Queridos amigos, en febrero aparece Memorias de mi desnudez de Leoncio Bueno (1920), uno de los poetas peruanos más importantes, que publica luego de más de treinta años de estricto silencio. Con el sello Editorial Nido de Cuervos, contiene toda su obra publicada (La guerra de los runas, Rebuzno propio, Invasión poderosa, Pastor de truenos y Al pie del yunque), más seis poemarios inéditos. Son 250 páginas apretadas de alta poesía. ¡Un verdadero suceso editorial!
Dear friends, next February, Memories of my nakedness (Memorias de mi desnudez), by Leoncio Bueno (1920), one of the most important peruvian poets, will be launched by Nido de Cuervos Publishing House. Beside all his known and acknowledged work, it contains six other books which have remained unpublished for the last thirty years. 250 tight pages of high poetry. A great editorial event!
Abrazos / Hugs
Renato Sandoval Bacigalupo
viernes, 24 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
Don’t Let Me Be Lonely de Claudia Rankine, por Paul Guillen
Claudia
Rankine
Don’t
Let Me Be Lonely
An
American Lyric
Saint
Paul, Minnesota: Graywolf Press, 2004.
La imagen recurrente en el
libro de la pantalla de televisión se relaciona con temas como la incomunicación,
la intervención de la señal, fuera de transmisión, el quedarse dormido y esto
se relaciona con la presencia de la cultura de masas (películas) y con el
cáncer como una vía punitiva que une al padre y a la madre. Rankine nos dice
que las películas se refieren a la figura del padre, y que el cáncer de mama y
de estómago (Gertrude Stein) está referido a lo femenino e incluso al suicidio.
Analicemos por partes el que las películas estén vinculadas al padre nos
refiere a la metáfora paterna, siguiendo a Lacan sería el proceso porque el
sujeto se aliena dentro del lenguaje y lo hace ser un yo en relación al otro
(sus semejantes) y al gran Otro (entendido como lenguaje y como reglas básicas
de convivencia o cultura). En nuestro tiempo cuando la figura paterna está en
declive es lógico que la poeta ligue esta reflexión con la cultura de masas,
donde lo que importa es una mirada poscolonial, donde prima nuestra condición
de formaciones sociales dependientes, pero al mismo tiempo privilegia una
mirada regida por criterios de mercado (por ejemplo, es poscolonial cuando
alguien viste un t-shirt con la imagen del che Guevara, pero no sabe qué hizo,
ni quién es el. Tomar un icono como mercancía es poscolonial). En cuanto a la
enfermedad y el suicidio relacionado con la madre nos sirve para decir que hay
más patetismo frente a estos temas en la mujer, el hombre en el libro va de
frente a la muerte. Aunque el contra ejemplo de Antígona niegue un poco este
aserto, la figura como sabemos está construida a partir de principios cívicos,
en este caso el derecho de enterrar al hermano muerto, entonces de lo que se
trata para Rankine no es de una posición humanista, sino de una posición ética
(por esos los pasajes del libro se detienen en temas como el suicidio,
crímenes, pena de muerte, eutanasia, etc. Esto para decirnos en una línea: “Para
que olvidar si uno muere”). La memoria se produce a través de la mirada de los
otros, es la visión de los otros la que nos excluye como cuerpos de nuestra
individualidad, por eso el título del libro remarca el “lonely”, antes que la
uniformización del imperialismo.
Esto también
nos sirve para preguntarnos sobre el cuerpo y la enfermedad, sobre el problema
de la preeminencia de la apariencia antes que de la esencia. Por ejemplo, en el
siglo XIX el cuerpo social era lo que primaba (la masa), en la modernidad del
siglo XX lo que importa es la individualidad, la subjetividad, y en un contexto
posmoderno, citando a Slavoj Zizek, esta individualidad tiene: “libertad para
deconstruir, dudar y distanciarse de uno mismo”. Por eso, cuando Rankine
utiliza la palabra “happily” (en contraste es maravilloso el verso donde dice
que tomar una pastilla diaria contra la depresión es deprimente) y muchas otras
palabras que define en las notas, inmediatamente pensamos en Francis Ponge
(Ponge es el ejemplo predilecto de Derrida de una escritura que rechaza el
logocentrismo) y su utilización del Littre como material poético, en razón, de
las etimologías y los neologismos o palabras inventadas. Expandir el lenguaje
es hacerle frente a lo homogéneo, al orden, es rebelarse frente a lo correcto
del lenguaje, la ideología y el poder.
