martes, 23 de marzo de 2021
Mañana a las 19.30: presentación de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg y lectura de los dos últimos títulos publicados
martes, 2 de marzo de 2021
5 POEMAS DE SASHA REITER DE SOBRECARGA SENSORIAL (NEW YORK POETRY PRESS)
FUGA
Anoche soñé que pintaba con Carl Jung.
Lo peor de pasar una tarde con Carl es que reirá mientras
lanza
una mano sobre tu cabello, rompiendo tu concentración,
empañando con carmín alizarina tu frente
como con perdigones de sudor,
y cuando ríe, desde el fondo de su esófago,
puedes oír su teoría sobre el inconsciente colectivo,
justo al salpicar de su lengua,
justo al adherirse a tu autorretrato,
manchando los finos trazos con un alquitrán profundo
que comienza en el centro, escurriéndose, empapando
todo el lienzo,
una cacofonía de sonidos desde el interior del hueco,
alargándose hacia afuera, semejando en algo la marcha
fúnebre
del segundo movimiento de la Heroica de Beethoven,
y, sin que importe el nunca haberla oído,
tú conoces el sonido del negro medianoche corroyendo la
abertura
que perfora la caricia llana del blanco titanio,
la pintura paralela a tu pupila mientras las vibraciones
sacuden la cáscara de huevo alrededor de tu cerebro,
retardando el aroma de la canción que se torna espesa
como un jarabe demasiado dulce,
filtrándose desde el centro,
llegando a una habitación de tonos rosados,
no del todo carne humana, más como la piel de una fruta,
no del todo una manzana,
tal vez una ciruela convirtiéndose en durazno,
donde convergen líneas invisibles,
donde el inconsciente colectivo de Jung
te dice que algo espera en la densa pintura negra,
y en el resto de la habitación,
una orquesta llena el morado Van Dyke,
ya desvaneciéndose en granate, casi sillas;
la orquesta está ordenada en filas de músicos sin rostro,
y Jung se para detrás de ellos con confianza,
y tú apenas reparas en él mientras cada músico alza su
instrumento,
monstruosas combinaciones de cuerdas y latón,
húmedas cañas y teclas de marfil;
nadie tiene suficientes bocas o dedos para su equipo,
y puedes escuchar, a través del colectivo,
que nadie está tocando nada con sentido por si mismo,
mientras intentas enfocarte en un sonido a la vez,
notas que cada miembro de la orquesta está tocando
su propia pieza diminuta de la sinfonía de Beethoven,
cada uno tocando esa pieza de manera algo incorrecta,
y juntos crean música que se está despedazando;
cada pieza amplificada por la siguiente,
los sonidos pulsan a medida que tus oídos sangran,
pero Jung te entregará un pañuelo para tus oídos
y admitirá que el colectivo existe
en las partes más tranquilas del cerebro
y, solo una que otra vez, trata de hablar directamente,
tal como lo hace regularmente para una persona tan
enferma,
y señalará tu retrato.
Él se pondrá serio y dirá,
así es como suena ser ultrajado por el universo.
DEPRESIÓN (O) CURA PARA LA EMOCIÓN
Te diré algo que ayuda:
Coge una manta, de al menos 2-3 cms de grosor, y
dóblala por la mitad.
Debe ser grande, tenlo presente,
diría de uno a dos metros.
Lo siguiente que debes hacer es encontrar el dolor.
Para mí, generalmente es en el estómago, pero digamos
que esta vez
está en algún lugar de tu cerebro, tal vez esté justo donde
este se divide en dos, a lo largo del pliegue,
donde los vasos sanguíneos se dan de puñetazos por falta
de comunicación.
Luego, envuelve dicha manta alrededor del pliegue
cerebral,
la cabeza puede ser mas manejable. Cubre la herida.
Envuélvela una o dos veces y mantenla apretada.
