martes, 19 de junio de 2007

Del poeta nació el amor, que creció y se hizo poema: Silvia Campazzo


Rolando Gabrielli.
Entre paréntesis, amor.
Ediciones Cisne Color Ltda.
Colombia, 2007.


Qué raro ver impreso a un poeta inédito hasta la médula del poema, polvo y hueso de su palabra convertida en letra impresa real. Repetido en la virtualidad de Internet, archivado en el trópico, y a veces, la fiesta de la palabra pasa de rodillas, miserable altar de unos cuervos cojos ciegos, que no hacen sombras. El poema nace detrás de la palabra, donde el verbo es sombra lúcida de su propio silencio. El poema convoca en su nombre a todo y nada.

El abecedario, el diccionario, los escaparates están llenos de palabras y papel. Desde siempre y mucho antes, la “manía” fue poetizar la palabra o el lenguaje fue la palabra real en el poema de lo cotidiano. Aire, oxígeno de aquel hombre y mujer, que el hielo y las cavernas convirtieron en primavera. Hablaron todos los elementos por su boca y palabras. Años a, el cosmos era un huevo gaseoso a punto de estallar.

Entre paréntesis, amor, poemario de Rolando Gabrielli editado el 14 de abril en Colombia, impreso por Ediciones Cisne Color Ltda., ha estallado por fin en 92 poemas y tres cadáveres exquisitos, con lo que el autor resuelve su propio olvido. Poesía de amor, poesía en la poesía y poesía palabra: un solo lenguaje.

No es difícil abandonar el momento cumbre del olvido de sí mismo, ha dicho el autor de Entre paréntesis, amor, arrastrando las húmedas vocales y consonantes.

Una edición muy cuidada, con una portada en rojo, muy sugerente, ilustrada por una mujer de espalda desnuda, silueteada, con una bata roja que cae informalmente hacia su cintura sobre una cama. Al fondo, en un gran primer plano, una ventana cubierta en parte por una cortina. La contraportada es una fotografía muy sensual de unas largas y hermosas piernas, cuya parte superior de la mujer está cubierta por una bata roja. La contraportada está contrastada y enmarcada en negro. El poema Última fortaleza, se refiere a la portada de alguna manera: Tu espalda/sigue siendo/mi obsesión/es tu última/fortaleza. Y las largas piernas, como una geografía chilena, están trazadas en más uno o dos poemas. Las fotografías están suscritas por SC y el diseño del libro a cargo del colombiano Hernán Santos, quien buscó una armonía estética para toda la obra en la textura del papel y en su nítida tipografía.

Entre paréntesis, amor, se expuso en la XX Feria Internacional del libro en Bogotá, Colombia, recientemente concluida. Un par de volúmenes fueron robados del stand de Chile o de algún descuidado armario en esos días, lo que significa que la poesía goza de buena salud. (Es tal vez un homenaje a Roberto Bolaño, quien sobrevivió en su juventud con lecturas robadas de las librerías del DF). También estuvo en La Casa Silva de la Poesía y un librero mexicano compró un flamante recién editado ejemplar. Gonzalo Rojas se llevó otro a Chile. Manuel Silva Acevedo y un animador de la TV chilena, sendos libros. Suficiente para romper el hielo.

Silvia Campazzo, profesora argentina, en un prólogo de 11 líneas traza la atmósfera del libro y define al poeta en la intimidad, respiración de su verbo. Es un guiño para el lector, una señal, porque como dice Gabrielli” la poesía es la búsqueda del Otro. Se busca con la palabra: carne, cuerpo, materia, una atmósfera húmeda. Silvia Campazzo sostiene en su brevísima y precisa introducción al poemario, que “en cada verbo un sentido, en cada adjetivo un deseo y en cada punto, el tiempo de retomar el aliento para volver amar y seguir sintiendo”. “Del poeta nació el amor, que creció y se hizo poema” “El poema, enfatiza Campazzo, fecundó la pasión que se esparce en estas páginas como en sábanas revueltas.” ¿El poema fue anterior al amor o la palabra fecunda primero la sombra antes que el cuerpo? Así Rolando Gabrielli ha desenredado el ovillo de palabra y ha echado a rodar el carretel de su esperanza en el camino de sus versos, concluye la profesora Silvia Campazzo, desde el fondo de su(s)propia(s) lectura(s) del poemario de 112 páginas redondas, estética y agradablemente impresas, acota: “Este es el hombre, el poeta y su obra, atravesada por la invencibilidad de la distancia”.

En su última página, a modo de corolario, el autor advierte: ”Un libro no se explica, es como una historia de amor, sucede. Éste fue escrito con todos mis sentidos, para una mujer, que es todas las mujeres, el poema” La poesía/es cosa muda/rota dice y toca/pasa y queda/provoca.

Tres antiguos, tradicionales, permanentes, universales temas contiene el libro: el amor, el poema en el poema y la palabra. El lector es quien escoge las palabras y se queda con la última cuando lee un libro. Debe comer, beber y ayunar en el El Plato del poeta: Repaso la poesía/como la vida/en un plato hondo/vacío de letras//y estómago/eructo/sin tener que decir/Nada por obligación/Repaso/la poesía/sobre un plato vacío. La elocuencia del poema en lo que no se dice, se sabe, el silencio, la soledad y el oficio dentro de un plato vacío. ¿Para qué editar se habrá dicho mil veces Gabrielli?

Un libro con muchas señales y guiños nos ha dicho Silvia Campazzo desde su intuición y lecturas. Más allá de las palabras el autor ha dibujado un largo y estrecho paréntesis y “el lector sabe que tiene más que palabras, un ruido que la hoja en blanco contiene y no ahoga.” Se siente la respiración en el poema, de quien lo escribe y lo lee, y de para quién fue escrito. La respiración de dos es un juego más profundo y sagrado. El poema sólo tiene un recurso, sus palabras. Santa palabra: Arrodíllate, le digo/en cruz, Santa palabra,/inquisidora mía/revélate ahora/ycondénate conmigo/por todas las vigilias/De los siglos/si quieres.

Una poesía que tiene cuerpo, un verbo que copula, penetra, impregna y humedece la punta de la palabra en ese pozo de luz oscura irrefrenablemente. Verbo copulante: Verbo copulante, mi coma/mi punto, mi rosa helada/todo el abecedario/lo bendigo en tu nombre/A mí me yace, a mí me vive/Tierra si no soy tu tierra, /húndome o primavera muscular/frívolo rompiente verano/verbo rojo, doliente/mi paréntesis hablante copulante.

El libro tiene diversos pisos, capas, contaminación, mixtura, obsesión, reciclaje, una mirada hacia lo desconocido, señala su autor. Hay ciudades míticas en la memoria del poeta, Denver, DF (México) Ciudad de Panamá, Santiago de Chile.

A pesar del largo silencio sobre el papel, porque Gabrielli ha escrito varios libros de poesía y prosa, según dan cuenta algunas publicaciones virtuales, un poema recoge la obsesión, la dependencia visceral del poeta sobre su propio oficio y género: Poesía: soy tu sirviente/considérame tu público servidor/humildemente/un cómplice incondicional./Tócame el corazón/con la yema de tus dedos/desnuda la semilla seca/y sé mi fruto. Texto confesional, medalla de múltiples caras en una sola: la poesía. Poema, complementa esta postura, alarde de silencio en el silencio de la palabra. A veces siento/que he alimentado/ un elefante blanco./La página, la página.

Entre paréntesis, amor, respira la mujer de carne y hueso, la femme, la Musa, la Bella, porque el poema/ respira en el poema/como nosotros/un solo cuerpo/del delito consumado. La palabra se consume en el poema, como la carne sobre la carne. ¿Nos devora/el cuerpo/del poema//la plabra/o este amor/que respira/este aire/sin palabras? Preguntas en un confesionario público, transparente, en la intimidad del diálogo. De esta respiración mutua, paréntesis, intervalo de una realidad jugada en el imaginario del poema nace La Sin par: Tú eres la sin par/mí folletín del atardecer/musa soleada en el rojo espejo/Te recuerdo en una taberna/ y sólo se ve nieve/una catedral que asciende/nube imaginaria ¿Qué esperas ángel para volar/soy el agua adivinada en el bautizo de tu mano/Un búho que arroja sus ojos/en el pozo de un hilo sin punta/que crece en la noche del poema.

El hilo seduce en el poema, palabra por palabra, no la madeja. El poema dice/calla/narra/describe como sugiere Descripción de la mujer. Es un ángel bestialmente hermoso/arbitrario, patéticamente tierno,/me asfixia su silencio./Su ombligo habla/y yo le debo mi libertad/lúdica bisagra,empuja forastero/tu profundo oro de la noche, amor/luna plana, brillante, ciega/el tacto oscuro de tus manos/es pétalo, es rosa, lágrimas.

Toda poseía verdadera respira por la herida. Esta no es la excepción. Poesía que pulsa una época, un río que la recorre. El poeta echa fuego a su palabra, aconseja, cuando veas arder la capilla de la poesía. Fuego y más fuego, el poeta ama/con frenesí desenfrenado/desbocado/caballo sobre yegua. La palabra no se rinde.

Hay más poesía en Entre paréntesis, amor, tal vez una historia, como suele ocurrir en el amor. Ciudades, el tiempo y la muerte, unas cuantas nostalgias que nos dejan ver las palabras cuando se juntan de cierta manera al decir y callar. El poema tiene la última palabra y el lector que le otorga su propia visión y lectura. Las palabras de Silvia Campazzo son precisas, hilo sobre el hilo de la historia que narra y quizás en la palabra esté la invencibilidad del poema.

