lunes, 13 de agosto de 2007

Poesía de Pedro Granados: LA SOLITARIA BÚSQUEDA DE LAS DEFINICIONES por José Luis Falconí*

Paolo de Lima, Pedro Granados, Rocío Silva Santisteban, Eduardo Chirinos, Rafael Dávila-Franco, Rodolfo Hinostroza y Alonso Rabí do Carmo en un recital en Harvard University


Para la mayoría de los acusiosos antologadores e historiadores de la poesía peruana – quienes se dedican, cada cierto tiempo, a recopilar y publicar el canon definitivo de la rica tradición literaria del Perú –, la poesía de Pedro Granados (Lima, 1955) ha sido un enigma que hasta ahora no han podido descifrar. Quizá sea ese el motivo por el cual la muestras de la obra de este poeta limeño se encuentra recogida en muy pocas de las antologías que detentan el sospechoso título de "oficiales" en el Perú y es, de entre sus contemporáneos, uno de los poetas menos conocidos dentro del circuito literario de Lima. A decir verdad, y a pesar de correr el riesgo de caer en el cliché, pareciera que Granados es más conocido fuera que dentro de su propia patria.

Y es que en Granados, los parámetros que siempre se han utilizado para categorizar en el Perú a nuevos poetas no se mantienen: no pertenece a una generación poética, su poesía no puede ser considerada ni pura ni social, ni tampoco responde totalmente a la corriente conversacionalista o a la académica, etc. Si hay algo que distingue a la trayectoria literaria de Granados es su consistente camino individual: luego de cinco libros publicados aún se mantiene exento de la muletilla del "generacionalismo", o de la identificación con algún "grupo" o con alguna definición facilista del ejercicio poético. Y esto, sin duda, no ha sido el camino típico recorrido por la mayoría de los poetas peruanos salvo, claro, muy honrosas excepciones.

Es precisamente de entre esas honrosas excepciones de individualidad total dentro de la poesía peruana que debemos hurgar para encontrar a quien es, a mi entender, el poeta más cercano a Granados, Luis Hernández – cuya obra también sufrió y recién comenzó a ser reconocida luego de quince años de su muerte.

La poesía de Granados se acerca a la de Hernández no sólo en el aspecto formal (el verso corto, la extensión de los poemas que casi nunca exceden los 35 versos) sino más bien por su origen: en ambos, lo que los une es una conciencia clarísima de la diferencia entre el poeta (la voz poética) y su alrededor; ésta es una poética del contraste.

Si bien toda poesía está construida en base a una diferencia (la voz poética nace siempre del contraste con la generalidad), lo especial en Granados, como en Hernández, es que la poesía no es documento sino testimonio de la (dolorosa) toma de conciencia de sí misma. Por ello, lo que tenemos en este volumen es una poesía nacida de la aceptación del vacío, de la distancia que separa a la voz poética de su alrededor, de su contexto; es una poesía que ha sido forjada de la constatación de la anomalía inherente a la voz poética.

Soy una 'minoría' en los Estados Unidos, mas también, por ejemplo, en el Perú y en España. Entre homosexuales, heterosexuales, velludos, lampiños, y entre los otros poetas. Los acercamientos científicos, metafísicos, sentimentales, cibernéticos, utópicos, ninguno de ellos satisface a nuestro distraído corazón: viscosa rana de estanque ciega y cantarina (En: Desde el más allá).

Es por ello sintomático que la preocupación central de la última poesía de Granados gire en torno a ella misma: ahondar, hurgar en la poesía misma significa aquí no sólo cumplir con un requisito retórico y formal (la infaltable Ars Poética) sino, algo mucho más crucial: tratar de esclarecer la condición del yo poético (¿por qué y cómo hace que el yo poético se distancie de los demás?). Como podemos observar, casi todos los poemas de "Desde el más allá" contienen una reflexión en torno a la poesía misma en donde el leiv motif es la de dar con la aproximación más correcta posible al trabajo poético, a la condición de ejercer la poesía:

Con esa buena basura muchas veces escribimos la poesía
!Tan inteligente ella!
!Tan desconfiada la pobre!
(En: I, El idioma de la sociología)

No has escrito nada.
Otros han escrito por ti.
Reparasen esta verdad, te sientes pillado,
Y sonríes
(En: IV, No has escrito nada)

Ven ustedes, canta Billie; escribo el poema.
¿Simple coincidencia de un día de invierno?
La nieve se arremolina como un puño, el aire,
los recuerdos. !Apártate recuerdo!
La poesía, arte de la distancia,
Del uso de una sola oreja
(En: VIII, Un poco de oscuro como pantalla)

Ramas. Bocas
Una poesía del conocimiento.
De la persistencia.
(En: XII, Ramas. Bocas)

Este día fue de poesía.
Una rosa.
Una ausencia despreocupada
Para siempre de sí misma
(En: XXXI, Este día fue de poesía)

De la misma manera, esta búsqueda por el esclarecimiento, por la definición más precisa de la condición del poeta no sólo es un motivo dentro de estos poemas, sino que también se convierte en un principio formal dentro de la poesía de Granados. Este principio se puede apreciar, sobretodo, en la constante repetición de los motivos, donde cada una de las repeticiones busca refinar o rectificar (precisando o complementando) lo ya expresado el verso anterior:

No hemos aprendido nada aun.
No hemos conocido nada.
No hemos amado casi nada.
(En: XXI, La boca)

Hemos estado literalmente
Desnudos bajo la lluvia.
Sin ideas.
Sin proyectos.
Sin reales preocupaciones.
(En: II, La lluvia)

Con una gran masa negra
Perceptible
Inteligible
Amenazante.
(En: XII, Ramas. Bocas)

Un ángulo cualquiera.
Una intersección de líneas.
Un punto. Cualquiera.
(En: XIII, Como siempre)

Momento espectacular.
Fantástico momento.
Una exaltación hasta el forro.
Un eco hasta el muro de adentro.
(En: XXXVII, Es muy duro hacer poesía)

Así, lo que tenemos delante de nosotros es una poesía de búsqueda, una poesía que partiendo de su reconocimiento, busca definirse, conocer sus límites, recorriéndose a sí misma, examinando sus capacidades. Será el poema XXX (Una mano busca) donde se puede apreciar la más clara definición de la poesía para Granados. En él, la imagen de la mano sobre la mata que sujeta a la vida sirve como metáfora de la poesía misma, de lo central de ésta ("Una mano que delimita el paso hacia la ponderada adultez y la muerte") en la vida del poeta, pues delimita, abre, un tiempo y un espacio que aún no han sido recorridos por el poeta. Por eso mismo, aquí no resultan gratuitas las referencias continuas a las distintas ciudades donde el poeta vivió, que recorrió en los últimos años. Madrid, Santo Domingo, Manaos, Boston, Lima aparecen como distintas estaciones de aprendizaje, donde el poeta recaló en la búsqueda (fallida) del anhelado mimetismo con la muchedumbre y que ahora, quedan como muestras del trazo que dejó detrás, de la ruta de su recorrido. Por ello, pues, este volumen de poesía me parece que debe ser leído como la aceptación por parte del poeta de que su lugar no está en ninguna ciudad en particular, sino en el recorrido mismo, en el ejercicio constante de las definiciones. Hoy en día, en que la vida de mucha gente está signada por la solitaria transhumancia, por el desplazamiento continuo de una ciudad a otra, de un país a otro –una experiencia de vida que urgía de una poética desde hace ya buen tiempo–, este volumen de poesía aparece para recordarnos que el horizonte para algunos ya es la errancia misma. La poesía de Pedro Granados ha sido la primera, entre nosotros, en abordar el tema con la altura, el valor y el desasosiego que da la madurez.

*José Luis Falconí (Lima, 1973). Publicó a inicios de los noventa en la PUCP la revista de poesía Vanaguardia. Estudió Letras en la Universidad Católica hasta 1995 cuando emigró a los Estados Unidos. Desde el año 2000 desempeña el cargo de Curador de Arte Latinoamericano del Centro David Rockefeller de la Universidad de Harvard. En la misma casa de estudios prepara su doctorado de Literaturas Románicas. Recientemente apareció su primer poemario, INDICIOS DEL NAUFRAGIO (Lima: Álbum del Universo Bakterial, 2007).

LUIS BRAVO: La ´puesta oral´ de la poesía: la antigüedad multimedia


En sus orígenes la poesía ha sido oral y su acervo ha sido determinante para establecer el grado de desarrollo de las lenguas, precediendo incluso a la escritura. Su manifestación ha estado vinculada a prácticas rituales, a celebraciones colectivas, a hechos históricos, al mito y a la leyenda, a las profecías y a los oráculos, de ahí su estirpe “mágica”. Los epos y los melos de la antigüedad griega, el Mhabharata y el Ramayana de la India, las sagas escandinavas, así como los romances y cantares de gesta en lenguas romances, tienen un buen caudal de estos atributos y son una de las canteras desde donde la poesía ha ido secularizándose a lo largo de la historia hasta constituirse en una práctica artística individual, según la evolución de cada cultura. En las Américas, Asia y África aún son muchas las culturas ágrafas que mantienen su identidad cultural mediante textos orales. Es allí cuando el término “literatura” empieza a quedar pequeño, pues restringe su espectro a la littera (escritura). Para algunos esta frontera es insalvable pues no se sabe bien dónde ubicar a estos fenómenos, si en la esfera de lo místico-religioso, en lo folklórico, o como suele ocurrir, en una zona marginal de la producción literaria.

