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martes, 13 de abril de 2010

Orange Ode de Raúl Heraud por Miguel Ildefonso

Orange ode (Mesa Redonda, 2009) parte del cuestionamiento del propio conocimiento, del que nace de la experiencia; es la crítica a la realidad: “Tú creíste que el mundo era sólo vértigo anquilosado en la piel/ música líquida/ pabellón psiquiátrico donde todavía destruyen las/ enredaderas/ de tu mente/ el grito desgarrado de tu carne”. Es un mundo apocalíptico donde no se permite la utopía: “tú creíste remar hacia un infinito océano de esferas/ y sólo muertos has encontrado (…) qué esperabas del acto final/ acaso la redención del hombre/ o tal vez el clásico desenlace/ de tus torturados sueños infantiles/ donde interpretabas humanamente/ tu trágico arcano”. Es un lugar asfixiante donde habitan personajes perseguidos por la realidad: “puedo verte huyendo con traje de demonio/ máscara acorde con tu paranoia/ con los fantasmas que cobran vida tras tus infinitos desvaríos”. Es la representación del mundo como manicomio, diálogo y confrontación con el otro: “Frágil Dios,/ cuando la parábola del niño y su madre muerta te alcanzaron/ tras esa nube psicotrópica/ de sueños obsesivos/ tu vida discurría sobre una especie de danza mortecina/ lejana”. Aquí el cuestionamiento es radical, en donde el propio poeta se interpela: “ahora, dime Raúl/ quién/ eres/ tú…?”. Raúl Heraud, en el presente libro, hace del manicomio metáfora de un mundo posmoderno en donde estamos negados a lo trascendente: “Dédalo no volvió a alzar vuelo/ aunque el arte de fungir inmortalidad/ lo haya llevado a extremos inimaginables (…)”. Desde los años noventa se habla de “el fin de las utopías”; vivimos en un mundo enajenado, alienado, en un torpe teatro de marionetas a los que se les han roto los hilos: “efímera y frágil es la condición humana/ compulsivo y salvaje todo cuanto es/ y existe…” El poeta trata de encontrar el punto de equilibrio, la razón de nuestro delirio de existencia: “Me avergüenza ver tras la ventana del panteón/ y saber que aun sigues ahí/ riendo con la carcajada aguda/ de quien tiene la mente en cualquier lugar”. Dicha búsqueda lo conduce al mundo exterior, a indagar en la historia, las causas: “los años fueron esos invisibles agentes/ traficantes de sueños/ saboteadores de tu terrenal misión/ salvaguarda de almas heridas/ de desahuciados poetas urbanos/ Cristos sin nombre que como tú/ soñaron con la Primavera de Praga/ el Mayo Francés/ la Revolución del Ejército de Liberación Nacional/ en el 63/ y volaron hasta el World Trade Center/ Kosovo Basora y Bagdad/ en el mismo vuelo de Hiroshima/ Managua/ y Vietnam del Norte…/ desde el precario teatro de la sinrazón”. Entonces no hay redención, somos seres irracionales, construimos nuestra propia destrucción. La historia fluctúa entre eros y thanatos; pero la poesía escapa de la historia, funda su propia historia: “me refugio en lo que me queda de hombre/ para no tener fe/ y sólo reconocerme en la incertidumbre y la circunstancia/ porque de eso esta hecha mi vida/ armadura de carne y hueso/ que construí/ para asesinar a Dios.” Orange ode, aparte de su originalidad, demuestra la excelente capacidad de Raúl Heraud para penetrar en la complejidad humana, y, desde allí, explorar en las averías del mundo.


Good morning cruel world

Tomo el autobús,
lleno con gusanos los orificios de mi fe
peino mi pobre calavera
con la risa lunática de los cuervos
me deshago del Cristo de dos caras
escucho los quejidos del asfalto
el llanto de las aves pútridas en la mañana
me detengo en el bar andrógino
donde las resacas se curan con muerte
dejo por fin mi compulsión y mi hebefrénico rostro
después de la segunda botella
me olvido de Ginsberg
de las prostituidas imágenes beatificadas
de la patética venta de salvación al más alto precio
de la terapéutica post mundo donde el cadáver tiene la razón,
hay más seres humanos de los que imaginé en este paraíso de dolor,
inundan el lugar con su peste
abren camino a nuevas muertes
arrastrando sus arrepentidas manos hacia dios
bailan la danza macabra del perdón
yo los conozco
los tengo entre mis manos todos los días
lidiando con sus paranoias
sus monstruosidades
les digo lo que quieren oír
me entregan sus sórdidas almas despojadas
muertos o desahuciados
yupis patafísicos
fascistas sexuales
son saludables y gentiles criaturas
como el hombre que cura sus males en horrendos altares
como el señor de las miserias infinitas
son felices cuando no bondadosos
y es mejor
que se los lleve la muerte
así…

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