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lunes, 12 de diciembre de 2016

Entrevista al poeta Guillermo Chirinos Cúneo. Desde el Apocalipsis, por Juan de la Fuente

Después de muchos años de alejamiento de los círculos literarios, el poeta Guillermo Chirinos Cúneo —autor del libro “El idiota del Apocalipsis” reaparece en la siguiente entrevista. En ella reafirma su vocación de escritor, su sensibilidad unida a una espiritualidad auténticamente humana y a la vez consciente de su soledad y su lucidez. Además, recuerda aquellos años entusiastas y de inicio de su camino de poeta, en la década del sesenta. Y habla del mundo desde su propia visión y condición de hombre enraizado en la creación artística, en la periferia de una realidad práctica que no podrá desterrar jamás la vigencia de las emociones y los sentimientos.

Mientras avanzamos hacia Bellavista, no podemos dejar de recordar el palio de tetras de San Marcos y aquella vez que con Norman, Samuel y el "Loco" Guillermo revisábamos con entusiasmo un libro extraño, breve y desgarrador, de cuya carátula emergían desafiantes cuatro caballos salvajes anunciando una herejía. “El idiota del Apocalipsis” había sido impreso en 1967 y daba fe de un autor apasionado, atormentado, sorprendido por el mundo, pero rebelde: "En un amplio parque blanco de Lima. / Yo mordía la boca de las rosas moribundas. / Mientras un flaco perro corredor, tronaba / mi humedad, mi roja humedad, palidecida" (...) "Era otoño en el alba. Las seis, abril. / Era otoño en la muerte. / Era Lima aterida de otoño bajo azules vómitos de nieve”. Guillermo Chirinos Cúneo era el hombre del poeta que en los sesenta había escandalizado a muchos falsos y aburridos moralistas, al escribir unos versos alusivos a la “sirviente” de su casa: "Derrumbada caíste, cenicienta, y las novelas... / Y mi semen polen a tus vellos y a tu panza en rosas. / Derrumbada sirvienta de escaleras, / fuiste sexo entre planetas, / carne en flor abierta, arrabalera, / madre derrumbada". Este poema descubierto, pleno de erotismo y liberado de prejuicios, ¿no se adelantó acaso a esos temas tan frecuentes en la poesía escrita por mujeres en los años ochenta?. Al parecer, Chirinos fue más allá que varios de sus contemporáneos. Fue uno de los primeros en mostrarse realmente desde su interior, en mostrarse cómo era y, quizás, también uno de los primeros en estrellarse contra las paredes sucias de la realidad. Indagábamos por él y nadie nos daba Noticias de su paradero. Entonces, se nos figuró eterno, mítico. Chirinos permaneció en sus poemas y en la violencia y el furor de una obra demasiado cercana y al mismo tiempo lejana para nosotros. Y ahora, después de varios años, un joven y generoso poeta sanmarquino: Víctor Coral, nos enseña el camino adecuado y nos conduce al encuentro del autor. Víctor Coral es amigo de Chirinos Cúneo. Y éste le abre la puerta de su soledad sencillez, tan solo por el valor de una amistad auténtica, signada por la poesía. Y también nos la abre a nosotros, que casi no sabemos nada de él. Y entramos. Su rostro nos enseña que ha permanecido muchos años alejado de los avatares de lo cotidiano. Es delgado de cuerpo, alto, de piel trigueña. Tiene una mirada fuerte, en constante asombro, como si conociera demasiado la vida y sin embargo la mirase por primera vez. Bajo sus ojos sobresalen dos profundas ojeras. Parece nervioso y a la vez tan distante del miedo, y tan distinto de nosotros que, en principio, no atinamos a hablar. Sin embargo, nos invita a sentarnos, se sienta, enciende un cigarrillo y, ausente de toda convención, nos invita a conversar. Le preguntamos, entonces, sobre su pasado y nos responde: "Desgraciadamente los jóvenes nos lanzamos hacia otro camino, buscamos otro lindero que en verdad nos ha resultado agradable, pero no es lo que nuestros sentimientos, nuestros corazones, nuestras almas, deseaban. Desgraciadamente, las cosas son así en la vida: nunca se puede realizar lo que la sociedad o la mente humana necesita y quiere, hay siempre una insatisfacción, un pesimismo: la revancha contra uno mismo".

—¿Y a qué crees que se debe?

... a la pasión humana. Y la razón, la culpabilidad de esta razón, puede tenerla el mismo poeta.
En la mirada de Chirinos asoma la nostalgia y continúa hablando de sus primeros años en la universidad: "Yo estaba en una situación muy optimista y anhelaba que me conocieran los estudiantes. Sabía muy bien que no iba a lograr un éxito como el que se consigue en una empresa comercial o publicitaria; pero sí quería un éxito de poeta, de escritor, para que mi alma y mi espíritu estuvieran tranquilos".

—¿Qué puedes decirnos de tu primer libro: El idiota del Apocalipsis?

