viernes, 31 de diciembre de 2021

NOVELA DEL ESCRITOR PERUANO MELACIO CASTRO MENDOZA TRADUCIDA AL ALEMÁN


La editorial Epubli, con sede en Greven, Alemania, acaba de publicar en traducción al alemán, El hombre de Rupak Tanta, novela del escritor peruano Melacio Castro Mendoza. La versión original fue publicada por Hipocampo Editores, Lima, 2019.

Según el escritor Walter Lingán, “El hombre de Rupak Tanta es la fabulosa historia de un hombre proveniente de los Andes peruanos, ambientada en un parque alemán, el Jardín Municipal de Essen. Melacio Castro Mendoza reconstruye en sus páginas los mundos de la cosmogonía andina en una región minera, la cuenca del Ruhr. Pureq Kañiwa narra en la novela el trayecto que realiza a través de un viaje de siete puertas. Cada una de las puertas está llena de peligrosas aventuras y encantos que nos transportan por sueños y pesadillas inolvidables. Una parábola política sobre el amor y la justicia”.

Por su parte, el crítico literario Gonzalo Pantigoso Layza, afirma que “El hombre de Rupak Tanta es la historia de Pureq Kañiwa, un ciudadano indígena de América Latina, identificado con la lucha por un mundo más justo. Es apresado y encarcelado injustamente, pero logra salir de su país ayudado por una fuerza mágica emanada por la luna. Ella se humaniza y lo guía por diversos países. A lo largo de su fantástica travesía, efectuada a través de portales, va constatando que, bajo la luz del sol, la vida se desarrolla dominada por las injusticias. Al parecer, su protectora, la Luna, de quien se ha enamorado, le facilita llegar a Alemania, instalándose en el Parque Municipal de Essen, donde conoce a mucha gente de distintas nacionalidades, cuyos testimonios revelan la diversidad de pensamientos y actitudes propios de sus países. Finalmente, en compañía de la luna, en medio de una tormenta, se encamina a fundar un Nuevo Mundo, que espera sea alumbrado por la luz de su amada.

“La conjugación de la realidad con lo fantástico y lo mágico es el aporte del escritor peruano hecho una constante y que en esta novela Melacio Castro nos vuelve a mostrar. Las experiencias vivenciales sumadas a la carga folklórica y a la visión del mundo, enriquecida con la visión y asimilación de la cultura foránea, logran ser la base de una simbiosis creativa, plasmada a lo largo de su obra”. 

Tanto la versión original en español, como la traducción al alemán, están disponibles en Amazon.

Melacio Castro Mendoza (Caín, Chepén) tiene estudios en Ciencias Sociales, Filosofía e Historia en la Universidad Nacional de Trujillo (Perú) y en la Universidad de Essen (UDE), en la cual también ha ejercido la docencia. En su labor literaria ha publicado El hombre de Rupak Tanta (2) (2015), Batallas y sueños de Uchku Pedro (2016), Malu. Tierra adentro y tierra afuera (2017) y La última marinera (2017). A estas publicaciones hay que agregar su libro Perú staat und soziale Klassen editado en alemán y que aborda un análisis político e histórico del Perú desde 1893 hasta 1993; este trabajo le ha servido para configurar una visión que suele utilizar en su producción literaria.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Abigael Bohórquez y su Manifiesto poético, por Adán Echeverría


“si no viene mi verso
a decir las verdades del hombre
no me sirve”
Abigael Bohórquez


En agosto de 2008 me quedé unos días en casa de la poeta y editora Rosa Espinoza (Mexicali, 1968), quien me dio cobijo durante la “gira” que realizara para la presentación del Mapa Poético que recién había aparecido. Y fue ella quien me regaló (entre muchos otros libros) uno titulado Heredad. Antología provisional (1956-1978) de Abigael Bohórquez (Sonora, 1936-1995), con prólogo de Carlos Eduardo Turón. Y desde ese momento, no he podido apartarme de sus poemas, ni de su poética, con la que uno no puede quedarse indiferente. Y cómo podría ser, si desde que uno abre el libro se topa con un poema tan profundamente sincero y emotivo: “Llanto por la muerte de un perro”.

    “mi perro era corriente,
    pero dejaba un corazón por huella;
    no tenía argolla ni sonaja,
    pero sus ojos eran dos panderos;
    no tenía listón en el pescuezo,
    pero tenía un girasol por cola”

    Ese poema, todo nostalgia, del joven que se encuentra lejos de la casa familiar y de su infancia:

    “Hoy me llegó la carta de mi madre
    y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras—
    que alguien mató a mi perro.”

    y que a pesar de todo no logra evadirse a la emoción que resulta la noticia del asesinato, y realizar la comparación de esa inocencia de quien fuera su mascota, con la vida adulta en la que comienza a verse implicado:

    “(…)
    la muerte de mi perro sin palabras
    me duele más que la del perro que habla,
    y engaña, y ríe, y asesina.
    Mi perro siendo perro no mordía.
    Mi perro no envidiaba ni mordía.
    No engañaba ni mordía.”

    Tan solo abrí el libro y me topé con este tremendo poema con el que el joven poeta Abigael (que rondaba los 20 años) se aventaba sobre la creación poética, sobre el quehacer de la poesía, plantando con firmeza su huella. 
    21 años tenía Rubén Darío cuando presentó su libro Azul, que solamente implantó el Modernismo en el mundo literario. 24 años tenía Jaime Sabines cuando dio a luz aquel tremendo poemario titulado Horal
    Tal como estos jóvenes poetas, Abigael Bohórquez da sus primeros pasos poéticos atrapando terriblemente la emoción entre las letras, para nombrarse poeta y tener de herramienta la palabra con la que nos hará emocionarnos, imaginar y sentir:

    “A los siete años tuve escarlatina,
    y por aquello del llanto y el capricho
    de estar pidiendo dinero a cada rato,
    me trajeron al perro de muy lejos
    en una caja de zapatos. Era
    minúsculo y sencillo como el trigo;
    luego fue creciendo admirado y displicente
    al par que mis tobillos y mi sexo;
    supo de mi primera lágrima:
    la novia que partía,
    la novia de las trenzas de racimo y de la voz de lirio;
    supo de mi primer poema balbuceante
    cuando murió la abuela;
    el perro fue en su tiempo de ladridos
    mi amigo más amigo.”