En 1960 The Singer of Tales1 de Albert B. Lord –quien igual que Milman Perry se aprestó a considerar los modelos y funciones que la poesía oral y la escrita habían seguido desde la antigüedad– incluía en su prólogo el siguiente diagnóstico de Harry Levin: “El término ‘literatura', al presuponer el empleo de la letra, da por entendido que las obras verbales de imaginación se transmiten por medio de la escritura y la lectura. Así la expresión ‘literatura oral' es evidentemente contradictoria (...) La palabra, hablada o cantada, junto a la imagen visual del locutor o cantor, ha venido recuperando, sin embargo, su dominio gracias a la ingeniería eléctrica. Una cultura basada en el libro impreso, que ha prevalecido desde el Renacimiento hasta hace poco, nos ha legado –a más de inconmensurables riquezas– esnobismos que deberíamos dejar de lado.” Cuando Marshall McLuhan cita estas palabras en La galaxia Gutenberg,2 lo hace para subrayar que los estudios sobre “la divergente naturaleza de las organizaciones sociales de lo oral y de lo escrito”, era una deuda que acaso no había podido aggiornarse hasta que estas dos formas de soporte de la palabra artística volvieran a coexistir en conflicto, como ocurre actualmente.

Veamos un par de ejemplos en los que el pasaje de la poesía oral al alfabeto fonético trajo aparejados cambios que implicaron –y que aún implican– pérdidas considerables, a más de otras ganancias.

La antigüedad multimedial

"El mundo existe para acabar en un libro" dice el simbolista Stéphane Mallarmé, a finales del Siglo XIX. Esa afirmación hubiera provocado la ira de Simónides, bardo griego nacido en Keos en el 556 a.c., para quien su oficio consistía en componer cantos para ser recitados ante una audiencia (The praise singer, de Mary Renault).3 En el archivo de su memoria, el bardo portaba los epos de Homero, los poemas líricos de Safo, de Arquíloco y de otros que le precedieron. No concebía que ese legado, esencial a su arte de componer y de vocalizar textos, se transmitiera de otra forma que no fuera la de la tradición oral. Pero durante la tiranía de Pisístrato, la escritura ya había ganado terreno como soporte poético y, un “mal día”, Simónides encuentra a Baquílides, su discípulo, escribiendo sobre cera. Lo acusa de "traición a la musa" y trágicamente vaticina la "desaparición de la poesía". En la fijación escrita algo sagrado se perdía. Para Baquílides, sin embargo, la escritura era un soporte donde visualizar aquello que antes era más abstracto, más "virtual", pura memoria del canto.

En Teorías de la lírica4 Gustavo Guerrero rastrea en la obra de Platón lo que éste entendía por "melos". En el Libro III de La República, en boca del personaje de Sócrates, aparece la clasificación de los modos enunciativos de la Edad Lírica. Allí se dice que el "melos" está formado por tres elementos: la palabra (logos), la armonía (àrmonia) de la música, y el ritmo (ruthmos) de la danza. Si bien los dos últimos debían someterse al dictado del logos, se subraya que la composición no se realizaba en plenitud sino en la conjunción de los tres aspectos simultáneos. Guerrero plantea que los "melos", siempre destinados a la representación, eran "una poesía de y para la voz". Incluso en el Ion de Platón se dice que cuando era el propio poeta quien asumía la voz durante la representación se le adjudicaba el nombre de "melopoios", que significa el "inspirado por los dioses". Por tanto, difícilmente el lector actual tiene en cuenta que cuando lee los “textos” de Estesícoro, Píndaro, Safo, Anacreonte, sólo está ante un testimonio parcial de lo que fue la dimensión multimedial de tales composiciones.

Acerquémonos a un fenómeno similar que atañe a los guaraníes mbyá del Paraguay. Esta cultura mantuvo en secreto su literatura ancestral hasta que le fue revelada, en 1950, al antropólogo León Cadogan, que se había ganado su confianza. Ese corpus se denomina ñe´ ë porä tenonde, y se traduce como “las bellas letras”.

Para el crítico Uruguay Cortazzo (Indios y Latinos),5 la mejor acepción sería “las adornadas palabras”, pues se alude al adorno de plumas que llevan en la cabeza los mbyá, quienes se autodenominan “los primeros hombres adornados”. La “palabra adornada” es la palabra “bella” pero no con el valor estético que los occidentales suelen aplicarle sino como sinónimo de “sagrada”, como vínculo entre los dioses y los hombres. En la concepción guaraní las palabras son almas (né ëng) que encarnan en los oficiantes del rito, asimilando la energía del ser supremo, llamado Ñamandú. Según Cortazzo allí “las palabras no pueden ser ya categorizadas como signos: son la propia sustancia sagrada que se manifiesta como sonido. Es una presencia viva que a su vez vivifica al que canta y al que escucha. (...) Las palabras no representan sino que se presentan y desencadenan la energía sagrada, la de los dioses o la de los ancestros”.

Desde esos ejemplos tenemos algunas reflexiones que hacer. La escritura implica en estos casos una doble pérdida: la de la estructura multimedial y/o interdisciplinaria de la representación poética, así como un alejamiento cada vez mayor del valor sagrado de la palabra. Ante estos hechos la inmensa mayoría de la crítica literaria, la que parte de un paradigma exclusivamente escritural, no sólo ha sido insuficiente sino que ha sido omisa para asimilar estos fenómenos, tanto en las manifestaciones autóctonas (también llamadas “primitivas”) como en las manifestaciones “vanguardistas”, dos polos que parecen tener varias zonas análogas. Dicha crítica tiende a marginalizar estas “literaturas orales” y/o “fonéticas” que no se avienen al código de referencia que la escritura ha delimitado. Hablo de un sistema crítico-literario que incluso en las culturas latinoamericanas aún no ha incorporado satisfactoriamente las manifestaciones de los pueblos indígenas, sean éstas orales o escritas, como parte de su “literatura”.

Hoy, en que la era cibernética viene produciendo cambios conflictivos en los modos de transmisión de la palabra y de la cultura toda, hay quienes se rasgan las vestiduras porque la “virtualidad” de las pantallas telemáticas desplaza al objeto libro como soporte y crea un nuevo tipo de lector multimediático. Sin embargo, esto nos debe hacer reflexionar acerca de cómo los cambios planteados por la escritura, establecieron de por sí pérdidas relevantes en la operativa comunicacional de lo poético, transformando en algo “virtual” y “parcial” fenómenos mucho más complejos en los que “la palabra perfomativizada” actuaba con otras estructuras y con otros significados que los que la letra impresa transmite. Lo positivo, y no puede negarse, es que mediante la fijación escrita, por lo menos algo de esos textos, ha sobrevivido al tiempo. Lo curioso es que muchos de ellos, incluso los cosmogónicos y religiosos (pensemos en La Biblia, sin ir más lejos) han pasado a formar parte del imaginario occidental como referentes universales. Claro que si lo vemos desde el punto de vista de las prácticas civilizatorias autoritarias ese ya fue un fenómeno de “globalización” que la imprenta propició y que luego, dogmas e imperios mediante, espada y crucifijo en mano, éstos implantaron a sangre y fuego, siendo las civilizaciones amerindias las más afectadas hasta el presente. Más que “esnobismo”, como señalara la cita de Levin, ha sido un juicio de discriminación civilizatoria, de falsa apariencia universalista, lo que ha llevado a la subestimación y a la marginalidad a las culturas orales de tantos pueblos y culturas a lo largo de la historia. Sirva como ejemplo cercano el hecho de aún hoy muchos países de Latinoamérica no admiten oficialmente el valor de las lenguas indígenas o autóctonas (con sus mitos, leyendas, narraciones y poemas) por no tener éstas una escritura que las haga aceptables al canon escritural. Si la “desestructuración” es, tal como la entiendo, la descomposición de una estructura o sistema dado en el que se provoca una ruptura abisal, y donde por su efecto se deshecha a los elementos de la misma que no se adapten al nuevo orden impuesto, entonces esa es la historia misma de los pueblos nativos en América Latina. Tan brutal fue esa desestructuración que incluso cuando llamamos a estos pueblos “indígenas” o “civilizaciones precolombinas”, estamos utilizando una designación que los desvirtúa en su propio origen. Recién hoy, sobre todo gracias a la organización de las naciones indígenas, estamos asistiendo no a una “revalorización” de esas culturas y sus manifestaciones literarias –lo que supondría aún una perspectiva etnocéntrica– sino a una visibilidad y a una emergencia real de dichas culturas por sí mismas. Estoy entre quienes piensan que la diversidad lingüística y literaria de nuestro continente es una deuda aún por zanjar. Hay muchos indicios de que en este siglo xxi se producirá la revisión de los paradigmas civilizatorios hasta ahora considerados universales –fundados, sin embargo, en base al canon escritural y al centralismo lingüístico de la lengua española en nuestro caso–. Las palabras claves ahora serán “diversidad”, “multilingüismo” y no, como hace algunos años, “transculturación”, pues en ésta esas culturas aparecían mixturadas. De lo que se trata es de que éstas emerjan con la nitidez de sus propios imaginarios culturales y de que en un proceso dialéctico de apertura puedan alojarse tal y como son, en un concierto macrosocial en verdad multiétnico.

