miércoles, 1 de marzo de 2023

Convocatoria al Taller online “Asir la forma que se va”. Poesía peruana desde Vallejo hasta los 80s


Taller online

“Asir la forma que se va”

Poesía peruana desde Vallejo hasta los 80s


Profesor: Paul Guillén.


5 sesiones: viernes de 7 a 9pm hora del Perú (17, 24, 31 de marzo, 7 y 14 de abril). 

Las sesiones son en modalidad virtual. 


Inversión: 120 soles o 35 dólares (precio promocional)


Informes e inscripciones: 

WhatsApp: +51 970 661 105    

editorialsolnegro@gmail.com 


SOBRE EL EXPOSITOR

Paul Guillén es poeta, ensayista y editor. Doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, de donde también obtuvo una maestría en Literatura y un certificado en estudios sobre América Latina. También tiene una maestría en Escritura creativa por la Universidad de Texas en El Paso. Es Bachiller y Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde ejerció la docencia en la escuela de posgrado. Ha publicado libros y dictado conferencias en Perú, Chile, Ecuador, México, Cuba y los Estados Unidos. Actualmente, es director de la editorial y blog Sol negro, el programa de entrevistas Camino a Babel y la revista de crítica POETIKA1.


SUMILLA

En este taller se plantea una reflexión analítica sobre los sistemas poéticos del siglo XX en el Perú. Para ello, partiremos problematizando las nociones de sistemas literarios propuestos por Antonio Cornejo Polar en su libro La formación de la tradición literaria en el Perú (1989), así como también prestaremos atención a las teorías de Alberto Escobar expuestas en su Antología de la poesía peruana (1973) e incluso tomaremos en cuenta la idea de la “copresencia de lo diferente” sustentada por José Morales Saravia (2008). Los sistemas que detectamos dentro de la poesía peruana pueden dividirse así: 1) sistema coloquial; 2) sistema del lirismo, lenguaje de imágenes irracionales y surrealistas; 3) sistema neobarroco; 4) sistema del concretismo y postconcretismo; 5) sistema de la poesía escrita en lenguas originarias y 6) sistema de la poesía del lenguaje.


METODOLOGÍA

A partir de la lectura de algunos textos poéticos se propone abordar la poesía peruana contemporánea relacionándola de manera comparativa y por sistemas poéticos. Por ejemplo, cuando analicemos a César Vallejo y a Gamaliel Churata haremos un contraste entre los poemas “Huaco” y “Urpilila” para analizar algunos presupuestos de trabajo como ideas sobre lo indígena en la poesía, técnica poética, posición del yo poético, diglosia, epistemología, etnicidad, etc.


PROGRAMA

Sesión 1: Introducción. Sistemas poéticos en el Perú: Las teorías de Antonio Cornejo Polar y Alberto Escobar. Vallejo/Churata: epistemologías y etnicidad: Selección de poemas de César Vallejo y Gamaliel Churata. Surrealismo en el Perú: Selección de poemas de César Moro y Emilio Adolfo Westphalen.


Sesión 2: Feminismos y deseos queer: Selección de poemas de Magda Portal, Carmen Ollé, Mariela Dreyfus, Patricia Alba y Violeta Barrientos. Devenir mujer: Selección de poemas de Nelly Fonseca, Blanca Varela, Julia Ferrer y María Emilia Cornejo.


Sesión 3: Teoría animal: Selección de poemas de Jorge Eduardo Eielson, Antonio Cisneros, Jorge Pimentel y José Watanabe. Coprolalia: Selección de poemas de Carmen Ollé, Guillermo Chirinos Cúneo y Roger Santiváñez.


Sesión 4: Poesía e Historia: Selección de poemas de Enrique Verástegui y Juan Ramírez Ruiz. Poesía y política: Selección de poemas de Leoncio Bueno, Dalmacia Ruiz Rosas y Cesáreo Martínez.


Sesión 5: Barroco y neobarroco: Martín Adán, Carlos Germán Belli, Magdalena Chocano y José PancoRvo. Poesía quechua: Selección de poemas de José María Arguedas, Kilku Warak’a y Dida Aguirre. 

lunes, 27 de febrero de 2023

LA POESÍA LOS POEMAS LOS POETAS. Enrique Verástegui: Cañete

 LA POESÍA LOS POEMAS LOS POETAS es una serie de videos grabados sobre poetas resaltando los paisajes y calles de sus propios pueblos. Programa producido por Sol negro y Paul Guillén. Y en este primer capítulo de LA POESÍA LOS POEMAS LOS POETAS tenemos a Enrique Verástegui con su poema "Cañete".



sábado, 18 de febrero de 2023

Este miércoles 22 de febrero se presentará la colección de poesía "Pulsaciones" (Pájaro de fuego ediciones)


Pájaro de fuego ediciones invita a la presentación oficial de la colección «Pulsaciones» a realizarse el 𝐦𝐢𝐞́𝐫𝐜𝐨𝐥𝐞𝐬 𝟐𝟐 𝐝𝐞 𝐟𝐞𝐛𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝟕:𝟑𝟎 𝐩𝐦 en las instalaciones del Instituto Raúl Porras Barrenechea y para el que se contará con la participación de los escritores peruanos Paul Guillén y Violeta Barrientos. Habrá recital de poesía & brindis de honor. 

