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lunes, 25 de septiembre de 2006

Jack Farfán / El Ego de los Poetas


Ellos tienen el orgullo más grande que su miseria, el honor en las estrellas. Se ofuscan como la hojarasca al ímpetu de huestes. Son sensibles a tal grado…“barómetros de la sociedad” –Esta frase está acuñada en algún prólogo a un poeta incendiario–. Tienen la suerte de ser auspiciados en sus sendas noches de bohemia, acto que sucede después de cada evento “culturoso”. A ellos no les interesa trabajar ni ser útiles a la sociedad, o, de alguna manera, ganarse el pan de cada día. Sueñan con ser grandes bajo el influjo de un rayo divino que les dicte su obra maestra. Esperan eternamente el espaldarazo, aunque nunca llegue. Nadie, aparte de ellos mismos, los lee.
Un joven poeta español, con el cual a veces mantengo correspondencia electrónica, manifestaba en uno de sus mensajes: “Sobre la poesía, en España, te decía que no había interés. Para ser plástico en la explicación me bastará decirte que los 'superautores' salen con ediciones que oscilan entre los mil y los dos mil ejemplares. Quiere esto decir que nadie les lee. Si esto ocurre con los grandes, te puedes imaginar con el resto”. Si esto sucede en España, imagínate en el Perú. Conclusión: la poesía es aburrida. Aclaración. La mala poesía es aburrida. Y no juzgamos aquí tal o cual forma de expresión, el fondo o la forma; “la imagen que es a poema” o que “la paleta es a pintor”, certeros postulados del cómo hacer literatura que tenía el che Cortázar.
Para mí la poesía, la buena poesía ES O NO ES; es simple, gusta o no gusta, es desastrosa o es sublime, fea o bonita. Punto. ¿El acto escritural tal vez tenga que ver con la grandeza del genio, tal vez tenga que ver con la educación recibida o con la iluminación que al momento de escribir, de manera milagrosa, reciba el poeta?. No, “El genio es el 1%, el resto es su trabajo”. Proveniente de la inspiración o del ahínco, lo cierto es que la poesía no debe ser repetitiva, panfletaria, comprometida, ni mucho menos; muy por el contrario, debe estar basada en la experimentación, ser un acto libre, puro, fecundo; una diaria invención de formas y modos expresivos basados en la ruptura, como un acto fuera de serie, y, algo muy cierto, “Con buenos sentimientos se hace mala literatura”. André Gide.
Bastaría con “Tirar el saco de ladrillos”, despercudirse de afectaciones, miedos, traumas, recuerdos rencorosos; sólo seguir el hilo de la realidad, dejar fluir el seso, en un acto transparente evocado desde las más sinceras entrañas, un vomitorio de ausencias acabadas.
Ahora bien, siempre me he planteado una pregunta: ¿el ego de los poetas es inversamente proporcional a su calidad poética? Al parecer la respuesta es afirmativa. Sucede que la mayoría de poetas tienen miedo a la incomprensión, ya que dudan de su capacidad creadora. Algunos tiemblan en los recitales, otros simplemente los rehuyen; y la gran mayoría se pavonea mostrando su gran cola de pavo real, repartiendo a diestra y siniestra panfletuchos en caligrafía palmer. Qué más les queda, ¿es todo lo que pueden ofrecer, “putas de la historia”?

En el Perú no existe gran diferencia en libros vendidos, entre un poeta que recién se inicia y uno ya establecido; la diferencia es mínima, como decía Ricardo Sumalavia en uno de sus talleres de narrativa ofrecidos: “la diferencia son 100 ejemplares” y creo que no exageró. En el Perú un poeta joven publica para un manojo de amigos y familiares y la cifra no aumenta con el correr de los años y el establecimiento de la “fama literaria”, que tal vez nunca llega y todos sabemos por qué.

Daría la impresión de que la poesía es un hobbie –al menos en mi país– , daría la impresión de que el ególatra poeta no valora su trabajo más que su ego; esto nos confirma en dónde está su autoestima, de ahí su gran ego.

Mientras más ego, evidenciamos menos talento en los poetas. Esto tiene que ver con su baja autoestima guión mala calidad poética.

La poesía debe ser fácil al oído, musical, de una sensualidad avasalladora; o bien, testaruda, parca y directa; aunque a veces el lector busca retos intelectuales refugiándose en poemas herméticos; otras, meditando sobre la existencia, o mejor aun, solazándose en la quietud de un haiku, iluminado “en esta paz de una sola línea”.

Al final, la voz de la verdad se hace escuchar y esta gran mentira que es la poesía, ciertamente es más real que la vida, que los egos de los que la gestan, que los destinos proscritos a cargar una cruz enchapada con vidrios.

Cielo e infierno en un solo lugar. Aquí ríes, aquí lloras. La vida transcurre mientras dejamos pasar el tiempo, –creo que escuché eso en algún lado–. Vayamos al encuentro del genio en su obra, no en sus actos cotidianos, ni en sus defectos; ni en su ego, signo inequívoco de pequeñez mental. “El mejor camino a la santidad es la corrupción”. Ser demonios para escribir como ángeles, arrastrar culpas no es lo prudente. Déjalas caer, deja caer las culpas, sólo “las niñas son de sus miedos”; los miedos, los miedos, tu arma es el ego. Que afloren las obsesiones, sigamos “con el diablo por dentro”, magros poetas. Vira en aquella platea desconocida. Abre la tapa del mundo. Un río furioso transcurre detrás de la memoria.


© Jack Farfán Cedrón, 2006

4 comentarios:

sol negro dijo...

De acuerdo el ego es la falsa moral de algunos escritores. Pero conozco seres inflados de ego que son muy buenos poetas, pero hay de los otros -los más- que ni son buenos poetas ni tendrían porque tener un ego inflado y ni siquiera son verdaderos hombres, ante ellos: mi total repudio... No doy nombres por cierto por respeto a mis ojos.

Jack Farfán Cedrón dijo...

Gracias por postear mi artículo Paul. Bueno, creo que el trabajo constante nos hace olvidar esa "mala sangre" y desprendernos del ego, que para algunos es un estilo de vida que va con su merecido y buen trabajo, pero, ciertamente, hay otros que lo que les sobra en ego les falta en calidad poética, a esos, por favor "bajen su ego" que siempre hay un roto para un descocido, y no olviden esta frase de Eduardo Chirinos: "Más vale un poeta oscuro que cien héroes muertos". No lo olviden.

baudelaire3 dijo...

Estimado Guillén: me llamo Cristián Gómez, poeta chileno para más referencias, amigo de la Rocío C., de Germán Carrasco (cuando no anda con la regla) y, en fin, de otras gentes que probablemente conozcas. Leo ahora el artículo de Farfán y quería pedirte permiso para linkaerlo a mi propio blog. Hoy en día se acostumbra más llegar y copiar, pero bueno, soy de vieja escuela y fina estampa. Atte., CGO

sol negro dijo...

Hola Cristian Gomez claro puedes reproducir con total libertad cualquier post de mi blog, es grato saber de ti creo que tu escribiste el articulo “Literatura y Nación: La pregunta peruana”. En: CyberHumanitas, número 23. Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, invierno 2002. El cual revise para mi tesis. Desde ya te invito a colaborar con este Sol negro.