Mutaciones de la poesía

Si la poesía ha sido siempre una manifestación oscilante entre el universo de lo oral y de lo escrito, partamos de la premisa de que ambas vías son válidas y de que no necesariamente se excluyen. Esta alternancia, y hasta su hibridación, es lo que en la era electrónica se ha vuelto cada vez más frecuente. Las prácticas de hibridación y de interdisciplinariedad no recomenzaron con la era electrónica sino con las vanguardias de inicios del siglo XX. Según McLuhan la escritura desplazó un modo de civilización predominantemente oral, y fomentó paulatinamente la preponderancia del sentido visual, afectando incluso las concepciones del tiempo y del espacio hasta hacerlos lineales. "El pensamiento abandonó su lado mágico para hacerse lógico, discursivo y así el argumento predominó sobre la metáfora." La metáfora, la interpenetración de disciplinas artísticas, la incorporación de lo tecnológico, así como la internacionalización de sus productos, fueron característicos de las vanguardias. Así los cubistas, con Guillaume Apollinaire a la cabeza, los futuristas italianos y rusos, los más radicales dadaístas, así como el Creacionismo huidobriano, experimentaron una poesía que integró lo gráfico, lo sonoro, lo visual y la gestualidad declamatoria, provocando un quiebre que desafió al canon de “las bellas artes”, y como consecuencia afectó a la concepción mercantil, siempre disfrazada de moralina, de la burguesía: ¿cómo podían "comercializarse" esas acciones poéticas absurdas e inasibles? Obras como Canto nocturno a los peces y El gran Lalula , de Christian Morgensten, en 1905, fueron pioneras de la poesía concreta y visual . Los encantatorios poemas sonoros de Hugo Ball apuntaban a señalar la crisis de la comunicabilidad de los "significados" de la poesía textualista, algo que Kurt Schwitters desarrolló con especial conciencia en su Urs sonate. A su vez el Futurismo radicalizó la noción simbolista de la sinestesia (dirigirse desde un sentido perceptivo a otros sentidos para así establecer un "viaje" asociativo), proponiendo la idea del simultaneísmo , que consiste en proponer, desde la propia estructura y soporte de la obra, la integración simultánea de diversas motivaciones perceptivas, integrando diferentes lenguajes artísticos a un mismo objeto poético. Estas aperturas han atravesado el siglo XX incidiendo en autores tan relevantes como John Cage, quien con los “Mesósticos” transforma el uso de la forma gráfica de las letras en partitura para la recitación fonética.

En este sentido bien puede decirse que las vanguardias zanjaron la brecha existente entre lo oral y lo escrito, trasvasando códigos de un lado a otro del espectro expresivo, generando nuevos abordajes y autonomías en los lenguajes artísticos.

La poesía hoy: la voz viva y el ciberspacio

La revolución tecnológica de posguerra, abonada por los avances de la carrera espacial de la Guerra Fría, aceleró sus cambios a partir de la década de 1980. Surgieron allí el video, la t.v. color y las primeras computadoras. La informática se expandió mundialmente y a mediados de los noventa la multimedia y el internet comenzaron a planetizarse, con clara ventaja en Occidente. Desde los medios de comunicación y de reproducción se fueron reabsorbiendo muchas de las técnicas antes revulsivas de los vanguardistas. Así la publicidad, el diseño gráfico, la industria del cine, la producción televisiva, masificaron mediante la gran escalada doméstica de los soportes electrónicos (t.v., video, cdláser, cdrom, sitios web, t.v. cable, dvd) muchos de los recursos antes circunscriptos a los desestructuradores del lenguaje artístico tradicional. Lo que viene sucediendo ahora es que aquella densidad experimental y subversión de los ismos se ha disuelto en la repetición saturadora de la mediatización masiva, que lightifica y banaliza en tanto, como lo plantea Mc Luhan, “los medios son el mensaje”. Las políticas de los grandes trust editoriales también han logrado, finalmente, banalizar la literatura, mientras que el objeto libro –el más prestigioso soporte cultural y vehículo de trascendencia del autor desde el Renacimiento– no sólo no es ya el único soporte de la labor artística literaria sino que tiende a ser cada vez menos frecuentado por los consumidores de cultura en relación a los otros medios referidos.

De acuerdo a esta circunstancia es en la poesía donde se han producido los mayores cambios a nivel de la composición, de la difusión y de la recepción de lo literario. En 1994 escribí un artículo con datos y cifras que expresaban cómo la viabilidad comercial de la poesía en el mercado del libro había tocado fondo. Y lo que sucedía entonces no ha dejado de suceder, no sólo en Uruguay sino en todos los mercados de habla hispana, acaso con algunas excepciones en México y en España. El panorama es el siguiente: casi no hay en las grandes editoriales colecciones que le den un espacio específico a la poesía; sus tirajes, cuando se producen, oscilan entre los 300 a 500 ejemplares; en la mayoría de los casos los poetas publican costeándose los gastos, pagando ediciones de autor, bajo la tutoría de un sello. Es decir, el “mercado”, esa nueva censura indirecta de la producción de bienes culturales, no pone a circular libros de poesía; las librerías no los compran, y si los aceptan a consignación no los exponen en sus vitrinas. Como consecuencia, la prensa escrita, cada vez más subordinada al marketing de las editoriales que nutren a sus reseñistas, apenas si da cuenta de su existencia. Hacia mediados de los noventa cuando la venta de libros de poesía ya era sólo “virtual” en la industria editorial latinoamericana, surgió un nuevo fenómeno: los ciclos de lectura y los festivales de poesía. En sitios informales (Cafés, pubs, librerías de viejo, teatros underground) la gente comenzó a acudir semanalmente a escuchar a los poetas. Se produjo entonces la aparición de los Festivales de Poesía, algunos de los cuales se consolidaron en la pasada década. Así el Festival de Poesía de Medellín, acaso la mayor convocatoria poética del mundo, organizado anualmente por la Revista Prometeo, en esa ciudad de Colombia. Iniciado en 1990 como un evento local, en su convocatoria del 2001 participaron 107 poetas. Durante diez días una audiencia estimada en 15.000 personas, escuchó poesía en los más diversos idiomas (con traducción simultánea) pues había poetas de 70 países de todos los continentes. También el Festival de Poesía de Rosario, Argentina, se ha sostenido hasta hoy desde 1993. Hoy, a inicios del nuevo milenio, este tipo de encuentros anuales o bienales, se realizan en Chile, México, Buenos Aires, Montevideo, Ecuador, Brasil, Perú, Paraguay, Cuba, Costa Rica, Nicaragua, San Salvador, para sólo nombrar los del continente latinoamericano. De este fenómeno cabe subrayar algunos aspectos.

1) Que hay una intensa y prolífica actividad poética en Latinoamérica, a su vez comprobada en la diversidad de revistas que se publican.

2) en estos Festivales se ha puesto de manifiesto un aspecto: el reencuentro de la poesía con sus formas de transmisión oral, donde la presencia y la voz viva de los poetas genera y amplía una “audiencia” que por largo tiempo sólo depositó la puesta oral de la palabra poética en los baladistas y cantautores populares.

3) este hecho es la contracara de la marginación del género en el mercado del libro.

4) estos hechos conducen a pensar que las prácticas comunicacionales han variado de soporte, yendo esta vez de lo escrito a lo oral.

5) que las políticas de las mega-editoriales, que se arrogan el poder de decidir qué es lo que se vende según lo que creen habrá de consumirse, se equivocan al considerar que no existe un público para la poesía.

6) que en el acrecentamiento de estas prácticas los poetas se han lanzado a trabajar cada vez más en formatos multimediales (videos, instalaciones, performances que integran música, danza, actuación, etc.).

7) que además de libros se están editando poemarios en cds, en cdrom, en video, en dvd, que cubren como “memorias” estos eventos

8) que cada vez más este tipo de manifestación adquiere autonomía y gesta sus propios encuentros, como sucedió en el 2006 en México en el denominado “ Poesíaenvozalta. 06”, organizado por la Casa del Lago. El evento se presentó subrayando la presencia de “poesía escénica/ poesía con ritmo” y reunió elementos de “poesía indígena contemporánea” junto a “improvisación multimedia, resonancias corporales, spoken word”, convocando a un importante caudal de público joven que no suele acudir a los meras “lecturas” tradicionales de poesía.

Este conjunto de fenómenos, a estudiar y a valorar estéticamente, ya está produciendo entonces cambios en los modos de representación y recepción pero también en las formas expresivas ampliando y/o distorsionando acaso la concepción misma de la poesía en cuanto al “canon moderno de la escritura”, desde una perspectiva de la puesta oral que algunos indican como fenómeno “posmoderno”.

Paralelamente, desde mediados de los 90, cuando comienza a extenderse la comunicación telemática a través de Internet, las revistas de poesía y de literatura han estado cada vez más presentes en el ciberespacio. El género se presta como ningún otro para desplegar en este formato su presencia: lo sonoro y lo visual, su permeabilidad con otros lenguajes, que como vimos le viene de sus orígenes, hace que la poesía adquiera un protagonismo inusitado en la red, aunque el resultado cualitativo no alcance muchas veces un nivel satisfactorio a nivel artístico.

