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lunes, 22 de octubre de 2007

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Cuatro décadas de lecturas y relecturas.Diálogo con Julio Ortega, por Javier Morales Mena


Una de las novelas más importantes que la tradición literaria latinoamericana ha legado al orbe cumple cuarenta años: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Los rituales conmemorativos y consagratorios que suscita son diversos. La Escuela de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos organiza el Congreso Internacional: "Los cien años de Macondo (Epopeya de un pueblo latinoamericano)", que se realizará los días 24, 25 y 26 de octubre del presente. A continuación dialogamos con Julio Ortega, prestigioso crítico literario y profesor de Brown University, invitado a disertar sobre Cien años de soledad.
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JM. Comencemos por una pregunta un tanto ingenua: ¿Cómo evalúa usted la importancia de la novela Cien años de soledad en la época contemporánea?

JO. Es un clásico moderno que nos pregunta, ¿qué es un clásico latinoamericano? Se puede responder: lo es porque en cada lectura no cesa de proveer nueva información. También, es un clásico porque habla a través de nosotros, acerca de nosotros mismos, de la saga de la lectura que nos hace lo que somos. Fuente, así, de renovado saber, de reconocimiento mutuo, y de celebración del fervor de leer como si todo pudiese ser hecho otra vez. Da, además, la medida universal de lo que la novela es capaz de hacer, en este o cualquier otro idioma, pero sobre todo en el nuestro.

JM. Se cumple cuarenta años desde la publicación de esta especie de archivo cultural latinoamericano Cien años de soledad. Son cuatro décadas de lecturas y relecturas, de descomunales éxitos editoriales y desterritorializaciones traductoras ¿Cómo clasificaría usted la crítica literaria que se ha ocupado de explicar el sentido de la novela?

JO. Es una crítica literaria cervantina, es decir, novelesca. Y no es extraño que sea así porque esta novela es una ficcionalización también de la lectura. Se trata, por eso, de una metalectura, cuyo origen es borgiano y cuya estirpe es cervantina. En un principio fue la lectura como asombro, característica de los orígenes, de la abundancia y el mito; se enfatizó por ello lo fantástico, el realismo mágico, ese humor hiperbólico de la aventura constitutiva de lo latinoamericano. Pero luego se impuso una lectura política, porque la novela también es una crítica de la violencia fratricida y la expoliación colonial. La visión pesimista de la historia produce, sin embargo, una opción aleccionadora de lo político. Más tarde se ensayó una lectura cultural popular, dada la fecunda visión carnavalesca, el gusto material, el banquete y la risa. Pero luego vino una lectura nostálgica, típica de los años 80, cuando después de la destrucción de las opciones reformistas, empezó a perder terreno el optimismo utópico; se leyó entonces la novela como la celebración de una Utopía perdida, casi como su canto de sirena. Más cerca del fin de siglo, hubo lecturas más formales y analíticas, animadas por la teoría cultural y el psicoanálisis. Cada generación de lectores ha producido su propia novela.

JM. Uno de los tópicos recurrentes que seduce el discurso crítico latinoamericano tiene que ver con la explicación de los laberintos de la "identidad latinoamericana" o la "identidad del sujeto latinoamericano", en la historia de Cien años de soledad la narración de aquel tópico contribuye a repensar las inferencias que la crítica literaria tiene a propósito del tema?

JO. Sin duda, porque al igual que otras novelas del "boom" latinoamericano, ésta nos propone rescribir la identidad más allá tanto de su versión esencialista y regional como de su versión traumática y autoderogativa. Aquí se trata de una identidad que se transforma históricamente, desde las formas del relato popular, a favor de la vitalidad mundana y gozosa de la cultura popular, y en contra de la agonía de la identidad como carencia. Hay un exceso de identidad latinoamericana en esta novela, pero está lejos del primitivismo o del pintoresquismo, ya que se trata de una identidad fundada en la pertenencia pero también en la diferencia. En la obra de GGM es fundamental el papel de la interpretación, porque de cada hecho hay varias lecturas, y aunque se impone la más autorizada, no siempre se trata de la verdadera. Porque la verdad está en disputa y la novela la pone en duda.

JM. ¿Qué desafío le plantea Cien años de soledad a la crítica literaria latinoamericana?

JO. Lo más difícil es encontrar las articulaciones entre lo local y lo universal, que fluyen, se suceden y se traman en el relato. Nos faltan estudios capaces de darle su valor universal a la experiencia local y que a la vez demuestren como el mundo se traduce, vuelto a fundar. Hay un sistema literario donde esta novela se inscribe, y es éste del intercambio entre signos y valores transformados en su tránsito latinoamericano.

JM. ¿Qué aspectos de la novela cree usted que la crítica literaria ha olvidado u omitido explicitar?

JO. Se han hecho todas las calas posibles pero en una generación más se la volverá a interpretar como si nada o poco se hubiese escrito. Es lo que ocurre ahora mismo con Borges. Es imposible revisar toda la bibliografía borgiana sobre el tema que uno indaga. Por lo tanto, no queda sino asumir lo básico o necesario, y escribir a cuenta y riesgo.Por otra parte, también hoy sabemos que es mejor escribir sobre lo ya escrito, para proponer otra versión de los hechos. Porque si nada se ha dicho sobre un tema será por algo.

JM. Para terminar, ¿Cuál cree usted que es el legado o el por-venir de Cien años de soledad, tanto para quienes la leen desde otra geografía como para quienes la leemos desde el hervor de nuestra región?

JO. Inevitablemente, el porvenir está hecho de una serie de nuevas versiones de esta novela. Es decir, cada generación o promoción la leerá a su modo, forjando en el acto de leer otra novela. Por eso es un clásico. Después de todo, es una novela sobre la que no cabe dudas: desde su primera página nos anima el fervor de leer y sabemos que entramos a un mundo que, siendo nuestro, nos es del todo nuevo. Ese asombro de su fuerza creativa sigue despertando a los jóvenes que la leen en cualquier idioma. En mi curso sobre las novelas de GGM siempre empiezo preguntando a la clase quiénes no han leído aun Cien años de soledad. Siempre hay un grupo minoritario que no lo ha hecho. Que suerte tienen Uds., les digo, no saben lo que les espera. Pero sí lo saben.

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