Las
menciones a varios poetas nos traen varias ideas. Con Brodsky (es el poeta ruso
exiliado que tiene que escribir en otra lengua, el poeta que a pesar de eso
tiene que convivir con un nuevo lenguaje), Dickinson (nos refiere a una
dicotomía entre el optimismo y la esperanza, e incluso la reclusión dentro de
un espacio cerrado como es la casa), en la p. 54 se menciona a Vallejo (lo une
al hígado, la corporalidad, el dolor, y los intestinos son el mapa de USA), Celan
(la lengua madre, el dolor. Como sabemos Celan tuvo que escribir en la lengua
de los asesinos de su madre y se suicida arrojándose del Sena). Todas estas
menciones nos sirven para darnos cuenta de la existencia de configuraciones simbólicas
de nación: la figura del negro y el spaghetti western como símbolos de la
construcción de una nación a través del cine y la mirada del otro. La poeta nos
dice que no es el lugar (territorio), sino la función lo que prevalece. Lo que equivale
a un transnacionalismo y un proyecto antiglobalización. Por ejemplo, entendemos
esto con Zizek, en su libro Bienvenidos
al desierto de lo real, nos dice que en el contexto posmoderno en que
vivimos la palabra “libertad” se torna ambigua (“La lógica subyacente es de
nuevo la de la elección forzosa: eres libre de elegir siempre y cuando elijas
lo correcto”. Zizek, 8), si en ese contexto a alguien se le pregunta que
prefiere, si un sistema democrático o un sistema fundamentalista, la respuesta
esperada y políticamente correcta será la primera, de lo contrario se caerá en
la censura, autocensura, exclusión y culpa. Solo existe lo correcto y lo
incorrecto, no hay posiciones intermedias. Es muy similar cuando en la p. 39 de
Rankine se habla sobre la muerte de la princesa Diana, la respuesta adecuada
será sentir pena por esa muerte aun cuando nos sea completamente ajena, otra.
Para
Rankine su análisis de la guerra, el terrorismo y el tercer mundo propone la
lógica de la otredad (la conversación con el taxista de Paquistán). Por ejemplo
en p. 120, dice: “One waits to recognize the other, to see the other as one
sees the self”, solo podemos identificar al otro si ese otro se torna similar a
nosotros, todo lo exótico será tomado como diverso, no continuo, peligroso,
terror, y el terrorismo ya vimos y vivimos no solo se produce mediante las
bombas, sino sobre todo con el lenguaje.
jueves, 2 de enero de 2014
Cholo Art & Fun lanza sus talleres de verano 2014
Con el fin de
contribuir con la formación cultural y profesional de nuestros queridos cholos
y cholas, Cholo Art & Fun ha organizado los siguientes talleres de verano:
Crónica Periodística: Cómo
encontrar tu voz
A cargo del periodista de
televisión Alfredo Pomareda, actual productor periodístico del programa
dominical “Punto Final”
Días: martes / Horario: 8 a
10 p.m. / Costo: 150 soles
Inicio: 21 de enero /
Duración 8 semanas
Poesía: El placer de
escribir
Bajo la dirección del poeta
Miguel Ildefonso, Premio Copé de Oro Poesía (2002), Premio Nacional de Poesía
de la PUCP (2009) y reciente ganador del III Premio Iberoamericana de Tegucigalpa
(2013).
Días: martes y jueves /
Horario: 5 a 7 p.m. / Costo: 100 soles
Inicio: 16 de enero /
Duración 4 semanas
Escritura Creativa: ¿Cómo
enfrentar la página en blanco?
A cargo del escritor,
crítico literario y editor José Donayre Hoefken, y del escritor Miguel Ángel
Vallejo.
Días: miércoles / Horario: 7
a 9 p.m. / Costo: 100 soles
Inicio: 8 de enero /
Duración 4 semanas
Fotografía con Bokeh
Con el objetivo de explorar
las aptitudes artísticas de los alumnos a través de la técnica del bokeh, a
cargo de Ángela Yepez – Fotografía Profesional.
