lunes, 5 de septiembre de 2022

DELIRIOS DE CUARENTENA, DE DAVID COLLAZOS


Hay bebés en el vino de mi copa

y en tanto incendio de mi jardín

aves devoran la mañana.

Dos muslos se abren frente al candelabro matutino 

y en la resaca lúgubre del día

gimen un placer expulsado por pacientes 

                                    campanarios 

                                                garúas. 


Mascarillas sofocan un sentimiento abatido 

y con la ineptitud de oponerse a ese dolor

se impregnan con la sangre de una rosa incandescente.

Y con variadas astillas ardiendo en los pulmones

huyen para no curar sus fuertes llagas.

Quizá por sembrar las mismas monedas

se agrieta una corteza flexible atravesada de arenales húmedos

dentro muy dentro del tórax

cerca del Estigia

al oriente amargo en lejanía.


Náufragos corales como cascos de corcel

esparcen al viento diminutas voces

voces ineluctables de un soñar

soñar con un paisaje y sus melodías.

Libre… libre en los árboles

            en un cuerpo

                    en un instinto.

Donde no se adviertan los crujidos del mal

donde las agujas / la arena / la clepsidra y el nomon

no le teman al tiempo

donde apareció la sombra errante de mí 

                                                        decadente de mí

(indagaba sobre un consuelo que llegará no se sabe cuándo)

para guiarme al talón sumergido en la gracia

y a su firmamento de bosques / ríos / lagos

en el perfil obrero de la naturaleza.

Ser vestigio de toda lengua

mezclarse con crustáceos 

y sus refugios sucumbiendo en olas

deshacen a las huellas en la orilla del mar

así sucede en un círculo 

                                  de meses / años / siglos. 

Mirar la Tierra conforme la mira el Sol

transformarse en brasas de moribundos colores

para asirse de un verídico oscuro.

Oscuro sufrir en orfandad se conjura en aullido

de frágil rayo de Luna trepando ramajes

bajo un baile de confinamiento acabado en cenizas.


Y así la vejez se varía en un padecer común

así en cierto momento y atados de osamenta

los cabellos se abultan

            la barba se abulta

y no prevalece un lugar para ver-oír-respirar-beber.

Pero aún los dedos logran desenterrar con caricias

develan el monte donde el plenilunio brilla su disfrute ígneo

y el murciélago hambriento lame la buganvilia

y el lenguaje es un alboroto de gotas dispersas.


En seguida estoy entristecido para con la tristeza

evidencia de no ser el destino sino el viajero. 

Y en un mundo donde el gentío se rinde en el aislamiento

insistiré a través de una pureza humana

liberando pelos / uñas / dientes 

creando un recuerdo que nunca aprenderé a recorrer.


Y formado a cada corte de reloj

un limbo emite su grito de socorro

y al desafiarlo

penetro en la entreabierta sabiduría

para no oficiar promesas desterradas

allá lejos

en la felicidad castigada en un rincón

en el amor que deambula solitario sin amar a alguien

en la fila de fusilamiento sacando al exterior vergüenza

en las balas rascando un adagio entre cejas de alfiles buscando limosna.

Sintiendo fallecer a la vida en nuestros brazos

con la dificultad de sostener embriones / partos / infantes.

Solo es un laberinto de minuciosos hilos revelando ecos

solo se percibe un sonido de bisturí contra la carne

solo son los estrépitos del niño

solo se derrama la inocencia a golpes.

 

Entran pues ráfagas de una melancolía a falta de oxígeno 

entran con médico condenado a la nada

entran con longevidad de una alborada tras objetar crepúsculos

entran con risas omitiendo un pozo de baja autoestima

y entreverados en la conjetura de aquella lombriz

suprimida al cabo de la jornada

por el azar del contagio.


Exhalo una honda ausencia y estoy velándola en mi cráneo

y de cara al madero ninguno entierra

las múltiples formas de matar a Jesucristo 

(en ocasiones se me ha caído ese recordatorio al suelo 

                               y lo he pisoteado sin darme cuenta).

Y con poca óptica se garabatea una pared

y el orden de tumultos rompe calles apenas reconocibles

masticando saliva para tres hambres

incluso se prueba una jeringa para cualquier enfermedad

y sin embargo detrás de las cortinas

somos ventanas.


Y el océano pide unas alas para Ícaro

a los escalofríos repitentes de fechas:

―Gélidos témpanos emergiendo como cadáveres.


Notan cómo la tráquea se disemina 

del pescuezo por quelas de cangrejos:

―Festín de cánticos concibiendo dilemas.


O hachas corroídas en la espalda punzante

del quebrar de huesos rumiados por lobeznos:

―En un martirio de protestas de noche definitiva.


Llueve un banco de peces

llueve en bocas pusilánimes y que en parte besan

a los enfermos ocultos en la fronda de un haya maternal.

Tardío el aire se torna fuego

después ―en el anuncio de una aurora―

restriega un grillo aflicciones en arrullos:

―¿Cuál es el afán de embriagarse hasta morir y nadie te diga un te quiero?

Y en la puerta de la vigilia

su pensamiento corre en la cabeza para envejecer

aunque broten lágrimas de alegría

cubiertas por un hábito de horror.



David Collazos nació en Lima el 12 de enero de 1979. Publicó el poemario En Blanco en el 2002. Aparece en una selección de poesía llamada 2+ no antología no contemporánea de los poetas amigos (2008). Ha publicado Diario Haiku (2011).

martes, 26 de julio de 2022

15 poemas de Rolando Revagliatti de su libro, inédito en soporte papel, "Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo"

Rolando Revagliatti en junio 2022 en Salta
(c) Mirta Dans


El público asistiendo

a la representación de los actores


en friso


asistiendo a la representación

del público.



***

 

Permítame usted contradecir sus deseos...


(imponer los míos).



***


Mientras no te enteres

de cuánto me admiras

no cesarás de combatirme

ignorándome.



***


Mi biblioteca no es un cementerio:


los libros que no corren

que no me corren

que no descorren


vuelan.



***

 

Mortecina

esto es:

mortuoria


le cae a mi hastío


tu luz.



***

 

¿Cómo no llamar estupidez

a la estupidez cuando la encarno


o incluso cuando

solamente

la ejecuto?



***

 

He quedado reducido a esto


A quedar


Reducido


A esto.



