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martes, 20 de abril de 2010

Sobre Detritos de Wilver Moreno Por Gladys Mendía

Actualmente el panorama de la poesía en Perú está efervescente de voces jóvenes pero claramente maduras en el oficio literario y al igual que en toda Nuestramérica, la diversidad, las aperturas experimentales sobrepasan todos los límites imaginables. La gran actividad de recitales, presentaciones de libros, revistas, performances, festivales, entre otros, demuestran el gran movimiento creativo y propulsor de las letras peruanas. Justo en esta encrucijada se encuentra Wilver Moreno, (Ayacucho, 1982. Estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y miembro del grupo literario “El Club de la Serpiente”) poeta que ha sido antologado en varios libros. El año 2009 ha publicado el poemario Detritos, por Paracaídas Editores, importante editorial de su país que ya lleva años difundiendo el quehacer literario. Detritos llamó poderosamente mi atención desde el primer momento, abrir un poemario con una cita del Libro de Job, ya anuncia el tono, la atmósfera en la que estaré envuelta:

De piel y de carne me cubriste y de nervios y huesos me tejiste.

Me absorve el tono de una voz en quiebre, que sabe sus límites, que ha visto los caminos pedregosos y se lanza descalza en la búsqueda sin fin. Un imaginario de manos, bocas, piernas, ojos, lengua, todo cuerpo, palpitar, todo el estado denso y en algunos poemas la musicalidad del soneto:

Boca humana, coronada y abierta,
ennegreses el camino mostrado,
estrechas y abismas al apurado,
que tienta, herido, la pureza cierta.

Verso a verso se demuestra que las extensiones corporales son anchos canales, puentes hacia otros reinos insondables donde el mismo cuerpo obedece otras leyes. Los estados mentales que producen los estímulos externos como la garúa, el frío, la humedad, los aromas, el silencio, son exaltados y producen breves meditaciones, encuentros y desencuentros consigo mismo. El poemario de Wilver Moreno logra una tensión excepcional: por un lado el desagarro del ser enfrentando y aceptando su peso, su carga vital, por otro lado la negación de esto y el reconocimiento de lo incorpóreo:

No soy yo el que cae como animal
nocturno ni mi cuerpo el que se estira como reptil.
Yo no veo. No siento más dolor ni más afecto.

Detritos es la gran travesía del cuerpo y sus partes por espacios urbanos internos y externos, sus cruces con el tiempo y el espacio o la alteración de ellos; la voz sigue su canto solitario anunciando la Nocturna muerte del Ser, pero al final del libro hay un encuentro especial, y es la sensualidad plena, entrar en el otro y encontrarse a sí mismo.

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