría racista. Pues su método se deposita en el alma del que la hizo. Es como si hacer poesía sería el equivalente de morir un poco: cuando se logra una cumbre; como el orgasmo en la mujer.
La poesía, la que ha atrapado a miles a millones de humanos es la que mató mucho más (3). La que nos solaza las quejas del alma con su belleza. Ahora si bien es cierto que algunos creen que la poesía es un acto racional, es correcto, porque trabajamos con el lenguaje que nos impuso nuestra tribu; que debe ser también, en poesía, el máximo objeto de liberación. Además del nuestro propio que debe ser el que más brille. Esto se cumple en el poeta José Morales Saravia ya que en el vértigo y despliegue de su poesía es fiel a sus propias diosas: la naturaleza, sus fuerzas y todas sus relaciones visibles o no con el ser humano como lo demuestra la reunión de su poética Oceánidas (Editorial San Marcos, Lima, 2006) (4).
.
Orquídeas


1.
Tersa de fragilidad en sus pétalos,
que sus alas parvas para horizonte,
escamas cuyas en desnudas ramas,
la orquídea, aún niéguela su frío.

Piara futil un quiebre de corola,
sus fungidos colores superpuestos,
obstada begonia virgen del polvo
pues su firmeza desnúbil campea:

ignara de empeño, menester, medro
por negar abigeato del dicho,
que compartidas edades supinas:

soles y lunas soñados en ella,
mareas, nubes, playas, pues albora:
transcurre muda en día de días.


4.
Otra vez enrumba el silencio por veredas
a traer lo no asido es su pena y quiebre.
Es la orquídea que practica sus pecas
en la hojosa altura de temblantes ramas:
voluntad de moras buscando apretura.
Lago en bostezo y bostezo en su corola:
garra prisa que no logra las raíces.
Las lluvias, no el granizo, talante suyo;
no los prados, sotos, ni cimacios, copos.
Anhelos suyos hierven, desean plumas,
vuelo, los lúcumos fluires en escamas;
pero quiebre puro en soledad sus cálices,
genealogía descombrada sin pepas
y helado toque en su anhelante hervor.


9.
¡Eclosionada orquídea en los trances previos!
Enfatizan las noches tu albura cultivada
en grecas y rosetas, rosetón de ningunos.
Edificas tus peldaños en copas, cimacio.
¿Qué trizará los dedos para el cese del viento!

¡Milimetrada orquídea cuya pecosa albura!
Tu pureza tiene apenas palpitar de sangre,
afecciones arriadas a las hojas y ramas,
obstado empuje de los límites del horizonte
en un vuelo que quisieras nave entre tus pétalos.

¿A dónde tu corola cuando quiera corales?
¿De dónde traerán lluvias labor seminal
para tu pronta y feliz renovación en lo albo?
Viento: añoranza y posible trote peligroso:
sépalas gaviotas espantadas por espumas.


Lima, 2007.
Salomón Valderrama Cruz


Notas

(1) Del poema Procura da poesia de A rosa do povo (1945), Carlos Drummond de Andrade (1902-1987). Poemas (Tierra brasileña. Poesía, Embajada del Brasil Sector Cultural, Lima, 1989).

(2) Es necesario consultar de la gran obra fragmentaria de Leonardo da Vinci el capítulo sobre la estética. Aforismos y fragmentos, traducción de Enrique Lihn (El perro y la rana, Ediciones del Ministerio de la Cultura, Venezuela, 2005).

(3) Se puede ver en los trabajos anteriores La que nace, es la rosa inesperada: ¿Quién quieres ser, Martín Adán o Ramón Rafael de la Fuente Benavides? en Galerna, revista internacional de literatura, número 5 (Auspiciada por el Instituto Cervantes de Nueva York, Columbia University, Teachers Collage, y Montclair SU). Y Prisma de nivelación: Locura y renacimiento en Gérard de Nerval, en la revista El Coloquio de Los Perros, número 17 (http://www.elcoloquiodelosperros.net/indice17.htm) y en Música del futuro frío (http://musicadelfuturofrio.blogspot.com/2007/06/prisma-de-nivelacin-locura-y.html) su variación.

(4) Los tres poemas pertenecen a este proyecto.

2 comentarios:

Trakl dijo...

muy interesante.. seguiré leyendo...

Anónimo dijo...

chevere salomón, paul. gracias.

carlos

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