Días: jueves y viernes /
Horario: 6 a 8 p.m. / Costo: 280 soles
Inicio: 16 de enero /
Duración 8 semanas
Evento FB:
www.facebook.com/events/592235684179699/?fref=ts
Informes: cholobarranco@gmail.com
Lima, 2ENE2014
Cholo Art & Fun
Av. Bolognesi 198, Barranco
www.facebook.com/CholoArtyFun
cholobarranco@gmail.com
982772001 / 993616943 / 2514866
viernes, 13 de diciembre de 2013
PRESENTACION DE NUEVAS BATALLAS DE WILLY GOMEZ MIGLIARO
Nuevas Batallas
Poemario de Willy Gómez Migliaro
Presentan
Dalmacia Ruíz-Rosas Samohod
Paolo de Lima
Rodolfo Ybarra
Jorge Luis Roncal
Miércoles 18 de diciembre a las 7:30 pm
Asociación Guadalupana
Av. Alfonso Ugarte 1398 Lima
Entrada Libre
jueves, 5 de diciembre de 2013
DONDE HABITAN TODOS LOS MARES (Lectura del libro “Un mar alcoholizado” de Mario Morquencho), por Juan de la Fuente
Antes que una presentación, esto es una lectura. Y antes que lectura, es una necesaria búsqueda del mar para nombrarlo. Porque para hablar del mar debo encontrarlo primero; debo escudriñar los bordes, las aristas, los resquicios existentes, para detenerme luego –no en los detalles- sino en aquello que puede representar una metáfora: la metáfora del mar, que en verdad está compuesta por muchas y diversas metáforas o, mejor dicho, por muchos mares de metáforas.
Metáforas que van desde aquel mar que rodea la ciudad en la que habitamos cotidianamente, hasta ese otro que recorre calles, casas y avenidas enteras sin detenerse un instante. Estos mares nos persiguen y acompañan, depende cual sea la relación que tengamos con ellos y la manera en que hemos decido asumirla. Sin embargo, hay un mar, otro mar implícito, consustancial e inevitable; un mar que nos convierte en descarnadas metáforas de nosotros mismos. Lo llaman mar interior, pero podrían llamarlo en forma distinta y también en forma distinta describir aquello que sucede dentro, pero que está frente a nosotros.
Estos mares: el de adentro y el de afuera se manifiestan categóricamente en “Un mar alcoholizado” de Mario Morquencho. Lo exterior desafía a lo interior para dar nacimiento a un canto, a una ola de palabras que aperciben la realidad porque la comprenden sin rodeos, con una pureza tan peligrosa como el filo de un cuchillo cortando el aire.
A través de los veinte poemas que componen el libro de Morquencho, la lucha o el encuentro a muerte de estos mares tendrán su fundamento y su silencio; su violencia y su ternura; su misterio y su absoluta transparencia. Nada tan descarnado como expresar la verdad
sin aspavientos, y Morquencho lo hace, de frente, sin concesiones: “el mar se contrajo en charco de sangre / y la abertura en la cabeza liberó peces” (…) “HOY ESTOY AL DÍA EN LA LOCURA / como una estatua que huye / donde el viento consuela palabras” (...) “AYYYPOESÍAPOESÍAPOESÍA (…) INCRÚSTAME este vaso en la cabeza”.
En este territorio de contrarios, ¿cuál es el mar de Mario Morquencho? ¿Qué tan ajeno y cercano se encuentra de nosotros? Pues, aunque a simple vista su poesía puede ser vista como exteriorista por el empleo de la oralidad (no de lo conversacional) como voz exterior, al final el poeta recibe los acontecimientos para expresarlos con un lirismo intenso y propio, distante de lo prosaico.
La poesía de Morquencho es poesía del origen. Él es un poeta de raza, pura sangre, que habla desde sus adentros y fluye con naturalidad al margen de límites y limitaciones académicas: la poesía nace, crece y se transforma en sus palabras. Armando Arteaga –en el prólogo del libro- destaca en esta línea el carácter autodidacta de Mario. Y es cierto. Al igual que un Miguel Hernández en España, Morquencho discurre sin ningún sobresalto retórico por los cauces misteriosos de la poesía. Nada más natural y verdadero que esto.
Otro aspecto que debo resaltar es su hermandad con el mar, con el océano. Vive y respira mar. Y aquí, me viene a la memoria otro poeta, Derek Walcott, el autor de “El reino del Caimito”, quien ha nacido, ha vivido y ha sobrevivido por y para el mar. Porque: “El mar es Historia”, dice Walcott, y en todo lo que hace destaca el ritmo y la voluntad del mar. En su tono, su ritmo y su plasticidad, Morquencho tiene parentesco (no parecido ni influencia) con Derek Walcott.
“Un mar alcholizado” es una sucesión de historias que llegan a nosotros como ecos de palabras pronunciadas con rigor desde los bares, los burdeles y los templos; y donde un muchacho, una muchacha, un pez o un gato son el anticipo de una eternidad que puede terminarse: “Manicomio de tu voz / a la hora del ocaso” es un ejemplo rotundo de belleza, como igualmente lo son estos versos: “En
la caleta los pescadores arman las redes / con hilos que moran en el destello infinito / donde los mástiles cargan la cruz brillante / y predican el misterio de la noche”.
