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lunes, 10 de marzo de 2008

LA VOZ CHARRÚA Y UBICUA DE ROBERTO ECHAVARREN por Luis Carlos Mussó

Roberto Echavarren nació en Montevideo. Vivió en Nueva York donde enseñó Literatura Latinoamericana y Comparada en la Universidad de Nueva York. Actualmente vive entre Montevideo y Buenos Aires. Sus últimos libros de poemas son: Universal ilógico, Oir no es ver, Casino atlántico (Montevideo, Artefato, 2004) y Centralasia (Buenos Aires, Tse-tse, 2005). Es autor de ensayos como Arte Andrógino: estilo versus moda en un siglo corto y de la novela Ave Roc. También es autor de Performance, Género y transgénero (Buenos Aires, Eudeba, 2000). En enero del 2000 la revista Posdata de Uruguay le dedicó un dossier.

Roberto Echavarren es un viajero incansable, y también un gran investigador de la literatura y se ha constituido un referente obligado en cuanto a estudios sobre la poesía contemporánea de Latinoamérica. Casa de las iguanas conversó con este autor uruguayo (y universal).

¿Tiene límites la experimentación a la hora de la creación lírica?

No, la experimentación no tiene límites a la hora de la creación lírica, y hay muchas combinaciones posibles: poema-ensayo, poema-narrativo, poema-concreto... No hay límites, pero la experimentación debe ser algo sentido, un estar involucrado en un descubrimiento, oír cómo se articula una lengua interior, vívida y vivida, hecha de ecos introyectados. Pero no por exhibicionismo, como una lección de destreza. Hay demasiados ejemplos de poesía mala que quiere ser experimental, aunque otro segmento de la poesía mala no quiere ser experimental.

¿De dónde nace la fuerza aplastante del neobarroso en sus continuas búsquedas y discursos?

El neobarroso reacciona contra los ejemplos patéticos de una poesía coloquial llena de consignas o de lugares comunes. Ni mera propaganda oportunista, ni meras lágrimas del corazón, el neobarroso asume la lengua en su riqueza, en el conjunto de sus posibilidades, y hace el esfuerzo de pensar articulando la lógica sensible de las imágenes e impresiones, o explora las complicaciones sintácticas, o avanza, burla burlando, a través de un juego de homofonías significantes.

¿Crees que la experiencia del exilio ayudó en algo a definir estilos y formas en la poesía?

Pienso que el exilio ayudó a los poetas desplazados a conectarse entre sí. Saliendo de sus propios países y contextos culturales, superaron los límites del verosímil local. La diáspora del exilio fue útil para exponer al escritor a otros estímulos, vivencias, y lenguas.

Se ha acusado continuamente a los autores consagrados de no investigar y de desconectarse de los jóvenes. ¿Cómo se ha dado en Roberto Echavarren ese continuo involucrarse con poetas de las nuevas hornadas en Latinoamérica?

Del mismo modo que me interesó conocer a los poetas de mi generación, me sigue interesando conocer la escritura de otros más jóvenes. Medusario es una investigación del estado de la poesía hace diez o quince años. Mi curiosidad no se limita a ese período.

¿Cuán hostil es el ambiente para la poesía? ¿Es peligroso este oficio?

No creo que el ambiente sea hostil, sino más bien indiferente. Hostil o enemigo de la poesía es el negocio del librero, que pocas veces vende o expone poesía, y menos aún con un aceptable criterio de selección. En esta operación de ventas suele predominar lo más trivial, lo que yo llamaría “poetas de aeropuerto”. Peligrosa es la vida.

¿Qué futuro se avizora para la lírica en América?

No soy adivino. Sin embargo, profetizar es hablar del presente. Creo que es un presente promisor, noto actividad en varios niveles, publicaciones y productos interesantes. Hay más conexión entre los poetas y más encuentros que antes. Tanto desde el punto de vista económico como cultural hay una tendencia a asumir a Latinoamérica como un bloque, una gran región en contacto consigo misma, por su lengua y por su tradición, cada vez más enterada de su problemas comunes y de sus singularidades culturales. Creo que es tarea nuestra dar a la cultura latinoamericana realizaciones que vayan más allá de las distracciones y programas banales de la televisión o de los medios masivos. No importa si esa articulación nuestra no es muy visible, pienso que las aventuras de pensamiento siempre dejan huella y se transforman en referentes que son descubiertos a veces a través de períodos más o menos largos.

¿Sigue siendo la creación un asunto de islas dentro del mapa iberoamericano, o hay maneras para los poetas de leerse y seguirse la pista?

Creo que hay maneras, evidentes para todos, de leerse los poetas entre sí y seguirse la pista, a través de internet y de viajes y encuentros. Es mucho más fácil ahora saber qué está pasando, de país a país, en el terreno de la poesía, que antes, cuando debíamos confiar sólo en el correo postal.
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¿Es la performance una forma de acercar la letra de la poesía a la cotidianidad misma?

La cotidianidad está hecha de muchas cosas. La performance es un espectáculo. A veces es difícil acceder o prestar atención a la poesía en un espectáculo. Creo que muchas performances tienden a prescindir de la palabra, se apoyan en el movimiento corporal, en la música y en sonidos vocales inarticulados. Un poema es un instrumento más para la performance, pero ésta no garantiza que el poema quede bien parado allí.

Cómo asume la tradición oriental, tomando como ejemplo nombres como los de Jules Laforgue, Isidore Ducasse y Herrera y Reissig?