Sigue apretando. Sigue apretando hasta que tu cabeza se
sienta mareada
y tus dedos queden esculpidos en el sitio,
sosteniendo la manta, hasta que tu cerebro deje de
funcionar,
hasta que sientas la herida luchando por salir,
pero sostienes esa manta mas allá del punto de salud,
sostienes esa manta hasta que tus brazos
se desprenden y no puedes sentir ya nada en absoluto.
Sostienes esa manta hasta que no hay mas manta o
pliegue
en el cerebro o la cabeza o en ti y nunca más tendrás que
sostener
nada ni sentir nada otra vez,
y mucho menos un dolor en tu cabeza.
SOBRECARGA SENSORIAL
Esta Receta de “Súper Café” está Dejando Aturdidos a
los Médicos.
Paquetes de cruceros para Alaska: 50% menos.
Sentarse en exceso está matando lentamente a los
oficinistas de los Estados Unidos.
Reduce la inflamación con CBD, derivado del cáñamo,
mientras
buscas tu épica aventura turística.
¿Por qué la Antártida es la opción OBVIA?
¿Estás usando q-tips? Es muy probable tengas los oídos
sucios por dentro.
CBD y sus comprobados beneficios para la salud
revelados
por un singular truco de carburo que quema hasta 1
LIBRA por DÍA.
Alaska... un lugar como ningún otro que antes hayas visto.
Prevén y trata el hongo de las uñas con esto:
Los distribuidores despejan en el acto tus uñas
descoloridas,
que podrían infectarse por tu intento de ser más activo
ante la pavorosa e inspiradora belleza de Alaska
y mejorar la iluminación de tu garaje o de tu espacio de
trabajo,
lo cual es una solución permanente a los paquetes de
cruceros de último minuto
desde tu carro equipado con tu fijo pedido de escritorio!
Pero debes tener cuidado, la baja testosterona se está
apoderando de tu hombre.
¿Buscas un elevador de escalera para tu hogar?
¿Buscas un elevador de escalera para tu cuerpo?
¿Buscas un crucero para cualquier parte menos para acá?
¿Buscas algo para quitar el dolor?
¿Todo eso junto?
¿Completo?
¿SOY DEL BRONX?
Si el Bronx es una pendiente de historias de amor
contadas en lenguas diferentes,
entonces South Riverdale y Kingsbridge eran
donde aquellas lenguas se envolvieron a mi alrededor.
Pero Riverdale no es el Bronx, dice él.
Kingsbridge es una bachata que irrumpe
por tu ventana a las 2AM.
Policías morenos llorando en el espacio
entre su corazón y su cadera.
Muchachos morenos que traen cuchillos a la escuela
porque los matones odian a los maricas.
Un tipo flaco y gris acechando bajo la sombra de ladrillos
tostados,
ofreciéndome paquetitos de cocaína.
A los 15, yo comprándole a un desamparado cocaína por
10$.
Es el depravado que sigue a esa niña de 12 años,
silbándole suavemente a su trasero.
Es un coquito frío en un caluroso día de verano.
Alargadas cuadras de familias que se mezclan,
cantando y bailando toda la noche a pesar de las canaletas,
debido a las canaletas.
Canaletas que se llenan con el agua de los grifos de
incendio
para trocar un lugar de dolor en un parque acuático.
Son los niños, las mamás y las titis
quienes no lo llamarían un lugar de dolor.
Crecí al fondo de Riverdale,
en la cima de la colina que se derrite en Kingsbridge.
Crecí en parques blancos,
con noches silenciosas envueltas por familias judías
cada vez más enojadas con aquellas madres morenas
como la mía que allí se mudan,
donde la gente de Kingsbridge trabajó duro
para que sus hijos crecieran,
preguntándole a mi mejor amigo
por qué no me dejaba visitar su casa,
observando a los rabinos hablar con desprecio a los
judíos
demasiado pobres como para pagar la membresía de la
comunidad.
