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lunes, 1 de noviembre de 2010

Jáuregui profundo, entrevista a Eloy Jáuregui por Enrique Sánchez Hernani

¿Cuándo te diste cuenta de que eras poeta?
Hasta ahora no me doy cuenta de que existe una división entre la escritura poética y las otras. Siempre he escrito narrativa, crónica y poesía, todo junto. He tratado de amalgamar distintos discursos en uno solo, metiendo dentro mi cultura, porque vengo de un barrio popular donde había mucho marginal. Pero también el lado literario, porque mi padre era amigo de escritores. A mi casa iban Arguedas, Valcárcel, Calvo, y después los de Hora Zero.

LOS INICIOS

Allí le encontraste el gusto a la poesía…
Desde antes, porque yo escribía en el colegio. Pertenecía a un club de literatura en la Gran Unidad Ricardo Palma. Mi papá no quería que fuera escritor sino médico o ingeniero, porque él sabía cómo eran los escritores: bohemios, con mala fama.

Pero al tener esos amigos, te predispuso.
Claro. En los almuerzos de los domingos llegaban Reynoso, Vargas Vicuña, la gente del bar Palermo de los 50, 60. Era el otro lado de la literatura libresca. Cantaban, comían, se emborrachaban. Romualdo hacía cebiches, Valcárcel tallarines.

¿Pero cuándo te sorprendiste escribiendo en serio?
Cuando me invitan a Hora Zero. Como yo todavía estaba en el colegio, publicamos una revistita a mimeógrafo. Pero la influencia mayor que tuve fue el manifiesto de HZ, “Palabras urgentes”, y el libro de Pimentel, “Kenacort y Valium 10”. Ahí vi que se podía escribir de otra manera, con temas que no eran poetizables.


LA POESÍA NO SIRVE
PARA ENAMORAR


Tú has pasado más tiempo en la universidad de la vida, ¿no?
Cierto, a los 18 años ya iba al Palermo, sin DNI, porque antes se era mayor a los 21 años. Pasé de pelotero de barrio a poeta incendiario, aunque no participé en los primeros escarceos de HZ. Yo tenía respeto por Eielson, Delgado, Belli.

¿Y en tu experiencia, la poesía sirve para enamorar?
Es un mito. Mis enamoradas lo fueron por la música. Yo tenía influencia cubana: los boleros de la Sonora Matancera pero también Carpentier, Cabrera Infante o Severo Sarduy. Por eso mi libro tiene eso del neobarroco, del “neobarroso”. Y de los provincianos que venían a HZ.

Si la poesía no sirve para enamorar, ¿a ti te sirve para la vida?
Por supuesto. No puede haber un hombre o mujer sin poesía. Es el latido más auténtico del corazón. Esa es la poética que te hace actuar, el tumbao que tienen los guapos al caminar.


AFICIONES


¿Y por qué demoraste tanto en publicar?
Quizá por mi curiosidad de estar detrás de las vanguardias, y como estas envejecían muy rápido, cuando terminaba un libro ya no me gustaba. Y porque cuando publiqué de joven un libro a mimeógrafo, “Fotografías”, me dijeron: “Oye, este libro es malo”, y me deprimió.

¿Y ahora, cuál es tu poética?
Mezcla al Inca Garcilaso, a Borges, a Cortázar, a Belli, a Eielson, a Pimentel, a Mora… Todo esto con la mayor influencia que recibí en la universidad: la lingüística estructuralista. A eso se mezcló mi afición al fútbol, la salsa, a Woodstock, al bolero, al rock, al cine, al vals, a los bulines. Todo eso está en mi poesía.

¿Y ahora qué escribes?
Un gran poema largo, un canto general. “Profundo vello” solo es mis “Grandes éxitos”, porque yo era el poeta inédito más publicado del planeta

Fuente: El Comercio

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