martes, 23 de marzo de 2021

Mañana a las 19.30: presentación de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg y lectura de los dos últimos títulos publicados

 





Miércoles 24 de marzo
 
Presentación de la nueva colección de poesía de Galaxia Gutenberg, y lectura de los dos últimos títulos publicados: 
Poemas humanos, de César Vallejo y  La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge
 
 
Ciclo Panorama Literario
Auditorio del Centro, 19:30 h
 
Importante: el aforo es limitado y estará siempre adaptado a las medidas dispuestas por las autoridades sanitarias.
 
Acto retransmitido en directo a través de nuestra cuenta Instagram (@fcpjosehierro)
 
Lectura y presentación a cargo de Jordi Doce y Julieta Valero
 
 
A lo largo de más de dos décadas, la colección de poesía de Galaxia Gutenberg se ha convertido en un referente literario de primer orden: en su catálogo conviven clásicos antiguos y contemporáneos, grandes figuras de la modernidad occidental (europea y americana) y los poetas más altos de la tradición en lengua española. Con un diseño sobrio y reconocible tanto en tapa dura como en rústica, un cuidado exquisito en la edición, traducciones de gran voltaje literario e introducciones que son a la vez informativas y ensayísticas, Galaxia Gutenberg ha ofrecido –y sigue ofreciendo– a sus lectores un acceso privilegiado a lo mejor de la poesía universal.
 
Con esta nueva colección de libros de pequeño formato, que acaba de llegar a los primeros diez títulos publicados, Galaxia Gutenberg quiere acercar este inmenso y riquísimo catálogo a una nueva generación de lectores. Su nuevo diseño traduce visualmente nuestro deseo de hacer libros asequibles, selecciones portátiles que recojan lo mejor y más significativo de cada poeta o recuperen libros centrales de su producción. Todo con los mismos criterios de rigor, excelencia crítica y cuidado editorial que caracterizan el trabajo de Galaxia Gutenberg, pero con un espíritu divulgativo y cercano al lector. Aquí caben desde clásicos modernos como Whitman, Leopardi, César Vallejo, W.H. Auden o Sophia de Mello Breyner a poetas de lengua española como José Ángel Valente o Blanca Varela, pasando por inclasificables como Joan Brossa. Se trata, en suma, de seguir celebrando la poesía como una función de la vida y un regalo de la imaginación, de ese entusiasmo crítico que no se resigna a dejar el mundo como lo encuentra.
 
Arrancamos con una pequeña selección de siete poemas fundamentales de Walt Whitman (Canto de mí mismo y otros poemas) en la traducción de Eduardo Moga, el libro póstumo y quizá más conmovedor de José Ángel Valente (Fragmentos de un libro futuro) y la entrega más reciente del poeta canario Andrés Sanchez Robayna (Por el gran mar). Y hemos seguido con Joan Brossa (Me hizo Joan Brossa) y breves selecciones de Leopardi (Dulce y clara es la noche), Sophia de Mello Breyner (Lo digo para ver), Auden (Cuarenta poemas) y Blanca Valera (Y todo debe ser mentira).
 
Los dos títulos más recientes son una nueva edición de Poemas humanos, de César Vallejo, con prólogo de Julieta Valero, y la versión española de La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge, un clásico del romanticismo y la literatura gótica, a cargo de Jaime Siles.
 
 
Jordi Doce (Gijón, 1967) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctor en literatura por la Universidad de Sheffield con una tesis sobre la influencia del romanticismo inglés en la poesía española contemporánea, base de su ensayo Imán y desafío (IV Premio de Ensayo Casa de América, 2005).
 
Ha publicado siete poemarios, entre los que destacan Lección de permanencia (Pre-Textos, 2000), Otras lunas (XXVIII Premio Ciudad de Burgos, DVD Ediciones, 2002) y Gran angular (DVD Ediciones, 2005). Posteriormente han visto la luz No estábamos allí (Pre-Textos, 2016; mejor libro de poesía del año según El Cultural) y la antología En la rueda de las apariciones. Poemas 1990-2019 (Ars Poética, 2019).
 