***


El ave de la calle Agüero

planea sobre el Mal.



***

 

Práctica tribal

propia de las tribus atribuladas:


tributar lágrimas.


***

 

¡Salvemos al Planeta Tierra!:

extingamos la vida humana.


***


Esto es estar vivo:


alucinar

en un


ataúd.


***

 

A las ya obtenidas

él se preguntaba


¿qué incapacidades

incorporaré?


***

 

A veces

ofende

el asco


Y degrada.


***

 

La continuidad

de la especie


de escoria.


***

 

La ampara:


modo

          de

               iluminarla.




Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y quince poemarios, además de otros cuatro poemarios sólo en soporte digital. En esta condición se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformados por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com  


lunes, 18 de julio de 2022

MALDADES, un festín de palabras. Vinciguerra (Baires, 2021), por Rocío Uchofen*

 


Paula Winkler nos envuelve en el fino tejido de sus historias con este nuevo y delicioso libro de cuentos que ha titulado certeramente, Maldades. Sus lectores, acostumbrados al lenguaje dinámico y sagaz de Winkler, hallarán un deleite especial en estos relatos, que indagan en los límites de lo moral, de lo sencillo o de lo trágico. La muerte, el odio, los celos, pero también la soledad y hasta la pandemia están presentes o se dejan intuir entre líneas. 

  Los cuentos que componen este libro apuntan y reúnen variaciones de lo que llamamos "maldad", palabra cuya etimología viene del latín "malitās" y cuya raíz "malus" nunca ha encerrado una significación positiva. El mal incubado en cada relato de Winkler puede escabullirse, esconderse, volverse neutral, pero nunca pierde su naturaleza y regresa con furor con o contra los personajes de las 20 historias que nos reflejan.

Todos sabemos lo que es la maldad, tal vez la hemos reconocido en las noticias, en los recuentos que nos llegan o las tragedias/dramas de los que hemos sido testigos. Winkler ingresa en la psyche de sus personajes, los posee, intuye sus palabras en momentos de furia o de pura confesión, hay una intensidad que fluye en el uso del habla popular, las palabras crean mundos y los organizan. 

Es interesante mencionar el uso del habla en los cuentos de Winkler. En “Buenas, Olegario” (cuento largo) el universo es lingüístico, la voz del personaje principal nos habla, nos hace interlocutores. El uso de la jerga no solamente crea una atmósfera pero es además un mensaje en sí. Las palabras se han creado para significar, su desviación también implica significado. El uso del habla nos permite intuir, nos hace testigos, oyentes, interlocutores. ¿Qué tenemos que decir acerca de las voces que nos hablan? Un lector es a la vez un creador, un lector es parte de un circuito de comunicación, un lector re-crea pero a la vez va de la mano con el escritor para hallar el significado máximo a la historia.

Los personajes de Winkler se proyectan con descripciones que les imprimen un sello indeleble: 

¿Qué hay de maldad en los ojos enormes y terroríficos de Elda, la costurera? Tal vez la maldad la llevamos todos adentro, tal vez se la echamos a lo primero que no encaja en nuestro universo. Lo malo es siempre lo extraño para los ojos de los demás. Los malos siempre son los otros y con esa premisa seguimos nuestro camino. 

La maldad depende entonces del punto de vista, de la perspectiva, de la versión suministrada y de lo que los lectores interpreten. La maldad es maleable, se transmuta.

Las historias de Winkler nos presentan un largo número de posibilidades, una nutrida gama de personajes y de condiciones. Desde la locura hasta el puro cinismo, desde la tragedia a la comedia pueril. Los amores se bifurcan, se difuminan en los triángulos, se pierden en la perfecta similitud. Todos tenemos esa maldad latente, las desviaciones o incluso los pensamientos. Todos nos creemos inocentes, pero siempre hay algo que es seña de maldad. En la edad media a las brujas se las reconocía por las marcas en el cuerpo, la inquisición llevó a la hoguera el mal, al menos eso creían. Ya no existe la inquisición, pero la sociedad en sí converge en estilos y formas de exclusión que bien pueden reflejar nuestros males pasados. Muchos personajes de este libro viven en la locura o la soledad, muchos están llenos de angustias, de enfermedades, muchos solo tratan de sobrevivir. Todas las narraciones al final nos reflejan. Winkler nos lo recuerda mientras nos ingresa en su universo literario como quien contara uno de aquellos cuentos de hadas.


Rocío Uchofen *

* Narradora, poeta y promotora cultural. Nació en Lima en 1972. Lingüista y Licenciada en Letras por la Universidad Católica del Perú, reside en Staten Island, estado de Nueva York, donde dirige un conocido programa radial dedicado a la música y la cultura.  Es además, traductora literaria de inglés , tiene varios libros de cuentos y poemas premiados tanto en Lima como en Nueva York. Todos, publicados en Estados Unidos de Norteamérica y en Perú. Hace años dirige el portal https://hibridoliterario.com/sitio/

viernes, 8 de julio de 2022

Libro Serafín, del colombiano Omar Castillo (Cinco estancias)