Chavela Vargas: la vida en la voz por María Cortina


Tiene 88 años y un prometedor futuro. Dentro de dos días dará un concierto frente a más de dos mil personas en Guadalajara, y ya está trabajando en su próximo reto. En unas horas cantará La llorona y Vereda Tropical acompañada de sonidos de caracol, y ya está inventando un tango ranchero. Chavela Vargas tiene a la vida metida en la voz. No importa qué tanto le ha cambiado en el medio siglo que lleva cantando. No importa si es menos o más dulce que antes, más aguda o no, ni si su voz requiere hoy de un espacio más extendido, o de un número mayor de pausas. A nadie que sepa escucharla, a nadie que haya testificado lo que sucede cuando canta, se le ocurre comparar el canto de Chavela de hace 30, 25 años, con el actual. A nadie. Sería como cuestionar el ritmo de la vida. Su respiro. Somos lo que hemos sido y lo que aún estamos por ser. Los trozos de vida que con o sin nuestra autorización, se han ido desprendiendo de la piel que nos cubre. Los trozos que nos descubren tal cual somos en el instante mismo en que nos pronunciamos. Y que nos conceden el equilibrio de la luz.

Cuando Chavela canta frente al que sabe escucharla, no desnuda el alma. Lo que en realidad hace es que consigue que el intruso la deshabite, para que sólo quede uno mismo. Ese es el arte. Nada más.

Hay un mercado en Guadalajara dónde todavía venden jorongos de telar. Los jorongos de fábrica no respiran, no se mueven ni se abren. Nada. Los de telar en cambio vibran, saltan, casi bailan los jorongos del mercado San Juan de Dios de Guadalajara. Y sus vendedores suben las ventas cuando dicen que sus jorongos son igualitos a los que usa Chavela Vargas, “vea usted nada más las grecas, son las mismas que se ven en el jorongo de Chavela cuando abre los brazos en el escenario. Chavela, nada menos y nada más que La Dama del Poncho Rojo, como le canta Joaquín Sabina”. Lo dicen así, tal cual, con la cita de Sabina y todo. Lo escuché este fin de semana y me entró un ataque de risa. El encargado del puesto sin número de la entrada también sin número del mercado San Juan de Dios vendió con estos argumentos un jorongo rojo a Chavela Vargas. Y no se dio cuenta de que Chavela era Chavela hasta que un joven del puesto de enfrente se acercó con un cuaderno en la mano a pedirle a Chavela que por favor, si a usted no le importa, un autógrafo para su papá que le enseñó quién es Chavela Vargas y que el pobre ya está viejito y nada lo anima, nada le quitará la tristeza más que un autógrafo de Chavela. Se llama Tomás, mi papá se llama Tomás, le dijo mientras le colocaba el lápiz entre los dedos y el vendedor de jorongos se jalaba los cabellos.

Vergílio Ferreira, novelista, ensayista y profesor portugués, tiene una voz muy similar a la de Chavela Vargas. Solo que la de Ferreira es una voz escrita. Pero igual de potente y de singular. Le debo al filósofo español, Miguel Marinas, mejor amigo que filósofo, el descubrimiento. Y el placer de los desvelos que me han dejado el libro Pensar de Ferreira.

Dice Ferreira que hay que aprovechar la vida mientras sea vida dentro de uno mismo. Que hay que aprovechar nuestro cuerpo mientras sea uno quien vive en él. Se refiere, interpreto, a la juventud que hace que todo en nosotros se convulsione y por tanto nos llene de vida. Y asegura que después la convulsión se mitiga y se comienza a vivir de las ideas recabadas que sin embargo, se van perdiendo según vamos envejeciendo. Poco a poco se pierden hasta que queda solamente la corteza, como el caparazón de un cuerpo que espera que alguien por fin lo tire a la basura. “Aprovecha tu cuerpo mientras estás dentro de él”, dice una y otra vez Ferreira. Aprovecha.

A los 88 años Chavela Vargas se encuentra en su cuerpo. Y aprovecha para seguir cantando con su voz de 88 años y cincuenta de cantar. Su concierto en el Teatro Diana será también una especie de homenaje a su trayectoria. Más que una despedida, un reconocimiento. Pero en el fondo Chavela sabe, siente, intuye que este miércoles se despedirá de Guadalajara. A última hora agregó al programa “Virgencita de Zapopan”, una canción que escribió José Alfredo Jiménez para decirle adiós a Guadalajara. Pero en el caso de Chavela, solo a Guadalajara. Sus planes incluyen conciertos en Ciudad de México, Tenerife, Rusia, quizá Japón. Y uno que otro viaje a países, pueblos y ciudades que haya conocido antes o no, últimamente le susurran al oído una canción de amor.

La verdad es amor, escribió un día Vergílio Ferreira para quien toda la relación que tenemos con el mundo se funda en la sensibilidad. Vista así la verdad, no se convertirá nunca en otra de las muchas verdades que de unos años para acá han dejado de serlo. Quizá sea una verdad para siempre. Viva, como los jorongos rojos de telar.

A Chavela Vargas, un día lo escribí, le sangran las palmas de las manos cuando canta. Un médico me explicó el fenómeno con no recuerdo qué argumento científico. Pero yo prefiero quedarme con la versión de la cantante española Martirio quien sostiene que Chavela es una chamana de la canción que cura con su canto los males que llevamos dentro. Y las chamanas, cuando curan, sangran.

Cupaima se llama el concierto de Chavela. Cupaima que es el nombre con la que la bautizaron los huicholes hace unos años en San Luís Potosí. Cupaima que significa la última de las chamanas. Una chamana de 88 años que por el momento no tiene intención de morir. Y quizá tarde en hacerlo o no lo haga nunca, porque como dice Ferreriro, solo se existe por la vida que está en uno y en los demás y en la luz y en la verdad profunda de la tierra.

María Cortina. (Ciudad de México, 1953). Periodista, escritora, bloguera. Ha publicado los libros El Salvador: Memoria Intacta y ¿Qué es ser mexicano? Por casi 20 años estuvo fuera de su tierra. Cumpliendo su labor de periodista estuvo en El Salvador (durante la guerra), Colombia y Líbano. Fue Consejera de Prensa en la Embajada de México en España desde 1999 hasta 2006. Ha colaborado con Credencial y El Espectador (Colombia). También ha publicado artículos sobre el reciente conflicto en Oaxaca en las revistas Letra Internacional, edición española y Emeequis de México. Publica la columna "Ínsula barataria", en el diario mexicano La Crónica, desde hace cinco años en dos épocas diferentes. Se acaba de integrar a un proyecto sobre el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de la independencia de México. Actualmente desarrolla el blog Mirada Escrita http://palabramuda.blogspot.com.

Tomado de El Cautivo, número 29 (http://www.elcautivo.org/)

HOMENAJE AL ESCRITOR OSWALDO REYNOSO


Testimonios de amigos y música de Margot Palomino serán parte de este merecido tributo. Periodista y escritor Beto Ortiz entrevistará en vivo al homenajeado


Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931), no solo es uno de los escritores más reconocidos de nuestro medio, sino también uno de los más queridos. Su acercamiento a los jóvenes y su vocación docente lo han llevado a consolidar la vocación literaria en muchas jóvenes promesas de la literatura.

Con más de una decena de ediciones, “Los inocentes”, su primer libro de cuentos, es ya una lectura obligatoria para los jóvenes. Asimismo, libros como “En octubre no hay milagros”, “El escarabajo y el hombre”, “Los eunucos inmortales”, y los más recientes, “El goce de la piel”, “Las tres estaciones” y la antología “Narraciones 1”, gozan de gran prestigio entre el público lector y la crítica especializada.

En este homenaje el Centro Cultural de San Marcos busca agasajar a un escritor que, además de ser un valioso hombre de letras, ha sabido ser un gran maestro para las nuevas generaciones. En el evento contaremos con el testimonio de Aníbal Portocarrero, gran poeta arequipeño y compañero de estudios del escritor, y de Miguel Ángel Cavero, amigo del homenajeado y estudiante de literatura de la Universidad Nacional FedericoVillarreal, lugar donde no han podido olvidarse las clases de Reynoso. Asimismo, el periodista y escritor Beto Ortiz entrevistará en vivo al maestro. La música estará a cargo de Margot Palomino.

El homenaje se llevará a cabo el día viernes 22 de junio, a las 6:30 p.m., en la Sala de Recepciones del Centro Cultural de San Marcos, ubicado en La Casona de San Marcos (Av. Nicolás de Piérola, 1222).

sábado, 16 de junio de 2007

Entrevista a "El doble" de Raúl Henao


EL DOBLE

Hay un jugador de cartas sentado
al borde de mi lecho

Hasta que se me ocurre abrir la ventana

Con el aire frío de la noche desaparece
primero su sombrero, parte de su abrigo,
la camisa a rayas, los zapatos…

Completamente descamisado opta por retirarse
descendiendo furioso la escalera

Abajo todavía escucho el llavín dando vueltas
en la vieja cerradura del edificio

El perro ladra por un momento, un auto
parece detenerse y la puerta se cierra
con un golpe seco

Es en ese instante que recuerdo haber visto
al jugador de cartas en una ocasión anterior

Y apenas ajustando mi bata de noche desciendo
precipitadamente la escalera

La puerta de la calle permanece ligeramente
entornada y frente a ella el auto espera
en la oscuridad

Cuando asomo el rostro a la ventanilla
me veo en el asiento trasero del taxi
que emprende su desconocida carrera…

RAÚL HENAO


EL OTRO, EL DOBLE
(Entrevista a "El doble", de Raúl Henao)

Misteriosos y juguetones al mismo tiempo, los versos de "El doble" plantean un enigma que no tiene resolución, dejando espacio al lector para que él mismo saque sus propias conclusiones, como un detective que ha sido citado al texto para que descifre las pruebas en el lugar de los acontecimientos. "El doble" lo leí por primera ocasión en El dado virgen (1980), publicado por la editorial venezolana Fundarte y, además de su inusitada historia –digna de un cuento de suspenso–, del poema me atrapó también su atmósfera nocturna, sus imágenes delirantes y su deliciosa sonoridad. Con el paso del tiempo –lo que sucede con los textos que más nos intrigan–, el poema asaltó repetidamente mi memoria, azuzada por la aparición de ese jugador de cartas de sombrero, abrigo, camisa a rayas y zapatos que, en la alta noche, convidaba a oscuras apuestas. Me propuse entonces, algún día, develar la identidad y los móviles de ese indeseable visitante, y las pesquisas me llevaron hasta el autor del poema. En las siguientes páginas, Raúl Henao, atendiendo al citatorio que le hiciera para reconstruir el incidente de "El doble", vuelve a sacar de la entre luz las pistas que lo llevaron a sustentar la declaración que, de los sucesos ocurridos, hizo en el poema.

