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martes, 28 de abril de 2009

DOS TEXTOS DE ROCÍO SORIA (POETA ECUATORIANA) Y UNA PRESENTACIÓN DE PORFIRIO MAMANI

TEXTO:


Ya nadie quiere cuidar de esta mano
cuyos movimientos involuntarios han pretendido, dicen, ahorcarme.
La envuelvo
la cubro
le doy un beso en la cabecita
le arrullo
me amanezco meciéndola pero ella nunca duerme,
está vigilante,
pendiente
se sobresalta al menor ruido y me araña de desesperación el pecho.

Quiere llamar mi atención porque sabe que ya está cerca.
Le digo que sea cautelosa pero ella es muy impulsiva.

Es peor cuando la máquina de los latidos empieza a bombear toda la noche, sin descanso
y no termina de morirse ese pitido en mis ojos
o se vuelve a una sola hebra
y el hombre de blanco viene con su abulia
masculla algún silencio que he olvidado
dice algo que no entiendo

se acerca
se la lleva
le muele a sondas el cuello.

Él no entiende que ella solo pretendía advertirme.

Se la lleva.

Estoy sola.

Miro por el estrecho agujero del parapeto común:


El hombre de la pieza seis se ha levantado
y camina descalzo hacia el fondo
agitando la pierna como si quisiera lanzarla.

El hombre de las flores amarillas
se golpea la cabeza contra la pared
repitiendo la misma frase.

El martes arañaba con la cuchara el plato vacío
en un ritual interminable de invocación.

Ya nadie quiere atar estos cordones blancos que me crecen cuando llueve,
nadie quiere cuidar de esta mano
cuyos movimientos involuntarios han pretendido,
dicen, ahorcarme.


La envuelvo

la cubro.

Espero.


OTRO TEXTO:


Baja de su piso con toda la magnitud que le otorga su silencio
no se detiene en ninguna ventana, intenta un juego sin precedentes
sabe que todos los juegos son nuevos y nunca similares
sabe que las jugarretas, a veces, arrastran al fondo

y requeman,
y angustian cuando caemos en cuenta que nada es definitivo;
o que hay búsquedas vedadas por el anacronismo de su inexistencia
y no por la fatalidad.

Y sin embargo hoy ha dudado
y ha esperado
y ha buscado en los cajones algunos mendrugos comestibles;
y no sé si los haya hallado

-fingía una absoluta soledad-

pero los recuerdos y los olvidos fueron apoderándose de su cara
hasta que de tanto llorar sonreía indultándose los sollozos de la madrugada.

Y es que a veces intenta volverse hombre
para que le sea más fácil consagrarse a la muerte;
o para dormir con la certeza.

Intenta a grandes brincos sobre su cama o a gritos sacarse el cuerpo;
pero es inútil porque esa materia nos tiene invadidos hasta el cuello.

Busca con esa premura de quien se sabe perdido, o solo;
o simplemente se sabe culpable.

Busca, con el temor al desamparo, al ser solo que lo habita
como si no le habitaran también los sitios que habitó.

Bien sabe que la huida y la búsqueda son figuras sobrepuestas
jugarretas que escupen sus propios dientes como piecitas de rompecabezas

…y de pronto con una paciencia que no le pertenece
acomoda y restituye sus piezas;

y de golpe las revuelve hasta molerlas…

A veces baja con una sonrisa colgándole en el labio

(le ocurren instantes de ingenuidad
que pretenden con su escepticismo)

una sonrisa triste de quien se la está jugando.

Pero es una sonrisa.

La felicidad le es infranqueable y la pretende de las caderas solo para seguirse el juego y exprimirse luego de lágrimas al llorar con todo el cuerpo.

porque el amor es una contingencia, a veces,
y otras una necesidad,

porque allá arriba o allá abajo no hay nada,
porque en ningún sitio hay legitimidad para estas apariciones.

- LA TIRANTEZ DE LA TRISTEZA HACE AQUÍ LA SEGUNDA VOZ -

No hay oportunidad posible ni redención consigo mismo
no hay nuevos comienzos.

El comienzo es siempre el final mismo.

- NO HAY CASI, NI GRATUIDAD, NI PLENA CONCIENCIA -

Hay solamente apósitos colocados sobre una herida constante,
sobre una herida que aún no nace,
sobre una sardonia.
¡Todo por lo que hay que jugarse¡
Aunque ni mínimamente posibilite espectros reales o
figuras aparentes


Rocío Soria (Quito, 1979). Realizó estudios en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Ha publicado el poemario "Huella Conceptual", con el que obtuvo el Segundo Premio en el Concurso de Poesía organizado por el Departamento de Cultura de la Universidad Central del Ecuador, 2003. Ha obtenido también las siguientes distinciones: Primer Premio en el Concurso Interuniversitario de Relato Corto organizado por la Universidad San Francisco de Quito, 2005; Premio Internacional de Poesía Fanny León Cordero organizado por la Asociación Ecuatoriana de Escritoras Contemporáneas, 2005; Medalla de Bronce en el género cuento en el Concurso de Poesía, Cuento y Ensayo organizado por la Facultad de Filosofía, Escuela de Lenguaje y Literatura de la Universidad Central del Ecuador, 2006; Primer Premio Concurso del Libro y de la Rosa organizado por la UNESCO y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2006. Ha publicado el poemario “El Cuerpo del Hijo”, 2008. Blog: http://rociosoria.blogspot.com
.
El cuerpo del hijo, y la voz poética de Rocío Soria.