En este libro, Morquencho transita el milagro de la vida desde la realidad social hasta la realidad del encuentro con uno mismo; desde el mar de todos nosotros hasta el mar de cada uno de nosotros. El mar de Mario es la purificación, la vuelta al origen, la resurrección de sucesivas muertes cotidianas.
“Un mar alcoholizado” comienza en una cantina de mares no resueltos y acaba en un mar definitivo y trascendente. El conjunto de poemas que discurre en sus páginas es parejo, lleva un ritmo semejante, mantiene su intensidad de comienzo a fin. Y, a manera de sustancia, hay un poema que considero actúa como columna vertebral. Se trata del poema 17, donde aparece la madre. En un momento memorable, el poeta dice: “Es así como los astros terminan / su jornada diaria (…) Transitan las nubes alrededor de la cocina /mandiles con manteca visten los días / el zumo de las frutas exfolia la naturaleza / Yo prefiero el olor de los refrigeradores / cuando guardan el sendero / de la noche antepasada”.
Descubierto el mar, quedan otros mares, otras búsquedas. Concluida esta lectura, quedan otras lecturas más de “El mar alcoholizado”, este bello y rotundo libro con el que Mario Morquencho consolida el poderío de su voz en el ámbito de la poesía peruana actual.
Muchas gracias.
Surco, 12 de septiembre de 2013
JUAN DE LA FUENTE
(Un día antes de Yom Kippur)
Palabras leidas el dia de la presentacion del libro
Metáforas que van desde aquel mar que rodea la ciudad en la que habitamos cotidianamente, hasta ese otro que recorre calles, casas y avenidas enteras sin detenerse un instante. Estos mares nos persiguen y acompañan, depende cual sea la relación que tengamos con ellos y la manera en que hemos decido asumirla. Sin embargo, hay un mar, otro mar implícito, consustancial e inevitable; un mar que nos convierte en descarnadas metáforas de nosotros mismos. Lo llaman mar interior, pero podrían llamarlo en forma distinta y también en forma distinta describir aquello que sucede dentro, pero que está frente a nosotros.
Estos mares: el de adentro y el de afuera se manifiestan categóricamente en “Un mar alcoholizado” de Mario Morquencho. Lo exterior desafía a lo interior para dar nacimiento a un canto, a una ola de palabras que aperciben la realidad porque la comprenden sin rodeos, con una pureza tan peligrosa como el filo de un cuchillo cortando el aire.
A través de los veinte poemas que componen el libro de Morquencho, la lucha o el encuentro a muerte de estos mares tendrán su fundamento y su silencio; su violencia y su ternura; su misterio y su absoluta transparencia. Nada tan descarnado como expresar la verdad
sin aspavientos, y Morquencho lo hace, de frente, sin concesiones: “el mar se contrajo en charco de sangre / y la abertura en la cabeza liberó peces” (…) “HOY ESTOY AL DÍA EN LA LOCURA / como una estatua que huye / donde el viento consuela palabras” (...) “AYYYPOESÍAPOESÍAPOESÍA (…) INCRÚSTAME este vaso en la cabeza”.
En este territorio de contrarios, ¿cuál es el mar de Mario Morquencho? ¿Qué tan ajeno y cercano se encuentra de nosotros? Pues, aunque a simple vista su poesía puede ser vista como exteriorista por el empleo de la oralidad (no de lo conversacional) como voz exterior, al final el poeta recibe los acontecimientos para expresarlos con un lirismo intenso y propio, distante de lo prosaico.
La poesía de Morquencho es poesía del origen. Él es un poeta de raza, pura sangre, que habla desde sus adentros y fluye con naturalidad al margen de límites y limitaciones académicas: la poesía nace, crece y se transforma en sus palabras. Armando Arteaga –en el prólogo del libro- destaca en esta línea el carácter autodidacta de Mario. Y es cierto. Al igual que un Miguel Hernández en España, Morquencho discurre sin ningún sobresalto retórico por los cauces misteriosos de la poesía. Nada más natural y verdadero que esto.
Otro aspecto que debo resaltar es su hermandad con el mar, con el océano. Vive y respira mar. Y aquí, me viene a la memoria otro poeta, Derek Walcott, el autor de “El reino del Caimito”, quien ha nacido, ha vivido y ha sobrevivido por y para el mar. Porque: “El mar es Historia”, dice Walcott, y en todo lo que hace destaca el ritmo y la voluntad del mar. En su tono, su ritmo y su plasticidad, Morquencho tiene parentesco (no parecido ni influencia) con Derek Walcott.
