miércoles, 5 de noviembre de 2008

UN MONSTRUO: GOTTFRIED BENN "MORGUE Y OTROS POEMAS"

PEQUEÑO ÁSTER


El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño áster!


HERMOSA JUVENTUD

La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñón,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!


CIRCULACIÓN

La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Ésta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
sólo la tierra debe volver a la tierra.


LA NOVIA DEL NEGRO

Entonces sobre almohadas de oscura sangre
se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos
y lamía los pálidos muslos
y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros,
aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo
le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo
se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
orlando la felicidad del primer amor
y en espera de numerosos viajes celestiales
de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien
le hundió el cuchillo en la nívea garganta
y un delantal púrpura de sangre muerta
le cubrió las caderas.


RÉQUIEM

Dos en cada mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cerca, desnudos, y, pese a ello, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho partido en la mitad. Los cuerpos
engendran ahora por última vez.

Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y el Corral del demonio
ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo
se ríen del Gólgota y del pecado original.

El resto, en ataúdes. Sólo nuevas creaturas:
pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,
yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno.


PABELLÓN DE PARTURIENTAS

Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, prisioneras, execradas—
retuercen aquí sus cuerpos y gimen.
En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente
dolores y angustias como en este lugar,
aquí siempre grita algo.

"¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?
No está aquí por diversión.
No alargue la cosa
¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar
No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.

De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Sólo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.

Por este pequeño pedazo de carne
pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros doce dormirán en este pabellón.


APÉNDICE

Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.

"Señor profesor, todo está listo."

La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
"¡Pinzas!" Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?

¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
"Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago."

Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.

"¡No puedo encontrar nada en esta porquería!"
"Sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!"
"Pero—Dios del cielo—querido,
¡apriete mis esos talones!"
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
"¡El hierro candente, enfermera!" Un siseo.

Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
"¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda."

Vientre cerrado, Piel cosida. "¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores."
La sala se vacía.
Furiosa castañea y rechina con las mejillas
la muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.

Fuente: Cinosargo
Más sobre Gottfried Benn: A media voz

martes, 4 de noviembre de 2008

ESTE JUEVES 6 DE NOVIEMBRE EN YACANA DE BARRANCO / POESIA‏

PRESENTACIÓN DE “POEMAS COTIDIANOS” de Karina Valcárcel

Poemas Cotidianos es el primer libro de la joven poeta Karina Valcárcel (Lima, 1985) editado por Casatomada y auspiciado por la Universidad Tecnológica del Perú y el fanzine literario Heridita.

Está dividido en cuatro partes: “Cosas de mujeres”, “Poemas instantáneos”, “Todo el tiempo” y “Último poema del poemario”, en cada una de ellas recorre diversas experiencias personales, situaciones críticas en medio de la cotidianeidad de sus días, textos plagados de sarcasmo, pasión y surrealismo.

La presentación de este poemario se realizará este jueves 6 de noviembre en el Jazz Zone de Miraflores (Av. La Paz 646 – Psje. El Suche) a las 7 pm. , comentarán dicha publicación Pierre Castro, Juan Pablo Mejía y Gabriel Rimachi Sialer (editor). Luego habrá un breve recital a cargo de la autora. Están cordialmente invitados. Entrada Libre.

Presentación del libro de poesía "Casi Transparente" de Thalia Cedeño Farfán, poeta ecuatoriana, en Antares

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE POESÍA “CASI TRANSPARENTE” de la autora ecuatoriana THALIA CEDEÑO FARFÁN (Poeta y Comunicadora Social)

Presentadores Jorge Espinoza Sánchez y Dimas Arrieta

Miércoles 5 de Noviembre 2008

7.00 p.m.