Omar Castillo

Cinco estancias de la novela SERAFÍN



ESE DÍA 

A las once de la mañana Serafín salió de la casa de su madre, caminó hasta la calle 25 y en la esquina que esta hace con la carrera 65, tomó un bus para al centro de la ciudad. En sus ojos llevaba la imagen de la antigua-madre en cuyos rasgos se concentraban las raíces de su estirpe, los silencios y las palabras para ver, aprehender y nombrar. La antigua-madre en cuyos ojos se veían fósiles y ecos de tiempos impredecibles. También llevaba la imagen de la abuela con su delantal cargado de clavos y de números romanos mientras iba por el bosque de los materos de helechos, bifloras y begonias florecidas que mantenía en la casa. La abuela y sus sentidos de la realidad expresándose a través de lo hecho por sus fuertes y bellas manos. La de Inés, la tía abuela cuya presencia y enigma le hacía sentirse ante un oráculo de decir encriptado en el ver de sus ojos grises, ardidos por el humo de las brasas del carbón mientras se tomaba un café en agua de panela. Y la de Beatriz, la niña hermana de la infancia de Serafín, de sus primeros asombros e interrogantes. Esas mujeres tan esenciales en su vida, en los itinerarios de su existencia. En sus sueños y en su despertar.  
Atrás quedaba la casa de balcones donde sucedió su infancia y el mundo y el universo se rozaron y crecieron en las manchas de su memoria produciendo los sonidos que desde entonces intenta descifrar en las palabras. Por la ventanilla del bus miraba las aceras y las gentes que en ellas se entregaban a la algarabía de sus rutinas y divertimientos, esas gentes tan entrañables y al mismo tiempo tan ajenas. Asomando por la calle 24 con la carrera 65, vio a don José el de la tienda Cuatro Esquinas que regresaba de su diario recorrido. Fue en la tienda de don José donde Serafín a sus 7 años, se enfrentó a Onofre, a quien llamaban ojos de gargajo por lo verde amarilloso de su color. Onofre, la persona más próxima en sus recuerdos a Uriel, ese niño suspenso en el invisible arco de un tiempo cuyas flechas se extravían en un bosque de helechos. Uriel, ese niño grande en cuyos ojos se adentraba un dios en granos de sal que dejaban surcos en sus sueños. Sueños que quedaron sucediendo en el umbral de la muerte.
El bus retomó la calle 25 buscando la entrada que da sobre la Avenida Guayabal. En ese instante supo que sus recuerdos empezaban a fraguarse, que el abecedario de su existencia iniciaba su escritura, las líneas de una trama que le era propia y extraña, empero, para la cual las vivencias de su infancia lo habían preparado. Se acomodó en su asiento después que el bus girara sobre la derecha hacia el Puente de Industriales. A su izquierda miró el Cerro Nutibara que le recordó sus nítidos silencios y sus iniciales dificultades cuando en sus años de escuela las palabras se le quedaban pegadas en alguna de sus sílabas, haciéndole difícil soltar en el habla las palabras necesarias para un diálogo. Ese Cerro Nutibara al que tantas veces subió buscando entender sus silencios y su desasosiego de niño que quería conocer el principio de la realidad, sus formas y sus maneras, también lo oculto y lo invisible de la realidad, lo sagrado que la ampara, lo usual y lo extraño del suceder cotidiano, su gusto por mirar y ver. El bus seguía su ruta hacia el centro, atrás quedaba el barrio, el imaginario barrio Antioquia de Serafín.
Al llegar al centro de la ciudad el sol impactaba los cuerpos de los peatones, las vías, los rincones y las fachadas de las construcciones por donde tantas veces los ojos de Serafín han penetrado las extrañas fisuras y pasajes donde sucede el ir y venir cotidiano que las nutre. Muy temprano en su existencia Serafín pudo intuir cómo un instante en el tiempo podía ser penetrado por otro instante entre los muchos posibles. Después de muchas vivencias, bien sabía que estos cruces de tiempo hacían parte de su naturaleza, que su existencia era fronteriza y posible de ser penetrada por todo cuanto es de su real interés y necesidad. El tiempo como un azaroso mazo de cartas cuyos momentos e historias se mezclan barajados por las manos de la realidad y la otredad. Por el insaciable instinto de un fin y un principio, de una huella y una estampida.
Se bajó del bus y se encaminó por la carrera Palacé hacia la Librería Continental, al llegar miró la vitrina, los libros que en ella se exhibían, no entró. Prefirió irse a tomar un café en el Astor de Junín. Allí encontró a Luis González quien lo invitó a sentarse. Pidió café y un vaso de agua al clima. Siempre era un gusto para Serafín encontrarse con Luis González, sentir la presencia de su ser, la elegancia de sus maneras, lo reconfortante de su inteligencia, la conversación con la que sabía surtir cualquier tema. Además su curiosidad por lo desconocido era inagotable, manteniéndolo al acecho de aprehender siempre. La elegancia vital de Luis González, tan bien apreciada en el retrato que le hiciera Raúl Restrepo al óleo pastel. Al poco llegó Amílcar Osorio quien pidió un café mientras le extendía a Serafín un libro que este tomó y empezó a revisar. Es la antología de poesía provenzal que te había prometido, le dice Amílcar. Y un momento después los tres se encontraban hablando una vez más de poesía, en esta ocasión de la creada en la lengua de oc, al sur del río Loira, en los siglos XI y XII. Justo donde muchos dicen se inicia la escritura poética del Occidente moderno. 



