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miércoles, 4 de abril de 2007

EL ARTE DE VERÁSTEGUI POR JOSÉ PANCORVO*


Está el Verástegui del Werther. Está el Verástegui del Fausto y de otros veinte libros publicados. Está el de las decenas de libros inéditos. Sigue viniendo Verástegui.

De las seis mil páginas de Goethe, la parte que causó mayor sensación fue En los Extramuros del Mundo. Goethe se quejaba de que sus obras de mayor vuelo, como la Etica y El Modelo del Teorema, no eran debidamente apreciadas.

Está el Verástegui de la brillante obra juvenil que sigue siendo la más popular. Está el Verástegui que sube a un vuelo de mucho mayor cota, pero de pronto se ve incomprendido y solitario en su espiral ascencional. Su alta mente de gran poeta ha encontrado horizontes realmente sublimes en la confluencia de la intuición filosófica con la matemática y la poética. Como casi todos estamos inmersos en el empirismo y racionalismo que nos enseñan en el colegio y en los medios, pensamos que es una divagación.

Todo lo contrario. Las referidas intuiciones poético-metafisico-matemáticas de Verástegui son saetas dirigidas al meollo de la realidad. A lo que está detrás del aparente caos móvil, aparentemente post-ético, aparentemente insoluble, del mundo actual. Y Verástegui viene con sus intuiciones a rescatar la visión de las realidades mayores, haciendo geniales aportes de conocimiento.

No dudo en afirmar que la intuición de Verástegui es más directa que la de Goethe. La última estrofa del Fausto, que comienza con el famoso: "todo lo perecedero no es sino un símbolo", es el punto de partida del autor de Yachay Hanay y de El Modelo del Teorema. Para reforzar mi teoría debo decir que Goethe representa una cumbre de las Letras alemanas y del pueblo alemán. Verástegui es un peruano, es decir -y poniendo aparte los complejos de inferioridad-, del país de Imperio y Virreynato más grandes, pero a su sangre cañetana y del valle del Mantaro se añade un 25% de chino, siendo su línea paterna, llamada también agnaticia, de sangre vasca, la cual parece que viene de la Atlántida. Es decir, ello le da mil percepciones orientales y andinas, mil sentidos del ritmo y de la fuerza natural, que no podrían estar en cien por ciento alemán, salvo personajes muy sobrenaturalizados como Meister Eckhart, Eririque Susón y Angelus Silesius.

Debemos pues, sin prejuicios racionalistas escolares, sin superficialidad, disfrutar de estas altas intuiciones, comprender, a través de esta plaqueta sacada del libro Albus, la gran alma de este poeta muy incomprendido, y situarnos a nosotros mismos en una realidad superior, ¿qué mejor se puede pedir?, tesoros inmensos que nadie nos puede robar ni expropiar. Ha venido Verástegui a obsequiarnos riquísimas visiones. Envueltos en la chocolatería mágica de Ventana de Medusa.

Para dirigirnos a Verástegui a propósito de Yachay Hanay podríamos usar las palabras que usa el personaje llamado Pater Profundis en el último acto del Fausto: "da agudeza a mi pensamiento, alumbra mi indigente corazón".

* Texto leído el día miércoles 14 de marzo de 2007 en la presentación de Yachay hanay (Lima: Ventana de Medusa, 2007) en el Centro Cultural de España.

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