Creo que los autores que nombraste forman la gran tradición oriental. En dos idiomas por lo menos. Es lástima que los orientales no conozcan o no comprendan su tradición. Laforgue, en particular, quizá el principal de los poetas francófonos de la segunda mitad del siglo diecinueve, no sólo por sí mismo, sino por su influencia en el imagismo anglonorteamericano (Pound y Eliot), es desconocido en Uruguay. Julio Herrera y Reissig escribió un maravilloso y contundente ensayo, desenterrado de la Biblioteca Nacional hace pocos meses, después de dormir allí inédito durante un siglo: Tratado de la imbecilidad del país (Taurus, 2006).

Entre los tiempos de Animalaccio hasta los de Oír no es ver, ¿cuáles son los pasos andados?

Oír no es ver incluye un largo poema en inglés, “Pacific Palisades”, que recoge la problemática y la lengua y el modo de vida de los músicos de rock glam. Es el fruto, igual que “Atlantic Casino”, de una acelerada y libre aventura de estilo, no me refiero sólo a estilo poético, sino estilo de imagen (personal) y estilo de vida. Creo que en los poemas de Animalaccio este aspecto es más larvado, menos evidente. En cuanto a mi último libro, Centralasia, investiga otra dimensión, un orientalismo de libros de viaje a través del Tibet, donde se reconstruye un país y se interroga un modo de vida y un pensamiento que pereció bajo la invasión china de 1959.

Considerando que has incursionado en ambos géneros, ¿es verdad eso de que en la poesía los autores asumen más riesgos que en la narrativa?

Los riesgos en poesía y en narrativa son diferentes. No es fácil desarrollar un pensamiento nocional en poesía y mantener a la vez el encuadre de libre asociación y de lógica de las cualidades, o lógica sensible, vale decir el “pensamiento poético”. Creo que Lucrecio lo logró en De la naturaleza de las cosas. En narrativa se han hecho muchos experimentos a lo largo del siglo veinte, aunque hay antecedentes como Rabelais o Lawrence Sterne (autor del Tristram Shandy). Toda gran obra es un experimento. Y sin embargo, la mayor magia de la narrativa es que se la lea sin poder dejar el libro, como una intemperante adicción, hasta terminarlo. Que sea absorbente y a la vez “experimental” o simplemente literaria, es el tour de force de la novela. O de un libro de memorias.

¿Qué sucede en la lírica oriental de hoy?

En la lírica oriental de hoy hay excelentes poetas. Además de Marosa di Giorgio, recientemente fallecida, están Roberto Appratto, Eduardo Espina, Amanda Berenguer, Selva Casal, y unos cuantos más.

¿Hay razones para contraponer las revistas impresas a las revistas virtuales?

Creo que las dos tienen razón de ser y cumplen una función, como el teatro y el cine. Creo que ningún medio suplanta enteramente a otro, al contrario, lo destaca en su validez particular. Son canales de circulación y distribución diferentes. Las modalidades de su eficacia varían.

En ese sentido, ¿es un mérito de la internet la masificación del consumo de literatura (aunque también haya riesgos en cuanto a la calidad)?

“Masificación” es una palabra difícil de entender en su alcance. Digamos que la gran ventaja de internet es la accesibilidad de la información. Muchos datos pueden ser confirmados instantáneamente, muchos textos que no están al alcance de la mano o en las bibliotecas pueden ser encontrados en internet. Para un investigador es un regalo de los dioses. Es parte de la democratización de la cultura.

¿Es un problema la traducción de poesía o por el contrario un elemento que ayuda a que la producción llegue a gente de otras lenguas?

Por desgracia tal vez el noventa por ciento de las traducciones que conozco, no importa de qué lengua, son horrendas. Un (buen) poeta debe ser traducido por otro (buen) poeta, y no hay tu tía. Siempre es mejor que la traducción venga acompañada del texto original, para cotejar no sólo su significado, sino sus ritmos, su economía estética.
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Y el mundo editorial, Roberto. ¿Cómo ver a las grandes y pequeñas editoriales?

El hecho de que hay muchas más editoriales y se publican más libros que nunca, en sí es positivo, multiplica las alternativas. Siempre hay algún canal, pequeño o grande, para que la obra poética haga su recorrido. La poesía sigue rutas misteriosas, quiero decir casi secretas, a veces, para llegar a lector. ¡Pero llega!

¿Hacia dónde se encaminan las artes?

Ya dije que no soy adivino. Las artes dependen de la tecnología, y el desarrollo tecnológico lleva al arte por caminos que no podemos imaginar ahora. Esto no debe inquietarnos. Cualquier logro, en cualquier medio, es válido y conserva su validez en cuanto tal.

¿Hay motivos suficientes para mantener la lucha?

Claro que sí vale la pena seguir en la tozudez, ser porfiados en trabajar, primero porque es el único modo de desarrollar la persona, vale decir dos-en-uno (o más-de-uno-y menos-de-dos), en otras palabras un fuero interno, la capacidad de dialogar con uno mismo, que es la fuente a la vez de la moral y del estilo. A través de la escritura emergemos como personas. Es un ejercicio de creación y una posibilidad de memoria. No digo inmortalidad, sino memoria interna a uno mismo, cotejo, capacidad de coherencia. Si, como dice Sócrates, es mejor sufrir la injusticia que cometerla, eso es porque no queremos convivir con un malhechor. Podría decirse que los criminales olvidan sus crímenes. Lo mismo del ámbito moral puede decirse del aspecto estético. Una vez que ejercitamos nuestro criterio y conocemos nuestras posibilidades, sabremos en qué dirección adelantar y en qué sentido avanzan nuestras realizaciones singulares. Y a partir de allí podremos tener un efecto en la comunidad.
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Fuente: Casa de las iguanas

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