“Un mar alcholizado” es una sucesión de historias que llegan a nosotros como ecos de palabras pronunciadas con rigor desde los bares, los burdeles y los templos; y donde un muchacho, una muchacha, un pez o un gato son el anticipo de una eternidad que puede terminarse: “Manicomio de tu voz / a la hora del ocaso” es un ejemplo rotundo de belleza, como igualmente lo son estos versos: “En
la caleta los pescadores arman las redes / con hilos que moran en el destello infinito / donde los mástiles cargan la cruz brillante / y predican el misterio de la noche”.
En este libro, Morquencho transita el milagro de la vida desde la realidad social hasta la realidad del encuentro con uno mismo; desde el mar de todos nosotros hasta el mar de cada uno de nosotros. El mar de Mario es la purificación, la vuelta al origen, la resurrección de sucesivas muertes cotidianas.
“Un mar alcoholizado” comienza en una cantina de mares no resueltos y acaba en un mar definitivo y trascendente. El conjunto de poemas que discurre en sus páginas es parejo, lleva un ritmo semejante, mantiene su intensidad de comienzo a fin. Y, a manera de sustancia, hay un poema que considero actúa como columna vertebral. Se trata del poema 17, donde aparece la madre. En un momento memorable, el poeta dice: “Es así como los astros terminan / su jornada diaria (…) Transitan las nubes alrededor de la cocina /mandiles con manteca visten los días / el zumo de las frutas exfolia la naturaleza / Yo prefiero el olor de los refrigeradores / cuando guardan el sendero / de la noche antepasada”.
Descubierto el mar, quedan otros mares, otras búsquedas. Concluida esta lectura, quedan otras lecturas más de “El mar alcoholizado”, este bello y rotundo libro con el que Mario Morquencho consolida el poderío de su voz en el ámbito de la poesía peruana actual.
Muchas gracias.
Surco, 12 de septiembre de 2013
JUAN DE LA FUENTE
(Un día antes de Yom Kippur)
Palabras leidas el dia de la presentacion del libro
lunes, 2 de diciembre de 2013
La poesía sabe hacerse cargo de sí misma. Entrevista con Michael McClure, por Rodrigo Garcia Lopes
Decisivo como punto de enlace entre músicos, pintores, poetas y aun científicos como Francis Crick, el pensamiento poético de Michael McClure (Kansas, 1932) es uno de los más vigorosos de la lírica estadunidense
–¿Aún hoy te consideran un poeta beat? ¿A qué crees que se deba?
–Me di a conocer en aquel primer encuentro de los beats en San Francisco, en la lectura de la Six Gallery, en 1955. Allen Ginsberg estaba ahí y leyó “Aullido” por primera vez. Gary Snyder, Philip Whalen y yo leímos nuestros poemas, y el poeta Kenneth Rexroth moderó las lecturas. Fue la primera vez que vi a Kerouac, aunque él no leyó. Para mí es difícil definir la palabra beat porque arrastra varias cosas diferentes para cada uno. Para algunos, como los medios, los beats generalmente eran vistos como unos malvivientes y locos, con sandalias y tocando el bongó. Para nosotros, la palabra estaba asociada a un interés común por la naturaleza, por la ecología, por la exploración de la mente, por una inmersión profunda en la experiencia, lo que es ya una tradición antigua, si recordamos a alguien como Thoreau. Por otro lado, el jazz, el blues y el bebop nos dieron la certeza de que la poesía también tenía que manifestarse a través de la música, de la presión nerviosa. Se despertó un gran interés por la importancia de la cultura negra. La mayoría de las letras de canciones de esa época eran muy pobres. Creo que la poesía beat fue importante también por esa voluntad de hablar de otras cosas, de manifestarse respecto a la libertad individual, o contra la guerra, contra la pobreza espiritual. Varios músicos, como el propio Jim Morrison, Bob Dylan y los Beatles, voltearon hacia nuestra poesía para darle un sentido y una profundidad mayor a sus letras. Se dieron cuenta de que no tenían que escribir música de chicles o de decepción amorosa, que podían escribir sobre lo que realmente estaba aconteciendo.
–¿Cuáles eran tus referentes literarios cuando comenzaste a escribir?