La colección «Pulsaciones» está compuesta de 6 poemarios unidos en un solo estuche: 

- Acople en el mar del cosmos, de Pablo Salazar Calderón

- Further, de David Jiménez

- La angustia era una flor carnívora, de Patricia Colchado

- Albas a Orfeo, de Ursula Alvarado 

- Cabos sueltos, de Wilver Moreno Tineo

- Chateo con Belli, de Luis Boceli

Puedes comprar la colección en este link: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=124897507134957&set=pb.100088441233550.-2207520000.&type=3


viernes, 17 de febrero de 2023

"ESCRIBIR ES COMO EL AGUA" DE CÉSAR RUIZ LEDESMA, POR MIGUEL ILDEFONSO


Escribir es como el agua (Sol Negro, 2023) es el primer libro de poesía publicado del escritor César Ruiz Ledesma. Aquí nos presenta una serie de poemas que abordan, como crónicas del cuerpo y del alma, las vicisitudes de ser poeta, del lector, del amante de la belleza y la música, de ser peruano y Latinoamericano, del exiliado del tiempo y de la geografía del espíritu. Es la narrativa de los caminos circulares de la memoria, en donde se retorna a la infancia, a la casa familiar, a las noches de bohemia y lujuria de una juventud en llamas (el poeta Novalis decía “el agua es una llama mojada”) y al paso obligado de una frontera en el desierto que no es solo como abrir un libro y entrar a otra dimensión, sino el descubrimiento deslumbrante de saber que allí es donde todas las dimensiones confluyen.

Empieza con la sección Historia de un burgués enajenado. Nos vemos en la ciudad de aguas turbias como el río Rímac, como un pantano de donde no se puede salir de esa ataraxia, del spleen de Baudelaire; en donde el alma se ve obligada a separarse del cuerpo, a abandonarlo. Evasión o viaje baudeleriano es por esa densidad del cemento de la ciudad que existe contra la levedad del alma, contra la liviandad del agua. Por eso la transformación es necesaria, cumplir con el paso de las edades, con el cambio del cuerpo para que sea como el flujo del agua que se amolda a nuevos cauces. El “Pienso luego existo” de Descartes sería mejor, dice el poeta, con el “siento” y “luego existo”. Pensar es lo denso, sentir es lo leve.

En El agua y los sueños, libro de 1952 de Gastón Bachelard, el filósofo francés decía: “La movilidad heracliteana es una filosofía concreta, una filosofía total. No nos bañamos dos veces en el mismo río, porque ya en su profundidad, el ser humano tiene el destino del agua que corre. El agua es realmente el elemento transitorio. Es la metamorfosis ontológica esencial entre el fuego y la tierra. El ser consagrado al agua es un ser en el vértigo”.

Entonces, en el libro de César Ruiz Ledesma nos encontramos en ese vértigo del agua, entre las risas y reniegos como dice en el poema Insomnio negro, y en aquel “manantial de voz” y en los “arrecifes” y en las “gotas” del poema Aquino Quiroga, y así el agua discurre a lo largo del libro, entre el pensamiento del discurso poético y el sentir que evoca la memoria.

El color negro predomina en los primeros poemas, relacionados con la nocturnidad de los insomnios, con la memoria ardiente del hogar y de los juegos infantiles. Y todo atravesado por ríos, charcos, la humedad y el barro; a veces desembocando en la playa de San Bartolo. O cuando los ríos traen la música que será compartida con las amistades, iluminando al mundo junto al líquido del licor o del café, oyendo a Franz Zappa, King Crimson o a José José.

El cuerpo ve alejarse a su alma, y el alma ve a los aviones alejarse como ángeles sin territorio, en esa levedad que también es el poema como nube que aterriza y vuelve a despegar. Ya desde el poema One way ticket empieza a hablar el poeta migrante, más liviano, más transitorio. Las aguas ahora son de la lluvia que moja Paterson y del río Hudson; y ahí reverbera la memoria de la de “blancos muslos, rojos labios, negros ojos”, y de “papá Octavio” y del tío Fernando y del primo Miguel.

La segunda sección, La línea que separa continentalmente el cielo de la tierra, contiene  poemas de la frontera de Estados Unidos con México, de las ciudades de El Paso-Texas y Juárez, de los inmigrantes ilegales, de los policías de la frontera buscando droga o devolver a los mojados al Sur. El ser transitorio se metaforiza en ese nombre de El Paso, es un latinoamericano tratando de borrar la línea que separa el idioma español del inglés, el tercer mundo y el primer mundo mirándose cara a cara. El río ahora es el Grande, como lo llaman los mexicanos chihuahuenses, o el Bravo, como lo llaman los gabachos o estadounidenses. Allí Eric Clapton toca magistralmente esa guitarra blusera y rockera en el velatorio de los cuerpos ilegales de Anita Ruelas, Oscar García y Lupita Ramos. Aquí el agua es roja como la sangre del poeta, la de sus “herencias” que tiñen cada una de sus oraciones y, a la vez, la frescura del amor en ese desierto calcinante.