*****

Raúl, ¿asaltó usted a "El doble" o "El doble" lo asaltó a usted?

El tema de "El Doble" (el espejo, la sombra, el autorretrato, son variantes del mismo) se relaciona con el mito de los hermanos gemelos, opuestos o complementarios; uno de los más antiguos de la humanidad y que se reitera en muy diversas culturas desde los babilonios y los egipcios, pasando por los griegos, romanos, judíos y persas, hasta los mayas y los aztecas. Es un símbolo, una metáfora si se quiere, de las muchas dualidades y contradicciones que jalonan la naturaleza y la vida humana en particular, del nacimiento a la muerte: última y suprema contradicción. Es, desde luego, un tema que no se escoge sino que nos escoge porque nos precede en su calidad de arquetipo, y cuya expresión poética y literaria, en lo que corresponde a nuestra propia cultura, no resulta difícil de rastrear en el romanticismo alemán (Hoffman, Kleist Chamizo) en Goethe (Fausto), Gerald de Nerval (Aurelia), Baudelaire (el "Heutontimorumenos" de Las flores del mal) Rimbaud (su famoso "yo soy otro" de la "La carta del Vidente"), hasta llegar a los surrealistas (Artaud, Jean Pierre Duprey) y al grupo Le Grand Jeu (René Daumal). Eso por no mencionar el papel significativo que juega en la obra de escritores como Poe, Dostoievski, Carroll, Wilde, Stevenson, Borges, etc. Es, en síntesis, un tema de la literatura fantástica que siempre me ha fascinado. Por eso, en lo personal, ese poemita o prosa poética motivo del actual cuestionario no necesitó ninguna elaboración previa de mi parte sino que fue "escrito de un tirón" como reza la expresión popular y es obra y gracia de la escritura automática o mediúmnica, es decir, de la pura inspiración.

El incidente de "El doble" se cuenta en versos no muy largos, parejos y precisos, pausados por continuos silencios. La respiración es el ritmo, dicen algunos. ¿Qué es para usted el ritmo en un poema?

"El poema es un conjunto de frases, un orden verbal fundado en el ritmo": cito con renovado placer a Octavio Paz, ahora que ciertos poetas de moda, ensayistas mediocres, se ponen de acuerdo en denigrarlo. El ritmo no es solo la respiración, sino el palpitar del corazón que hace circular por el poema la savia púrpura de la vida. Ese ensalmo, conjuro, encanto o sandunga, consubstancial al lenguaje, que de manera inopinada resucita el tiempo original o nos lleva de vuelta o los orígenes mágico-religiosos de la humanidad. Es conocido el influjo ejercido por la música en los movimientos poéticos y literarios de mitad y finales del siglo XIX, como el romanticismo o el simbolismo. Ese influjo parece cesar a comienzos del siglo XX y es substituido por el de las artes visuales –pintura, escultura, arquitectura– cuya gravitación se percibe en la vanguardia poética del siglo pasado. Este contexto vanguardista constituye de cierta manera el ámbito más cercano a mi poesía, centrada más en la anécdota o la imagen onírica que en la musicalidad de las palabras. Sin embargo no soy ajeno a la importancia de esta última porque mi poesía, creo, encierra una vivencia secretamente mágico-religiosa a la que no se accede sino a través del ritmo y la música verbales.

"El Doble" y otros poemas suyos cuentan historias. Para usted es más fácil escribir una trama que una elegía, un elogio o una invocación, por ejemplo? ¿No se cuestiona el uso de la anécdota en poesía?

El descrédito de la anécdota en poesía proviene del simbolismo francés, sobre todo de Mallarmé y sus discípulos; recordemos al respecto la celebre negativa de Paul Valéry a decir "la marquesa salió a las cinco", convertida en dogma de fe de la poesía pura. Esta postura o actitud reduccionista, la retoma luego el surrealismo, en razón tal vez, de la amistad muy estrecha que uniera a Breton con Valéry en los comienzos de dicho movimiento. Algo, por otra parte, que no deja de resultar paradójico porque en buena medida la fascinación que todavía despierta en nosotros la lectura de los Pasos perdidos, Nadja, Los vasos comunicantes o El amor loco, reside en el uso, casi encantatorio, que hace el autor de la "anécdota"; confluyendo en la creación de una atmósfera única, mágico-circunstancial o cotidiana. A esta búsqueda de magia cotidiana, sin nexos con el realismo mágico de la novela latinoamericana, corresponde visiblemente el uso de la anécdota en mi poesía, lo que la aproxima a la narrativa, como bien lo hiciera notar Pedro Gómez Valderrama, el autor de La otra raya del tigre y de Muestras del diablo, en "Ante una nueva actitud literaria", artículo de prensa publicado poco antes de su muerte. Proximidad o tendencia que el destacado integrante de Mito encontraba "importante" en el contexto poético colombiano. Habría que aclarar, en definitiva, que esa tendencia hacia lo narrativo es la del poema en prosa o prosa poética, género literario que J. K. Huysman definiera como "un comprimido infinito que encierra en su pequeño volumen la potencia de la novela", y que en mi caso nada tiene que ver con la narrativa convencional o realista, sino que se relaciona con lo onírico, con el relato de orden simbólico o mítico.

El lenguaje de "El Doble", como en general de sus versos, es vistoso, colorido, sensual, alegre, melódico. ¿Me puede hacer un breve listado de las palabras con las que presintió la poesía cuando era niño?

Mi primera vocación fue la pintura, vocación que lamentablemente extravié al llegar a la adolescencia. Y digo que, "lamentablemente", porque de haber perseverado en ella me hubiera ahorrado el trato con "la canalla" literaria. Mis recuerdos de infancia son visuales o puramente táctiles de orden erótico. Recuerdo por ejemplo, la fascinación que me produjo la estampa de un tigre de Bengala, reproducido en un calendario de la Esso de Colombia. Tuve allí la visión de esa "horrible simetría" que obsesionara tanto a William Blake como a Jorge Luis Borges. No recuerdo haber experimentado algo semejante con ninguna palabra. Mi primer "gurú" en poesía, creo, fue mi abuela paterna, una mística y vidente heterodoxa que me leía la Biblia y me enseño a orar, que es diferente a rezar, y más tarde me inició ¿involuntariamente? en el orientalismo y la Teosofía, al legarme unos libros de ese orden temático. Soy un poeta religioso y no político… Religioso no en el sentido de profesar una de las religiones tradicionales o institucionales del mundo moderno, sino en el de sentirme "religado", al unísono con el universo infinitamente misterioso que nos rodea.

"El Doble" se aparece en la noche. La mayoría de sus poemas trazan una plástica nocturna. ¿Qué ama de la noche?

"El universo esta en la noche" dice en Aurelia Gerald de Nerval, uno de los pocos poetas que ha intentado vivir la poesía "a expensas de la vía pública". Pero esa "plástica nocturna" como tu la llama no es excluyente de una temática diurna que como los girasoles o los heliotropos, gira alrededor del sol. Lo que a mí me interesa, en realidad, es explorar la interrelación de los contrarios o dualidades como luz y oscuridad, bien y mal, animalidad y espiritualidad, azar y destino, necesidad y libertad… Que, como lo enseña el pensamiento tradicional extremo-oriental (preferentemente chino-japonés) no son excluyentes sino complementarios, y por consiguiente no se pueden entender, ni mucho menos vivir por separado. Esa coincidentia opossitorum sobre la que el mitólogo rumano Mircea Eliade ha escrito un hermoso ensayo titulado Mefistófeles y el andrógino, constituye, por otra parte, la temática central de los místicos de todos los tiempos y lugares. Yo he intentado llevarla a la poesía y creo modestamente haberlo conseguido en un poemita de mi libro Sol negro (cuyo título nada tiene que ver con la melancolía nervaliana y sí con esa coincidencia de opuestos mencionada atrás). Me refiero al poema titulado "Reconocimiento de la noche", que termina con la siguiente estrofa:
¡Canto del gallo
en la madrugada!
Aunque amo el sol
mi alegría es loca
como la noche.


Ese poemita señala la auténtica "plástica" a la que obedece mi poesía: el alba, la aurora, el amanecer, la madrugada… En la medida que en ese momento del día confluyen la luz y la oscuridad. Y fíjate que la aurora tiene también un "doble" en el crepúsculo, ese instante del día de impronta romántica o surrealista, porque ambos movimientos convergen, entre otras convergencias, en la manera de concebir lo maravilloso, acerca del que el poeta alemán Jean Paul Richter nos dice lo siguiente: "No debe girar lo maravilloso como una mariposa nocturna ni como una diurna, sino como una mariposa del crepúsculo".

En ocasiones sus poemas son espejos que devuelven su "doble"; sus versos están llenos de espejerías. ¿Qué más puede comentar sobre los "dobles" de los espejos?

Me agrada la idea de ver en mi poesía un espejo donde pueda conocerse mejor el lector. Pero ocurre, por desgracia, que con frecuencia nos engañamos a nosotros mismos y ni siquiera aceptamos reconocernos en el espejo. Por eso en uno de mis poemas consagrados a celebrar esa "espejería" que mencionas en tu pregunta digo abiertamente:

No veo que llevo
El rostro que veo.
("Pensamiento del Espejo")

Tanto las tradiciones populares como las leyendas antiguas retomadas por la literatura fantástica, convienen en señalarnos que los espejos no devuelven la imagen de El doble ni de El vampiro, que básicamente son apariciones o apariencias, lo que significa que su poder de engañarnos es limitado. Las apariencias pues, no pueden multiplicarse indefinidamente, ni el parecer desligado del ser, y lo contrario constituye un "tabú", por ejemplo, tanto para la cultura judía como para la musulmana. Al hombre moderno, proclive a caer en ese error, no le queda otra opción que atravesar –como la Alicia de Lewis Carroll– el espejo… ir más allá del conocimiento y la autoconciencia para así recuperar la gracia y la inocencia paradisíacas. Este fue el mensaje "profético" que nos dejara consignado en su obra el gran romántico alemán Heinrich von Kleist. Lo que el llamaba "el último capitulo de la historia del mundo" (Ensayo sobre el Teatro de Marionetas).

