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jueves, 26 de julio de 2007

Leonardo o el arte de escupir verdades permanentes por Víctor Coral


El texto se abre con una meditación trascendente, con un intento de trasegar los límites del mundo en su concepto ordinario.

Nuestras objeciones de verdad, o falsedad, son condiciones
Que predestinan la realidad y lo que existe es un acontecimiento determinado
Por nuestra época. El mundo
Es un proceso: no una lógica que sirva para envanecer o justificar desechos
Consumados.

Este discurso poético racional es con frecuencia violentado, interrumpido por rasgones de lirismo que ahondan la materia poética al mismo tiempo que afincan un equilibrio gradual y paradójicamente controlado:

¿Importan estación, temperatura y posición de los astros
En un astrolabio hecho para imperar sobre el cielo?

“Escribir no es meditar”, nos advierte el poeta cuando ya estaba tentado a recomendarle lo mismo. Pero felizmente no hay muchas ocasiones para ello en este largo poema dividido en diez secciones. Si bien el diálogo con la amada y el sopesamiento de la relación de pareja –concebida como enfrentada a la vulgaridad de la realidad y sus coerciones- son puntos axiales que afloran en el discurso con regularidad, los puntos de crisis (en sentido positivo) los obtiene Verástegui cuando salta por encima de lo erótico-amoroso para asomarse a las cimas de lo trascendente, y aun cuando cae en furtivos arrebatos confesionales. Cito in extenso:

No una vuelta –como podría decir el hombre poco discreto-
A la vulgaridad sino un enriquecer esta vida,
Con vida: este acto de cultura
Que es, sencillamente, intercambiar experiencias
Como flores, producir este mundo a imagen y semejanza
(…)
Nosotros aún permanecemos aquí escarnecidos
Y masacrados, perseguidos, absurdamente inteligentes
En un mundo donde serlo equivale a descender al infierno
(…)
Esa obra de perfección, como hablaron los místicos,
Es tu cuerpo como un templo donde creación
Y destrucción se complementan a ti mismo. Tú eres un Dios,
Una dulce fuerza divina capaz de todos los propósitos,
Una bella cosa operante en el mecanismo
De los mundos.
(…)
Sé que he escrito poco y que he todavía soñado más.
Esta vida es un sueño destruido en la polea de una industria
Que me escarneció, e insultó, vilipendió mientras
Me escabullía hacia el amor restituyéndome
A los corazones que me han guarecido…

La tentación profética no parece arredrar al poeta, conciente de que “una bella escritura si no trae orden y limpieza a tu mente/ desaparece en la noche/ y el caos queda como agua pasada en el agua que viene”:

El mundo exige ser transformado
Para lograr el sueño de sus padres,
Esto que somos ahora: una personalidad cultivada,
Una reflexiva visión de los actos, esta palabra profética
En una época que vive el futuro
Pero que no acepta al futuro en sus entrañas

Verástegui no encuentra razones para “cesar de escupir estas verdades permanentes”. Se permite amenazar con que todo quedará hecho cenizas “si no logramos vencer la intolerancia”, y sueña con el cuerpo femenino como locus de iniciación, como vehículo hacia las altas esferas. ¿Cabe esperar un discurso más alejado de la retórica sociologista de los 70-80? Ya se entiende entonces que buena parte del velo de incomprensión que ha opacado su poesía tiene que ver con el diferencial ideológico entre sus presupuestos y los de muchos de sus congéneres. Aparte el natural rechazo que ha venido causando el ciudadano Verástegui con sus declaraciones grandilocuentes y sus extravíos mesiánicos.

Sufrí incomprensiones absurdas como garfios
Clavados a mi carne para decirte que amo tu cuerpo


Claro, pues ese amor del cuerpo no es el límite –como sucede con otros creadores-, porque el poeta no vislumbra límite en el ritual de sacrificar los deseos y la razón en aras de una suerte de supranacionalidad apenas susceptible de ser sostenida con un discurso lineal, de naturaleza causal. De ahí que el discurso poético de Verástegui se apoye en la fluidez del lenguaje. No en la lógica discursiva (Watanabe es el genio de este ámbito), ni en la coherencia imaginal (¿debo hablar de Ramírez Ruiz aquí?). Ni siquiera en la lógica onírica de que hablaba Welles. Este discurso se funda sobre la feliz sucesión de las palabras, y por ello tanto se yerra en su comprensión:

Una ciudad que se proyecta no como existir
Sino como irrealidad no contiene esta verdad acumulada suave-
Mente en el pasto
Bajo estos geranios donde unos enamorados se acarician lenta-
Mente: su futuro
Es el presente y una persona real
Ha de florecer como esta luna
En la noche
Sin perder serenidad ni pétalos que han de moverse
-tu destreza dará realidad
A los frutos de tu visión- en la conciencia
Donde el poema adquiere su verdad perdurable y ahora Salave-
Rry parece
Una ribera tranquila sembrada con autos, hospitales
De cáscara verde, cafés con terrazas donde el viento…

El yo poético pasa de la contemplación de una ciudad a la constatación del amor de pareja, y de ahí se proyecta a una consideración abstracta sobre la conciencia y el poema, para finalizar en la visión de una calle específica de Lima. ¿Cómo considerar este bello extravío sino a partir de la felicidad lingüística que precariamente le da consistencia?

Si bien hay en el poema “Leonardo” acumulación de comparaciones –es lo que llamo el vicio mayor de su poesía-, estos cúmulos son mucho más tenues que en el resto del libro (Leonardo, INC, 1988), y menos flagrantes que en otros libros del poeta. Cito un ejemplo del poema “Apariciones en un panel de computador”:

Flores pálidas como el recuerdo de un amor en un aula de la
Universidad.
Chagall está enloquecido como una flor, el tiempo
como este poema son geranios delicados pero en vez de gera-
nios debiera destrozar a lo que me hiere (énfasis mío)


El tema del olvido como elemento purificador, benéfico, es otra persistencia en el poema. El “mundo heredado”, la cultura, pero también el pasado del poeta, volverán a instaurarse, “como por arte de vasos comunicantes”, para ser testimonio de la luz, la vida y los sueños. Porque “yo que no tengo pasado, lo nombro/ y nombro lo pasado que destruyo./ Donde hay olvido acontece la vida”. ¿Será mucho pedir a los comisarios de la razón y el discurso univoco que olviden los excesos del ciudadano Verástegui y se atengan a su feraz poesía? Comprender su obra exige que seamos “una luz arrancada suavemente a la noche/ o a la incomprensión, a todo lo inerme”.

En Lima, a julio 2007

Lo a-natural y lo perverso en Monte de Goce de Enrique Verástegui por Paul Guillén


Si reflexionamos acerca de algunas paradojas de la poesía peruana contemporánea, no podremos olvidar los injustos epítetos que se endilgaron a Monte de goce tras su tardía aparición en 1991. ¿Cuál hubiese sido el calibre de las críticas de publicarse en 1975, fecha en la cual estaba listo para entrar a la imprenta? Este dato no es para nada circunstancial, reparemos en que Verástegui obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim en 1976, gracias a una carta de recomendación del poeta mexicano José Emilio Pacheco[1]. En ese sentido, reclamamos un lugar de preferencia, en los estudios de la poesía de Verástegui, para Monte de goce, un libro que asume lo posmoderno desde la perspectiva de la incertidumbre, la duda, la perplejidad, el vacío, la esquizofrenia, el sentido de agotamiento, la mezcla de niveles, de formas y estilos o su yuxtaposición, el gusto por la repetición y la copia, el manejo de estructuras o superficies, la mezcla en un mismo discurso de lo popular y lo culto, la desconfianza en la razón, la modernidad y su pensamiento universalista, su apuesta por el nihilismo, el anarquismo, la contradicción (Guzmán: 337-338). Además, sobre Monte de goce podríamos afirmar algo parecido a lo que aseverara Ricardo Piglia sobre Finnegans Wake de Joyce: Monte de goce es un libro psicótico, porque su textualidad está construida sobre la base de la fragmentación, lo onírico, y, además, se encuentra tasajeado por la imposibilidad de construir con el lenguaje otra cosa que no sea la dispersión. Desde la misma perspectiva, Monte de goce es, también, el libro de la exacerbación sexual y de la exacerbación del pecado:

Monte de goce fue planteado como una investigación del pecado, como una investigación de las perversiones sexuales en Occidente, que debían tener su campo de expresión a través de una exacerbación de la forma cómo estas perversiones se presentaban. Monte de goce está trabajado según una fórmula de Nabokov que era: “el máximo de indecencia con el máximo de elegancia posible”, buscando exacerbar al lector y buscando enfrentarlo a sí mismo (Guillén).

Por un lado, Monte de goce sería “la escritura continua a través de la cual pasan los géneros literarios” (Verástegui 1991: 8) y, también, se constituiría como un libro interdisciplinario (Galindo 2004: 155-165), que puede ser visto tanto como un diario o como una novela posmoderna, y pasar por relato épico o sátira contra la burguesía y sus instituciones (religión, política, economía, cultura) o, tal vez, como la alucinación de una perversidad extrema. Es por eso, que su enunciación se torna, por momentos, esquizofrénica y completamente paranoica, fundamentalmente perversa. Para tal efecto, debemos remarcar tres conceptos claves para organizar nuestra investigación, señaladas en la introducción que el autor hace a su propio libro:

1) El movimiento del erotismo en Monte de goce es polifónico: “una multitud de voces se cruzan y entrecruzan, se atraen y repulsan a la vez, pero enlazándose como en un coro a capella produciendo un rico espectro de tonos” (Verástegui 1991: 8).

2) Monte de goce es una tratado de la experiencia, pero a partir del lector: “pretendo un lector que emprenda su reescritura (…) alguien que por insatisfecho emprenda la experiencia de esta otra forma del infierno que es Monte de goce” (9).

3) “Monte de goce es un libro sin género, aun cuando desarrolla una estructura abierta” (12).

Como vemos los puntos claves que organizan la enunciación poética son los conceptos de polifonía bajtiniana, reescritura barthesiana y estructura abierta de Eco. El semiólogo francés Jacques Fontanille nos explica que la polifonía por definición es “una modalidad enunciativa del conflicto (conflicto ideológico y conflicto de representaciones sociales)” (Zilberberg 2002: 80). El discurso inicial de Hora zero (1970-1973), movimiento poético al cual Verástegui perteneció en una época, intentó trabajar la polifonía de los actores sociales para otorgar a su poesía una interpretación del hombre peruano como ser integral, por lo cual trabajó el poema como una conjunción de narración, ensayo y poesía. En una segunda etapa[2] −que se produce en el intervalo de los años 1972-1975 en el caso de Enrique Verástegui y otros integrantes de Hora zero como Juan Ramírez Ruiz (Vida perpetua, 1978) o José Cerna (Ruda, 1998)− se presta más importancia a la composición espacial, descendiente de Mallarmé, Apollinaire o los concretistas brasileños, pero, sobre todo, con mayor influencia del estructuralismo y la aplicación de las matemáticas a la poesía (llamada “poesía combinatoria”). Es así como este procedimiento se amolda al concepto de Roland Barthes sobre el rol decisivo del lector como modelizador de lectura-escritura, es decir, como un autor potencial, siguiendo la premisa de Lautréamont de que la poesía debe ser hecha por todos, no por uno (recordemos la famosa premisa barthesiana: el comienzo de la escritura es la muerte del autor). Otro aspecto, que nos interesaría remarcar es que el concepto de reescritura propuesto por Barthes se encuentra interrelacionado a una práctica barroca, en el sentido de la repetición, el exceso, el detalle, el fragmento, la inestabilidad, la metamorfosis, el desorden, el caos, la complejidad, la disolución, la distorsión (Calabrese 1989: 12). Por eso, estas combinatorias[3] nos hablarían de un apego a lo formal, a lo estructural, a lo sensual y a la perversión. El tercer punto clave es el concepto de obra abierta (1962) de Umberto Eco[4]. Dicho procedimiento, antecedente de la estética barroca (posmoderna), se puede percibir en la concepción del libro como una amplificación de diferentes variaciones de una obra musical. Además, como se refiere en el prólogo de Monte de goce, de lo que se trata es de la erótica del texto y no del texto de la erótica. Siguiendo a Georges Bataille, “puede decirse del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte”; en tanto, para Verástegui, puede decirse de los alucinógenos y el pecado que son la aprobación de la lucidez hasta en la locura.

Para empezar a revisar el concepto de goce que se despliega en este libro, debemos hacer la distinción entre el placer unido al deseo (principio de realidad) y el goce (principio de muerte). En ese sentido, el placer es decible mientras que el goce es lo indecible. Remito a Lacan: “Lo que hay que reconocer es que el goce como tal está inter-dicto a quien habla, o más aun que no puede ser dicho sino entre líneas”[5]. Por eso, el goce estaría unido a una práctica perversa, toda vez, que el perverso intenta reproducir ese goce a través de la apropiación del deseo del otro (lo gesticula, lo mima):

...los textos de goce son perversos, en tanto, están fuera de toda finalidad imaginable, incluso de la finalidad del placer… el texto de goce es absolutamente intransitivo. Sin embargo, la perversión no es suficiente para definir al goce, es su extremo quien puede hacerlo: extremo siempre desplazado, vacío, móvil, imprevisible. Este extremo garantiza el goce: una perversión a medias se embrolla rápidamente en un juego de finalidades subalternas: prestigio, ostentación, rivalidad, discurso, necesidad de mostrarse, etc. (Barthes 1998: 83-84).