La tercera y última sección lleva el título del libro. Aquí la musa es otra vez el spleen baudeleriano junto al hachís que, tras el hastío de la resaca (“el hastío de los dioses”, lo llama), dan inicio a la elevación definitiva del cuerpo. Es el tránsito de la densidad existencial a esta nueva era multidimensional, en donde todo fluye rápidamente. Primero es la humedad, luego el vapor y finalmente aquel éter señalado en el poema titulado Alonso Quijano. El peso de la existencia se diluye en nombres como en Pessoa, en heterónimos interculturales (llámese Garcilaso, Guamán Poma o Churata), o como aquello que es el signo de estos tiempos líquidos como diría Zygmunt Bauman, al definirnos como seres fragmentados, armonizándonos en el caos de una realidad virtual y bullente. Entonces de esas aguas pantanosas, que es la realidad, a veces sale un brillo que es el “pensamiento libre”, “la piel plateada de la luna”, el poema mismo. Porque si bien escribir es como el agua, vivir es una constante travesía a través de la frontera, es ese “como” ahí en medio de esas dos realidades aparentemente quietas, a veces. La poesía puede parecer algo quieto o estático, también, cuando la vemos como un libro. Pero no, siempre fluye.

Fuente: http://miguelildefonso.blogspot.com/2023/01/escribir-es-como-el-agua-de-cesar-ruiz.html#more 

jueves, 16 de febrero de 2023

Desengaños del mago (1961) de Manuel Scorza

 


A Manuel Scorza se le recuerda por su gran ciclo novelístico, además de algunos poemas de corte amoroso y social como "Serenata"o "Epístola a los poetas que vendrán", pero aquí queremos rescatar su producción más estrictamente ligada al para-surrealismo en su libro Desengaños del mago de 1961. Nótese también que Scorza dedicó al sobrino de César Moro y poeta surrealista Fernando Quíspez Asín Roca el Réquiem para un gentilhombre en 1962. Compartimos dos de las tres secciones de Desengaños del mago.


Desengaños del mago


A Jorge Zalamea

in memoriam


I 


Antaño yo vivía en una torre que custodiaban tardes

de susurrantes collares.


Yo acechaba a las caravanas que, al caer

los crepúsculos, entraban en los patios

polvorientas de azul.


Yo jamás dormí.


Tal vez dormí, tal vez soñé que un ruiseñor sediento

secaba los mares.


Tortugas sospechosas empezaron a seguirme.


Yo en las tardes miraba flotar en los estanques

ciudades de ojos magnéticos.


Cada noche la marea depositaba en los árboles

islas dormidas.


En bosques de miel esperé a Lucy, la niña de cuernos

relucientes.


Lucy sollozaba por los elefantes enredados en mi barba.

Lucy era una gaviota.

Yo era un cangrejo, un lirio, un árbol relampagueante.



II


Déborah: si alguna vez desciendes de los tejados,

si alguna vez emerges de los cementerios donde

vives, y cruzas (ave o demonio) por la Plaza del Oso,

me verás bajo la lluvia esperándote. Porque amé tu

calavera de conejo, amé hasta enloquecer tu rostro

dañino.


Déborah y yo cabalgamos sobre un escarabajo

de ojos penetrantes y en días de tristeza recorrimos

espejos, uniformados de azur.


Déborah se mataba las pulgas mientras yo recitaba

mis grandes cantos.


Sólo una vez me permitió besarla. Fue en los jardines: la

primavera silbaba su tonadilla. Ella movía la cola,

azorada.


Pero tan pronto la besé, sacudió el polen de su falda,

aulló a la luna y huyó por los desfiladeros.


Yo felizmente era un topo, dichosamente excavé

un túnel.


Yo estaba solo amancebado con la luna.

Bien lo sabes, Déborah, mi araña incomparable.


¡Oh mi alondra!


¡Oh mi cítara enlutada!



III


Antaño fui un mago melancólico, panteras

invulnerables me seguían arropadas en sus sedas.


Poblé los cielos de bondadosos monstruos.


Yo tenía veinte años: el año empezaba.


La abominable tripulación puso proa al paraíso.


¡Proa al paraíso, charcos de maldad!


(«¡Nunca te traicionaré! ¡No me rendiré mientras

chapoteen las sirenas! -mentíale a mi musa»).


Remonté ríos de erizados dientes.


Era el tiempo humeante de mi generación.


Todavía escucho gritar a los unicornios pisados

por la multitud.


El gentío himpla para que abdique.


Pero yo no cambio de plumaje: me niego a iluminar

con mi canto los fétidos establos de la noche.


No más embustes:

que el Poeta se quite el antifaz y muestre su pico afilado.


Rabiosos ejércitos nos buscan.


Mas yo vuelo hacia el futuro, yo anido en el pasado.


Os prometo: una brisa de alondras refrescará

el infierno.



IV


Y llegó el tiempo del murciélago.


En los caminos colgaron a los elfos.


Pintarrajearon a las hadas antes de forzarlas.


Fracasaron mis magias.


Vagué por llanuras de trapo.


Me hinché de moscas como un verano gordo.


Estuve en Samarcanda, la de cabeza sumergida.


Sólo insectos poblaban tu urbe, desesperación.

¡Oh desolado, sólo tu pueblo ciego te miró envejecer

ante las murallas!


Atravesé salones enjoyados donde el tigre husmeaba:

tigres gigantescos entre cuyas zarpas pasan ríos

despavoridos.


Huí de aquellas tribus.


Llegué a Nínive, la de ojos sangrantes.


