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martes, 4 de septiembre de 2007

De Pisco y Tequila (Perú-México)


Editora Mesa Redonda, librerías Crisol y Antares tienen el agrado de invitarlo al recital de poesía De pisco y tequila (México-Perú), en la que participarán:

Rocío Cerón
Andrea Cabel
Miguel Ildefonso
Miguel Ángel Malpartida
José Carlos Yrigoyen
Paul Guillén

Martes 4 de septiembre. 7:30 p.m.
Librería Crisol. Óvalo Gutiérrez.
Modera: Miguel Ángel Zapata

Jueves 6 de septiembre. 7:30 p.m.
Antares. Paseo de la República 5864. Miraflores.
Modera: Miguel Ildefonso

Agradecemos su gentil asistencia.


Editora Mesa Redonda

martes, 14 de agosto de 2007

Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida por Miguel Ildefonso


En Galería (2002) Miguel Ángel Malpartida recreaba la tradición pictórica (Yves Tanguy, Monet, Dalí, etc.) para sus lienzos con la palabra, adentrándonos en un despliegue imaginativo, (casi abstractos, cubistas, surrealistas) que reflejaba los estragos existenciales de sus propios demonios. El tratamiento lúdico y sin culpas con un tema específico y con un aspecto de la cultura que dan unidad al libro es uno de los rasgos más notorios de la nueva poesía del 2000. El poeta delimita un objetivo claro antes de arrojarse de “nariz” (poemarios de Diego Lazarte o Manuel Fernández, p. e.).

Italo Calvino, en Seis propuestas para el próximo milenio, donde desarrollaba los conceptos de levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad, decía: "Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.” Es a la luz de esta idea que se puede acceder a una lectura de Arte de nariz (Editorial Mesa Redonda, 2007); es decir, la poesía (en este caso) ante un tema bélico nos puede brindar lo que no nos da la historia o el ensayo, quizás debido a que, en palabras del poeta, “el alma se nos va en ello hasta despertar”.

La preocupación del tema bélico en Malpartida no es sólo de tipo ético, va más allá y más acá. Ensaya el riesgoso vuelo alto de la metafísica de la muerte (“ahora dormita desde su copa de vino,/ tan roja como un mar empozado,/ tan cierta”, recuerda el recipiente de Muerte sin fin de José Gorostiza), la belleza (“La habitación oscura ocultará tu lumbre,/ la lumbre/ que sufre el roce de tus piernas/ mientras sonríen las flores/ que adornan tus sienes”) y el éxtasis (“Sus brazos van contra la bruma,/ su sexo es un viento atravesado.”), y al ras de la tierra los nostálgicos flashes de la memoria familiar (“Las manos marítimas/ o subterráneas de mi padre/ atraen el olvido”). Antes de que alce vuelo el aviador militar o el poeta, besa la imagen femenina (extraída de las legendarias chicas del ilustrador peruano Alberto Vargas, 1896-1982) que había puesto en la punta de la nave (de matar y de morir). Hará un viaje hacia la muerte, hacia la muerte de otros, a la vez que el apego a la vida se hace más fuerte, lo que le hacer hurgar en sus recuerdos de infancia. Recobrar el sentido de la vida, entonces, implica vivir el vértigo previo de afrontar la muerte: ese es el despertar que mencionaba al inicio. La lección cruda que recogemos no es sólo aquella que recién conocemos lo que es la vida en el último tramo de nuestro destino, lo peor es ver lo fácil que podemos caer en la guerra, y repetirla tantas veces (un eterno retorno). Y esto último sí se puede interpretar como un mensaje antibélico.

Malpartida traza la trayectoria de su vuelo: de la levedad a lo pesado (tal su propuesta ética y estética), como el kamikase de Kyoto de su poema. Para Parménides la levedad era positiva y el peso negativo; para Nietzsche el peso era terrible y la levedad maravillosa. En la novela de Kundera, La insoportable levedad del ser, se niega esos juicios; si bien lo pesado nos destroza y aplasta, es también la “imagen más intensa de la plenitud de la vida. Cuanto más pesada es la carga nuestra vida será más real y verdadera.” Por otro lado, la levedad hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire a tal punto de volverse insignificante. Por tanto “el peso y la levedad no son una contradicción”. “El peso por sí no tiene cualidad de peso, dentro de él existe levedad; al igual la levedad no carece de peso; son estados complementarios, que se pueden transformar uno en otro.” Es así que vemos en la poesía de Malpartida que “Las flores del cerezo caen/ sin cesar sobre el monte de Kyoto”, y junto a esa caída cae su corazón “abatido en llamas”.

