domingo, 10 de agosto de 2008

¡URGENTE! SALVEMOS LA VIDA DEL POETA EDUARDO BORJAS

MEMORIAL DE SOLIDARIDAD POR LA SALUD DEL POETA EDUARDO BORJAS

Los suscritos, escritores y asistentes al programa de los Viernes Literarios, nos solidarizamos con el poeta EDUARDO BORJAS, estudiante de la Universidad Nacional Federico Villarreal, quien requiere con urgencia un transplante de riñón; por lo que solicitamos a las instituciones estatales y particulares el apoyo correspondiente para salvarle la vida.

Lima, agosto de 2008.
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Alfonso Torres Valdivia.- escritor
Fabricio Battistini.- poeta
Teófilo Molina.- poeta
Baldomero Hernández.- poeta
Rodolfo Milla.- escritor
Carmen Zegarra
Karla Rojas
Rodolfo Milla Zegarra.- estudiante
Mario Espinoza Anicama
Jorge Galagarza Jaime.- artista plástico
Orlando Ordóñez.- poeta
Julio Matzubara
Alejandro Medina Bustinza.- poeta
Luis Flores La Madrid
Ruth García La Torre
Gaby Muñoz López
Ana Rodríguez Salamanca
José Antonio Palacios.- poeta
Sonia Coarite Choquehuanca
Manuel Espinoza G.
Carlos Pardo Cartagena
César Ávalos.- poeta
Elmo Laderas.- músico
Helen Loayza Soriano
Edith Gonzales
José Jiménez Coz
Luis Ramírez
Eduardo Vílchez Vianderas.- poeta
Henry Guevara Díaz.- músico
Guillermo Orrego
Herbert Rodríguez.- artista plástico
Armando Arteaga.- poeta
Renato Ravina.- artesano
Jorge Suyo
Gustavo Armijos.- poeta
Jorge Acosta Sánchez.- músico
Roberto Valle.- artista plástico
Antonio Gutarra.- poeta
Graciela Rojas.- poeta
Cosme Cevallos
Pedro Salazar.- músico
José Rivera Tarazona.- declamador
Nicolás Páucar.- escritor
Edith Conde tinco
Américo Acevedo.- cronista
Elsa López Silva.- bibliotecóloga.
Grover Malpartida Villanueva.- escritor
Julio Benavides.- poeta
Miguel Ángel Guzmán.- poeta
Pío Contreras.- teatrista
Julio Ojeda.- actor
René Fournier.- músico
Melissa Patiño.- poeta
William Gonzales.- poeta
Wilver Gonzales.- bibliotecólogo
Mario Soto.- poeta y cantautor
Germán Badaracco.- cantautor
Susan Kay.- poeta
Erika Contreras
Pedro Perales.- poeta
Ulises Valencia.- poeta
Waksman Núñez.- poeta
Hernán Trigoso
Abdón Dextre Henostroza.- poeta
César Pineda Quilca
Roberto Salazar.- poeta
Giancarlo Huapaya.- poeta
Gerson Paredes.- poeta
Zoila Capristán.- poeta
Juan Benavente.- escritor
Raúl Gálvez Cuéllar.- poeta
Alberto Gonzales.- poeta

Si desean solidarizarse con esta causa escriba su nombre, actividad y DNI al correo electrónico: viernesliterarios@hotmail.com

Convocatoria Plebella: Poeta Revelación


Revista Plebella invita a poetas nacidos a partir de 1978 a enviar sus poemas para ser publicados en la nueva columna anual Poeta Revelación, que se publicará en los números de diciembre de cada año.

La columna publicará poemas de los seleccionados y contará con una introducción crítica para cada uno realizada por uno o varios miembros del jurado, compuesto por Gabriela Bejerman, Emiliano Bustos y Romina Freschi. Además, la columna estará ilustrada, como siempre, con dibujos originales de Eduardo Zabala. Los seleccionados participarán de una lectura en la presentación de la revista y las selecciones completas serán publicadas en internet.

Bases para la 1ra convocatoria:

1-Podrán participar poetas nacidos a partir del 1ro. de enero de 1978 que escriban en castellano.

2-La convocatoria es de POESÍA, incluyendo dentro de este rubro no solamente obras escritas en verso, sino también prosas poéticas, poesía visual y otras variantes experimentales.

3-Los interesados deberán enviar por triplicado, encuadernado o anillado, un máximo de 15 carillas de poemas.

4-Los trabajos deberán presentarse escritos a máquina o en computadora (fuente Times New Roman / 12) por una sola cara en formato A4.

5-Los trabajos deberán ser firmados con seudónimo que debe estar presente y claro en cada copia presentada. Se deberá adjuntar a las obras un sobre cerrado, rubricado por fuera con seudónimo. En el interior deben constar nombre completo y breve curriculum del autor, domicilio, número telefónico, dirección de e-mail y documento de identidad.

6-Cada participante puede enviar más de una presentación de poemas, siempre que se trate de series distintas, se presenten con seudónimos diferenciados y como envíos separados.

7-La convocatoria no inhibe a aquellos poetas que hayan colaborado con Plebella, siempre que utilicen seudónimo, respeten todos los requisitos de la presentación y no estén participando por el momento de ninguna fase de la producción de la convocatoria.

8-El plazo de admisión inicia el 15 de diciembre del corriente año y cierra el 30 de agosto de 2008. Se aceptarán los trabajos que lleguen con posterioridad a ese límite, siempre y cuando conste en el matasellos postal que fueron enviados con anterioridad.

9-Los resultados serán publicados en el número de diciembre de 2008 (Plebella #15).