    En los versos de Bohórquez es palpable el equilibrio entre la mirada inocente: “minúsculo y sencillo como el trigo”, “tenía un girasol por cola”, “mi amigo más amigo”, respecto de la madurez intelectual y corpórea en que el hablante lírico se reconoce: “luego fue creciendo admirado y displicente / al par que mis tobillos y mi sexo”; “me duele más que la del perro que habla, / y engaña, y ríe, y asesina”.
    El libro Heredad reúne trabajos de siete de los poemarios del autor sonorense: Fe de bautismo (1960), Acta de confirmación (1966), Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo y otros poemas civiles (1967), Las amarras terrestres (1969), Memoria en la Alta Milpa (1975), Digo lo que amo (1976) y Desierto mayor (1980).
    Y es justamente con su “Acta de confirmación” con el cual Bohórquez nos avienta a la cara su poética, el sino de su palabra, cuando presenta justamente su “Manifiesto poético” con el que pretende dar un golpe sobre la mesa para terminar de una vez por todas con la cursilería poética, el romanticismo inane, sin tener que lanzarse en pos del tremendismo decadentista, ni apuntalarse tampoco sobre el bagaje estridentista con el que Manuel Maples Arce recuperaba el futurismo de Mayakovski, pero sí considerando algún tipo de realidad social dentro de sus letras, bravura, y enojo, desde luego:

    “Mientras no tenga el lápiz
    curvaturas de hoz para segar el trigo
    rumor de cascos para horadar la mina,
    devoción de machetes para abrir carreteras,
    no me sirve.”

    Luego de trabajar las poco más de mil páginas del proyecto Del silencio hacia la luz. Mapa Poético de México. Poetas nacidos en el período 1960-1989 (siete volúmenes de poemas), lo cursi y lo tremendista en la poesía mexicana me habían dejado agotado. Grandes poemas se habían reunido en dicho trabajo, desde luego; y también había encontrado a algunas promesas de la poesía mexicana que pronto se fueron haciendo realidad, pero reconocía que algo hacía falta en ese documento que reunió a más de 650 autores nacidos o radicados en México. Era notorio que la poética mexicana estaba llena de altibajos entre la obra publicada de un mismo autor, así como entre los autores que habían recibido un mismo premio. Y oscilaba (oscila) en un gradiente que va de lo coloquial de Jaime Sabines hasta lo profundo y erudito de la obra de Octavio Paz. Los trabajos de Bohórquez muestran otro camino, un camino que relata poéticamente la realidad social en la que los hablantes líricos se muestras inmersos; el autor juega con la forma para mantener temas similares: la importancia del ser humano dentro de las sociedades, sus vivencias, desventuras, amargos desencuentros, un testimonio vital hecho poema, con las emociones encimada una sobre otras en un grito que puede causar angustia como alegría y ludismo. Y eso es lo que Abigael Bohórquez deja claro en su “Manifiesto poético”, que el poeta tiene que nutrirse de la realidad: “Canto al hombre del mundo / por el dedo en las llagas de la estatua”; y esos son los extremos “el hombre” como acepción humana del Yo, y “la estatua” como aquel súper Yo, que los otros esperan de nosotros; lo cárnico en contraposición de lo marmóleo.
    En el poema “Madre, ya he crecido” de su poemario “Fe de bautismo”, podemos leer: “fui una ronca palabra desolada”, “fui en tu soltería violentada”, que el hablante lírico le habla a una madre soltera; “caminaste con miedo por los cuartos / porque temías despertarme”, una relación poderosa madre-hijo-madre, dualidad indisoluble de arrebatado amor en el que la mujer-madre lo parece todo para el hijo, que en su percepción viene a serlo todo para la madre; una forma enfermiza de la maternidad mexicana: mujeres que jóvenes son embarazadas, abandonadas a su suerte, y que luchan para sacar adelante aquella criatura, que luego se alejará; hijos encarnados en el vientre de aquellas mujeres como una profunda cicatriz, dolorosa luego en la partida de los críos. Abigael lo deduce y muestra: 

    “ya que miraste mi fealdad minúscula,
    habituaste a tus brazos con mi peso,
    meciste en el impulso de besarme
    la formamuerte de mi cuerpo amargo,
    y en el vaivén del ritmo señalado
    me miraste hacia adentro, estremecida,
    y presentiste mi semblante breve,
    mi destino poeta,
    la dura suerte de sufrir temprano.”



    Esa voz natural, esa sencilla forma de soltarse en una realidad poética, es tan necesaria, que debe ser recuperada, imitada incluso, y estudiada. Por eso me resultó agradable y necesario encontrarme con su poética: “Mientras no tenga el lápiz (…) no me sirve”. Cuando uno sigue leyendo encuentra:

    “Ya no estoy para rosas.    
    Si vienen a saber si estoy en casa
    que no estoy para nadie;
    mucho menos para esos menesteres
    de cantar a la boca, a la libélula,
    al sol, a la oropéndola,
    a unos ojos remando.”

