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lunes, 11 de febrero de 2008

Aguardiente, forever de Hildebrando Pérez Grande por Miguel Ildefonso

Hildebrando Pérez Grande (Lima, 1941), poeta y profesor universitario, premio de Poesía “Casa de las Américas” en 1978, co-dirigió las revistas Piélago e Hipócrita Lector, y fundó en 1970 el taller de poesía de la Universidad de San Marcos. Fue en esta labor como lo conocí personalmente. No en el taller de San Marcos, al cual fui luego de conocerlo primeramente cuando participé de un taller suyo en el antiguo Euroidiomas de Miraflores. Ya en San Marcos una vez, recuerdo bien, me dijo, cuando me encontraba en la duda de cambiarme de la carrera de Derecho a Literatura: “sólo hazlo si sientes que la Literatura es lo único que quieres hacer en la vida”. No pasó mucho tiempo para que esas palabras hicieran su efecto de aclararme el panorama de esos años iniciales de la década del noventa.

Aguardiente, forever (Hipocampo Editores, 2007) es el libro que el poeta Hildebrando ha ido escribiendo o reescribiendo a lo largo de una vida dedicada a la poesía y la docencia. Del universo andino - de los goces, del sufrimiento, de las esperanzas del hombre peruano - se destila la esencia de una voz que ha perdurado en esas palabras moldeadas al fuego del éxtasis y la sabiduría: “es verdad que nací en la capital pero a los pocos meses, con el cuento del asma, me enviaron a Orcotuna, un pequeño pueblo que se levanta en la margen derecha del río Mantaro. Allí descubrí el mundo, el universo andino, el imaginario andino, del cual, creo, nunca pude escapar… felizmente”, nos dice en un testimonio al final del libro. Y es que quien ha vivido en los Andes no puede dejar, adonde vaya, la claridad de ese cielo azul, esas nubes blanquísimas, el sonido del chorro de sus acequias, la contundencia de sus truenos, el fulgor de los rayos, el cantar íntimo de las aves, el viento que habla al alma. Lo digo por propia experiencia también, a pesar que mis estadías no han sido tan largas. Pero quien ha sentido alguna vez el abrazo de la tierra, nunca se sentirá lejos ni solo.

Considero que la musicalidad es la base de la construcción del poema, allí se asienta el significado, y todos los contenidos. Por otra parte, la visión del mundo atraviesa el texto y lo lleva al infinito: “esa visión del mundo andino renace con fuerza en mí y pienso que no es casual que la primera parte de mi libro tenga esa impronta, esa huella. Los mitos, las leyendas, las canciones de carácter popular, los cuentos de aparecidos volvieron a diseñar mi vida. Hice míos todo lo que es la tradición oral, y cada vez más volvía a ‘mi terruño', ahora, más grande, más inconmensurable”, expresa el poeta. La poesía de Hildebrando ha ido recogiendo diversas tradiciones, la fusión de la oralidad andina con las formas hispánicas, por ejemplo: “Cerro de Pasco, cerro/ patroncito. Cerro/ de púas, cerro/ ladroncito. Socavón/ tras socavón, malrotas/ mis ilusiones.// Cerro de Pasco, cerro/ carcelero. Cerro/ de espinas, cerro/ malagüero. Calabozo/ me das tú, libertad/ me da mi pueblo.// Manan llanto mi cerreña./ Manan luto mi obrerita./ A la huelga estamos yendo,/ ¡a la huelga compañera!”. Y sus espacios poéticos transitan otros polos como Francia (“bajo el puente Mirabeau / hay alguien que también/ está lleno de mundo”) y el Caribe (“los vientos del Caribe/ no sólo presagiaban el constante peligro del naufragio/ sino que los vómitos, las fatigas y los imborrables ataques de asma/ arañaban nuestro corazón mientras oteábamos la sal del horizonte”).

El amor (“me dicen que la Place de Verdum fue construida/ para guardar memoria de los héroes. Pero yo/ te recuerdo a ti./ Con cierto fulgor en la mirada, me muestran/ huellas/ de la resistencia. Yo sólo recuerdo el dardo suave/ de tus ojos”), la esperanza del pueblo no sólo peruano sino Latinoamericano (“La luz de todo lo vivido nos envuelve/ como ahora y en forma victoriosa/ la invicta bandera de los pobres”), la poesía y la palabra (“Yo quiero tu palabra. No te muerdas/ La lengua. Inventa primaveras. Abre/ Tus labios sagrados como si fuese un deseo/ Impostergable”), son algunos de los temas de su poética; así también la reflexión sobre la existencia: “Los poetas hablan de la rosa/ El espejo La naturaleza/ Muerta El tigre/ Que siempre da zarpazos/ Como la muerte o la melancolía/ También mencionan el vino/ El pan sinceramente compartido// Ahora que alistas tu mochila/ Para ser una naturaleza/ Muerta/ No olvides el pan/ El vino/ El espejo/ Que te convertirá en sombra/ En tigre/ De papel/ En polvo.

Miguel Ildefonso, 13 de Diciembre, 2007.

1 comentario:

Horacio dijo...

El maestro Hildebrando Perez, poeta tocado por la musas sin rostro, extintas del placer de la fama y la gloria. Aguardiente, gran poemario, sintetiza al hombre en si, en un mundo imaginario de fabulas y relatos. Felicitaciones.

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