10-Los trabajos no seleccionados no serán devueltos. Algunos participantes no seleccionados podrán ser convocados para participar automáticamente en la siguiente convocatoria y/o para proyectos futuros.

Las obras deberán enviarse a:

Revista Plebella
Perón 4435 Dpto. 2
(1199) Buenos Aires
Argentina

sábado, 9 de agosto de 2008

LOS DESMORONAMIENTOS SINFÓNICOS DE MIGUEL ILDEFONSO POR RODOLFO YBARRA

Miguel Ildefonso Huanca (Lima, 1970), ha escrito los libros de poesía: Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las Ciudades Fantasmas, MDIH y Heautontimoroumenos; y los de narrativa: El Paso y Hotel Lima. Ha ganado diversos premios literarios y continuamente colabora con ensayos, estudios, reseñas, tanto en el medio impreso como virtual; participa asimismo en recitales, presentaciones de libro, conferencias etc., en el interior como en el exterior del país (Alemania, Estados Unidos, Colombia, etc.). Es quizá, al margen de cierta ojeriza literaria y de cierto rubor de sus compañeros de ruta, el representante más conspicuo y uno de los más dotado de la llamada generación poética del noventa. Los Desmoronamientos Sinfónicos es su último libro con el que viene despidiéndose, desde hace buen tiempo, de esa corriente de malditez que ha sazonado casi todos sus textos, al punto que varias veces ha aceptado que él escribe en realidad un único libro de poesía, por lo que podríamos deducir que cada libro editado es sólo una parte de este Frankenstein —en el mejor sentido del título literario—, que, al parecer, concluye con este último poemario}.

Los Desmoronamientos Sinfónicos (o sea el derrumbamiento musical o el deslizamiento gravitacional de los sinfonemas verbum kalami) es un libro “multitemático” que sitia el estro y el arquetipo conductual del poeta para devolverle al mundo lo que es del mundo (¿acaso Lima no es también el mundo mismo?): calles, silencios, aullidos, autos, combis, carros destartalados (línea 55, línea 80, sic pág. 51), mujeres puras o impuras, a esta hora da lo mismo, la noche “con su negro crespón” los cubrirá a todos. La pureza seguirá siendo verbo y sobre todo trabajo literario, esfuerzo por superarse a sí mismo y encontrar el ansiado parnaso, el nublado limbo o erebo, o, quizás, como lo previeron los simbolistas o, más atrás, los paganos: el mismo infierno (descensus at inferos).

Hay una voluntad todista (no pretensión, no travestismo literario) por los “dolores del mundo”, quizás los de Shopenhauer o los de Rimbaud, Elytis, Nerval, Eliade, Cioran, Hölderlin, el gravitante Vallejo, la delicatessen de Oquendo que escribe y que empuña las ideas de la libertad antifalangista, etc. De esta forma, el poeta va tejiendo como una chompa poema tras poema, hilvanando las ideas a través de un cordón o hilo de plata emocional (¿vital?), donde no se le es permitido a sí mismo dolerse, hay una tarea mayor y es la de filmar o pintar el dolor de su tiempo, continuar con la ruta trazada por los dioses, caer y volver a levantarse como el mito de Sísifo que Ildefonso arrastra, casi a patadas, desde el mítico Apolo al río Rímac, cuya braveza ha sido desmerecida, travestizada y ubicada en un plano de heterodoxia “homosexual” –por decir lo menos, y tratar de entender qué se entiende por “río homosexual”-, da y recibe en un feed back constante y mántico (acaso no se le pide a los brujos y pitonisos una visión sine qua nom de libertades sexuales donde el don de la magia se alcanza a través de lo prohibido. El río ya no es el maestro, ahora es el pupilo descarrilado, incoherente que ya no transporta más agua, sino mierda: la mierda del mundo, la mierda del mundo que se va a la mierda) y se pierde en un quejumbroso dolor de la ciudad catastrófica, pues la subversión ad literae es todo lo que posee el escritor para sacudir el árbol roñoso de una sabiduría casi bíblica o salomónica que no dirá nada ni dejará caer sus jugosos frutos en la boca seca de los desesperados y caídos en desgracia karmática (¿el dolor es el pago de lo errático? La respuesta es más controversial de lo que se cree y excede este pequeño artículo).

Miguel es el poeta de hierro galvanizado de la generación del noventa, ha sabido asumir su compromiso con el Logos, pocos son los de su generación que hayan intentado la afirmación constante y efervescente de la palabra (la perfección como ilusión, es la verdad que se devela al trabajador permanente); de esta forma el poeta se “desmorona”, se arma y rearma, se inventa y reinventa, a veces avanza a tientas como si sólo la luz de su conciencia lo alumbrara y le mostrara el camino dentro de una cartografía o plan de vuelo que no tiene trazos y cual pellejo ajeno amenaza con cubrirnos y cegarnos. La brújula sigue siendo algo tan simple y lato como la curiosidad (Acaso no fue de esta forma como se descubren los placeres epicúreos o cireneicos: yo sé cómo brilla la ventana cuando te poseo cuando algo de mi subconsciente se pasea desnudo por el cuarto del hotel. ¿y mi retrato? Me tapaste los ojos para no ver tu cicatriz “pero yo te encontré tres cuadras más allá” y era una protuberancia recta de carne y piel sobre un vientre oscuro como sol las noches cuando de pronto brilla la ventana. ¿ya? ¡voltéate¡).

