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domingo, 17 de julio de 2011

El sordo caminar del tiempo en “La belleza no es un lugar” de Juan Carlos de la Fuente, por Andrea Cabel

Estamos ante un poemario que nos presenta un constante fluir de espacios. Debemos estar preparados para ello. Primera llamada: a los que no sepan el lenguaje de los mapas, no se preocupen, pueden oler el clima, y saber que la belleza habita en todos los lugares, incluso, en los que están poblados de palabras. Segunda llamada:

"Entre tu cuerpo y mi cuerpo
arde el mundo
Y también está lejos"

A los que le tengan miedo a la soledad: la distancia no es excusa para no salir del vínculo, para regresar a el, para no buscar el reencuentro,

“Regálame esta vez, la primera palabra
o la última
La cubriré de calles, de olas
y colores transparentes
Pues yo también me pierdo
en esta historia, Nachiketas
Como todos nos perdemos en nosotros”

La belleza comienza a latir y nos mira a los ojos. Nos enceguece el poder de lo sencillo, no se necesitan juegos verbales que nos ensordezcan, la claridad y la honestidad vencen la fuerza de una ola sobre la roca más grande del mundo. El dolor de sentirnos vivos reaparece, el dolor de saber que uno se pierde todo el tiempo y que pocas veces encuentra el valor para reencontrarse. Segunda llamada entonces, todos los pasajeros que acepten que no hay destino si no solo camino, que acepten que las palabras y las alas pueden quebrarse, que pueden cargar el triunfo y la tristeza de la infinita caída libre, que es aceptar la incertidumbre, vamos.

Última llamada, todos los que quieran conocer, o conozcan los lagos, las avenidas de cielos, las preguntas y silencios, los ríos, precipicios, la bruma, las casas vacías, cubiertas de recuerdos, las sensaciones que habiten su origen. Y en medio del movimiento que es la perseverancia de respirar, nos damos cuenta de que aunque seamos parte del paisaje, estamos contra el tiempo. Es decir, que el lenguaje compite con el silencio, y el silencio le da ventajas, es entonces, cuando aparece este vértice de re-conocimiento y el poeta empieza el viaje, el viaje interior. Todos los paisajes están en uno, en los ojos de quien los ve. El poeta camina, nada se incendia en el intento de encontrarse:

“Recuerdo de ave grabado en la sombra
Donde un ojo se abre mientras otro se pierde”

Nos perdemos entre el tejido entre imágenes y movimientos que nos hacen, como lectores, volver los ojos hacia nosotros mismos, y ese es el viaje más largo y doloroso. Más difícil de emprender. Uno debe ser valiente para enfrentar la verdad, la que cambia todos los días, la que no depende de nosotros si no de las fuerzas más grandes:

“Otra pared crece
como el viento
Y como el viento
se va
a crecer en otro mundo”

Un objeto concreto y sólido como la pared en manos de la poesía se deshace en algo vital e inaprehensible como el viento, el viento es de otro mundo, de uno que no nos pertenece, ni a nosotros, ni a nuestros miedos, ni a nuestra fragilidad. Y el principal mérito de este poemario, considero, como viajera de palabras y paisajes, como pasajera del amor, es buscar el camino propio, la identidad propia en vez de buscar el camino exterior que todos los demás intentan enfrentar.

“busco mis pasos
como otros buscan peces”

El poeta no busca rutas, traza las suyas, las escribe conforme un verbo junto al otro se arriesga a ser pintado de vida, de realidad. Una palabra nace cuando es nombrada, cuando los labios generan un sonido que viaja por el aire y perfora con ternura y soledad al Otro. A ese Otro gran ser que nos mira con los ojos y el corazón. El poeta no da direcciones con su verso, lo que hace es perseguir al mundo que se construye todos los días dentro suyo y lo valioso en ello, no es solo hacerlo, si no conseguir preguntas, palabras para envolver una sensación.

Vistámonos de Odiseo, tejamos como lo hizo Penélope, pero ahora con emociones y palabras, y desnudemos la distancia, la posibilidad del abandono, vayamos hacia el vacío pleno de la incertidumbre donde no todo es amargo, donde el vértigo puede durar una vida o un segundo, un segundo o una mirada, una mirada o la totalidad del amor. La belleza no es un lugar, la belleza es lo que nos conmueve, lo que nos permite participar de la dinámica del otro, lo que nos mueve, lo que nos hace reconocer que no estamos solos. La belleza es esta estrella vestida de memoria.


Bienvenidos al viaje.

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