"El doble", como casi toda su poesía, proyecta una buena cantidad de imágenes, al modo surrealista ¿Presiente a veces que se viene un poema por el sólo destello de una imagen?

La imagen poética (y la imagen surrealista) es resultado de intentar decir lo que la palabra no dice: lo indecible, lo que está más allá de las limitaciones inherentes al lenguaje. Lo que trasciende el sentido unívoco o racional en un surtidor de significados, que sin anularse unos a otros, convergen en la unidad. Pero ese "destello de la imagen" no se encuentra fuera del círculo mágico de la escritura poética. Es necesario entrar en él para hallarlo, del mismo modo como los Loas (dioses) del Vudú o la Santería no toman posesión del adepto que los invoca sino en el vértigo y la embriaguez de la danza y los tambores, o que –en un contexto católico– la transubstanciación del pan y el vino en la carne y la sangre divinos, no ocurre fuera del acto litúrgico y sacramental de la Misa… A menos, claro está, que uno sea un visionario por el estilo de William Blake o Alce Negro, o un loco como Swedenborg o Strindberg.

¿Cuáles son esos escritores cuya literatura surrealista más disfruta y cuáles de sus libros recomendaría consultar a los lectores de esta entrevista?

A comienzos de los sesenta me hice amigo en Medellín de Mauro Álvarez, el más intratable y marginal de las nadaístas. Entre los libros de su biblioteca figuraba la Antología de la poesía surrealista de Aldo Pellegrini, que terminó parando en mis manos y que recomiendo como la mejor iniciación en el surrealismo francés. Luego viene, por supuesto, la Antología de la poesía surrealista latinoamericana del polígrafo rumano Stefan Baciu con quien sostuve una correspondencia de casi veinte años, hasta su muerte a comienzos del año 1993. Libro fundamental para conocer el impacto del movimiento surrealista en algunos de los más sugestivos e inspirados, a mi juicio, poetas latinoamericanos de la primera mitad del siglo pasado. Como una muestra del mejor surrealismo escrito en español recomiendo la lectura de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca y Versión celeste de Juan Larrea. Estos dos soberbios poetas no se consideraron nunca surrealistas, pero no hay la menor duda de que estas dos obras suyas si lo son plenamente. En lo que a mí en particular se refiere, voy a citar a continuación los obras surrealistas, precursoras o herejes del Surrealismo que más me gustan y más me influyeron: El matrimonio del cielo y del infierno de William Blake (Breton lo excluyó de entre los precursores del surrealismo porque no le gustaba su misticismo) Fausto de Goethe, Enrique de Ofterdingen y los Fragmentos de Novalis; El teatro de marionetas de H. von Kleist; Los poemas de la locura de Hölderlin; Cuentos de Hoffman; Cuentos de Edgar A. Poe; Los dioses en el destierro, El tambor Legrand, Noches florentinas de Enrique Heine; Alicia en la País de las Maravillas y A través del espejo de Lewis Carroll; Aurelia y Las quimeras de Gérald de Nerval; Las flores del mal y Spleen de París de Ch. Baudelaire; Las iluminaciones y Una temporada en el infierno de A. Rimbaud; Los cantos de Maldoror de Lautrèamont; Justine de El Marqués de Sade; los Trópicos y Sexus de Henry Miller: El proceso y La muralla china de Kafka; Alcoholes y Caligramas de Apollinaire; Los vasos comunicantes, Nadja, El amor loco, Pez soluble, El revólver de cabellos blancos, Arcano 17 de André Breton; El teatro y su doble, Heliogábalo, Van Gogh suicidado por la sociedad, Los Tarahumaras de Antonin Artaud; Madame Eduarda, El erotismo, Historia del ojo, El ojo pineal de Georges Bataille; El monte análogo de René Daumal; Hebdomeros de G.de Chirico; Poemas de Henri Michaux; El supermacho de Alfred Jarry; Irene y El campesino de París de Louis Aragon; La motocicleta y El inglés descrito en un castillo cerrado de A. P. de Mandiargues; Residencia en la tierra de P. Neruda; La tortuga ecuestre de César Moro; Materia real de César Dávila Andrade; El infierno musical de Alejandra Pizarnik; Las formas del fuego de Ramos Sucre; Ficciones y Elogio de la sombra de Jorge L. Borges; Los signos en rotación, Conjunciones y disyunciones, Águila o sol, Ladera este de Octavio Paz; Los últimos soles y El ala de la gaviota de Enrique Molina; Textos inéditos de Jorge Cáceres. A Breton le gustaba mucho la "novela gótica", a la que calificaba de "alta ficción". Yo he leído prácticamente a todos sus autores: Walpole, Maturin, Monk Lewis, Cazzotte, Shelley, Stoker, Le Fanu, Machen, Blackwood, Jean Ray, Bierce, Kubin, Dunsany, Lovecraft, etc, etc.

¿Leer poesía surrealista lo estimula a escribir poesía surrealista?

"Dime qué lees y te diré quién eres". Pero aparte de ello debe existir esa necesidad previa de expresarse en un orden artístico, esa inconformidad con la sociedad que te rodea, esa rebelión, yo diría metafísica, que nos lleva a crearnos un mundo aparte del que nos ha tocado en suerte. Apenas llegaba a la adolescencia cuando un ensayo de Rafael Maya sobre los "orígenes del modernismo" en Colombia publicado en uno de los magazines literarios de la prensa bogotana me llevó a interesarme por la poesía de Silva, Valencia, Barba Jacob, y en general por los poetas latinoamericanos pertenecientes a ese movimiento literario de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Simultáneamente estaba en el aire la poesía que hacían los nadaístas que me resultaba muy impactante y seductora. Por varios meses mi libro de cabecera fue la antología inicial de dicho movimiento Trece poetas nadaístas, un librito que me gustaría tener aún en mi biblioteca, pero del que salí cuando la poesía y los integrantes del grupo –algunos de los cuales ya eran mis amigos– empezaron a desilusionarme por diferentes motivos. Es en ese momento, como te he referido atrás, que cae en mis manos la Antología de la poesía surrealista francesa de Pellegrini, donde descubro, por así decirlo, mi auténtica filiación literaria, mi verdadera afinidad electiva, la poesía que me gustaba leer y me hubiera gustado poder escribir: una poesía más allá de la creación deliberada y autoconciente y que, como los sueños o la vida misma, concede un papel protagónico al absurdo y lo irracional. Eso no implica en ningún momento, que el surrealismo se constituyera para mi en una profesión de fe o en una ideología político-religiosa; porque, tal como creo que lo fue para poetas independientes como Enrique Molina, Olga Orozco, Juan A. Vasco o Juan José Ceselli –para limitarme a algunos poetas argentinos signados por esa "aventura del espíritu", como la denomina el poeta brasilero Sergio Lima– mi relación con el surrealismo ha sido siempre del orden de las corroboraciones y los encuentros inesperados, de las afinidades electivas (me reitero en esta expresión goethiana que me gusta mucho), de las atracciones apasionadas que gravitan en torno al misterio y lo maravilloso.

La atmósfera de "El Doble" es extraña y alucinante. Por casualidad, ¿escribió el poema bajo una alucinación inducida, o creó esa atmósfera desde la pura sugestión poética?

¿Atmósfera? Sí, la intervención de ese ingrediente indefinible o impalpable en la poesía me interesa y yo diría que, luego de haber abandonado casi por completo la escritura automática, es lo único que todavía me acredita como surrealista. Porque, prosiguiendo esa lista de autores famosos o no, incluida en el I Manifiesto del Surrealismo, me gustaría que se dijera de mí, lo mismo que allí se dice de Jean Paul Fargue: "Raúl Henao es surrealista en la atmósfera". En lo que a la escritura de "El doble" se refiere, la atmósfera "extraña y alucinante" de tu pregunta, es la del instante que sigue al despertar de un sueño especialmente vivo y conmovedor, que nos crea la duda de si realmente hemos despertado o si todavía continuamos soñando. Para inducirla no se necesita otro artificio que el de la pura sugestión o inspiración poética.

¿Ha recurrido a drogas o a otros estimulantes para escribir? ¿Cree que los estimulantes son mecanismos liberadores de lenguaje?

He sido un caminante de la ciudad, en la línea del "flaneur" baudeleriano o del "paseante solitario" de Rousseau. Y tiempo atrás, por un corto período, acompañé esas caminatas citadinas de un cigarrillo de marihuana, que nunca he mezclado con el alcohol u otras "drogas". Corroboré entonces, el poder paranormal de la cannabis sativa, que nos permite acceder a zonas vedadas de la mente humana, recordar sucesos olvidados de la infancia y hasta explorar el origen de muchas pautas y modelos de comportamiento social pero nunca la utilicé para escribir. El uso de alucinógenos y drogas químicas de naturaleza parecida, es interesante en la medida que propician una "expansión de la conciencia". En tal sentido enriquecen el trabajo de un escritor… Siempre y cuando no lo lleven a la dependencia o adicción. El uso cotidiano de la marihuana, por ejemplo, tiende a producir estados paranoicos que traen como contraparte negativa la megalomanía. Igual, y quizás en mayor medida, sucede con el peyote y los hongos alucinógenos (o sus componentes químicos: la mescalina y la silocibina). Según el escritor británico Trevor Ravencroft, el poder de liderazgo casi irresistible de que hacía gala Hitler, fue resultado de sus experiencias con la droga (una poción de peyote) que le suministrara el librero Ernest Pretzsche, en su Viena natal, y que en lugar de expandir su mente, permitiéndole acceder a esa conciencia "oceánica" o "cósmica" de la cual nos hablan los místicos e iluminados de todos los tiempos, "sirvió para guiarle hacia sus metas siniestras e inhumanas de poder personal, tiranía y conquista de mundo". Resumiendo, parece pues, que con respecto al tema del uso de la droga y otros estimulantes artificiales de la creatividad, sigue siendo válida la opinión de Charles Baudelaire consignada en Los paraísos artificiales, donde califica la adicción a los alucinógenos y los opiàceos, como un "suicidio lento" y en substitución, aconseja a los poetas en busca de inspiración, frecuentar sólo las vías de "la contemplación y el trabajo continúo, mediante el ejercicio asiduo de la voluntad".