Creo que fue producto de un proceso de liberación de aquellas ataduras que me sometían a una soledad, a una incapacidad de lograr mis deseos.
Recuerda, asimismo, que por aquella época frecuentaba a Julio Nelson, Marcos Zapata, Juan Ojeda, César Calvo, Juan Gonzalo Rose, Manuel Scorza, Marco Matos e Hildebrando Pérez. Y que era muy amigo de ellos. En esos años -agrega- yo tenía la idea de unir a todos los hombres de esta tierra, unirlos para que se comprendieran, para que la pasión se dominase y no existiera ese amor hacia tal o cual objeto o persona, sino se diera una organización de la sensibilidad y del alma humana, capacitada para poder integrarse y transformarse, para poder llegar a algo que podría decirse el paraíso desconocido".

—¿Conociste a Hernando Núñez?

Sí. Y precisamente estoy leyendo su libro: El sello de la Luna. Era un hombre brillante, penetrado tanto en su mundo poético que no lo dejaba en paz y era como un martillo en medio de la noche, que golpeaba en su interior hasta hacerlo deprimirse...
Chirinos Cúneo se sumerge un rato en el silencio. Nos observa con profundidad (en sus ojos hay además cierto dolor) y prosigue hablando: "Ser poeta es algo muy duro. Resulta al fin y al cabo muy duro, muy duro..." (Sus palabras se alargan incesantes  casi a manera de una música solemne). "... Sé que sería muy importante compartir con grupos intelectuales — añade—, pero francamente prefiero mi soledad, la necesito. El mundo me resulto tan disoluto, me desilusioné tanto de la forma y esencia de la vida, que terminé refugiándome en mí mismo..."
Nuevamente el poeta hace una pausa, e disculpa porque juzga que sus palabra son. .-.fin "deliberantes". Se detiene un rato en sus pensamientos. Nos mira. Nos da un apretón de manos. Y en este momento pensamos que la poesía está en verdad presente en su vida, que ella vive con él y que él vive con ella, sin distancias.
"La poesía hace, se hace y se realiza para poder distinguir entre lo que se piensa y lo que se siente. Porque una cosa es pensar y otra cosa es sentir", afirma luego categóricamente. Le preguntamos, ahora, por sus influencias literarias: “Creo que son Rimbaud y Baudelaire” –nos contesta- y agrega: “Al primero lo admiro por su pureza, su inocencia y, al segundo, por su franqueza, su sinceridad y su profundo pesimismo, su profundo pesar Baudelaire era un auténtico poeta, que nació en la pobreza y murió en ella, pero escribió hasta lo último de su vida".
De los peruanos dice preferir a César Calvo, Antonio Cisneros, Vargas Llosa y Marco Martos. Y cuando le preguntamos por qué considera que la crítica literaria ha mantenido una enorme indiferencia respecto a su obra, nos refiere. "Quizás ha habido para ellos (los críticos) un proceso de autodeliberación que los ha llevado a ocuparse de otros poetas y no de mi trabajo, porque sencillamente dichos poetas estaban más cercanos a ellos y les resultaban más importantes que yo. No me considero, sin embargo, mucho más o mucho menos que estos creadores, aunque de tener que elegir probablemente me consideraría menos, pero al fin y al cabo pienso que he llegado a igualarlos. Por más idiomas que uno sepa, no es uno solo el que los sabe, también hay otros".
Intentamos conocer más de su visión del mundo, de nuestra sociedad y volvemos sobre una interrogante que se presentó al inicio de la conversación y que se refiere a la realización humana, a la posibilidad del hombre de desarrollarse integralmente en un mundo que tal vez se encuentra al borde de la deshumanización. El señala: "No creo que el ser humano sea parecido a una bestia, pero sí que necesita vivir de algo, lograrse a sí mismo y para ello utiliza los medios que mejor están a su alcance. En este siglo han habido movimientos revolucionarios que han asumido características fenomenológicamente referentes a una pugna de pensamiento y un cambio de ideologías". "Si hubiera habido entre nosotros, un pensamiento más consistente más unido, más cerrado en determinado régimen igualitario, totalitario, las cosas hubieran sido mejores, no hubiera existido el terrorismo ni tantos crímenes y matanzas. Pienso que debimos recapacitar un poco, detenernos un poco..."
Seguimos conversando. Pero ahora la conversación está demasiado lejos de ser una entrevista. Hablamos en desorden, entusiasmados por la aventura artística, por la literatura.
"Mi madurez de poeta ha comenzado recién hace algunos años. He llegado a comprender el alma humana, mi corazón, mi mundo interior, mi lúcida desaparición de lo desconocido".
Y nosotros hemos empezado a conocer a Guillermo, a Chirinos, al poeta...



FUENTE, Juan de la (1993). “Entrevista al poeta Guillermo Chirinos Cúneo. Desde el Apocalipsis”. Revista, suplemento cultural de El Peruano. Lima, p. 6-7.

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