–Comencé a escribir influido por el verso libre, por el imagismo de Williams, por Cummings y Pound. Pero antes había experimentado mucho con formas tradicionales como la balada y el soneto. A cierta altura, me di cuenta de que tanto el verso libre como el tradicional estaban limitando mi libertad creativa. Yo confiaba en que la conciencia poética era más física, fisiológica, atlética. Que se movía, danzaba. Entonces advertí que esa conciencia era parte del cuerpo fisiológico y que no estaba separada del resto de la naturaleza.
– Frecuentemente tus poemas han sido llamados “poesía de acción”, aludiendo a la “pintura de acción” de Jackson Pollock. ¿Compartes esa idea?
Sí, pero yo preferiría llamarla poesía gestual. Sería la manifestación de un mismo impulso que encuentro en Jack Kerouac, Thelonious Monk, Bud Powell, Charlie Parker. Todos se hallaban envueltos en la construcción de una autobiografía del espíritu. Todos ellos querían, a través de su trabajo, manifestar los niveles más profundos de la imaginación, y eso es una actitud universal.
–Siempre te has referido a tus poemas como extensiones de tu propio cuerpo, más que como un objeto aislado, con un sentido en sí mismo.
–Todo lo que hago se vuelve una extensión de mí, y eso también ocurre en el expresionismo abstracto en la pintura, en el jazz, o incluso en Artaud. Para mí, métrica, técnica, todo eso es algo interior que se manifiesta de un modo exterior. No es algo preconcebido sino inmediato. Siempre me gustó explorar la “fisicalidad” del pensamiento, buscando una cierta cualidad física o verbal y un vigor de expresión donde la poesía pudiera ser alcanzada. Pero esa poesía de la que hablo no es tanto una novedad: es una poesía de la experiencia, que investiga la conciencia, los sentidos.
–En el prefacio de tu libro Jaguar Skies mencionas que la poesía es un principio muscular. ¿Podrías abundar sobre este tema?
–Siempre me interesó encarar la poesía de ese modo. Para mí, la experiencia poética no es un proceso puramente intelectual, sino un proceso que viene del cuerpo, y donde el intelecto es sólo una parte importante. Creo que la poesía occidental siempre puso más atención en la mente que en el cuerpo. Incluso cuando alguien estudia su estructura, casi nunca la ve como una extensión de la fisiología. Para mí la poesía es un proceso natural, como ocurre con los animales: para un gatito es natural comenzar a buscar ratones y cazarlos, al igual que un aguilucho empieza a extender las alas junto al nido, hasta que en algún momento aprenda a volar. Del mismo modo, era natural para un músico como Monk, o un novelista como Kerouac, sentarse y tocar o escribir frases, algo totalmente espontáneo y muscular en cuanto a que viene del cuerpo.
–¿Te opones a una poesía intelectual, que está sólo pensada pero no vivida?
–No me opongo totalmente al intelecto, precisamente porque no veo una separación entre cuerpo y mente. Me siento incómodo con la tradición modernista europea e incluso con la estadunidense: creo que cuando el arte o la imaginación están dirigidos más al universo del discurso que al de las percepciones, de las sensaciones, del sentimiento, desemboca en una especie de metafísica que se aleja de la experiencia humana y se vuelve un producto, una parte de la gran maquinaria de la educación o de la civilización. En esos casos, la poesía puede ser un veneno, pues se ve reducida en cuanto experiencia, se torna estéril. La poesía se vuelve un veneno, más que un arte que conduzca a la liberación, o al cultivo de la libertad de la imaginación, del placer, a la profundización de la conciencia. Diane di Prima escribió una vez que “la única guerra que nos importa es la guerra contra la imaginación”.
–¿Qué consejo darías a los poetas jóvenes de hoy?
–Bueno, la función de los poetas es hacerse cargo de la poesía. Pero eso no es necesario. La poesía sabe hacerse cargo de sí misma.
Traducción del portugués de Iván García.
En la foto: Michael McClure, Bob Dylan y Allen Ginsberg
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/28/sem-rodrigo.html
–¿Aún hoy te consideran un poeta beat? ¿A qué crees que se deba?