¿Usted piensa que un poeta debe experimentar con drogas bajo el principio de que todo en la vida debe ser objeto de conocimiento?

A las drogas no se recurre buscando conocimiento o por lo menos son muy pocos los que lo hacen así hoy en día. A las drogas se llega buscando un paliativo o evasión a las condiciones estresantes e inhumanas que crea a su alrededor la moderna sociedad capitalista. Por eso su consumo va en alza en lugar de disminuir, a pesar de todos los esfuerzos que se ponen en reprimirlas. Y no se legalizan porque constituyen un negocio lucrativo tanto para quienes las persiguen como para quienes comercian con ellas. Su aspecto positivo ha sido dejado completamente de lado –como sucedió con la energía atómica– y ya no se escriben sobre ellas textos optimistas y luminosos (desde la óptica del arte y de la ciencia) como los de Aldous Huxley, Alan Watts, Allen Ginsberg, Ernest Junger, Antonin Artaud, o incluso Timothy Leary. Henri Michaux. El poeta belga, de lengua francesa, luego de realizar a través de ellas una de las odiseas más asombrosas de nuestro tiempo, acabó confesando que era "un bebedor de agua".

¿Recuerda algún comentario importante, favorable o desfavorable, que le hubieran hecho sobre "El Doble"? ¿Lo puede citar aquí?

En Colombia rara vez se recibe una opinión o un comentario pertinente, que trascienda el me gusta o no me gusta sobre lo que se escribe. Recuerdo un comentario favorable a "El doble" que me hiciera el escritor caleño Germán Cuervo, el autor de El mar, una novela muy sugestiva e interesante ambientada en los años álgidos del narcotráfico, que inexplicablemente, la editorial Plaza Janés –que la publicó inicialmente– no ha vuelto a reeditar. Puede decirse que la crítica literaria en el país llega hasta la década del 80 y a partir de esa fecha ya no se escriben sino reseñas anodinas y superficiales, dictadas las más de las veces por intereses comerciales y publicitarios que nada tiene que ver con el ejercicio de la literatura como arte vocacional. E incluso antes de esa fecha la crítica ya era bastante endeble e inconsistente. Yo me atreví a cuestionar, por ejemplo, la crítica sobre poesía que por entonces hacían algunos poetas capitalinos (jueces y partes) en revistas como Eco, Gaceta de Colcultura, Boletín cultural de la Luis Ángel Arango, y en suplementos como Lecturas dominicales de El Tiempo y Magazín dominical de El Espectador durante un encuentro sobre La poesía Posterior al Nadaísmo realizado por la Universidad de los Andes de Bogotá, y presenté una ponencia titulada El fantasma de la imaginación en la poesía post dadaísta , que me valió el ostracismo definitivo en revistas literarias, suplementos dominicales, historias de la poesía colombiana, antologías y premios de poesía. Marginalidad o silenciamiento del que todavía no me repongo del todo. A lo que habría que agregar que en Medellín, la llamada "cultura paisa" y en general, el ambiente cultural antioqueño, siempre me ha sido abierta o solapadamente hostil.

¿Qué opina de los poetas que en sus poemas sostienen una cosa y en su vida real la desdicen, de los poetas "dobles"?

No solo en los poetas y escritores existe disparidad entre lo que dicen y lo que hacen, sino en el hombre común y corriente, en el llamado "hombre de la calle" que es por definición, alguien en conflicto consigo mismo y por consiguiente, con el medio que lo rodea. La contradicción consigo mismo, la disparidad entre lo que lo que se piensa y lo que se habla, entre lo que se habla y lo que se hace, está tan arraigada en los pliegues más secretos de la condición humana, que se vuelve perceptible también en el tramado de la historia. A este respecto en el I Manifiesto del Surrealismo, André Breton trae a colación una cita de Novalis:

"Hay ciertas series de acontecimientos que se producen paralelamente con los acontecimientos reales. Por lo general, los hombres y las circunstancias modifican el curso ideal de los acontecimientos de tal manera que este toma apariencias de imperfección y sus consecuencias son también imperfectas. Así ocurrió con la reforma: en lugar del Protestantismo, produjo el Luteranismo".

Heraclito por su parte nos habla de la ley de la enantiodromia: todo marcha hacia su contrario, que inspiró uno de los adagios castellanos de mi predilección: "puta joven vieja beata". Por eso, en lo personal y desde muy joven, siempre he evitado en lo posible asumir posturas radicales o hacer profesión de radicalismo, contrariamente a lo que sucedía con algunos de mis amigos poetas, revolucionarios o contestatarios, que hoy en día hacen parte lamentable del stablishment mediocre y conformista de la cultura colombiana, a la que tanto criticaron en su juventud. Recuerdo a uno de ellos que en la actualidad se declara partidario y admirador de la poesía de José Manuel Arango, al que considera uno de los mejores poetas de la Colombia actual, pero que a mitad de la década del setenta se molestaba visiblemente si lo comparaban con el poeta de Montañas y Este lugar de la noche. Yo opinaba entonces –y todavía sostengo la misma opinión– que la poesía de Arango, estéticamente irreprochable, se enmarca, sin embargo, en la estrechez de espíritu –puritano y realista, comercial y chauvinista– que ancestralmente ha caracterizado a la cultura antioqueña, enemiga del misterio y la magia, de lo exótico y la imaginación, tal como por lo demás lo dejara sentado Tomás Carrasquilla en sus Homilías y en Simón el mago, uno de los relatos más reveladores –de modo paradójico– de la ideología hegemónica en esta región del occidente colombiano.

"El doble" es un poema misterioso, juguetón, que invita al lector a descubrir el fondo de un enigma. Yo percibo en ocasiones que "El doble" es esa parte de usted que ama la noche, que quiere ir en busca de la noche en el "asiento trasero del taxi", emprendiendo una carrera desconocida. Otras veces imaginó que el "El Doble" es el mensajero de la muerte, "el jugador de cartas sentado/ al borde de su lecho", que quiere ganarle esta vez la partida. En ocasiones, así mismo, siendo más literal, imagino que "El doble" es la tentación para quien ama el juego; ese "jugador de cartas" con el que ya en "un ocasión anterior" jugó y que vuelve en medio de la noche para tentarlo. ¿Hilo demasiado fino?

Una de las particularidades de la poesía y la literatura en general radica en el hecho de que por más alta que sea la consideración del autor para con su obra escrita, esta no reviste una realidad tangible mientras no encuentra al lector que le esta destinado: "un libro que no encuentra su lector no existe" nos dice Maurice Blanchot, que en otro lugar, se refiere al hábito de la lectura en términos muy sugerentes y hermosos, comparándolo a una especie de "danza con una pareja invisible". En este sentido la interpretación personal del autor es relativa y se suma a la interpretación de los lectores. De modo que "El doble" bien puede ser ese amante presuroso, intempestivo de la noche. El jugador de cartas que nos tienta a una última partida, cuando todo lo hemos perdido. Y a lo mejor, ese correo o mensajero anticipado de la muerte, del que hablas en tu pregunta. Caben pues todas las explicaciones que son, posiblemente, no tanto "la invitación a descubrir el fondo de un enigma", como la expresión llana y abierta del enigma mismo.

¿Qué llegaría a pasar si se perdiera su doble y se perdiera usted y nunca más se volvieran a encontrar?

Si se pierde el "yo" se pierde supuestamente "el doble" y trascendemos a ese estado iluminado del que nos hablan los místicos y fundadores de tantas religiones y cultos religiosos. Según reza una tradición esotérica, el doble nos abandona tres días antes de nuestra muerte. Recuerdo al respecto que en el 2000 publiqué en La red de las letras, gaceta de la Secretaria de Educación, por esa fecha a mi cargo, un relato corto titulado "El otro yo", de Alberto Berrío; el personaje es un escritor que frecuenta una biblioteca del centro de la ciudad donde, cierta tarde, asiste a la aparición de su doble: "Allí estaba yo sentado en una mesa y al frente mío mi otro yo, exacto a mi, pero muy joven, un adolescente de nuevo, visitando la biblioteca, su manera de coger el libro, el gesto de su boca, la mirada ansiosa, con los mismos anteojos que use hace tanto tiempo, que lo mostraba mas viejo de lo que era". Cuando el protagonista se le acerca para pedirle explicaciones de su presencia en dicho lugar, el doble huye precipitadamente buscando la salida del edificio. El escritor lo persigue entre las mesas de lectura pero el desorden y la confusión que se producen en la sala le impide darle alcance y cuando sale a la calle no ve a nadie. El autor concluye su relato de esta manera: "hoy cuando he intentado entrar se me ha notificado la expulsión. No podré escribir sobre los sucesos que acontecen en la biblioteca. No podré sumergirme en la lectura como antes, en sus salas. Y tampoco podré volver a encontrar a mi otro yo, que desapareció quien sabe si para siempre. ¿para siempre?". Lo curioso del caso es que ese relato describe de manera muy precisa la condición personal de su autor: un intelectual de formación exclusivamente política, que sólo encuentra su vocación de escritor tardíamente, pasados los cincuenta años y que muere apenas cinco años después de haber aparecido este relato, en un accidente absurdo, sin tener siquiera la oportunidad de ver publicado su primer libro, en ese momento a punto de salir de la editorial. Moraleja: Un escritor no debe matar su doble ni evadirse de él, sino enfrentarlo y de ser posible ponerlo al servicio de su obra, sin permitirle en ningún momento que lo suplante o substituya, como parece que le sucedió a Marcel Proust o al mismo Jorge Luis Borges, en quienes el escritor terminó por matar al hombre corriente y ordinario. Situación que se refleja, desde luego, en su literatura, porque ambos autores terminaron haciendo un arte desligado de la vida, fuente original de toda creación auténtica.

Finalmente, Raúl, ¿Quién es "El Doble "? ¿Lo sabe usted?