El poeta y el aviador militar han emprendido su último vuelo atraído por el sueño que le “ofrece” una mujer, la plasmada en la punta de la nave. Eros y tánatos embarcados en una “sagrada ceremonia”, para la que se lleva “lápices de color en las manos”. En, para mí, el mejor poema del libro, Dado al sol, el viaje significa también el retorno del hombre (“viajando hacia el corazón/ de la tierra”), fusionado - “deberás decirle muy despacio/ mientras te observa (como al abuelo y al bisabuelo/ en la tarde del novecientos)” -, y que ha recobrado su unidad (“Solo así, la tarde podrá recuperar/ su aroma melodioso, las astillas serán sillas,/ florecerá el viejo árbol de carcoma”). Este SOL-DADO DADO AL SOL habrá de iniciar algo nuevo (cuando “un rayo de viento” fije “la ventana y el plomo derrite sus botas”), distinto a lo pesado que significa toda guerra (“hasta convertirlo en pequeño fuego fatuo/ sobre la hierba”). Esa es la esperanza que nos revela siempre la poesía desde adentro del ser, revelándonos ante la muerte lo que nosotros mismos hemos dejado de lado. Y este es el fin del vuelo y su entrega a la belleza de Arte de nariz.

martes, 24 de julio de 2007

De un silencio ajeno: Sobre Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel por Héctor Hernández Montecinos


Nuestro continente nuevamente vuelve a mirarse a sí mismo como un motor neurálgico de la cuestión poética, no desde una vanidad canónica ni de una soberbia academicista, sino que del propio quiebre y la celebración del fragmento que algunos llamamos ruina, porque justamente si algo podemos apreciar es el aura de esas ruinas en esta catástrofe global. No sólo se habla de literatura, sino que de ecologías humanas, accesos al bienestar civil y social, igualdad de derechos, etc, pues desde estas ruinas es de donde nace el contexto, la pregunta y la contingencia por el valor de la poesía en el actual sistema mundial, y más en específico, en nuestros países latinoamericanos. Estos intersticios en los discursos hallan su correspondencia en las fracturas de los cuerpos y los límites de los territorios que conforman a las subjetividades. Y es desde este triple anclaje, discursos, cuerpos y territorios, que tal vez se llegue a una respuesta mucho más profunda de una pregunta que aún no se ha inventado, y esa pregunta no puede sino venir desde la propia poesía, que a la vez es contraseña y realización.

Esta nueva edición, que incluye unos inéditos, de Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel es un nuevo aire a la poesía latinoamericana escrita por jóvenes, pues esta obra se desliza entre los géneros con sorprendente sutileza, es decir, brilla cuando crea contextos narrativos, reluce en la construcción dramática de su palabra, y su versificación sobria pero proliferante hacen de este, su primer libro, una de las interesantes e imperdibles lecturas de la más nueva poesía peruana. Sin duda, es uno de los debuts literarios más auspiciosos, más seguros y con menos miedo al enemigo número uno de la poesía: el qué van a decir de mí; es por eso que Carlos Germán Belli no se equivoca al señalar que Cabel se enseñorea de un estilo propio, pues justamente tiene que ver con la belleza de su honestidad, el preciosismo de su registro y por, sobretodo, darle la voz a un corpus-cuerpo que ha sido silenciado y cercado por los pantalones de la poesía.

El primer capítulo homónimo al título del libro construye un juego de espejos donde la subjetividad escribiente metamorfosea su propia desaparición y se escabulle de la tinta obsesionada en demarcar una palabra sobre la página en blanco. No hay voz sino eco, no hay rostro sino máscara, no hay tiempo sino caídas, no hay pasado sino intuición. Cito:

la salud como aspaviento de leche y petróleo,
la infancia socavando lo repentino, las velas, las luces,
el humo de la cocina y la estrella fija en el cielo

“Fruta partida” es el siguiente capítulo en donde este cuerpo vegetal deviene átomo, deviene semilla, es decir hace un pliegue con su origen como emergencia de un porvenir, del mismo modo que el poema en sí anuncia el inicio de su final. Entonces esta célula primigenia es a la vez el propio mundo que se parte en los hemisferios que posee el recuerdo, al igual que los versos cortados no por el aire sino que por esas líneas diagonales que parecieran brillar en su filo. Esta serie de textos pasan como una serie de fotogramas que mezclan varios personajes distinguibles por sus deseos nómades y por la lucha de sacarse de encima un destino escrito por otros, de tal modo como las letras de un alfabeto se mezclan promiscuamente para convertirse en palabras. Cito:

o
(...)