La tarde era un pez de tetas fosfóricas: el río arrastraba

imperios de oro danzante: yo mismo era una serpiente.


Tuve suerte: me amamantó una hembra cuya gordura

a los naturales aniquilaba.


Yo saludo a la que me llevaba muérdago y ratones

frescos a mi cubil, yo celebro a la que lamía mis cabellos.


Oh Nínive vestida con mi dicha.


Nínive de ojos inaccesibles.


Nínive de torres soñolientas.


Nínive donde queda mi corazón ardiendo.


Así empezaron los años de mis inolvidables

desgracias, aquel amor que fue mi ruina.



V


Al salir me derribaron los coletazos del viento

enloquecido por los piojos.


Para vivir compuse canciones: la turba me arrojaba oro

entre los barrotes.


Ya era tarde.


Enfermé.


Agonicé en los bosques. Mi trono era la luna; mi cetro, el aullido del lobo.


Peinábame el sol, adulábanme sus hipócritas vasallos.


Recliné la frente en las catedrales.


Caían las torres envenenadas.


Sangraban los obeliscos.


El mar encaneció, las islas huyeron.





Déborah

a Juan Ríos


I


Bien sé que con tu ojo único —con tu ojo de monstruo acostumbrado al espanto— invisible y alta, lúbrica y negra, me miras, ferozmente, Déborah.

Esta es la hora que en el pavor de tus antros te vistes de novia y subes jadeando a tu torre enana, para contemplarme amorosa.

Esta es la hora en que, al fondo de los mares, los magos soñolientos entreabren sus verdosas conchas y las fatídicas vírgenes hierven en sus ollas mi pasado.

¡Mi pasado!

En ciudades desaparecidas, en desencajados templos, pulso el pestilente laúd cuya música sólo soportan los inmortales: desde las ventanas he visto cojear a los otoños, he visto—con tristeza—a los vientos arrastrar ballenas.

Yo recuerdo el deslumbrante plumaje de los canallas, yo celebro tu infatigable cola, yo lloro porque antaño, a esta hora, te posabas en mi hombro, papagayo tenebroso.

Yo sé bien —bien lo sé, amor mío— que, ahora mismo, te sientas en la profundidad de tu trono y me descubres, bajo el furioso mar, profundamente dormido.



II


Cuando paso bajo tus balcones, cuando atravieso los patios, jadeante bajo el peso precioso de mi caparazón, tú miras la nieve de remotos países.

Yo cruzo humildemente el jardín, pero tú no desciendes a mirarme: absorta estás ante el rosal de curvado pico.

Tal vez es el crepúsculo: arde tu rostro extrañamente.

Voy entonces hacia ti: cruzo polvorientos salones, recorro sumergidos palacios, hasta que miro parpadear tus ojos palúdicos.

Entonces chillas, saltas de rama en rama y huyes graznando como si tuvieras la pata quebrada.



III


Todavía era la noche cuando la Melancolía apareció en lo alto de su torre lívida.

Tú bajaste los ojos.

Peces horrendos surcaron el aire perlados de ira.

Comprendí entonces que ya nunca volverían los días dichosos, las inolvidables tardes idiotas, las felices noches tediosas.

Enloquecido, entreabrí las lujosas cortinas del invierno arruinado.

Bajo la luna, jadeantes caimanes de seda nos seguían.

Envejecidos tigres de latón se asomaban a las ventanas, a mirarte, por última vez, con ojos furibundos.

Como quien atraviesa el pasado atravesé la ciudad dormida: roncaban todavía las torres obesas, ahítas de crepúsculo.

Al alba, prodigiosamente cansado, me detuve entre las actinias: cerré los ojos en tenebrosa paz: desde entonces duermo: es raro que lleguen hasta aquí los peces, muy raro que los pacíficos radiolarios disputen por los ojos de las púdicas holoturias.



IV


Ya no son verdes las plumas de los dinosaurios, ni las hienas se cubren de frutos cuando llega la primavera amable; ya el pulpo no sacude su deslumbrante pico en los castillos del estío.

Yo también estoy solo, rodeado de melancólicas islas y recorro envidioso los patios azules del mar hasta que el gran pez de la angustia quiebra con sus coletazos la cristalería del arco iris.

No soy hermoso, ni ágil como el saltamontes: me escondo entre las hierbas y debo esperar a que chille el mochuelo para emerger entre las grietas.

Muchas veces gira la odiosa luna antes que te contemplen mis ojos húmedos.

Pero esta noche has venido envuelta en una belleza que no es de este mundo y me has mirado tristemente.

¡Has acariciado mi lomo tembloroso y se te han llenado los ojos de carnívoras aguas!



V


He estado sumergido largos inviernos, he dormido ferozmente bajo los atrios, delante de mi faz los mendigos celebraron sus misas.

El viento derriba invisibles torreones, el invierno hojea su viejo libro y yo recuerdo a Déborah.

¡Oh gentiles espumas, tímidos mares enanos, en vuestros sagrados pechos recliné mi cornamenta de oro cuando Déborah me amaba!

Era en los desvanes del treceavo mes, era cuando mi corazón pastaba en las praderas infantiles del mar.

En sueños, escarchado de rabia, miré que el cielo enfermaba y las estrellas tosían y el sol se cubría de moscas venidas de Oriente.