INGRESO LIBRE

Paseo de la República 5864 – Miraflores
(Esquina vía Expresa/Benavides)
http://antares-artesyletras.blogspot.com/

lunes, 3 de noviembre de 2008

ZURITA LEE A ZURITA EN “CASA DE AMÉRICA” POR JUAN JOSÉ SOTO

Juan José Soto, Raúl Zurita, Oscar Pirot (poeta mexicano), Benoit Santini (francés, con una tesis sobre la poesía de Zurita), y Juan Soros (poeta chileno). Cortesía: JJ Soto

Juan José Soto desde Madrid, España: El jueves 30 de octubre en la ciudad de Madrid los amantes de la poesía tuvieron la ocasión de apreciar a uno de los poetas contemporáneos más importantes: el chileno Raúl Zurita, quien -instalado en la Sala “Borges” de “Casa de América”- tuvo una participación fiel a su estilo: tomando posesión in crescendo del cuerpo del poema hasta ser uno mismo con él, terminando su recital de manera vibrante y estremecedora, arrancando un aplauso compacto y sostenido de los concurrentes.

El poeta granadino Juan Andrés García Román dio inicio al evento con las palabras de presentación en torno a la poética de Raúl Zurita. Juan Andrés García calificó al poeta chileno como “una de las presencias más insoslayables de la poesía actual”. Asimismo, luego de una somera mención del itinerario poético del autor de “Purgatorio”, refiere como fecha clave en el devenir personal de Raúl Zurita, el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 y la consecuente dictadura militar pues este abrupto y violento acontecimiento lo convertiría en “ciudadano, testigo y poeta”. Es así que la experiencia de crueldad que experimenta el poeta en el carguero -donde fue detenido y torturado- signa su ulterior destino como poeta. Luego menciona su integración en el colectivo CADA (Colectivo de Acciones de Arte) y la radicalidad del poeta en el uso de su propio cuerpo –autolesionándose o hiriéndose- como forma de expresión: uso del cuerpo como lugar de escritura. Por eso Juan Andrés García sostiene que “la única manera de expresión de lo traumático –y el poeta lo sabe más que nadie- es la revivificación de lo experimentado lo cual no puede verterse en algo que es ajeno pues eso significaría su simplificación, sino que debe volver a crearse”. Entonces el quid del tema es la creación: “esa es la única manera de decir lo que aún no es lenguaje, lo que nunca debió ser lenguaje y lo que nunca debió ser en realidad”. En esa línea de exposición, Juan Andrés García manifiesta que lo que no es expresable necesita ser creado para poder existir. Por tal razón sostiene que la performance era “el único camino –probablemente el único- para lo que deseaba expresar Raúl Zurita”. Aquí el poeta granadino aclara que cuando habla de performance, no alude sólo al espectáculo al aire libre en la ciudad, sino a la presentación “de lo insólito, lo único y no en el sentido de representación de la realidad o repetición de ella”. Juan Andrés García sostiene: “Es una estrategia la performance. Una estrategia propia y legítima de la poesía escrita. Esta es la estrategia más propia y realmente más significativa y reconocible de la poesía moderna cuya vocación es desembocar necesariamente en una problematización del lenguaje”. Es de esta suerte que Juan Andrés García concluye estableciendo este punto como uno de los hilos conductores de la poesía de Raúl Zurita.

Luego de la ponencia sobre la poesía de Raúl Zurita, se proyectó un vídeo de 6 minutos de duración en el que se apreciaron tres poemas de Raúl Zurita adaptados al lenguaje de los signos en la interpretación de la española Inmaculada Cascales y en la voz de Ángel Herrero. Los poemas adaptados para discapacitados auditivos fueron: “La marcha de las Cordilleras”, del libro "Anteparaíso"; “Canto de amor de los países”, del libro "Los países muertos" y “Guárdame en ti”, del libro "Canto de los ríos que se aman".

Posteriormente, y como acto central, el poeta Raúl Zurita dio inicio al recital poético leyendo tres poemas de su poemario “Anteparaíso” (1982). Luego -como el mismo poeta aclara- da lectura a un conjunto de poemas –algunos ya publicados- que son parte de un proyecto mayor que llevará su propio nombre: “Zurita”. Es de esta suerte que escucharemos poemas de “Las ciudades de agua”, “In Memoriam” y “Canto a su amor desaparecido”. Y precisamente, con la estremecedora lectura de este último poema, cerrará el recital, abrazado del calor de los asistentes quienes le prodigaron un sostenido aplauso pegado al aplauso, a la voz del poeta y a su poesía.