Por ratos, en estos Desmoronamientos hay una entidad que toma posesión en Miguel, y es (perdonen mi alejamiento momentáneo del clásico Dante-Virgilio-Sófocles-Petrarca-etc., y mi oblicua “formación” religiosa y anticatecúmena) la de Juan, al que no pudieron quemar en las hogueras romanas, el que aguantó tres veces los azotes con látigos de cilicio y el que escribió alucinado, desde la Isla de Patmos, ese libro profético y misterioso: El Apocalipsis, también llamado “Las Revelaciones de Juan”. Observo en estos “Desmoronamientos” una visión de batiscafo invertido, no es que suba el mirador, sino que el mirador de naturaleza estereoscópica se entierra y se hunde en el tiempo que pertenece, de esta forma Juan-Miguel levanta sus propias profecías, sus oráculos, tropieza con la realidad tumefacta, da circunvoluciones (que vienen desde los clásicos hasta sus contemporáneos) esgrime su palabra con el fin de sobrevivirse a sí mismo o a sus experiencias en un mundo que no admite errores, sí la constante experiencia, y de ello todo lo que llamamos evolución o la tendencia a una perfección (“homus novis”, ya Mariátegui hablaba del “Alma Matinal” o el espíritu rebozante y recién venido a una naturaleza hostil) que nos puede ser ajena o contraria. Mientras tanto la poesía o la gnoseología de la poesía trasunta y se teoriza a sí misma y se concibe (o la concibe el poeta) como: juntar palabras como ladrillos. he ahí mi realidad. la poesía es caminar por lima. entrar a los cines a las cantinas. sentarse en los muros o echarse en los parques. en quilca mirar los libros. encender un cigarrillo esperando a elanor. sentir los latidos de las moscas sus respiraciones. recibir a la noche con una serena meada: si ella no llega (ella no ha llegado) surgir por colmena atestado de voces como ratas. luces colgadas de sangre petrificada: mi sustancia es el sentido de estos cables arroyos de angustia en los ojos. ojos & ojos & ojos. lamidas las tinieblas bajo el vuelo del avión que miro detenido en medio de la avenida: todos los viajes que he perdido. (pág. 27).

En relación a sus otros libros, a pesar que, según cuenta el mismo autor, este libro fue escrito a inicios de los noventas, en los “Desmoronamientos Sinfónicos” hay una pérdida de las formalidad poética, es decir el uso de la prosa y la ausencia de mayúsculas y signos de puntuación, salvo los puntos usados mayormente para comprimir o abreviar nombres, nos entregan una “reducción” del mundo (el mundo es el Logos, luego Logos es el mundo), es como si el lenguaje no tuviera que esforzarse para “captar” una realidad que no se esfuerza por ser mejor y que nos conduce al eterno sufrimiento de la vida. En cada poema hay como un deja vú (un retorno al momento en que se perdieron las cosas: ¡criaturas bestias desnudas de carnes rosadas aquí me teneís en cuerpo y sin alma soy vuestro largamente pesado en la balanza soy quien quemó vuestros primeros pensamientos no dudeís en injuriarme ni en llevar mi sangre a sus bocas con estos versos!) que nos dice que el dolor se vive y se repasa, el pesimismo poético se entrega de esta forma a los modos “reduccionistas” (podríamos hablar de cierto minimalismo, siempre y cuando aceptemos en literatura esta expresión salida de las industrias y la mercadotecnia) que el poeta emplea para expresar algo que no necesita ser versificado, a lo mucho hay tres o cuatro poemas que usan el slash (/), quizás lo más importante sea el remate de textos (he contabilizado 117 poemas, separados uno de otro por dobles espacios), la arborescencia y el enraizamiento creativo con el fin de transmitir y aceptar la caída, la derrota del poeta frente a lo cotidiano porque, como él lo afirma, aquí no hay nada: solo un hombre triste condenado a su cuarto con una ventana abierta a la noche. y afuera tampoco hay nada. una boca que soltó palabras. a lo más una pantalla de televisor o la noche entrando por la ventana. porque aquí no hay nada. aquí no hay definitivamente nada.

Discrepo con los que piensan (después de las sumas y las restas ¿?) que este libro está por debajo de sus otros textos, creo yo que es por razones de ordenamiento, de “formas”, “apariencias”, más que de “fondos”, pues, aún cuando se emplee la palabra “Sinfónico” (y aún cuando exista un poema con el título de “figura y máscara. sinfonía n 17, op.21”, pg. 14) aquí no hay un opus que nos hable de un intro……ni de allegros, minuetos…. Leamos este “soliloquio de j.s. bach”: viajas por el don supremo de la palabra, una luz que anuncia lo irreal en nuestras mitades y la mitad de una mujer parada en la esquina. volteamos por esta calle, las paredes se derrumban y toda la poesía no es otra cosa que política. si me detengo no voy a ninguna parte y si cruzo la pista estoy en el mismo lugar. estamos solos me dice la mujer. en todo he encontrado nada. las hierbas crecen en invierno. Allí la rama era verde y el agua que caía se renovaba sin embargo la muerte estaba en el movimiento invisible de la luz: un corazón que va muriendo es ver algo de neblina o ver simplemente algo. ya no tener un corazón también es la tierra húmeda o el lomo de un libro. fierros oxidados. algo es el corazón. etc.