DEL TIEMPO ECO

El martes de esa mañana de septiembre, después de poner en su reproductor de música El cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen, Serafín se preparó un café y se puso a revisar los archivos de sus escritos, tarea que venía aplazando hacía meses. Así, mientras Serafín esculcaba en sus archivos, la mañana casi había llegado al medio día y en el reproductor seguía sonando una y otra vez la música de El Cuarteto para el fin de los tiempos. Algo fatigado de revisar tantas libretas y papeles donde su escritura ha dejado las huellas de sus años dedicados a la literatura, Serafín decidió tomarse un momento para disfrutar de otro café. Entonces fue a la cocina y sirvió en su pocillo más café y volvió a sentarse en la silla de su escritorio copado por tantas libretas y papeles que lo han hecho volver sobre presencias como aquella cuando en un momento de su niñez se encontró preguntándose por la realidad real, pues en ocasiones esta se le hacía extraña y lo confundía al no poder definir si era el resultado de lo que él imaginaba, de lo que él soñaba, de sus pensamientos o el resultado de los distintos asuntos que le tocaban en sus rutinas cotidianas. Para él esto se había vuelto un problema que lo confundía y lo mantenía en ascuas. 
Así hasta el día cuando decidió que para él todo era posible, real. Fue así como se inició en el aprehender la realidad sucediendo en un tiempo moviéndose como arrugas de agua que se prenden y desprenden por la superficie del cauce que la lleva. Que la realidad es un agua deslizándose sin ser siempre la misma. Fue entonces cuando Serafín admitió vivir en un cruce de tiempos, cuando decidió dejar que su existencia sucediera por los filos y vacíos que imantan y manan con el vigor que la vida involucra y expulsa. Sí, todo era posible, inclusive recorrer el tiempo cuando se abre una y otra vez como un abanico, mostrando en cada uno de esos abrirse distintos instantes de su suceder. Desde entonces Serafín asumió permanecer alerta para aprehender el sabor del saber, para lo cual en diferentes ocasiones ha debido desaprehender los cánones de la enseñanza convencional y las ideas consagradas por la costumbre.
Al tomar esa decisión, Serafín intuía que el tiempo no es modelable, que el esculpir del tiempo le pertenece solo al tiempo, así como también es solo del tiempo su fluir vital e inagotable, su finito desprenderse y su impredecible continuo, su incógnita vastedad. Que en el tiempo la realidad se hace azarosa en sus estremecimientos. La realidad sucediendo por un instante como una cresta breve que surge en el vacío y se pierde gravitando en el tiempo. Así, vivido y aprehendido, el tiempo se hace presencia a través del verbo donde se cuenta su movimiento, el mismo que no ha dejado de arder en la memoria desde el caos y el principio del tiempo. 
Estas intuiciones, su saber y sabor le han permitido a Serafín mantenerse alerta, buscando aprehender y expresar a través de la poesía ese fresco donde se realiza la piel de la realidad y de la otredad, raíz creciendo, renovándose en sus huellas y arbitrio. Ese fresco donde la realidad crece como una pregunta abriéndose en sus respuestas, las mismas que amplían la simiente de esa pregunta que no termina de expandirse.
A sus catorce años, Serafín tomó esa decisión y desde entonces para él escribir es usar las palabras en las márgenes de un espejo vuelto imagen y semejanza del universo, espejo donde participa un origen del mundo y su entraña. Así, Serafín descubrió cómo la palabra es la que hace al poema. Que el poema es cuando la palabra lo contiene y con su escritura, lo significa en el instante aprehendido o desaprehendido de la realidad en su mutación sin fin. Para Serafín la magnitud mutable de la realidad en el tiempo, es el origen de la metáfora que persigue expresar tal magnitud, así para él, el origen de la poesía se confunde con el origen del habla en la maraña del tiempo. Sabe que el compromiso del poeta es danzar en el filo de las palabras, en el vacío donde estas realizan la escritura de la realidad, de la otredad revelándose. Para él otra no es la necesidad de la poesía: Vivir desde la raíz de las palabras el poema que hace visible la realidad. El breve y súbito instante donde la realidad toca el tiempo antes de volver al olvido.
Suena el teléfono, Serafín detiene sus pensamientos y contesta: Aló. Al escuchar la voz al otro lado se queda en silencio, atento. Solo al final dice: Sí. El viernes a las cinco de la tarde en el Parque de Boston, en una de las bancas cercanas a la escultura de José María Córdoba. Sí, hasta entonces. Al colgar se encuentra sobrecogido por la voz escuchada del otro lado del teléfono, y como si las briznas de años lo tocaran se descubre recordando palabras dichas por él hace mucho, al calor del amor. Palabras que ahora se repiten en su memoria como volviendo sobre ese instante, sobre las presencias en ese instante cundido por el amor: El momento del amor tatuándose a la piel, a la frágil magia de la piel vuelta gozo y encuentro.
El tiempo, el vacío, la realidad, la otredad, el amor, se dice Serafín mientras bebe un sorbo de café y pone a sonar en su reproductor de música La pregunta sin respuesta de Charles Ives. Se acomoda en su silla. Empero, no puede evitar sentir la palpitación del recuerdo que le ha traído esa voz recién escuchada a través del teléfono, haciéndole sentir en su cuerpo la intensidad de esos ojos de miel y de mar que lo miraban esa tarde de verano en Punta Piedras, mientras el sol se precipitaba al fondo lejano y él presentía el tiempo vuelto una concha vacía fundiéndose en las rocas donde unos cangrejos se ocultaban mientras el mar arrojaba piedras pulidas sobre la playa. Ese era un día tan antiguo como hoy, se dice Serafín, sosteniendo la parte inferior de su rostro con su mano derecha. 



