Visita Proyecto Patrimonio

Visita Proyecto Patrimonio
Letras.s5 cambió de dominio

domingo, 1 de octubre de 2006

LA IRREVERSIBLE DIFERENCIA EN JACQUES DERRIDA POR OSWALDO ROSES


La "estructura" es para Jacques Derrida un organismo no completamente ontológico sino presente, funcional. Ésta va naciendo junto a la cultura, junto al lenguaje, junto al desarrollo social de los seres humanos y, desde fuera, no es posible determinar el momento preciso, pues, tal complejidad supone una creación en parte deslindada entre la relación ser humano-naturaleza. Digamos que la "estructura" obedece a un "centro" de utilidad epistemológica o referencial pero, al mismo tiempo, no evita ni puede evitar las infinitas transformaciones posibles de los conceptos que derivan al acontecimiento desde el cual se mira, se mira aún con una nostalgia de ideal o de mito el "centro de la totalidad" de la "estructura", que no es sino una equivalencia a la realidad fluyente.

Así pues, un acontecimiento y otro se encuentran encima -de una forma irreversible- de todas las conformaciones -transformaciones- dadas, encima para seguir un mismo "juego" de desprendimiento aunque, a su vez, de "redoblamiento" referencial ("las transformaciones quedan cogidas en una historia del sentido cuyo origen siempre puede despertarse en forma de la presencia").

Ante esta ausencia de "origen" concreto, de falta de fijación de lo que se desarrolla, Derrida se posiciona escéptico considerando prejuzgadamente que los conceptos debieran estar inmóviles para "alumbrar" ese origen, esa identidad que para él -en un último término- es inalcanzable. El prejuicio deviene ora por la influencia de Nietzsche, ora por la influencia de Heidegger -mayormente-; en uno los conceptos de verdad se sustituyen por los de "juego interpretativo" (1), en otro se destruyen -por una egolatría existencialista- ontológicamente.

Al signo anarquizante le transfiere la causa de esta desvirtuación -según él- del conocimiento; puesto que el signo significante se remite a su significado diferente y, así, no puede superar la oposición entre lo sensible y lo inteligible. Éste se presenta como el gran problema, el no lograr borrar la diferencia entre significante y significado (Derrida inventa el gran obstáculo del lenguaje), o sea, en el fondo la diferencia entre naturaleza y cultura. Por analogía discursiva "su" prejuicio nace ahí, en que la naturaleza-cultura ya no puede ser una "estructura", sino que es lo que él "elucubra", lo que a él le "conviene" filosóficamente, obsesivamente el hecho cultural.

Dicho eso, ahora bien, el hecho cultural -que para esto sí conceptúa- ¿dónde está?, ¿en un mundo?, ¿en este mundo?, ¿en qué mundo? Se puede afirmar sin duda que se refiere a este mundo, que está hecho aquí, en esto que llamamos mundo en general, lo que corresponde a decir sin titubeos en esta realidad o. en esta naturaleza. Sí, es una ya evolucionada relación ser humano-naturaleza la cultura y, por tanto, el lenguaje "espontáneamente" lo corrobora; de ahí que éste sea libre, emanando siempre de ese hecho-relación y, ¿cómo no?, adaptándose a todos los "nuevos" acontecimientos.

Cierto es que, por este camino, el lenguaje es una conformación inteligible -un orden por sí mismo-, pero siempre inferida por una suma de conocimientos, o sea, inferida por cierta maduración de la experiencia del ser humano con y en su entorno.

Por eso el lenguaje no, no nace "al lado" -como compañero o amigo- de la realidad "inventándola", jugando a "crear" realidad -como un dios- o interpretándola, no, sino -desde un principio e inevitablemente- conforme a la realidad, viviéndola; por lo que la realidad más bien "interpreta" al lenguaje al ser ella quien de verdad lo protagoniza o lo vive o lo deriva, sobre la base evidente de que está la realidad "antes" del lenguaje y ella y sólo ella, digamos, lo permite.

Por supuesto, existe esa condición y sobreexiste además un progreso innegablemente en ella misma en tanto que el lenguaje no conoce, el lenguaje no vive, el lenguaje no experimenta nada (2) -el lenguaje no se va de paseo-. De hecho el lenguaje podría interpretar si se adaptara a un guión original o a una referencia "fija" o estable -porque se interpreta sobre lo que "ya" se encuentra determinado o hecho-, pero no es así.