Como vemos y por el contrario, hay un desdén por los artificios poéticos, por las numeraciones, los índices, etc. la “sinfonía” es cruda, más cercana a las estridencias de una voz marginal negada a la mesocracia snob y más cercana a los migrantes (¿Chacalón podría ser el símbolo?), o de una guitarra u otro instrumento musical que por ratos deja escapar ese tono vernacular y chichero cuya cercanías con el autor son conocidas por sus generacionales (José Pancorbo, quien toca el arpa y participa de asociaciones de danzantes de tijera, ha sido un buen compañero de estas experiencias et orbis en el mundo secular de la desaparecida “carpa Grau. Mesías Evangelista fungió también de Virgilio alguna vez). Leamos parte de la bitácora del poeta en sus rutas o caminos interiores donde las estridencias pueden salir por igual de espacios de relativa sordidez de pasiones alquiladas como de espacios netamente populares, chicheros o catárticos, donde por igual hay una asociación de “perturbación” de los sentidos tan necesarios en estos tiempos de estrés y atomización libremercadista (no olvidemos nunca que el artista necesita refrendarse en la práctica y muchos creen sentir en el sexo la presencia de dios o de una liberación que lo real-concreto no ofrece, al final el poeta se agranda y crece acromegálicamente ante la adversidad); el texto corresponde al título “excessus mentis”: en colmena o en lampa un orgasmo infinito como un nacimiento vagar en la noche buscando un destino av. grau o camaná otro orgasmo secreto como la humedad un sueño no es más que un sueño ver no significa ser ver es sentir lo que la realidad te ordena escribir es hacer estas cosas olvidar y volver a lo que se debe escribir un paisaje donde he de morir una tarde soleada donde he de morir un camino largo donde he de morir una muerte en pleno silencio donde he de morir junto a la mala hierba. (pág. 47).

Finalmente, esa libertad con la que Ildefonso construye su “desmoronamiento” sirve para abarcar temáticas y recursos literarios que licencian su particular poética; es posible que, por ratos –para los lectores acuciosos y para los críticos sesudos-, haya una pérdida de brújula, un leve mareo, un ligero desliz que podría interpretarse como un poner el piloto automático ante un hecho inusitado que es la misma escritura, sobre todo cuando lo verbalizado es un mundo que cambia rápidamente y donde el lenguaje no se detiene y nos avisa constantemente de su evolución. Felizmente la experiencia de Miguel Ildefonso lleva a buen puerto este libro: ha llegado la noche haciendo inútiles los sueños. hemos dormido alentados por los cabellos de una hembra. ella no duerme a esta hora solo busca un poco de calor y ebriedad. largos son los caminos que llevan al amanecer. todos nos hemos envueltos con nuestras pieles húmedas y la tibieza de los gatos que nos esperan en las esquinas. las fragancias acules de los faroles. el ondulante fluir de las brisa marina. ese cielo que parece un hotel las llaves que se pierden en la nada de la noche el dolor siempre el dolor, un cuarto el reloj la mesa donde una vela se derrite. nuestra inutilidad y nuestro goce derretidos. pero no me dejes solo esta noche. no me dejes solo frente a este papel en blanco (pág. 48).

lunes, 4 de agosto de 2008

Presentación de "El hilo negro" de Carlos López Degregori

Presentación de "El hilo negro" de Carlos López Degregori
Vídeo enviado por borradoreditores

Video proyectado en la presentación del Libro "El hilo negro" de Carlos López Degregori, en la sala Blanca Varela de la Feria del Libro de Lima 2008, en el Jockey Plaza.

ÁLBUM DE ARENA (PRIMERA ANTOLOGÍA BINACIONAL DE POESÍA CONTEMPORÁNEA ECUADOR-PERÚ)

PRETEXTOS PARA PARTIR UN TRONCO Por Ernesto Carrión

“MI DIOS ES NIEVE/ MI DIOS ES VACÍO”
RAÚL ZURITA

¿Para qué la palabra, que no contiene al mundo? ¿Para qué toda esta literatura que reniega del mundo? ¿Para qué aferrarnos a esa muerte incompleta que es el poema? ¿Para qué una nueva muestra de ese inenarrable desamparo que ejerce la poesía? ¿Para qué esta antología en un tiempo en el que aparecen tantas antologías que buscan –frustradamente- legitimar unos cuántos nombres? ¿Para qué otro libro más -en el centro de esta era de soledades virtuales y jardines líquidos sobre pantallas líquidas?

Durante los últimos 5 años, en el caso de este país (Ecuador), han venido apareciendo un sinnúmero de antologías (muchas de éstas de la mano de grupos “literarios” de jóvenes) de las ciudades principales, que persiguen únicamente el reconocimiento. Por una parte, el silencio rotundo -y culpable también- de la crítica; los facilismos literarios en un mundo regido por el marketing y las relaciones públicas; el apadrinazgo inconsciente de unos cuantos (así como la falta de criterios formativos tanto de los poetas como de los lectores), han dado como resultado un inmenso desorden en nuestra poesía, y una caída triste de los conceptos de ética y estética que deberían girar alrededor de la creación poética. En definitiva, una ambigüedad horrenda “que no podrá salvarnos de absolutamente nada”.

Muchos se defienden hablando de una supuesta ruptura, a la que representarían. De un magistral uso de la ironía que, como bien apuntara Rilke (en cartas a un joven poeta), debe ser el peor desacierto o la peor herramienta, sino la más desesperada, de un escriba. Su facilismo desmedido ha hecho de que pretendan convencernos –en su confusión fulminante- que ante el desamparo y el vacío posmodernos el sarcasmo es un arma legítima.

Lo cierto es que la completa esterilidad en cuanto a fondo y forma, el plagio del plagio y la inmediatez con la que asumen los últimos poetas su labor, convierten dichos trabajos en propuestas muertas, en manotazos de ahogado, en desierto disfrazado de serpiente.