    Pero algunos autores contemporáneos en México siguen sin comprenderlo y durante todo el siglo XXI, escriben y terminan publicando cosas como éstas:

    “Quieren sacarme el cascajo
    pero yo no quiero.
    Estoy bien.” 

    (Rodrigo Flores Sánchez en La edad de oro)   (los chascarrillos tremendistas)

    “Me dicen que escriba, que escriba y guarde: oh llama de amor
    viva que tiernamente hieres, rompe la tela de este dulce encuentro.” 

    (Maricela Guerrero en La edad de oro)   (lo cursi)

    “Este martes quisiera pedir prestado 
    un coche
    y llevarte a comer carnitas a Huichapan. Este martes quisiera,
    pero es martes
    y alguien debe llevarle a Tolomeo III, el llamado Everjetes, sus
    miles de elefantes.”

    (Óscar de Pablo en La edad de oro)   (el erudismo de barrio, que intenta ser un hallazgo)

    Habríamos de volver a Abigael Bohórquez y a su Manifiesto poético:

    “Mientras no tenga el lápiz
    sonido de martillos levantando edificios,
    cantos de obrero en marcha,
    ímpetu de azadón,
    pico y máquina de coser;
    mientras no venga mi lápiz
    a decir las verdades del sudor,
    el carrete del hambre;
    mientras venga a decirme solamente
    de un agónico tacto,
    no me sirve.”

    Ismael Lares escribe: “se le designa poética al estudio que un autor hace sobre alguna obra de poesía”; y desde este apunte podemos reconocer que el “Manifiesto poético” de Bohórquez fue creado para dejar en claro cuál era la poética sobre la que trasladaría los dominios de la palabra, a través de sus emociones. Lares aclara: “Sea cual fuere la razón para crear, los alcances de la poesía pueden hallarse a lo largo de la historia de los pueblos.”
    Así nos sostenemos ante la poética expresada por Abigael Bohórquez:

    “Ha de cantarse —esto es lo que se debe,
    señoritos poetas
    de intocables perfiles
    y cafés literarios—
    al hombre por el hacha,
    al hombre por el túnel,
    al hombre por la huelga,”

    ¿Lo aprenderán alguna vez? 
    Los inicios del siglo XX traían a los poetas preocupados (aún nos preocupa) sobre el por qué escribir poemas.
    Y nos han hablado de aquellos poetas que reconocen que la poesía no se vende, pero no se vende porque ya nadie la paga; porque el poeta en su momento pudo ser utilizado para ensalzar reyes, reinos, reinas, héroes, y fue bien pagado (bien comprado) por quienes requerían que se contara y cantara su historia, pero eso fue quedando en el olvido:

    “Esto que vais a leer está en verso. 
    Lo digo porque acaso no sabéis ya lo que es un verso ni un poeta.”
    (…)
    “Nadie paga ya nada por la poesía.
    Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan: 
    «¿Quién la lee?» Mas también se preguntan: 
    «¿Quién la paga?»
    Si no pagan, no escriben. A tal situación los habéis reducido.”

    (Bertold Brecht, Canción de los poetas líricos)

    Hasta el grado de reconocer que ser poeta es una vocación a la que uno se entrega para consumirse de manera total:

    “me di por dar por tara por vocación de dado
    por hacer noche solo entre amantes fogatas desinhalar lo hueco
    y encontrarme inhallable
    hora tras otra lacra más y más cavernoso
    menos volátil paria
    más total seudo apoeta con esqueleto topo y suspensivas nueces
    de apetencias atávicas”

    (Oliverio Girondo, Por vocación de dado)

    Volvamos al Manifiesto de Abigael; el poema continúa y leemos:

    “puede el hombre, si quiere, torcerse;
    con terquedad de péndulos,
    llegar hasta los huecos de un cuarto amanecido,
    con saliva y cigarros
    romperse una quijada,
    puede hacer lo que guste;
    yo canto al zapatero,
    al leñador,
    al paria,
    al hombre estrictamente situado en sus bolsillos,”

    y comparemos este fragmento del poema con el monumento de la poesía beat:

    “He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
    locura, famélicos, histéricos, desnudos,
    arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de
    un colérico picotazo,” (Allen Ginsberg, Aullido)


    Abigael ya nos dice que el hablante lírico no necesita ser correcto “puede torcerse”; puede incluso no ser un ejemplo del decoro: “(puede) llegar hasta los huecos de un cuarto amanecido, / con saliva y cigarros / romperse una quijada, /puede hacer lo que guste;” y no hay forma de no reconocer que el hablante lírico al que apela el poeta sonorense, no es otro más que los personajes similares que presentaría años después el gran poeta beat: “arrastrándose de madrugada por las calles de los negros”.

    Abigael remata su poema (su Manifiesto) diciendo:

    “yo proclamo mi corazón abierto
    al músculo cargado de agobiados instantes,
    al honesto viandante de cosas permitidas;
    mientras no tenga el lápiz
    minas,
    surcos,
    arados,
    caballos,
    mecánicos,
    taladros,
    omóplatos doblados por linternas en marcha,
    que se me olvide el pájaro,
    la camelia y el trino.
    Canto al hombre del mundo
    por el dedo en las llagas de su estatua,
    de su hambre y de su hombría;
    si no tiene mi verso
    sonido de martillos levantando edificios,
    cantos de obrero en marcha,
    ímpetu de azadón,
    pico y máquina de coser,
    si no viene mi verso
    a decir las verdades del hombre
    no me sirve.
    Eso es todo.”