Oh Déborah: cuando desperté la corrompida Diosa de Marfil sollozaba; ante los templos, bajo el sol subterráneo, tu calavera sonreía.



VI


Si algún día, en tu barbuda torre, en tu país baldado, oyes jadear las herrumbrosas hélices del odio, comprenderás que no he mentido.

Porque amé tu rostro azul, idolatré tus ojos viciosos, tu barriga hinchada de hongos mortales.

No reniego haberte visto entre los cánticos de seda de los lunáticos, anunciando de la peste los reinos deslumbrantes.

¿Qué amor, qué amor pudiste sentir por mí, lívido grajo?

Era verano cuando te descolgaste de los campanarios —era un escamoso día de verano— cuando emergiste entre las algas gritando: “¡Voy a perderte!”

Yo chillé de alegría porque hacía muchos meses que me negabas tus besos: ebrio de gloria arrastré de los cabellos a la pobre tarde.

En aquella gruta fuimos felices y los paseantes palidecieron cuando Déborah y yo, dulcemente abrazados, cruzamos las islas seguidos por las bandadas que llevaban a cuestas nuestros mantos.

Déborah: tuve que partir.

La tempestad tiene ojos centelleantes: mi corazón padece en aquella isla blanca.

Déborah: yo sé que me oyes, yo sé que en tu guarida escuchas el silbido amarillo de nuestra inolvidable cobra y luego sollozas y después el olvido. 



Manuel Scorza (Lima, 1928-Madrid, 1983). Poesía: Las imprecaciones (México DF: El Viento del Pueblo, 1955); Los adioses (Lima: Organización Continental de los Festivales del Libro, 1959. 2ª edición. Lima: Colección El Centauro. Festivales del Libro, 1960); Desengaños del mago (Lima: Organización Festivales del Libro, 1961); Réquiem para un gentilhombre (Lima: El Neblí, 1962); Poesía amorosa (Antología. Lima: Populibros peruanos, 1963); El vals de los reptiles (México: UNAM, 1970); Poesía incompleta (Reúne todos los poemarios anteriores. Prólogo de Rubén Bonifaz Nuño. México: uUNAM, 1976); Poesía (Antología. Lima: Municipalidad de Lima Metropolitana, 1986); Obra poética (Lima: PEISA, 1990) y Relámpago perpetuo, selección de once poemas (Lima: Lluvia Editores, 2000).

miércoles, 15 de febrero de 2023

Entrevista a Emilio Adolfo Westphalen, por Edgar O'Hara


A. P. Alencart, Emilio Adolfo Westphalen y Álvaro Mutis
(Palacio Real de Madrid, 1991, foto de Jacqueline Alencar)


SEGUNDA CONVERSACIÓN

Después de la charla de agosto de 1991, intenté realizar otra, con Luis Miguel Glave, dos años más tarde. Ambos estábamos embarcados en la preparación del manuscrito de Nacido en una aldea grande, los ensayos de EAW de fines del setenta a ese presente. Pero Emilio comenzó a sufrir desgastes de salud y en 1994 tuvieron que internarlo.

En agosto de 1996, en la Maison de Santé de Chorrillos, el poeta aceptó otra vez conversar en presencia de una grabadora que, coincidencias curiosas, se negaba a funcionar. Ciertamente el estado de ánimo no era el de años atrás y a nivel físico, después de haber cumplido los 85 años, se notaba el esfuerzo que le suponía la sesión.

Edgar O’Hara: Tengo varios temas... El primero tendría que ver con la obra previa a Arriba bajo el cielo, que André Coyné distingue como la segunda etapa de tu poesía. ¿Estás de acuerdo con la observación de André?

Emilio Adolfo Westphalen: Han pasado tantos años entre una etapa y otra que, no sé, considerar... ¡Y...!

E.O.: Pero tú, por ejemplo, en Arriba bajo el cielo decidiste de alguna manera organizar una unidad poética en torno al vencejo, cosa que no había ocurrido en Belleza de una espada clavada en la lengua, que eran poemas escritos, o que te habían sucedido, a lo largo de los años. André quiere confirmar una idea que tú has señalado en alguno de tus ensayos: no se le puede pedir a un poeta que escriba como escribía a los veintiún años.

E.A.W.: Sí, pues. Eso es tan obvio que no sé qué te puedo decir.

E.O.: Claro, pero me podrías confirmar la imagen de esta terraza del departamento de tu amigo en Roma. ¿Por qué te llamó tanto la atención?

E.A.W.: Era una imagen cruel. Era un convento antiguo, convertido en departamentos, donde vivió la reina Cristina de Suecia cuando aún era convento.

E.O.: Pero entonces hay una imagen como surrealista o agresiva con estos vencejos...

E.A.W.: Sí, sí.

E.O.: ¿Y por qué aparece De Chirico al final, cuando hablas de la calavera? ¿Por un homenaje nada más o por alguna...? Te estás riendo...

E.A.W.: Porque me resultó divertido introducir la calavera de De Chirico.

Máximas y mínimas de sapiencia pedestre (Lisboa, 1982)

E.O.: En el contexto del convento y los vencejos... ¿Y el piano? Cuando dices “toca con el pico y con la pata”, ¿de qué piano estás hablando?

E.A.W.: No sé. Habría algún piano. No sé... Porque en casa de mi amigo no tenían piano.