Ante esta molestia (debo decirla: mía. No me tomo la palabra por nadie más), y la falta de antologías que, perentoriamente, ingresen -sino a regular- a brindarnos un termómetro dentro de la última poesía ecuatoriana; reúno acá a 13 poetas que representarían, a mi forma de entender este proceso, compromisos verdaderos con la palabra. Ya que en estos 13 nombres seleccionados, encontramos esa búsqueda incesante de argumentos que al menos intentan desenmascarar o comprender el por qué de las verdades a medias. El por qué esta testarudez de poner los pies bajo un cielo más pálido que el muerto más hermoso.

En el caso de Perú, Maurizio Medo ha realizado la selección de 13 poetas que concuerdan en la fuerza, el desarraigo y el oficio necesarios para encontrarse aquí reunidos (Todos publicados en los últimos 18 años -ya que este fue uno de los parámetros que aclaramos con Maurizio, antes de realizar la selección. Tratando, evidentemente, de privilegiar a la poesía más joven y renovadora).

¿Qué une a estos 26 poetas? A modo muy breve y personal diría que su único rigor lógico se encuentra en que esta poesía contemporánea tiene, como es sabido, un pie en el desenfado posmoderno y otro en la esperanza. Su angustia y falta de verdades absolutas, como fuente de creación, hacen que esta poesía busque su propio asentamiento en referentes, momentos, emociones y soportes técnicos tan disímiles entre sí, que terminan conjugándose en un Álbum de arena de aparente inmaterialidad, como nuestro mundo.

Trabajos que van desde planteamientos estéticos y ontológicos, hasta el confesionalismo más audaz. Desde el poema de dos versos (que nos recuerdan ese minimalismo y profundidad en lo breve -que defendía Cicerón) hasta la experimentación en caídas y repeticiones de versos múltiples. Quizás la única línea ecuatorial de esta antología está trazada por la persistencia y la cólera que emplean estos poetas, página tras página (nieve bajo nieve), hasta encontrar el verso en el preciso eje de la soledad humana.

¿Para qué partir un tronco, entonces? Para este inmenso pretexto al que hemos llamado literatura. Para reparar en la cacería del polvo oculta en el jardín de los cuerpos. Para soñar con días sin violencia contenida. Para descifrar los temblores de estas 26 cabezas que se apoyan sobre el pensamiento de manera distinta.

Santiago de Guayaquil, 3 de junio de 2008.

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POETAS QUE CONSTAN EN ESTA ANTOLOGÍA

PERU: Rafael Espinosa, Luis Fernando Chueca, Jorge Frisancho, Willy Gómez Migliaro, Monserrat Álvarez, Lorenzo Helguero, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, José Carlos Yrigoyen, Paul Guillén, Alberto Valdivia Baselli, Jerónimo Pimentel y Cecilia Podestá.

ECUADOR: Roy Sigüenza, Paco Benavides, Cristóbal Zapata, Luis Carlos Mussó, Aleyda Quevedo, Paúl Puma, Ángel Emilio Hidalgo, Alfonso Espinosa Andrade, David G. Barreto, César Eduardo Carrión, Cristián Avecillas, Juan José Rodríguez y Fabián Darío Mosquera.
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CRISTÓBAL ZAPATA (Ecuador)

RESIDENCIAL OLMEDO, HABITACIÓN 38

En los baños del Hotel de la Confianza, apareces,
aguador desnudo.
Severo Sarduy, Big Bang.

Escombrosas piezas, de sábanas sucias, raídas, sanguinolentas, las que antaño fueron cámaras de holán y seda. Palimpsesto de azulejos en los baños: las toscas baldosas de ahora dejan entrever las trazas de la loza italiana. Azogues que un día lucieron despejadas fuentes donde se reflejaban las damas, hoy son destartalados tocadores, turbios charcos de cristal.

Aquí nadie se mira, los espejos son un incómodo suplemento entre los huéspedes, aquí reina el tacto que disimula y acaricia la ruina; el olfato, que huele el deseo. El agua que corre es un chorro espúreo y mezquino para limpiar las partes inflamadas y fragantes.

Este fue el Hotel del Puerto, objeto de anticipadas reservaciones, insomne testigo de un suntuoso tráfico de equipajes; en cuyos pisos de mármol los zapatos rechinaban; donde las mujeres, tomadas por esposas, fueron tibiamente desangradas; donde hombres gordos bebiendo sckotch hasta el amanecer, llevaron a término arduas citas de negocios; donde sus huéspedes fueron bellos, limpios, sexualmente correctos.

Aquí has llegado Escriba infame, buscando la fácil lujuria de las residenciales. Te has dejado elegir una pieza con balcón hacia la calle, sobre el que se entrecruzan los espesos cables del alambrado. Preferiste el balcón al baño privado. Son las opciones que ofrece la casa. Amas la promiscuidad y la luz. Los baños compartidos son siempre propicios a la incandescencia del deseo. En la mañana, mientras te afeitabas, ha entrado una mujer rubia que traía un pozuelo en la mano, venía por agua. Llevaba un pantalón de terciopelo negro que hacía difusa la línea de su vientre y de sus muslos. Ahora comprendes que se dobló ante la llave de la ducha para ofrecerte sus ancas de felpa. Pero vos, tímido, siempre temeroso a pesar del deseo que arrastras, simulaste ignorarla y te fuiste, dejándola a horcajadas sobre el chorro de agua.

Anoche has venido con Teresa y Pablo. Has lamido el sexo de ella con fruición y ternura, como si quisieras enamorarla. Enamorar una mujer allí: donde late y sangra, en su atrio sagrado y profano. Pero ella impunemente enamorada de Pablo, fue invulnerable a tu lengua y a tus afectos. La perversa trinidad: misterio erótico, aporía teológica, alegoría narrativa.

