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lunes, 11 de febrero de 2008

NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA GUARAGUAO

Una nueva Edad Media!, proclamaba Umberto Eco hace un tiempo, al contemplar pequeñas ciudades universitarias estadounidenses; caseríos lujosos y provistos de los más avanzados servicios en las proximidades de las urbes, que tendían a vaciarse y disgregarse en grupos y núcleos que escapaban del acoso de la desesperación, la pobreza, el ruido y el desorden, de la inarmónica vida de las masas; fortificaciones de familias privilegiadas, en el interior de las ciudades. Ciudades dentro de ciudades: rotos los vínculos de la polis, que las definían, las ciudades dejaban de ser ciudades.

He aquí uno de los grandes temas de nuestra época. Si Dios dejaba de ser dios, las familias dejaban de ser familias, el campo se convertía en paisaje, los estados en estructuras administrativas de gestión. Si la vida misma se refugia en lugares desconocidos, ¿por qué las ciudades habrían de escapar a ese destino arrasador, de desmantelamiento? Si la mercancía es el fetiche y el lucro el principio rector, ¿cómo habría de continuar la ciudad siendo no sólo el espacio privilegiado de encuentro de la oferta y la demanda de mercancías sino además un ámbito de sociabilidad, en que se generan ambientes de diálogo e interpelación? «Las posibilidades reales de pluralizar y reinventar la política no dan motivo para la euforia», decía desde Colombia, hace siete años el filósofo Jesús Martín Barbero. En la gran feria de las ciudades que viven Occidente y su periferia, en que la memoria colectiva y el paisaje humano se van diluyendo, en que los movimientos sociales pierden vitalidad, han emergido parques temáticos donde antes había espacios de convivencia. En América Latina, según señala el mismo Barbero, hablando del libro La construcción simbólica de la ciudad, de Rossana Reguillo, «el barrio popular no solamente se ve apropiado por la política hegemónica –y por una política cultural que potencia ciertas fiestas barriales para cambiarles de sentido–, sino que el barrio mismo comienza a ser un espacio más difuso y a la vez más permeable a movimientos externos». Barbero concluye que «la ciudad potencia lo violento en la medida en que deja perdidos a los ciudadanos en esos «no lugares», de los que habla Marc Augé».

Las ciudades se ponen en venta como las iglesias y las carreteras. En este número, el primero del undécimo año de vida de GUARAGUAO, hemos querido hablar de la ciudad del presente y de la ciudad que se avizora en un mañana incierto. El territorio urbano no es patrimonio de ninguna de las disciplinas de las ciencias humanas. Cumpliendo con nuestra intención de estimular la reflexión, hemos pedido colaboraciones de diversos académicos y ensayistas con la esperanza que este acercamiento multidisciplinario contribuya a iluminar la caleidoscópica realidad de la urbe a principios del siglo xxi. A través de las perspectivas que nos ofrecen la sociología, la etnología, la antropología, la filosofía y la historia, confiamos en poder evitar los lugares comunes y cuestionar las retóricas autocomplacientes de lo establecido.

Los colaboradores que amablemente nos acompañan en esta singladura son OLIVIER MONGIN, de París; Josep Ramoneda, de Barcelona; XAVIER ANDRADE, de Guayaquil; TERESA CALDEIRA, de São Paulo; y ARIEL RODRÍGUEZ KURI, de México D.F. El lector encontrará en estos textos más preguntas que conclusiones, lo cual suele ocurrir cuando se siguen los imperativos de la honestidad intelectual, una disposición de espíritu a la que queremos ser fieles. MONGIN y RAMONEDA plantean al principio del número unas preguntas que son tratadas de modo más incisivo por los textos subsiguientes, en los que se reflexiona sobre la nueva Guayaquil, el São Paulo de los jóvenes marginales, y la Ciudad de México del 68 y del presente.

En la sección de Recuperación presentamos un texto frecuentemente evocado pero nunca citado. La Memoria sobre la fiebre amarilla que en 1857 diezmó la población de Montevideo fueron presentadas por su autor, el DOCTOR BRUNEL, ante la francesa Academia Imperial de Medicina y publicada en 1860. He aquí pues una ciudad en emergencia sanitaria, una situación que pone en evidencia las limitaciones de sus estructuras y la vulnerabilidad o seguridad de sus habitantes ante el cuantioso tráfico migratorio que vivieron las ciudades del cono sur en la segunda mitad del siglo xix. La traducción y difusión de este artículo ofrecerá además material de primera mano a las personas interesadas en la vida y la obra de Isidore Ducasse, conocido como el Conde de Lautréamont, el autor de los terrribles Cantos de Maldodor, uno de los testigos de la mortandad sufrida por la ciudad que lo vio nacer.

En nuestra sección de Creación presentamos al narrador venezolano ISMAEL CENTENO, una de las voces más atractivas de la literatura latinoamericana reciente y a tres poetas de diferentes generaciones y procedencia geográfica: el consagrado poeta RAÚL ZURITA (1951), de Chile, comparte estas páginas con los jóvenes y notables MOISÉS FUENTES, de Nicaragua, y JORGE ORTEGA, de Chile.

Dedicamos páginas especiales al arte cinematográfico: el documental es abordado –en la sección de Ensayos– por MÓNICA GONZALBO y CECILIA BERGERET, y damos cuenta además de tres obras recientes que han merecido la atención del público y la crítica: la película ecuatoriana Qué tan lejos; la peruana Madeinusa, y Fantasma, la tercera parte de una trilogía de LISANDRO ALONSO.

Nuestra sección de Crítica de libros -en la que destacamos el poemario País, de YOLANDA PANTIN- revisa una parte de la actualidad bibliográfica con su habitual rigor e independencia.

Quisiéramos, por último, agradecer la inestimable ayuda prestada por Judit Carrera del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, así como las valiosas indicaciones de Pedro Serrano e Ilán Semo en el D.F.

[MARIO CAMPAÑA]
www.revistaguaraguao.org

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