A continuación, el poema “Fellatio” –leído aquella noche- cortesía del mismísimo poeta Raúl Zurita:

FELLATIO

¡Al que se mueva le aceito el culo a bayonetazos!
La puta que los parió…
La arenisca del suelo se me enterraba en la boca
y se escuchaban voces por los altoparlantes.
De pronto tocaron la canción nacional.
Esta es la canción nacional de Chile no de Cuba
mierdas, gritó, mientras me levantaba a patadas.
El viento me dio en la cara y vi a los otros.
La bandera se iba elevando al frente. Pensé: sólo
es un trapo, pero no era un buen momento para
discutirlo.
Canté la canción nacional y quise que no acabara
nunca.
Cuando terminó nos taparon la cara con nuestros
propios sacos y nos hicieron correr entre dos filas
de soldados.
Mientras caía se me desprendió el saco y vi
el último culatazo.
La punta de la culata me rompió los dientes
y penetró en mi boca.
La vi mientras se venía y luego el resplandor
del golpe.
Mi amiga se la chupaba a un amigo y fue duro.
Amargas fellatio las del amanecer.

Héctor Hernández Montecinos sobre Fuego abierto. Antología de la poesía peruana compilada por Carmen Ollé

Los poemas no tienen porque dar placer o goce sensorial, de hecho los poemas no están obligados a nada, y esa autonomía con respecto a las emocionalidades de turno, tanto de autor como lector, enriquece la distancia, la zona muda que hay entre la ficción y la vida misma. El silencio con respecto a sus propias emociones, hace que el poema tenga un carácter catatónico, como si no tuviera vida propia, pues se la roban quienes lo leen, y luego que el libro se cierra su libertad se hace infinita nuevamente y la ficción de su existencia lo convierte en literatura, porque solamente un libro cerrado o no leído es literatura.

Este misterio provoca una fascinación inconmensurable, y no así la belleza que es una trampa fácil, en efecto, lo bello no tiene que ver con los poemas más que el color de la tinta o el tipo de papel, pues la muerte es más bella que la vida porque no la vemos, es sólo un medio y justamente ahí radica la fascinación de tantos siglos de escritura sobre ella, ya que cuando es entendida como finalidad es el grado cero de sí: Nada. La poesía sabe que no lo es. El misterio es encantador.

Cuando uno se remonta a literaturas de siglos perdidos en la historia, de las cuales sólo nos llegan fragmentos, avisos de existencias, ruinas lingüísticas, es cierto que se recrea el gesto de la escritura y la contingencia de su pulsión, pues no podemos olvidar que toda lectura es un constructo, pero no sólo estas, sino que también las que hacemos el día de hoy. Inventamos bellezas y fealdades como se inventan máquinas y palabras. Inventamos miedos y deseos como se inventan marcas y enfermedades. Sin embargo, el real misterio no se inventa: es.

La poesía aniquila el tiempo, no la historia sino que su devenir diacrónico, pues en efecto podemos inventar la lectura de los libros que leeremos el día de mañana y he allí un gesto de una real vanguardia o un ala radical, pues estas literaturas que para nosotros aún no existen son uno de los secretos que hacen que se siga escribiendo, independiente de bien o mal, e independiente de lo que estas palabras todavía puedan significar, pues como se suele afirmar, la mala poesía, de siglos y siglos, suele ser “linda”, sólo que tiene otro tiempo y otro espacio, uno en el cual el factor emoción-conmoción es primordial, tal como las típicas canciones o las películas lloronas.

