viernes, 17 de mayo de 2024

ARQUEOLÓGICAS I (José Carlos Sánchez-Lara)


 





                                            (1440-1479)

Estar aquí, mañana muerto.
Clavija entre las tuercas
del tiempo y el rugido

Yo me llamo Manrique. Yo me nombro
legión como los hombres
que ayer fueron y hoy son cosas.

Nadie sabe qué cumple un círculo
de simulación y verdad.

Palabra, clavo
para el rostro.









(VIII a. C.)

Encontraron al poeta H. O se encontró (intersección entre escritura y fin) algo semejante a H.

Se va a acabar, dijo y tragó el cloruro. Estómago comprime (pim, pam, pum) cual martillo inflama un cráneo.

Ver a H blandir su bilis, sostener báculo, caer. Reordenar existencia consagrada a la erosión.
Muerte de ciclista por contravención: ah la roja colera de Zeus.

Atascado entre goznes de esa Ilíada, refractaria a rescribir. 




(1912-1979)

Estoy harto del barroco y el mantel.
Harto del purista de oración mimética.
Yo trompo calcinado entre los blúmeres.
Yo libro de veneno en el vocablo Pan.

Yo lámpara fundida por reconstrucciones.
Yo piojo entre los tigres de corbata
Yo espiga en la manquedad del verbo.
Yo perro en perritud de sífilis.










(1926-1967)

John Coltrane se drogaba como un perro
para asistir oblonga maquinaria.
Los hilos de aliviar su cineraria
cortada en si bemol, saxofón de hierro.

Aquel niño de luz, aquel daguerro
tipo de esclavo en la ciudad-pantano
movía sus diez llaves con la mano
y claveteaba instantes con un puerro.

Así la sombra en celo le extraía
un ojo. También otro. E inmediata
mente engullía sol, engullía nata

en algún vaso de licor oscuro.
Era su goce de lo puro, duro.
Era la muerte muerta que dolía.




(1936-1972)

Sangre y caos condimentan mis teoremas.
No hay orden natural. Derriba todo.
Abyecta conclusión de que no hay tiempo.
El hoy está mordido entre porciones
de cáusticos ayeres y mendrugos.
Sitiado entre dos cuerpos sin mitad.
Poesía te anula. Poesía te sustrae.
Poesía, tenedor del prójimo.
Piedra que falta para deslizar un puente
sobre el agua inmóvil de las neurastenias críticas.

(No esperes otra cosa que epitafios).









(1908-1984)

Y nada puede inferirse del viejo zorro, sino esa matemática enemiga de un país.

Observaba minucias, canalillos, gestos ocultos tras polvo de negociaciones, torpezas de hombres que trepan gestorías.

Ficciones u observatorios de lenguaje, sin constituir la sorpresa que requiere el fondo, según ha examinado el discípulo Ron Silliman.

Poesía análoga a la pintura de Rosenquist. Ajena al artificio y polémicas de turno, recogidos en surcos de la depresión, el maldito año 39.

Francotirador hacia una realidad por la mira (oscura) de toda realidad, hasta absorber su claridad limítrofe.

Viejo perturbado que decía: No alterar los puntos ni crueldades urbanas. Jamás produciremos otro hombre cuerdo.

Odiador de palabras. Nos enseñaba a corregir a Pound y su notable carencia de modernidad. O como Williams: Presentar del material, no teologías, circunstancia.

Y al objeto: hilo lunar, cuestión política. Partes de una búsqueda económica, si la tradición se ha fracturado, dejando huesos, jurisdicciones que evaden su representación.

Aunque el discípulo Silliman nos habla del influjo de la página, porción que la escritura pudiera destruir por el ojo-seco del observador.










(1844-1900)

cuando dé la noche
en el psiquiátrico
diré tu nombre con un fósforo

poseída entre vacas rojas
eres más
que el petardo- muerte

te cobijo en mi memoria-túnel
te doy leche de amnistía
te despojo de ciencia y fe

cuando dé la noche
en el psiquiátrico
donde se vuelve al mundo en cajas

a los quince
la violé en su lecho
me comí sus tetas
puse sarro en su conducto anal

esa mujer mató la poesía
y se volvió el teorema
que vigila al farol de Bismarck

eso está escrito
en las olas
de la oscuridad con perros

oh noche
en el psiquiátrico
donde los hombres son abortos

oh reja
de forenses


Basilea 1891










(1894-1968)

Diez de septiembre. Pronto se ha hecho tarde.
Mi zona de morir, mi pandemonio.
Ni suero ni etanol ni testimonio,
mi luz metaforal que en sombras arde.

Diez de septiembre. Bajo de estas losas
oculta oscuridad, remiten voces,
pasados sin ayer, profundas toses.
El alma de Winétt y de las cosas.

Diez de septiembre. Escribo este soneto
un martes del horror analfabeto,
ya calvo, irregular, ya verde olivo.

Septiembre del volver avizorantes
al tiempo de después repetitivo.
Al tiempo donde el hoy es nunca y antes.









(1896-1948)

Tuviste razón al quemar los dioscuros
que martirizan el lenguaje.

De trepanar simbolistas en tus pánicos.

De zambullir los sueños del Mexcal.

De odiar a Dios y sus psiquiatras.

De enloquecer en catacumbas del Tarot.

De sufrir en los rojos manicomios.
De excomulgarte de la vida.

Tu profunda cirugía al cuerpo del poema,
tu cortada caliente en la cara del francés,
te otorgan Nobel de la luz mundial.

Tuviste razón, Antonín Artaud.
A palabras reluctantes, no fue a morir tu insurgencia clara.

¡Sale del volcán!

(remake)




José Carlos Sánchez-Lara (Cienfuegos, Cuba, 1969). Poeta, narrador. Tiene un libro premiado en concurso nacional, publicado en su país de origen (Regiones, Premio Nogueras, 2003). Textos suyos han aparecido en revistas cubanas, norteamericana, suramericanas y del Caribe. Ha representado a su país en dos Festivales internacionales de Poesía. Impartió los talleres de literatura “El Caso Monterroso” (micro-narrativa) para alumnos de la UPR; y “Texto y Objeto” (poesía objetivista). Ha enseñado arte en The Glenda Kotchish Artworks. Actualmente enseña de manera privada, en un Art Center en la ciudad de Concord, California.

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