    Y en verdad que eso ha sido todo. No hay mucho que agregar para reconocer lo que es y debe ser la poesía actual; una en la que se pueda reconocer que el creador no precisa solamente del personaje paria y decadente, o del chascarrillo tremendista, sino que lo que debe perdurar es el golpe en la mirada, en el plexo, en la nuca, en los pulmones: un golpe a las emociones:

    “es preciso volvernos a tiempo
    hacia los que no nos ignoran;
    ser prudentes, pacientes, cristianamente
    alcohólicos, acostólicos y remonos,
    los enemigos no tienen conducta
    ni sentido;”

    (Aprehensión, de Digo lo que amo)


    “Mi calavera
    donde ocurrió la luz
    y tremó el corazón y aulló la magia
    y la carga mortal de los amoríos,
    y que descabelló sus ojos turbios
    desencantadamente
    sobre hombre de vientre glandular:
    ama con su terrena potestad aún 
    la vida
    y le crece la barba y encanece,
    pero, ah tú,
    el más abandonado y lejos entre la
    muchedumbre,
    soy tu palabra, cántala conmigo.”

    (Carta, en Poesida)

    Luego de leer a Abigael Bohórquez, entendemos que se cumple lo que ha dejado escrito Carlos Eduardo Turón: Los poetas “no podemos ser simplemente poetas”. Venga, pues, acabemos ya con la cursilería dentro del poema; terminemos ya con los chascarrillos tremendistas que apenas nos hacen escupir risas amargas y a lo que sigue. Hagamos que el poema perdure, sintiéndolo con cada fibra de nuestro ser.

Referencias:

Bohórquez, Abigael. 2005. Heredad. Antología provisional. (1956-1978). El Colegio de Sonora y el Instituto Sonorense de Cultura. Segunda edición. 241 pp.

Bohórquez, Abigael. 2009. Poesida. Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noroeste. Instituto Sonorense de Cultura. Tercera edición. 88 pp.

Lares, Ismael. 2012. Abigael Bohórquez. La creación como catarsis. Programa Cultural Tierra Adentro. 64 pp.

martes, 23 de noviembre de 2021

CUATRO LIBROS DE BRAULIO MUÑOZ


El escritor peruano Braulio Muñoz, ha publicado en los últimos años cuatro nuevos libros: tres en español y uno en inglés. Este, titulado The Always Already (2021), es una novela acerca de la supervivencia del planeta Tierra. Cuenta la historia de Kukulí, una joven que es enviada por los Oca, un pueblo de gran conocimiento y poder, a The Land, el lugar donde los humanos son más inflexibles en el uso del conocimiento para controlar la naturaleza. Mientras viaja, Kukuli se aflige por la creciente devastación del mundo. Se siente aliviada cuando conoce y habla con los fantasmas de las personas que habitaban La Tierra antes de que su mundo cambiara. Finalmente, Kukuli conoce a alguien de The Land, se enamora y tiene una hija, Qallariy, con él. Ella tiene todos los poderes de Oca pero debe crecer en The Land, donde se la ve como diferente, otra. Comprar el libro en: 

Su segundo libro, Plaza Mayor (Lima: Celacanto, 2017), reúne textos que contienen imágenes y episodios de una vida transcurrida en diversas latitudes del planeta, teniendo como eje al convulso Chimbote, ciudad-puerto, entrada-salida hacia un mundo donde es posible trasponer los límites de la imaginación y recorrer los diversos sentidos de la reflexión. En palabras del crítico Víctor Bidó, “Plaza mayor es un libro existencial. Alterna la prosa con breves poemas que están signados por años. El regreso del personaje será desde la memoria y las dos formas del tiempo se tejen en una guirnalda escritural. Unido en un discurso y, a la vez, alternos. Se inventará por el sujeto que, en su añoranza, lo desea. El tiempo es implacable, inexorable, puntual y transformador. Es un enemigo que no se puede vencer, pero se le puede ordenar desde la subjetividad. Desde el arte, la mística y el amor podemos experimentar la trascendencia amada. Podemos transgredir el ser para la muerte”.

Sobre su tercer libro, El hombre que sabía morir y otros relatos (Lima: Revuelta Editores, 2020), Libros Peruanos afirma que los textos de este libro “exhiben una peculiaridad que extrañábamos en la narrativa peruana de hoy; una sinergia entre memoria y la reflexión misma. Los datos biográficos señalan que Muñoz lleva muchos años viviendo fuera del Perú, pero esta experiencia no ha impedido que su poética caiga en la frialdad del discurso. Por el contrario, la lejanía de Muñoz del Perú deviene en la formación de un discurso divorciado de la verosimilitud y afincado en la verdad de la prosa”.


Su cuarto libro, Yaraví (Lima: Panóptico, 2021), es “un largo poema que bajo la forma de lamento andino se estructura como la épica cotidiana del hombre en el camino de aceptar su complejo derrotero a través de recuerdos, experiencias, rostros, decires, vínculos y batallas de todo tipo, tanto perdidas como ganadas: la evocación como victoria sobre el tiempo”.


Braulio Muñoz (Chimbote, 1946) es escritor, periodista, sociólogo y antropólogo. Estudió Física y Filosofía en la universidad de Rhode Island y se doctoró en Sociología por la universidad de Pennsylvania. Ha sido catedrático en la Universidad de Pensilvania (1974-77) y en Swarthmore College (1978-2019). Entre sus publicaciones se cuenta: The Peruvian Notebooks (2006), Alejandro y los pescadores de Tancay (2007, premio International Latino Book Award), Los apuntes de Alejandro (2009) y El Misha (2014), entre otros.

domingo, 17 de octubre de 2021

Documentales. Entrevistas a escritores argentinos, de Rolando Revagliatti, reseñado por Eduardo Dalter


Voces de la poesía argentina

UN EDIFICIO ENORME, CON NUMEROSAS VENTANAS

Seis tomos reunidos de entrevistas a poetas argentinos

Casi ocho años dedicó el poeta Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) en realizar más de 150 entrevistas a poetas argentinos (159, en verdad), para finalmente reunir los contenidos de éstas en seis tomos, que llevan el nombre "Documentales/ entrevistas a escritores argentinos", bajo el sello Ediciones Richeliú.