Ante esta actitud plañidera se dio una forma de escritura que tomaba este elemento minorizándolo dentro de un programa que apelaba al lenguaje mismo como operación, como experimento, como el límite de un soporte de lectura, y se dio también que una nueva forma de recepción literaria, en un mundo que cayó de cabeza, apareció en el Perú de los años 70. Un quiebre, una fractura, un desliz que podemos presentir como una nueva sensibilidad, que no nace sólo de la violencia, sino que de una suma de factores como los nuevos pactos, las nuevas ternuras y los nuevos territorios. Sea en el caso peruano quizá Hora Zero el colectivo de poéticas que más buscó e indagó en una propuesta radical de repensar el poema como una experiencia, ya no sólo literaria sino como la configuración de un mundo orgánico, integral y total que se desplazara en el lenguaje como interrupción e interdicto.

Estos poetas, de los cuales destaca Ramírez Ruiz, Pimentel, Verástegui, fueron lectores rebeldes y cómplices de las experimentalidades, de los límites, como el caso de Allen Ginsberg, quien me atrevo a situar como el poeta en habla inglesa que más ha influido en las literaturas latinoamericanas, desde Nicanor Parra, pasando por Carmen Berenguer, los peruanos Walter Curonisy y Róger Santiváñez hasta las más actuales generaciones de jóvenes escritores. Vale señalar la conectividad entre este grupo y lo que fueron los infrarrealistas mexicanos, con Roberto Bolaño a la cabeza, quien no dejó de admirar y celebrar a los poetas que devolvieron el manifiesto poético y la proclama radical como lo hizo Hora Zero, y luego de manera independiente el brillante Enrique Verástegui.

Lo interesante, es que ya no sólo este último autor recién nombrado, sino que muchos de los poetas de este Fuego abierto permiten la posibilidad de lectura de sus obras, y ya no sólo de sus poemas, pues han planteado de manera paralela al texto en sí un marco referencial que a la vez los desestabiliza, pero íntegramente los pone en un contexto de tensión, lo que le da un sentido de ‘máquina viva’ a sus propias creaciones. Esta es una de las razones por las cuales esta antología propone un palimpsesto lectoral, y en el guiño de su nombre, una silenciosa y saludable guerra campal entre lenguajes, visiones e imaginarios.

Como ya dije por ahí, antología sin batahola no es antología. El carácter sedicioso de las antologías es profundamente seductor, es casi un género del mal, pues en él brilla el desprecio, la inquina y el odio, aunque el punto de partida sea casi siempre filantrópico, esto es mostrar nuevos autores, poner en escena silenciamientos injustos, reubicar obras asimiladas por el polvo y el silencio, pero todo este benévolo afán de inmediato pasa a segundo plano después de que se ven los índices para atacar a los que están y pelear por los que no. Es así. Es parte del ingrato gesto de las antologías. Los que aparecen dan un respiro aliviados y los que no levantan campañas en diarios, blogs y revistas hasta que el autor o autora tiene que explicar que simplemente fue su gusto y ya. Todo esto se amplifica más cuando se trata de una antología de representatividad nacional en un país extranjero, y más aun cuando es de poesía de Perú en Chile.

Como debiéramos saber, la poesía peruana, tiene una larga y exquisita tradición que va más allá de Vallejo, quizá el poeta peruano más conocido en el mundo. Carlos Oquendo de Amat, por ejemplo, me parece un caso insólito en la creación futurista de su paisaje escritural, contemporáneo a Huidobro o incluso anterior, o el mismo César Moro, Martín Adán y muchísimos poetas más de inicios del siglo XX. No obstante, este Fuego abierto, dividido en nueve capítulos temáticos y no cronológicos, tiene su corte inicial desde mediados del siglo pasado y se abre con la presencia de Jorge Eduardo Eielson (1924) quien pareciera darle una espectralidad a lo que designa, como si los objetos aún no tuvieran nombre, tal como el deseo, en este caso homosexual, del cual cuyo latente es siempre una palabra secreta entre los labios y la vida: “mientras sollozo/ se me derrama la leche hirviendo/ sobre la cara/ y entonces una máscara magnífica/ con la sonrisa del rey de espadas/ cubre mi llanto/ y todo eso no es nada todavía”. Juan Gonzalo Rose (1928) conjuga en su poesía la proyección del poema como una casa, y esa casa es una ciudad, y esa ciudad es un libro que es lo mismo que decir un país: “tristes reliquias somos/ de un hermoso país/ que jamás conocimos”.

