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martes, 12 de julio de 2011

PUBLICACIÓN DE CARLOS HERRERA. “Claridad tan obscura”. De qué escribir cuando todo acabe

SE TERMINA EL MUNDO EN LA NOVELA DEL BRILLANTE ESCRITOR AREQUIPEÑO. MIENTRAS QUE LA VIDA DE ANTONIO RUIZ DE MONTOYA ILUMINA A UNO DE LOS SOBREVIVIENTES

Por: Enrique Planas

Una historia posapocalíptica, la biografía de un hombre santo, un ensayo sobre el inútil arte de escribir… “Claridad tan obscura” es uno y muchos libros a la vez. Y sin embargo es, básicamente, el testimonio de un escritor, sobreviviente de una hecatombe mundial, protegido en un cómodo refugio al lado de su terapeuta, una secretaria y un sacerdote jesuita. Pasado el estruendo, el autor encuentra un motivo para sobrellevar los días escribiendo un libro sobre Antonio Ruiz de Montoya, sacerdote jesuita, misionero y escritor peruano que dedicó su vida a trabajar por las tribus indígenas guaraníes.

Dos mundos disímiles, descritos por un narrador escéptico que escribe un diario y que descubre el goce de escribir una biografía cuando ya no existen lectores.

Para Carlos Herrera, ambas historias tejidas en “Claridad tan obscura” son dos viejas obsesiones. La disolución de un mundo extinto era para el escritor y diplomático un temor real, el recuerdo del Quito amenazado por la erupción del volcán Pichincha, en el que vivió en los años noventa. “Todos los días esperábamos la explosión y la lluvia de cenizas”, recuerda. Influido por ese ambiente apocalíptico, Herrera escribió el primer capitulo del libro, pero luego lo dejó encerrado en un cajón.

Mas tarde empezaría otro proyecto, la biografía de Ruiz de Montoya. “Me interesé en él porque soy un producto jesuita. Mi colegio en Arequipa era de esta compañía, y aunque mi fe no sea la que tenía a los 8 años, mi formación está marcada por esta impronta”, explica.

Pero “Claridad tan obscura” excede los estrechos márgenes de la novela histórica, hoy tan en boga. La historia épica de este personaje extraordinario corre paralela a la de aquellos cuatro sobrevivientes que, en un mundo sin Internet, sin vías de comunicación, cubierto todo por una nieve sucia, solo pueden sentarse a conversar. Escribiendo y reescribiendo ambas historias, Herrera encontró entre ambas puentes, resonancias y contrapesos inesperados.

“No sé si mi miedo a las redes sociales fue una motivación secreta para hacer una novela histórica que respirara libre de las tecnologías actuales. Quizás escribí estas historias porque pronto cumpliré 50 años y ya no soy estrictamente “contemporáneo”. Sé que hay otras generaciones que pueden hablar con mucha más propiedad que yo sobre los fenómenos de hoy”, señala Herrera.

UN HOMBRE DE MISIONES
El título del libro del autor de “Blanco y negro” proviene de la frase escrita por el mismo Ruiz de Montoya “Tan ciego en claridad tan obscura”, oxímoron que alude a la incapacidad humana para entender a Dios por las vía de nuestros sentidos.

Para el escritor, resulta extraño que Ruiz de Montoya no hubiera sido canonizado o beatificado en su época. “Hay cosas absurdas en los procesos de canonización, como es la obligación de acreditar milagros. Y si no se le descubrió milagros en su momento, es difícil que hoy los descubran. Además, Ruiz de Montoya no ha sido objeto de culto popular. Lo fue en vida, cuando los guaraníes lo adoraban por motivos no necesariamente religiosos, sino por haber sido el gran organizador de las misiones jesuitas. Su legado resulta por ello más histórico e intelectual”, dice.

Fuente: El Comercio

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