Entrevistas medianamente prolongadas, realizadas entre mayo de 2013 y diciembre de 2020, que asimismo el poeta fue publicando en prestigiosos periódicos del país y en revistas poéticas y culturales argentinas, del continente y de Europa, acompañadas por algunos poemas y fotos de sus autores.

En sus más de 2.400 páginas monologan y dialogan con el entrevistador poetas de varias generaciones y promociones, de los más diversos estilos y corrientes del pensamiento, para reflejar así un universo amplio, a veces contrastante, y enriquecido siempre por cada horizonte y cada aporte singular.

Leemos así, en los distintos tomos y en un tramado cuasi infinito de voces, a Rodolfo Alonso, Marcos Silber, Cristina Piña, Eugenio Mandrini, Santiago Sylvester, Manuel Ruano, Paulina Vinderman, Susana Romano Sued, Rafael Felipe Oteriño, Dolores Etchecopar, Rogelio Ramos Signes, Juan Carlos Moisés, María Teresa Andruetto, Marta Cwielong, y quien escribe estas líneas, en el marco vasto y equilibrado que se presenta.

Cuando el autor de esta obra dio por iniciada su nueva tarea, ya contaba con varias décadas de observación al respecto y con una producción poética que se fue jalonando en numerosos títulos, en su mayoría de buena distribución, que fueron confluyendo, ya mediante una selección, en su "Antología poética" (2009), que tuve el honor de espigar y prologar.

El material reunido es cuantioso, sin temor de exagerar, en estos casi dos millares y medio de páginas, cuyo curso es de constante estímulo por la diversidad y el sello propio que cada poeta va imprimiendo en sus respuestas, que no pocas veces son dudas o interrogantes deslizados o arrojados al aire o al lector.

La difusión e irradiación que fueron teniendo estas entrevistas, ya que la casi totalidad de ellas fueron incluidas, como dijimos, en suplementos de diarios y en revistas culturales del país, del continente y del mundo, configuraron también una medida de conocimiento a priori de la obra presente en su conjunto.

Tal es así, y aunque no dejó de sorprenderme, que en un conocido cafetín de Roma, de la céntrica Vía Solferino, dos profesores de letras, siempre interesados por la producción literaria latinoamericana, y específicamente en la argentina, me preguntaron por la serie de entrevistas a poetas que estaba llevando a cabo y difundiendo el poeta Rolando Revagliatti.

Venezuela y España son también países en que las entrevistas de Rolando se hicieron y hacen conocer en los círculos poéticos y culturales a través de las diferentes publicaciones que se fueron haciendo eco o interesando. La de este autor, con sus "Documentales", ciertamente, se afirmó como una siembra en el tiempo, con paso sostenido.

Y ahí están los tomos, virtualmente uno encima del otro, para diseñar un mapa posible de las voces de la poesía argentina ahí reunidas, que dicen, se dicen, nombran, andan, viajan, como tras los bastidores de cada poema, en un recorrido que no solamente es para el hoy y para el próximo año.

No es ésta, sin embargo, una obra totalizadora de la poesía argentina ni pretende serlo, ni es tampoco una suerte de antología, sino que es o se confirma como un muestrario amplio, amplísimo, de entrevistas a bardos nacionales, en incontables casos de inobjetable presencia y representatividad. Es una carta abierta, también, plena de vida, arrojada hacia el futuro.


Eduardo Dalter

Lobos/ San Justo, septiembre, 2021



*Los seis tomos de ‘Documentales. Entrevistas a escritores argentinos’ se encuentran disponibles gratuitamente en http://www.revagliatti.com/richeliu-ediciones.htm 


‘Documentales. Entrevistas a escritores argentinos’ de Rolando Revagliatti. Libro en seis tomos editados electrónicamente (Ediciones Richeliú, Buenos Aires, 159 escritores, 2425 páginas). Disponible en 

http://revagliatti.com/richeliu-ediciones.htm 


Tomo I, 30 escritores: Simón Esain, Ricardo Rubio, Griselda García, Susana Szwarc, César Cantoni, Wenceslao Maldonado, María Pugliese, Marcela Predieri, Manuel Ruano, Gerardo Lewin, Eugenia Cabral, Marcelo Juan Valenti, Graciela Perosio, Hugo A. Patuto, Marcos Silber, Silvia Guiard, Flavio Crescenzi, Francisco A. Chiroleu, Eduardo Romano, Rafael Alberto Vásquez, Norma Etcheverry, Gabriel Impaglione, María Rosa Maldonado, Alberto Luis Ponzo, Alberto Boco, Osvaldo Ballina, Paulina Vinderman, María Teresa Andruetto, Alejandra Pultrone y Lisandro González.


Tomo II, 25 escritores: Alicia Grinbank, Michou Pourtalé, Alfredo Palacio, Rodolfo Alonso, Claudio Simiz, Lilia Lardone, Daniel Calmels, Marcela Armengod, Marion Berguenfeld, Irma Verolín, Paulina Juszko, Patricia Severín, Graciela Maturo, Liliana Ponce, Sonia Rabinovich, Valeria Iglesias, Marta Miranda, Carlos Barbarito, Jorge Brega, Dolores Etchecopar, Susana Rozas, Héctor Freire, Susana Romano Sued, Jorge Ariel Madrazo y Carlos Penelas. 