Los lectonautas sinestésicos

A quienes acusan a esta expansión de una democratización libérrima, señalando la existencia de discursos de escaso nivel expresivo, lo que es cierto, hay que recordarles que también la publicación en libro está atiborrada de este tipo de textos. De lo que se trata es de elegir, de saber elegir, y de educar en el gusto estético y en la historicidad del arte a las nuevas generaciones que, sin duda, se formarán cada vez más en este medio. Es evidente, como lo han señalado algunos especialistas de la lectura y la cultura escrita –como Roger Chartier en “Cultura escrita, literatura e historia”–6 que la forma en que se imprimen y se leen los textos incide en la resonancia de su significación. Así el pasaje de los rollos de la antigüedad a un nuevo formato hacia el siglo IV d.c., con los códices, y luego a partir de 1450 a la impresión mecánica de la imprenta, y ahora del libro impreso a la estructura electrónica, lo confirman. En los textos leídos en pantalla no sólo varía la estructura sino que al suprimirse la presencia del objeto impreso el lector está frente a una "representación del texto". Su actitud y modos de recepción son mixtos pues estamos ante un lector-espectador-escucha-operador de textos a su vez polivalentes (lo lingüístico, lo iconográfico, lo sonoro). La multinealidad es la característica esencial del operador cibernético. Éste realiza complejísimas operaciones en pocos segundos, adoptando una serie de estrategias de aproximación simultánea. Se puede optar por lo gráfico, lo escrito, lo sonoro, por las imágenes en movimiento y se puede accionar más de una de estas variantes al mismo tiempo, haciendo de la lectura un espectáculo sinestésico. A la vez los hipertextos y los vínculos o links amplían la deriva de la lectura a grado sumo. Pero hay que señalar que el libro, desde sus orígenes, también se postuló como un objeto multimediático, con sus ilustraciones, sus pictogramas, sus paratextos. El libro impreso más antiguo que se conoce, una traducción china del Sutra del Diamante, un texto budista hecho con bloques de madera en el 868 a.C. , ya tenía en su cubierta una alternancia de ilustraciones y de texto. Así los libros “iluminados”, los bestiarios medioevales, los manuscritos árabes con sus letras capitulares, e incluso antes, en esas estelas de arcilla de los sumerios donde junto al texto aparecen labrados grupos de músicos –que aluden al sonido que acompañaba al recitado–, en todos estos casos puede verificarse que la “fantasía” del libro acaso siempre aspiró a una representación integral de manifestaciones textuales e iconográficas que la tecnología multimedia ha hecho posible. Despreciar este tipo de herramienta es ignorar buena parte de la historia de la literatura y del libro mismo.

Es cierto que muchas veces se provoca una suerte de consulta a ciegas en el gran hipermercado ciber; es cierto que muchos estudiantes se limitan a “bajar” la información creyendo que con esto ya han estudiado, sin siquiera saber quién ha escrito tal o cual artículo ni cuál es la fuente bibliográfica consultada. Pero en nuestros países, donde el descenso del poder adquisitivo es constante y donde la inversión de recursos económicos para la educación pública es cada vez más deficitaria, esta apropiación desterritorializada y fragmentaria de textos ya se venía dando con la llamada cultura de la “fotocopia”, lo que Carlos Monsiváis denominó con humor poético “el grado xerox de la lectura”. Si el ciberespacio es una “gran librería desordenada”, como plantea Umberto Eco, entonces lo que se precisa es darle a los “navegantes” las herramientas para anclar esa gran biblioteca virtual en una historicidad crítica. Dicha transmisión no depende, como es obvio, de las redes telemáticas sino de los sistemas educativos formales, los mismos que durante décadas nada pudieron hacer ante el hiperdescenso de la lectura frente a la televisión. Ese hecho ahora puede empezar a revertirse si se planifica el uso de la ciberlectura y de la ciberescritura que, además, motiva naturalmente a los jóvenes.

No estoy planteando aquí la pedestre contraposición entre el libro tal y como lo conocemos y los formatos electrónicos del texto (sea en la red o en el formato del cdrom) pues es evidente que cada uno tiene lo suyo, que no se desplazan y que seguirán siendo necesariamente complementarios. Simplemente digo que se dé cabida a esta complementariedad que el futuro planteará cada vez con mayor evidencia. La otra afirmación es que en las pantallas telemáticas no se ha desplazado a la palabra escrita sino que por el contrario la misma es omnipresente. Nada tiene que ver, por ejemplo con la "hipnosis pasiva" de un "televidente" ni con cómo la televisión transmite e impone, mediante sus producciones y mediante la publicidad, la adopción de comportamientos de consumo y de cultura uniformizantes. Los cibernautas, lectores y productores de textos, son lectonautas. Establecen un permanente contacto escritural con otros individuos a través del correo electrónico; realizan búsquedas textuales, operan como transcodificadores iconográficos y verbales, y están casi obligados a manejar más de un idioma. Pueden editar textos, resumirlos, enmendarlos, ir a buscar otras fuentes que complementen su información. Ya hoy la batalla por mantener posturas críticas e informadas en base a producciones periodísticas y literarias independientes de los grandes medios de comunicación, pasa por enseñar el buen manejo de los anaqueles ciberespaciales. En su reciente libro “Estética y posmodernidad”7 el investigador colombiano Carlos Fajardo Fajardo plantea este aspecto así: “las generaciones virtuales formarán sus acciones sociales y responsabilidades históricas, distintas, eso sí, a las tradiciones óntico-epistemológicas que han dominado hasta hoy día las concepciones occidentales (....) en esto radica la importancia del trabajo de informáticos críticos, los cuales, durante el siglo XXI, es posible que surjan como necesidad y posibilidad socio-política e histórica”.

La ‘puesta oral' de la poesía: la piedra y el espejo

El presente de la poesía y acaso su futuro se encuentran, entonces en un cruce paradójico de reencuentro con su más antigua tradición oral. Ya sea la presencia del poeta y su voz en vivo ante un auditorio, como en la adopción de soportes multimediáticos, la composición poética ya no es compuesta ni recepcionada exclusivamente para “el lector” en letra de molde. Esto implica que las formas compositivas de la misma comiencen a concienciar la necesidad de una mayor permeabilidad de hibridación entre lo que supone el texto oral y el texto escrito, que implican códigos diferenciados pero no excluyentes.

Las prácticas actuales de la performance poética corren por esta vía de integración interdisciplinaria, en tanto prolongación de la literatura oralizada, y encarnan un factor ritualizante en un contacto directo entre sus ejecutantes y sus destinatarios, en un lugar y un momento preciso cuya enunciación es única e intransferible. Lo perfomativo, en amplio sentido, implica una "puesta" oral en determinada situación preelaborada. Puede contar con la inclusión de otros recursos y disciplinas (iluminación, proyección de imágenes, sonido o música, gestualidad, teatralización, escenografía, coreografía, etc) pero, sea cual sea la opción, el hecho remite a una forma creativa de la verbalidad.

La "puesta oral" de un poema no es sólo el “reflejo” de una dimensión textual previa, pues durante la locución la “inscripción” no es el soporte expresivo del poema. La voz que enuncia puede emanar del texto, pero es sólo uno de los tantos reflejos especulares que puede adoptar. Ese "reflejo" volátil materializa a nivel acústico una serie de elementos formales que es preciso valorar en sí mismos.

“El poema vive a medida que se le está leyendo o se le escucha” dice el poeta uruguayo Fernando Pereda (1899-1992) en la introducción a un l.p. que grabara en 1963, y que fuera durante 30 años su único material édito. Quienes participaron de la grabación cuentan que el poeta trabajó varios meses hasta encontrar la "forma de decir", como a él le sonaban internamente esos textos. Me quiero detener en esa expresión "forma de decir” porque esto supone que el “texto” es sólo una referencia para la elaboración de una "forma" que se modela utilizando herramientas expresivas particulares: la voz, el tono, los ritmos, los silencios, la intensidad. En este sentido lo primero que debe señalarse, al parecer una obviedad tan grande que es pasada por alto, es que en la "puesta oral" hay un trabajo artístico que no puede considerarse menor, aunque sea posterior al proceso de la escritura. De allí que el poeta que intente trabajar en esta salida del texto a la oralidad debería abocarse previamente a una selección consciente de qué textos pueden ser aptos para la puesta oral y cuáles no lo permiten, salvo que le sean administrados algunos cambios específicos. En la puesta oral se dan cita simultáneamente, el poeta-lector (el que escribe y lee lo que escribe) y el receptor-lector (que antes que leer, escucha).

No pretendo hablar aquí de la mera "declamación" del texto, pues no concibo la "oralidad" como búsqueda de un contacto meramente didáctico o "comunicativo" del poema, sino como un acto expresivo de valor estético propio. Tampoco pretendo señalar, como lo hace buena parte de la vanguardia sonora, que sea imprescindible dejar de lado definitivamente la escritura verbal para que el territorio de lo sonoro adquiera el principal protagonismo. Hablo desde una zona intermedia que llamaré "oralidad expresiva", que supone la libertad del creador de partir tanto de un texto previamente escrito (por uno mismo o por otro autor) como de la composición vocal con rasgos de experimentación fonética. Es más, cualquiera sea el punto de partida, esta "puesta oral" también tiene la libertad de servirse de técnicas mixtas (música, sonorización, video, escenografía, acción perfomática) en tanto logre armonizar los diferentes lenguajes con creatividad y eficacia.

La vasta tradición oral de la poesía (el aeda, el rapsoda, el trovador, el poeta-juglar, el poeta-compositor) si bien nunca ha desaparecido, ha pasado a ocupar otros espacios que parecen muchas veces divorciados de la labor del "poeta moderno", entendido éste como aquel que escribe su obra únicamente desde la tradición que ha generado el "homotipográficus". Ese locus, que también tiene un origen tecnológico, debe ser permeabilizado o desfosilizado, si es que el poeta se dispone, creativamente, a recuperar el arte de la "puesta oral". De no ser consciente de este aspecto (y ser consciente aquí puede ser simplemente activar un instinto creativo no modelado por las prácticas habituales y mayormente aceptadas de la escritura), el poeta sólo se quedará en la mera "lectura" ilustrativa del texto. Lo que es totalmente válido, salvo cuando cree que ese mero testimonio puede ser una forma de valor artístico, y entonces lo graba y lo edita en casetes o en compactos que sólo pueden servir como archivo de voces para fines didácticos o documentalistas o lo dice sin ninguna elaboración previa frente a una audiencia que lo recibe como un mero acto social que carece de compromiso artístico.

