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jueves, 4 de octubre de 2007

El huayco que te ha de llevar de Edgar Norabuena y Las almas también penan por amor de Eber Zorrilla por Javier Morales Mena

El huayco que te ha de llevar, de Edgar Norabuena Figueroa (Huarás, 1978), se compone de ocho cuentos: "El huayco que te ha de llevar", "Virgencita de la Puerta", "El negro puma de la noche", "Maldito puma", "La última verdad", "Tayta Mayo Shaqsha", "Las tretas del diablo" y "Toro moreno y Tumbacerro". De estos ocho relatos me interesa específicamente la figuración del "huayco", es decir, ¿cuál es el sentido de la metáfora "huayco"?, ¿cómo se relaciona con la estructura general del texto?, ¿qué es El huayco que te ha de llevar?

Sostengo que el título del texto no es casual ni mucho menos inocente. Percibo que su elección obedece a una decisión estructural. No sólo por lo que aquel paratexto pueda dar a entender, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, huaico proviene del quechua wayq'u que significa "Masa enorme de lodo y peñas que las lluvias torrenciales desprenden de las alturas de los Andes y que al caer en los ríos ocasionan su desbordamiento", en otras palabras, la significación del título o paratexto sugiere comprender el texto como: relatos donde los acontecimientos de la historia suceden en un ambiente rural, relatos que tienen como protagonistas a personajes que luchan o comulgan con la naturaleza andina, o libro de relatos en que la dicción de sus personajes transmite un tipo de saber catalogado como "racionalidad andina"; antes o después de estas inferencias que ciertamente explican la pertinencia estructural del título, así como conducen a establecer una filiación necesaria con la proteica tradición literaria de la narrativa andina; pienso que la metáfora del huayco, si bien es cierto destaca lo comentado, también oculta algo ¿Qué es aquello que vela esta metafórica?

De la referencia semántica a propósito de la palabra “huayco” resalto los siguientes atributos: el desplazamiento ("desprender", "caer") y la interrupción ("desbordar"). En el cuento que da título al libro, uno de los personajes dice lo siguiente a propósito de huayco: "Como castigo de Dios el huayco cada marzo arrasa con el valle, trae muerte para dejar vida, trae lodo para abonar la sementera, se lleva a los que ya se olvidaron de los apus, se lleva la semilla podrida para que germine la semilla que siempre debió florecer". Notemos que en esta cita textual el huayco tiene una función casi purificadora: se despacha en una vorágine de lodo y piedras a quienes olvidaron su dimensión religiosa, fertiliza la sementera, limpia la semilla podrida y trae el germen de vida. No obstante, tanto en la primera como en la segunda alusión textual se condensan dos particularidades: el desplazamiento y la interrupción: o del cause del río al desbordarlo o de la vida de quienes olvidaron a los apus. El huayco llega, entonces, como devenir que excede e interrumpe un trayecto normal.

En tal sentido, lo que oculta la metáfora huayco es la figuración de la práctica escritural que se comprende también como desplazamiento e interrupción. La escritura deviene constantemente. Ella es firme movimiento que propicia cambios o mantiene continuidades. De esta manera entiendo que huayco es el desplazamiento no de un fenómeno exclusivamente geográfico o pluvial; se posiciona más bien en el fundamento mismo de la práctica escritural: huayco es metáfora de irrupción de una escritura que anuncia no tiempos de sequía ni plagas, sino más bien, tiempos fértiles para la literatura ancashina. Por lo pronto, este huayco ha irrumpido seriamente en el cause de la narrativa local, sigamos su curso y esperemos que su indomable fuerza y tronante vitalidad logren alterar, dinamizar y enriquecer las aguas de nuestra tradición literaria.
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Sospecho que el libro de cuentos Las almas también penan por amor, del joven narrador Eber Zorrilla Lizardo (Huari, 1982), encierra una metáfora cultural que trata de responder aquella interrogante históricamente inquietante: ¿qué une el mundo de los vivos y el mundo de los muertos? La mayor parte de relatos que tiene como tópico el amor figura que ambos universos están encadenados por el sufrimiento. Los personajes que vemos aparecer física y espectralmente son seres que sucumben por amor. Lo que ocurre entonces es un borramiento de márgenes: vivos y muertos ascienden y se precipitan por la misma pena. Sin embargo, la lección que nos transmite la historia de cada cuento no se reduce sólo a este aspecto evidente, por el contrario, lo anterior abre un pliegue de cuestiones: ¿cómo habla un sujeto o alma enamorada?, ¿por qué hablan todavía los muertos? y ¿quién podrá sobrevivir o sobremorir el amor? Preguntas que configuran, a su vez, la factura de cada cuento: historias hechas para no agotarse en una primera lectura.

Eber Zorrilla entrega su libro, Las almas también penan por amor, para levantar la condena contemporánea que arrincona al ciudadano de todas las patrias a interactuar sólo con frías máquinas. El alma del libro nos invita a cultivar la esperanza de encuentros mucho más cálidos. Para quien emprenda el trabajo de pensar la narrativa huaracina reciente, el libro es referente indispensable.

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