En ese sentido, el goce es tanto satisfacción como sufrimiento, participa por igual de lo eufórico como de lo disfórico. En el texto “Lectura aunque radial alegórica de Norman O. Brown (cf. El cuerpo del amor)” incluido en Monte de goce, se instaura una carencia en el goce Otro, es decir, hay una premisa básica, la cual nos recuerda Jacques-Allain Miller: “el goce se produce en el cuerpo del Uno a través del cuerpo del Otro. Esto viene a decir que, en un cierto sentido, ese goce es siempre autoerótico, siempre autístico... pero, al mismo tiempo, siempre aloerótico, porque siempre incluye al Otro” (Miller 1998ª: 74). De esa manera, en Monte de goce el goce estaría mediatizado por la tecnología (cámaras fotográficas, grabadoras, filmadoras, la máquina de clítoris, máquinas seriales, etcétera) y por la exacerbación de las percepciones vía la droga; pero, en tanto, el sujeto (el de Verástegui y el de Miller) reconoce que su propio goce incluye el cuerpo del otro, sabe que ese otro no puede comunicarse con él, pues no se traduce por intermedio de la palabra. Hay una incomunicabilidad entre el yo y el otro, que coloca al cuerpo irremediablemente en su dispersión, en su soledad y neurastenia dentro de la vida moderna: “existes sólo porque eres un trozo de lenguaje, una caligrafía, manchando este papel” (Verástegui 1991: 59).

Por otra parte, en Monte de goce interactúa el concepto “escritura fálica”, que está ligado a los procesos psicóticos. Este tipo particular de escritura no reconoce la figura del padre. De un cotejo textual minucioso de los poemas de Enrique Verástegui se desprende que su poesía no tiene figura paterna[6]. Este locutor, a la vez psicótico, esquizofrénico y perverso, no ha pasado por la metáfora paterna; en ese sentido, no tiene ideal, lo que le interesa es ser el falo, mostrar su poder, aunque sea con un desplazamiento de su mirada hacia el fetiche, o como diría Norma O. Brown:

…los héroes errantes son héroes fálicos, en un permanente estado de erección; erguidos como la llanura. La palabra coito representa la sexualidad genital como el acto de caminar; pero la inversa también es válida: todo acto de caminar; o de vagar por el laberinto, es genital-sexual. Todo movimiento es fálico, todo comercio carnal. Hermes, el falo, es del dios de los caminos, de las puertas, de todas las entradas y salidas; todos los sucesos[7].

En el sentido del fetichismo, Monte de goce concibe a la mujer como fragmentación de un cuerpo. La mujer nunca es asumida como totalidad, es no genérica, no-todo. Su figura está desarrollada en torno a sus partes. Incluso se propone la función del cuerpo como un signo compuesto por:

1) signos femeninos: vulva, senos;
2) signo masculino: falo; y
3) signos neutros: nalgas, lengua y dedos.

Si recordamos el texto “Lectura aunque radial alegórica de Norman O. Brown (cf. El cuerpo del amor)”, en el que se produce el relato distorsionado −por el influjo de la droga− de la interacción entre una estudiante-modelo (Twiggy) y un pintor-fotógrafo (Velásquez), vemos que ella es fotografiada-pintada desde ángulos obtusos, oblicuamente capturada entre una multitud; además, la droga actúa sobre los dos: pintor & partenaire, “drogados, arrechos, cuerpos enlazados a través de la función social de cada uno (fotógrafo / modelo)” (Verástegui 1991: 34). Asimismo, podemos darnos cuenta que la imagen de la mujer es asumida como la representación de partes que aparecen en el espacio de la enunciación como fetiches: “el sujeto perverso remite al otro imaginariamente su alienación, pero a costa (y hay que dar todo su peso a esta expresión) de una identificación con un objeto cuya consistencia de fetiche adquiere diversas modalidades en función del goce que está en juego” (Berenguer).

Otro punto importante de Monte de goce es que nunca se hace distinción entre el falo y el pene, pues el pene es real y el falo es ideal. Entender el falo únicamente como pene es una equivalencia psicótica, porque no se accede a lo simbólico; en cambio, el neurótico si hace la distinción. El psicótico se sitúa en una fase anterior preedípica, no pasa por el complejo de Edipo, es decir, no hace diferencia de sexo; en tanto que el perverso homologa el pene y el falo, pues no tiene ideal. A su vez, en este libro se toma a las palabras como cosas y no como signos, es decir, se trata a lo simbólico (el lenguaje) como real. Considerar a las palabras como cosas y no como signos nos habla de la preeminencia y la utilización de un lenguaje esquizofrénico:

arrojado de un lugar arrojado de otro arrojado arrojado
muchísimo miedo / siempre con miedo
(…)
et dolor de cabeza—
et riéndote a solas—
et conversando a solas—
tu cabeza golpeando en pared—
(…)
triste triste triste triste
& miedo mucho miedo mucho miedo mucho miedo
nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie
nada nada nada nada nada nada nada nada
sa am boo / sa am boo / sa am boo / sa am boo / sa am boo
aaaaaaaaaaaaaaaaaafffff!!!
¡zas! ¡zas! ¡zas!

(Verástegui 1991: 161)


Finalmente, podemos afirmar que en Monte de goce la sexualidad con relación al goce y la perversión se encuentra configurada como una sexualidad que rechaza lo natural; es decir, este libro propone una sexualidad a-natural. En ese sentido, y siguiendo a Barthes, la modernidad pretende resistir a la sexualidad normal mediante la perversión, al signo mediante la exclusión del sentido y la locura. Es consecuente y claro que el recorrido de Monte de goce sea tratar de reproducir el goce que solo puede gesticular un perverso.


Obras citadas

BARTHES, Roland.
1998 El placer del texto seguido por Lección inaugural. México: Siglo XXI.

BERENGUER, Enric.
s/f “El reto de la perversión”. En: Ornicar? (www.ornicar.org).

CALABRESE, Omar.
1989 La era neobarroca. Madrid: Cátedra.

ECO, Umberto.
1979 Obra abierta. Barcelona: Ariel.

GALINDO V, Oscar.
2004 “Interdisciplinariedades en las poesías chilena e hispanoamericana actuales”. En: Estudios filológicos, número 39. Valdivia, setiembre. p. 155-165.

GUILLÉN, Paul.
2007 “Un cuerpo bien proporcionado es la imagen del universo: un diálogo con Enrique Verástegui”. En: Sol negro (http://sol-negro.blogspot.com/2007/02/un-cuerpo-bien-proporcionado-es-la.html)

GUZMÁN, Edgar.
2002 “El postmodernismo”. En: Existencia y realidad (Tomo II). Arequipa: UNSA.

HERREROS, Gerardo H.
1999 “La esquizofrenia en el psicoanálisis actual de orientación lacaniana”. En: Acheronta, número 9. Julio. (www.acheronta.org)

LACAN, Jacques.
1991 El Seminario. Libro 20. Aun. 1972-1973. (1ª reimpresión argentina). Buenos Aires: Paidós.

LACAN, Jacques y Wladimir GRANOFF.
2002 “Fetichismo: lo simbólico, lo imaginario y lo real”. Traducción desde el inglés de Leonel Sánchez Trapani. En: Acheronta, número 15. Julio. (www.acheronta.org)

MILLER, Jacques-Alain.
1998a El hueso de un análisis. Buenos Aires: Tres Haches.
1998b Los signos del goce. Buenos Aires: Paidós.

RAMÍREZ RUIZ, Juan.
1971 “Poesía integral / Primeros apuntes sobre la Estética del Movimiento Hora zero”. En: Un par de vueltas por la realidad. Lima: Ediciones del Movimiento Hora zero.

VERÁSTEGUI, Enrique.
1991 Monte de goce. Lima: Jaime Campodónico editor. (Prefacio, postdata y postfacio de Enrique Verástegui)

ZILBERBERG, Claude (editor).
2002 Semiótica del valor. México: Seminario de Estudios de la Significación. Tópicos del Seminario, número 8, diciembre.


NOTAS

[1] El propio Enrique Verástegui en una comunicación personal comenta que presentó como avance de escritura para la obtención de la beca Guggenheim los textos “Dibuxo del venerable varón F. J. de la C.” y “Penelopea de Itaca pasó por Lima”, ambos textos conformarían la primera parte de Monte de goce.

[2] Enrique Verástegui solo dejó de pertenecer al movimiento Hora zero entre los años 1973-1975 cuando se dedicó al estudio del estructuralismo junto a José Cerna y Santiago López Maguiña.

[3] Confróntese ellas con el empleo del sistema dodecafónico en el texto “Lectura-Sensual-Arquitectura” de Monte de goce.

[4] El concepto de obra abierta fue formulado, algunos años antes que Eco, por Haroldo de Campos en su ensayo “A obra de arte aberta” de 1955.

[5] Citado en Barthes, pág. 35.

[6] Nos referimos en específico al ciclo de la Ética (1974-1994) conformado por cuatro volúmenes: Monte de Goce (o del pecado); Taki onqoy (o de la redención); Angelus novus (o de la virtud) y Albus (o de la gnosis).

[7] Citado por Enrique Verástegui en Apología pro totalidad. Ensayo sobre Stephen Hawking. Lima: Biblioteca Nacional del Perú, 2001. p. 74.


Publicado originalmente en Casa de citas, número 4. Lima, mayo de 2007. p 35-39.

domingo, 6 de mayo de 2007

RESISTENCIA POÉTICA: ENTREVISTA A JORGE PIMENTEL POR CARLOS M. SOTOMAYOR


Jorge Pimentel publica En el hocico de la niebla, un poemario de sobrevivencia frente a la miseria humana

La aparición de un nuevo poemario de Jorge Pimentel es todo un acontecimiento. Al poeta, uno de los miembros más emblemáticos de Hora Zero, no le invade la obsesión por publicar; sus libros se van gestando durante muchos años antes de ver la luz. En el hocico de la niebla (Ediciones El Nocedal, 2007) rompe un silencio editorial de diez años.

Correo: ¿En qué momento deciden fundar Hora Zero?

Jorge Pimentel: Cuando vimos que la poesía peruana estaba estancada y había que darle mayor movimiento. Lo que hicimos fue darle una identidad nacional a nuestra poesía, alejarla de una frondosa hierba inglesa, francesa. Y meternos en lo nuestro, en nuestros mitos, nuestras leyendas, nuestra calle, nuestro lenguaje, nuestras provincias. Y a partir de allí, ser universales.

C: ¿Qué significó “Palabras urgentes”, aquel mítico manifiesto?

JP: “Palabras urgentes” es el acta de liberación de la poesía peruana. Creo que a partir de allí la poesía se libera. Nosotros nunca hemos pretendido ser un partido político, sólo hemos trabajado en la poesía. Liberar la poesía peruana es proyectarla, hacer que avance. Y creo que con Hora zero la poesía avanza, avanza en lenguaje, en naturaleza, en la manera de interpretar la poesía.

C: Existe una anécdota conocida de un duelo poético entre Antonio Cisneros y tú en el INC, con simulacro de asesinato incluido...

JP: Cisneros venía de Europa y nosotros habíamos sacado “Palabras urgentes”. El dijo que no le interesaba, que ese manifiesto estaba escrito con los pies. Vino entonces el duelo verbal a través de la prensa. Y yo lo reté a un duelo poético que se realizó en el INC que dirigía José Miguel Oviedo. Yo tenía debajo de la camisa un tomate y le dije a un amigo, a quien le compré una pistola de fogueo, “mira, cuando yo diga tal verso, tú te paras entre el público y me disparas”. Entonces yo, en ese momento, aplastó el tomate y me tiro al suelo. Y la gente creía que era verdad, porque era una época muy jodida, era la época de Velasco.

C: Era un contexto movido el que enfrentó Hora Zero en los setenta...

JP: Nos hemos peleado, nos hemos trompeado, agarrado a silletazos, a patadas y puñetes, nos hemos peleado con manifiestos. Porque los partidos de izquierda querían tener poetas en sus filas, pero que escriban una poesía panfletaria. Y utilizaban a los jóvenes poetas para que escriban panfletariamente. Y Hora Zero jamás atracó con eso. Y eso la gente debe reconocerlo.

C: ¿Eres un obsesionado de la corrección? Lo pregunto porque tus libros tienen intervalos muy largos.

JP: Mis libros los escribo en dos o tres meses. Los guardo dos años y luego los reviso, y si el lenguaje está acorde lo guardo un año más. Al tercer año lo saco para empezar a corregirlo, y eso dura más o menos cuatro años. No me preocupa publicar, me preocupa escribir, esa es la aventura maravillosa.

C: ¿Cómo ubicas En el hocico de la niebla en relación a los anteriores?