En prosa ha publicado los libros de notas y aforismos Hormigas blancas (2005) y Perros en la playa (2011), los ensayos La ciudad consciente (2010), Las formas disconformes (2013) y Zona de divagar (Vaso Roto, 2014), el volumen de artículos Curvas de nivel (Isla de Siltolá, 2017) y el libro de entrevistas Don de lenguas (Confluencias, 2015). Fórcola Ediciones acaba de publicar La vida en suspenso. Diario del confinamiento.
 
Ha traducido la poesía de W.H. Auden, Paul Auster, William Blake, Lewis Carroll, Anne Carson, T.S. Eliot, Ted Hughes, Charles Simic y Charles Tomlinson, entre otros, así como la prosa de Thomas de Quincey y John Ruskin. En los últimos años han aparecido Libro de los otros (Trea, 2018), que reúne las traducciones comentadas de poesía que ha ido dando a conocer en su blog, y el volumen de crítica La puerta verde. Lecturas de poesía angloamericana (Saltadera, 2019).
 
Fue lector de español en las universidades inglesas de Sheffield (1993-1995) y Oxford (1997-2000). Actualmente reside y trabaja en Madrid como traductor, profesor de escritura creativa y coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg.
 
Para más información sobre la editorial, podéis hacer click aquí:

martes, 2 de marzo de 2021

5 POEMAS DE SASHA REITER DE SOBRECARGA SENSORIAL (NEW YORK POETRY PRESS)



FUGA


Anoche soñé que pintaba con Carl Jung.

Lo peor de pasar una tarde con Carl es que reirá mientras

lanza

una mano sobre tu cabello, rompiendo tu concentración,

empañando con carmín alizarina tu frente

como con perdigones de sudor,

y cuando ríe, desde el fondo de su esófago,

puedes oír su teoría sobre el inconsciente colectivo,

justo al salpicar de su lengua,

justo al adherirse a tu autorretrato,

manchando los finos trazos con un alquitrán profundo

que comienza en el centro, escurriéndose, empapando

todo el lienzo,

una cacofonía de sonidos desde el interior del hueco,

alargándose hacia afuera, semejando en algo la marcha

fúnebre

del segundo movimiento de la Heroica de Beethoven,

y, sin que importe el nunca haberla oído,

tú conoces el sonido del negro medianoche corroyendo la

abertura

que perfora la caricia llana del blanco titanio,

la pintura paralela a tu pupila mientras las vibraciones

sacuden la cáscara de huevo alrededor de tu cerebro,

retardando el aroma de la canción que se torna espesa

como un jarabe demasiado dulce,

filtrándose desde el centro,

llegando a una habitación de tonos rosados,

no del todo carne humana, más como la piel de una fruta,

no del todo una manzana,

tal vez una ciruela convirtiéndose en durazno,

donde convergen líneas invisibles,

donde el inconsciente colectivo de Jung 

te dice que algo espera en la densa pintura negra,

y en el resto de la habitación,

una orquesta llena el morado Van Dyke,

ya desvaneciéndose en granate, casi sillas;

la orquesta está ordenada en filas de músicos sin rostro,

y Jung se para detrás de ellos con confianza,

y tú apenas reparas en él mientras cada músico alza su

instrumento,

monstruosas combinaciones de cuerdas y latón,

húmedas cañas y teclas de marfil;

nadie tiene suficientes bocas o dedos para su equipo,

y puedes escuchar, a través del colectivo,

que nadie está tocando nada con sentido por si mismo,

mientras intentas enfocarte en un sonido a la vez,

notas que cada miembro de la orquesta está tocando

su propia pieza diminuta de la sinfonía de Beethoven,

cada uno tocando esa pieza de manera algo incorrecta,

y juntos crean música que se está despedazando;

cada pieza amplificada por la siguiente,

los sonidos pulsan a medida que tus oídos sangran,

pero Jung te entregará un pañuelo para tus oídos

y admitirá que el colectivo existe

en las partes más tranquilas del cerebro

y, solo una que otra vez, trata de hablar directamente,

tal como lo hace regularmente para una persona tan

enferma,

y señalará tu retrato.