–Me di a conocer en aquel primer encuentro de los beats en San Francisco, en la lectura de la Six Gallery, en 1955. Allen Ginsberg estaba ahí y leyó “Aullido” por primera vez. Gary Snyder, Philip Whalen y yo leímos nuestros poemas, y el poeta Kenneth Rexroth moderó las lecturas. Fue la primera vez que vi a Kerouac, aunque él no leyó. Para mí es difícil definir la palabra beat porque arrastra varias cosas diferentes para cada uno. Para algunos, como los medios, los beats generalmente eran vistos como unos malvivientes y locos, con sandalias y tocando el bongó. Para nosotros, la palabra estaba asociada a un interés común por la naturaleza, por la ecología, por la exploración de la mente, por una inmersión profunda en la experiencia, lo que es ya una tradición antigua, si recordamos a alguien como Thoreau. Por otro lado, el jazz, el blues y el bebop nos dieron la certeza de que la poesía también tenía que manifestarse a través de la música, de la presión nerviosa. Se despertó un gran interés por la importancia de la cultura negra. La mayoría de las letras de canciones de esa época eran muy pobres. Creo que la poesía beat fue importante también por esa voluntad de hablar de otras cosas, de manifestarse respecto a la libertad individual, o contra la guerra, contra la pobreza espiritual. Varios músicos, como el propio Jim Morrison, Bob Dylan y los Beatles, voltearon hacia nuestra poesía para darle un sentido y una profundidad mayor a sus letras. Se dieron cuenta de que no tenían que escribir música de chicles o de decepción amorosa, que podían escribir sobre lo que realmente estaba aconteciendo.
–¿Cuáles eran tus referentes literarios cuando comenzaste a escribir?
–Comencé a escribir influido por el verso libre, por el imagismo de Williams, por Cummings y Pound. Pero antes había experimentado mucho con formas tradicionales como la balada y el soneto. A cierta altura, me di cuenta de que tanto el verso libre como el tradicional estaban limitando mi libertad creativa. Yo confiaba en que la conciencia poética era más física, fisiológica, atlética. Que se movía, danzaba. Entonces advertí que esa conciencia era parte del cuerpo fisiológico y que no estaba separada del resto de la naturaleza.
– Frecuentemente tus poemas han sido llamados “poesía de acción”, aludiendo a la “pintura de acción” de Jackson Pollock. ¿Compartes esa idea?
Sí, pero yo preferiría llamarla poesía gestual. Sería la manifestación de un mismo impulso que encuentro en Jack Kerouac, Thelonious Monk, Bud Powell, Charlie Parker. Todos se hallaban envueltos en la construcción de una autobiografía del espíritu. Todos ellos querían, a través de su trabajo, manifestar los niveles más profundos de la imaginación, y eso es una actitud universal.
–Siempre te has referido a tus poemas como extensiones de tu propio cuerpo, más que como un objeto aislado, con un sentido en sí mismo.
–Todo lo que hago se vuelve una extensión de mí, y eso también ocurre en el expresionismo abstracto en la pintura, en el jazz, o incluso en Artaud. Para mí, métrica, técnica, todo eso es algo interior que se manifiesta de un modo exterior. No es algo preconcebido sino inmediato. Siempre me gustó explorar la “fisicalidad” del pensamiento, buscando una cierta cualidad física o verbal y un vigor de expresión donde la poesía pudiera ser alcanzada. Pero esa poesía de la que hablo no es tanto una novedad: es una poesía de la experiencia, que investiga la conciencia, los sentidos.
–En el prefacio de tu libro Jaguar Skies mencionas que la poesía es un principio muscular. ¿Podrías abundar sobre este tema?
–Siempre me interesó encarar la poesía de ese modo. Para mí, la experiencia poética no es un proceso puramente intelectual, sino un proceso que viene del cuerpo, y donde el intelecto es sólo una parte importante. Creo que la poesía occidental siempre puso más atención en la mente que en el cuerpo. Incluso cuando alguien estudia su estructura, casi nunca la ve como una extensión de la fisiología. Para mí la poesía es un proceso natural, como ocurre con los animales: para un gatito es natural comenzar a buscar ratones y cazarlos, al igual que un aguilucho empieza a extender las alas junto al nido, hasta que en algún momento aprenda a volar. Del mismo modo, era natural para un músico como Monk, o un novelista como Kerouac, sentarse y tocar o escribir frases, algo totalmente espontáneo y muscular en cuanto a que viene del cuerpo.
–¿Te opones a una poesía intelectual, que está sólo pensada pero no vivida?
–No me opongo totalmente al intelecto, precisamente porque no veo una separación entre cuerpo y mente. Me siento incómodo con la tradición modernista europea e incluso con la estadunidense: creo que cuando el arte o la imaginación están dirigidos más al universo del discurso que al de las percepciones, de las sensaciones, del sentimiento, desemboca en una especie de metafísica que se aleja de la experiencia humana y se vuelve un producto, una parte de la gran maquinaria de la educación o de la civilización. En esos casos, la poesía puede ser un veneno, pues se ve reducida en cuanto experiencia, se torna estéril. La poesía se vuelve un veneno, más que un arte que conduzca a la liberación, o al cultivo de la libertad de la imaginación, del placer, a la profundización de la conciencia. Diane di Prima escribió una vez que “la única guerra que nos importa es la guerra contra la imaginación”.