Se trata de atravesar y de volver permeable la frontera entre los códigos oral y escrito, en virtud de lograr que la presencia del poema, y también la del poeta, no quede como un mero sucedáneo automático del texto, es decir, no quede subordinada a la inscripción, cosa que suele suceder de diversas maneras.

Es un hecho que lo escrito es una forma de cristalización, y en ese sentido es muy común que pueda transformarse en intocable, intachable e incorregible, para el propio poeta. Hay textos que son de la piedra y allí deben quedar. Pero si elijo leerlos sabré que no podré aspirar más que a utilizar la oralidad como mera comunicación vocal de lo gráfico, cosa que es del todo válida, por cierto. Yo no llamo "puesta oral" a esa opción. Sino a aquella que pudiendo partir de un texto, que por sus propias características ya contiene en sí elementos factibles de ser explotados oralmente (por sus valores fonéticos, su ritmo, sus voces internas) sea tranformable en un artefacto poético de emisión oral con sus propios parámetros. Se trata de un trabajo que cada poeta hará como un acto creativo tan propio como el de la escritura misma, y en tal sentido no hay recetas, sino exploraciones en las que involucrarse. Este punto se vuelve cada vez más desafiante para muchos poetas, pues, como hemos visto, los modos comunicacionales a los que se enfrenta el arte de la poesía en la actualidad hace tiempo vienen mixturándose con la lectura en vivo o con soportes audiovisuales, y esto, cada vez más habitual, por lo general carece del mismo grado de exigencia en la puesta oral que pudo haber tenido en la fase escrita.

De hecho los poetas se encuentran cada vez más en la paradójica situación de re/encontrarse, mediante las más nuevas tecnologías, con la más antigua tradición de la poesía: la puesta oral. Hay quienes interpretan este fenómeno como una "regresión", otros como una "obligación" a la que hay que resignarse para seguir en contacto con el público. Pienso que no es ni una cosa ni la otra. No hay una "regresión" sino una histórica ampliación del auditorio que supone un extraordinario marco para la resignificación del valor expresivo de la palabra en una de sus formas esenciales y originarias, la de la voz.

Como le escribiera el español José Bergamín al mencionado poeta Pereda, cuando este le enviara el disco: “oirle en su viva voz” es toda una experiencia. De esa "experiencia" el poeta mismo puede aprender y alimentarse, pues se trata de romper la distancia, el aislamiento, y hasta acaso la esquizofrenia, que hace que la palabra escrita del poema nunca se junte con el cuerpo del propio poeta. Muchos poetas de la "modernidad" parecen tan arraigados y hasta aferrados a la letra impresa que este tipo de supra tarea creativa les parece fútil y despreciable. En lo personal creo que el reunir a la palabra con su manifestación originaria, la voz, es un acto que tiene algo de sagrado. En ese sentido me parece que el ritual de hacer vibrar a una audiencia es un acto creativo que los poetas no tienen porque seguir cediéndole a los cantantes o baladistas. Poetas como Jim Morrison, Leonard Cohen, y más cercanamente Patti Smith, Nick Cave, Laurie Anderson, para hablar sólo de los angloparlantes, han hecho este camino de la puesta oral a su manera, hasta que lo musical terminó por incorporarlos definitivamente. En tal sentido Platón los hubiera denunciado con vehemencia, porque consideraba que la autonomía de lo musical por sobre la palabra poética era una forma de corrupción. De hecho muchos no consideran que estos artistas que acabo de nombrar sean siquiera poetas, a pesar de que todos ellos han publicado sus obras poéticas, además de grabar sus discos, es decir han sido castigados por los neoplatónicos, o más cercanamente por los defensores a ultranza de la poesía escrita, que no admiten que la poesía en tanto género, y como cualquier hecho artístico, es una forma en constante mutación y nunca definitivamente enclaustrable en una sola forma.

Vayamos ahora al poema que se elabora no desde un texto sino desde la propia sonoridad, como una "música de palabras" cuyo vehículo o soporte es exclusivamente la vocalización y su objetivo es exclusivamente la audición del mismo. Esta "poesía sonora" trabaja con otros elementos que también son esenciales al lenguaje (a nivel semántico, fonético o en sonidos prefonéticos) pero por su vinculación a la música o a la forma de composición musical ha sido definida por E. Varese como "sonido organizado". Estamos allí creando una obra de notación distinta donde los espacios en blanco o la diseminación de las palabras en el mismo pueden adquirir connotaciones fonéticas diversas. Tenemos diferentes vías para esto. Puede componerse un poema desde una notación propia, no necesariamente verbal, puede transformarse un texto previo hasta mudarlo definitivamente en su modalidad oral, pueden establecerse en el texto verbal marcas propias, como de una partitura, que ayuden al poeta a darle a las palabras escritas una materialidad sonora particular. Hay poetas performers que usan su propia notación como el holandés Jaap Blonk, quien declara lo siguiente: "Al principio yo escribía con el alfabeto románico cotidiano, luego comencé a usar el Alfabeto Fonético Internacional y extendí la notación a inventarme algunos signos, pero nunca es suficiente; sigo buscando nuevas maneras de capturar el "continuum" de la voz. A pesar de esto, me gusta saber que la libertad de la voz nunca se dejará atrapar definitivamente por notación alguna. Mis estudios musicales han sido muy útiles en la tarea, no sólo por la notación, sino también por un sentido genérico del tiempo y el ritmo, que muchas veces falta en los poetas cuando leen sus trabajos."8

Otra poeta uruguaya, Amanda Berenguer describió el procedimiento utilizado en una grabación titulada Dicciones (Ayuí, 1973) señalando que al decir los textos sentía que ”entraba por una punta del poema y salía por la otra en un estado parecido a una entrega total”. Ya frente al micrófono la poeta imaginó “formas de dicción diferentes: utilizaría algunas vocales de modo grave como la a o la o, y otras agudas así la í o la u, y usaría la estructura silábica para graduar el poderoso significado de las palabras”. Aquí entonces, por más simple que parezca, se puede ver cómo la "puesta oral" provocó en la poeta nuevas formas de experimentar con el lenguaje a partir de lo escrito, buscando relaciones fonéticas desde la forma misma de emitir los sonidos, algo que no aparecía en el texto “leído”.

Si bien es reconocible que existe una lucha, incluso un enfrentamiento, entre las poéticas de lo sonoro y las poéticas textuales, existe, como lo hemos intentado demostrar, también un espacio donde ambas se encuentran y se interpenetran entre sí. A ese espacio es posible denominarlo, también, como la "puesta oral".

El subtítulo de esta exposición (la piedra y el espejo) admite que en esa doble imagen, la inminencia de la ruptura o la tensión fermental entre la piedra textual y el espejo sonoro, permanezcan. Pero la conjunción "y" señala también que entre ambos elementos es posible una convivencia tal que, siendo uno reflejo del otro, no se sepa, acaso nunca finalmente, cual es el objeto primario y cual el reflejado, y en todo caso el poema sea eso que transita libremente de un lado a otro, entre lo objetual y lo virtual.


NOTAS

1 Albert B. Lord, The Singer of Tales, Cambridge, Mass., 1960.

2 Marshall McLuhan, La galaxia Gutenberg: la creación del hombre tipográfico, Barcelona, 1962.

3 Mary Renault, The praise singer

4 Gustavo Guerrero, Teorías de la lírica, México, FCE , 1998.

5 Cortazzo, Uruguay Indios y Latinos/ Utopías, ideologías, literaturas, Montevideo, Vinten Editor, 2001.

6 Roger Chartier, Cultura escrita, literatura e historia, México, FCE, 1999.

7 Carlos Fajardo, Estética y posmodernidad/ Nuevos conceptos y sensibilidades, Ecuador,

Abya-Yala, 2001.

8 Luis Bravo, Nómades y Prófugos (Entrevistas literarias), Colombia, Universidad Eafit, 2002.


Tomado de Fractal http://www.fractal.com.mx/F41Bravo.htm

sábado, 11 de agosto de 2007

DIEZ PREGUNTAS PARA HAROLD ALVA POR AMALIA GIESCHEN


Harold Alva nació en Piura (Perú), en 1978. Estudió Derecho y Ciencias Políticas. Poeta y editor. Actualmente dirige Editorial Zignos y es codirector de la revista LA CAJA NOCTURNA (edición peruana). Es mentor, junto con Maurizio Medo, del Primer Festival de Poesía "País imaginario".

¿Qué es, para vos, un “país imaginario” en Latinoamérica?

Vamos por partes. Primero por qué intentar construir desde la poesía un país imaginario, qué no tenemos como latinoamericanos para inventarnos un país imaginario, o qué tenemos. Te respondo con plena consciencia generacional: hemos recibido como herencia territorios fracturados, en cada uno de los países de nuestra América somos víctimas de crisis generalizadas, somos los sobrevivientes de catástrofes sociales que prácticamente han puesto en nuestros hombros una responsabilidad gigante: la simple premisa de no repetirlas; de allí que lo que nos mueve a intentar este Festival sea en efecto la urgencia de integrarnos; si políticamente vamos por distintas direcciones, entonces partamos por algo, tomemos como bandera algo que en realidad nos identifique, es decir, empecemos por nuestro lenguaje, y allí la poesía cumple un rol determinante, porque los poetas seleccionados para la primera serie de esta colección, son escritores con plena consciencia de “lo latinoamericano”. Entonces para mi este País Imaginario es el primer paso para curar estas fracturas.