De la segunda sección del libro, “Cenizas y silicio”, destacan dos poetas como Luis Hernández y Rodolfo Hinostroza, ambos nacidos en 1941. El primero quizá sea uno de los primeros en incluir la sonrisa cosmopolita y por tal una ácida y dulce ironía en la poesía reciente, dialogando con Oquendo de Amat y siendo un pariente poético del chileno Rodrigo Lira, su obra aún dispersa en papeles sueltos y cuadernos no se deja estabilizar por el canon: “Ezra/ Sé que si llegaras a mi barrio/ los muchachos dirían en la esquina/ Qué tal viejo, ché su madre”. Hinostroza, ícono de la llamada generación del 60, es uno de los autores más polifacéticos y celebrados internacionalmente, ya que su obra descentrada, culta, paródica y de una profundidad y concentración de cirujano semántico o hipnotizador de palabras no cesa de reinventar nuevas lecturas de sí misma: “Para arrasar el Poder/ se precisa el Poder: yo buscaré el Tao & Utopía/ Oh César/ no me sueltes a tus perros de presa”

La sección “En los extramutros del mundo”, título del primero libro de Enrique Verástegui (1950), es donde hallamos a parte de los autores de Hora Zero o sus cercanos, como los casos de los notables Jorge Pimentel (1944) y Tulio Mora (1948). Para mi gusto, es Verástegui el poeta en lengua castellana que más lejos ha llegado con su trabajo poético y su ensayística, también con sus incursiones narrativas y dramatúrgicas. La genialidad delirante de su obra ha sincretizado la lógica, la mística, las matemáticas, la política, el orientalismo, todo. Sin duda, Enrique Verástegui ya escribía en el siglo XXI, desde sus primeros libros a inicios de los setenta:

Un pétalo abierto entre los pétalos de piedra
& esa hamaca de mimbre
¿la hamaca donde está yaciendo Martín Adán
como en un halo celeste?
“Hotel Comercio”, año 1960: alucinación/ dipsomanía
/ psicosis
¿Hamaca do yace la bella Nannerl
cubierta de sueños?
“Maison de la Musique”, Bruxelles: neurosis/ pavor /
Liszt congelado.

VENUS & TANNHAUSER
Adonai llegó a Lima
tirando dedo abajo la escarcha de Latinoamérica
la mochila al hombro
él nembutal estirado como el aliento de Venus
& Tannhäuser joven poeta se enamoró de Allen como
Allen se enamoró del viejo Adán vestido como gacela

“Contra el ensimismamiento” es el nombre del siguiente capítulo donde aparecen los textos de interesantísimos autores como Róger Santiváñez (1956), quien hace deambular su obra entre la cita callejera y la profanación de la palabra como revelación. Es un empedernido rebelde del lenguaje, minoritario y nómade en el sentido más deleuziano: “Sin nada sin nadie/ paria como tanto sedentarista/ puro/ solo/ oskuro/ duro/ pasteleado/ pastelero/ refugio/ rolling/ stone/ Aún /Vivo”. También José Antonio Mazzotti (1961) hace gala de sus lecturas con trabajo y brillo, pues sus poemas no sólo son la entrada a un imaginario celeste y prístino, sino que también descienden a los infiernos de la lengua y su imposibilidad: “Francesca y Paolo están aquí./ Los misteriosos habitantes descubiertos/ debajo de la nieve en las solapas”. Montserrat Álvarez (1969), nacida en España y actualmente viviendo en Paraguay, es un caso llamativo dentro de la poesía peruana, pues su obra mordaz, burlesca, sardónica, lúdica hasta el hartazgo y lúcida en la locura de su poética no deja de sucederse como las viñetas de un cómic, que sería en este caso lo más parecido a la Historia, así con mayúscula: “Colocad estratégicamente/ cibernéticas bombas de tiempo en los árboles genealógicos/ y en los edificios de oficinas/ Poned vuestro corazón en las garras del Demonio”.