Quizás Riverdale ya no sea el Bronx,
pero he pasado noches bailando al compás de esa bachata
de las 2 AM
retumbando desde un automóvil estacionado.
He probado la dulzura de esos coquitos
y las lágrimas de agua salada
de las madres que rezan de noche a un Dios indiferente,
secretamente estadounidense
quien mantiene cerradas las puertas del puente.
Quizás no soy del Bronx,
tal vez soy el hijo involuntario
de un acto de amor cultural
tan lleno de violación y cariño, que me permite marcar las
líneas
de dónde termina mi Bronx y de dónde comienza.
PALADAR IMPOSTOR
Hace 15,000 años, año más año menos,
mi familia puede o no haber cargado arroz
sobre sus espaldas en hielo, lodo y piedra
para llegar a campos sin sangre
para empujar aquellas pequeñas semillas
al fondo por debajo del aliento de la tierra
para comerse su botín durante 15,000 años,
año más año menos.
Mi profesor de color se refirió a mí
como estudiante de color una vez y
yo no estaba seguro de qué hacer con este título.
La primera generación en mí quiso brotar una lágrima,
pero sabía que me estaba otorgando un honor
que no podría ostentar.
Yo sabía que no era así.
Sabía que mi bisabuelo fue lo suficientemente inteligente
y afortunado para dejar su vida, familia atrás.
Llevar el peso de su linaje muerto, sus padres,
un yunque en su espalda,
tinta negra quemada sobre brazos
ya incapaces de alcanzarse unos a otros.
Pero no los brazos del hombre cuyo nombre no me he
ganado.
Corrió veloz con fantasmas
de la roja Rumania al rojizo Perú
y conoció a una hija de caminantes de arroz.
Mezclaron su sangre, jodieron la mía,
confundieron mis lenguas.
Los rumanos comen papas y pan.
Su nieta se escapó de casa.
Se llevó una mochila azul de nilón repleta
de ropa y sueños a Jerusalén.
Allí conoció a otro velocista, blanco con rizos de oro.
Los argentinos son los europeos de América Latina.
Su gente también corrió.
Por qué la pareja corrió junta a la tierra de la esperanza
rota,
de la metralla de expectativas empapadas de sangre
caliente
mohicana, japonesa, y pronto latina-
Yo no puedo ser de color con piel pálida,
sangre colonizada, refugiada y mas blanca que morena,
castellano que me cuesta.
Yo no soy de color porque 15,000 años de color
viven en el arroz que no como,
año mas año menos.
Sasha Reiter nació en la ciudad de Nueva York en 1996. Creció en el Bronx, donde como hijo de padre argentino y madre peruana, experimentó en carme propia la otredad metafórica de ser latino y judío al mismo tiempo. Recibió su Bachillerato en Literatura Inglesa y Creación Literaria en Binghamton University (2018). Pasó un semestre en Londres estudiando historia y cultura de Inglaterra. Ha publicado los libros de poemas: Choreographed in Uniform Distress/Coreografiados en uniforme zozobra (Nueva York: Artepoética Press, 2018; y Lima: Grupo Editorial Amotape, 2a edición, 2018) y Sensory Overload/Sobrecarga sensorial (New York Poetry Press, 2020).
jueves, 7 de enero de 2021
“Dos guerrilleros peruanos vienen a liberar al comandante Gómez”: Entrevista a José Carlos Rodríguez Nájar, por Paul Guillén
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| Juan Ramírez Ruiz, José Carlos Rodríguez y Jorge Pimentel en 1970 cuando fueron entrevistados por César Lévano para la revista Caretas (Archivo personal de J.C. Rodríguez) |
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| Edición bilingüe de Plegarias Amazónicas. LANCOM publicó la edición peruana en el 2020. |
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| Juan Ojeda cual moderno Dante en algún lugar de la Amazonía en 1968 (Archivo personal de J.C. Rodríguez) |
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| Primer número de la revista Hora Zero de 1970 |
martes, 15 de diciembre de 2020
Nuevo libro: Jarchas & Escrituras de Omar Castillo
En estas Jarchas & Escrituras el poeta Omar Castillo suelta su experiencia en poemas que nos incitan a mirar como si fuera la primera vez, a vivenciar la realidad en las palabras como un lugar para esclarecer los instantes donde sucede la vida. Por eso en el verso inicial de la “Poética” con la que se abre el libro, nos dice: “Un poema es un lugar al que se llega”, anunciando al lector la disposición necesaria para entrar en los ámbitos y atmósferas propuestos.
