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lunes, 13 de febrero de 2006

ANTOLOGÍA PERUANA


Reynaldo Jiménez. El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú.
Buenos Aires: Tsé-Tsé, 2005.


Dos tensiones-distensiones recorren el libro-antología como un mapa de las transformaciones y desplazamientos poéticos de la primera mitad del siglo XX peruano, es así, como por un lado se encontraría en uno de los extremos de esta tensión-distensión la presencia de José María Arguedas y su poema “Tupac Amaru Kamaq Taytamchisman / A nuestro padre creador Túpac Amaru”, como sabemos el original del canto-poema fue escrito en quechua y luego trasladado por el propio Arguedas al castellano y en el otro extremo de esta construcción estaría César Moro con poemas como: “Adresse aux trois règnes”, “Lettre d’amour” o “La fenêtre de la méduse”, originalmente escritos en francés, y que luego han sido traducidos al castellano por poetas como Emilio Adolfo Westphalen, Carlos Germán Belli, Américo Ferrari o Carlos Estela. En los dos casos que, desde luego, no son antagónicos, vemos la problemática por el flujo y el proceso de la lengua, mientras para Arguedas escribir en quechua sería entrar en una especie de arcadia primordial, para Moro su utilización del francés es una suerte de actitud violenta frente al lenguaje, en las dos situaciones, tanto Arguedas al hacer una versión libre y no literal de sus cantos-poemas quechuas estaría subvirtiendo un imaginario, que estaría procesado por intermedio de una fluctuación entre el colonialismo y el imperialismo, es decir, apropiarse del lenguaje del otro, para socavar el poder de la ciudad letrada, en feliz término de Ángel Rama. En tanto, César Moro en su recorrido vital al asumir el francés como lengua escritural hace pervivir algunos rasgos del español como una forma de subvertir el cruce de lenguas (mistura), no en vano el prólogo “Pasar la voz” de El libro de unos sonidos inicia su reflexión con el encuentro crucial entre el cura Valverde y Atahualpa o entre la escritura y la oralidad. Un punto intermedio entre estas dos situaciones estaría ejemplificado por Gamaliel Churata y su libro El Pez de oro, aquí las tensiones y distensiones se concentran en un punto central que es la fusión, la revuelta, la revolución de todos los imaginarios del mundo: lo mítico y lo cósmico unidos de igual forma, que lo cosmopolita y lo nativista, la quechuización del español, la mezcla del imaginario aymara con el cristianismo primitivo, el hinduismo, la filosofía occidental, la física, etc. nos hablarían de un intento por pensar y construir un hombre integral como quería José Carlos Mariátegui, desde este momento se está pensando la concepción de un ser latinoamericano ni anclado en el pasado ni proyectado únicamente al futuro, sino en el entrecruzamiento de diversas culturas (híbridas, no hegemónicas, subalternas).

El Libro de unos sonidos es la ampliación de una primera versión, que se editó, también, en Buenos Aires en el año 1988, en aquella oportunidad fueron tan sólo catorce los poetas incluidos: Xavier Abril, Martín Adán, Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú, Leopoldo Chariarse, Jorge Eduardo Eielson, Américo Ferrari, César Moro, Carlos Oquendo de Amat, Alejandro Romualdo, Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Blanca Varela y Emilio Adolfo Westphalen. A los que esta vez se han sumado veintitrés poetas: José María Arguedas, Vicente Azar, Enrique Bustamante y Ballivián, Gamaliel Churata, Raúl Deustua, José María Eguren, Julia Ferrer, Pablo Guevara, Edgar Guzmán, José Alfredo Hernández, Alberto Hidalgo, Augusto Lunel, Rafael Méndez Dorich, Manuel Moreno Jimeno, Enrique Peña Barrenechea, Alejandro Peralta, Fernando Quíspez Asín, Juan Gonzalo Rose, Luis Valle Goicochea, César Vallejo, Adalberto Varallanos, Juan Luis Velázquez y Luis Fabio Xamar. De esta extensa lista podemos colegir, que el marco temporal se ha ampliado con la inclusión de Eguren y Vallejo y que el reclamo efectuado a la versión de 1988 sobre la no-inclusión de la poesía social (Guevara, Rose) ha sido subsanado. La organización del libro-antología es inversa a la tradicional-cronológica, es decir, se inicia con Edgar Guzmán y termina con Eguren como una suerte de recorrido ancilar-pendular en torno a la diversidad y pluralidad de los recorridos o líneas poéticas. Una pregunta fundamental recorre el libro-antología y es la inclusión de dos fragmentos de prosa narrativa (cuento o fragmento de novela) de Xavier Abril con “El autómata” y de Adalberto Varallanos con “Nacimiento, vida e itinerario del hombre veloz. (Semi-cuento)”, debemos reparar que esta inserción dentro del conjunto, que desde el prólogo apuesta por una poesía lírica conceptuada como “transformación cantante de los significados” o “exploración orgánica de los signos en su devenir”, obedece a que estas prosas se constituyen como narraciones vanguardistas, donde se mezcla la narración con la lírica, lo viejo con lo nuevo, el pasado con el presente, el sueño con la vigilia, etc. Por otra parte, el rescate de verdaderos poetas raros o no re-visitados como Vicente Azar, Julia Ferrer, Edgar Guzmán, José Alfredo Hernández, Augusto Lunel, Rafael Méndez Dorich o Fernando Quíspez Asín, constituye en sí uno de los más grandes logros de este libro-antología, que cierra sus casi seiscientas páginas con una desbordante y exhaustiva bibliografía de los poetas incluidos.
Un esfuerzo enorme por dar a conocer, al público argentino e internacional, una tradición poética tan compleja como la peruana y que se constituye, de esta manera, en una de las tradiciones más diversas, vastas y plurales del continente americano.

Paul Guillén

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Dos poemas de José María Arguedas