En el quinto apartado de Fuego abierto, “Amores imperfectos”, aparece Domingo de Ramos (1960) quien dialoga con las lenguas callejeras como si fueran lenguas muertas para traducirlas en un prodigioso tono, directo y conmovedoramente personal, que transversaliza toda su obra: “Desplazada en el vídeo clip/ De Chacalón in the city/ Music & soul of The Comas donde estás pedaleando contra el suelo/ En coreografía con peces rabiosos a la sombra de árboles mayores que yo/ Mientras muero in flammas puerilmente como un perro de Lautréamont”. Roxana Crisólogo (1966), actualmente radicada en Finlandia, propone a lo largo de sus excelentes libros una fresca visión de la ciudad en ruinas, es decir de la hipócrita celebración de su éxito, arrasada por el mercado y víctima de las violencias y los poderes de turno: “Para el dj invitado/ los peces dilapidan su oxígeno de país entero/ intentando dar vida a esta cadena alimenticia/ de malos entendidos y formas”. Incluida también Carmen Ollé (1947) es quien abre un nuevo territorio orgánico en la poesía peruana con su célebre libro Noches de adrenalina publicado a inicios de los ochenta, y desde ahí ha venido desacralizando los relatos en torno a los arquetipos femeninos con una soltura provocativa y una incorrección de buena cepa que la ha puesto en un lugar privilegiado en la escena nacional: “Mi vagina se llena de hongos como consecuencia del/ primer parto./ Este verano se repleta de espaldas tostadas en el/ Mediterráneo/. El color del mar es tan verde como mi lírica/ verde de bella subdesarrollada”

De “Flama y respiración” Carlos López Degregori (1952) observa cada detalle en sus poemas llegando a convertir el mínimo gesto en un monumento, pues no sólo es un ojo que avanza sobre un suceso sino que es protagonista y víctima: “Y sucedió/ la mano se dio vuelta/ jugó a interrogarnos/ después nos estranguló y borró todas las huellas/ es posible”. Luis Fernando Chueca (1965) también contempla, pero acá la ficción y el lenguaje van y regresan ante un enmudecimiento del cual el poema es inicio y fin, a modo de una hoja que corta lo que hay entre la escritura y la lectura: “Taboga descansa en el reverso de la navaja; su cuerpo/ resbala por el filo ardiente,/ turbio,/ de esa forma inverosímil/ de ese urgente grito/ que repele toda apariencia de armonía”.

Es en “O un cuchillo esperándome” donde vemos la mayor cantidad de mujeres presentes como unidad, por ejemplo Dalmacia Ruiz-Rosas (1957) quien en un tono desenfadado, coloquial e incluso rockero o gótico se cuestiona problemáticas como el amor, la fe y el oficio mismo de escribir, pero siempre de manera potente e imaginativa: “Soy peligrosa?/ el amor es peligroso/ para ti/ de una tumba rota/ sale una zorra/ en este pueblo/ es diciembre/ 14 de 1666/ con una estaca/ clavada en el corazón”; también está Rocio Silva Santisteban (1963) que comparte ese tono violento en su enunciación y rompe esquemas mentales, y sobre todo líricos, con la decisión y la fuerza de su voz: “Estoy lamiendo tus nalgas con desenfreno/ y las tías, puaj, y las muchachas, puaj,/ y nadie sabe qué sentir./ Entonces te volteo/ y continúo/ lamiendo/ con desenfreno”. Doris Moromisato (1962) abre un diálogo con su propio cuerpo y con su imagen contemplada en la diferencia, y desde allí también se cuestiona lo móvil de las identidades sociales, nacionales, de los traumas y de los odios que bordean todo asomo de libertad individual: “Amo este cuerpo que me ata/ El pezón erguido sobre el pecho triste/ La breve amargura de su boca/ El tierno desamparo de sus pies”.