JP: Siempre he escrito presionado por hacer un gran libro. Pero este libro, que ha salido publicado en una edición tan cuidada y estética por el editor Walter Noceda, lo escribí sin presión, de manera tranquila. Busqué un estado de niño para mirar las cosas con más calma, como el agua que discurre por un riachuelo.

C: ¿Qué plantea este libro?

JP: Es un libro de sobrevivencia y trinchera frente a las miserias humanas, frente al vacío y a la muerte. Se trata de un libro de honestidad, de creatividad, que busca la verdad del poema. Un libro de aventura del lenguaje.

C: Se trata de un libro en donde a pesar del paisaje sombrío el yo poético irradia esperanza...

JP: Es la resistencia frente a un momento de soledad, donde todo muere, donde no hay fe, donde parece que todo está marchito. Entonces el poeta resiste con la poesía, con esas ansias de vida y amor desde su propia fragilidad y temblor. Y el poeta sigue caminando.

C: Finalmente, ¿cómo recibiste la inesperada desaparición de José Watanabe?

JP: Pepe Watanabe, gran poeta y gran amigo. Con estos días que están pasando se me hace más difícil no tenerlo, aunque sea al otro lado del teléfono. Pero su poesía es la que nos va a mantener siempre unidos con él.

MAS DATOS
Jorge Pimentel reeditará Ave soul, incluyendo diez poemas inéditos de aquella época y un prólogo del desaparecido escritor chileno Roberto Bolaño.

TOMADO DE CORREO (LIMA, 06-05-2007)

miércoles, 2 de mayo de 2007

HORA ZERO Y EL INFRARREALISMO


en la foto:

Lima, Perú. Centro Cultural de España. Presentación de la audio video revista mexicana Nomedites (número dedicado al Infrarrealismo). Eloy Jáuregui, Ángel Garrido Espinoza, Raúl Silva, Jorge Pimentel, Tulio Mora y Juan Esteban Harrington.

Foto: cortesía de Raúl Silva

JORGE NÁJAR EN SAN MARCOS Y EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA


Conversando con Jorge Nájar
de poesía, Lima, París & Viceversa


El poeta peruano Jorge Nájar (Premio Copé de Oro de Poesía, 1984; y Premio Juan Rulfo de Poesía, Radio Francia Internacional, 2001), está de visita en nuestro país, y jóvenes poetas leerán poesía y conversarán en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Auditorio del Tercer piso (aula 13 C), el miércoles 2 de mayo, a las 18:30 horas.

La presentación estará a cargo de la poeta y profesora sanmarquina Sonia Luz Carrillo y contará con la presencia de los poetas: Alessandra Tenorio, Juan Pablo Mejía, Josefina Jiménez, Paolo Astorga, Jaimedonato Jiménez y Edgar Gamboa Huerto.

El objetivo es propiciar el diálogo entre poetas que inician su labor y un autor de reconocida trayectoria que vive desde 1977 en París. Una reunión amena y distendida sobre lugares y poéticas.

Jorge Nájar, integrante de la primera promoción de la Generación del 70', publicó su primer poemario Malas maneras, Pucallpa, en 1973. Luego, Patio de peregrinos, Lima 1976 y Temblando en las arenas de Lutecia, Madrid, 1978. En el 2002 la Editorial de la UNESCO publicó su Antología Poesía contemporánea de expresión francesa. En 1999 reunió su obra poética bajo el título Formas del delirio. Gran parte de su obra poética y narrativa ha sido traducida y publicada en francés: Le dire du malparís (1988), Perou, contes populaires (1989); Le diables rient (1990); Toile Écrite (1992); Gravure sur maté (1999); Figure de proue (2006). Su más reciente poemario Ahí donde brota la luz (2007) ha sido publicado en Bogotá.

El 8 de mayo Nájar retornará a Francia y poco antes, el viernes 4 a alas 19:00 horas, en el Centro Cultural de España, se llevará a cabo una presentación de sus dos más recientes publicaciones: La versión bilingüe de Mascarón de proa y su poemario Ahí donde brota la luz.

martes, 17 de abril de 2007

RECITAL DE HORA ZERO Y PRESENTACIÓN DE LA REVISTA MEXICANA NOMEDITES


Este jueves 19 de abril a las 9:00 p.m. (hora exacta) se llevará a cabo la presentación de la revista mexicana NOMEDITES. La cita es en el Centro Cultural de España (Calle Natalio Sánchez 181 - Alt. cuadra 6 de Avenida Arequipa).

Este evento contará con la presencia de Raúl Silva, poeta, crítico y editor mexicano, y Juan Esteban Harrington, miembro del Infrarrealismo y poeta chileno. Acto seguido, los poetas del movimiento peruano Hora zero, luego de 10 años, darán un recital que incluirá la participación de Tulio Mora, Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, Eloy Jáuregui y Ángel Garrido Espinoza.

El día siguiente viernes 20 de abril a partir de las 5:00 p.m. Raúl Silva presentará la revista NOMEDITES en el tradicional Taller de poesía de San Marcos.


miércoles, 4 de abril de 2007

EL ARTE DE VERÁSTEGUI POR JOSÉ PANCORVO*


Está el Verástegui del Werther. Está el Verástegui del Fausto y de otros veinte libros publicados. Está el de las decenas de libros inéditos. Sigue viniendo Verástegui.

De las seis mil páginas de Goethe, la parte que causó mayor sensación fue En los Extramuros del Mundo. Goethe se quejaba de que sus obras de mayor vuelo, como la Etica y El Modelo del Teorema, no eran debidamente apreciadas.

Está el Verástegui de la brillante obra juvenil que sigue siendo la más popular. Está el Verástegui que sube a un vuelo de mucho mayor cota, pero de pronto se ve incomprendido y solitario en su espiral ascencional. Su alta mente de gran poeta ha encontrado horizontes realmente sublimes en la confluencia de la intuición filosófica con la matemática y la poética. Como casi todos estamos inmersos en el empirismo y racionalismo que nos enseñan en el colegio y en los medios, pensamos que es una divagación.

Todo lo contrario. Las referidas intuiciones poético-metafisico-matemáticas de Verástegui son saetas dirigidas al meollo de la realidad. A lo que está detrás del aparente caos móvil, aparentemente post-ético, aparentemente insoluble, del mundo actual. Y Verástegui viene con sus intuiciones a rescatar la visión de las realidades mayores, haciendo geniales aportes de conocimiento.

No dudo en afirmar que la intuición de Verástegui es más directa que la de Goethe. La última estrofa del Fausto, que comienza con el famoso: "todo lo perecedero no es sino un símbolo", es el punto de partida del autor de Yachay Hanay y de El Modelo del Teorema. Para reforzar mi teoría debo decir que Goethe representa una cumbre de las Letras alemanas y del pueblo alemán. Verástegui es un peruano, es decir -y poniendo aparte los complejos de inferioridad-, del país de Imperio y Virreynato más grandes, pero a su sangre cañetana y del valle del Mantaro se añade un 25% de chino, siendo su línea paterna, llamada también agnaticia, de sangre vasca, la cual parece que viene de la Atlántida. Es decir, ello le da mil percepciones orientales y andinas, mil sentidos del ritmo y de la fuerza natural, que no podrían estar en cien por ciento alemán, salvo personajes muy sobrenaturalizados como Meister Eckhart, Eririque Susón y Angelus Silesius.

Debemos pues, sin prejuicios racionalistas escolares, sin superficialidad, disfrutar de estas altas intuiciones, comprender, a través de esta plaqueta sacada del libro Albus, la gran alma de este poeta muy incomprendido, y situarnos a nosotros mismos en una realidad superior, ¿qué mejor se puede pedir?, tesoros inmensos que nadie nos puede robar ni expropiar. Ha venido Verástegui a obsequiarnos riquísimas visiones. Envueltos en la chocolatería mágica de Ventana de Medusa.

Para dirigirnos a Verástegui a propósito de Yachay Hanay podríamos usar las palabras que usa el personaje llamado Pater Profundis en el último acto del Fausto: "da agudeza a mi pensamiento, alumbra mi indigente corazón".

* Texto leído el día miércoles 14 de marzo de 2007 en la presentación de Yachay hanay (Lima: Ventana de Medusa, 2007) en el Centro Cultural de España.

domingo, 18 de marzo de 2007

Diario de Cerro Azul Por Enrique Verástegui


I

En vez de haber apartado libros, cuadernos y notas para ir a meterme en el único cine de este pequeño puerto perdido de la costa pe ruana, -cosa que, de todos modos, haré más tarde cuando me vaya a ver un video con Al Pacino, que están pasando esta semana en el hotel, o bien me meta en un bar a probar un poco de cerveza helada bajo la luna- voy a continuar estas acotaciones como una relación de hechos tan parecidos a relámpagos que iluminan mi pensamiento, que me acontecen en el instante aquel donde ya no puedo diferenciar la realidad de mi trabajo con las alucinaciones que me transportan lejos del marco geográfico. Oh musa permíteme aquellas cosas que ni acontecieron antes ni ocurrirán en lo sucesivo: Plutarco, Banquete de los 7 sabios. Tal vez debiera haber empezado esta página con una .descripción muy rápida de este paisaje del mar Pacífico (una tranquila aldea de pescadores levantada al borde de una ensenada, bastante romántica cuando hay luna, como ahora, y un poco salvaje bajo el sol cuando sus olas -inmensas como colinas de jade- se elevan para reventar contra las rocas, o rodar, haciendo espuma, en la arena de la playa) trasladando a la prosa -que he querido escribir más bien musical, según la tesis de Baudelaire- el método que emplearon invariablemente los poetas provenzales cuando acometían un nuevo poema: la descripción en dos, tres o cuatro versos (a veces en sólo un verso magistral) del paisaje en que el acontecimiento va a poetizarse, de la escenografía en que las personas de la gramática van a desarrollar su acción como una introducción más que versificada, metafórica del relato en que los provenzales quisieron escribir. Quienes quieran objetar este principio por considerarlo poco nacional -la nación la vamos construyendo con la cultura cuyo ser es la humanidad que la produce en su conjunto- deberán recordar de todos modos que el endecasílabo castellano, por ejemplo, fue una traslación creativa (el subrayado es mío) que hizo Garcilaso a la elite española cuando nuestro poeta combatía con Venus y con Marte por tierras italianas. Curioso no por Garcilaso, pero sí por nosotros: cada vez que se apela a lo nacional —por lo menos a lo nacional en poesía más que en literatura, o en otra cosa igualmente importante- se recurre siempre a citar la métrica y la versificación española como si no recordáramos que nuestra poesía escrita en lengua quechua tiene también, porque debe tenerla -como, por lo demás, lo tiene el sistema pentafónico de su música-, sus propias leyes internas: en el alfabeto. Que aún no hayamos avanzado en el estudio de ello: eso es otra cuestión. Y en vista de lo dicho me seduce también (y esto exactamente funciona como el reverso de Baudelaire) la idea más bien extraña del romanticismo desplazado inglés de escribir la poesía con versos concisos y precisos -tan bien escrita como la prosa, según la tesis de Ezra Pound-. Dije, que esta idea pertenecía al romanticismo desplazado inglés, pero es menos impreciso decir que ello se ha concretizado en todo el espacio de la tradición moderna inglesa (aunque igualmente desplazada desde Shakespeare) que escribió en versos blancos. Esto es: en versos versificados entre el endecasílabo y la cuaderna vía pero que permitieron (como en Gonzalo de Berceo) una, dicción amplia y sostenida, una mejor expresión de los sentimientos que un poeta como hombre de su tiempo refleja siempre. A lo largo de este espacio, algunos de los traductores al inglés lograron acometer la idea: Golding entre ellos (cf. El ABC de la lectura de Pound) y en pocos pero bellos versos Coleridge del que su Kubla Kan y aquel otro del anciano marino han tenido más de una consecuencia, o más de un efecto (operado quizá siempre por reflejo indirecto de otros textos) en la poesía contemporánea. Como lo han tenido los de William Blake, con su misterioso desvelamiento del deseo profundo en los mares de fuego del inconciente, con esa búsqueda del absoluto a través de la trasgresión de la realidad que revelan la riqueza del cuerpo -del cuerpo hoy reivindicado como una categoría filosófica y política-. También Wordsworth escribió los versos precisos (como una forma de relación amorosa con la naturaleza: bosques y ríos que el murmullo de la lengua ya contenía en su trasfondo) y Robert Browning agregó a la precisión el tema de lo económico como soporte, que aprendió estudiando tanto la poesía provenzal (a Sordell sobre todo) como leyendo amarga y ácidamente -según corresponde a un hombre de su tiempo que tiene que alimentarse y vestirse- las páginas de economía de los periódicos. Sin embargo, no sólo Browning meditó desde la poesía sobre lo económico, sino también, y por la misma época, en otro país y otra lengua, el romántico Novalis, y desde una perspectiva políticamente clara: Heine. En nuestra lengua Clemente Althaus y Juan de Arona -lo mismo que nuestro gran y hermoso poeta patriota Melgar- tradujeron con verso clásico a Ovidio: algunos fragmentos del Arte de amar, y fundamentalmente a Lucrecio: ciertamente prefiero al Lucrecio traducido al estilo peruano quizá más por su viveza y su agilidad que aquel que buenamente nos brinda, aunque en los pesados versos del neoclasicismo del XVIII, el siempre aventurero abate Marchena.