En el conjunto de estos poemas se representa la desintegración y construcción de una identidad espiritual y corporal de un Ser, que con mucha emoción recorre a través de la voz poética. Hay imágenes violentas, tiernas, desesperadas ; otras envueltas de silencios y esperanzas. Los silencios son los espacios que la autora introduce en el orden de los versos, los cuales aparecen como cortes que buscan la esencia de una acción o idea a concretizar. La esperanza es la búsqueda insistente, constante como lo sugiera la poetisa: « ha buscado en los cajones algunos mendrugos ». Aunque la búsqueda está presentada como una acción incierta, ella nos introduce al mismo tiempo a un mundo maravilloso donde podría encontrarse la felicidad. Para ello es necesario atravesar el camino de la duda y sobrepasar aquellas adversidades que surgen a lo largo de la vida, aquellos laberintos existenciales que encuentra ese Ser por donde se desplaza.

La soledad es un campo de batalla, donde se lucha consigo mismo, es en el libro de Rocío Soria, como una sombra que se enfrenta a otra sombra, siendo ambas la misma sombra, tal como aparece en el hermoso verso: “no sabe si él o el del espejo ha despertado primero”. El espejo es el rebote de la propia imagen que desesperadamente se enfrenta desde el otro lado, desde el lado interior que parece consumirlo en silencio, en ese lado donde la soledad es además, el dolor que le permite resistir en la búsqueda de sí mismo. A veces el Ser que aparece en los versos de Rocío, es alguien que es un Hombre y un Dios; es un Ser que vacila entre el mundo de la divinidad y el mundo terrestre. Sus denotados desvelos aparecen como lanzas en su experiencia de la vida, puesto que pesa una amenaza constante en cada uno de los movimientos que hace.

En esa travesía vital, la muerte es apenas una imagen que se confunde con las insistentes imágenes quebradas, desgarradas que ese Ser debe soportar. Hay un evidente sufrimiento epidérmico que flota en la contextualización de los poemas, es algo oculto, invisible; así lo dice la voz poética : “el dolor es un asunto que se lo resuelve en completa soledad”. ¿Acaso no es ésta la experiencia cotidiana del hombre? Unos lo llevan con mayor intensidad que otros; unos lo manifiestan, otros en el profundo silencio lo guardan como un tesoro extraño.

El camino para ese Ser es un descenso a la vida terrestre, a la vida concreta, casi a una vida infernal, es el paso doloroso del hombre/hijo por un túnel colmado de angustias, indiferencias y desprecios. Va como acosado por un destino que lo ha condenado a permanecer en aquella ciénega oscura que lo acerca y aleja de la muerte; y así, en su errancia busca el amor, busca la muerte. En ese contexto la imagen de la mujer, a veces aparece como la continuidad del camino difícil; entonces la mujer es otro mundo, otra experiencia que explora la voz poética y nos lleva por una senda descubriendo el campo espiritual del personaje femenino, cuya particularidad es la búsqueda de una libertad sea interna o externa, como lo refieren estos versos al expresar: “Este bocado de oxígeno es el primero”, “el aire pita en mi pecho”, “Quiero un bocado de aire”. Por esas sendas por las que avanza la mujer o el hombre hay algo común que los une, aquello lo de la unidad o la desintegración espiritual del ser, como lo sintetiza la poetisa Rocío Soria, en uno de lo más bellos versos de este libro: “No sé si voy caminando o voy desplomándome/ en una especie de rueda de fuego / no sé si sueño o empiezo a devenir”.

La poetisa Rocío Soria logra con mucha destreza abordar una variedad de temas, tal un desafío, en la poética Latinoamericana, y lo hace con una sensibilidad muy singular, propia. Es uno de los mayores logros que sobresalen en sus versos, los que indudablemente reflejan la emoción dolorosa y profunda del hombre. A nivel temático alcanza una dimensión universal al tocar temas como la soledad, el dolor, la búsqueda de sí mismo, el desafío para encontrar una puerta, una luz, un camino.

Porfirio Mamani-Macedo
París, 26, abril, 2008

Porfirio Mamani Macedo. Poeta y escritor peruano, nacido en Arequipa (Perú) en 1963. Doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona, se graduó también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, e hizo estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa) y en la Sorbona. Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos, Canada y Latinoamérica. Entre las obras de Porfirio Mamani destacan Ecos de la Memoria (poesía, 1988), Les Vigies (cuentos, 1997), Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d'un fleuve (poesía, 2002), Le jardin el l’oubli (novela, 2002), Más allá del día/Au-delà du jour (poemas en prosa, 2000), Flora Tristan: La paria et la femme étrangère dans son oeuvre (ensayo, 2003), Voz más allá de las fronteras/Voix au-delà des frontières (poesía, 2003) y Un verano en voz alta/Un été à voix haute (poesía, 2004). Ha enseñado en varias universidades francesas y actualmente reside en París y enseña en la Universidad de Picardie Jules Verne.

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