Hoy, en el urinario del cine Lux, se ha acercado un muchacho blandiendo ante vos su sexo erecto y cobrizo. Te lo ofrecía con un guiño de sus ojos verdes, cristalinos. Qué estremecimiento, qué temblor, cómo redobla tu corazón ante la inminencia del deseo. Siempre fue así: recuerdas, recuerdas… Nadie salvará tu cuerpo de su sino, mientras viva rodará a la intemperie: vulnerable y cerrero. El muchacho se acercó más, tomó tu mano y la puso en su sexo, vos la cerraste en su torno.

Ansiosos, sedientos, como si buscaran un oasis en la ávida estepa de los pornógrafos, subieron a la galería. Fue él, Virgilio en el oscuro y silente infiernillo de los mirones, quien te condujo hasta allí, hasta ese graderío forrado de lona donde te pidió que lamas, mames, tragues su sexo. Los voyeurs que se multiplicaban a tu alrededor –chacales olorosos a carne–, te inhibieron.

Le invitaste a la pensión. Estabas desesperado por ir. Cada vez ardías más ente el obsceno cortejo de Antonio: prometía penetrarte hasta que grites, bañar tu rostro de esperma… en la pantalla discurría, incesante, la faena romana.

Esta es la Residencial Olmedo, despostadero, curtiembre donde los desposeídos trabajan, adoban y aderezan las pieles; laberinto de habitaciones derruidas que apenas recuerda el origen de su nombre, el de otro atildado escriba, cultor de las cadencias latinas, prócer áulico… Pensaste en el incierto destino de los nombres, en la arbitrariedad de cada rótulo y cada título.

Alrededor se multiplicaban los burdeles y las salas de baile. En El Decamerón, los machos relinchan cada vez que un streper abandona el estrado, y abre sus fauces ente sus bocas; en La Cruel Condena las ficheras no consiguen disimular su tedio, beben para atenuar el asco por los borrachos que las solicitan; en Destinitos Fatales el baile es un riguroso protocolo de seducción. Por lo que queda de la noche, algunas parejas alquilarán una pieza en la Residencial.

Esta es la Residencial Olmedo, donde las piezas han sido numeradas ordinalmente, ordinariamente. Villa de los Misterios, Casa del Fauno, Pompeya y Herculano, donde los dibujos murales y las inscripciones rupestres trazan la crónica procaz de sus pasajeros. Desde aquí has visto caer la noche sin gloria, exhausto de buscar un sitio, un cuerpo en ella.

¿Quién dirá lo que fuiste, lo que quisiste ser? Te perderá la carne Escriba, y nadie dirá nada por vos, nadie.

(Para Jimmy Mendoza, el “aguador desnudo”)
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JORGE FRISANCHO (PERÚ)
PLATO VACÍO (ALGO ESTÁ OBLIGÁNDONOS A RECOMENZAR)

Para Rodrigo Quijano

¿Cuántas veces deberé contemplar aquel plato vacío
para que suceda, exactamente, un atardecer frente a mis ojos
y éste sea el legítimo crepúsculo, entre afranelados ocres y amarillos,
que se desenrolla sobre un mito personal, como su relativo apocalipsis?

No, nadie dijo que el poema sería la respuesta, pero no me importa.
Nada cambia si me quedo a mirar el horizonte, la sombra del pelícano en la arena,
las desfallecientes oleadas de un Pacífico sur —pero no tanto—
y luego escribo, parado en el mismísimo ecuador de toda una experiencia
cuidadosas elegías, ordenados cuartetos sin fustán, desnudos versos
ferozmente sonoros y expresivos.
Y sin embargo miro el horizonte como quien mira un espejo
y hago de las olas elevándose una simbólica ecuación, un estallido
y del pelícano una imagen en el lugar exacto, y éste es un poema
mas no un atardecer de dudosa geometría o un crepúsculo coloreado
como una hoguera de delgadísimas flamas arañando mi corazón.
No, nada ha sucedido excepto las palabras, pero no me importa.
Contemplo otra vez aquel plato vacío, fracasando,
y bailo sobre un pie, clavándome en un suelo sin virtudes, mientras a mis espaldas
cuarenta catedráticos se ríen sin emoción:
elaborados ayes, castísimos lamentos salen de mi laringe sin convencer a nadie
y permanezco en vilo sobre mi propia sombra puntual, cubierto de tensiones y ternuras
tratando de caer sin conseguirlo.
De alguna forma oscuro, herido por la miopía, aún estoy mirando el horizonte
como un molusco rudamente separado de las rocas.
Suma de minerales y líquidos amnióticos, bajo una piel que se calcina pero insiste,
esto soy, y un pedazo de sombra me define ante tus ojos,
mientras algo está obligándome a recomenzar.
Porque algo está obligándome a recomenzar:
bailo sobre un pie
como sobre los arcos de un sentido preciso pero incomunicable,
incomunicado yo mismo entre paredes de palabras, y el poema
es lo que he venido a recitar en un punto cualquiera del ajeno litoral que
se despuebla
de todos sus animalillos murmurantes, como tú, que ahora caen
graciosamente hacia el falsete.
A mis espaldas cuarenta catedráticos susurran, pero no los oigo.
Sus voces aflautadas pueden ser, ahora, un melodramático bolero tropical
mientras de mí se desbanda un tropel de pasitos, y jergas, y compases
melancólicamente disueltos en el absurdo de su perfección.
Guardo, como una paradoja, emotivos silencios mientras la música vuelve,
pero la música no vuelve, y tú me estás mirando detenerme
en el instante previo a la caída que es, fingidamente, mi destino.
No, éste no es un atardecer, pero tampoco un mediodía,
y sigo contemplando aquel plato vacío como quien espera, mientras un
lapso de tiempo indefinible
hace con delicadeza un delta para rodearme, y no me toca.
Es el permanente lapsus del poema lo que oigo, aunque me cantes
y una hoguera de flamas delgadísimas nos una:
aún estoy mirando el horizonte, y el horizonte se mueve y reverbera como un verso
sin retóricos meandros, acerado, o más bien acelerado
que se encamina sin lástima a su consumación.
Y nada cambia, incluso si me desapruebas
pues yo sigo bailando mi bolero y tú sigues allí, sutil como un hermano de
otros padres
entre gritos inaudibles y concéntricos
que se piensan a sí mismos como una razón, y son un hueco
en el paradisíaco paisaje inexistente que contemplas, como yo mismo
contemplo todavía
la sombra del pelícano flotar sobre mi propia sombra: el poema
se parece demasiado a esta equivocación
que dejo deslizar sobre las removidas aguas de mi memoria, con la
estructura de un trino
y la fugacidad del sol opaco que nos hace, tercamente, un hermoso eclipse
frente al mar.
A mis espaldas, cuarenta catedráticos se marchan sonriendo
y éste es el momento de saber que el crepúsculo no llega aunque la
música vuelva
y yo siga bailando mi bolero mientras tú me cantas,
bajo los afranelados ocres y amarillos de una historia personal
tendida ciegamente en esta playa sin apocalipsis.
Y yo sigo bailando con los ojos puestos en el horizonte,
aunque un helado viento me cale el metatarso, y el poema
no tenga más respuesta, ni más intensidad, que ese plato vacío que nos
diferencia:
no, nada ha sucedido excepto las palabras,
como una hoguera de flamas delgadísimas arañando mi corazón
y también tu corazón, en el mismísimo ecuador de este poema
mientras algo, eternamente, está obligándonos a recomenzar.