En la primera parte nombrada Jarchas, Omar Castillo abre un género poético en español, crea una presencia cuyas sombras se vienen proyectando desde los inicios del idioma. Y en los poemas que componen la segunda parte nombrada Escrituras, el poeta se adentra más en el aprehender que las palabras nos enseñan como fuente de todo hacer vital.
Las palabras de un poema son alertas para aprehender la vida, esto nos dicen los versos de estas Jarchas & Escrituras. Algo tan simple y complejo. Tan necesario como vivir.
***
En el siguiente texto tomado del libro, el poeta Omar Castillo nos habla de la escritura de sus Jarchas:
LAS JARCHAS
I
Cuando en 1948 en la revista Al-Andalus se publicó el artículo de Samuel Miklos Sterm, titulado Vers finaux e espagnol dans les muwassahs hispano-hebraiques, el mundo de la filología fue tocado por uno de los hallazgos más perturbadores para tal disciplina. En el artículo el autor daba cuenta de su lectura e interpretación de 20 jarchas contenidas en moaxajas hebreas, convirtiéndose así en la fuente inicial para los filólogos interesados en el desciframiento propiciado por el hallazgo de estas jarchas. Otro tanto ocurre en 1952 cuando el arabista Emilio García Gómez publica en otro de los números de la revista Al-Andalus, su trabajo Veinticuatro jaryas romances en muwassahas árabes. Estos trabajos son el punto de partida para otras investigaciones sobre las jarchas y el instante cultural que las consignó, en particular para el ámbito cultural en idioma español. Investigaciones no exentas de apasionamientos y polémicas.
Se dice, según la tradición árabe, que los creadores de la forma poética conocida como moaxaja pudieron ser Muqaddan ibn Mu´afa o Muhammad ibn Mahmud, poetas cordobeses de finales del siglo IX o principio del siglo X, en uno de los momentos más refinados de la cultura vivida en el territorio de al-Ándalus. Forma que fue seguida por algunos poetas hebreos naturales de ese lugar, asumiéndola para sus creaciones. En estas moaxajas escritas por poetas árabes y hebreos durante los siglos XI y XII, encontramos breves versos tomados de canciones romances, que usaban para finalizar las moaxajas o para apuntalar sus propias invenciones. Hoy conocemos esos versos como jarchas y a través de ellos podemos leer los balbuceos del actual idioma español, enterarnos de cómo este hijo del latín produjo sus primeros hechos líricos en textos creados en lengua árabe y hebrea, iniciándose así en las maneras y formas con las que pasados los años, su habla y su escritura darían contenido a las nociones que hoy lo caracterizan, pues en estas jarchas aparece la picardía del imaginar amatorio y la sensualidad amparada en el doble sentido entre la culpa y el gozo, entre la piel y su ausencia, entre la caricia y la reconvención, entre el libre albedrío y el dogma regulador que reprime la libidinosidad, los instintos y las pesadumbres tan caros en el ser de quienes nos comportamos y expresamos en este idioma.
He aquí, tomada del Cancionero y romancero español, seleccionado por Dámaso Alonso, una de esas jarchas acompañada de su versión moderna:
Vayse meu corazón de mib.
Ya, Rab, ¿si se me tornarád?
¡Tan mal mi doled li-l-habid!
Enfermo yed, ¿cuándo sanarád?
Mi corazón se me va de mí.
Oh Dios, ¿acaso se me tornará?
