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viernes, 7 de enero de 2011

EL OTRO EFRAÍN MIRANDA POR GONZALO ESPINO RELUCÉ (*)

La imagen del poeta se ha realizado desde uno de sus poemarios. El que lo llevó a la momentánea celebración y al olvido oficioso y cansino de la crítica. Me refiero a Choza (1978). Los estudios y notas publicadas se han centrado precisamente en este poemario, y no le ha faltado razón a la crítica, pues constituye en centro de la producción poética mirandiana. En eso hemos también coparticipado en descentrar el canon y ampliarlo y cuyos rastros aparecerán en las actas que saldrán a circulación este verano. Pero la poesía de Efraín Miranda no se reduce a dicho Choza, de allí la necesidad de volver a leer toda su producción. Por eso me voy a detener en Vida (1980), libro del que esperaba Miranda que tuviera una importante recepción.

Postulo que la poética de la vida se impone. Esto explica porque ñuqa siendo una representación colectiva, lo hace a partir de imaginar a la comunidad en relación con la imposición del progreso, a sus actores en espacios diferentes (fuera de la comunidad, disociados)y a su condición humanidad. Vida será pues el poemario que sigue la idea de libro, 91 poemas, continua el uso críptico que se observa en su libro de 1978. Así titula a sus poemas con dos consonantes, una consonante con vocal -o a la inversa- o concurrencia de dos vocales que imitan sonidos indígenas quechuas (IS, JJI, KA; LY, LLK, MI; OR; UA, etc.) y de cuya asociación aparecen unos versos quechuas. Esto último nos lleva a establecer una asociación entre la cosmovisión andina y la vida. Miranda escribirá con mirada de pertenencia india, a Jachihuinchoja, esto es desde las alturas collavinas y del impacto del proceso de modernización del país.

La originalidad del poeta está exactamente en hacernos vivir una poesía que no aparenta novedad, pero que interpela al lector y cuestiona su estar en el mundo y su relación con los productos-objetos de la modernización. Así, el poeta recurre al humor negro, casi paródico; pero al mismo tiempo, construye un tipo de discurso poético que supone una simetría opositiva, es decir, el poema organiza un doble discurso que puede ser social o que indica un estado, que en el segundo momento, reinventa para llevar a eso que Poe llamó efecto poético (en “LA”): 1º. Un indio en el hospital, abandona ese recinto antes de la intervención quirúrgica. 2º. Medicándose en el “inmueble-choza” está enfermo. Un elemento adicional es léxico al que apela, si la palabra es sencilla a la vez esta aparece con formulaciones inusuales para el lenguaje poético (vocabulario científico) pero que se amalgama bien en el texto y hace que el poema sea bronco, según la intensidad que quiera alcanzar (erinas, termómetros, multilóbulos hepáticos, arteria cística, canículos bilíteros, en FN; metabolismos, florescencia, radícula, hidrólisis, oxidaciones, clorofiláceas, etc.) al tiempo de un manejo incidencial de referencias culturales que invaden el poema, exactamente para parodiarlos o para reinterpretar el mundo. Vinculado al discurso es su tendencia a crear situaciones míticas tal como veremos a lo largo del poemario (v.g.: poemas “CHK” que alude al mito indígena del tiempo del sol o “FN” cuyo final invoca a mitos que hacen referencia al espacio de arriba, al hanan pacha o a la wakcha paloma).

Desde esta óptica, el poemario se organiza en tres núcleos. El primero el poeta habla de la dimensión humana, va más allá del runa, por ello vinculada a las historia en general. El segundo núcleo tiene que ver con el runa (qara o warmi) que han salido de la comunidad y enfrentan la mayor discriminación como representación de las enormes diferencias sociales y de las tremendas injusticias existentes en el espacio andino. El tercero tiene que ver con el impacto de la modernización a través de la idea del progreso.