Él se pondrá serio y dirá,

así es como suena ser ultrajado por el universo.



DEPRESIÓN (O) CURA PARA LA EMOCIÓN


Te diré algo que ayuda:

Coge una manta, de al menos 2-3 cms de grosor, y

dóblala por la mitad.

Debe ser grande, tenlo presente,

diría de uno a dos metros.

Lo siguiente que debes hacer es encontrar el dolor.

Para mí, generalmente es en el estómago, pero digamos

que esta vez

está en algún lugar de tu cerebro, tal vez esté justo donde

este se divide en dos, a lo largo del pliegue,

donde los vasos sanguíneos se dan de puñetazos por falta

de comunicación.

Luego, envuelve dicha manta alrededor del pliegue

cerebral,

la cabeza puede ser mas manejable. Cubre la herida.

Envuélvela una o dos veces y mantenla apretada.

Sigue apretando. Sigue apretando hasta que tu cabeza se

sienta mareada

y tus dedos queden esculpidos en el sitio,

sosteniendo la manta, hasta que tu cerebro deje de

funcionar,

hasta que sientas la herida luchando por salir,

pero sostienes esa manta mas allá del punto de salud,

sostienes esa manta hasta que tus brazos

se desprenden y no puedes sentir ya nada en absoluto.

Sostienes esa manta hasta que no hay mas manta o

pliegue

en el cerebro o la cabeza o en ti y nunca más tendrás que

sostener

nada ni sentir nada otra vez,

y mucho menos un dolor en tu cabeza.



SOBRECARGA SENSORIAL


Esta Receta de “Súper Café” está Dejando Aturdidos a

los Médicos.

Paquetes de cruceros para Alaska: 50% menos.

Sentarse en exceso está matando lentamente a los

oficinistas de los Estados Unidos.

Reduce la inflamación con CBD, derivado del cáñamo,

mientras

buscas tu épica aventura turística.

¿Por qué la Antártida es la opción OBVIA?

¿Estás usando q-tips? Es muy probable tengas los oídos

sucios por dentro.

CBD y sus comprobados beneficios para la salud

revelados

por un singular truco de carburo que quema hasta 1

LIBRA por DÍA.

Alaska... un lugar como ningún otro que antes hayas visto.

Prevén y trata el hongo de las uñas con esto:

Los distribuidores despejan en el acto tus uñas

descoloridas,

que podrían infectarse por tu intento de ser más activo

ante la pavorosa e inspiradora belleza de Alaska

y mejorar la iluminación de tu garaje o de tu espacio de

trabajo,

lo cual es una solución permanente a los paquetes de

cruceros de último minuto

desde tu carro equipado con tu fijo pedido de escritorio!

Pero debes tener cuidado, la baja testosterona se está

apoderando de tu hombre.

¿Buscas un elevador de escalera para tu hogar?

¿Buscas un elevador de escalera para tu cuerpo?

¿Buscas un crucero para cualquier parte menos para acá?

¿Buscas algo para quitar el dolor?

¿Todo eso junto?

¿Completo?




¿SOY DEL BRONX?


Si el Bronx es una pendiente de historias de amor

contadas en lenguas diferentes,

entonces South Riverdale y Kingsbridge eran

donde aquellas lenguas se envolvieron a mi alrededor.

Pero Riverdale no es el Bronx, dice él.

Kingsbridge es una bachata que irrumpe

por tu ventana a las 2AM.

Policías morenos llorando en el espacio

entre su corazón y su cadera.

Muchachos morenos que traen cuchillos a la escuela

porque los matones odian a los maricas.

Un tipo flaco y gris acechando bajo la sombra de ladrillos

tostados,

ofreciéndome paquetitos de cocaína.

A los 15, yo comprándole a un desamparado cocaína por

10$.

Es el depravado que sigue a esa niña de 12 años,

silbándole suavemente a su trasero.

Es un coquito frío en un caluroso día de verano.

