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lunes, 13 de febrero de 2006

LA ARMONÍA DE LAS CULTURAS


Enrique Verástegui. Teorema de Yu.
Lima: Arte/Reda, 2004.

Enrique Verástegui con su último poema-río, Teorema de Yu, coloca a su obra poética como una de las empresas capitales de la segunda mitad del Siglo XX en América Latina. Una obra que, en ese período de tiempo, sólo puede compararse con la obra de su predecesor Severo Sarduy o con la obra de contemporáneos como: el chileno Juan Luis Martínez, el argentino Néstor Perlongher, el peruano Rodolfo Hinostroza o el mexicano David Huerta. Una obra original y fortísima, que algunos consideran posmoderna en la que se intenta unir ciencia y arte en un mismo discurso, a la manera de los griegos, para ello utiliza el verso alejandrino, distinguido “por su elegancia y por su cadencia”. Un libro universo-río-jardín, donde cada verso representa un día de los 365 días del año. Ese gran poema, Piedra de sol, de Octavio Paz, quizás sea la aventura poética, que pueda confrontarse a este teorema matemático, que se expresa en esta poesía con flores, que surgen de la página en blanco. Esta vez, los contenidos obsesivos, paranoicos, eróticos, contraculturales o políticos han dejado su paso para el florecimiento de lo armónico y lo bello, en un sentido eminentemente platónico y pitagórico. Enrique Verástegui luego de erigir su monumental Ética (1974-1994) en cuatro volúmenes dio a la imprenta un pequeño libro, Ensayo sobre ingeniería, que cimentaría la actitud profética de esta poesía al predecir, en el año 1999 y a puertas de un nuevo milenio, la asunción en el papado del cardenal alemán Ratzinger (Benedicto XVI):

“Cristo, clavado, sangrante, en el monte Calvario.
Ese Cristo que se desespera en pinturas alemanas
me estremece, otro Cristo, el que aterra desde Alemania
es mi Señor.
(…)
Hoy me muero por leer al Cardenal Ratzinger.
Él dijo el derecho de todo católico a rebelarse
incluso contra la jerarquía para defender a Cristo.
Allí aprendí por qué Cristo pervive hasta ahora.
Teólogos sin profundidad carcomen Roma.
Pero la pintura crística alemana está allí, esperándonos”

(Ensayo sobre ingeniería, p. 19)

No en vano Teorema de Yu se torna profético e integrado a la postulación de una propuesta política, que se plantea en el libro Monte de goce (p. 41-42), en dichas páginas, se configuran dos ciudades: una real y otra ideal. En la ciudad vieja-real existen habitantes no-armónicos, las fábricas producen objetos de consumo, la ciudad es un campo de concentración con horarios fijos y reglas preestablecidas, los edificios están emparentados con la cotidianidad de la urbe caótica y cotidiana, la economía es utilitaria, el cuerpo posee menor capacidad orgiástica, la relación de pareja está planteada en tanto una relación de sujeto y objeto. La autoridad, la lengua oficial, la moralidad aceptada vía la tradición cristiana, la persecución, las fronteras, el tráfico nos hablan de una conglomeración urbana tediosa y neurasténica. Como contraparte la ciudad nueva-ideal estaría conformada por habitantes armónicos, una nueva sociedad, que en el texto se nombra como una nueva comuna, las fábricas producirán orgasmos, los obreros controlarán sus propias fábricas y no recibirán órdenes de nadie, los edificios serán pintados con inmensas flores, la economía llevará hacia el orgasmo, el cuerpo poseerá mayor capacidad orgiástica, la palabra “orgía” será el máximo valor de la comuna (existencia de multiplicidad de sujetos y no de objetos). La hermandad, la inmensidad de idiolectos, la no-moralidad, las caricias, las no-fronteras, las melodías barrocas serán los valores, que realicen la armonía en la comuna, en suma, esta postura construida sobre la base de una propuesta anarquista “un cuerpo no es bello sino ha renunciado al trabajo”; socialista; de libre albedrío “es feliz aquel que deja ser feliz a otro” y con reminiscencias contestatarias y contraculturales, que nos remiten al movimiento hippie y al pensamiento de Herbert Marcuse, nos informa sobre la función real del artista comprometido con el porvenir de la sociedad de su tiempo y no con la política.
Por eso, podemos afirmar, que en Teorema de Yu se describe esta ciudad nueva-ideal, que ahora es real, porque el tiempo ha cambiado y las culturas y los imaginarios se tornan heteróclitos, no-hegemónicos y potencialmente armónicos:

“Yu, que sueña separar senderos
que se separan hasta llegar al Paraíso”

(Teorema de Yu, p. 11)

“Mi jardín de cuerpos quedaba en el transfuturo”

(Teorema de Yu, p. 12)

Prosiguiendo con esta reflexión en Teorema de Yu desde el paratexto de la nota inicial se nos remite a otros referentes culturales (Platón, Newton, los Incas) y a un apartado de un libro de ensayos de Enrique Verástegui, es así, como podemos vislumbrar esta operación como culturalista y metatextual.