II

Estas notas debieran conducirme a "desarmar" para volver a armarlo nuevamente -como en un taller de mecánica- el motor de mi escritura (poemas, ensayos y prosa) en el deseo que tengo de afilar aún más mis garras y mi técnica, de poder realizar un mayor ajuste al método múltiple que he tratado de emplear (y que de hecho he empleado) en mis escritos. La palabra "múltiple" me seduce (ahora cuando mi tesis vital es la multiplicación de micro-estructuras críticas en la sociedad más todavía y sobre todo después de haberme puesto a estudiar a Leonardo). La palabra "método" me seduce ciertamente -aunque habría que precisarlo como un sueño- porque aún cuando el método existe bajo su forma social (la forma de un proceso expresado en su producto) funciona más bien como realidad personal y, en este sentido, el método sólo puede existir bajo la forma, de un cambio incesante.

Siendo la realidad cambiante, el método que la crítica se adecua -luego de haberse producido una nueva situación- a ese cambio.

Así pues las tesis vanguardistas de que un cambio de método ha de conducir a un cambio en el yo -sólo expresa una verdad histórica, -la de que las fuerzas productivas, en el nivel de la escritura, han transformado ya un código estético obsoleto. Este cambio de yo -yo es otro, como dice Rimbaud- sólo puede producir un desarrollo en la sensibilidad así como la poda de los frutales al concluir el invierno posibilita nuevas ramas frescas y abundantemente cargadas de frutas en verano.

La metáfora de la flora es perfecta (y tiene una relación profunda con la poesía) en este escrito -los muchos estudios previos a La Comedia que realizó Dante en su vagabundear por Italia así lo prueban. La Comedia no es sino la aplicación hasta el exceso de lo que el joven Dante supo al frecuentar a Brunetto Lattini, su maestro, y a otros amigos no menos lujuriosos que él: Guido Cavalcanti por ejemplo, hoy en el infierno. La Comedia; tratado de versificación y retórica poética pero, también, algo más que eso: una forma de accesis de aquella época. Es cierto: La Comedia es una selva llena de pantanos y panteras, que hay que leer con sumo cuidado porque de lo contrario podríamos caer al abismo y no ver a Beatriz (ni copular al menos al modo provenzal con ella, o con nuestra propia Beatriz, como sería saludable) Entonces Dante escribió sus cuadernos sobre el amor, la lengua, la versificación, la política y la teología más que como una preparación de La Comedia como un amplio y profundo estudio de su época (resumida luego precisamente en su vasto poema teológico). ¿Preparamos ya un trabajo de tanta envergadura como éste (una Comedia que refleje la época del renacimiento del hombre)?

Creo -contra la opinión de Ezra Pound, para quien el mundo se había complejizado tanto que era imposible escribir una Comedia- que sólo un cambio en la forma puede obtener un reflejo total del mundo y que ese cambio en la forma es precisamente la nueva Comedia.

El reflejo de un instante en un lugar preciso.

Totalizar eso a través de un mito.

Sólo existen secuencias dialécticas a través de una lógica de acciones. Al transformar esas acciones en escritura se produce el gran poema. Un poema que ha podido reflejar a su época.

¿Qué es la época? -la época (que no es sino la suma de dos elementos básicos: política, economía) es el marco teórico/vital de nuestros escritos. Los escritos de Ray Bradbury lo prueban así como también, por ejemplo, los personajes de Ribeyro que atraen, porque en ellos uno puede vislumbrar la época en que ellos viven (no así Luis Loayza que sólo logra una nostalgia de prosa, aunque precisamente por esto, uno de los más bellos textos de la prosa peruana no pasa de mil palabras nostálgicas y bellamente elaboradas: aquel en que se permite retratar a Garcilaso Inca de la Vega).

Un método múltiple entonces sólo puede existir a condición de lograr una escritura sintética.

O la escritura, sintética es el producto de un método múltiple.

La escritura debe sintetizar las contradicciones del mundo.

Un mundo en el marco de la revolución científico-tecnológica, y teniendo a las fuerzas productivas -la escritura es una síntesis perfecta de lo que significa, una fuerza productiva- como el motor de su desarrollo (en el plano ideológico la plasmación de esta escritura es una nueva revolución humanista, aunque se nos diga nihilistas). La escritura entonces es un proceso. El final del proceso es un cambio de dirección en el proceso pero ese cambio de dirección es un producto.

Un producto sintético -como todo lo que el hombre debe utilizar en sociedades industrializadas o en sociedades interconectadas por la industria-. Sin esta verdad concreta no puede haber nueva escritura.

Una escritura es una máquina.
Una construcción.
Una verdad.
Existe como conciencia de su época.
Y como visión. Como norma de pureza.

III

El primer poeta (o trovador, dirá el erudito) que escribió de política concreta, referida a su época se llamó Bertran de Born. Pero el primer poeta que al escribir de amor no pudo eludir la política pudo llamarse Catulo, Propercio, Ovidio, o Góngora. (Siempre hay muchos primeros poetas: los primeros poetas provenzales y, antes de ellos, los primeros poetas griegos y también nuestros poetas quechuas). Sin embargo, los primeros poetas somos nosotros y los que aún no hemos leído (aquellos perdidos entre códices del pasado) serán siempre los más recientes, los que abren nuevas luces no sólo respecto de su época -cuestión que constituye el modo de ser de la poesía- sino fundamentalmente de los versos que esta misma noche puede estar escribiendo algún muchacho abstraído y solitario. Como quien esto escribe: un joven que se ha venido a refugiar en Cerro Azul para pensar -para escribir- el proceso de lo que ocurre en el mundo. Sobre todo el proceso de la lucha, entre diversas escuelas, entre lo nuevo y lo antiguo. Un elemento fundamental para el proceso creativo es la concepción de tiempo desarrollado en esta lucha. Se concibe al tiempo:

1. como elemento inmutable y, por esto, inexistente,
2. como elemento de un proceso, como forma de ser del movimiento.

El tiempo es un marco de referencia y aun cuando implica la propia vida de la materia significa también que a través de él se realiza el poema.

La concepción del tiempo como proceso niega la eternidad del presente, pero afirma que la eternidad es su propio proceso, donde lo relativo es lo absoluto y lo absoluto el proceso materializado en historia (y en este sentido, también en poesfa). El tiempo de este modo se encuentra referido por el futuro.

En cambio, en la concepción idealista, todo futuro se haya recluido en el pasado: esto podría ser una afirmación de un erudito que por las condiciones de su trabajo (su existencia) no vive sino en función de un fin menos social que desconocido. Pero es también una afirmación política y quizá hasta una regla que funciona válidamente dentro de un orden considerado inmutable como el tiempo: noción y reglas políticas que existen porque deben ser pulverizados, destruidos como la imagen de un espejo al quebrarse. Se trata, entonces, de dos elementos que debemos leer con más cuidado que el requerido por la resolución de una partida de ajedrez o de una ecuación físico-química: el tiempo, el espejo. El trabajo de la poesía exige en nosotros, que hemos tenido la impostergable vanidad de agregar unas páginas más a los ya muchos (e ilegibles a veces) catálogos literarios la otra impostergable verdad de conocer los mecanismos que nos inspiran. ¿Pero los mecanismos que nos inspiran son aquellos (menos precisos) que nos impulsan a escribir.

Si no supiéramos que la inspiración forma parte del proceso llegaríamos a la concepción de que no es necesario escribir. Sin embargo, escribir es una cuestión material de la inspiración.

El tiempo se ha presentado, casi siempre, como una noción inmutable. Cada sociedad, cada modo de producción ha tenido su noción muy particular de tiempo, pero en esa diversidad de nociones encontré siempre una ley que totalizó el tiempo y para esta ley el tiempo fue inmutable. Incluso el tiempo del cristianismo no acaba en el juicio final, sino que este es sólo un punto de partida para un tiempo perpetuo. Después del juicio final empezará el tiempo del infierno, o del cielo: no habrá ya poder que cambie esta ley de la divinidad cristiana. Tiempo inmutable, infinito. El tiempo actual no se diferencia de este tiempo divino: el infierno queda en las afueras de la ciudad, en los arrabales, en los suburbios, pero en cuanto realidad abstracta, en cuanto realidad filosófica -si es que podemos llamar filosofía a la concepción de lo que agita la vida- queda dentro de la fábrica, donde el obrero no es sino el fantasma de un hombre, porque no tiene dominio sobre la producción y ha sido reducido a una vida tan miserable como el salario que lo ha mercantilizado. El cielo se encuentra vacío, desde que Dante tuvo la genial intuición de escribir que nadie habitaba el cielo salvo unos cuantos poderosos de la pobreza de sus vidas pasadas: unos pocos santos. El infierno de Dante lo constituyen todos los habitantes de Florencia, y el cielo actual -un cielo igualmente inhumano que mediocre- todos los pocos dueños de la economía del mundo. Contra esta noción de tiempo inmutable existe una realidad paródica a veces y a veces deslumbrante, pero siempre crítica, siempre implacable y, muy pocas veces, oblicua: la metáfora. La metáfora (es decir, todos los modos en que la metáfora asume su crítica): que es una realidad desviada de la imagen de realidad que la sociedad se ha dado. La metáfora no existe, es cierto, sin una especie de ritmo, de marca de tiempo en el espacio de la página como este ritmo nos marca en la metáfora. La metáfora del ritmo se adecua al ritmo de la metáfora y para el lenguaje que llamamos poesía aquello se constituye como un fin.

Al tiempo inmutable de la sociedad (cuya presencia maldita se llama Estado: un Estado hecho para ser eterno) se suma, la noción de espejo en sus relaciones, digamos que legales con los posibles miembros conformantes de la sociedad. El espejo supone un determinado marco ideológico, precisamente aquel que (funcionando como espejo) confirma lo inmutable del tiempo, que es la sociedad inmutable. El espejo no hace, sino devolver la imagen de esta realidad histórica, y nada que quede fuera del espejo es permitido por el espejo de la sociedad. La poesía de Góngora, desmesurada en su trabajo crítico/metafórico, quedó de este modo clausurada para la sociedad. El espejo, entonces, no se corresponde con la concepción del tiempo como proceso y la ideología que refracta -pero no hace ningún tipo de transformación de la realidad- es una forma de ser del idealismo. Por esto al espejo no puede, sino oponerse el movimiento, y ese movimiento es la imagen. La imagen se formula a través de la expresividad del tiempo como proceso: la metáfora, en cambio, ni es otra cosa que una geometrización del espacio.

Cuando la metáfora y la imagen -que es una construcción superior a la metáfora- se unen adecuadamente en el espacio del texto literario el lenguaje de la poesía llega a uno de sus puntos fulgurantes.

IV

La poesía es un trabajo que ulteriormente se transforma en arte: esta transformación del trabajo en arte corresponde a un valor que no entrega el autor, sino al lector que al encontrarse con la página valoriza el trabajo de la página, aunque a su vez y precedentemente esta página (inscrita ya, de todos modos, en una “tradición”) creó y preparó su lector, que leyéndola confirmará el valor de esta página. El trabajo de la poesía -que es algo más que el arte de la composición, ese oficio de construir que no necesariamente se realiza si es que faltare la calidad de su energía en el producto- se me ocurre no menos agotador, en tanto, que desgaste físico y energético, que un trabajo de minero y acaso existe entre este y el poeta una bastante profunda correspondencia. El minero excava, punza, explora, desnuda y abre a veces con las uñas (otras manejando el pico y el taladro) el interior de la tierra, aquello que subyace en un paisaje de sol y cedros: carbón o metal, todo lo que está bajo el follaje, lo que está bajo nuestras raíces. Mientras el poeta excava también la roca de su realidad y hace de partero: saca a luz el mineral del saber. Ese saber es el producto de un método que empieza también por la redacción de páginas como éstas -este es un diario que escribo en Cerro Azul, frente al mar al que contemplo eternamente fluido mientras, a la vez, bebo una cerveza-, donde el pensamiento, ese producto del ser, es el lugar de la energía de la naturaleza que, hecha arte, se eterniza.

(Inédito)

lunes, 12 de marzo de 2007

LOS POETAS DEL SETENTA RESCATADOS POR ENRIQUE SÁNCHEZ HERNANI


Paul Guillén. Poesía peruana Contemporánea, 33 poetas del 70. Lima: Fondo Editorial Cultura Peruana, 108 pp.

En la época, parecía que los colectivos poéticos del setenta iban a vivir para siempre. Impetuosos, parricidas, heterodoxos, vitalistas, los poetas de esa generación impusieron un lenguaje desenfadado, callejero, con concesiones a la prosa e impregnado de referencias a la cultura popular.

Alguna vez sugerimos que lo propio era que alguien tomase al ex becerro por las astas e hiciera un gran festín antológico que mostrase el corazón, el hígado y las costillas de aquella generación, separando el buen bife del hueso mondo y lirondo, pero respetando el espíritu de la época. Algo de esto ya lo ha hecho Paul Guillén en su Poesía Peruana Contemporánea, 33 poetas del 70.