... luego de la graduación, salvador y yo/ éramos plato servido
/ e insólitos juguetes/ materias imperceptibles de piel roja./
dientes y culpa/ ambos buscando tus pechos y queriendo, /
volver sin traje, / sin árbol derribado y morado tras las alas.

La tercera sección es “Todas las mujeres han sido tú” en donde las transversales de los capítulos anteriores se retoman con fuerza y este juego de máscaras sin rostros y la trashumancia del relato materializan a estos cuerpos-mujeres que cuestionan su aparición mediante su propia existencia, pues en ellos la percepción no sólo es producto de los sentidos, sino que también de una sensitividad y sensibilidad que bordea la noción de lo otro, sabiendo y asumiendo que la alteridad es decir esto es como yo. Los nombres de estas mujeres son las nominaciones de fragmentos, conceptos, rememoranzas de todos los cuerpos en su momento extático, pues por un lado se anula su temporalidad y por otro su agenciamiento perfila una política y un cielo donde cada cuerpo es celeste, es rotación y traslación, pero también es gravedad. Cito:

Techo sembrado de lluvia con raíces gigantes, y sondas verdes
sujetando la bomba que naufraga inmóvil

El conjunto de textos que se anexan a esta segunda edición deambula por cierta animalidad somática en que la voz-susurro-grito pareciera releer el libro por completo, pues torna monstruoso lo que antes era sereno, y pone en duda la propia necesidad de los espejos. El texto “puercoespín” es clave en este somero recuento de lectura de Las falsas actitudes del agua, pues aquí se concentra cada uno de los vectores y materialidades que los poemas trabajan en su construcción de término material y simbólico. La tensión, el deseo, la angustia, lo ominoso y la delicada narratividad del libro decantan y logran ser un aleph de una poética arriesgada, contundente, honesta y política, porque en este momento histórico la autenticidad y la poesía siguen siendo una microrevolución, una contrareforma o una ecosofía que ni la moral, ni las economías, ni los mercados podrán engullir tan fácilmente, porque la poesía sigue siendo una opción de libertad y creatividad al amparo de la necesidad y del coraje como maravillosamente Andrea Cabel ha logrado poner en escena en este libro, sin aspavientos ni panfletos.

La poeta ha logrado desterritorializar una voz y convertir el silencio ajeno en un suave pero vital aire que refresca y oxigena los polvorientos discursos del testimonio, la lucha y la metaliteratura, porque de algún modo todo cuerpo ajeno es el propio cuerpo, y el corpus colectivo de algo que hoy se está escribiendo en Latinoamérica y que sólo mañana podremos leer como un sueño roto o como un desencanto luminoso e imperecedero. Para terminar:

dijiste que te gustaba la carne con espinas. que era tu vida el caminar de lado, ser blanca como las angostas calles de tu casa, y brillar en silencio como las estrellas del techo que se te cae todas las noches. yo soy un animal que se amolda a tu cama, repleto de espinas. lleno de cercos y púas. soy la mortaja que en tu vientre se revuelca pidiéndote madre.

la mujer que en tu mente me reta, soy yo, vestida de lana por el invierno, escondiendo las púas para no asustarte y cantando en voz baja, la canción de cuna de los niños que tienen frío. una burbuja rosada se cuela entre tus ojos que miran al techo del piso ocho

y solloza.

domingo, 22 de julio de 2007

Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel y Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida


Editora Mesa Redonda y librerías Crisol tienen el agrado de invitarle a a la presentación de los poemarios Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel y Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida con los que se da inicio a la serie Taquicardia.