¡Tan mal me duele por el amado!
Enfermo está, ¿cuándo sanará?
En una jarcha como está, recogida por el poeta hebreo Yehuda Halevi en el siglo XI en una de sus moaxajas, podemos aproximarnos a la sensibilidad y a las vicisitudes cotidianas de quienes en ese tiempo dieron aliento a lo que hoy usamos y conocemos como idioma español, nutriendo sus inicios líricos con visiones y apetencias puestas en versos que expresan una voz veraz, viva y exterior en sus visiones simbólicas y alegóricas. Visiones cantadas y habladas en las calles, en las plazas y en los caminos, muestra de las apetencias y abruptos que también distinguirán los cantares de gesta y los romances. Épica y lírica casi siempre anónimas en sus inicios y donde fue recogida la historia y la leyenda vivida entre la piel y la pasión de quienes perseguían caracterizar su lugar en el mundo.
En una moaxaja árabe del siglo XI, quedó recogida la siguiente jarcha, transcrita y traducida por Emilio García Gómez en 1952 y en 1965, copio la de 1965:
¡Ben, ya sahhara!
Alba q’está con bel fogore
Kand bene bid’ amore.
¡Ven, oh hechicero!
Un alba que tiene tan hermoso fulgor,
cuando viene pide amor.
Estas jarchas nos asombran con su nítida sencillez y llegan hasta nosotros como un secreto que se abre recordándonos la eficiente belleza del canto llano. Nos llegan como un súbito rasguño que reaparece en la piel del idioma mostrándonos las raíces de nuestras palabras, revelándonos las fuentes donde se surten las analogías de nuestro tiempo y los ritmos que cunden en las metáforas encabalgándose en los versos con los que hoy perseguimos aprehender la libidinosidad del mundo y del universo en su pavorosa y fascinante estampida.
En las jarchas que nos han llegado a través de las moaxajas, la voz de cada una de ellas nos desvela los instintos, sensaciones y sentimientos de quienes ansiaban reunirse y soltarse en un acezante rumor que inundara de afectos el cuerpo mientras sucedía el vértigo de una entrañable delicadeza ensanchándose con la caricia, con la dádiva que se da y se recibe, pasión trenzándose en el delirio y la ternura tras el clímax donde la vida se transmuta en “Llama de amor viva”, tal como siglos después de recogidas estas jarchas en las moaxajas de poetas árabes y hebreos, lo expresara San Juan de la Cruz.
Algunos estudiosos sostienen que las jarchas son la primera muestra lírica en lengua romance en el Occidente conocido después de la eclosión del Imperio Romano. Lo innegable es que en ellas asistimos al llamado de la amada, a las palabras de quien narra los gozos obtenidos, también la ausencia que cuaja cuando los goces de la piel no son atendidos. Sí, estos breves versos logran aprehender los instantes que proveen la pasión amatoria y el gozo en cuya magnitud se cifra la vida, como cuando en un súbito instante cotidiano alcanzamos la luminosa y oscura razón donde la vida no cesa en sus pétalos y semillas, en su piel y su gozo. Sensibilidad y fascinación ante la acción creadora del ser para la vida, del ser para la muerte.
Cabe decir que las investigaciones filológicas sobre las jarchas siguen abiertas y lo hasta ahora esclarecido no ha dejado de despertar encuentros y enconos entre los investigadores. Ya en lo poético las sombras e imágenes proyectadas por estas en nuestro tiempo son suficientes como para permitirme proponer una forma poética a partir de ellas.
En sí mismas las jarchas no tienen una forma poética propia como el soneto, la décima u otras de las formas propias de la poesía escrita en Occidente, tampoco muestran una voz poética que busque esclarecer una noción sobre la vida, el mundo o el universo. La existencia de las jarchas es posible por los poetas árabes y hebreos que en el al-Ándalus, entre los siglos XI y XII, las recogieron en sus moaxajas. Se puede decir que son breves canciones mozárabes de dos, tres y cuatro versos, entonadas casi siempre por mujeres, y tal como fueron recogidas en las moaxajas, aparecen anónimas.