E.O.: Esa cantidad de animales que aparecen en Las ínsulas extrañas y en Abolición de la muerte... En un principio, por muchas aves y muchos picos, los asocié con Arriba bajo el cielo. ¿Eras consciente de esa zoología en tus dos primeros libros en el momento de armar ese nuevo? ¿Era un bestiario que podía venir tal vez de Lautréamont?

E.A.W.: Sí, es probable. Pero son esas cosas sobre las cuales no se puede confirmar nada.

E.O.: Porque en Moro hay muchos animales... 

E.A.W.: Sí...

E.O.: Pero tú conociste a César, personalmente, el año 1934, después de Las ínsulas extrañas. ¿Conocías poemas de Moro previos a tu encuentro personal?

E.A.W.: No, los poemas de Moro que he conocido, antes de conocerlo a él, son los que aparecieron en Amauta.

E.O.: Y que son marginales a su obra, digamos.

E.A.W.: Ahí hay una carta de Moro protestando porque había muchos errores.

E.O.: ¿En Amauta? ¿Y qué dijo Mariátegui? 

E.A.W.: No sé.

E.O.: Porque Moro estaba en París.

E.AW.: Sí, pues. La carta fue a Martínez de la Torre, que era el secretario de redacción...


E.O.: Y dime, ¿habías leído a Eluard en francés? Tú empezaste tus ejercicios en francés con diccionario... Pero durante la escritura de Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte, ¿ya habías leído poesía francesa?

E.A.W.: Sí.

E.O.: ¿Es posible que te atrajera Eluard?

E.A.W.: Sí. Entonces estaba en Lima Juan Larrea, que fue quien me prestó unos libros de Eluard en francés.

E.O.: ¿Antes de la aparición de Las ínsulas extrañas?

E.A.W.: Sí.

E.G.: Es decir, Larrea había venido para ir a Machu Picchu.

E.A.W.: Sí, pero estuvo un tiempo en Lima, en el hotel Leuro...

E.O.: ¿Que quedaba dónde: en Miraflores, entre Benavides y Larco? ¿Después fue el cinema Leuro?

E.A.W.: El hotel Leuro era un conjunto de casitas, cerca vivía la familia Gibson.

E.O.: ¿Percy vivía allí?

E.A.W.: Percy, sí, pues.

E.O.: Hay un verso de Abolición de la muerte que dice: “Había tantos nidos de dulzura y silencio entre nuestras bocas”. De pronto recordé un verso muy parecido de Eluard, no sé si posterior o anterior al tuyo. Es para que veas la cercanía... Me lo aprendí de memoria la primera vez que lo leí...

E.A.W.: ¿Ah, sí?

E.O.: “Tú haces burbujas de silencio en el desierto de los ruidos”, en la traducción de María Teresa León y Rafael Alberti. Entonces habría una cercanía de construcción al tomar las palabras como si fueran objetos.

E.A.W.: Entre los libros que me prestó entonces Juan, estaba... ¿Cuál estaba? Este...

E.O.: Hay un momento en que el hablante de tus poemas dice en Las ínsulas extrañas: “No acierto a poner las horas en su sitio/ Siempre me engañas dándome el beso de las tres/ A las doce y varias veces repetidas/ El punto de la i sobre la o”. Esto me hace pensar, por ejemplo, en un tipo, de ejercicio escolar, como de caligrafía, donde uno va copiando una oración y la puede ir alterando para que la maestra no vea que no se ha copiado todo. ¿Tú te divertiste mucho escribiendo esos dos libros, así como dice Moro que se divertía escribiendo poesía como si barriera? Te ríes...

E.A.W.: No sé...

E.O.: Si hubiese sido una experiencia desgarrante... Es una palabra que aparece con frecuencia en tus poemas, incluso el vencejo “desgarra”... Y luego Supermán, en Nueva serie de escritos, “abriendo a todo lo ancho el río” se traga las entrañas “de un bocao”. Si hubiese sido, repito, desgarrante, te habría marcado mucho más. ¿Fue entonces una experiencia lúdica?

E.A.W.: Sí, pues. Más bien lúdica. ¡Y...! ¿Por qué les das tanta importancia a esos versos?

E.O.: Porque esos poemas me parecen, de alguna manera, huellas personales, tratados escritos sobre una especie de piel de la experiencia. A partir del año 80 —y con esto creo que entramos al segundo momento de esta conversación, te acercas más a una voluntad de ironizar respecto del recuerdo y la memoria, y buscar el presente como un don de la lengua. De ahí viene la relación con los ensayos. Muchos de ellos tienen que ver con este asunto: sobre Vallejo y Eguren, la lengua poética de Moro, la experiencia que Arguedas podía expresar solo en quechua. En los ensayos veo una clave para los poemas a partir del año 82.

Revista Diálogos de México, donde se publica el ensayo
“Eguren y Vallejo: dos casos ejemplares” de E.A. Westphalen

E.A.W.: Bueno... Esa veta se terminó pronto.

E.O.: ¿La primera veta o la segunda? La segunda no se ha terminado.

E.A.W.: ¿No? ¿No se ha terminado?

E.O.: La palabra “patrañas”, por ejemplo, utilizada para designar esos poemas que has publicado recientemente…

E.A.W.: ¡Que me han publicado!