Yo soy otro, "el doble" soy yo.

viernes, 15 de junio de 2007

FÓRNIX Y LUMEN (TRILOGÍA DEL ESPÍRITU) DE LUIS CRUZ


Hola amigos, les escribo para invitarlos cordialmente a la presentación del número 5/6 de la revista Fórnix. En la mesa participarán el narrador y crítico José Güich Rodríguez; el poeta Alberto Valdivia, director de la revista Ajos y Zafiros; Ricardo Ramón, director del Centro Cultural de España; y R.S. El encuentro será un pretexto para conversar sobre el papel de las revistas literarias en el Perú y en toda la Región. La cita es el martes 19 de junio a las 8.00 pm en Centro Cultural de España (Calle Natalio Sánchez 185), Santa Beatriz, Lima.

El mismo número de Fórnix será presentado también el 17 de julio en el Centro de la Cooperación de Buenos Aires. A partir de esa fecha, la revista y la Editorial Nido de Cuervos funcionarán en Argentina.

Aprovecho la oportunidad para anunciarles la reciente aparición del poemario Lumen. Trilogía del espíritu, de Luis Cruz, coautor de Tetramerón, cuya presentación se anunciará oportunamente

Muchos saludos,

Renato Sandoval
Director de Fórnix y de Editorial Nido de Cuervos

jueves, 14 de junio de 2007

LHYMEN NÚMERO 4


presentación
lhymen: revista de cultura y literatura
cuarto número
aproximaciones al discurso literario en la época del terror

colaboran:
Jaime Villanueva/ Renato Merino/ Carmen Saucedo/ Javier de Taboada/Rocío Silva Santisteban/ Núria Vilanova/ Francoise Aubés/J orge Terán/ Dorian Espezúa/ Gonzalo Espino/ Javier Morales/ Moisés Sánchez/ Guillermo Flórez/ Edith Pérez/ Gina Moore/ Luis Vara/Carlos López Degregori/Daniel Gonzales/Rauf Neme/Carlos García/ Douglas Rubio/ Lorena García

comentan:
Dr. Santiago López Maguiña
Dr. Juan Carlos Ubilluz
Javier Morales Mena


junio/ jueves 21/ 7:00 p.m.

Auditorio de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas - UNMSM
Ciudad Universitaria Av. Venezuela 3400 Lima 1

vino de honor

Desde la publicación del primer número (mayo del 2002) han pasado cinco largos años. Reflexionar en torno a los problemas de la cultura y literatura andina o las manifestaciones discursivas "marginales" sigue constituyendo el pilar de nuestra revista. Ciertamente los anteriores números evidencian la continuidad y consolidación de este interés que en el tercer número se definió completamente: Lhymen sería, en adelante, una revista dedicada al análisis y la reflexión desde el género ensayo.

Con esta cuarta entrega pretendemos alejarnos de los cacareados intentos de ciertos círculos "académicos" que pregonan incomprensiblemente la negativa de interrogar la respuesta de la pregunta, o de aquellos "intelectuales" de moda que eficazmente anuncian todavía la "limpia" de toda palabra difícil del discurso especializado; antes o después de las seductoras mallas de poder que ha llevado a proclamar la urgencia de politizar la academia en lugar de academizar la política, sospechosos de la gratuidad mediática que como espectro ronda la crítica literaria capitalina; que los artículos de este cuarto número testimonien la continuidad del compromiso por construir un espacio de discusión abierto, alturado y riguroso que asumiéramos desde el primer número.

El lector encontrará en esta cuarta entrega artículos donde se reflexiona desde diversos núcleos disciplinarios e interdisciplinarios sobre los discursos de la violencia terrorista que asoló al Perú contemporáneo. Que el análisis de aquellos documentos de cultura o de aquellos archivos de barbarie revele sin muchos aspavientos la fe inquebrantable de pensar y repensar constantemente el mundo andino como aquel lugar donde podamos vivir tanto santos y demonios todas las patrias.

Los directores

martes, 12 de junio de 2007

ELOGIO DE LA INFANCIA: POETAS PERUANOS DE TRES DÉCADAS (1965-1988) POR PAUL GUILLÉN

Procesión y calvario de Julieta Silvestre

Yo pienso que ya no va a haber nuevas generaciones; pienso que no va a haber 80, 90, nada de esto; pienso que el destino de la poesía peruana se está jugando en estas generaciones del 60, 70 y tal vez 80. Pero creo que a nivel de poesía es así, no hay otra. Es decir se ha llegado a un grado en que el riesgo es lo no planteado hasta ahora; el riesgo de escribir una poesía total.

Enrique Verástegui (1983)

Pienso que es absurdo sostener que tras los años 60 se estancó la poesía peruana. Creo más bien que allí empieza la poesía peruana tal como la entiendo. La modernidad de poetas como Cisneros-Hinostroza-Lauer-Martos es nuestro punto de partida. Y el vendaval del 70 (Hora zero) es una profundización de dicha modernidad (para mí lo más moderno –lo nuevo- es lo más indio, lo más cholo).

Roger Santiváñez (2004)

Un reciente artículo del poeta y crítico uruguayo Eduardo Espina en la Jornada de la UNAM llama la atención sobre la proliferación de antologías a nivel mundial y anota que lo que definiría una buena antología sería articular “las preferencias formales del antologador” con el corpus poético y además “la desmesura de la subjetividad puede resultar más efectiva que la mesura analítica”. Por este camino trataré de inscribir mi lectura sobre un proceso abierto, permutable, discontinuo, fragmentario, que recoge las voces de poetas peruanos nacidos entre 1965 y 1988 e incluso repararé en el grado de transición con sus antecesores, las posiciones frente a un cambio/continuidad en el lenguaje y el imaginario de los poetas comentados o el envío y reenvío de bienes simbólicos -casi nulo- entre Lima y provincias. En ese sentido, algunos esfuerzos han sido desplegados por las antologías Piedra sobre Piedra. Poesía Cusqueña Contemporánea de Mario Pantoja, Literatura de Piura de Harold Alva y Tremos de sur. Antología de una poesía arequipeña de Maurizio Medo.

No hablaremos de “generación”, sino que individuaremos a cada poeta según criterios de composición y poética, cuando tengamos oportunidad trataremos de agrupar líneas de escritura. Trazaremos un panorama amplio que tiene diversas aristas que se yuxtaponen, se repelen, se aproximan. En ese sentido, el período analizado (1987-2007) corresponde a momentos álgidos de enfrentamiento y lucha social en el Perú: violación de los derechos humanos de manera sistemática, inflación extrema, violencia política, corrupción, economía regida por narcodólares, persecuciones políticas e ideológicas. Los poetas que empiezan a publicar a inicios de los 90 quizás tengan más puntos de continuidad con lo que se conoce como “generación del 80” o “generación de la violencia”, no en vano una antología representativa de esos años como La última cena recoge las voces de Rodrigo Quijano (Lima, 1965) y Jorge Frisancho (Barcelona, 1967), poetas que han sido considerados cercanos al núcleo principal de Kloaka[1]. Entonces, la pregunta pertinente es: ¿existe un cambio en el lenguaje, en el imaginario, en los paradigmas entre estos dos poetas y los demás incluidos en La última cena? Creemos que no, pero eso no significa que sus poéticas no sean sólidas o, por lo menos, interesantes, es decir, la originalidad o el rompimiento con la tradición, no asegura la concreción simbólica de un libro. Esta línea coloquial/conversacional en el Perú, que viene desde inicios del Siglo XX con las Baladas peruanas de Manuel González Prada o los poemas de Carlos Germán Amézaga tiene una línea de continuidad con la “Rapsodia de Manhattan” de Carlos Alfonso Ríos con una tesitura beat en los años 50 hasta llegar a los paradigmáticos conversacionales de la generación del 60 como Antonio Cisneros, Luis Hernández, Marco Martos e, incluso, Manuel Morales. Esta línea se extremó con los poetas de Hora Zero[2] y Kloaka hasta llegar a los jóvenes del 90 y post-2000. Si reparamos que la década del noventa empezó con dos vertientes básicas los grupos poéticos Neón[3] y Noble Katerva[4] y una continuidad neobarroca que provine desde el tan cercano y actual Martín Adán. Para el primer caso, debemos dejar constancia, que estos grupos repetían la experiencia de movimientos del 70 y 80, pero cada uno de ellos nos ha dejado, por lo menos, un poeta con personalidad propia: Neón tiene en Miguel Ildefonso (Lima, 1970) a un poeta con un proyecto de largo aliento que indaga sobre la mirada del otro, la ciudad, la soledad, lo marginal, a través de la construcción de sujetos subalternos, en tanto, Noble Katerva tiene en Roxana Crisólogo (Lima, 1966) a una poeta que se aproxima y toma la palabra por estos sujetos subalternos y que, además, impregna a sus textos de un lirismo descarnado. En los dos casos, estos sujetos subalternos representados son sujetos eminentemente migrantes y, por ello, son sujetos periféricos, descentrados, ambivalentes, que tienden hacia la oralidad. Por su parte, la línea neobarroca no sería negación de la línea conversacional, sino que coloquialismo y barroquismo serían dos operaciones, en apariencia, contrarias que, en nuestro caso, se complementan, se bifurcan y se unen en varias de estas poéticas, revisemos por ejemplo la obra de José Pancorvo (Lima, 1952), Gonzalo Portals (Lima, 1961) Rafael Espinosa (Lima, 1962) o Frido Martín (Lima, 1963). Siguiendo esta reflexión y llamando la atención sobre la utilización talibanesca de términos como “neobarroco” o “poesía posmoderna”, donde se cree puede entrar todo, si nos apoyamos en un concepto excesivo de lo formal, lo artificial, la pirotecnia verbal podemos darnos cuenta que:

“el barroco del que se habla (…) es un manierismo. Es producto de una orfandad estilística o producto de una ilegitimidad, como dice el buen Rodolfo [Hinostroza]. De alguna ilegitimidad cultural. Es un manierismo; es como un gesto feliz en la escritura poética, no tanto como un estilo”[5].