Por lo pronto, delimita claramente las fronteras del fenómeno: de Manuel Morales a Carlos López Degregori y José Morales Saravia, sin limitarse a considerar sólo a quienes militaron en Hora Zero y Estación Reunida (y los independientes de época), extendiéndose a La Sagrada Familia (y sus respectivos independientes).

Resulta alentador que Guillén haya rescatado a voces casi perdidas, pero no por ello menos valiosas, como Yulino Dávila, Bernardo Álvarez, Enriqueta Beleván o Vladimir Herrera, que en su momento fueron auténticos activistas, y de los que hoy sólo se recogen anécdotas.

Como en toda antología, faltan algunos y sobran otros. Quizá Guillén, para una nueva edición, se anime a hurgar en los libros de otros miembros de Hora Zero y La Sagrada Familia que sería necesario incluir (y aquí sólo sugerimos, aguja en el pajar, a José Cerna Bazán, por ejemplo) o a autores autónomos como Luis La Hoz u Óscar Aragón, la vertiente lírico-española del setenta, que en el libro que comentamos se hacen extrañar.

ELOY JÁUREGUI / CINCO LITROS DE POEMAS


Grafía del Límite

i.m. Alberto Flores Galindo

Gran señora y gobernaba y hacía mercedes y fue casada
con Inga Roca. Y por esta señora fue respetado
grandemente su marido por los señores
grandes de este reino desde su jurisdicción[...]
Felipe Guaman Poma


Bájense prestas de este sueño de país
las sábanas de sangre tire su tinta
el muslo de selvas, su quejido de ovarios
esa lengua de crestas en los folios sagrado
no existe muerto más bello que el esperma
la cruz y la daga cogotean el fustán del sol
mi tierra uñando la estirpe de ojo tuerto.
Ámese el odre preñado y su alarido
la vergüenza del arcabuz aputado
yo soy la historia, usted la vida
calor de mantos sin geografías de coyas.
Que no falte honor, ni alfabetos, sí carne.


Textos textiles
[Cajamarca, 1532]

i.m. Ricardo Oré


Allí las brumas prendidas al astro
óyense así las nuevas lenguas y braman
Al fragor de las ciénagas de las sangres.
al rojo indio le corresponde las poleas
De la pólvora son los ayes del relámpago
el nudo ciego al arco iris y al río abajo
Un estupor que raja las manos de la gleba.
Ahora apuro el cañazo e hincho el buche.


En el susurrante sumando del do de oro
digo Cajamarca como el amargo reposo
De una gloria alucinada en sus llagas
el reino transpira a fiera perpleja
y atragantado vil se alza el credo ebrio
el de la serpiente rasga el tejido a dentelladas
la niebla escribe y hiere en la tela pétrea
el vino, la oliva y el trigo espolean la fe
se impone Bizancio y los fastos provenzales.


Un sarpullido dorado de centauros y alanos
fijan el alias de los héroes y sus botas
Y de los hoyos del cráneo el abismo del sol
registra en crónica de quejumbre y hierro
El hediendo desconcierto del rebaño indio
capitán de campañas, qué mortal merece vencido
Esta grey a recua y tinta de vizcachas
torvos para adentro y blasfemos en sus preñézes.


Matriz del fuego yermo

1. Ubre del renacimiento


Religiosa grandeza del monarca
Cuya diestra real al Nuevo Mundo
Abrevia, y el Oriente se le humilla.
Heroicos, Luis de Góngora


En ese entonces, en el principio digo, sólo el astro sin cruz
reencarnaba a los puros y probos sin alquimias ni hiel,
la piedra de los cielos negaba la muerte y sus profecías.
En ese tiempo, digo, las canciones se pintaban en las nubes.
haz solar enlosado de rótulas
Roca del instante, registro en el eterno vuelo estático
un cóndor petrificado en el tímpano
y un sol adjetivado por los flujos termales.
El hoy es la historia, de alzada atemporal
su melodía es torva con claves de acento en desconcierto
hablo de una memoria sin epigramas y atonal,
el corcel escribe sobre las desfiguraciones
la lengua reseca, la grafía cero.
La armadura desfallecida en los maizales, el oro
del celestial tramado desde el Potosí al proyecto Wari.
Belfos y navíos que sonoros esculpen la noche
la intriga vence a los metales
la armadura se tuerce con la indiada cómplice,
hombres del Pirú, amargos de morir hermanados
bella turba desbandada, reguero de miasma,
explota la vasija de chicha y la historia se derrama.



2. La yugular del oro


Yo he visto lo que digo y he hecho
con toda la experiencia.
Pedro Cieza de León

los ladridos rasgando el lienzo de un tiempo apacible
¡El estruendo!
Los navíos como islas inciertas bajo la niebla
¡Pizarro el porquerizo!
Inscripciones en un campo de retamas, Ricardo Oré


Se acaba. Entero en furias se fulmina
en el gesto trenzado su lengua arde a voces
sabe su fin, viejo nace urdido al viaje de la palabra
Atahualpa dícenle oclusivo, enfurece y testamenta.
Un circulo de sílabas lo ahorca en luces estertoras
ha vivido para encontrar el ardor, ahora se diluye
engulle su memoria, maldice, no otra y jura lo mismo
gotea letra a letra su reniego, fértil se crispa
un aura prensil lo incendia, se resplandece y amorata
la travesía le existe por esa eternidad de palabras y,
sus penachos y el libro, el tejido y su lápiz oral reposan a la sombra de sus nombres prietos.
Así escribe su rabia en la eterna sonrisa arcádica
de su tiempo imperecedero que ahora termina
fin del principio al final del origen y,
cómo decir, oh sueño, tu silencio en voces.
Cómo escribir insulso sin rastrear ese yo te juro.



3. El tormento del Credo

Un duro reposo y un sueño pesado
Como el hierro oprimen sus párpados
Y sus ojos se cierran en una eterna noche.
Libro XII, Eneida, Virgilio


Entre las raspaduras de la fe los antiguos peruanos
leían complejos la eternidad oyendo la lluvia.
esa grafía de los astros con garabatos en su sombra
que los gentiles abominaban con miradas de zorros.
Los otros, lamen la sal y se truecan en rencores
diente podrido a besos del alma que siempre pena
pellejos de placentas ahorcando el mito imberbe
empalada costumbre del credo empolvorado.
Qué reino fabuloso y cuánta miel combustible
contempla el puma que mi tensado telar que es éste,
cruz y trigo, ajenos a la anatomía del pecado
cielo contradictorio opuesto y corazón sin mujeres.
Vaya uno a saber qué del barro sin otro caso que contar sea
Si eso es justicia, señor, mejor el vértigo que es morirse.
Así ocurrió hace siglos y aquel divino tumultuoso
sabe tanto de amar como sus reversos desventurados.
Ahora hay que orar por la curvatura del mundo fidedigno
Y deberán tejer la convicción al lomo de la piedra

como nubarrones de la eternidad que arrastrarán el duelo.



Polaroid

i.m. Cesáreo Martínez

Hoy he visto el diploma del agua en piedras canijas
Y estoy caviloso, tuerto y peligrosamente oscuro.
Arte de Navegar. Juan Ojeda


Retratada para ser olvidada por mi óxido
ausente en el quieto tiempo de su eternidad
recordarás el sepia insomne de tus ojos de noche
las iras que debajo de las sábanas solías enyeguar.
Regresaste sin voltear la mirada y sonreías
ese retrato que me observa desde su juventud
El mapa señalaba el afecto del
camino sin extrañar el norte calcinado,
viaja desflecado el temor en mis amores,
cruza el cielo el ave del silencio
no hay en la brújula un cabello
el deseo está sin rumbo y vive.
Qué país es éste sin crucifijo estelar
ese donde moran los enigmas de fe.
Para qué se ama sin rumbo estremecido
el cielo está enchufado al calentador
cierra los ojos y ámame sin pistilos.
La geografía suele cambiar los infiernos
el calor al intestino, el ojo a la hiel
con la ausencia de la mirada ahora sin cámara,
el mapa es efecto, nosotros sus límites.
Muriendo a contraluz sin su sonrisa que era su sol

tiznada de ocre aunque se aferre a mi corazón
como sus garras al tapiz de la eterna instantánea
y sólo te maldigo y obtengo tu retrato.


http://cincolitrosdepoemas.blogspot.com

YACHAY HANAY DE ENRIQUE VERÁSTEGUI EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA


PRESENTACIÓN DEL LIBRO YACHAY HANAY DE ENRIQUE VERÁSTEGUI
EDITADO POR VENTANA DE MEDUSA EDITORES

DÍA: MIÉRCOLES 14 DE MARZO

LUGAR: CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA
(NATALIO SÁNCHEZ 181 - ALTURA DE LA CUADRA 6 DE LA AVDA. AREQUIPA)

HORA: 8:00 P.M.

PRESENTAN: PAUL GUILLÉN Y JOSÉ PANCORVO

jueves, 1 de marzo de 2007

EL DÍA DETENIDO POR SEBASTIÁN PIMENTEL*


En el hocico de la niebla es un poemario que Jorge Pimentel escribió afines de los ochenta y principios de los noventa. Sin dudas, es un poemario de fin del siglo XX y quizá por eso, la voz de Pimentel es ahora la del sobreviviente, la del náufrago, pero también la de aquel hombre arrojado a la intemperie, huérfano de todo, que da fe de una experiencia que no puede reducirse a lo individual ni a lo social.

La de Jorge Pimentel es la escritura como gesta de resistencia: de aliento entrecortado, de pulso ansioso, que remonta su propio declive con la afirmación del testimonio, con la fuerza de la interpelación o la imprecación ante lo que acontece, con la escritura misma. Es una poesía vitalista como pocas, que sobreviene con el ímpetu de lo inevitable, de lo urgente, de lo necesario. Entre la concisión de la consigna y la exuberancia del tramo lírico, El Poeta, el héroe de Ave Soul, Palomino, Tromba de Agosto y Primera muchacha se expone ante un día detenido, hora sin hora, entre luces y sombras que lo humillarán y liberarán a la vez.

En efecto, ese es el tema de En el hocico de la niebla; sobrevivir, traspasar, soportar un día. El mismo día, con los relumbres de un sol de mediodía, o con el resplandor de una luna de medianoche. Pero, ¿día o noche?, ¿qué luz y qué oscuridad se ven desde la niebla?, ¿qué paisajes atraviesa o habita el poeta? La imposibilidad de distinguir con claridad los contornos de las cosas, esa visión neblinosa, es la expresión de un clima cósmico y existencial. La niebla como revulsivo de culpas, mentiras, desilusiones, nihilismos... y todo tipo de enajenaciones o miserias que se han convertido en marca de nuestra condición contemporánea: un vacío que amenaza al asombro, al amor, a una fruición o comunicación con la vida y con la tierra. Pero de esa bruma que no nos deja ver, surge siempre una fuerza, un ser intenso que debería estar más cerca de la alondra, del caballo o del lobo: el poeta “está en” y “es” el hocico de la niebla.

Por otro lado, la niebla también es el pasado, la memoria que camina con el escritor. De allí la universalidad y la contundencia de este poemario: Jorge Pimentel une un doble desconcierto: la vergüenza de ser hombre y la noble fragilidad de la infancia. De esta manera, la exposición a ese Sol omnipresente que protagoniza el libro adquiere otra dimensión y provoca una convulsión no menos bella. Gracias a la luz de la memoria, la sobrevivencia que el poeta comparte con nosotros adquiere un poder de conmoción definitivo.

En el hocico de la niebla es un libro sobre un día y una noche que no pasan, sobre la memoria como espesa niebla que nos rodea, en fin, sobre el tiempo como dimensión a la vez dramática y libertaria de la existencia; pero también es un libro, donde el movimiento de los cielos, del mar y de la ciudad de Lima se convierten en los síntomas de una travesía espiritual que pocas veces hemos sentido tan cercana y auténtica.

(*) Prólogo de En el hocico de la niebla de Jorge Pimentel (Lima: Ediciones El Nocedal S.A.C. Colección El mirador, 2007)

martes, 6 de febrero de 2007

UN CUERPO BIEN PROPORCIONADO ES LA IMAGEN DEL UNIVERSO: UN DIÁLOGO CON ENRIQUE VERÁSTEGUI POR PAUL GUILLÉN


Tu poesía plantea algunos aportes que van más allá de la poesía clásica, la poesía que entendemos como verso, lo que habla Charles Olson el verso proyectivo y el verso no proyectivo, en ese campo tienes una serie de alcances, pero también está lo otro, un camino que parte de Pound y de Mallarmé, por ejemplo en alguno de los poemas de Angelus novus, esas formas de combinatoria, en tu época eres uno de los pocos poetas que tiene un diálogo con el estructuralismo y el post-estructuralismo, con Barthes, con Foucault, con Derrida. ¿Cómo evalúas tu poesía ya mencionando a la Ética que es un proyecto de cuatro libros, más de mil páginas, cómo evalúas la sensación de la combinatoria?

