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domingo, 11 de diciembre de 2016

La canción de las figuras de José María Eguren (Perro de Ambiente, editor), por Jhonny Pacheco Quispe


Portada: Ale Wendorff


La editorial "Perro de ambiente" ha publicado hace algunos meses un emblemático libro, "La canción de las figuras", de José María Eguren, y se aúna a otras casas editoras que buscan rescatar aquellos textos olvidados o de una sola edición o que desde hace tiempo no han vuelto a las vitrinas por la desidia de algunos. Así, junto a la extraordinaria labor de "Colmena", "Sur Anticuaria" y al innegable trabajo de rescate y compilación de obras capitales de nuestra tradición por parte de la "Academia Peruana de la Lengua" y la "Biblioteca Abraham Valdelomar", "Perro de ambiente" ha revivido el libro de Eguren fuera de las "Obras completas" con la finalidad de disfrutar la particularidad, el sentido unitario, y las significaciones desplegadas de este poemario que, justamente este año, cumple un siglo desde su aparición en la palestra de las musas.

La edición de "La canción de las figuras" está pulcramente presentado, pues no solo es una reproducción cualquiera, sino que los editores se han encargado de mostrarnos un panorama sucinto de las anteriores publicaciones de este tomo en la solapa. Acertadamente, el texto príncipe no se ha visto interrumpido con un estudio introductorio ni cronología, ya que la intención de la editorial es que el lector disfrute "limpiamente" el texto, y compruebe la magnitud de la poesía egureniana, así como el porqué es considerado un clásico de las letras peruanas. Tampoco hay una contratapa, aunque no le hace falta, dado que Eguren no necesita más que su poesía como carta de presentación. Esto responde, además, a la lógica no canónica del diseño, pues la portada no es solemne, sino evidencia el aspecto lúdico y el aura de Eguren: los colores, la ilustración, lo extravagante, etc. Al parecer, quisieron captar la irrupción de los poemarios egurenianos y la sorpresa en el statu quo que seguramente propició n aquellos años primaverales del siglo XX; por ello, esta edición "profana", netamente auténtica, articula, tal vez, como fue el poeta.

 Al no tener una "Introducción", el lector puede viajar a sus anchas en el mar de la poesía. Revivir dichas imágenes sin un estudio condicionante o totalmente halagador, posibilita un goce espontáneo, una mirada fulgorosa, una interpretación sana. De este modo, se puede apreciar las particularidades del libro, la magia de los versos, y la musicalidad intrínseca en cada resquicio del poemario. Al no estar dentro del conjunto de "Obras completas", el tomo encuentra su pecularidad, su razón de ser, tal como fue publicado en su momento: llevar al Receptor a un viaje de pasadizos, lamentos, muertes, agonías de árboles y elegías de mar. Además, esta publicación independiente propicia el acercamiento a aquellos lectores que ven con cierto temor y desprecio, en algunos casos, a los tomos de la obra reunida pues consideran que es muy académico y costoso.

De otro lado, al editarse en forma solitaria "La canción de las figuras" legitima que per se es un libro valioso, ya que muchas veces los académicos lo mantienen a la sombra de "Simbólicas". Las significaciones que puede hallarse en dicho poemario es el de una plenitud excelsa, un ritmo muy trabajado, así como los temas muy distanciados de asuntos nacionales y rimbombantes, así también de nostalgias arqueológicas que por aquellos años chirriaban en salones y páginas áulicas. Si el proyecto de una nueva poesía se colige en "Simbólicas", con "La canción de las figuras" se cimenta el proyecto modernizador de la literatura peruana esbozado por Manuel González Prada.

Si la obra total de un autor tiene muchas significaciones desplegadas a través de sus diferentes páginas, no olvidemos que ello proviene de los sentidos independientes de cada libro, pero que, lamentablemente, se olvida por realizar una lectura global. Volver a las interpretaciones microscópicas de los microcosmos, desarrollaría nuevas exégesis sobre los bardos peruanos. Reformular mediante la ignorancia y hacer una retrospectiva histórica a través de análisis particulares para luego ir hacia hipótesis generales, le haría muy bien a nuestro círculo crítico y de muchos jóvenes que trabajan sobre supuestos, ya que no han tenido la oportunidad de leer estos libros en forma solitaria. Ante ello, el atrevimiento y las consecuencias, que seguro tendrá esta apuesta editorial, por parte de "Perro de ambiente", es digno de aplaudir.

Así, recomendar "La canción de las figuras", de José María Eguren, resultaría vano y hasta sinsentido, pues es un libro canónico que muchos conocen, aunque pocos leen; en realidad, la exhumación de este bello libro y la apuesta de la editorial es lo que se recomienda, ya que ahora se puede atravesar los fantasmas y tópicos de Eguren sin los obstáculos del dinero o el academicismo que muchas veces ensombrecen la cercanía y disfrute de los llamados clásicos peruanos.

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