Hemos dicho que la poesía de Vida[1] se hace sobre la existencia. El pasado remoto, distante, el primer tiempo y sus cambios serán preocupaciones del ñuqa en cada poema. Se remonta a los estadios pasados. Inicia con una afirmación: “Materia universal, otro desbordamiento / y la vida fue dada en la curva de las mostraciones” (AS) Programa poético caracterizado por estados y movimientos, pero al mismo tiempo sitúa el descontento y la incertidumbre que hay en el ahora. Por eso se pregunta: “VIDA: ¿qué se te ofrece? / ¿En qué podemos servirte?” (BO). Viaje poético que establece dos relaciones míticas que estarán presentes el poemario: de un lado la relación PadreSol – MadreTierra y hombre primitivo – hombre contemporáneo (“Baja bóveda hollinificada: / la mímica y los lloros,/ los gritos y las guturaciones/ –o en la sala dorada con muebles, filmes, casetes-/ nos hacen compadecer ante la mezquina desigualdad de estos con aquellos” (EY), que permite recordar a ñuqa que todos procedemos de una “gran matriz” y es el Sol, el que finalmente en su relación con la tierra (Pacha) hace la vida, precedida por una espera mítica: “El dios Sol había llegado / repartía luz y donaba calor”(GK). De esta suerte se instala en la universalidad andina la dualidad Inti-Pacha como complementarios, como relación necesaria y dadora de vida. “Las nítidas resonancias exteriores, se integran; / MadreTierra y PapáSol y parientes”. El mundo se mira, observa y siente desde la estancia, del aquí, del lugar donde estamos –Pacha- pero al mismo tiempo de la presencia y lejanía como fuente de energía y como violencia del tiempo, o como relación armoniosa.

La voz del poeta nos invita a seguir una palabra que nos recuerda cómo la modernización ha impactado en la comunidad. La lectura de los poemas de Efraín Miranda nos lleva a tomar nota de los datos de la realidad, asociar al poeta como sujeto civil y sus referentes históricos. Si bien, el lugar de enunciación corresponde a los andes collavinos, también debemos recordar que el sujeto de enunciación y el sujeto del enunciado poético establecen una transacción que tiene que ver con (1) la movilidad del poeta Miranda, como sus viajes a ciudades como Lima en el verano, Arequipa y Puno (en la memoria del poeta, adicionalmente, debe anotarse sus travesías hasta el norte del Perú, Trujillo y Piura). (2) De otro lado, hay un referente, para el tratamiento de la modernización, que tiene que ver con la ubicación del departamento de Puno como espacio de frontera y el desarrollo de vías del contrabando de artefactos eléctricos y ropa. (3) Un tercer elemento a considerar tendría que ser el impacto, en los 70, de la Reforma Agraria que para quechuas y aymaras supuso el retorno a las tierras ancestrales y a la par la presencia del Estado en las tierras indias.

La poesía Miranda impone una lectura de los cambios que vienen ocurriendo en la comunidad como producto de la modernización. La comunidad no la entiende como estática, sino relacionada, aunque su voz es severa y en nada complaciente, ya que en el programa poético, lo que finalmente incide en el progreso como adquisición de objetos sino en la mentalidad contemporánea y de diálogo. Así, radio y bicicleta, serán dos elementos elegidos y cuyo tratamiento es paródico, cuestión que se extiende a la medidas o artefactos que encuentra en la ciudad. Estos cambios tienen que ver con la relación hombre-naturaleza y como el espacio en que se vive (kay pacha) ha cambiado. El poema DI se pregunta porque “no se consiguen caballos” y lo contrapone a un artefacto que invade las llanuras heladas del Collao: “Compramos bicicletas, ¡qué no es lo mismo! / Un caballito tenía una caballo de fuerza, y / una bicicleta, tiene una persona de fuerza / ¡qué no es igual! / Y, cuando la muenta un menor, tiene la fuerza de una cría / y, si la pedalea un viejo, / tiene la fuerza de un caballo achacoso.” Entre caballo/ bicicleta hay un par tensional que será dibujado como parodia, mientras que el primero es decreciente, el segundo se va imponiendo. Convierte fuerza caballo en humano, he allí lo paródico. La fuerza de un niño es la de “un crío” o la de un “viejo” la de “un caballo achacoso”. Imagen que se invierte, pero al mismo tiempo es un asunto generacional (“Los hijos quieren ver miles de bicicletas en las pampas”), pero la comunidad extraña el paso de los caballos: “llega el recuerdo de los relinchos / las chispas de los cortos herrajes, / los resoplidos, los corcoveos…”