Ya en los últimos capítulos del libro aparecen los poetas más jóvenes del libro, como es el caso de Victoria Guerrero (1971), quien a través de la proyección de su cuerpo enfermo ve los intersticios de una patria desolada e intervenida por el desprecio y la tristeza: “Carniceros doctores héroes nuestros/ EL AMOR SE HA PERDIDO/ y ya no hay tiempo - digo/ no hay tiempo/ para refregarse las patas o las manos/ bajo el agua turbia”. Ericka Ghersi (1972) recorre su propia historia tras los violentados restos de una ciudad que ya se ha ido, como imágenes de una guerra que no llegó a concluirse: “Este silencio que ves andar/ es en realidad/ miedo,/ miedo de no salir del campus./ Miedo de no llegar a casa/ miedo a que algún desconocido me detenga/ me diga los nombres de mis hermanos/ y los horarios de trabajo de mis padres”. José Carlos Yrigoyen (1976) es el poeta más joven de Fuego abierto, en sus poemas no sólo la mezcla hilarante y profunda de textualidades del cine, la música, la historia o la propia literatura crean una atmósfera personal y convincente, sino que además la certeza y el punto de vista confluyen en una poética exquisita, lograda y minuciosa: “Que el padre golpee al hijo hasta matarlo. Que luego/ lo haga pasar por mujer y lo deje a la suerte del viento,/ pues toda muchacha es hermosa cuando ha visto a la muerte,/ y tú ya te la has encontrado tres veces - qué más puedo decir”. Por último, Miguel Ildefonso (1970) encuentra caminos alternativos ante cada duda, y en ese juego lírico sus poemas tienen una sorprendente movilidad de registros, de giros, de puntos de fuga oportunos y conmovedores: “Cristo medía 1mt. y 64 ctms. Y caminaba/ por el centro de Lima/ eran las 3:30 de la tarde -siempre eran/ las 3:30 de la tarde/ Y él caminaba descalzo por Camamá/ veredas quemadas por el sol/ su piel ardía y era un extraño color para la temporada/ pálido como un colmillo de elefante”.

Son muchos más los autores que aparecen en este Fuego abierto, obra absolutamente necesaria para nosotros como lectores chilenos, pues la enorme variedad y riqueza de voces poéticas aquí presentes es sólo una demostración de las excelentes obras que se han producido en Latinoamérica, y en este caso en el hermano Perú, que cada día volvemos a redescubrir con más cariño, fraternidad y poesía.

PRESENTACION DE EL DERRUMBE. RUBEN QUIROZ. CCE. 7PM. 3 NOV‏

en el corazón había una rendija y era de palo
cuando trastocar la luz era una obligación
y la bosta se acumulaba en la boca
lo mismo que el abuelo que sanaba con saliva
y hacia bolitas con el alma
crecían pelos en los huesos rajados
con una distorsión que daba fiebre
los oídos podían oír la inclinación del cuerpo
el conejillo de indias que atravesaba la panza
con su chillido equilibraba el mundo
y su lengua olivácea se balanceaba pequeñita
así la enfermedad volvía al suelo
lo necesario para desprender en jolgorio a los intestinos

Tranvías Editores lo invita a la presentación de El derrumbe, poemario de Ruben Quiroz. Centro Cultural de España. 7pm. Los comentarios estarán a cargo de Gonzalo Portals, José Carlos Yrigoyen y Carlos Torres Rotondo.

Rubén Quiroz. Ha publicado Niño vudú (2001), Imago mundi (2002), Rotación (2005, 2006), Médula (2006). Como antologador: El portero de Noé. Antología de la poesía deleznable (2000), El Champú de Medusa (2001), Insectario (2004) y junto a Carlos Carnero y Gonzalo Portals Los Otros I (Chirinos Cúneo, Augusto Lunel, Mercedes Delgado y Luis Berninsone, 2006).

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...