E.O.: Bueno, que te han publicado en Colombia y en Barcelona. Tienen que ver un poco con esa reverencia del poder de la lengua y al mismo tiempo con la ironía y la sequedad con que “sientas” esa presencia de lo súbito.

E.A.W.: Bueno, pues, así será...

Falsos rituales y otras patrañas fue editado en Barcelona 1994 por Vladimir Herrera

E.O.: ¿Cuándo empezaste a cambiar los signos de puntuación por los guiones? Hasta Máximas y mínimas de sapiencia pedestre hay un estar dentro de la norma de la coma y el punto y coma... Pero en Nueva serie de escritos se produce el reemplazo. Me interesa saber cómo juntaste esta noción de representar lo poético o su experiencia en ensayos y poemas a través de una filiación tan íntima. Incluyes el poema “Paréntesis” en La Poesía los poemas los poetas, el libro de prosas... ¿Cuándo empezaste a poner los guiones?

E.A.W.: Ay... No sé.

E.O.: ¿Pero fue voluntario?

E.A.W.: Hmmm... Emily Dickinson creo que usa los guiones...

E.O.: Que es muy común en la poesía estadounidense... ¿Tú habías traducido a Dickinson?

E.A.W.: Sí.

E.O.: ¿Fue un recurso que hiciste que saltara de la poesía a tus ensayos o de tus ensayos a la poesía?

E.A.W.: Cómo será. En los ensayos pongo los guiones.

E.O.:Y en los poemas también... Hay un deseo de expresar la experiencia de lo poético a través de una forma que junte la prosa con la poesía, para no hablar de verso... Me gustaría saber si era un deseo de eliminar una frontera entre la reflexión sobre el poema y el ejercicio de arañar o “desgarrar” lo poético...

E.A.W.: Bueno...Ya vas muy lejos, creo.

E.O.: Es que hacia allá me llevan tus escritos.

E.A.W.: Hay mucho de inconsciente en todo eso...Tú eres muy consciente de cada detalle...

E.O.: Porque tú eres un poeta que no se permite la irracionalidad a la hora de buscar la palabra justa. En ese sentido la maestría de Eguren, ¿no?, te ha llevado a ello, a diferencia de la escritura de Moro, que es tan distinta. Tus prosas son una especie de homenaje, o respuesta, o guiño, a Los motivos...

E.A.W.: Bueno, puede ser que algo de eso haya ocurrido porque es muy particular la prosa de Eguren. ¡Y...! Ya estoy cansado...

E.O.: Terminemos entonces.

(Maison de Santé, Chorrillos, 28 de agosto de 1996)


Fuente: La poesía en custodia (acercamientos a Emilio Adolfo Westphalen) / textos, Edgar O'Hara ; fotografías, Herman Schwarz. Lima : Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2005.

martes, 14 de febrero de 2023

6 poemas de la española Marian Raméntol


Todos los poemas pertenecen al libro “Salvoconductos hacia las primaveras” editado por LN Ediciones en 2022 en formato de libre descarga: https://archive.org/details/salvoconductos-hacia-las-primaveras/mode/2up



EL CIELO NOS SABE FORMALES Y ETIQUETADOS


La avenida se ha quitado la camiseta,

el sol baja por la faringe de los edificios

mostrando la realidad alargada de la prisa.

Las sombras corren sin autorización

por los mofletes asfálticos de los muros,

y en la boca del metro

parecemos hormigas de azúcar,

arrastrando los pecados en el lomo,

testarudas y organizadas,

como queriendo exorcizar a las gaviotas

de su condición actual de carroñeras.


Somos dóciles, comprensibles y numerables,

nos sorprendemos siempre de igual manera

ante una pared clonada, ante un pueblo mudo

o ante el sudor de los almohadones

cuando los asalariados rostros

se perpetúan sin respuestas.


El cielo nos sabe formales y etiquetados, sí.


Pero también sospechosos de provocar una estampida

hacia los grises sin hogar, hacia las biografías

crepusculares, hacia los pechos

que acunan la belleza de un lenguaje convicto,

y por eso nos vigila,

apostado en el alféizar del futuro,

escudriñando cada disculpa,

cada sollozo de euforia o de espera,

de noche anecdótica o de vacío importante,

porque todo cuanto hacemos

señala la orografía

de nuestra peligrosa fragilidad.



DARLE UNA LECCIÓN A DIOS SOBRE LA CIENCIA


Vivo de posibilidades, como tantos otros.


Si pudiera ser sólo julio

las bombas vaciarían el intestino del mar,

sembrarían de anémonas las orillas de los libros,

y tentarían a la exhalación de la muerte

en cada pie de página,

con la aclaratoria munición entre líneas

para este mundo demasiado corto.


Con toda la inquina junta

al inicio de un capítulo hecho de barricadas,

se narraría la mayoría de edad de un nacimiento,

más lejos del parto de ese horizonte

que sentado en la grupa de un camello

empieza a girar rápidamente,

y vomita sobre los ojos

la enorme imagen de nuestro orbe.


Y así sería capaz

de darle una lección a Dios sobre la ciencia,

sobre el arte blindado de los muros,

sobre las bocas secas de los pueblos anochecidos,

y sobre el humanísimo hedor de la leche

cuando nos mancha por dentro.