“El universo se encuentra en expansión separándose las galaxias unas de otras a n velocidad” (Enrique Verástegui. Apología pro totalidad – La estructura matemática del universo, p. 11-12) dicho aserto le sirve al poeta para desarrollar la estructura matemática del cosmos apoyado en el descubrimiento, que hiciera Kepler de las leyes matemáticas, que rigen el sistema de gravitación universal y siguiendo al teorema de Bell, que nos dice, que resulta imposible cambiar la polaridad de las partículas atómicas, se concluye en el mismo camino del físico-matemático inglés, Stephen Hawking, que la implicación del sol, la luna y la tierra genera el equinoccio de primavera (que incluye al big bang) y, a su vez, la negación de dicha implicación produce la expresión lógica del caos (que incluye al solsticio de invierno), es decir, los laberintos conocidos como fractales. Este entrecruzamiento entre el equinoccio de primavera y el solsticio de invierno se da a nivel de culturas e imaginarios o también entre Oriente y Occidente. Desde la carátula del libro, donde se integra un ideograma chino y una escultura etrusca, vemos el cruce armónico de dos realidades culturales distintas, en un sentido espiritual, además de corporal:

“Tenía una mente, una función, un quehacer:
remodelaba jardines de occidente que
no se parecían al jardín del profesor Yu”

(Teorema de Yu, p. 15)
“Yu” se constituye así en una entidad real y en un alter-ego del poeta, en tanto ser real “Yu” es un científico chino, que escribe una novela en Nueva York y en tanto entidad ficticia es un personaje, que emprende una empresa similar a la “locura del Quijote” para tratar de reflexionar sobre “el proceso de conocimiento que se produce en torno al cuerpo y su relación con el cosmos”. Teorema de Yu, también, es un poema dedicado a la poesía emparentándola con la mujer y esta es una reflexión, que proviene del libro Monte de goce, donde se plantea siguiendo a Jacques Derrida, que el hombre estaría marcado por la oralidad, en tanto la mujer estaría signada por la escritura:

“Astarté florece a mi lado.
Amándote desde siempre, ¿por qué te amo tanto
como al Asia, el jardín que revoluciona al mundo?
Podría describir tu cuerpo como una fruta
pero el concepto tiene las llamas de tus labios.
Tú eres el jardín hacia el que voy”

(Teorema de Yu, p. 9)

Así, podemos visualizar la empresa poética de Enrique Verástegui como un germen, que inicia su recorrido mediante una lectura detenida de los escritos de José Carlos Mariátegui para asumir en la circularidad y en los márgenes de este recorrido el pensamiento de Roland Barthes, la música dodecafónica de Stockhausen o las pinturas de Francis Bacon. Es por eso, que podemos afirmar, que Verástegui es tanto, un poeta posmoderno, clásico y romántico, sin que ello signifique contradicción alguna, las contradicciones, si es que existen, se resuelven, se plantean, se desarrollan, interactúan a través de un gama de recorridos, que incluyen la pintura, la música, la poesía, las matemáticas, la ciencia, la economía, la lingüística en un continuo mosaico fragmentado y refractario de su condición al margen de lo establecido, estas pugnas y disyuntivas se plantean en sus textos poéticos y teóricos en tanto práctica escritural que parte de la historia para simbolizar y formalizar un lenguaje, a la manera de Wittgenstein, por ejemplo, y para decirnos que el hombre es experiencia, pero experiencia totalizada, en tanto, se concibe como ser histórico, es decir, el hombre sólo se concibe como un ser total e integral. En ese sentido, la poesía de Verástegui puede asumirse como totalizadora de la experiencia y el conocimiento del hombre de todos los tiempos. El poeta Verástegui buscaría con su poesía una revolución tecnológica, que se plantearía asumiendo el signo cuerpo como más importante que la historia. La poesía es una práctica más importante que la política, porque es la unión del sexo y de Dios:

“No trato ahora
de rescatar tu cuerpo, buscando revivir
el orgasmo en la página. Busco estructurar
el jardín de tu cuerpo sobre este cubo escrito
a imagen de tu perfección”

(Teorema de Yu, p. 15)

Para finalizar, queremos resaltar el interés creciente, en los últimos 5 años, por la obra poética y teórica de Enrique Verástegui en los medios académicos ingleses y norteamericanos, dicha mención se justifica con su inclusión como comentario analítico e interpretativo en los libros de los investigadores Nuria Vilanova, Jill Kuhnheim y David Wood, donde se propone una mirada distinta a la meramente autobiográfica e historiográfica.

Paul Guillén

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