EN LAS GRIETAS

Camina, camina Serafín, avanza. En su ir, recuerda a un gusano consumiendo la pulpa que encubre la ciudad con su árido acento de sílabas dispersas en las voces de sus habitantes. Entonces las calles se le hacen pesadas, lentas, despertando en su memoria instantes del origen del tiempo. Avanza sintiendo cómo el asfalto agarra las suelas de sus zapatos, haciéndole sentir que sus huesos pueden ser consumidos por esas calles donde tantas huellas han gastado su presencia. Busca en el bolsillo izquierdo de su pantalón y saca unas monedas que caen de su mano rodando por la acera, mientras intenta recogerlas recuerda cuando en su infancia veía la tarde desde uno de los balcones de su casa, de cómo se ocultaba tras los materos donde las bifloras, los anturios y las begonias lo protegían de las sumas del tiempo, y de cuando las golondrinas aparecían describiendo con su nervioso vuelo el final del día antes de posarse en los cables del alumbrado, justo frente a su balcón. 
Las luces lo imprimen como otra de las imágenes que van por las grietas de la ciudad donde el mundo guarda la tarde y saca la noche. Grietas donde la realidad se pierde o se encuentra tras un golpe del azar, el mismo que interrumpe sus pasos a la entrada del Café Philidor. Entra y en la barra pide un café mientras siente la mirada de Andreas Andriakos desde una de las mesas donde observa una partida de ajedrez. Se saludan y van a la mesa que da a la puerta de entrada sobre la calle Maracaibo donde la noche empieza a iluminarse. Piden media botella de ron, hielo y coca cola para mezclar el trago de Andreas, Serafín lo toma solo en la copa. Andreas Andriakos enciende un cigarrillo, brindan y beben un trago.
Andreas Andriakos guarda sus gafas en el bolsillo de la camisa mientras le habla de sus asuntos en el trabajo, de cómo viene asumiendo la licitación que su empresa ganó al principio del año, fuma y bebe otro trago buscando con su mirada la partida de ajedrez que se juega en una de las mesas del centro del Café. Serafín sirve más ron, en su mente aún persiste la sensación de sus zapatos siendo agarrados por el asfalto y a través de ellos sus huesos, sonríe y bebe, Andreas lo mira, mezcla su trago y bebe.
Son más de las diez de la noche y su conversación ha mudado hasta caer en sus temas sobre poesía, sobre los misterios que en sus vidas establece el lenguaje de la poesía. Entonces Andreas habla de su poema Aproximaciones al eje como centro, poema para el que está desarrollando una escritura desde donde acceder al instante, cuando al ser humano le acaeciera su extravío fundamental, el mismo que lo convirtió en el ser que desde entonces vive representando. Beben un trago, Andreas contesta una llamada en su celular, luego enciende un cigarrillo y continúa con su habla: Llevar al poema, y aquí uso una de tus imágenes, el eco fósil donde está contenido ese extravío. Un poema cuya escritura escave hasta revelar las fundaciones de ese extravío, allanar sus entrañas y adyacentes como quien ejecuta una disección. El lenguaje es el instrumental necesario para la disección que es la escritura de un poema.
Andreas Andriakos llama a la mesera y pide la cuenta, esta le trae la tirilla de cobro, la revisa y al encontrarla ajustada al consumo paga, incluyendo la propina. Otros habituales del Café Philidor se despiden junto a la puerta, dejando rodar tantas frases como es posible cuando se tienen unos tragos encima.
El poeta es un eyector del habla, él consigue que a través de ella cundan en cada tiempo las osadías de los apetitos humanos, agrega Andreas antes de pararse para ir a tomar el taxi que ya lo espera frente al Café, en esa calle Maracaibo tan ardua y tan estimulante para ambos. 
O el que recicla el habla, murmura Serafín mientras ve irse a su amigo. Y en ese instante llegan a sus pensamientos imágenes de ese sueño cuando en septiembre de 1897 visitó al habitante del número 87 de la calle Roma, al pie del Gare Saint Lazare. Llegó invitado por Paul Valéry y Mallarmé, sin incomodarse por su presencia, les leyó Un coup de dés jamais n'abolira le hasard
Después, mientras tomaban un trago de brandy en el pequeño café L´Alizé de la Estación Saint Lazare, Paul Valéry le hablaba a Serafín de la búsqueda poética de Mallarmé, de cómo este se había empecinado hasta llegar a la escritura de ese poema alucinante y temerario ante lo azaroso del universo y lo limitado de la condición humana. De cómo esa búsqueda había puesto en riesgo la integridad de Mallarmé, poniendo en filo su mente y su capacidad de relacionarse con las condiciones que rigen la domesticidad cotidiana. Fue por eso que Mallarmé decidió recogerse en su intimidad, en los pequeños usos diarios que le permitieran disponer toda su atención para el reconocimiento del vacío donde se realizan los súbitos creadores de lo poético. Así, durante más de 20 años se dedicó a tal empresa, la misma que ha reflejado en su escritura, ante todo en ese poema que horas antes les había compartido: Un coup de dés jamais n'abolira le hasard
Serafín detiene sus pensamientos pidiendo otro trago de ron que bebe sin ningún afán, paga y sale. La noche sigue la calle Maracaibo hasta llegar a La Boa donde Serafín, después de saludar a Iván, bebe otro trago de ron mientras sonríe por los comentarios que este suelta mientras lo atiende. En la mesa junto a la ventana sobre Maracaibo un grupo de personas conversan animadamente, entre ellas Serafín observa a María Isabel y con la mano derecha le hace un saludo, ella iluminando sus bellos ojos le sonríe. Los bellos ojos de María Isabel donde cunde el amor. Iván le sirve otro ron a Serafín mientras le pregunta qué música quiere escuchar, esta canción que está sonando, le dice Serafín mientras repite la estrofa que en ese momento canta Celia Cruz: Al cielo una mirada larga / Buscando un poco de mi vida / Mis estrellas no responden / Para alumbrarme hacia tu risa. Te busco, se dice Serafín bebiendo un trago de ron. 



EL DESCUBRIMIENTO

Se encontraron en La Arteria y después de algunas cervezas decidieron caminar, ir por las calles conversando y mirando el suceder en esa hora de la tarde cuando las luces se van desvaneciendo dando paso a la noche, instante cuando la ciudad parece regresar a la oquedad de un origen extraño, próximo a la otredad donde anidan los imaginarios de la realidad, los intersticios de lo incógnito. Al hablar, ella se detenía entre sus palabras mirando a Serafín, envolviéndolo con el agua de sus ojos y los movimientos de sus manos, imaginas, decía, cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse en medio del océano en una noche estrellada, y al volver a cerrarlos sentir que no es un sueño, que al abrirlos nuevamente el encuentro será en un bosque húmedo, alrededor de una hoguera chisporroteante. Así me imagino contigo.
Sentado en La Cantina Verde al borde de un trago de ron, Serafín recuerda ese encuentro, esa noche cuando ella en la cama, recostada su cabeza contra una de las paredes de la habitación, lo miraba con esos ojos de agua que lo atraían como si ella fuera un agujero en la inmensidad de su deseo. Entonces su boca fue a su boca carnosa produciendo un instante único, una huella del tiempo vuelto todo al tocar su piel y besar la humedad de sus ojos, el suave calor de sus muslos. Su clítoris era el origen del universo, ofrendante y devorador, la risa y el llanto. En su rostro ella tenía las formas del tiempo. Formas con las que lo impregnaba cuando pronunciaba su nombre, cuando lo penetraba con sus caricias, con su humedad.
Esa madrugada Serafín la miró dormir y recorrió la noche que ella tenía en su rostro, su boca, sus pequeñas pecas y esos párpados tras los cuales anidaban esos ojos que provocaban todas las maneras del amor. Y su piel ahíta para derretirse en el gozo, en la libido toda, poro a poro hasta alcanzar la vastedad súbita de un universo único, alucinante en la carnosa magnitud de su presencia.  
Serafín pide otro ron, se acomoda en su silla. Siente el aire de la noche, su frescura, las voces de quienes conversan en otras mesas. También un olor que no logra identificar, un olor que lo toca y pareciera querer llevárselo en su memoria. La mujer que atiende le sirve el trago mientras Serafín la mira. Es martes, se dice Serafín, segundo martes del mes de septiembre. Después de beber un sorbo de ron se queda manteniendo la copa en su mano derecha, observando la densidad del licor en el vidrio de la misma. La mece y vuelve a mirarla, viendo la densidad del licor en el vidrio de la copa.  
La noche de su encuentro y esa madrugada junto a ella, vio en su cara todos los rostros del amor, todos los nombres del amor, por eso la nostalgia que siente en esta noche sentado en La Cantina Verde no es por el recuerdo de ella, pues sabe que el gozo de un cuerpo no se repite, que es único. Después de ella, ha amado y ha sido amado. Bebe otro sorbo de su trago sintiéndose a gusto en esa noche, entonces cerró sus ojos. Al abrirlos sintió el sol de una tarde de verano en su piel a la orilla del mar. Imaginas, le decía ella esa noche, cerrar los ojos y al abrirlos encontrarse en medio del océano en una noche estrellada, y al volver a cerrarlos sentir que no es un sueño, que al abrirlos nuevamente el encuentro será en un bosque húmedo, alrededor de una hoguera chisporroteante. Así me imagino contigo. 