Pero es en “FA” donde la voz del poeta hace explicita las ideas que estamos exponiendo. “Hace mañanas que no oímos” a las “avecillas sopranos”, a los “pajaritos tenores” y “a los cuadrúpedos contrabajos”, pues “Desde que compramos un aparato que no tiene ruedas/ y nos transporta”. Se anuncia el progreso, pero este está signado por marcas del mercado de consumo: “El Perú progresa”, del fonógrafo, radio, TV banco y negro a la TV a colores; de “trencitos” a “jet intercontinentales”; correos a “vía satélite”, del “carbón, leña y bosta” a “reactores nucleares”. El poema subvierte el encantamiento que tiene el locutor y el objeto radio a través del cual se escucha (noticias, mensajes, música, etc.), apela al colectivo: “Nos ilustran. Quedamos adormecidos, boquiabiertos y turnios”. Y parodia estos elementos del progreso que tienen correlato en la energía que necesita la radio para funcionar. Así en el poema la radio ya no tiene carga, por lo que se ha malogrado. Un elemento sencillo que no se puede acceder y al mismo tiempo imposible de resolver. La respuesta será: “‘No hai repuestos. Es antiguo. No llegan esos elementos’. ” Y juego paródico lleva en el programa poético a ir más allá. Inventa un futuro en el que los “futuros peruanos”, harán viajes espaciales, y entonces, podrán remolcar “los anillos de Saturno”, pero “no habrá dedo que lo ponga / por falta de repuesto”. El poema vuelve sobre una reflexión que trasciende la presencia de los elementos superficiales de la modernización. Por eso dirá “Lo que no se compra se fleta, lo que no se fleta, se lismonea”. Para luego con tono sentencioso, cuestiona y advierte: “¿Se puede soportar más esta vida artificial? / ¿Podemos tolerar esta subsistencia de ciencia-ficción?".

Los otros dos soportes de la poesía de Vida será un tejido poético que descansa sobre la base de la presencia de los runas fuera de la comunidad, más exactamente en la ciudad y la otra, corresponde a un intenso lirismo que aventura la experiencia poética en torno a la vida del humana que lo plantea en términos universales La condición humana aparece con una palabra intensa y apela a la construcción de un simbolismo: "Ha sido trastocada nuestra posición símida". Me detendré en el primero y el segundo quedará solo enunciado.

El núcleo básico será la condición humana del indio. Los poemas en torno a los runas fuera de la comunidad propongo que se leen en una triple dinámica:

(1) desde las relaciones que la comunidad puede establecer con los demás desde la situación de marginados y olvidados: “Su sindicato estaba en huelga nacional / y solicitaban apoyo del campo / ¡Nunca había sucedido!" [...] "Si, el gobierno, les aumentan los haberes/ ¿aumentarán el salario a nuestras hijas 'servilletas', / niñeras, cocinera, lavandera o, / aumentarán el número de domésticas?". Asunto que poéticamente no olvida la condición de pobres, aunque si cuestiona el poema las relaciones que se establecen entre obrero-campesino, etc. La voz poética no olvida que también son pobres y viven la injusticia, por eso más adelante, aparecerán relaciones entre runas y pobres de la urbe.