–¿Qué consejo darías a los poetas jóvenes de hoy?
–Bueno, la función de los poetas es hacerse cargo de la poesía. Pero eso no es necesario. La poesía sabe hacerse cargo de sí misma.
Traducción del portugués de Iván García.
En la foto: Michael McClure, Bob Dylan y Allen Ginsberg
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/28/sem-rodrigo.html
domingo, 1 de diciembre de 2013
Ilan Stavans y Miguel Ángel Zapata. La voz deudora. Conversaciones sobre poesía hispanoamericana
Ilan Stavans y Miguel Ángel Zapata. La voz deudora. Conversaciones sobre poesía hispanoamericana. Lima: F.C.E., 2013.
Ilan Stavans es ensayista mexicano y tiene la cátedra Lewis-Sebring de cultura latina y latinoamericana en Amherst College, Massachusetts. Su obra ha sido adaptada al cine, el teatro y la ópera, y se halla traducida a dieciocho idiomas. El Fondo de Cultura Económica le ha publicado ¿Qué es la hispanidad? (2011), Lengua fresca: Antología personal (2012) y Palabras prestadas: Autobiografía (2013).
Miguel-Ángel Zapata, poeta y ensayista peruano, reside en Nueva York, donde ejerce de catedrático de literaturas hispánicas en la Universidad de Hofstra. Ha publicado recientemente en poesía: La lluvia siempre sube (2013), Imágenes los juegos (2013) y Fragmentos de una manzana y otros poemas (2011). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y ruso. Algunos de sus ensayos son: Vuela un cuervo sobre la luna. Muestra de poesía española contemporánea (2013), Vapor trasatlántico (2009), El hacedor y las palabras (2005) y Moradas de la voz. Notas sobre poesía hispanoamericana actual (2002).
¿Por qué
prestamos tan poco interés a nuestra poesía? ¿Puede la poesía servir de llave
para entender la identidad hispanoamericana? ¿En qué medida nuestros poetas
están restringidos al momento histórico en el que surgen? ¿Qué los hace
nuestros? ¿Es cierto que para forjarse un lugar propio cada uno de ellos debe
“matar a sus precursores”? En estas lúcidas conversaciones de sobremesa, el
crítico mexicano Ilan Stavans y el poeta peruano Miguel-Ángel Zapata nos invitan
a reflexionar en el papel que juega la poesía en nuestro acontecer diario. De
Sor Juana Inés de La Cruz —que halló en el juego de sombras de la edad barroca
una fuente de inspiración—, de los modernistas Rubén Darío y José Martí —que
rompieron el cordón umbilical con España— a César Vallejo —que encontró lo que
Flaubert llamaba le mot juste—, a Borges —que tramó sonetos quevedianos en
Buenos Aires—, a Neruda —el poeta de “todo para todos”— y a Octavio Paz —que
aspiró a que la poesía hispanoamericana tuviera un sitio estelar en el banquete
de la civilización occidental—, estos diálogos invitan al lector a contemplar
nuestra tradición poética como una cadena de aciertos y desaciertos, arranques
y tropiezos, celebraciones y rechazos. Estos diálogos también han buscado ser
inclusivos dentro de una tradición que ha sido excluyente de voces de mujeres,
e intentará seguir indagando en la fundación de preguntas todavía por
discutirse. Un diálogo así entre el crítico de poesía y el poeta como crítico
ofrece, ciertamente, una enriquecedora manera de repensar la mirada por la
historia de nuestra poesía y anticipar la historia que ha de escribirse. Si
bien es cierto que la verdadera patria del poeta es el lenguaje, La voz deudora
comprueba que el amor que se siente ante esa patria nunca es fácil.
Miguel-Ángel Zapata, poeta y ensayista peruano, reside en Nueva York, donde ejerce de catedrático de literaturas hispánicas en la Universidad de Hofstra. Ha publicado recientemente en poesía: La lluvia siempre sube (2013), Imágenes los juegos (2013) y Fragmentos de una manzana y otros poemas (2011). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y ruso. Algunos de sus ensayos son: Vuela un cuervo sobre la luna. Muestra de poesía española contemporánea (2013), Vapor trasatlántico (2009), El hacedor y las palabras (2005) y Moradas de la voz. Notas sobre poesía hispanoamericana actual (2002).
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