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martes, 14 de agosto de 2007

Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida por Miguel Ildefonso


En Galería (2002) Miguel Ángel Malpartida recreaba la tradición pictórica (Yves Tanguy, Monet, Dalí, etc.) para sus lienzos con la palabra, adentrándonos en un despliegue imaginativo, (casi abstractos, cubistas, surrealistas) que reflejaba los estragos existenciales de sus propios demonios. El tratamiento lúdico y sin culpas con un tema específico y con un aspecto de la cultura que dan unidad al libro es uno de los rasgos más notorios de la nueva poesía del 2000. El poeta delimita un objetivo claro antes de arrojarse de “nariz” (poemarios de Diego Lazarte o Manuel Fernández, p. e.).

Italo Calvino, en Seis propuestas para el próximo milenio, donde desarrollaba los conceptos de levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad, decía: "Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.” Es a la luz de esta idea que se puede acceder a una lectura de Arte de nariz (Editorial Mesa Redonda, 2007); es decir, la poesía (en este caso) ante un tema bélico nos puede brindar lo que no nos da la historia o el ensayo, quizás debido a que, en palabras del poeta, “el alma se nos va en ello hasta despertar”.

La preocupación del tema bélico en Malpartida no es sólo de tipo ético, va más allá y más acá. Ensaya el riesgoso vuelo alto de la metafísica de la muerte (“ahora dormita desde su copa de vino,/ tan roja como un mar empozado,/ tan cierta”, recuerda el recipiente de Muerte sin fin de José Gorostiza), la belleza (“La habitación oscura ocultará tu lumbre,/ la lumbre/ que sufre el roce de tus piernas/ mientras sonríen las flores/ que adornan tus sienes”) y el éxtasis (“Sus brazos van contra la bruma,/ su sexo es un viento atravesado.”), y al ras de la tierra los nostálgicos flashes de la memoria familiar (“Las manos marítimas/ o subterráneas de mi padre/ atraen el olvido”). Antes de que alce vuelo el aviador militar o el poeta, besa la imagen femenina (extraída de las legendarias chicas del ilustrador peruano Alberto Vargas, 1896-1982) que había puesto en la punta de la nave (de matar y de morir). Hará un viaje hacia la muerte, hacia la muerte de otros, a la vez que el apego a la vida se hace más fuerte, lo que le hacer hurgar en sus recuerdos de infancia. Recobrar el sentido de la vida, entonces, implica vivir el vértigo previo de afrontar la muerte: ese es el despertar que mencionaba al inicio. La lección cruda que recogemos no es sólo aquella que recién conocemos lo que es la vida en el último tramo de nuestro destino, lo peor es ver lo fácil que podemos caer en la guerra, y repetirla tantas veces (un eterno retorno). Y esto último sí se puede interpretar como un mensaje antibélico.

Malpartida traza la trayectoria de su vuelo: de la levedad a lo pesado (tal su propuesta ética y estética), como el kamikase de Kyoto de su poema. Para Parménides la levedad era positiva y el peso negativo; para Nietzsche el peso era terrible y la levedad maravillosa. En la novela de Kundera, La insoportable levedad del ser, se niega esos juicios; si bien lo pesado nos destroza y aplasta, es también la “imagen más intensa de la plenitud de la vida. Cuanto más pesada es la carga nuestra vida será más real y verdadera.” Por otro lado, la levedad hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire a tal punto de volverse insignificante. Por tanto “el peso y la levedad no son una contradicción”. “El peso por sí no tiene cualidad de peso, dentro de él existe levedad; al igual la levedad no carece de peso; son estados complementarios, que se pueden transformar uno en otro.” Es así que vemos en la poesía de Malpartida que “Las flores del cerezo caen/ sin cesar sobre el monte de Kyoto”, y junto a esa caída cae su corazón “abatido en llamas”.

El poeta y el aviador militar han emprendido su último vuelo atraído por el sueño que le “ofrece” una mujer, la plasmada en la punta de la nave. Eros y tánatos embarcados en una “sagrada ceremonia”, para la que se lleva “lápices de color en las manos”. En, para mí, el mejor poema del libro, Dado al sol, el viaje significa también el retorno del hombre (“viajando hacia el corazón/ de la tierra”), fusionado - “deberás decirle muy despacio/ mientras te observa (como al abuelo y al bisabuelo/ en la tarde del novecientos)” -, y que ha recobrado su unidad (“Solo así, la tarde podrá recuperar/ su aroma melodioso, las astillas serán sillas,/ florecerá el viejo árbol de carcoma”). Este SOL-DADO DADO AL SOL habrá de iniciar algo nuevo (cuando “un rayo de viento” fije “la ventana y el plomo derrite sus botas”), distinto a lo pesado que significa toda guerra (“hasta convertirlo en pequeño fuego fatuo/ sobre la hierba”). Esa es la esperanza que nos revela siempre la poesía desde adentro del ser, revelándonos ante la muerte lo que nosotros mismos hemos dejado de lado. Y este es el fin del vuelo y su entrega a la belleza de Arte de nariz.

domingo, 22 de julio de 2007

Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel y Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida


Editora Mesa Redonda y librerías Crisol tienen el agrado de invitarle a a la presentación de los poemarios Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel y Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida con los que se da inicio a la serie Taquicardia.