UN MUNDO DE BORRASCAS


Este mundo sin cuerpo no tiene sombra,

es como el velatorio de un mar vacío

parado sobre la enfermedad de sus costas,

que anduviese de fiesta con otra persona

metida dentro de mi piel, y a cada inspiración

construyéramos futuras necrópolis.


Si oscurecemos las esquinas del aire,

y cavamos hondas lunas de aceite,

si los pájaros exprimen cada gota de nube

y se derraman amanecidos de colores cóncavos,

haremos inclemente el desafío  

entre el borrador del océano

y la acuarela de los peces.


Que la sangre, entonces,

me devuelva una mirada ruidosa como un parto,

que me nazca un planeta minúsculo,

donde los espejos pierdan la cordura, y me reescriban

la cabeza, costillas y columna vertebral,

y a cada respiración estaré

un paso más cerca

de poder nombrar un mundo de borrascas,

confidencias y demás humanidades.



EN ESE LADO FRONTERIZO DE LA MUERTE


Hace tiempo que solo entablo diálogos con la ceguera

y mi nombre utiliza todas las letras que lo forman.


Me quito la ropa supurante de cicutas

y constato que en la zona ártica de mi espalda

ya no queda lugar urbanizable.

¿Qué haré con el invierno?


Entre esa piel tan pegada a las alturas

y la vida, no hay correccionales y la palabra

espera ante el patíbulo

al último chaparrón de notas para un réquiem.


Busco allí donde los minutos

arrojan sus pechos a la calle

y la voz aprovecha el salvavidas

para crear un imperio en el espacio.


No habrá modisto

que descifre las medidas de mis piernas

y no tendré más que permanecer desnuda,

porque no es verdad que las heridas

acaben siendo invisibles.

El dolor desde que nace  

es resistente a la cirugía plástica

y yo tengo la manía de abrir siempre los ojos

en ese lado fronterizo de la muerte

donde la biografía del abecedario

es una poética inacabada

que no admite correcciones.



FRENTE AL MONÓLOGO DE MIS VENAS


Llevas una nube en la comisura de los ojos

por eso me derramo, a cien pasos de ti,

con la mejilla hablando en voz baja

y la ceguera de mi vientre tomando un baño

en la profundidad del silencio.


Me basta con esperar la luz en el andén,

con el equipaje enloquecido acompañarte  

por el aroma antiguo de tus bosques,

apilar crepúsculos de madera,  

desnudarme en tus colinas y saber  

que las promesas suben por la maldición un blues

para bajar de nuevo hasta tus manos.


No se me ocurre mejor maternidad,

parir despeñaderos dignos de tu estatura,

callar sobre la tierra, pasear por el borde

de mi cama hasta endurecer de frío,

esperarte en todas las caídas hasta que me hagas real

y vomites sobre mí la bendición de tu vuelo,

tu anochecer de sótano, la respiración pequeña

que escondes bajo la manta, y esa sonrisa que se para

de repente frente al monólogo de mis venas.



ANTES DE ABRIR LA LUZ Y DESHOJARLA


Llego tarde. Voy a remendar la mirada

antes de abrir la luz y deshojarla.


Debo preguntar a la derrota

dónde dejó las llaves de la nostalgia.

Dar de comer al cerdo y recoger los trozos de piedad

que guardo en el armario antes de abrir la luz y deshojarla.


Y precisamente ahora recuerdo

que a la blusa dolorida le faltaba un botón de bendiciones

y que el pespunte deshilado por el que se le escapaba el pecho

sigue tirando de los puntos cardinales y llego tarde.

No encuentro la libreta donde anoté la dirección de las nubes

ni los nombres de la lluvia y aún tengo que ordenar la sombra

antes abrir la luz y deshojarla.


Dónde estarán esas llaves.

Por dónde habrán escapado los sueños si los tenía

maniatados entre dos pausas y los malentendidos

que dejé en la bombonera están ahora bien mustios,

faltos de palabras enemigas. Qué le daré de comer

al gallo. Tendré que buscar otro modo

de sobornar al guarda de seguridad de la primavera

para que abra la luz y la deshoje, para que resuma

los peldaños y me deje meter la nariz

en el archivo de las caricias, buscar la temperatura del beso,

incendiar el vientre del crepúsculo y mandarlo a hacer la calle.


Probablemente deberé herirme para no llegar tarde

antes de abrir la luz y deshojarla.



Marian Raméntol (Barcelona, 1966). Poeta, traductora y directora de la revista cultural La Náusea. Miembro del grupo musical O.D.I con el que ha editado vídeo-libros y diversos álbumes además de bandas sonoras de películas. Ha traducido a poetas contemporáneos al catalán y al castellano. Ha publicado diecinueve poemarios y ha sido incluida en dieciséis antologías. Ha sido premiada en diversos concursos nacionales e internacionales, y su obra ha sido ampliamente difundida en revistas especializadas donde ha publicado poesía, ensayo y artículos de opinión. Ha sido traducida al inglés, alemán, italiano, rumano, armenio, portugués, búlgaro y estonio. Su actividad en el ámbito artístico y poético le ha llevado a formar parte de festivales (tanto poéticos como de cinematografía), exposiciones, recitales y diferentes actos patrocinados por ayuntamientos, editoriales y otras entidades culturales.

Revista cultural La Náusea

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