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lunes, 2 de junio de 2008

Himnos de Miguel Ildefonso: Palabras de Miguel Ángel Zapata & tres himnos

En Himnos el lenguaje es parte de esa metáfora quemada por la vida, es aquella luz que deviene de lo cotidiano de una fruta, de una falda sencilla, de una calle o un cielo oscurecido. La poesía es horror y fascinación, es Dios y el Infierno que no pueden ver el otro lado del jardín. Miguel Ildefonso logra derrumbar los encabalgamientos de lo conversacional, el muro desabrido de lo coloquial, y afina así, a manera de concierto urbano, un tipo de poesía que trae una novedad por su ensimismamiento en los objetos, las calles, los sueños y las cosas infinitas del alma. Su destino es enterrar al lenguaje con la vida. Estos himnos son una muestra no sólo del canto genuino, sino de una poesía original, mundana y pura.

Miguel Ángel Zapata


¿Quién no ha matado a su dios?

yo lo maté tantas veces que no recuerdo – antes de eso lo busqué

por la ciudad infinita sobre todo en las noches

cuando miraba el paisaje infinito descubría bocas manos abiertas

poros vacíos cargué mi cuerpo hasta dar con el amanecer

luego me senté en una plaza vacía: un sol aparecía y desaparecía

si algo se mueve —pensé— no es por algún motivo en especial

pero dicho movimiento nos crea una sensación: surge la

necesidad

lo divino se convierte en otro cuerpo


***


Yo escribiré en el suelo de Lima un poema que no tenga final

que el principio sea el parachoque de un carro

en marcha y las nubes que a veces suelen llegar

se queden atrapadas en los árboles

para que los niños que circulen por el poema

se escondan de los castigos

ah la soledad una canción de Lou Reed

que se oye de un carrito de plástico que pasa

un niño atrapado en su juego lento como fluido de nieve

una pandereta la cascada de lágrimas y la basura más allá

la basura humana muriéndose por dinero

todos los crepúsculos los he visto

todos los caminos de la tarde los recorrí de mañana

por eso ahora tengo tiempo para escribir

bajo cuatrocientas estrellas visibles

y una especial que se llama Rimbaud


***


Estaba sentada en la esquina pequeña con sus arrugas

dormitando al lado de sus bolsas

las manos juntas cruzando los dedos

la gente pasaba bajo la noche vacía

apenas la vi quedé paralizado / el lado invisible del universo

radicaba en la indiferencia hacia la anciana

ella con su mandil sucio sus zapatillas rotas de niña

sus cabellos blancos que salían del gorro

mientras las gente mataba y moría

vivía entre los carros en ese atolladero del semáforo

yo me enfrentaba y me aniquilaba

las casas se descascaraban en cámara lenta

en el ángulo obtuso entre el cielo y el infierno

quinientos diez dicotiledones como versos de ningún poeta

encontraban sus respectivos corazones arriba en las estrellas

la anciana miraba la avenida y dormitaba

así fue que vi a dios.

2 comentarios:

el tibio narciso dijo...

oh el miguel, escribe tanto tanto, pero el ulitmo de estos poemas que has subido esta mostro...

salud!!!

Anónimo dijo...

demasiado escribe miguel, se está repitiendo, aunque con calidad, se repite

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