¿Cómo surgió el proyecto?

Hace tres años dirijo una editorial en Perú: Zignos; cuando empecé con la editorial la idea era aportar desde los libros por un verdadero cambio social, digamos que mi pretensión fue poner mi granito de arena desde la cultura, y lo interesante de tener un sello editorial es que conoces a otras personas que están en lo mismo, a eso le agregamos que también soy escritor, entonces conocía a otros escritores que pese a ser muy talentosos no podían acceder a publicar sus libros. Y esto coincide con un buen momento de la literatura latinoamericana última, los poetas empiezan a organizarse y a pensar ya no en función país sino como verdaderos ciudadanos a otra escala, como que la globalización les llegó de golpe pero desde la escritura supieron lidiar con ella, y empiezan estos desplazamientos llamados encuentros de poetas; donde -a diferencia de aquellos que son verdaderos paseos turísticos con viáticos pagados y con respaldo institucional- los miembros de esta nueva generación, con todo el sacrificio que el bolsillo les permite, inician este intercambio de experiencias en distintos escenarios: el Poquita Fe en Chile, el Estoy Afuera en México, el Novísima Verba en Perú o el Salida al Mar en Argentina. Convirtiéndolos en mi primer referente para intentar construir este país imaginario con sus miembros más representativos. Yo tenía ya la idea de editar una colección de poesía con esta generación, incluso publiqué una muestra de 18 poetas, posterior a ello es que empezamos a intercambiar correspondencia con Maurizio Medo, y Maurizio incluso también tenía un estudio sobre estos poetas, su libro se llamaba Hacia un país imaginario, entonces allí quedó el nombre: nada más preciso para definir esta búsqueda. Y empezamos a seleccionar a los poetas de esta colección.

¿Qué significa el festival a nivel personal?

Que estoy siendo consecuente con mi función de escritor. Es mi responsabilidad social lo que me mueve.

¿Y a nivel público?


Me queda la satisfacción de saber que estamos apostando por un grupo de poetas que estoy convencido serán fundamentales para el proceso de nuestra literatura. De eso, los lectores, se darán cuenta cuando tengan los libros en sus manos.

¿Qué perspectivas tienen para esta edición?

La meta es difundir las obras de estos siete imaginarios. No dejar que se nos escape ni un mínimo espacio donde podamos llegar con la escritura.

¿Qué falencias viene a cubrir el Festival?

No ha habido en Latinoamérica un festival donde no sólo se hable de poesía, sino que además presente a un grupo de poetas jóvenes cuyos libros han sido publicados especialmente para este evento, y sin ser esto una feria de libros, y menos aún, sin ningún apoyo para lograr las publicaciones, aquí es el equipo, la organización de este festival, quien ha hecho posible que podamos realizar un acontecimiento sin precedentes. Eso y, por supuesto, la confianza de estos jóvenes escritores quienes nos han confiado sus obras, en algunos casos, primeros libros. Conozco algunos sellos independientes que también realizan esfuerzos por editar literatura última, sin embargo, lo que comentaba al principio, nos interesa un discurso por “lo latinoamericano”, es decir hay sellos que editan poesía pero no como esa apuesta por darle a su proyecto ese sentido político del libro.

En definitiva, ¿en qué se diferencia de otros Festivales?

Lo que nos impulsa es el mismo espíritu integracionista del resto, sin embargo, la diferencia radica en que estamos acudiendo más allá de los recitales y las ponencias, Zignos está apostando por las obras de esta generación y, además, este será un festival itinerante.

¿Cuál fue el criterio utilizado para la selección de poetas?

Como en toda selección que pretende la trascendencia, el criterio ha sido la calidad de los textos, a eso, sumado lo que ya había comentado a tu primera pregunta. Ojo que los poetas seleccionados vienen de tradiciones poéticas muy importantes, Héctor Hernández Montecinos y todo lo que significa la poesía chilena, con precedentes como De Rokha, Parra, Zurita o Maquieira, por citarte algunos, miembro de una promoción con voces como las de Paula Ilabaca, Pablo Paredes o Alexis Donoso. José Manuel Barrios de Uruguay y Benedetti, Achurar, Echavarren, Courtoise o los novísimos Nicolás Alberte, Horacio Cavallo o Leandro Costas Plá. No ha sido una selección fácil, hemos tenido que sumergirnos a investigar lo que aconteció y acontece en Latinoamérica; y estoy convencido que no hemos fallado al momento de determinar a quiénes editar en esta primera serie. Un caso sumamente satisfactorio ocurrió con Alan Mills, particularmente desde Asturias no había leído literatura guatemalteca, gracias a esta búsqueda pude conocer a poetas como Huberto Alvarado, José Luis Villatoro, Luis de Lión y a los más jóvenes, Regina José Galindo o Javier Payeras, entre otros; lo mismo sucedió con Ecuador y Ernesto Carrión, con esa gran responsabilidad sobre sus hombros de poetas como Carrera Andrade o Jorge Enrique Adoum, y de sus contemporáneos Luis Carlos Mussó, Ángel Emilio Hidalgo o Juan José Rodríguez. Y Alejandro Tarrab de México, una de las voces más singulares sin duda alguna de su generación, y cuidado que México tiene una de las más sólidas tradiciones poéticas de América, esto lo confirman poetas como Octavio Paz, Sabines o Villaurrutia, y de su generación, poetas en permanente búsqueda como Ramón Peralta, Rodrigo Flores o Jorge Solís Arenazas. La amistad aquí influye nada, de hecho personalmente no conozco a todos y si media algún tipo de afecto ha sido algo que se ha dado después de seleccionarlos, a medida que íbamos corrigiendo sus libros. Con Jorge Hurtado y Medo, hemos completado una buena primera colección.

¿En qué otros países se va (o se iría) a hacer y que otros poetas tienen en cuenta?

Te adelanto dos autores como primicia: Pablo Paredes (Chile) y Romy Sordómez (Perú). Hemos pensado en Chile el próximo año, pero aún no es seguro, prefiero dejarme guiar por mi brújula, tipo Capitán Jack Sparrow.

miércoles, 8 de agosto de 2007

I FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA PAÍS IMAGINARIO 2007

Harold Alva apuesta por la última poesía latinoamericana en este festival

vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
Nicanor Parra

Entre los días 27 y 31 de agosto se celebrará en la ciudad de Lima la primera versión del festival País imaginario, organizado por Editorial Zignos, que coincidirá con el lanzamiento de la colección de poesía País Imaginario. Esta colección dirigida por Harold Alva y Maurizio Medo aparece en Latinoamérica con la intención de crear un espacio para las nuevas escrituras trascendiendo los conceptos de literaturas nacionales y de generaciones. El país imaginario, a decir de sus directores, se articulará basándose en poéticas que abren un nuevo espacio discursivo, ideológico, crítico y político, entre los que se vienen generando en las aldeas de la lengua castellana.

En este primer festival se presentarán los libros: Litane, de Alejandro Tarrab (México); Segunda mano, de Héctor Hernández Montecinos (Chile); Explanans, de José Manuel Barrios (Uruguay); Demonia Factory, de Ernesto Carrión (Ecuador); Síncopes, de Alan Mills (Guatemala), así como Óxido y Manicomio, de los peruanos Jorge Hurtado y Maurizio Medo.

En el marco de este encuentro, a desarrollarse en lugares como la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Católica Sedes Sapientiae, Antares, artes y letras y el Yacana bar, los poetas invitados compartirán escena con diversos autores peruanos (tales como Paul Guillén, Rafael García Godos, Luis Fernando Chueca, Alessandra Tenorio, Florentino Díaz, José Agustín Haya de la Torre, Willy Gómez Migliaro, entre otros) en un intento por dialogar desde la poesía misma trascendiendo las fronteras. Asimismo se tendrá la proyección de los videos de Karen Bernedo y Gustavo Reátegui y el del encuentro de poesía Poquita fe de Scott Meier y Héctor González y la celebración de perfomances y recitales.

Para mayor información sobre el evento escriban a: editorialzignos@yahoo.es


Poeta chileno Héctor Hernández Montecinos presentará su libro Segunda mano

PROGRAMA-

Lunes 27 DE AGOSTO, Casona de San Marcos

18: 00 pm. Palabras de inauguración a cargo del Director de la Casona de San Marcos, Sr. Federico García.

18: 30 pm. Palabras del Director de Editorial Zignos, organizador del evento, Sr. Harold Alva.

19:15 pm. Presentación del libro SEGUNDA MANO, de HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS (Chile). Modera: Luis Fernando Chueca.

19.45 pm RECITAL DE POESÍA

Primera Mesa: José Manuel Barrios (URUGUAY); Ernesto Carrión (ECUADOR), Alan Mills (GUATEMALA), Héctor Hernández Montecinos (Chile), Jorge Hurtado (Perú).
Modera: Gabriel Ruiz-Ortega.

Segunda Mesa: Paúl Guillén, Alessandra Tenorio, Vanessa Martínez, Harold Alva, Luis Fernando Chueca, Rafael García Godos (PERÚ).
Modera: Héctor Hernández Montecinos
.
José Manuel Barrios, poeta uruguayo, realizará una performance y presentará su libro Explanans

MARTES 28 DE AGOSTO, Casona de San Marcos

18:30 pm. Presentación y conversación con ALEJANDRO TARRAB sobre su libro LITANE, vía webcam. Conversan: Alan Mills y Maurizio Medo.