DIBUJO EN EL TIEMPO

Al despertar, Serafín sentía sus ojos penetrados por los cristales lamosos de una ventana, cristales averiados y a través de los cuales se filtraba la lluvia de ese invierno, de ese noviembre. La persistente sensación hizo que fuera al lavamanos y se lavara la cara, mientras se secaba recordó la figura vista al otro lado de esos cristales, era la figura de la antigua-madre caminando bajo la lluvia, luciendo su falda naranja con bordados a mano hechos por ella y una blusa blanca también hecha y bordada por ella. El agua corriendo por su rostro, por su pelo, mojándola toda. Era ella, tan frágil que nada la dañaría, la bella figura de la antigua-madre caminando, alejándose bajo la lluvia que caía esa tarde de invierno. Y sus pies descalzos dejando leves estelas en los charcos de agua, lo vital y efímero de sus huellas. Entonces, Serafín recordó cómo en un momento de su sueño todo parecía un dibujo a lápiz, distorsionándose por los efectos de la lluvia, haciendo ver los trazos como manchas, inclusive los ojos de él en el sueño fueron tocados por la lluvia que se filtraba por los cristales lamosos, regándolos sobre el papel de esa tarde de noviembre. Las líneas y los trazos en grafito, ahora bajo los efectos de la lluvia aparecían tocadas, creando la sensación de las manchas donde se pierden las formas de una presencia. 
¿En qué instante se celebran las mutaciones que nos amparan y nos disponen para la vida? Pensó Serafín mientras colgaba la toalla con la que había secado su cara. Sus sueños, la saga de los sueños que desde su infancia traía en su memoria y de los que no hacía mención, pues no sentía necesidad de compartirlos y bien sabía que estos solo eran significativos para él en lo azaroso de sus raíces, en el aprehender de los diálogos y rupturas enseñados en ellos. Para Serafín sus sueños eran una conversación, una intensa, incómoda y gratificante conversación solo posible en su mente. Sí, se dice Serafín, en las paradojas propias de la realidad y del sueño muta lo luminoso de la vida, aquello que también puede ser lo más oscuro de ella. Entre la nitidez o lo críptico sucede la realidad, sucede la vida, haciendo y deshaciendo el día y la noche del conocimiento humano cuando se integra y confunde en la nervadura del tiempo.
Pensando así, adentrándose en ese sueño cuyos cristales lamosos por la lluvia humedecían sus ojos, llegan a la memoria de Serafín imágenes de la tarde que iba de la mano de la antigua-madre, esa vez ella llevaba puesta una blusa blanca y una amplia falda de un azul oscuro estampado de flores que más parecían estrellas. Iban por una calle y él se estaba comiendo un cono con helado de vainilla. Estaba próximo a cumplir cinco años e iba por esa calle de la mano de la antigua-madre comiéndose un cono con una bola de helado de vainilla y pasas, sintiéndose a gusto, contento. Al llegar a una esquina, donde se detuvieron, sintió que lo miraban, lo miraban. Entonces alcanzó a ver al hombre que resguardado en una cabina telefónica lo miraba. Sin dudarlo supo para sí que ese hombre que lo miraba era el padre. Años después se enteró que esa tarde el padre, autorizado por la antigua-madre, lo había podido mirar desde esa cabina telefónica. 
El cruce de tiempos que se abrió para el encuentro de la antigua-madre y del padre, era para Serafín la constancia de los azarosos dados que las manos del tiempo dejan rodar por la realidad. Ese breve encuentro hizo posible su nacimiento, su presencia dada ante los dados que al caer mostraban una de las caras de sus cifras siempre mutantes. En esas azarosas rutinas, ¿cuántas veces no había querido Serafín pasar desapercibido, invisible?
Los cristales lamosos de una ventana averiada que en un sueño revelan lo que sucede al otro lado, en una calle en horas de la tarde mientras llueve. Y en la mañana al despertar, vueltos a ver aparecen tan ciertos como el agua que en la ducha corre por el cuerpo de Serafín. 
Siempre al borde, siempre al borde, se repite Serafín mientras busca la toalla para secarse, mirándose en el espejo.  
Otro día, se dice Serafín, otro día en el inexorable movimiento del tiempo. Otro día y es necesario disponerse para él. Sí, ese día en la tarde Serafín dictará una charla sobre el libro Los elementos del desastre, de Álvaro Mutis, uno de sus poetas apreciados. En su charla para estudiantes de literatura, les hablará sobre cómo Álvaro Mutis usa el idioma español para crear las enrarecidas atmósferas de sus imágenes, haciéndolas de un vigor sudoroso que produce el ofuscamiento necesario para acentuar el tratamiento que requieren sus temas. Logrando así de estas atmósferas imágenes cargadas de realidades y alucinaciones enfermizas. De cómo en los poemas de este libro de Mutis, el suceder de las imágenes parece salir de los vapores de un caldo donde el mundo se ha extraviado desde su nacimiento, dando paso a ámbitos y significados donde se fundan leyendas y hazañas de un azar turbio. 
En Los elementos del desastre el poeta ausculta lo inútil de cualquier idealización humana, lo árido que terminan siendo los dogmas impuestos por ellas. Entonces, como quien escarba el misterio, los ecos de sus extravíos, la nervadura de su estampida, el poeta escudriña las costras acumuladas por la condición humana, encontrando infecciones que dan cuenta de las jornadas vividas y soñadas por quienes vagan por regiones de fiebre y alucinación. Encontrando la ofensa del miedo vuelta un frío abrasador. Las tramas de piedras que evidencian la memoria y el prematuro olvido. Las maldiciones tejidas en los ojos de los rebaños humanos que pacen en las ciudades hechas coros de alabanza para un dios inútil. Y un sol que se consume en la ruin memoria de sus artificios y paraísos. Sí, el poeta ha encontrado las ruinas de las raíces de la fábula que ha quedado en ascuas. 
Serafín recuerda la vez que lo escuchó, entonces Mutis le decía de lo arduo que era lograr una imagen y además encabalgarla con otras imágenes buscando el dibujo narrativo del poema, el ritmo que hiciera admisible la visión del poema. Para él, decía Mutis esa vez, sus poetas preferidos casi siempre eran aquellos que imaginaban la realidad en el poema. 
Sí, se dice Serafín, el solo título del libro narra una visión de la realidad. Una manera de aprehender la realidad. De aprehender un mundo roto en sus estructuras y en sus sentimientos. Un mundo sumido en una tautológica letanía de recodos y abismos absurdos. Así el poeta cumple con su función de ser raíz hecha sustancia que se interroga en el habla escrita del poema. Los augures leen en el lomo de los elementos los signos del desastre. En los poemas de Álvaro Mutis los personajes de sus escenas viven estancados en las membranas de un sueño que regresa siempre al sueño en el sueño mismo. Son seres inmersos en la eternidad que los acoge en su quietud, en los sopores de su cotidianidad. Quizá por eso el poeta dice en las líneas finales de uno de estos poemas que: El poema está hecho desde siempre. Viento solitario. Garra disecada y quebradiza de un ave poderosa y tranquila, vieja en edad y valerosa en su trance. 
Suena el teléfono, sacando a Serafín de sus conjeturas. Contesta, la llamada es para ajustar algunos detalles de su charla de la tarde. Se acomoda en la silla mientras escucha la voz de quien habla.


Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros de poemas publicados son: Huella estampida, obra poética 2012-1980 (2012), Tres peras en la planicie desierta (2018), Limaduras del sol y otros poemas, Antología (2018) y Jarchas & Escrituras (2020). Su obra también incluye el libro Relatos instantáneos (2010), la novela Serafín (2022) y los libros de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana (2014 y 2018), Al filo del ojo (2018) y Asedios, nueve poetas colombianos (2019). De la novela Serafín se dice que: “La estructura narrativa de esta novela y la configuración lograda en ella de la íntima trama de su personaje Serafín, hacen que este sea un libro no convencional, impactante y magnífico. Sí, esta es una novela escrita a través de estancias donde se narran las atmósferas y las situaciones de la odisea de Serafín en el centro de una ciudad como Medellín, su realidad, sus imaginarios y extrañezas sucediendo entre lo oscuro y lo luminoso de los días y las noches de un tiempo al cruce de los tiempos. Así, en las estancias de esta íntima odisea el lector podrá encontrar las experiencias donde Serafín aborda y elabora la noción de su ser en el mundo y en el universo, sus maneras realizándose en lo abrupto o en lo misterioso y maravilloso de la vida como experiencia inagotable. Mirar y ver entre el día y la noche al tiempo como un oficio donde asumir el caos y la creación de vivir. He ahí la razón de ser de la novela Serafín”.

domingo, 29 de mayo de 2022

[CONVOCATORIA - 2022] SEMINARIO INTERNACIONAL PERÚ XIX

 


Seminario Internacional Perú XIX

Autoridad, ciudadanía y cuerpos: desplazamientos y fracturas en la modernidad


Lima, del 30 de noviembre al 2 de diciembre del 2022 


Organizan: Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Pontificia Universidad Católica del Perú 


Descripción:

El Perú ha conmemorado 200 años de independencia y el camino no ha sido fácil. Aún podemos cuestionar el tipo de República que hemos construido; los sesgos y silencios en materia de representatividad; el rol de los intelectuales en la articulación de un ideario de ciudadanía; y las inequidades, en muchos casos, refrendadas por las mismas normas estructurales de nuestra sociedad en el marco de la modernidad.

En el siglo XIX latinoamericano, las jóvenes repúblicas de la región enfrentaron un clima sostenido de inestabilidad política, a lo que se le sumaron las desigualdades crecientes y las promesas rotas de los proyectos hegemónicos de modernidad. Asimismo, la persistencia de una mentalidad colonial en las élites políticas e intelectuales locales, el privilegio de modelos eurocéntricos y la desconfianza generalizada en un tejido social desarticulado, fueron factores que favorecieron las simpatías hacia liderazgos autoritarios e inflexibles que planteaban la promesa de un orden regenerador. 

La diversidad de nuestras sociedades, difícilmente comprendida por el Estado y las elites sociales e intelectuales del momento, se manifestaba en espacios liminales que devenían los puntos de fuga del orden imperante. Los intercambios y las dinámicas en estas zonas opacas eran objeto de distintas formas de vigilancia, incluso por parte de las elites intelectuales que asumieron la tarea de forjar un modelo particular de ciudadanía. Su formación en el marco de un paradigma eurocéntrico y su comunidad de valores con la oligarquía explica en gran medida las razones por las cuales la producción literaria e intelectual del periodo giró en torno a las falencias de los proyectos socionacionales y de modernidad.

En el marco del bicentenario del proceso de la Independencia del Perú, este seminario busca ser un espacio de discusión y reflexión sobre el siglo XIX peruano y latinoamericano desde una perspectiva amplia y compleja que aborde temáticas vinculadas con el ejercicio de la autoridad y de la ciudadanía; las estrategias de vigilancia y control del cuerpo social; el rol de las y los escritores tanto en la formación de ciudadanos como en el imaginario colectivo de sociedad y república; las confrontaciones y resistencias a los saberes y poderes en vigencia en el momento; las representaciones y contestaciones a las violencias letradas y fundacionales y, por último, los diversos tránsitos a las modernidades (centrales, periféricas, accidentadas) planteados en un archivo heterogéneo de producciones escrito-visuales del periodo. 

Así, se recibirán propuestas que se inscriban en alguno de los siguientes ejes temáticos:

Eje 1.  El imaginario del orden: autoridades y transgresores, instituciones gubernamentales de control, emociones y violencias, manuales de conducta.

Eje 2. Comida y ciudadanía:  comidas nacionales, gastronarrativas,  recetarios, manuales de cocina y de sociabilidad.

Eje 3. Autoridades médicas y saberes tradicionales: nuevas tecnologías, medicina herbolaria,  parteras. Epidemias, cuarentenas, higienismo y racialismo.

Eje 4. Lecturas sobre la autoridad: prensa, censura, cultura visual y humor.

Eje 5. Cuerpos y sexualidades bajo control: heteronormatividad, travestismo, feminización, masculinización, lo monstruoso.