Tendría que hacer un derrotero de todo lo que ha sido la poesía peruana, la poesía latinoamericana y la poesía occidental. Los estructuralistas se movieron más bien en el campo teórico y no hicieron tanto, excepto el grupo Changes de París que trabajó las estructuras matemáticas de la poesía, guiados por Raymond Queneau que funcionó los años 30-40 del siglo XX, excepto ellos, y salvo que los trabajos de los estructuralistas y de los escritores que has citado se mantenían en el campo teórico, yo resolví en mi juventud traspasar esas experiencias teóricas al campo de la práctica, que sería el campo de la poesía, y es así como se estructura el libro Ética que está conformado por cuatro volúmenes y que expresa la sensibilidad y el conocimiento de occidente en esos momentos, que son también los momentos contemporáneos. Ahora bien, lo que debe quedar recalcado en la conversación que tengo contigo, es que soy el único poeta en el mundo que realiza ese trabajo en nombre de los estructuralistas y, que por tanto, debe ser reconocido por el estructuralismo, en el centro mismo de París, que es el lugar desde donde se expandió el estructuralismo, que de paso es un movimiento científico de investigación del trabajo literario.

Al principio de los setenta editas un primer libro En los extramuros del mundo que plantea el comienzo de una generación, que es la generación del setenta. El libro plantea algunos elementos que después vas a desarrollar, es un primer intento que después se va a fructificar con muchas más variantes en todos los libros de la Ética, en ese inicio del setenta pertenecías al movimiento Hora zero. ¿Cómo veías al movimiento con relación a tu misma poesía?

Hago un paréntesis biográfico, empecé a leer muy joven, a leer y a escribir muy joven, a los cinco años había leído Las mil y una noches por ejemplo, a los nueve años había leído toda la poesía peruana y a los trece años empecé a escribir poesía de manera continua, a la vez que escribía teatro y obras en prosa, a los quince años leyendo los textos de colegio me plantee fundar un movimiento que se asemejara al Strum und Drang de la literatura peruana, esto es, al Furia y Tormento de la literatura peruana, al modo del romanticismo alemán, cuando llegué a Lima a los diecinueve años para ingresar a la Universidad de San Marcos, a la facultad de economía, encontré que ese movimiento ya estaba formado, que se había formado un mes antes, bajo la firma de Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz y que era innecesario fundar un movimiento, puesto que me podía integrar a él, ahora mi diferencia está en que yo cuando imaginé fundar el movimiento del Strum und Drang en Perú, pensé que no era correcto enfrentarse a la tradición, a las generaciones anteriores, sino simplemente, un simplemente que es algo fundamental, pensé que el Strum und Drang debería ser un movimiento de agitación, de creación, de pura creación, de pura agitación del movimiento de la sociedad peruana y, en especial, aunque no tanto, de la sociedad literaria, sin embargo estando ya fundado el movimiento me integré a él y mantuve mi pensamiento, al punto que en ningún momento me enfrenté con las generaciones anteriores, sino que mantuve mi amistad con Washington Delgado, con Sologuren, con Belli, con Romualdo, con Chariarse, con Blanca Varela y con todos los más importantes poetas peruanos de ese entonces. Mi vida y mi obra han sido una vía personal hacia el conocimiento sin tener que enfrentarme a generaciones anteriores, puesto que era conciente que Hora zero rozaba el fachismo al negar la tradición y teniendo yo una formación literaria exigente me negaba a seguir los postulados de Hora zero, aunque reconozco que he sido íntimo amigo de ellos, en el sentido que podía compartir la música de lo años setenta, las películas, podíamos hablar de mujeres, podíamos hablar de poetas y de poesía que era lo que a mí me interesaba.


Hay un primer momento en Hora zero que es el momento del inicio del setenta y un segundo momento que es cuando tú vuelves del viaje que haces a Europa, que es con otros integrantes y con otro manifiesto “Contragolpe al viento”, justamente se remarca esto que tú dices no ir tanto contra la tradición, se mencionan voces importantes en contraposición al primer momento en que Hora zero había querido hacer un parricidio con casi toda la poesía peruana, sólo ponían como válidos a Vallejo, Heraud y Tello, poetas que unían poesía y acción, en tu poesía, es bien importante esto, una reflexión teórica que está unida a una praxis, para ti la teoría y la praxis no están escindidas, son una misma cosa. ¿Cómo amalgamas en tus textos la reflexión teórica y la praxis, en varios poemas mencionas esto?

Es importante lo que dices, porque tiene que ver con el concepto de práctica teórica que es un concepto inaugurado por Louis Althusser, un filósofo marxista francés que acabó trágicamente su vida en el manicomio de Santa Ana en París. Si bien es cierto, yo no había leído a Althusser, he coincidido con él, en el sentido en que concebía la teoría como praxis, esto es, concebía que el campo de lucha se daba en el campo teórico y que ese campo, era el campo de la poesía, donde se escenificaba la lucha a través de la formulación de nuevas estructuras lingüísticas, de nuevas estructuras poéticas al interior de la página en blanco, yo recuerdo por ejemplo haber estado una noche en París en la casa de Julio Ramón Ribeyro con Hinostroza, con Leopoldo Chariarse y con otros poetas y haberle dicho a Chariarse, cómo era posible que él en pleno siglo XX, cuando había un incesante despliegue de las fuerzas tecnológicas escribía sonetos que era una expresión más bien del medioevo y que debería buscarse, lo cual he hecho, una nueva estructura para la experiencia del hombre en el mundo, lo que aparece en la Ética es una nueva estructura, una estructura homologada a los avances tecnológicos en el mundo contemporáneo.

La relación entre poesía y tecnología es muy importante en tu obra literaria, en un ensayo planteas que el poeta debe asumir las formas de los mass media para desarrollar nuevas estructuras que socaven el sistema imperante, en tu poesía hay diferentes formas de estructuras en Angelus novus por ejemplo está el diario, en otros libros como Monte de goce, el guión cinematográfico, composiciones a lo Kandinsky o estructuras que se asemejan al sistema dodecafónico. ¿Cómo planteas la relación entre poesía y tecnología?

La planteo en el sentido que la plantea Ilya Prigogine, que es un físico-químico que descubrió las estructuras disipativas de los átomos, las estructuras disipativas de la materia, gracias a la revolución matemática que en los años setenta se produjo con el descubrimiento de las dinámicas no lineales, que son teoremas que sólo se pueden desarrollar o resolver a través de supercomputadoras, yo planteo gracias a Ilya Prigogine, del cual acabo de hablar, que el mundo está interrelacionado, que hay una estrecha y profunda relación e interrelación entre el campo de la ciencia y el campo de la poesía y que ambos se determinan, ambos se influyen de tal modo que ambos campos se enriquecen en la marcha de estas prácticas.

En las estructuras que empleas por ejemplo en Angelus novus en uno de los últimos poemas hablas sobre Wilhelm Reich y sobre el Orgometro o la máquina de orgasmo. Tu poesía está bastante cargada de una reflexión sobre la sexualidad, Monte de goce es un libro que trata de cómo se concibe el cuerpo en occidente, la relación entre los cuerpos, tu poesía siempre ha sido una poesía que reflexiona sobre el cuerpo. ¿Cómo planteas en Monte de goce esta reflexión sobre el cuerpo, sobre el sexo?

Debo decir que escribí Monte de goce muy joven, lo escribí a los veintidós años, luego de haber escrito En los extramuros del mundo y habiéndome planteado En los extramuros del mundo como un cuaderno de trabajo, como un cuaderno de investigaciones retóricas, para después pasar a escribir el proyecto total de Ética que incluye a Monte de goce como primer volumen. Monte de goce fue planteado como una investigación del pecado, esto es, como una investigación de las perversiones sexuales en occidente, que debían tener su campo de expresión a través de una exacerbación de la forma cómo estas perversiones se presentaban y es así que yo trabajo Monte de goce bajo una fórmula que era una fórmula de Nabokov que era el máximo de indecencia con el máximo de elegancia posible, buscando exacerbar al lector y buscando enfrentarlo a sí mismo, aparte que Monte de goce se plantea también, y por eso mismo, como un tratado de gramática, como un libro de estilo, como un juego de estructuras.

Mencionas en Monte de goce la exacerbación del pecado, pero en Albus hay un apartado en donde también se habla del pecado. Los dos libros son esencialmente diferentes, mientras que en Monte de goce está la exacerbación, en Albus está un diálogo con oriente o con el new age, es un libro más de virtud. Monte de goce es un libro de exacerbación del pecado y Albus ya no lo es, es un libro donde hay una meditación sobre la virtud. ¿Cómo configuras los dos libros, uno es el comienzo, el otro es el final?

Uno es el comienzo, el otro es el final y uno fue escrito al comienzo de la vida y el otro ha sido escrito casi al final de la vida, ha sido escrito pasados los cuarenta años, pero mucho antes de los cincuenta, cuando yo buscaba encarnar ese ideal de occidente, el yo adolescente, que es la expresión de un poeta, de un artista que se expresa muy joven y que se expresa con talento y, que después, se apaga como fue el caso de Rimbaud, mi caso no ha sido el de Rimbaud, puesto que yo tengo ahora cincuenta y cuatro años, pero se le ha parecido en la medida en que mis obras han sido escritas jóvenes y se han parecido más no sólo a Rimbaud, sino también a Whitman y a Dante en la medida que estas obras se han redondeado alrededor de los treinta y cinco años, que es cuando está la mitad del camino de la vida, entonces hay una contradicción, hay una desarmonía, hay un enfrentamiento entre Monte de goce y Albus, aunque ambos tienen el mismo nivel literario, ambos tienen una visión distinta de las cosas, puesto que en el trayecto yo he madurado y he tenido experiencias con la vida.

Después que editas En los extramuros del mundo te dan una beca para que vayas a escribir, primero vas a México, luego a España y Francia, en ese tiempo escribes bastante y también te relacionas con una serie de escritores y fundas el movimiento Hora zero internacional. ¿Cómo evalúas ese diálogo que tienes con diferentes poetas que en ese tiempo estaban creando?

Siempre he dicho que cuando salí a Europa, salí muy joven, salí a los veintiséis años becado por la Fundación Guggenheim que me permitió conocer el mundo, pero siempre he dicho también que ese viaje se parecía al viaje que hizo Pitágoras a Egipto, donde conoció la matemática que trajo luego a Grecia, ese viaje mío se parece al de Pitágoras en la medida en que cuando salgo conozco a Octavio Paz, conozco a José Emilio Pacheco, conozco a Héctor Manjárrez, conozco a Jorge Aguilar Mora que es un especialista en Martín Adán como sabes, conozco y soy amigo de Severo Sarduy, conozco a Saúl Yurkievich, conozco a Jacques Roubaud y me niego a conocer a gente que tenía una posición extrema ante problemas cotidianos, problemas políticos como Cabrera Infante a quien no quise conocer en Londres, no porque yo fuera marxista, sino porque la política en general me ha parecido siempre cochina y absurda y entonces conozco a los más importantes escritores a quienes simplemente planteo mi reverencia y a quienes por una cuestión de absoluta timidez no enseño mis poemas, sino que simplemente me presento como un poeta peruano que quiere conocerlos y que quiere reverenciarlos, porque mi obra en sí misma estaba en camino y porque en ese entonces me interesaba, cuando estuve en España por ejemplo, difundir la obra de Mariátegui, la obra de Eguren, la obra de González Prada, más que mi propia obra que entonces no existía y de la cual, como hasta ahora, me sentía avergonzado, entonces ha sido una relación de amistad, una relación fructífera en el cual he sentido el aura de estos grandes poetas que te he mencionado y bajo cuyo magisterio he escrito mis libros.


Perteneciste a Hora zero en el Perú en el primer momento del setenta. En ese tiempo, Hora zero fue un movimiento muy importante, un movimiento nacional que tenía sucursales en varias provincias del Perú y después fundas en París, Hora zero internacional y se produce una polémica por un manifiesto que firmas contra los fascistas.

Cuando llego a París, luego de la beca Guggenheim, luego que termina la beca y cuando yo le escribo a un amigo de Hora zero, que entonces trabajaba en una agencia de viajes, en una charter, diciéndole que quería venir al Perú, porque se había terminado mi beca, él me recomienda quedarme en París, porque había una dictadura en Perú, entonces yo le digo a mi mujer que vamos a correr la aventura de Europa y ella acepta y nos vamos a París, donde al llegar José Carlos Rodríguez, que era uno de los miembros fundadores de Hora zero me consulta respecto a la posibilidad de fundar Hora zero internacional, yo le digo que se puede fundar Hora zero internacional, siempre y cuando los manifiestos lo escriban escritores franceses por ser conocedores de la zona en que viven y André Laude, Tristan Cabral, entre otros, escriben esos manifiestos y se enfrentan a Jacques Chirac miembro de la derecha que organizaba festivales de poesía en París bajo la vocación de Rimbaud, a eso se redujo mi participación en Hora zero internacional, pero que di el consentimiento de que se fundara, sí, eso es cierto, Hora zero internacional se fundó porque yo di mi consentimiento, di mi apoyo a esa fundación, a la fundación de ese grupo que estuvo conformado por poetas de Bélgica, de Grecia, de Portugal, de Finlandia, de Arabia, de todos los lugares del mundo.