Por eso, tendremos especial énfasis en la utilización de categorías hermenéuticas que ayuden a trazar un panorama comprensivo de la poesía peruana última y evitaremos que, en la medida de lo posible, estas categorías abstraigan la percepción del lector. Por ejemplo, Luis Fernando Chueca afirma que la “dispersión” que se vive en los 90 se inicia en la década anterior y que, tal vez, esa dispersión se remonta a mucho tiempo atrás. ¿Pero de qué se trata esta dispersión? No es acaso la lectura bipartita de lo conversacional versus lo no conversacional. Entonces, porqué esgrimir nueve líneas de lectura en su ensayo “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa” que, a su vez, no se diferencian del todo, acaso no se trataría de propuestas muy similares que conviven a lo largo del Siglo XX. En el mismo camino, Chueca afirma: “varias de ellas podrían aproximarse entre sí para formar ejes mayores, que se reconocerían, en términos amplios, como un registro coloquial o narrativo conversacional, frente a un espacio de mayor desarrollo de lo lírico o a una vocación más experimental”[6]. En ese sentido, para Chueca, lo no conversacional estaría representado por una poesía del espacio de ritualización, de un lirismo extremo o de un lenguaje que tiende al barroquismo, aunque para esta última línea sólo reconozca a Gonzalo Portals, Rafael Espinosa y Alberto Valdivia.

Para afincarnos en la línea que aquí comentamos podríamos conceptuar lo neobarroco como aquello que estaría signado por la repetición, el exceso, el detalle, el fragmento, la inestabilidad, la metamorfosis, el desorden, el caos, la complejidad, la disolución, la distorsión, de la misma manera, lo posmoderno podría ser conceptuado con estos múltiples conceptos, además, de participar de la incertidumbre, la duda, la perplejidad, el vacío, la esquizofrenia, el sentido de agotamiento, la mezcla de niveles, las formas y estilos o su yuxtaposición, el gusto por la repetición y la copia, el manejo de estructuras o superficies, la mezcla en un mismo discurso de lo popular y lo culto, la desconfianza en la razón, la modernidad y su pensamiento universalista, su apuesta por el nihilismo, el anarquismo, la contradicción. Esta línea neobarroca estaría ejemplificada en las figuras de Salomón Valderrama (La Libertad, 1979), Mónica Beleván (Lima, 1982) y Pedro Favarón (Lima, 1978). Valderrama en su libro Amórfor escribe una poesía del deslenguaje, que se aproxima a los bordes del paroxismo, el retorcimiento de sus formas está cargado, en algunos de sus poemas, con una atmósfera de amor/violación y se percibe un gran punto de continuidad con el barroquismo híbrido de José Pancorvo, además, como afirma Maynor Freyre su poesía: “entre Eros y Tánatos, se va construyendo un envidiable mundo de palabras, donde incluye arcaísmos y neologismos con citas culteranas así también términos contemporáneos y hasta locuciones latinas”[7]. Por su parte, Mónica Beleván plantea en un eje experimental una reabsorción de Joyce, Nietzsche, Wittgenstein, dadaísmo, patafísica, por ejemplo, si revisamos su texto “Poda a Gorgias” nos daremos cuenta que el empleo del lenguaje subvierte las categorías de comunicación, sentimentalismo, erotismo, para trabajar con las propias opacidades del lenguaje: “La lengua (enreda, ésta, entre las piernas / Del amanuense, que sescribe a vuelco /Paralelolego, tsk tsk tsk) anota”. En tanto, Favarón podría considerarse como un neobarroco “ligero” con su libro Movimiento o del amor, que propone un recorrido por el mundo platónico, cierto conocimiento esotérico oriental y un espejeo entre el concepto del andrógino y la alquimia, que se engarza con el proyecto de Andrés Piñeiro (Lima, 1967) en Diotima de Mantinea, que también tiene un diálogo con Platón, en el sentido, de reflexionar sobre el alma (Fedón), el amor (El Banquete) y la belleza (Fedro) en clave culterana: “para Piñeiro la antigüedad termina siendo un mundo al cual podemos tener acceso directo y del cual podemos seguir aprendiendo indefinidamente, sobre todo –valga la cacofonía conceptual– aprendiendo clasicismo”[8]. Diotima de Mantinea tiene algunos puntos en común, en tanto lenguaje, con Libro de Daniel de Javier Gálvez (Chiclayo, 1966) que propone “una escritura donde la infancia, al fin, libera sus imágenes. Imágenes que naciendo de la mar se tornan luego rumor de acequias, espigas de arroz, garzas o abejas”[9]. Viaje hacia la infancia acompañado de maestros tutelares como Juan Ojeda, Saint-John Perse o los poetas grecolatinos, de esa manera, Gálvez despliega sus capacidades poéticas en un lenguaje luminoso, lleno de descubrimientos: “Si supones que la noche acaba, no has alcanzado tu visión / La noche es un metal difícil de olvidar”. Juan José Soto (Lima, 1965) en Palabra sobre los abismos signa su poesía desde el orfismo, lo metapoético, lo metafísico y la desconfianza en el lenguaje como medio de comunicación efectiva: “Busco palabras / Que sean más que palabras / Que hablen más que de sí mismas”. Un camino más contemplativo es desarrollado por Miguel Ángel Malpartida (Lima, 1983) en Galería, donde confluyen diversos símbolos (la rosa, el espejo) que reconstruyen las diferentes miradas de una galería, que es el cuerpo mismo del poeta, quien se pregunta por su condición y por la condición del mundo. Javier Morales (Ancash, 1978) en Grabado ceniza asume la contemplación de los paisajes, las figuras, los colores y los describe desde la otra margen para darnos cuenta de la luminosidad de esas realidades: “Todavía recuerdo tus manos / deteniendo la caída de estrellas /cambiando la gravitación de las esferas”.

La poesía trascendentalista[10] tiene en Oileau de Renato Gómez (Lima, 1977) uno de sus desarrollos más fértiles, una poesía reflexiva, que se inscribe dentro de cierta tradición insular alejada de los tonos coloquiales, un camino signado por Antonin Artaud, Francis Ponge y un cierto Emilio Adolfo Westphalen, en apariencia, Oileau propondría un “no compromiso” con la tradición poética peruana, cuando lo que ocurre es lo contrario, este camino tendría un gran valor (abrir un nuevo campo en el que tal vez sólo esta voz pueda habitar):

“podría pensarse en una conspiración ‘para el ocultamiento de la poesía’, tomando estas palabras del título de una prosa de Emilio Adolfo Westphalen, aunque lo propio sería hablar aquí del ocultamiento de los poetas. Quienes desdeñan la publicidad de sus nombres, conscientes de la condición más bien secreta de la poesía y casi clandestina de sus ediciones”[11].

Además, existe un grupo de poetas que escribe desde el surrealismo o desde los bordes del surrealismo como son los casos de Walter Espinoza Ramírez (Lima, 1974), Edgar Saavedra (Cajamarca, 1976), Patricia Serra (Lima, 1978), Nora Puertas (Trujillo, 1988) y, en menor medida, Denisse Vega Farfán (Trujillo, 1986). La poesía de Walter Espinoza Ramírez en Voz sin tiempo está tasajeada por las voces de César Moro, André Breton, Roger Vitrac, entre otros. Algunos de sus textos tienen la capacidad de ser leídos como guiones dramáticos como es el caso de “Silencios”: “La obra transcurre lentamente (…) Dormir es diferente a la muerte / porque su realidad / observa la verdad cromática de las visiones”. En tanto, en la poesía de Edgar Saavedra el gesto terriblemente surrealista hace de su poesía una mixtura entre lo antiguo y lo moderno, en el sentido, de la creación de escenarios de ensueño y en el empleo de paradojas reflexivas. No en vano, y subrepticiamente, en su libro Final aún se propone un camino mítico surrealista, a la manera, en que los grandes surrealistas entendían el arte “primitivo”. Saavedra instala su enunciación “a miles de kilómetros del Pacífico”, nos remite a los Andes, con una tesitura surrealista, y nos propone un altar de sacrificio para su libro: “la sangre aún no conoce sus poderes por todo ello resucita”. Patricia Serra tanto en Exudar como en Laberintos y puentes apunta hacia la descripción de sueños, de parajes desolados, del temor frente a la frontera que separa la realidad de la irrealidad: “lloré durante mil años / mientras sobreviví en el vientre de la abuela (…) hasta aquel día que por un milagro / ella tuvo una alergia extraña a la noche / y me escupió”. Cianosis y Euritmia son los libros de Nora Puertas y Denisse Vega Farfán. Cianosis nos entrega poemas cargados de un lirismo negro, en el sentido de trabajar con imágenes surrealistas, boutades dadaístas, rasgos expresionistas, es decir, historias donde la visión de lo real se exacerba para contarnos de una realidad desmembrada, donde conviven perros rabiosos, mujeres espectrales, brujos, casos clínicos como la santa amarilla y la santa celeste, paisajes imaginarios. Por su parte, Euritmia es la construcción de un paraje fantasmal desde donde se puede ver otra realidad: “Lo veo / no lo veo / mil veces lo escucho / dialogar con la ventana”, que se transforma, en poemas posteriores, en una suerte de locura ante la vida: “Sentada / sobre un peldaño de locura / escucho el claxon de un tren / corriendo dentro de mí”.