19:00 pm. Presentación del libro SÍNCOPES de ALAN MILLS (Guatemala). Presenta: Maurizio Medo, Héctor Hernández Montecinos.
Modera: Alessandra Tenorio.

19:30. Presentación del libro EXPLANANS de JOSÉ MANUEL BARRIOS (Uruguay) a cargo de Héctor Hernández Montecinos y Maurizio Medo.
Modera: Harold Alva.

20:00. RECITAL DE POESÍA.

Primera Mesa: Rodolfo Ybarra, Percy Ramírez, Diego Lazarte, José Bardales, Alan Mills (Guatemala), Héctor Ñaupari, Willy Gómez Migliaro.
Modera: Ricardo Ayllón.

Segunda Mesa: José Manuel Barrios (Uruguay), Ernesto Carrión (Ecuador), José Agustín Haya de la Torre, Jorge Espinoza Sánchez, José Pancorvo, Luis Espejo (Perú)
Modera: Maurizio Medo.

Alan Mills, poeta guatemalteco y director de la revista Rusticatio, presentará su libro Síncopes

Miércoles 29 de agosto, Universidad Católica Sedes Sapientiae

18 y 30 pm. RECITAL DE POESÍA.

Primera Mesa: Alan Mills, Rafael García Godos, Ricardo Ayllón, Willy del Pozo, (PERÚ); Héctor Hernández Montecinos (CHILE)
Modera: Harold Alva.

Segunda Mesa: José Manuel Barrios (URUGUAY), Ernesto Carrión (ECUADOR), Jorge Hurtado, Gonzalo Málaga, Víctor Ruiz (Perú).
Modera: Héctor Hernández Montecinos.

19:30 pm. Proyección de los videos de Karen Bernedo sobre poemas de Roxana Crisólogo, Willy Gómez Migliaro, Róger Santiváñez y Domingo de Ramos
.
Alejandro Tarrab, poeta mexicano, presentará su libro Litane vía webcam

Jueves 30 de agosto, ANTARES, Artes y Letras


19: 00: Presentación del libro CIELO RASO de JOSÉ BARDALES, a cargo de Harold Alva y Héctor Ñaupari.
Modera: Florentino Díaz.

19: 30 pm. Presentación del libro DEMONIA FACTORY de ERNESTO CARRIÓN (Ecuador). Presenta: Héctor Hernández Montecinos y Maurizio Medo.
Modera: Harold Alva.

20:00 RECITAL DE POESÍA.
Primera Mesa: José Manuel Barrios (URUGUAY); Ernesto Carrión (ECUADOR), Alan Mills (GUATEMALA), Héctor Hernández Montecinos (CHILE), Jorge Hurtado (PERÚ)

Segunda Mesa: Florentino Díaz, Andrea Cabel, Ana María Falconí, Harold Alva, Raúl Solís, Rocío Fuentes, Armando Alzamora.
Modera: Gabriel Ruiz-Ortega

21:00 Presentación del libro QUERIDOLUCÍA de RAFAEL GARCÍA GODOS a cargo de Héctor Hernández Montecinos.
Modera: Alan Mills.

Ernesto Carrión, poeta ecuatoriano y premiado recientemente en Colombia, presentará su libro Demonia Factory

Viernes 31 DE AGOSTO, Yacana bar

19: 00 pm. RECITAL DE POESÍA:
Primera Mesa: Mesías Evangelista, Harold Alva, Jhonny Barbieri, Jorge Castillo Fan, Giancarlo Huapaya.
Modera: Willy Gómez Migliaro.

19:30 p.m. Presentación del libro ÓXIDO de JORGE HURTADO, a cargo de Harold Alva y Héctor Hernández Montecinos.
Modera: Maurizio Medo.

20:00 p.m. Mesa redonda: Poesía Latinoamericana, hoy. Alan Mills (Guatemala), Héctor Hernández Montecinos (Chile), José Manuel Barrios (Uruguay), Ernesto Carrión (Ecuador), Paul Guillén y Maurizio Medo (Perú).
Modera: Harold Alva.

20:45 p.m. Presentación del libro MANICOMIO de MAURIZIO MEDO. Comentan: Alan Mills, Héctor Hernández Montecinos y Paul Guillén.
Modera: Willy Gómez.

21:15. Proyección de los videos del POQUITA FE y de Gustavo Reátegui sobre poemas de Medo y Guillén.

El futuro libro de Carolina Patiño por Augusto Rodríguez


La primera vez que leí unos poemas de Carolina fueron después de haber ganado el concurso de poesía Buseta de papel 2004, donde los jurados (la poeta Sonia Manzano, el artista Freddy Russo y la catedrática Norma Véliz) dieron por unanimidad a Carolina Patiño como ganadora entre decenas de estudiantes de varios colegios de la ciudad. Recuerdo haber leído los poemas premiados, y sin duda, tenían una fuerza, un erotismo y una intensidad muy poco común en nuestra ciudad y menos para alguien de su corta edad.

Posteriormente la invité a asistir a los eventos y reuniones de Buseta de papel y ahí nos fue enseñando los primeros borradores y esbozos de lo que sería años después su primer libro Atrapada en las costillas de Adán. Y ahora que he vuelto a leer y revisar su poemario inédito me encuentro nuevamente con una obra madura, desgarradora, inigualable. Aquí el Yo poético está muy cercano a la biografía de la autora. Hay un gran lazo entre vida y obra en este nuevo poemario. Sus líneas básicas el dolor, la locura, la infancia y el suicidio.

Carolina Patiño (Guayaquil, Ecuador, 1987-2007) es una de las grandes jóvenes poetas de esta ciudad y una de las más valiosas del país. Su poesía tiene la fuerza de una Sonia Manzano, el erotismo de una Aleyda Quevedo y un desgarramiento al mejor estilo de la guayaquileña Ileana Espinel. El único epígrafe de este libro es de esta última autora que dice así: Ruedan lágrimas grises en la almohada/ enloquecida por mi sien que sangra.

Hay varias personas que ya estamos trabajando en este libro y algunos otros proyectos para rescatar y sitiar la obra de Carolina Patiño donde merece estar, entre las más logradas y valiosas de los nuevos poetas de este país. Ya tengo la aprobación de sus padres así que como un adelanto del libro que vendrá, aquí seleccioné siete poemas de este futuro libro:



MUÑECA DE PORCELANA

a Carmen Váscones

Suenan infernales campanas de escuela
y yo entre viva y muerta me tambaleo.
Mientras el reloj de arena rojo
y mi terrible aragnofobia creen que estoy rota,
pues lo estoy;
como esa muñeca de porcelana
a la que le arranqué los ojos.



CAJA DE RECUERDOS

¿Dónde se ha ido mi espíritu?
creía en todo lo que conocía
y ya no me acuerdo de mí
dulce caja de recuerdos
que me mantenía a distancia de la locura
que me pierde cuando me encuentra
ahora que me he mirado al espejo por horas
ruego que se corte mi pacto con la vida
ya sangré respiré lloré suficiente

¿me puedo rendir ahora sin mi sombra?



NO MÁS SANGRE

Tú no te acuerdas de mí pero yo sí
y ahora que despierto
puedo decir que creí en ti
pero ahora decido con qué soñar
ya no me cazan
ya no corre mi sangre en las noches.



FUTUROS HIJOS MÍOS

Aliméntense hijos de mis entrañas
llenos de antidepresivos drogas alcohol y muchos somníferos
duermo en los días y en las noches despierto por más dolor
Mi masoquismo ha llegado lejos
los quiero en mi vida pero los mato de a poco

Y yo solo
lo siento...



PAYASOS

Payasos en blanco y negro
vienen a jugar conmigo
por las noches
me persiguen
como lobos hambrientos
de sangre
y me clavan sus estacas calientes
en la espalda
mientras ya no puedo más.



VIDRIOS ROTOS

Cada vez que te beso
siento vidrios rotos
y sé que no estoy durmiendo
esto no es lo peor,
tú desapareces
y tus labios aparecen más abiertos
comiéndome desde los pies.



ADIÓS

Tan cansada de estar aquí
con todos estos miedos sin infancia
me voy sin perdurar
sin lograr que voltees por mí
sin lograr que enciendas la luz
sin lograr que abras tus ojos
el dolor tan limpio no sostendrá tu mano
demasiados espejos
descuelgan tambores en mi funeral.

APARECE NUEVA ANTOLOGIA DE LA POESIA LATINOAMERICANA EN ESPAÑA

La poeta argentina Mercedes Roffé es una de las incluidas en la antología

Una gravedad alegre. Antología de poesía latinoamericana del siglo XXI. Valladolid, España: Editorial Difácil, 2007. 413 p. EDICION DE ARMANDO ROMERO.

Acaba de aparecer en España la antología, Una gravedad alegre, preparada por el poeta y ensayista colombiano Armando Romero. En una edición impecable el libro publica a poetas nacidos partir de 1940 a 1977. Se trata de una nueva visión de la poesía latinoamericana, hecha con una mirada fija en la buena poesía que se escribe en estos momentos en Latinoamérica. El autor, al final de su prólogo incluye un fragmento de un diálogo sostenido en Roma con el poeta italiano Claudio Cinti, que tiene relación con la idea y cohesión de esta publicación:

Claudio Cinti: En una de las infinitas digresiones que forman el tejido de Paradiso, Lezama Lima describe la actitud de su protagonista: “Los días que lograba esos agrupamientos donde una corriente de fuerza lograba detenerse en el centro de una composición, Cemí se notaba alegre sin jactancias. Era una gravedad alegre, una bondad pudorosa…”. ¿No debería ser esta última, siempre, la actitud de todo poeta hasta frente a las cosas más “graves” y “sagradas”? ¿Hasta cualquier clase de Centro? Pues, Armando, ¡que triste cosa sería la poesía si no nos levantara el corazón!