Existe una relación de Hora zero con otros grupos de Latinoamérica, grupos en México o en Colombia. Tu obra ha sido antologada por Roberto Bolaño junto a una serie de otros poetas, que se sienten cercanos a tu poesía. El grupo infarrealista donde estaba Roberto Bolaño tenía una influencia de Hora zero. Conoces a Bolaño en México. ¿Cómo fue tu relación con Bolaño?

Lo que puedo decir y lo que sospecho es que mi relación fue mucho más estrecha de lo que yo pienso y pueda afirmar que fue. Bolaño me había escrito ya a Lima el año 1975, yo por supuesto le respondí una carta elegante y distante aceptándolo como amigo, cuando llego a México, José Emilio Pacheco me presenta a Bolaño y a Mario Santiago y ellos me llevan al café La Habana donde conozco a unos cuarenta infrarrealistas que se dedicaban a fumar marihuana y a quienes les dije que desde mi punto de vista fumar marihuana era incorrecto y que yo no fumaba. Cuando llego a Barcelona, seis meses después de llegar a Barcelona, Roberto Bolaño viene a mi casa, y también sale Mario Santiago, sale hacia Israel, y Roberto Bolaño va buscarme a mi casa en Barcelona, yo lo acojo, le doy de comer, le doy de beber y nos dedicamos a grandes conversaciones, a conversaciones sobre grandes proyectos que tenían que ver con la literatura latinoamericana hasta que me fui de Barcelona, eso duró algunos meses, pero que me indicaban que yo había impactado en esos jóvenes mexicanos-chilenos que habían fundado el movimiento infrarrealista y que tenían fijación por Hora zero, esa fijación no termina, sino muchos años después cuando Roberto Bolaño me escribe a Cañete, veinte años después, para decirme que me invitaba a que yo colabore en la escritura de un libro conjunto con él, que se iba a titular La literatura nazi en América Latina a lo cual me negué, porque le dije que el tema judío era un tema delicado para mí y que no podía tocarlo así nomás y luego me invitó a otros proyectos conjuntos y en eso Roberto Bolaño, murió.

Publicas la Ética en cuatro volúmenes entre 1989 a 1995. La Ética merecería una edición en un libro unitario. ¿Cómo evalúas la Ética con relación a la demás poesía peruana del siglo XX?

Voy a dar la respuesta en dos estancias. Puedo decir que soy un conocedor de la literatura peruana al revés y al derecho y que la literatura peruana me gusta, aunque tengo distancia respecto a su demasiada influencia de la literatura española y en el otro nivel de la estancia debo decir que una vez le dije a Raúl Zurita que yo tenía un libro en cuatro volúmenes, que era la Ética, y él me dijo: “no te corresponde a ti, sino a todos y cada uno de los gobiernos de América Latina editar ese libro país por país”, esto es, no me corresponde a mí hablar de la Ética, sino le corresponde a los críticos que tienen ese libro en manos hablar de ese libro, puesto que si yo hablo de la Ética tengo el peligro de caer en el egocentrismo, lo cual desde todo punto de vista es mal visto, no sólo por los lectores, sino también por la historia, pero la Ética obviamente no tuvo el modelo de Dante como se ha afirmado ahora, como afirma Toro Montalvo, como afirma González Vigil, que de paso ha afirmado que la Ética es superior a la Divina Comedia de Dante Alighieri, sino que la Ética tuvo como modelo la Biblia, El Capital, el Corán, tuvo como modelo por ejemplo los fundamentos de la armonía y de la invenzione de Vivaldi que fue escrito en el renacimiento y tuvo como modelo no las bibliotecas, no los textos escritos, sino mi propia reflexión frente al mundo, es a través de que reflexiono de cómo camina el mundo pre y post Berlín que yo estructuro la Ética, de un modo tal, que para sorpresa mía, se parece al modo en que había sido estructurado el mundo en el renacimiento por el filósofo Vico que le daba una estructura parecida al mundo.


En tu poesía también hay una reflexión política, el tomo Taki onqoy que trata sobre los movimientos campesinos, los movimientos migratorios, los movimientos revolucionarios, los movimientos insurgentes. ¿Cómo se engarza esto con la idea de una praxis teórica y con los demás proyectos de la Ética?

Taki onqoy lo escribo en París, a los veintinueve años, durante cinco meses tormentosos y agotadores que pretendieron sintetizar no sólo la historia del Perú, sino también la actividad política de esos años que sigue siendo la actividad política de estos años, puesto que el camino de la insurrección es un camino consagrado por las diversas constituciones que ha tenido el Perú y se ubica durante la dictadura de Morales Bermúdez, en el valle de Cañete, donde los campesinos se insurreccionan contra esa dictadura, pero eso no es más que una metáfora del país y de Latinoamérica como expresión de ese verso del credo católico que dice que: “este mundo es un valle de lágrimas”, esto es, yo veo la política como el lugar del dolor, como el lugar de la experiencia de la angustia, de la experiencia de la desazón en la cual se encuentra sometido el hombre contemporáneo en Perú, en América Latina y el resto del mundo, porque la política no es más que una actividad pasajera, a pesar de lo que pueda haber dicho Aristóteles en su libro la Política que empieza diciendo que la política es la búsqueda del bien común, la política no es otra cosa que la búsqueda de poder para predominar sobre otro y traficar con el dinero ajeno.

En Angelus novus hay un poema “Libro del maestro en mecánica de tornos” en el setenta, en el Perú, se producen los grandes movimientos migratorios que tiene mucho que ver con la poética del poema integral propuesta por Hora zero. ¿Cómo planteas ese momento en tu propia poesía?

Tu pregunta está bien hecha desde la perspectiva en que la haces, te respondo deductivamente, te respondo generalizando. No sólo el “Libro del maestro en mecánica de tornos”, que es un bello poema, sino también todos mis poemas tienen que ver con la experiencia y ese poema “Libro del maestro en mecánica de tornos” tiene toda la experiencia del inmigrante provinciano que llega a Lima en busca de mejores destinos y que se encuentra con la realidad con la que se encuentra todo inmigrante, fue un poema que empecé a escribir en Menorca y que terminé en Lima y que expresa, bastante a las claras, el movimiento migratorio que tiene el Perú que es un país inmenso, un país plurilingüe, un país pluriracial, en donde se dan todo tipo de experiencias.

El poema “Libro del maestro en mecánica de tornos” acaba con que no hay esperanza. En Taki onqoy, aunque al final hay una esperanza de los movimientos insurreccionales, vemos que la realidad dice otra cosa y la realidad plantea que no hay esperanza, frente a esto el poeta Verástegui escribe Albus que es otro camino.

Hago un acápite frente a lo que has dicho la no esperanza en el “Libro del maestro en mecánica de tornos” es finalmente una ruptura del inmigrante con su provincia natal, los puentes al modo de la Iliada están quemados, las naves están quemadas y no hay retorno, al punto que el poema termina diciendo: “a mi pueblo sólo se vuelve por el querer del corazón, sólo se vuelve por la nostalgia”, que quiere decir que el inmigrante debe levantarse un destino en la ciudad que implica levantar un hogar, levantar una casa, levantar todo un imperio y en Taki onqoy la esperanza del movimiento insurreccional triunfa, puesto que la dictadura de Morales Bermúdez se va a sus cuartales y no queda perenne como quisieran los fachistas, sino que es una denuncia a esa dictadura y, a la vez, es un triunfo de la conciencia democrática sobre esa dictadura.


Para el lector desprevenido al parecer todos tus poemas plantean un paralelo con tu propia vida. “Libro del maestro en mecánica en tornos” me hace recordar el poema “Si te quedas en mi país, otra mano escribirá por la tuya” de tu primer libro, se asemeja en algo el rol del inmigrante con el rol de poeta, planteas el mismo campo para la escritura. Es bastante común entre los críticos el error de ver en tu poesía un aspecto biográfico, cuando se ve que tu poesía está cargada de referencias culturales tremendas.

Si es cierto, al comienzo de En los extramuros del mundo se planteaba y ahí está la contradicción de la critica al uso, en la contradicción entre el lenguaje común y la simbolización de la experiencia histórica, es una poesía simbolizada, aunque utilice un lenguaje en el sentido de Eliot, quien dice que hay que utilizar el lenguaje de la calle dándole una cierta elegancia y eso es mi poesía un mundo simbolizado con un lenguaje que viene de Seferis, viene de Cavafis, viene de estos griegos demóticos que transformaron la poesía griega contemporánea, pero que también simbolizaron su época y esto es lo que no ha visto la crítica al uso confundiendo la biografía o confundiendo, lo que es peor, el discurso testimonial con el discurso creativo, cuando yo decía en ese poema que mencionas de mi primer libro que es “Si te quedas en mi país” yo sólo hacía una simbolización de lo que ocurría en aquel momento, pero que no tenía nada que ver con mi vida, como no tiene nada que ver con mi vida ninguno de los poemas de En los extramuros del mundo, porque en ese libro hablo de borracheras, hablo de amores frustrados, hablo de drogas y yo siendo un chiquillo de diecinueve años y viniendo de una familia burguesa y católica como en la cual he sido formado yo estaba en desacuerdo, pero me veía forzado a hablar de esos temas, porque esos eran los temas de moda, eran las experiencias de moda, que de paso no tocaban los escritores de moda, porque no tenían los instrumentos lingüísticos para tocarlos o si los tocaban los tocaban mal.

Esto último que dices lo mencionas en alguno de tus ensayos, tu experiencia con la lingüística, la lingüística para ti es una ciencia que un poeta debe saber utilizar para poder escribir, lo dices en el sentido de que la mayoría de los poetas ven a la lingüística como algo negativo, pero también en Angelus novus hay unas líneas en donde mencionas un comentario en contra del psicoanálisis, supongo en contra del psicoanálisis lacaniano, porque sabemos que has sido un gran lector de Freud.

No, no, eso lo menciono en contra del psicoanálisis en general, tanto el lacaniano, como el freudiano, a pesar que a los veintitrés años había leído las obras completas de Sigmund Freud, precisamente, por eso, por haberlas leído tan joven es que percibo que el psicoanálisis en muchas partes es una versión paranoica del individuo o de la persona que busca dar explicaciones que para mí son traídas de los cabellos a través de los tics y de los lapsus que pueda cometer la persona, porque también había leído a los antipsiquiatras como David Cooper, Roland Laing que plantean, y ese es un tema complejo que no vamos a resolver en una entrevista, pero el tema tiene que ver no sólo con Freud, no sólo con Lacan, no sólo con Ronald Laing, no sólo con David Cooper, sino también con Gilles Deleuze y Félix Guattari que escriben el Antiedipo y que dicen que el psicoanálisis es un estudio de la neurosis del hombre de su tiempo, mientras que el Antiedipo es un estudio de la esquizofrenia y de la sociedad capitalista, entonces son niveles de enfermedad que la psiquiatría en términos generales incluyendo al psicoanálisis y al esquizoanálisis analizan, todo eso lo he estudiado y lo he visto y en el caso del psicoanálisis di mi versión.

Tu poesía es bien deleuziana, en alguno de tus ensayos dices: “el siglo XXI será deleuziano o no será”, hay otra parte de tu reflexión que está guiada por Chomsky por ejemplo en el libro de ensayos que has publicado hace algunos años Apología pro totalidad dedicas un ensayo a Chomsky, que para ti es uno de los intelectuales mayores del siglo XX, tu forma de escribir tiene mucha relación con la lingüística, ¿cómo explicas esto?

Escribí ese libro Apología pro totalidad que se publicó el año 2001, y que pretende ser una concretización del concepto de totalidad, no en el sentido marxista, sino totalidad en el sentido de la cosmología que plantea Stephen Hawking, él dice que un teorema puede explicar la totalidad del individuo, incluyendo su concepto y en ese sentido, es que escribo Apología pro totalidad donde planteo una reflexión teórica sobre la estructura matemática del universo, la cual expreso y explico a través de esquemas de la lógica simbólica y planteo una nueva álgebra basada en el álgebra de Boole que tiene que ver mucho con el avance tecnológico, con el avance cibernético de la sociedad contemporánea, esto es, un libro en donde mezclo ciencia con sensibilidad, ciencia con poesía o con materias que tienen que ver con la sociología, con el feminismo, con la teoría de la novela, con la lingüística, con la economía teniendo como fondo el fin y el comienzo de un nuevo milenio.


Lo que mencionas de Apología pro totalidad ya lo habías formulado antes en Albus con el concepto de Matematría. ¿Cómo formulas la teoría de la Matematría al principio de Albus?

Esto tiene que ver con una experiencia mística relacionada con el lugar en el cual vivo, que es el valle de Cañete, un lugar magnético, un lugar terrígenamente magnético, que tiene un cielo maravilloso despejado, en el cual se observan las estrellas, en el cual se ven la diversas fases de la luna, que me llevó a hacer estudios de astronomía, que me llevó a plantearme el mundo de tal manera y a terminar mi obra de tal forma como yo la veía en el valle de Cañete, que es un lugar paradisíaco, no porque los locos estén rematados dejan de tener verdad, al decir que es la nueva Jerusalén y entonces allí es que relaciono las veintiocho fases de la luna con los veintiocho signos del alfabeto castellano y encuentro cada fase de la luna en cada letra del alfabeto castellano para formular una visión total del mundo.