En las antípodas de estos poetas surrealistas o surrealizantes, siguiendo la distinción que hace el crítico rumano Stefan Baciu, se encontrarían poetas como Montserrat Álvarez (Zaragoza, 1969) y Lizardo Cruzado (Trujillo, 1975) que transitan el hipercoloquialismo, el malditismo, el nihilismo, el anarquismo. Como modulación distinta, Xavier Echarri (Lima, 1966) se constituye como un poeta de gran dominio expresivo, que desarrolla una veta culturalista. Su único libro Las quebradas experiencias y otros poemas alude a la fragmentación del sujeto poético como símbolo de la historia personal y social. Maurizio Medo (Lima, 1965) en El hábito elemental despliega un diálogo entre culturas y lenguajes. Siguiendo a Pound, encontramos yuxtaposiciones y exploraciones con los idiomas: la presencia del italiano, del inglés: “lenguas maltrechas que intentan decir algo”, es así, como su fraseo en muchos de los poemas sería una asimilación del intervalo Symbol-Cor cordium-Eucaristía de Roger Santiváñez: “Líricas epístolas de novel novalis”. Pero esta no es la única modulación que ensaya, lo cual quiere decir, que percibimos varias formas de encarar el acto poético en sus libros: “Soy mi diáspora / Mi yo, plural y límbico, que atomiza en abstracta conjugación”. Otra aproximación desde lo coloquial se da con Víctor Coral (Lima, 1968), por ejemplo, su poema “Adrián”, de su primer libro Luz de limbo, guarda muchos puntos de continuidad con algunos poemas de Canto ceremonial contra un oso hormiguero de Antonio Cisneros. El segundo libro de Coral, que es un poema extenso titulado Cielo estrellado tiene otras preocupaciones estructurales, espaciales, de lenguaje, de travesía con los signos: “podemos observar la fusión de un lenguaje clásico y depurado con un referente coloquial y de la calle, siguiendo la tradición desarrollada por Jorge Pimentel, Mario Montalbetti y Roger Santiváñez”[12]. Luis Fernando Chueca (Lima, 1965) en Contemplación de los cuerpos, Victoria Guerrero (Lima, 1971) en Ya nadie incendia el mundo y Roxana Crisólogo en Ludy D han indagado sobre los intersticios entre poesía y conflicto armado interno, todas estas ópticas desde diversos puntos de focalización, en concordancia con el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y desde una perspectiva personal. José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976), influenciado por el verso proyectivo de Charles Olson ha entregado el poema río El libro de la señales que reflexiona sobre “el Estado y el poder, la guerra y el necio conflicto de las razas, la familia y la soledad, así como al respecto del amor uranista”[13]. Yrigoyen en su tercer libro Lesley Gore en el infierno se aproxima a la obtención de un lenguaje e imaginario propios que lo ubican un paso delante de sus contemporáneos. Jerónimo Pimentel (1978) en Marineros y boxeadores asume mascaradas (personajes desconocidos con biografías peculiares) para repensar la ciudad y sus problemas, las interrelaciones humanas, de esa manera, asume la característica de trabajar desde la polifonía y la alteridad.

Otro tema importante es reflexionar acerca de si existe una continuidad con la poesía erótica de mujeres escrita en los años 80 (como ejemplo de poetas del 80 que viraron desde la poesía del cuerpo está el caso de Mariela Dreyfus y los casos de Rosella di Paolo y Magdalena Chocano, que desde un inicio no tuvieron mayor relación con dicha forma de poetizar), podremos ver que en algunas voces todavía perviven esos rasgos, pero, en la actualidad, muchas poetas han virado hacia otros derroteros como la poesía de Mónica Beleván, Nora Puertas, Patricia Serra, Denisse Vega Farfán, Andrea Cabel (Lima, 1982) o Mirtha Núñez (Arequipa, 1971), respecto a esta última Maurizio Medo afirma que: “la erótica ya no se trata solamente desde el cuerpo, elemento característico en la poesía de, por ejemplo, Patricia Alba, sino desde su abstracción y su reflejo”[14]. Por ejemplo, en Las falsas actitudes del agua de Cabel se propone una poesía preocupada por su propio lenguaje, en tanto, representación de una realidad fragmentada, además, esta posición se encuentra en concordancia y diálogo con algunas poéticas de los años 50 como Eielson, Varela, Ferrari, Belli. Creemos que este diálogo fructífero con la tradición es el que hace que su libro se muestre como un punto de continuidad con esas poéticas auráticas:

“es de decisiva importancia que el modo aurático de existencia de la obra de arte jamás se desligue de la función ritual. Con otras palabras: el valor único de la auténtica obra artística se funda en el ritual en el que tuvo su primer y original valor útil”[15].

Otro ejemplo de este viraje hacia otras formas de poetizar sería el libro Tierra láctea de Núñez, donde intenta acercarse a intersticios vegetales, líquidos, terrosos, opacos, por eso, sus poemas se titulan “Humus”, “Subsuelo”, “Sedimento”, como si quisiera decirnos que el mundo y su enunciación poética han sufrido una catástrofe y sólo quedan ruinas de la civilización: “con los montes colgando / en greda filtrando / en lechosa palidez de espada abierta / como roca en agua salada”.

Otras posibilidades, en diferentes caminos, son Clemente Orbegozo (Trujillo, 1967) con El gato rojo; Willy Gómez (Lima, 1968) con Nada como los campos y La breve eternidad de Raymundo Nóvak; Tomás Ruiz (Shalar Huamachuco, 1968-Piura, 2001) con Elogio a la nada; Rodolfo Ybarra (Lima, 1969) con Ruptura de Heje; Jimmy Marroquín (Arequipa, 1970) con Teoría angélica; José Cabrera (Lima, 1971) con El libro de los lugares vacíos; Gabriel Espinoza (Callao, 1971) con Ello; Chrystian Zegarra (Trujillo, 1971) con Escena primordial y otros poemas; Jack Farfán (Piura, 1973) con Pasajero irreal; Paul Forsyth (Lima, 1973) con Laberinto; Gustavo Reátegui Oliva (Lima, 1973) con ALA la estructura del viento; Yuri Guitiérrez (Lima, 1974) con Superfarma; Raúl Solís (Lima, 1976) con Conflicto azul; Carlos Villacorta (Lima, 1976) con Tríptico; Alberto Valdivia (Lima, 1977) con Patología; Harold Alva (Piura, 1978) con Sotto voce; Elisa Fuenzalida (Lima, 1978) con Fiesta; Rafael García Godos (Lima, 1979) con Raggs y Viruspop; Reinhard Huamán (Lima, 1979) con El Árbol; Giancarlo Huapaya (Lima, 1979) con Estado y contemplación; Roberto Zariquiey (Lima, 1979) con Tratado de arqueología peruana; José Agustín Haya de la Torre (Lima, 1981) con Canto de la herrumbre; Cecilia Podestá (Ayacucho, 1981) con La primera anunciación; Víctor Ruiz (Lima, 1982) con Aprendiendo a hablar con las sombras; Romy Sordómez (Lima, 1982) con Présago; Alessandra Tenorio (Lima, 1982) con Porta/retrato; John López (Chimbote, 1983) con Inicio del mundo y Diego Lazarte (Lima, 1984) con La clavícula de Salomón. Sería injusto no mencionar a Carolina Fernández con Un gato negro me hace un guiño; José Carlos Picón con Tiempo de veda y Ana María Falconí con Sótanos pájaros.

En un acápite final, mencionamos a Josemári Recalde (Lima, 1973-2000) con su Libro del sol se trata de otra modulación de lo coloquial, pero con un trasfondo místico y chamánico en función de los ritos iniciáticos. El último poema de su libro, quizás profético, presagia su muerte por fuego: “Al final de los mitos / cuando todo se halla evaído, / encontraremos quién sabe una luz, / no quiero / pertenecer más a la realidad verdadera / ni a la falsa, / por eso incendio mi cuerpo”.


Bibliografía consultada

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NOTAS

[1] El movimiento Kloaka (1982-1984) fue un colectivo que unía poesía y rock subterráneo con una estética anarquista. Además, trabajaron en sus textos el lenguaje lumpen, marginal y migrante mezclado con referencias eruditas. Entre sus principales exponentes están Roger Santiváñez, Domingo de Ramos, Frido Martín, Guillermo Gutiérrez y Mariela Dreyfus (con su primer libro Memorias de Electra)

[2] Hora zero grupo parricida de los años 70 que instauró la poética del poema integral (unión de poesía, narración y ensayo). Fue un movimiento de carácter nacional que congregó a un sinnúmero de poetas, entre los más destacables están: Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, José Cerna, Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Bernardo Rafael Álvarez, Ángel Garrido Espinoza, Tulio Mora, Jorge Nájar, Feliciano Mejía, Ricardo Oré (†), Mario Luna (†), José Carlos Rodríguez, Yulino Dávila, entre otros.

[3] Neón, grupo poético fundado en 1990, estuvo conformado por Leo Zelada, Carlos Oliva (†), Juan Vega (†), Paolo de Lima, Miguel Ildefonso, Isabel Matta, Harold Alva, entre otros.

[4] Noble Katerva desde los predios de la Universidad Villarreal desde donde había salido Hora zero se conformó alrededor de las figuras de Jhonny Barbieri, Leoncio Luque y Roxana Crisólogo, junto con Neón fueron los grupos más visibles en esa época.

[5] GUILLÉN, Paul. “La poesía no tiene nada que ver con lo intelectual. Un diálogo con Vladimir Herrera”. En: Tsé-Tsé, número 16. Buenos Aires, 2005. p. 38.

[6] CHUECA, Luis Fernando. “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa”. En: Lienzo, número 22. Lima: Universidad de Lima, 2001.

[7] FREYRE, Maynor. “Deidad que rige sombras. Poesía de Salomón Valderrama”. En: http://lechatquipeche.blogspot.com

[8] LAUER, Mirko y Mario MONTALBETTI. “Post-2000. Nueva poesía peruana”. En: Hueso húmero, número 44. Lima, 2004.

[9] Comentario de contratapa de Libro de Daniel (Lima: Jaime Campodónico editor, 1995).

[10] El término ha sido acuñado por Roberto Fernández Retamar al referirse a la poesía de Lezama Lima, Paz y Eliseo Diego. Cf. FERNÁNDEZ RETAMAR, Roberto. “Antipoesía y poesía conversacional en Hispanoamérica”. En: Para una teoría de la literatura hispanoamericana. p. 159-160.

[11] OQUENDO, Abelardo. “La tentación del anonimato” En: Inquisiciones de Abelardo Oquendo. La República. Lima, 26 de julio 2005.

[12] PALACIOS, Max. “Asalto al Cielo estrellado (Un acercamiento a la poética de Víctor Coral en Cielo estrellado)”. En: www.letras.s5.com

[13] SANDOVAL, Renato. Comentario de contratapa de El Libro de las señales (Lima: Nido de cuervos editores, 1999).

[14] MEDO, Maurizio. Tremos de sur. Antología de una poesía arequipeña (inédito).

[15] BENJAMIN, Walter. Discursos interrumpidos I. Madrid: Taurus, 1973. p. 26.

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...