Armando Romero: Si, estoy de acuerdo contigo. Es hermoso ver cómo Lezama puede resumir, casi en un tono litúrgico, esa aproximación a lo esencial que nos permite observar el milagro de la poesía sin que se torne miserable, esa “gravedad alegre” es como un bailar en el altar supremo, ¿te acuerdas de San Vito? Y asimismo tenemos que entregar nuestra visión a los otros con esa “bondad pudorosa” que impide que caigamos en el infierno de la vanidad o el orgullo. Ni pregunta ni respuesta, si algo une a la poesía con lo sagrado es que esta allí.

C.C.: Allí, al alcance de todos. . .Como un pan caliente, o como peces vivos que nunca descansan en su cesta…

A.R: Porque cuando todos la hacemos, como quería Isidoro Duchase, nos alimenta por dentro y por fuera, es comunicación, algarabía y oración.


Algunos de los poetas incluidos son: Jotamario Arbeláez, Alfonso Kijadurías, Luis Tedesco, Jesús Urzagásti, Raúl Barrientos, José Barroeta, Antonio Cisneros, Elkin Restrepo, Eduardo Mitre, Diana Belessi, Elsa Cross, Juan Manuel Roca, José Watanabe, Antonio Deltoro, Gonzalo Millán, Blanca Wiethuchter, Arturo Carrera, Iván Oñate, Marco Antonio Campos, Martha Canfield, Néstor Perlongher, Alexis Gómez Rosa, Daisy Zamora, Coral Bracho, Elvira Hernández, Maria Negroni, Santiago Mutis, Reina Maria Rodríguez, Pedro López Adorno, Mercedes Roffé, Teresa Calderón, Fabio Morábito, Miguel Ángel Zapata, Maria Auxiliadora Álvarez, Tomás Harris, Orietta Lozano, Roger Santiváñez, Angel Escobar, Rodolfo Häsler, Rafael Courtoisie, Rossella Di Paolo, José Mármol, Silvia Guerra, Maria Baranda, Ramón Cote Baraibar, entre otros.

Carne humana de Rodolfo Ybarra por Vanadio Soter


CARNE HUMANA. Rodolfo Ybarra. Eds. Viernes Literarios. 62 pp. Lima, Perú 2007.

Se dice que comer carne humana es para saborear al enemigo. El dictador ugandés Amín Dada lo hacía y justificaba su acción pues decía que provenía de una etnia caníbal. Y cuando el General Custer es vencido en la batalla Little Big Horn, un indígena americano le abre el pecho, le extrae el corazón y lo ingiere... (I)

“arrójame en la cal del olvido necesario
porque todo olvido purifica la memoria y la vuelve justa,
necesaria de poesía, adicta de verdad”
Rodolfo Ybarra

Ybarra se reencuentra con su gen asesino (II), de sus ancestros, de sus otras vidas. Es un estigma que siente el poeta que no puede despegarse del pecado original, pecado nefando y tampoco resarcirse de ello. En el poema Exvoto nos dice que la muerte es como un destierro “Vida no abandones el cuerpo” (p. 48) La carne que muere en los cementerios. El hombre es de barro, tierra...será previamente carne olvidada en un asilo... Culmina Ybarra con una invocación-plegaria, “quiero pedirte Señor que preserves mi voz ahora consumada,/ guárdame de los humanos que comen a sus semejantes” (p.61) (III)

Pero también se preocupa por el aspecto ecológico de la gota de agua, que tantas interpretaciones acerca de esta molécula. Si por un punto pasan infinitas rectas, por una gota...infinitas interpretaciones. Si hay gobernantes que “conquistan” al pueblo con la necesidad humana del agua...agua para todos... “Cada año perdido es como el agua de un caño malogrado, nadie se lamenta más que a la hora de los recibos (...)” (p.51)

Este poemario alcanza una madurez inalcanzable, y es como ver detrás de un espejo, nos permite saber que si Dios fuera ciego, todos seríamos ciegos. (ver Mito de la Caverna, Platón) En las personas enamoradas no existen defectos en sus parejas en sus respectivos devaneos, affaires, trampas. Nos quiere decir el poeta que la liebre por ser veloz no necesariamente tiene pensamientos presurosos. - Si el hombre es arquitecto de su propio destino; Ybarra quiere ser su propio escultor. “Con cincel me tallo a la medida de los golpes” (p.25). Ybarra se influencia de su condición de vegetariano. Ybarra desde ultratumba y entre lo mágico y religiosos nos avista:

“Del más allá vienen voces parecidas al miedo (p.25)

Sopla un viento maligno con mezquinas intenciones” (p.26)

El equilibrista Karl Wallenda decía “Estar en las cuerda es vivir, lo demás es esperar”

-Rodolfo dice “Voy lentamente dibujando la caída sin caer/ miro las estrellas apocalípticas como trazan mi vida en una tostada de pan” (p.27)

-El acto del sacrificio se renueva en el fuego “Uno tras otro soy el mismo que intentó el fuego hace miles de años” (p.25)

-Estos versos que denotan un hastío de lo rutinario

“Nunca es siempre y siempre es nunca cuando miro la hondura del pozo” (p.27)

El poeta sabe que el reloj que marca el tiempo, esta vinculado a la disciplina de la física. Ybarra no se deja encasillar, en lo cognoscitivo tampoco sus poemas.

“Todo cuando abarca más allá de sus marcos/ y en el fondo un hombre escarba irredento en el vientre de sus recuerdos” (p.29)

El poeta Antonio Sarmiento (2000), hacía notar que “la poesía de Santiago Risso .Esta sensación de movimiento y de ubicuidad es su “simultaneísmo o su instantaneísmo” Yo noto efectivamente ese proceso en Ybarra, vemos lo siguiente “Amanece me pregunto cuántas gentes miran su reloj/ en este mismo instante en que yo miro mi reloj” (p.32)

Recompone su reto final, en un torneo
Mientras haya una existencia –por pequeña que sea- puede existir, hacer poesía. “Un gusano que repta y se contrae hasta desaparecer” (p.28) (IV)

Pero Rodolfo traspasa las fronteras de su ensoñación. “Al final del arco iris un legado eterno aguarda ser descubierto” (p.31) Según la interpretación de los sueños el soñar con arco iris es probabilidad de muerte... y ese tema de la mortandad es frecuente en este poemario. El sueño con cíclopes de mismo modo.

Rodolfo Ybarra su sensibilidad lo atrapa como en un cuento de Borges. Cuestiona el tiempo:“He tachado calendarios preguntándome lo mismo,/ y hoy que es lunes igual que ayer o anteayer encuentro que los días no existen” (p.35) (V)

“Dicen que cuando uno muere acaba el dolor./ Yo creo más bien que cuando uno muere el dolor queda y se reparte/ entre todos los que alguna vez rozaron esta vida” (p.43)

“Traté de ser justo con todos, incluso con el enemigo que se metió en/ mi cuerpo/ para confundirlo y desvirtuarlo” (p.62) Tzun Tsu, dice que si no se puede vencer al enemigo hay que confundirlo.

- La figura lit. Apóstrofe: (Ver Comentario Ruptura de Heje - por Vanadio S.)

“Oh Mundo, animal flagelado. Animal prehistórico Resucitado en su gigantesca cementerialidad y hormigón” 46

- DIOS EN EL POETA: humanizado, omnipresente, idealizado en sueños.

“Dios no vive en el cielo, sino en las cosas simples de la vida, Y casi siempre se pone el rostro de un conocido Ya sea amigo, hermano o padre” (p. 54)

Dios no está en todas partes, está en ese punto donde no hay retorno,
Solo un corazón extirpado puede sentirlo.
Sólo un hombre que se ha liberado a sí mismo le ha visto a los ojos” 54

“pero no son nuestros sueños de Dios que nos ayudan a salvar los días
Y a vencer al tiempo que nos hace envejecer en lugares solitarios” 56

- Otras Consideraciones:

Humor: “no voy a olvidar las visitas a la playa y tu mirada de gallinazo
moquillento” (p.41)

Personajes Mitológicos:

Purgatorio, ninfas, estrellas apocalípticas, Gorgona, ogro, caballos apocalípticos, cíclope.


NOTAS

( I ) Se asume que el jefe Cheyenne “Caballo Loco” fue el practicó antropofagia en contra del Gral. Custer. El 25 /6/ 1876. El objetivo de su creencia: que muera para siempre.

(II) Los genetistas han descubierto que el gen asesino puede convertirse en un gen suicida, será por ello el alto índice de suicidios en Lima.

(III) “El consumo de carne ofreció al organismo, en forma casi acabada, los ingredientes más esenciales para su metabolismo. Con ello acortó el proceso de la digestión y otros procesos de la vida vegetativa del organismo” El Papel del Trabajo en la Transformación del Mono en Hombre. Marx- Engels Obras Escogidas. T- II. Ed PCUS, 1978

(IV) Similar a un aforismo de F. Nietzsche. “Cuando un gusano se enrosca...”

(V) “Tampoco es lícito el plural <>, porque supone otra operación imposible... Una de las escuelas de Tlon llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. (p.19) Ficciones. Jorge Luis Borges. Ed Oveja negra 1981

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