Sobre "Cosas sin nombre" de Violeta Barrientos por Rocío Cerón

Desde lo nimio, ante los sucesos del día a día –aquellos que suponemos vacuos y no lo son: puntos blancos atados a la miseria, gaviotas-nanas-sirvientas que se ocupan del bienestar y son una gran masa no libre hasta que se quitan el uniforme. Cosas así, cosas sin trascendencia aparente. Cosas sin nombre de Violeta Barrientos es eso, un gran políptico de imágenes con situaciones aparentemente sin título, sin grandilocuencia. Situaciones que no pasarían a la Historia pero que conforman la Historia misma.

El hombre que piensa en la huida, sus múltiples desvíos imaginarios para llegar a ella, los migrantes que llegan a un nuevo país que no será su patria, el puente que ha visto caer cuerpo tras cuerpo, aquellos que no son más que una partida de nacimiento sin destino, sin futuro, una cifra del instituto de población. ¿Quién entonces les da nombre, tierra, rostro? Violeta Barrientos, desde una cierta distancia, los mira, los hace carne del poema, trabajo de imágenes y metáforas.

Barrientos mira más allá de la escena humilde o breve, ausculta en el estado, en la posibilidad. ¿Quién es, qué rostro, por qué? Tras el cuerpo, el gran cuerpo que hace el tosido de los tuberculosos, hay destinos, señas, gestos y vidas que no sólo son cifras. La autora no mira necesariamente un nombre, mira el ejercicio vital del hecho, el hallazgo de lo visto. Lo nimio, ese hecho breve, es, casi siempre, el comienzo de la revolución. La propia Barrientos apunta en su texto, 11 “Instantáneas. / Todo espacio es temporal.”, como también dice, en el texto 14 “Los grandes momentos se reservan y añejan para siglos después”, metáfora del retraso de la justicia. Temporalidad que se resuelve en que uno de esos “convalecientes” de vida, se desajusta las correas, rompe el término medio, lanza un grito y hay eco. El eso de los sin nombre, de los despojados.

Cosas sin nombre es uno de esos libros en que hay un cierto tono donde podría no estar pasando mucho. Personalmente creo que es todo lo contrario, en esa mesura de timbre, en la economía de las frases y las imágenes, se esconde un sismo. En esa “Muerte a secas”, en esa muerte que nadie ataja, en el tiempo que pierde la novia al buscar desesperadamente el más bello y barato vestido, hay un punto, una suerte de tierra sin nombre (no man´s land) donde se gesta la memoria. La punzada del dolor cotidiano es el aviso a los hombres de que siguen en pie, con vida. Dolor no brillante (opaco, tedioso, constante) que marca la historia de cada hombre y de cada mujer. Es justo desde este punto donde nacen las prosas poéticas de este título. La autora atestigua ese dolor, ese instante y de ellos, de esos muchos, que a la vez son tan pocos (las historias de los hombres son tan repetitivas…) quedará esto que nos dice la autora: “Otros volverán sobre sus huellas y así se urdirá una historia a sobresaltos, de cada cinco, uno, de cada uno, algo.”