Lo que sí es o existe es que el lenguaje evoluciona al par o con la realidad, luego es inmanente a ella considerando asimismo que en ella "está" el ser humano. En este sentido, se interpreta lo que es esquivable -lo que sí o no con voluntad se puede interpretar-; y tal hecho no ocurre con la vida pese a quien pese puesto que, la vida, es una acción fehaciente el vivir la realidad, un estar en ella, un ser ella misma -más claramente-. Derrida -con respecto a lo que aprobó Lévi-Strauss- habla de la vida como si fuese una exclusión del hecho esencial, como si fuese un dilema naturaleza-cultura que sólo consigue, en efecto, disociar los elementos que la esencializan, infravalorando el mismo soporte gnoseológico, el que "reconoce" que la vida es conocimiento se tire por donde se tire y, en coherencia, cultura, pura cultura o modelo de una organización natural -o que ha de partir y sobrellevar lo natural.

Bien, los conceptos no emulan sino lo que se vive; los conceptos "viven" y por ser "más vida" justifican a corto o largo plazo un cambio o una adaptación ineludible, pues, tienen por obligado que conformar o actualizar más conocimientos o mejores conocimientos debido a o por razón de que no son logotipos sobre algo que se encuentra plenamente dado, no son guiones en los cuales lo vivido ya está hecho, señalado o preestablecido por un desenlace.Un concepto, eso, es una expresión vital -no inerte- que cuenta con que es vital de un modo extendido y no se proyecta él mismo como un ente interreal, únicamente lo proyecta la realidad -desde un principio-; por lo tanto "beber" y "bebida", entrambos, son elementos o componentes de una acción vital ya se digan de una forma o ya se digan de otra, pero existen "evolutivamente" con una adquisición de un nivel de conciencia.

También habló Derrida del método con "escepticismo", luego conceptuaba sin darse cuenta una acción vital de la cual se engendraba su pensamiento o filosofía, es decir, reconocía ni más ni menos ese concepto como insoslayable, como existencial; no obstante, lo extrapoló a otra concepción vital, a la del "ser es diferencia", advertencia que conllevaba o implicaba una conciencia -en suma- de la realidad.

Desde luego, quizás el principal error de Derrida haya consistido en eso, en esa manida u obsesiva búsqueda hacia atrás en su afán por estructurar de igual manera -haciendo tabla rasa- lo que antes se determinaba como más primario para el ser humano y lo que "ahora" es en complejidad o es en una natural complejidad.

Sí, cierto es que todo signo ha tendido hacia una sobreabundancia de significados; lo que ocurre es que es un hecho natural con la misma naturalidad que los seres vivos han tendido hacia la hibridación (las primeras células comportaban un significado que nunca "ahora" podrán comportar, porque la realidad "de vida" es más compleja). Sí, el error estriba en acopiar conceptos para estructurarlos -o pretender estructurarlos- en una realidad que ha progresado, que "ahora" es distinta en gran parte. Claro, esto no excluye al concepto ni lo niega, sino al forzado acomodo racional que se pretende.
Y este error reiterado así lo muestra contundentemente Lévi-Strauss:"Cualesquiera que hayan sido el momento y las circunstancias de su aparición en la escala de la vida animal, el lenguaje sólo ha podido nacer todo de una vez".

Ante esto es deducible cierta visión "mesiánica" o de abracadabra -algo imposible en la realidad- que revirtió en el hilvanado pensamiento estructuralista hasta nuestros días.

(1) Para interpretar primero ha de existir un guión original o un hecho ya delimitado para interpretar y, puesto que ese guión no existe de forma estable en la vida -en cuanto a su multitud de estados o circunstancias y condiciones de libertad que las varían-, el ser vivo "vive" la realidad.

(2) Siempre se interpreta lo que está al lado, lo que nos exige una guía a voluntad, una interpretación; en cambio la vida -y el conocimiento intrínseco en ella- se "vive", no es una exigencia, ni siquiera algo esquivable como lo es toda interpretación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola:

Te encontre buscando sobre lo humano

Muy interesante la exposición.

saludos