Propuestas: las sumillas deben ser de 250 palabras, con título y cinco (5) palabras claves. Indicar también su nombre completo, afiliación institucional y resumen biobiobliográfico (6 líneas). Se recibirán propuestas de estudiantes graduados, docentes e investigadores (independientes o con afiliación institucional)

Correo para envío de postulaciones: congresoperuxix@gmail.com


Fecha límite para presentar las sumillas: 10 de julio del 2022.

Envío de resultados: 25 de julio del 2022.

El evento no tiene costo de inscripción.


Comité directivo: Marcel Velázquez (UNMSM), Ainaí Morales-Pino (PUCP), Génesis Portillo (Hope College), Jannet Torres-Espinoza (UC Davis)

Comité de organización y difusión: Mabel Blanco, Pamela Gálvez, Ana Alejos.

Instituciones: UNMSM – PUCP

Modalidad: Híbrida (virtual con actividades presenciales)

Sedes: UNMSM- PUCP

miércoles, 18 de mayo de 2022

Voces en lenguas originarias: tres poetas peruanas contemporáneas

 


El jueves 26 de mayo de 2022, a las 6: 00 p. m., se realizará la jornada especializada de lectura Voces en lenguas originarias: tres poetas peruanas contemporáneas. La jornada se realizará de manera virtual a través de la plataforma Google Meet, por lo que es indispensable contar con conexión a Internet y una cuenta Gmail. La actividad es organizada por Biblioteca Mario Vargas Llosa, Red Literaria Peruana y Red Peruana de Mediadoras y Mediadoras de Lectura.


Sumilla

La actividad consiste en la creación de un espacio de diálogo para analizar, grupalmente, los poemas escritos en lenguas originarias de las autoras peruanas Gloria Cáceres, Ch’aska Anka Ninawaman y Dina Ananco. Se busca, en principio, estimular la investigación literaria de poemas escritos en quechua y wampis. Además, se pretende revisar, en los textos seleccionados, las inquietudes en torno a la representación del amor y la naturaleza mediante el uso de elementos representativos de la cosmovisión andina y amazónica.


Metodología

La actividad desarrollará un espacio de discusión en donde se presentarán interpretaciones y opiniones respecto los poemas seleccionados. Se contará con la presencia de tres mediadores de lectura que plantearán preguntas para guiar la conversación. El objetivo es fomentar un debate caracterizado por el libre intercambio de puntos de vista.


Público objetivo

Principalmente, el evento está dirigido a estudiantes y/o investigadores de Literatura, Ciencias Sociales o Educación. Sin embargo, puede participar también todo el público en general.


Plataforma

Google Meet. Se compartirá el enlace a los seleccionados.


Inscripción

Las personas que deseen participar de la jornada especializada de lectura deberán completar el siguiente formulario: https://forms.office.com/r/QGhaUxp1jz  El plazo máximo para inscribirse es el viernes 20 de mayo. La lista de las 30 personas seleccionadas será publicada el lunes 23 de mayo. Asimismo, se enviará un correo electrónico de confirmación con el enlace para ingresar a la sesión.


Textos seleccionados

«Cuando llega el amor» y «La estación del tren» (Musqu awaqlla [2021] de Gloria Cáceres).

«Misino», «Lagartito de oro» y «Palomita viajera» (Chaskaschay [2004] de Chask’a Anka Ninawaman).

«Mi odio es como…» y «Transición» (Sanchiu [2021] de Dina Ananco).


Acceso a los textos

https://drive.google.com/drive/folders/1jFjOTdgq-lr5Ua6CKSHZtIQ0crfjOjTF?usp=sharing

jueves, 28 de abril de 2022

5 poemas de la boliviana Noelia Arancibia



Noelia Arancibia
(Sucre, Bolivia, 1987)

Formó parte del taller Poetangas, dirigido por Gustavo Cárdenas Ayad y Juan Murillo Dencker. Participó y organizó lecturas poéticas en ciudad de Bolivia, Portugal y Chile como parte del movimiento poético “100 Thousand Poets for the Change” (100 Mil Poetas por el Cambio). Magíster en Administración Pública Empresarial por la Universidad de Coímbra, Portugal. Abogada y licenciada en Idiomas por la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca. Poemas de alas rotas (Ángeles Del Papel Editores, 2020) es su ópera prima. 



TAJ MAHAL

Siempre,
es aquello que dura siempre,
siempre
es la frase final de un cuento de hadas;
siempre
es la mentira más seductora;
o la verdad más enceguecida.

Siempre
la perpetuidad en el tiempo,
puede ser una promesa vana,
Taj Mahal, la eternidad hecha realidad.
...
Y así nos mentimos siempre.




VALE UN POTOSÍ

“Plateadas entrañas te arrebatan y bautizan
el suelo ahogó la voz y bendijo tu silencio”
N.A.F.

Vale un Potosí la mina,
vale un Potosí tu mujer,
vale un Potosí tus hijos,
vale un Potosí tus padres,
el suelo que pisas,
las manos que siembran,
el caminar de un anciano,
el respirar de un enfermo,
la mirada cautiva de un niño,
el hambre de un pueblo
vale un Potosí.



MESTIZAJE

Ambigüedad y mimetización
exótico, diverso.

Paleta de ritmos y sabores
ni blanco,
ni negro,
café con leche,
de diversos matices.



PLATOS ROTOS

Jugamos a la casita
la frecuencia entrecortada de la cocina 
a veces pedía descanso.

Los platos rotos dormitan
bostezan sobre el ego de tu nombre
tiritan los fragmentos como golondrinas
dispersos susurran una plegaria.

Señor danos la lavada de cada día,
el pegamento que una a nuestros hermanos
reconstruye nuestros cimientos, 
que no nos lleven a la basura
Amén



LAS MANOS GRITAN

De pie,
a veces de rodillas
o recostado en el suelo,
así se talla con cincel
se trabaja la palabra,
con lágrimas, saliva,
sudor y sangre
las manos gritan
poesía. 


Selección de poemas: Miguel Urbizagástegui

DELIRIOS DE CUARENTENA, DE DAVID COLLAZOS

Hay bebés en el vino de mi copa y en tanto incendio de mi jardín aves devoran la mañana. Dos muslos se abren frente al candelabro matutino  ...