Los comentarios estarán a cargo de Arturo Corcuera y Marco Martos. Lugar: Feria del Libro, Jockey Plaza, Sala César Vallejo. Fecha: Martes 24 de julio de 2007. Hora: 8:15 p.m.

viernes, 20 de julio de 2007

Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida por Paul Guillén


Miguel Ángel Malpartida (Lima, 1983) ha esperado cinco largos años desde la edición de su primer libro Galería -Premio César Calvo 2002- para entregarnos su segundo libro Arte de nariz (Lima: Mesa Redonda editores, 2007), y no es en vano, en un medio como el peruano, donde, casi siempre, los primeros libros apuntan a la consideración de “principiantes”, por cierto, no es el caso de Malpartida, que demostró su precocidad a los dieciocho años con su primer libro. En Arte de nariz llama la atención los dos registros temáticos que desarrolla: el mundo de la guerra y el mundo de la infancia. El belicismo está trabajado en función del amor y el erotismo, en tanto, la infancia lanza sus puentes hacia el entorno familiar. Si en Galería en el texto “Estudio poético para Mujeres en el jardín (1866-1867) de Monet” el símbolo de la nariz estaba ligado a la contemplación de una mujer: “en las laderas de tu nariz, pecas / como insectos leopardos”, en Arte de nariz este símbolo nos remite a un mundo bélico, donde hay que aferrarse a la “belleza” como última verdad.

El título del libro Arte de nariz -poemario compuesto de tres partes: Modelismo, Daguerrotipo y Lanzallamas-, se refiere a los aviadores de la Segunda Guerra Mundial que pintaban en las narices de sus aviones rostros femeninos, que incluso besaban antes de salir en vuelo, dándose valor frente a la muerte, por ello, no es raro que Malpartida incida en la figura del pintor expresionista austriaco Kokoschka para decirnos “una mujer me ofrece el sueño / cuando dormir es ponerse a riesgo del mundo, / volverse intermitente”. Este riesgo es asumido, en esta primera sección, como una vuelta a lo lúdico, por ejemplo, en el poema Normandía: “el soldado azul prusia cayó del cielo (…) y no llevaba más que / lápices de color en las manos”. La segunda parte, habitada por soldaditos de plomo, estrellas que son grillos o grillos que son estrellas, atardeceres, sueños, anhelos, nos instala en el mundo de lo transitorio: “el giro musical en su aroma / nos roba el sentido de las horas”, es en esta parte, donde podemos darnos cuenta que, en muchos poemas, se juega con tres nociones: 1) el personaje puede ser un piloto, 2) un soldadito de plomo o 3) un poeta-niño que interactúa con objetos y juguetes. En la tercera parte, Malpartida de entrada nos da la clave hacia donde se dirige su poética: “y aprendimos a tornar los ojos / para permanecer inmóviles / mientras conteníamos el aliento”, percibimos, en muchas elementos del libro, cierto influjo contemplativo y reflexivo que llevan al poeta a consolidar relatos familiares benefactores, pero no por ello menos angustiantes y llenos de misterio que se constituyen en refugios de la infancia contra la guerra, del individuo contra la muchedumbre, del espacio de lo privado contra lo público, del pasado contra el presente, de lo psíquico contra lo social. Hay, finalmente, en todo esto una contraparte, que es la historia subrepticia del libro, la que se va colando mientras avanzamos por sus páginas y es, tal vez, una historia de horror, una historia impronunciable que se pierde en el recuerdo, en todo ello, también, hay algo de perversidad, cuando no identificación con la niña que “atesora en su vientre / el repetido galope (…) su sexo es un viento atravesado”.

Por otra parte, el poeta de Arte de nariz es un poeta atípico dentro de la tradición poética latinoamericana actual, donde el desarrollo del poema extensivo, explosivo, sin un centro previsible, polifónico, no lineal, no causal, que torna sus ojos hacia un pasado mítico para reinterpretar el presente y el futuro -hay claros ejemplos en las obras del chileno Héctor Hernández, del ecuatoriano Ernesto Carrión, del uruguayo José Manuel Barrios o del guatemalteco Alan Mills-, Miguel Ángel Malpartida prefiere la economía léxica, la transparencia, la aparente desnudez de las palabras, la baja intensidad política, el trabajo de daguerrotipia, ser avaro en lo decorativo, la contención, el castigo y la concentración expresivas o en otras palabras: Malpartida talla con fuego las rocas de la intemperie y sale victorioso de esa lucha, así, resguarda, como dijo Rilke, la infancia que es la patria del hombre.

Cinco poemas de Marcela Robles

  I DE DONDE NADIE NUNCA A donde nadie quiere A ese lugar donde las Aguas Desde el fondo Donde los arrecifes y tu voz en la esquina del ...