Los comentarios estarán a cargo de Arturo Corcuera y Marco Martos. Lugar: Feria del Libro, Jockey Plaza, Sala César Vallejo. Fecha: Martes 24 de julio de 2007. Hora: 8:15 p.m.

viernes, 20 de julio de 2007

Arte de nariz de Miguel Ángel Malpartida por Paul Guillén


Miguel Ángel Malpartida (Lima, 1983) ha esperado cinco largos años desde la edición de su primer libro Galería -Premio César Calvo 2002- para entregarnos su segundo libro Arte de nariz (Lima: Mesa Redonda editores, 2007), y no es en vano, en un medio como el peruano, donde, casi siempre, los primeros libros apuntan a la consideración de “principiantes”, por cierto, no es el caso de Malpartida, que demostró su precocidad a los dieciocho años con su primer libro. En Arte de nariz llama la atención los dos registros temáticos que desarrolla: el mundo de la guerra y el mundo de la infancia. El belicismo está trabajado en función del amor y el erotismo, en tanto, la infancia lanza sus puentes hacia el entorno familiar. Si en Galería en el texto “Estudio poético para Mujeres en el jardín (1866-1867) de Monet” el símbolo de la nariz estaba ligado a la contemplación de una mujer: “en las laderas de tu nariz, pecas / como insectos leopardos”, en Arte de nariz este símbolo nos remite a un mundo bélico, donde hay que aferrarse a la “belleza” como última verdad.

El título del libro Arte de nariz -poemario compuesto de tres partes: Modelismo, Daguerrotipo y Lanzallamas-, se refiere a los aviadores de la Segunda Guerra Mundial que pintaban en las narices de sus aviones rostros femeninos, que incluso besaban antes de salir en vuelo, dándose valor frente a la muerte, por ello, no es raro que Malpartida incida en la figura del pintor expresionista austriaco Kokoschka para decirnos “una mujer me ofrece el sueño / cuando dormir es ponerse a riesgo del mundo, / volverse intermitente”. Este riesgo es asumido, en esta primera sección, como una vuelta a lo lúdico, por ejemplo, en el poema Normandía: “el soldado azul prusia cayó del cielo (…) y no llevaba más que / lápices de color en las manos”. La segunda parte, habitada por soldaditos de plomo, estrellas que son grillos o grillos que son estrellas, atardeceres, sueños, anhelos, nos instala en el mundo de lo transitorio: “el giro musical en su aroma / nos roba el sentido de las horas”, es en esta parte, donde podemos darnos cuenta que, en muchos poemas, se juega con tres nociones: 1) el personaje puede ser un piloto, 2) un soldadito de plomo o 3) un poeta-niño que interactúa con objetos y juguetes. En la tercera parte, Malpartida de entrada nos da la clave hacia donde se dirige su poética: “y aprendimos a tornar los ojos / para permanecer inmóviles / mientras conteníamos el aliento”, percibimos, en muchas elementos del libro, cierto influjo contemplativo y reflexivo que llevan al poeta a consolidar relatos familiares benefactores, pero no por ello menos angustiantes y llenos de misterio que se constituyen en refugios de la infancia contra la guerra, del individuo contra la muchedumbre, del espacio de lo privado contra lo público, del pasado contra el presente, de lo psíquico contra lo social. Hay, finalmente, en todo esto una contraparte, que es la historia subrepticia del libro, la que se va colando mientras avanzamos por sus páginas y es, tal vez, una historia de horror, una historia impronunciable que se pierde en el recuerdo, en todo ello, también, hay algo de perversidad, cuando no identificación con la niña que “atesora en su vientre / el repetido galope (…) su sexo es un viento atravesado”.

Por otra parte, el poeta de Arte de nariz es un poeta atípico dentro de la tradición poética latinoamericana actual, donde el desarrollo del poema extensivo, explosivo, sin un centro previsible, polifónico, no lineal, no causal, que torna sus ojos hacia un pasado mítico para reinterpretar el presente y el futuro -hay claros ejemplos en las obras del chileno Héctor Hernández, del ecuatoriano Ernesto Carrión, del uruguayo José Manuel Barrios o del guatemalteco Alan Mills-, Miguel Ángel Malpartida prefiere la economía léxica, la transparencia, la aparente desnudez de las palabras, la baja intensidad política, el trabajo de daguerrotipia, ser avaro en lo decorativo, la contención, el castigo y la concentración expresivas o en otras palabras: Malpartida talla con fuego las rocas de la intemperie y sale victorioso de esa lucha, así, resguarda, como dijo Rilke, la infancia que es la patria del hombre.

Cinco poemas de Marcela Robles

  I DE DONDE NADIE NUNCA A donde nadie quiere A ese lugar donde las Aguas Desde el fondo Donde los arrecifes y tu voz en la esquina del ...