Tomo III, 25 escritores: Ricardo Rojas Ayrala, Marta Ortiz, Carlos Aprea, Anahí Lazzaroni, David Birenbaum, Adrián Sánchez, Juan Carlos Moisés, Elizabeth Molver, Eugenio Mandrini, Sandra Cornejo, Carlos Enrique Berbeglia, Santiago Espel, Hugo Toscadaray, Marina Kohon, Roberto Cignoni, Victoria Lovell, Orlando Van Bredam, Ricardo Costa, Susana Macció, Raúl O. Artola, Claudio Portiglia, Guillermo E. Pilía, Luis Bacigalupo, Nilda Barba y Marta Cwielong.


Tomo IV, 25 escritores: Luciana A. Mellado, Carlos Cúccaro, Inés Legarreta, Silvia Mazar, Oscar Steimberg, Antonia B. Taleti, Patricia Coto, Marcelo Leites, Genoveva Arcaute, Ángela Gentile, Julio Aranda, Marta Braier, Tomás Watkins, María Lilian Escobar, Carina Sedevich, Raquel Jaduszliwer, Javier Galarza, Laura Forchetti, Liliana Bellone, Yamila Greco, Laura Szwarc, Eduardo Mileo, Cristina Piña, Mariano Shifman y Antonio Ramón Gutiérrez.


Tomo V, 23 escritores: Paula Winkler, María Malusardi, Eduardo Dalter, Pablo Queralt, Marcelo Vernet, Fabián Soberón, César Bisso, Marisa Negri, Reynaldo Jiménez, Jorge Goyeneche, Alejandra Méndez Bujonok, Romina Funes, Carlos Juárez Aldazábal, Rogelio Pizzi, Estela Barrenechea, Marcos Rosenzvaig, Osvaldo Spoltore, Gerardo Burton, Alicia Salinas, Alejandra Correa, José Ioskyn, Fernando Sorrentino y Alberto A. Arias.


Tomo VI, 31 escritores: Rodolfo A. Álvarez, Fernando Delgado, José Muchnik, Bibi Albert, Claudia Schvartz, Jorge Castañeda, Jorge Luis López Aguilar, Luisa Peluffo, Rita Kratsman, Laura Calvo, Rogelio Ramos Signes, Luis Benítez, Liliana Aguilar, Guillermo Fernández, Mónica Angelino, David Antonio Sorbille, Carlos Norberto Carbone, Leonor Mauvecin, Rubén Sacchi, Horacio Pérez del Cerro, María Amelia Díaz, Cristina Mendiry, Santiago Sylvester, Roberto D. Malatesta, Gloria Arcuschin, Rafael Felipe Oteriño, Alejandro Méndez Casariego, Liliana Díaz Mindurry, Carmen Iriondo, Lucas Margarit y Carlos Dariel.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Nueva traducción al inglés de Blanca Varela

A la edición de la breve antología Rough Song, publicada con The Song Cave (Brooklyn, New York) en traducción de Carlos Lara en 2020, ahora se suma The Blinding Star, amplia antología (184 páginas) de Blanca Varela, publicada recientemente en setiembre de 2021 por Tolsun Books, editorial localizada en Flagstaff, Arizona, las traducciones han estado a cargo de Lisa Allen Ortiz y Sara Daniele Rivera. En esta antología se incluye de manera integral los poemarios El libro de barro y Concierto animal. Se puede comprar el libro en este link: https://www.spdbooks.org/Products/9781948800440/the-blinding-star.aspx 

Rough Song de Blanca Varela (New York: The Song Cave, 2020. 98 págs.). Primer libro de Varela traducido al inglés por Carlos Lara. Rae Armantrout, una de las más reconocidas Language Poets ha dicho: "Los poemas de Varela son casi violentos en su brevedad. Poco sentimentales y a menudo sombríos, siempre son sorprendentes. Descubrirla amplía mi imagen del mundo". Link para comprar el libro: https://the-song-cave.com/.../rough-song-by-blanca...

lunes, 13 de septiembre de 2021

POEMAS DE LIUDMYLA DIADCHENKO (UCRANIA)

 


Liudmyla Diadchenko (1988). Poeta, ha sido vicepresidente de la Asociación Ucraniana de Escritores; miembro de la organización de rating de la literatura ucraniana “Libro del Año”; Doctora en filología (Teoría de la literatura) y estudiosa de la mithopoesis y la hermenéutica, entre otros temas.

Autora de los libros Cuota de entrada (2011), Una gallina para el turco (2017), Kedem (2021), este último laureado con el premio germano-ucraniano “Olecia Gonchara” (2017) y en el concurso literario “Poesía a la sombra del granado” de la Asociación de la diáspora de Azerbaiyán (2018). Lіudmyla Diadchenko es miembro de la Unión de escritores de los pueblos del mundo en Kazajistán. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía y Literatura de Estambul (Turquía 2017 y 2019); Festival Noches de Sapanca (Turquía, 2018); VI Festival de poesía de Sidi Bou Said (Túnez, 2019) y en el Festival Internacional de Poesía “Fikret Demir” (Chipre, 2019), 30 ° Festival Internacional de poesía de Medellín (Colombia, 2020), I Festival Internacional de Poesía y Literatura de Kahramanmarash (Turquía, 2020). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, árabe, еspañol, bosnio, chino, croata, georgiano, ruso, azerbaiyano y turco. Vive y trabaja en Ucrania (Kyiv).



Traducciones de Tallulah Flores


*

¿qué quedará de ti? ¿hojas marchitas y este par de pieles 

que te quitaste como una serpiente? ¿tallos de ajenjo muertos? 