(2) desde las noticias/habitus que con llegan los que fueron: "Mis hermanos se escaparon a la costa/ crecieron allí / regresan adultos" /... /"¿cómo nos está viendo?" (JJI).

(3) desde/y la experiencia de la ciudad como tal. En todos los casos, las imágenes están relacionadas al mito. No como memoria del migrante, categoría que tenemos que discutir desde la perspectiva andina, sobre la base de dos datos de la realidad, la comunidad se peleó y ha elaborado una idea y mito del progreso y en segundo lugar, quien sale a la ciudad no establece una relación estática con su lar, supone tránsitos y aprendizajes, que no romper con su propia tradición.

Uno de los poemas que sintetiza esta estrategia poética, por dramático, violento y paródico, es el poema FN. Se trata de una warmi en la ciudad, convertida en doméstica. Desde el comienzo, los versos son directos. Declara una situación las ofensas a condición de mujer y humana: "El patrón y su hijo me abusaron; / fui mujer de ambos; / no necesité partirme en dos / ellos lo hicieron". A partir de este enunciado poético, que adicionalmente esta marcado como voz femenina que habla de su situación de explotada, de mujer abusada, situación que llega a la desolación y abandono. La voz se vuelve dramática y la parodia resulta trágica: "Mi hijita crece sin apellidos; / podría ser nieta del patrón / o, también, hermana de su hijo… ". El poema, como hemos dicho asume una estructura dual: en la primera parte habla del pasado violento, ahora hablará del presente que aún mucho más violento y sin oportunidad, de allí que termine apelando al mito:

En el océano no hai rebaños de corvinas para pastear,
ni manadas de alcatraces para guardarlos en el canchón.

Nuestras ropas se han trocado en plumas;
mi hijita no tiene boca, tiene un pico;
mis brazos enfermos se despliegan como alas.
He de alzar el vuelo y mi hijita me ha de seguir…

Si la imagen andina vuelve no llega en el sentido de nostalgia ni apego, sino el sentido de quien ahora vive una situación extrema: abandonada y al borde la vida misma. Hay, claro está, una memoria de la condición runa de la warmi, pero también su deshumanización. De allí que se apele a la imagen de un ser alado: "He de alzar el vuelo y mi hijita me ha de seguir…" que nos recuerda al mito “Wackcha paloma”.


Epílogo

Vida será un poemario que trasgrede. Su vitalidad está cargada de enunciados que alcanzan lucidez pese al uso en varios poemas de un léxico científico. Pero lo que interesa más aquí es la estrategia poética, en la que se confunden las voces, y si se habla desde el mito: sol/tierra (PadreSol-MadreTierra) esta transita sobre la condición humana, como tendencia universalizadora, pero al mismo tiempo, se posesiona y habla desde su lugar de enunciación (andes collavinos). Se mira para hablar de la historia y de su situación de pobre, por ello se convierte en un denuncia, de la situación del indio en su relación con la ciudad y lo que le ocurre allí. A la modernización se la cuestiona por la superficialidad con que nos llega. Desde su primer libro, Muerte Cercana,Efraín Miranda sigue una línea de trabajo limpio, una poesía intensa, rítmica y al mismo tiempo observamos una ampliación del universo poético. No hay que olvidar a su primer poemario, como un poemario de la ciudad, pero allí no habla el indio cuya voz si la encontramos Choza (que se detuvo en la comunidad y su entorno), en Padre Sol. Vida será pues un libro vital.

(*) Este ensayo fue publicado en tres partes 1, 2 y 3 en el blog La alforja de chuque. Gonzalo Espino Relucé es profesor principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Fotos: 1) Foto del joven Efraín Miranda, publicada en el Diario La Crónica (20/02/1955); 2) Portada del libro Vida (Poesía). Lima: 1980 y 3) Una reciente foto de Efraín Miranda tomada por la gente de la revista El pez de oro de Puno.

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