Las jarchas que se conservan en las moaxajas tienen la importancia y el significado de ser de los primeros textos líricos escritos en dialecto romance, en este caso en el balbuciente dialecto donde nace el idioma español, lo cual nos permite acceder a testimonios sobre la sensibilidad amatoria de sus hablantes, de las maneras como asumían y realizaban sus asuntos amorosos, del suceder de la libido sensual de la comunidad mozárabe en la Hispania controlada por los árabes en ese cruce cultural e idiomático entre el latín en eclosión hacia diversos dialectos que terminarían creando las que hoy conocemos como lenguas romances y las lenguas de árabes y hebreos en unas rutinas de convivencia y confrontación, haciendo compleja y no por ello magnífica, la fusión dada en tal crisol.
II
La escritura de mis jarchas en su forma y en su expresión poética son de mi invención y para su realización he asumido el empleo de dos, tres y cuatro versos dispuestos como estrofas, las que uso según la necesidad que me impulsa para establecer su contenido, entonces la jarcha puede iniciar en una estrofa de cuatro versos y terminar en otra de dos, también iniciar en una de dos y terminar en otra de cuatro, en otros casos también pueden estar compuestas por dos estrofas de tres versos o por tres estrofas de dos versos. En sus distintas composiciones estróficas cada jarcha está compuesta por seis versos. El flujo rítmico lo determina el encabalgamiento de los versos dentro de la estrofa y en las conexiones entre ellas. Su movimiento es libre dentro del límite espacial de los versos elegidos para cada una de las estrofas que componen la jarcha. En ellas el empleo del punto seguido y el punto aparte como única puntuación se da como elemento cortante, recogiendo así matices del habla usual de nuestros días. Las medidas silábicas y las rimas que se presentan en mis jarchas suceden por las constantes propias de una amplia tradición poética como la que sostiene la poesía escrita en idioma español. El contenido de cada jarcha puede leerse de manera independiente, como también siguiendo el consecutivo de los números que las reúnen bajo el nombre de un personaje o de un tema.
El contacto de mis jarchas con lo que los filólogos estudian y esclarecen como jarcha, es posible por la imantación producida por estas pequeñas alhajas donde se exponen los primeros balbuceos del español, idioma tan entrañable en mi manera de ver y de aprehender la vida en la magnitud de sus expresiones. Entonces, la escritura de mis jarchas es una celebración de mi idioma, de su vital capacidad para nombrar. Cualquier otro aspecto técnico que en ellas sea posible encontrar, lo dejo para el estudio de quienes se interesan en diseccionar las formas y maneras que componen una propuesta poética.
AQUÍ DOS DE LAS JARCHAS DEL LIBRO:
Jarchas
De Luz Marley
I
Una pequeña rasgadura en la piel del universo
Es la escritura de un poema.
Casi. Imperceptible. Mínima ante lo enfurecido
Del alfabeto en el que se escribe el universo.
Unas pequeñas rasgaduras son los ojos
Que leen un poema.
II
Entonces el viento sopla las ramas. Las hojas.
En una tarde que podría ser la primera.
La última. Mientras las formas de las cosas
Son iluminadas por la luz.
La misma luz que unos ojos contienen
Por un instante en el poema.
III
Con las manos que cultivo pencas de sábila
Empuño un silencio. También me entrego
A la caricia cuando la mariposa abre las alas
Al principio del vuelo en la piel del viento.
Mariposa rayando la luz.
Imponiendo sus ritmos al poema.
IV
El sol inunda la mañana exponiendo el mundo
Igual a un abanico desplegándose en la mano
Del día. Conteniendo su noche.
La misma donde los sueños recogen su sustancia.
Sustancia ahíta de augurios
Vueltos sílabas para las raíces del poema.