Julio, 2008, Ciudad de México

Poesía y Revelación en Juan Soto por Miguel Ildefonso

Los títulos de los libros de poesía de Juan Soto (Lima, 1965) refieren a esa intensidad límite de la que brotaron sus versos: Cárcel de mi ojo (1994), Morada diosa (1997) y Palabra sobre los abismos (2005). En Airado verbo (Sol Negro Editores, 2008) el poeta barranquino prosigue esta ruta, cada vez más próxima, hacia la esencialidad de las cosas, mediante ese choque de elementos (símbolos: cárcel/ ojo, morada/ diosa, palabra/ abismo) del cual surge la llama de su lírica. El verbo en el aire es ahora el que une tiempos, espacios, lenguajes, tradiciones. En todos sus libros el hecho poético de Soto es lo espiritual, como se dice de Baudelaire, “porque la realidad de lo espiritual se manifiesta como una especie de ausencia, permanece en suspenso entre la nada y el ser. Lo espiritual es un ser que tiene objetividad, identidad, pero no es una cosa, nunca está del todo presente y del todo visible” (J.L.Herrera. “Baudelaire, Una Vida Merecida”). “Amigo de calladas noches/ la vida es como tú dices/ aprender a estar vivos/ jugar a la muerte/ y amanecer en las entrañas/ de los deseos no cumplidos/ sostenidos de fes hechas jirones/ y almas huyendo”, decía en Morada diosa. Espiritualidad y trascendencia, y deseo como ausencia, que vemos también en Palabra sobre los abismos: “Busco palabras/ Que sean más que palabras/ Que hablen más que de sí mismas/ Provocadoras como largos silencios/ Proferidos en la oscura mañana de los deseos”.

Entre las diferentes propuestas desarrolladas en la década del noventa (“espacios” como: la cotidianeidad, lo urbano marginal, la meta-poesía, la memoria familiar, etc.) está la de Soto, muy ligada a la poesía del silencio. Parecería insular o la de una rara avis, pero no, dado que podríamos asociarla también -esta orientación hacia lo sublime, trascendental y metafísico- con la poesía de José Pancorvo, o con parte de lo producido por Josemári Recalde o por el Grupo Inmanencia. Hacia el final de dicha década casi todas estas diferentes vertientes desbocaron en una poesía más reflexiva, algunos convirtiendo el lenguaje en sujeto poético, otros buscando una nueva ética, y otros, con una nueva mirada, volviendo hacia los grandes temas.

Airado verbo se divide en tres estancias. En “Multitudinario espejo de sombras” aun el poeta puede cantar la caída, entre ruinas, poco queda en pie en este mundo apocalíptico que sigue desmoronándose, de “despedazados dioses”: “Bosque humano de ausencias/ De brazos que faltan/ De pavoroso borde/ De raudas horas/ Que caen”. Y más adelante, como un Dante ante el Infierno: “He dejado de tener Historia/ Vano inquilino de sueños/ De pesadillas recurrentes/ De nombres cifrados/ De muertes súbitas// Memoria de vasto dolor/ (…) De pérdidas innombrables/ De epitafios en cada lágrima”. El poeta, en medio del airado terror, ha cruzado el umbral y describe el caos que lo rodea: “De ola repentina/ De dolor infatigable/ Del grito desaforado del ojo/ Del quebrado paso de la voz”. Son “fragmentos de Historia”, de su/ nuestra Historia.

En “Airado Verbo” la lumbre poética emerge como un ave fénix, “Poesía es una antorcha/ Enciende palabras”, nos dice el poeta convertido -gracias al anhelo hacia “la mujer que espera”, con ese “precipitado beso”- en el “ileso amante”. La voz poética (profética: “De profecía en los desolados muros”) se dirige ahora hacia un tú, cobra realidad, porque ya no es ausencia el “enardecido verbo”, y porque además “así como para Hegel no todo lo que existe ni mucho menos, es real, por el mero hecho de existir, podemos, a contrario sensu, señalar que no todo lo inexistente es irreal, por el mero hecho de no existir” (J. Sabourín. Mito y realidad en Federico García Lorca). El beso (“el tiempo a dentelladas en un beso/ Ese obsceno ardor al pie del abismo”) es la esperanza “Para acallar a la muerte” “Entre los restos calcinados de la sombra”, en “El breve reino del hombre/ Mientras amantes tiran como chanchos” “Entre olas emputecidas de Tierra y de polvo”. Fragmentos del paraíso esta vez, de una moralidad.

“Galope de Tormentas” es la cercanía y la lejanía con la amada: “De todas las miradas/ De todas las preguntas/ Que estallan y retornan/ Tras tu sombra/ Desbocada, inasible/ Destino hacia la quebrada/ Que mora airada en ti”. Puesto que, como ya se dijo, “la realidad de lo espiritual se manifiesta como una especie de ausencia”. Como el amor, que llena y quita, la poesía desde su esencia, desde la médula, tiene estos vaivenes. El movimiento ondulante, circular, del amor, es el del verbo que ahora ha recobrado -colmado el abismo- su sentido inicial: “tu piel más honda e impenetrable/ Cede ante la grave voz de tus delirios/ Y te extravías en la espesura de infinitos orgasmos/ Avezada flor silvestre/ Irrefrenable efervescencia del instinto/ Colmas abismos/ De deseo y hondura/ De esa humanidad pavorosa/ De grito en llamas/ Ardiendo en mí/ Ola incesante/ En la garganta del desierto/ Bramando sin fin”. He ahí la más preciada revelación de la poesía, la que es capaz de armonizar todo: los opuestos, lo alto y lo bajo, lo bello y lo grotesco, lo fugaz y lo perenne.

Juan Soto ha dado un paso más en su onda pendular entre la materialidad (las pasiones, los instintos, los cauces históricos veladamente tratados, etc.) y lo metafísico (sus indagaciones, digamos, en lo suprasensorial), y su poesía se ha concentrado en los más finos sonidos de su lira.

Portada del Sol, 3 de Agosto de 2008

Fuente: Sol negro editores

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...