Existe una relación entre Albus y El modelo del teorema, en los dos libros hay una influencia notable de Wittgenstein.

Sí, a Wittgenstein lo leí a los veinte años cuando en Lima no se lo leía, ni en América Latina tampoco, yo he sido un lector, un ratón de biblioteca desde los cinco años, sin que eso implicara que yo dejara de jugar en las calles al fútbol o en la adolescencia al básquet, pero he sido un tan tremendo lector que he leído cien mil libros y todos han influido en mí, El modelo del teorema tiene la estructura del primer Wittgenstein, pero como dicen mis amigos de New York continúo la filosofía allí donde Wittgenstein la dejó, esto es, continuó la filosofía a través de una reflexión mística de la vida y, simultáneamente, postulo una nueva matemática, al punto que yo estoy convencido y así me lo han dicho mis amigos matemáticos que inauguro una nueva matemática en el siglo XXI.

En Albus también mencionas una forma de combinación que es con monedas eso no tendría alguna relación con el I ching.

Sí, puede estar influenciado por el I ching, obviamente, pero no tiene nada que ver con el I ching, aunque es también un oráculo que debe leerse simbólicamente y que ilumina la mente del hombre cuando lo lee, yo tengo contactos con jóvenes brillantes de veinte años que están a punto de terminar sus carreras y que dicen que hacen el amor leyendo Albus y que les parece un libro fundamental.

Con Albus se da la creación de la Sociedad para la liberación de las rosas que es un movimiento con dos manifiestos que tienen que ver con tus planteamientos en Albus. ¿Qué nos puedes contar al respecto?

Sociedad para la liberación de las rosas es una sociedad clandestina, una sociedad secreta, una sociedad científico-mística que tiene por meta investigar la ciencia y la religión, eso es todo lo que puedo declarar.


En los manifiestos se menciona entre los que participan en la Sociedad para la liberación de las rosas a varios escritores, pero lo más importante a físicos y matemáticos, como dices es algo clandestino, pero está interrelacionado al new age. ¿Cómo vislumbras este movimiento a inicios de un nuevo siglo?

Es un movimiento que se ha gestado en el curso del cambio de milenio, pero se gestó, mucho antes, en 1992, ya se avizoraba el fin de un milenio y la aparición de otro milenio, habían muchos movimientos místicos, muchos movimientos espiritualistas en el mundo que todavía lo hay, aunque en Perú, en el siglo XXI y en el año 2004, estos movimientos espiritualistas son reprimidos, son silenciados, no se sabe por quien, si por el ateísmo o por la iglesia católica, pero en estos momentos no se encuentra ningún teórico espiritual en los medios, en la radio, ni en la televisión, cuando en otros países de América Latina y en todo el mundo, estos movimientos tienen expresión en los medios de información masiva y al punto que esta semana o estos días estoy leyendo un libro tan interesante de un escritor tan importante como Harold Bloom que escribe Presagio de milenio para analizar precisamente los movimientos espirituales de fin de siglo y del comienzo de un nuevo siglo.

Antes en Monte de goce habías planteado una formulación parecida que era sobre el mundo de los hippies y ahora con Albus planteas el mundo del new age.

La sociedad camina a toda velocidad, la historia cambia a cada momento tanto como la tecnología y el individuo, la persona común tiene que enfrentarse a esos cambios y darles solución para guiar su vida y yo como persona común, como individuo de esta sociedad, he tenido que enfrentarme a estos cambios, ahora, lo he hecho desde la perspectiva de occidente, esto es, no lo hago como poeta peruano, sino lo hago como un poeta que se considera occidental, que se considera perteneciente al planeta tierra, tal como lo reconoce Sabine Hargous en Les temps modernes, la revista que fundó Sartre en París, que me considera un militante del planeta tierra al leer Sociedad para la liberación de las rosas y, entonces, mi voz suena profética, en la medida en que trata de iluminar las zonas oscuras de occidente y de oriente, puesto que Albus está escrito en el estilo del oriente, en el estilo de la India, tanto de la China y está influido por el I ching como dices, pero escrito desde una perspectiva de sociedad avanzada como es la sociedad tecnológica actual.

¿Cómo evalúas tu poesía con relación a las demás poéticas que existen en el setenta? ¿Crees que lo que planteaba Hora zero se reproducía en otras partes o cada grupo de poetas iba por su propio búsqueda?

Eso tiene más que ver con mi primer libro, con las lecturas que hago para mi primer libro que están vinculadas a toda América Latina, sobre todo vinculada a la revolución cubana y a las contradicciones que se dan en esa revolución en la poesía de Heberto Padilla, por ejemplo, o en la poesía de Gustavo Cobo Borda, que era premio nacional de Chile, Cobo Borda colombiano, premio nacional de Chile en el gobierno de Allende o de otros poetas que tienen vinculación a diversas escuelas, porque allí está en América Latina, El techo de la ballena en Venezuela, en Caracas; está el Nadaísmo en Colombia; la poesía barroca en Cuba con Lezama Lima, y está la poesía anglosajona que tiene gran influencia en la escuela de Lima, Lima o Perú para darle un nombre, puesto que Lima a través de toda la historia tiene un eje en común que es la expresión coloquial que viene desde Eguren y Vallejo hasta el último de los años 2000, entonces están todas estas escuelas y de todas bebo yo y de todas aprendo algo.


En Angelus novus mencionas esto que hablas de los cambios tecnológicos que se producen tan rápido, mencionas a Shklovski, formalista ruso, como uno de los intelectuales mayores, vaticinas que va a tener mayor impacto, pero Shklovski ahora ha sido olvidado y superado. ¿Cómo esa cita que haces de Shklovski funciona en tu poesía?

Ahí digo laboratorios Shklovski y cito a una serie de poetas entre ellos a Wole Soyinka y ese es un poema de los años ochenta que vaticina que Wole Soyinka va a obtener el premio Nobel por África en los años noventa, siendo él un escritor muy joven, porque yo había leído su teoría de la tigritud que releva la teoría de la negritud de Aimé Césaire de los surrealistas de Martinica en los años treinta, en el Caribe, respondiendo a tu pregunta Shklovski ha sido olvidado y, cada vez, menospreciado, como puede ser actualmente lo que se enseña en San Marcos, como puede ser Bajtin por ejemplo, que me parece un marxista de segunda categoría frente a los desarrollos que pudo hacer Shklovski y la escuela formalista rusa en su época.

Pero en tu obra y sobre todo en Monte de goce está planteado el concepto de polifonía que viene de Bajtin.

Claro, Bajtin con excepciones, pero Bajtin total es un Bajtin de segunda categoría, es un marxismo de segunda categoría, es un marxismo vulgar, no es un marxismo elegante y, mucho menos, no tiene nada que ver con la reflexión teórica de los formalistas rusos que de paso fueron silenciados en la Unión Soviética.

En tu obra hay un diálogo importante, un diálogo fluido con el estructuralismo y el post-estructuralismo, del cual hablamos antes, libros como El placer del texto de Barhtes, o el Antiedipo de Deleuze, o Kristeva o Philippe Sollers, esta toda esta presencia con relación a que eres un poeta que plantea una poesía diferente, planteas otros caminos, las composiciones a lo Kandinsky, las combinatorias de Angelus novus, en el mismo Albus, la Matematría, otra serie de estructuras que amplían el concepto de poesía y esto tú ya lo sabías en 1973 cuando se publica la antología Estos trece, donde hay una declaración en que dices que no puedes entender los conceptos de poesía, poeta y lector como comúnmente se los entiende y que planteas apoyándote en Roland Barhtes cambiar ese tipo de concepción, una concepción decimonónica, y cómo tú logras hacer una poesía clásica y romántica y que a la vez está aportando elementos decisivos para la poesía del siglo XXI.

Claro, lo que yo busco hacer es modernizar el concepto de forma en la poesía peruana ya que no tengo contacto, lamentablemente, con la poesía de otras lenguas, aunque conozco todo lo que se hace en otras lenguas, pero el concepto de forma tiene que ver con por ejemplo con la estructura clásica del soneto que expresa como lo has leído en el tomo uno de Angelus novus, en “Galax/Deleuze” la búsqueda de una nueva estructura que sea una metáfora, un símbolo del avance tecnológico de la sociedad contemporánea y eso es lo que ha sido mi vida, buscar una estructura como en su tiempo y hasta ahora se lo reconoce, en música ha sido mucho menos caótico, mucho menos problemático, mucho menos contestado la búsqueda de esta estructura, cuando se escucha o se lee a John Cage, Stockhausen, Pierre Boulez que siguen a la vanguardia de sus países en la producción musical que está directamente vinculada a la producción gramatical en sus países y en cualquier otro país del mundo.

Ahora, pasemos a hablar del otro Enrique Verástegui, el que hace narrativa, has publicado una novela El terceto de Lima, que forma parte de otro proyecto mayor, aun inédito. ¿Qué nos puedes comentar acerca del Verástegui novelista?

Considero que un poeta es un hombre de su tiempo y estos tiempos, a pesar de sus guerras y de sus epidemias de sida y de hambre, son tiempos renacentistas, y que, por tanto, el poeta debe ser un hombre total, tanto como su escritura, en ese sentido, la novela que planteo es una novela vinculada al cambio de época, al auge de la cibernética, con temas vinculados a la internet, que plantea una globalización en el mundo contemporáneo o en la literatura, como no lo planteaban las generaciones anteriores a la mía, como puede ser la generación de Fuentes o de García Márquez o de Bryce, porque no tienen esa experiencia y yo como hombre de esta época la tengo y aparecen en esta novela, que de paso está planteada como un ejercicio de estilo.


También está el Verástegui ensayista que ha publicado uno de los libros más importantes en torno a la reflexión poética El motor del deseo, que a la vez se constituye como uno de los pocos libros de un poeta peruano sobre el tema, el libro se dedica a tratar de vislumbrar una propia poética o una poética en general, también explica un poco tus libros Monte de goce, Angelus novus, estos libros están formados por esa reflexión. Verástegui es un poeta que une reflexión con acción, con escritura, lo principal que planteas en ese texto es la escritura unida al placer, a la formulación del orgasmo y a tu teoría del orgasmóvil y tiene una influencia básica del estructuralismo y del marxismo, sobre todo Mariátegui es fundamental para entender tu poesía. ¿Cómo escribes El motor del deseo?

El motor del deseo lo escribo en la isla de Menorca, bajo la lectura de El Capital de Marx que para mí es un libro vigente en la sociedad contemporánea, al punto que se lo aplica en Europa, tanto en España donde acaba de subir un gobierno socialista, como en Francia donde acaba, hace menos de un mes, de subir al poder el socialismo francés y que analiza perfectamente otros países en el campo occidental, en el mundo, lo que yo percibo es que no había una teoría de la escritura poética que expresara de manera correcta la formulación del proceso de escritura y analicé esa formulación, ese proceso en El motor del deseo donde planteo la teoría del orgasmóvil que según González Vigil tiene gran relación con la teoría de orgía perpetua de Flaubert que rescató Vargas Llosa, entonces la teoría del orgasmóvil, como la teoría del sexo que aparece a lo largo de toda mi obra es una teoría vinculada a lo que ahora en España se llama poética de la experiencia que es la poética que tiene que ver con el otro, que es el cuerpo y que fundamenta el conocimiento según Heidegger, tanto como Francis Bacon.

En Angelus novus hay un verso que podría englobar toda tu poesía, es el verso en donde mencionas al cuerpo como paraíso, el cuerpo como paraíso está en Monte de goce, porque a pesar de la exacerbación del pecado el cuerpo es tratado como el paraíso. ¿Cómo configuras el cuerpo en la poesía de Verástegui, aún crees que el cuerpo es el paraíso?

Sí, creo que el cuerpo es el paraíso porque como dice Dante en el Convivio: “un cuerpo bien proporcionado es la imagen del universo” y esa visión dantiana es también la visión contemporánea, es la idea de que el cuerpo es un reflejo del universo y en ese sentido, soy clásico, pero también soy moderno, porque esa teoría la puede sustentar Antonio Damascio, que es un investigador del cerebro que plantea que no hay razón sin emociones, después de hacer un análisis exhaustivo de toda una vida y que es un autor clásico del funcionamiento del órgano cerebral.

En Apología pro totalidad hay un ensayo sobre el ritmo, ahí planteas el ritmo como floculación sanguínea con relación al ritmo del cosmos. El poeta Verástegui trata de modernizar la forma, pero a la vez es un poeta clásico y también moderno, este concepto que planteas tiene que ver con la Matematría y en realidad todos tus conceptos están interrelacionados.

Traigo detrás mío el legado de la humanidad, tengo la experiencia de la humanidad y estoy obligado como supongo está obligado un hombre de su tiempo a fundamentar en la escritura lo que ocurre en su época y en la época contemporánea.

Eres un poeta que has escrito más de treinta años. ¿Cómo evalúas tu producción en la Ética y en tus otros libros?

¿Cómo la evalúo?, te respondería con lo que está detrás de tu pregunta, cual es tu aporte a la poesía, mi aporte a la poesía castellana es: la síntesis, la elegancia, la claridad, la profundidad matemática, la musicalidad y la simbolización del mundo.

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...