¿brotes de ambrosia? los dioses griegos gustaban de esta hierba 

pero la carne de los dioses es el veneno de la mujer los dioses no somos nosotros 

el néctar produce alergia (como chador he ahí la mascarilla quirúrgica) 

y las hojas muertas hacen ruido en noches de delirio 

¿qué quedará de mí? Antes, te despojaste de todo 

y la travesura de la sota de corazones frente a eso es una parodia juvenil,

mientras que nos preguntamos ¿qué nos queda?: símbolos, recuerdos o solo mentiras? 

de jesús —la cruz, de van gogh —los girasoles, de hugo —quasimodo 

y del mundo —los huesos de todos aquellos que fueron conducidos por Dios 

a la aventura de esta tierra bajo el cielo.



*

Aquí, desde estas latitudes que son tu norte,

Estrechando el horizonte de ocasos dorados, 

Como sardina en lata, desvelada por más de uno       

(al observar nuestras piernas, nuestra longitud común)

Leo signo a signo las claves del horóscopo:

En general, nada cambia los fines de semana.

Sería más fácil consultar a las estrellas, a esa alegría

Tan suya que abruptamente   

Colma la habitación, y a los vecinos cercanos.

¿Qué hay de mi desierto? ¿Se ha secado la arena?

Atravesarlo no es nada del otro mundo para ellas.

Así que aquí, después de interferir tus relaciones, cualquiera que ellas sean, 

Las palomas vuelan hacia el cielo como una oración a Dios.



*

Julio me dejó unas cuantas tormentas magnéticas,

Tú me dejaste una que otra neurosis nueva.

Estoy amasando agosto para que crezca todo.

Amaso la estancia respondiendo a las huellas y tomando extraños cursos.

Para leer recetas y la alegría de hornear un poco.

Este es mi interior, mi verdad palpable. 

Todo barján es modelado por vientos solitarios,

Pero la arena es la misma, el desierto es el mismo, plenos de temor.

Tan sólo levanta algunos escarabajos, chacales o cualquier otro compañero

Y despréndete de tu indecorosa compasión.

Deja que tu agosto triunfe por completo,

Y haz que tus dedos se embadurnen como lo hicieron los caquis.



*

 Un libro de Kafka corrobora el absurdo de los últimos quince días.

Unas copas de vino corroboran la fiesta de la última noche.

Es un tanto difícil mirar de frente la verdad o las fantasías de los escritores.

Y nuestra historia es como una manta arrugada con los primeros rayos del sol.

"¡Por el futuro!", dices levantando la mano y haciendo una venia a la ventana,

Dispuesta frente a las plazas y a los cuerpos elípticos, silenciosos.

Ni las radiografías podrían mostrar esta irritante razón tan prolongada,

¿Por qué el alma tiene los pelos de punta? Si eres inteligente, lo descifrarás.

¿Y qué necesitan? ¿Por qué no reposan en las ventanas o en las mantas?

¿Y por qué se ocultan entre los remos en quietud en medio de la niebla?

Las perspectivas vuelan desde los ojos como de las manos un pájaro hambriento.

Entonces mañana ya no habrá silencio, no, Kafka, ya no habrá pájaros.



*

Ikebana son las grullas que emigran hacia tierras y arenas extrañas.

Cuando se cuelgan sobre mi mesa, conquistan mi corazón.

¿Qué beneficios tendrán? Como se les enseñó a los patos, ellas saludan,

Mientras afuera, una calle sumisa besa los talones de alguien.

Un final de otoño,  querida, trae virus, tos y un cielo amargo,

Frotando sarcásticamente mi nariz en el manojo de errores cometidos alguna vez.

Un pato morderá una estrella en medio de la noche y compartirá la presa

                                                                                                                   con algún  joven,

Volará hacia el este cubriendo apenas su rostro con un chador.

Sucumbo a mi camino y soy devoto como todo vagabundo.

Dos maletas, traslados nocturnos, una taza de té barato sin azúcar.

Hay una grulla en el cielo. ¿Puedes ver? Puedes preguntarte esto...

¡Saluda a la grulla! ¡Deséale "Buen viaje"! ¡Madura! 



*

La matemática no tiene esperanza. La lógica es desayuno luctuoso.

El cereal de alguien se enfría.

El espacio es tan libre que incluso engañando  

Nadie tomará la iniciativa ni se asustará ante las penas de prisión.

Aunque fragmentos de este cielo se fijen a la ventana,

Las moscas y las hadas pasarán sin problemas a través de los marcos,

Y el eco, afirmando la buena acústica del dormitorio

Sin ninguna resistencia, seguirá deambulando por allí.

Son las ocho y veinte. Un infinito pródigo de arenas y de olas.

No permite enfocar el drama de la vida eterna.

Tu lengua materna te compromete: un "cuco" asustado se escapa,

Esta fue la primera palabra pronunciada por Adán.



*

 Capitán, ¡veo tierra donde desembarcar!

Hay una ciudad con murallas pero sin torre,

Donde los pavos reales desfilan al mediodía,

Donde los arcángeles miran desde los rascacielos en reposo,

Y comparan los acontecimientos con las aplicaciones de la tabet

Hundiéndose felizmente en el dióxido de carbono... Capitán,

                  ¡Esta capital me sumerge hasta el fondo!

¿Se me ha volado el sombrero o me estoy volviendo loco?

Hastiado por lo visto a través del telescopio,

Ahogado por la tristeza agarrando mi garganta

Capitán, dé una orden

                                        Me bajaré del barco.

Capitán,

            Permítame bajar.

                                         Lo que deseo es la tierra.



*

Uno al lado del otro con los genios. Aquí

Se encuentran. ¡Solo frota una tetera eléctrica!

Tienes mis números. Si lo deseas, llámame

O pasa la noche aquí, no hay problema.

Las amas de casa tienen ollas y otras cacerolas.

Pero yo tengo algunos arenques, agua y tengo al genio

Empacando mi dote en la maleta,

Pero le hace falta tiempo. ¿Cómo podría arreglárselas solo?