Alargadas cuadras de familias que se mezclan,

cantando y bailando toda la noche a pesar de las canaletas,

debido a las canaletas.

Canaletas que se llenan con el agua de los grifos de

incendio

para trocar un lugar de dolor en un parque acuático.

Son los niños, las mamás y las titis

quienes no lo llamarían un lugar de dolor.

Crecí al fondo de Riverdale,

en la cima de la colina que se derrite en Kingsbridge.

Crecí en parques blancos,

con noches silenciosas envueltas por familias judías

cada vez más enojadas con aquellas madres morenas 

como la mía que allí se mudan,

donde la gente de Kingsbridge trabajó duro

para que sus hijos crecieran,

preguntándole a mi mejor amigo

por qué no me dejaba visitar su casa,

observando a los rabinos hablar con desprecio a los

judíos

demasiado pobres como para pagar la membresía de la

comunidad.

Quizás Riverdale ya no sea el Bronx,

pero he pasado noches bailando al compás de esa bachata

de las 2 AM

retumbando desde un automóvil estacionado.

He probado la dulzura de esos coquitos

y las lágrimas de agua salada

de las madres que rezan de noche a un Dios indiferente,

secretamente estadounidense

quien mantiene cerradas las puertas del puente.

Quizás no soy del Bronx,

tal vez soy el hijo involuntario

de un acto de amor cultural

tan lleno de violación y cariño, que me permite marcar las

líneas

de dónde termina mi Bronx y de dónde comienza.



PALADAR IMPOSTOR


Hace 15,000 años, año más año menos,

mi familia puede o no haber cargado arroz

sobre sus espaldas en hielo, lodo y piedra

para llegar a campos sin sangre

para empujar aquellas pequeñas semillas

al fondo por debajo del aliento de la tierra

para comerse su botín durante 15,000 años,

año más año menos.


Mi profesor de color se refirió a mí

como estudiante de color una vez y

yo no estaba seguro de qué hacer con este título.

La primera generación en mí quiso brotar una lágrima,

pero sabía que me estaba otorgando un honor

que no podría ostentar.

Yo sabía que no era así.


Sabía que mi bisabuelo fue lo suficientemente inteligente

y afortunado para dejar su vida, familia atrás.

Llevar el peso de su linaje muerto, sus padres,

un yunque en su espalda,

tinta negra quemada sobre brazos

ya incapaces de alcanzarse unos a otros.

Pero no los brazos del hombre cuyo nombre no me he

ganado.

Corrió veloz con fantasmas

de la roja Rumania al rojizo Perú

y conoció a una hija de caminantes de arroz.

Mezclaron su sangre, jodieron la mía,

confundieron mis lenguas.

Los rumanos comen papas y pan.

Su nieta se escapó de casa.

Se llevó una mochila azul de nilón repleta

de ropa y sueños a Jerusalén.

Allí conoció a otro velocista, blanco con rizos de oro.

Los argentinos son los europeos de América Latina.

Su gente también corrió.

Por qué la pareja corrió junta a la tierra de la esperanza

rota,

de la metralla de expectativas empapadas de sangre

caliente

mohicana, japonesa, y pronto latina-


Yo no puedo ser de color con piel pálida,

sangre colonizada, refugiada y mas blanca que morena,

castellano que me cuesta.

Yo no soy de color porque 15,000 años de color

viven en el arroz que no como,

año mas año menos. 



Sasha Reiter nació en la ciudad de Nueva York en 1996. Creció en el Bronx, donde como hijo de padre argentino y madre peruana, experimentó en carme propia la otredad metafórica de ser latino y judío al mismo tiempo. Recibió su Bachillerato en Literatura Inglesa y Creación Literaria en Binghamton University (2018). Pasó un semestre en Londres estudiando historia y cultura de Inglaterra. Ha publicado los libros de poemas: Choreographed in Uniform Distress/Coreografiados en uniforme zozobra (Nueva York: Artepoética Press, 2018; y Lima: Grupo Editorial Amotape, 2a edición, 2018) y Sensory Overload/Sobrecarga sensorial (New York Poetry Press, 2020).