V
Piedra puesta a la luz para el esplendor.
Para el sacrificio de una estirpe no saciada.
Dada a la sangre una y otra vez. Sangre
Donde se narran aullidos en el tiempo.
Piedra pulida por infinidad de manos.
Las mismas que labran la escritura del poema.
VI
Gotas de agua golpeando. Penetrando la realidad
Del mundo. Buscando con sus insistentes golpes
Las raíces del asombro y lo cotidiano.
Huella donde una y otra vez se imprime la vida.
Sílaba tras sílaba sobre la página
Las palabras insisten en decir el poema.
VII
La realidad palpita en sus incógnitos
Y en sus revelaciones. No es cifra única.
Tampoco un amasijo de convenciones.
Y aun en su otredad es silencio y es bullicio.
Cotos de lo coloquial para la caza de la realidad
Son las palabras en la escritura del poema.
VIII
Hilo gastándose en nombrar la trama.
Zurciendo cada frágil instante a la palabra.
Puntada tras puntada tejiendo el abracadabra
De ingreso a la magia de la luz y la oscuridad.
Así el poema disperso en el universo permite
Por un instante hacerse dibujo para el habla.
IX
Los poetas buscan ser escuchados.
De una u otra manera
Quieren hacer conocer sus sentimientos.
La estirpe de sus emociones.
Creen que con sus palabras amparan
El mundo. Desentrañan el universo.
X
Yo busco alcanzar el silencio.
Origen de toda palabra.
Vacío donde se ampara
La extinción y el principio.
Del fuego.
Del habla.
XI
Un sol que se consume
En el agua que corre
Esclarece el tiempo
De la presencia del habla.
También lo hace el viento
Que penetra hasta los huesos.
XII
Una piedra hecha fuego
Impactó mi boca
Incrustándose en mi lengua.
Haciendo brasas mis palabras.
Consiguiendo que mis imágenes
Ardan y revienten en llamas.
XIII
La quimera.
Imaginario fabuloso.
Fuego donde se incinera el Fénix
Haciendo cenizas el verbo.
Renace el Fénix en la palabra
Que se esparce en el habla.
XIV
Porvenir. Rasgadura en la piel.
Quimera. Verbo. Palabra
Aprehendiendo el mundo.
La utopía haciéndose imagen.
Alfabeto con el que se habla
La realidad realizable.
XV
No somos sabios.
Somos vértigo ignorante de sus instintos.
Especie expuesta al fuego del asombro.
A la ceniza de su habla.
Inevitable. Tocar el tiempo
Y volver a tus manos.
Jarchas
De Rosa Emilia
I
En estas jarchas la piel del agua te trae.
El sudor del aire te recuerda.
El fugaz paso de una estrella evoca
El gozo de una noche
Irrepetible en tu voz cuando lo susurra
Mientras cunde el instante.
II
Porque las tuyas eran frases como rocas
Donde las aguas del río se extravían.
Para en cualquier momento
Salir impregnadas
De hilos de luz que golpean
Contra la fuerza de su corriente.
III
Entonces ocultaba el agua en mis manos
Y bebía como quien despierta en un sueño.
Tal como cuando un carbón contiene voces
Y la piel quemante de la vida.
La nítida luz consumiendo las aguas
De un día que se resiste.
IV
¿Se dice en estas jarchas del extravío?
Demasiado lejos para desanudar ese saber.
Solo la reseca tierra y un alero
Contienen la memoria y unas hojas
Verdes donde prende el silencio.
El sudor del aire. La piel del agua.
V
Así los laberintos de la infancia
Por piedras perforadas o vueltas de revés.
Hasta el hallazgo de los misterios
Con sus juegos de sílabas
Donde raer el habla
Y las palabras para las jarchas.
VI
Así los laberintos.
Así los juegos.
El fugaz instante de una estrella
Cuando parpadea en la piel del universo
Hasta alcanzar su gota íntima.
Verdad que sí.
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