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miércoles, 4 de octubre de 2006

¿Sueño o realidad? ¿Vigilia o pesadilla?


LOS ESTEROS DEL IBERÁ: UN RELATO ECOLÓGICO

Ensayo-ficción de Martín Alvarenga

Cuando uno es presa de una obsesión, de la cual no puede desprenderse, termina soñando o teniendo una pesadilla. Lo curioso es que primero vino el sueño y, luego de un par de días, quedé atrapado en esa forma del sueño que se aproxima al terror: la pesadilla.

En el mundo del sueño, me encontré leyendo el diario con un titular insólito: CONVOCAN A CONSULTA POPULAR POR EL IBERÁ, en el sentido de que los comprovincianos se pronunciaran por sí o por no en cuanto a la privatización a extranjeros de lo que fueran, en su momento, tierras fiscales.
Sinceramente me asombró esa actitud de algunos actores sociales, por no encontrarle el fundamento a la cuestión. No creo que haya que hacer una consulta ciudadana para saber que mi casa es mi casa; recabar públicamente si la tortura es o no lícita, humana o inhumana; si es o no legal el tabú del incesto; si el cielo es el cielo y si la tierra es la tierra. Quizás mi ingenuidad crónica me haya hecho pensar que desde un marco referencial acotado en lo jurídico, un tema tan delicado como la soberanía no admitía discusión.
Estaba leyendo en un bar y alguien me dijo:
- Che, estamos bien. Se va a hacer nomás una consulta popular.
- Ah, qué bueno - respondí, presintiendo que mi disenso sería inútil.
El tipo se fue y yo pensé:
- ¿Acaso el contrato social que es la constitución, no contempla taxativamente estos casos, a través de la justicia y de su ensambladura con los demás poderes?
Mientras cavilaba sobre el tema, llegó al bar un abogado amigo mío y le hice la pregunta que me atormentaba; justo cuando él me iba a responder, cometí el error involuntario de despertarme.

A los dos días, me despeñé al fondo de ese remolino bordeado de pánico que se llama pesadilla.
Iba de mañana por la calle principal de la ciudad, en eso un amigo me detiene y me pregunta:
- ¿No te enteraste lo que pasó?
- No - afirmé en tono inquisitivo -. No, decime de una vez - exigí con impaciencia.
- Ayer regresaron del Iberá unos turistas argentinos, de la zona de Cuyo, y me comentaron consternados algo que aún no termino de creer. Fueron a conocer el Iberá - prosiguió - y se encontraron con un desierto totalmente seco, sin agua, sin vegetación, sin animales. Dicen que los lugareños andaban como extraviados. Uno de los turistas le preguntó a un anciano: "¿Qué es lo que pasa, abuelo?". El abuelo le contestó: "Pasa que los gringos del norte se lo llevaron todo".
De pronto un cambio súbito en el escenario de la calle. Gente y más gente que desborda la peatonal y se dirige hacia el puerto. Seguimos con mi amigo la marea humana hasta llegar a destino. Con mucho esfuerzo alcanzamos la ribera, apoyándonos al sector de la baranda que está a la altura la calle Rioja. Allí estaba el Paraná, muerto, disecado, con su cauce absolutamente vacío, escuchando la protesta de la gente a través de un vocerío de insultos que se diseminaba por toda la ciudad.
Por la tarde, enciendo el televisor, y me entero por un canal de cable que del Río Uruguay (bellamente denominado el Río de los Pájaros) quedaba un hilito de agua casi invisible.
Apago el televisor envuelto en una depresión que me hace apretar los puños y los dientes.
Tengo sed. Voy a la cocina, tomo un vaso de la mesada, abro la canilla y ella me dice silenciosamente: "Señor, el agua me pidió que le comentara que, por un largo tiempo, estaría ausente por razones de fuerza mayor". Agradecí a la canilla su gentileza por haberme transmitido el mensaje y me dirigí al patio, a buscar el aire que me estaba faltando
En la oportunidad, desperté cuando tenía que despertar, con el júbilo de que mi experiencia era sólo una pesadilla; es decir que sólo se trataba de una inquietante y mera ficción.
Devuelto a la realidad, ese día, como todos los días, debía atravesar el infierno para llegar al paraíso.

Iberá, océano de alucinaciones y reserva del Paraíso,
Agua Brillante de Corrientes, Argentina, el Universo, 02/10/06.

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