Sin separar los calcetines, al principio,

Por lo que todo quedará en manos del destino.

"Ábrete Sésamo", dirás, mientras me abandonas

Y serás observado por mis genios.




Traducciones de un traductor de Venezuela


***

mi capitán, ya el ancla tocó fondo y

ante los ojos se levanta una ciudad

sin torres, amurallada. durante el día

sus lugareños redoblan con tambores

marchas en fastuosos desfiles.

y arriba en lo oculto, desde sus edificios

vigilan arcángeles para que todo obedezca

a las normas escritas en las tablas.

desde el dióxido de carbón

el rostro hundido emerge.

capitán, esta ciudad tan hondo me carcome,

me arrebata el sombrero, arranca los techos.

agotado de todo lo visto detengo la mirada,

en mi catalejos veo la tristeza jadear asfixiada

por unas manos.

capitán, quiero bajar, dé la orden,

permítame quedarme en esta orilla.

  


*** 

tengo un asno  —arrímale heno, dale zanahorias–, que no se le ocurra pensar,

porque a su lado se extiende un país tan posible como todos los rumbos en

los que cabemos tú y yo.

haz dos atados con ese manjar de nueces,

en la sombra eleva una oración al sol.

decídete a elegir una ruta

y si aquí has llegado a querer a alguien,

no le mires –bien sea Caín o bien Abel–, definitivamente

no hay milagros. sólo existe este camino que se extiende

ante los ojos.

ya el asno se tragó su zanahoria.

elevo mi voz, grito y sólo el polvo y la arena me responden.

emprendo el viaje junto a ti,

ya veremos –mientras vamos–, si al menos Dios

no nos ha olvidado



*** 

aquí.

comprimiendo el horizonte hasta tus latitudes norte,

donde el otoño es ahora dorado.

acomodados como sardinas en la estrecha lata –y justo es decir que vistas desde acá,

nuestras piernas tienen una longitud común–, y


los horóscopos en los periódicos, por cierto,

son iguales para todos en cualquier día de la semana –sus páginas raídas…


es más fácil consultarle a las estrellas: con sus jugosas sonrisas

que inundan la habitación –inclusive la de abajo.


¿cómo seguirá allá mi desierto? ¿se habrán resecado sus arenas?

se han colado hacia la tierra –sus perspectivas son de un tímido optimismo.

Aquí estoy. contigo y tus alas recogidas,

mientras en el cielo las palomas las extienden,

como elevando en silencio una plegaria



*** 

cruzar Venecia –no por su lado más hondo–,

                                                         sino a lo largo,

de arriba a abajo. recogiendo sueños, tropezando góndolas;

es un territorio en el que no se ve adónde ni desde dónde

han caído esas lluvias

ahora es invierno en tus tierras

tienes frío. se oculta la madriguera en la arena

y es evidente que su clima es cambiante como en las mujeres

es hora de encender las fogatas

y navegar con buen viento hasta la orilla

¿acaso no conocen el invierno sureño y el frío metido entre las uñas?

aquí están las máscaras de mi carnaval… nada ha servido para acercarme

ni un gramo más a ti; voy a las redes bajo el agua

los gondoleros te hacen señas y tu los llamas “barqueros”



***

codo a codo con los genios. los hay por aquí –frota

la tetera eléctrica y verás.

mis números están anotados –si quieres llama–

y así, casualmente, te quedas esta noche.

las ollas y los calderos se fueron con los dueños–

hay arenques agua y ginebra

mi dote cabe en una maleta,

a él no le dará tiempo porque él empaca solo.

no vayas a dejar tirados tus calcetines,

al final –será lo que el destino quiera.

ring-ring suena la puerta y tu susurras: “abre”.

así te traerán mis genios  



*** 

fobia a los números. el coro de mulas

de la posta sordamente oprime el borde

de mi angustia

tú escribirás de cómo las cigüeñas elevan plegarias

con sus picos, yo escribiré acerca de las Baba-Yagás

–esas nada fáciles hechiceras–

fobia a esas cifras que mañana colgarán sus neblinas:

encalladas en este tiempo que pretende ser vida

en silencio observo –juntas la manada y yo nos asustamos–

tiendo sobre la cama mi camisón de lino y lo visto

y para que todo se torne más horrible agrego un grito

y así aceptar el humilde nido de los años furiosos.

sobre la ventana desmenuzo migajas a las aves:

tengo fe que en la mañana me despierte su respuesta



*** 

en medio de la noche. páginas. ni risas

ni pecado. sólo un despojo polvoriento.

toma del camino mis golondrinas

duelen sus picos y sus alas de tanto cielo.

el hecho es que el radio del vacío rebasa

cada día los límites permitidos

por eso el viento ha soltado la nieve antes

que el fuego –con su humo.

tu que atesoras cada carta con todos sus detalles,

que has sabido ser fiel hasta la tumba,

cuida mis golondrinas –vendrá la primavera– entonces,

regrésalas todas de vuelta a su camino



*** 

carruseles, caramelos mecidos por el viento

–venid hasta mí.

por estos lados cuidar de uno mismo no es de gran ayuda

y lo más horrible es que ni la fe en el destino sirve para nada,

aquí lo que más falta hace es tiempo que al menos salva

tanto a buenos como a malos.

como esos carruseles con sus caballos de plástico,

seguimos adelante –reunir recuerdos será más difícil

que a un perro sus pulgas.

vendrán tiempos de máscaras /alimento/graznidos de gaviotas /ladridos/

maullidos. Esto –a bien decir– no es poco y, tampoco demasiado.

es la vida tuya, lugares que viste y que cambiaste

porque no te quisieron

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...